EL Rincón de Yanka: EL ESTADO AUTONÓNICO: DESPILFARRO DEL 10% DEL PIB

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#GALICIANOARDELAQUEMAN

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viernes, 4 de agosto de 2017

EL ESTADO AUTONÓNICO: DESPILFARRO DEL 10% DEL PIB

El Estado autonómico: 

un despilfarro del 10% del PIB


El dilemas es: o las autonomías o nosotros. No es una cuestión de partidos ni de ideologías, es una cuestión de dónde queremos en un futuro emplear los 86.000 millones de euros en impuestos que nos cuestan cada año las autonomías: en mantener el estado del bienestar (la sanidad, la educación, las pensiones…) o en pagar los 920.000 enchufados y empleados que sobran con el sistema autonómico y las castas políticas que lo sustentan.

En contra del disparate histórico que supone afirmar que España es una “nación de naciones”, como hacen los separatistas y la parte mas iletrada y sectaria de la izquierda, nuestra nación es la más antigua de Europa y la tercera del mundo después de Japón y China. El consenso de nuestros mejores historiadores y pensadores políticos sitúa el inicio de nuestra unidad nacional en la monarquía visigoda del s. VI, que crea el mayor estado de Occidente sobre las ruinas de Imperio Romano, abarcando España entera y la Galia meridional. La recuperación de la unidad nacional en el s XVI fue solo la reunificación de algo ya existente, reunificación que fue el motor de la Reconquista



Explico esto para que se comprenda la enormidad del desastre que una casta política ávida de riquezas, honores y poder han hecho caer sobre esta gran nación. El Régimen del 78 perpetró el mayor engaño a un pueblo de la historia de Europa. Se jactó de traer la democracia cuando era la única opción posible, como se vio después en el este de Europa; lo que hicieron fue robarla imponiéndonos una oligarquía de partidos sin separación de poderes ni representación política, y cuya única finalidad fue: ¡todos al reparto del botín! Para ello, dividieron España en 17 trozos contrarios a la realidad histórica y geográfica de nuestra nación (1), donde el gasto quedó a merced de ignorantes y corruptos, donde la eficacia y la eficiencia se sustituyeron por el clientelismo y la inmoralidad, y donde, en el colmo del dislate, ni responden por el endeudamiento, ni rinden cuentas a nadie aunque la gente no relaciona su experiencia personal con el despilfarro público.


Y, sin embargo, es la causa de que tengamos los mayores niveles de pobreza y exclusión social de Europa, 13,6 millones (790.000 mas en 2016); de la mayor pérdida de renta disponible ( -20%) y riqueza ( -40%) de las familias del mundo desarrollado; de la destrucción de la clase media ( 3,5 millones menos); de los mayores impuestos de nuestra historia; de que nos hayamos empobrecido respecto al resto del mundo creciendo muy por debajo de nuestro potencial; de la mayor corrupción jamás conocida; y de la gigantesca burbuja de deuda pública de 1,56 billones de euros y una deuda exterior neta de un billón, que serán la ruina de las generaciones futuras durante los próximos 50 años. Han destruido nuestras expectativas y nuestras esperanzas, por ello o acabamos con el régimen del 78 y las autonomías o ellos acabaran con nosotros.

El Estado mas caro e ineficiente de Occidente

El número de Estados soberanos existentes en el mundo asciende a 193, de los cuales solo 25 poseen una estructura descentralizada de gobierno. En 168, el gasto público centralizado supera el 80 % del total y en los restantes, los dos tercios del mismo son centralizados. En España el gasto centralizado es solo del 44%, lo que nos convierte en primer país del mundo en descentralización, ineficiencia y descontrol. Tenemos la Administración Pública más enchufista e ineficiente del mundo desarrollado, un cáncer que está devorando nuestros recursos, empobreciendo al 90% de las familias y destruyendo nuestro futuro. Han aniquilado la industria, motor del espectacular crecimiento de 1958-75 y la han sustituido por una economía de enchufados públicos, especuladores y “camareros”.



Los mejores análisis sobre el costo del desastre de las autonomías son dos libros: ‘El despilfarro: la sangría de la España autonómica’,” del periodista Federico Castaño y ‘El ocaso de las autonomías’ del economista Joaquin Javaloys. Según su cálculo, mucho mas moderado del realizado por el ministro Montoro, para quien “de los 3 millones de empleados públicos, solo 700.000 han entrado con pruebas limpias y transparentes”, existen “920.000 empleados de más en las autonomías, de los que 520.000 son enchufados y el resto, unos 400.000, son el producto de multiplicar por 17 la estructura de gestión”.

