EL Rincón de Yanka: ⛔ LOS FARISEOS: OBSTRUCTORES Y BLOQUEADORES DE LA GRACIA SALVADORA DE DIOS

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jueves, 4 de enero de 2018

⛔ LOS FARISEOS: OBSTRUCTORES Y BLOQUEADORES DE LA GRACIA SALVADORA DE DIOS



Hipócritas que obstaculizan e impiden a otros entrar y ser fieles en la Iglesia. Que son motivos de escándalo y de tropiezo. Que les gusta juzgar, chismorrear, amargar, machacar para sobresalir sobre los demás...

¿Por qué Jesús maldice la higuera en Marcos 11? 

"Pedro se acordó, y dijo a Jesús:

«Maestro, mira, la higuera

que maldijiste se ha secado.»
Jesús respondió: "Tengan Fe en Dios". Mc 11, 21-22

Aquí Jesús encontró un objeto que ilustra el pecado de la hipocresía. Tenía la apariencia de ser fructífera, pero en realidad era estéril. 
A lo largo de su ministerio terrenal, Jesús denunció enérgicamente el pecado de hipocresía. Esa fue Su crítica básica de los fariseos de su tiempo -y de cualquier tiempo-. (Lucas 12: 1)

En varias ocasiones, Jesús denunció a los líderes religiosos por su espectáculo de espiritualidad y justicia a pesar de su falta subyacente de fruto.
Jesús nos está llamando a ser genuinos, transparentes, pero sobre todo humildes: 

“el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes” (Salmo).

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren”. 
Este primer “ay” nos proporciona la clave de por qué Jesús, el manso y humilde corazón, puede tornarse en una “fiera” cuando se enfrenta a los que tergiversan el mensaje al punto de impedir a otros la entrada al Reino de los cielos. 
Los fariseos escondían su hipocresía en el “cumplimiento” estricto de la Ley, por encima de la justicia y el amor, angustiando a los fieles con “pecados” que son meras interpretaciones legalistas; interpretaciones que llegan a convertirse en “camisas de fuerza” que nos impiden movernos en nuestro camino a la santidad y a la salvación. Mt 23,13-22

Cuando consideramos el problema de la hipocresía en la época del Nuevo Testamento, lo vemos más claramente en las vidas de quienes afirmaban ser los más rectos. Los fariseos eran un grupo de personas que, por definición, creían estar separados de la pecaminosidad normal de las masas. Empezaron bien, buscando una vida de piedad y sumisión devota a la ley de Dios, pero cuando su conducta no logró alcanzar sus ideales, comenzaron a fingir. Pretendieron ser más justos de lo que eran. Mostraron una fachada de rectitud externa que meramente servía para encubrir la radical corrupción de sus vidas.

Aunque la iglesia no está llena de hipócritas, es innegable que la hipocresía es un pecado que no se limita a los fariseos del Nuevo Testamento. Es un pecado contra el cual los cristianos deben luchar cuerpo a cuerpo. A la Iglesia se le ha impuesto un alto estándar de conducta espiritual y recta. A menudo nos avergüenza ser incapaces de alcanzar estos altos objetivos y nos inclinamos a fingir que hemos alcanzado un nivel de rectitud más elevado que el que realmente hemos alcanzado. Cuando lo hacemos, nos ponemos la máscara del hipócrita y dirigimos el juicio de Dios hacia ese pecado particular. Cuando nos vemos envueltos en este tipo de simulación, nuestras mentes deberían activar una alarma indicándonos que necesitamos regresar a la cruz de Cristo y entender dónde reside nuestra verdadera rectitud. En Cristo no tenemos que encontrar una máscara que oculte nuestro rostro sino todo un armario de vestimentas que representan su rectitud. De hecho, es únicamente envueltos en la rectitud de Cristo, recibida por fe, que cualquiera de nosotros puede aspirar a presentarse ante un Dios santo. Usar las vestimentas de Cristo en fe no es un acto de hipocresía; es un acto de redención.

Hemos dicho en otras ocasiones que la voluntad de Dios es que todos obtengamos la salvación. Jesús es claro en su mensaje; o estamos con Él, o en contra de Él (Lc 11,23). 

No hay términos medios. Y mientras de Él dependa, ninguna de sus ovejas se ha de perder (Mt 18,14). Por eso ataca como una leona parida a los que puedan ser piedra de obstáculo para nuestra salvación.








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