“España es, con abrumadora diferencia, el país europeo con más políticos por habitante. Un reciente estudio cifra en 445.568 los políticos que tiene España (incluyendo los liberados sindicales), el doble que Italia y que Francia, o que Alemania, que con el doble de habitantes tienes tres veces menos cargos políticos. Si pusiéramos en fila a todos los cargos políticos y sindicales españoles, dando 50 centímetros a cada uno, sumarían nada menos que 223 kilómetros. Así que esta claro por que no quieren ni oír hablar de suprimir las autonomías”. UPyD realizaría también un estudio titulado ‘El coste del Estado Autonómico’, muy detallado y preciso en la descripción del desastre de gestión.

Comparado con Francia

Si nuestra organización administrativa fuera la de Francia, que ha sido históricamente nuestro modelo en todo el derecho público, particularmente en su ordenamiento territorial, ninguna de las transferencias realizadas a la CCAA se hubiera realizado. Estos serían lo ahorros.

1. Sanidad: el costo en 1990 antes de ser transferida a las CCAA era, en euros de 2015, de 33.000 millones. Hoy el coste son 67.000 millones y su calidad en la percepción de los ciudadanos ha caído tanto que todos los que pueden contratan un seguro privado (11 millones). Las causas: primero, desde que fueron transferidas han entrado legiones de enchufados creándose una burocracia gigantesca e incompetente; antes los gestores eran profesionales, hoy son nombramientos políticos a dedo para colocar amigos. Después, la pérdida de economías de escala, y las corruptelas por ignorancia o venalidad. Somos el paraíso de farmaceúticas y suministradores. Los gastos en farmacia se han doblado y ha desaparecido todo tipo de control -antes cualquier médico que superara dos desviaciones estándar tenía que justificar por qué-; hoy se hacen mil pruebas sin necesidad, lo que explica las listas de espera. El gasto no importa.

Otro problema es el absentismo, más del 8%, el cuádruple que Europa, y los sindicatos encantados porque los sustitutos son sus familiares y amigos. Los inmigrantes -somos el hazmerreir del mundo- traen a sus familiares para intervenciones o tratamientos que cuestan decenas de miles de euros. La mayoría de los médicos aboga por la recentralización. El gasto por enfermo es menor que en otros países pero solo porque sueldos y mantenimiento llevan años congelados (2). No se recuperarían los 34.000 millones de exceso de gasto. Por ejemplo, de mega hospitales fruto de la incompetencia o la corrupción como La Fe en Valencia o el nunca acabado hospital de Toledo, el mayor de Europa en una ciudad de 83.000 habitantes pagados con deuda, pesarán siempre. El ahorro sería de unos 26.000 millones.

2.Educación: Al contrario que la Sanidad, según el último estudio de la ODCE, el gasto en Educación es el tercero más alto del mundo desarrollado y el que peores resultados obtiene. Su coste se ha incrementado en 14.000 millones de euros -en euros constantes desde que fue transferida-. En la enseñanza superior, exceptuando las ingenierías y la medicina, las universidades públicas son gigantesca fábricas de parados. Hay 50 universidades públicas, 25 de las cuales sería mucho más barato cerrarlas y enviar a los alumnos a formarse en Harvard. La recentralización y el cierre de lo inviable ahorraría unos 10.000 millones. La izquierda más iletrada y demagoga no cesa de pedir más y más dinero para Sanidad y Educación; lo de mejorar la gestión ni se les pasa por la mente a estos ignorantes.

3. Duplicidades, excesos y redundancias. Las CCAA, como si fueran Estados soberanos, han replicado casi todas las instituciones del Estado: fundaciones, agencias, observatorios, entes públicos diversos, embajadas – han visto Uds embajadas de Escocia, California o Baviera?- , televisiones (1.600 mill.), el coste de los parlamentos autonómicos, más sus 1.248 diputados, no solo inútiles sino muy negativos, etc. Todo multiplicado por 17 . El despilfarro de esta orgía de gasto, 36.000 millones año. Luego, aeropuerto sin aviones,AVE sin viajeros, polideportivos sin uso, etc. Miles de millones por los que nadie responde.

4. Empresas públicas. Hay 2.425 empresas públicas autonómicas y locales, una auténtica locura inexistente en Europa, creadas esencialmente para enchufar a decenas de miles de familiares y amigos y para ocultar deuda. Rajoy prometió cerrar 1.500, no cerró ninguna, solo fusionó una docena. Sobran 8 de cada 10, un despilfarro de 10.000 millones.

5. Cupo vasco-navarro. Una reliquia de las guerras carlistas del siglo XIX sin ninguna justificación a día de hoy. Fernández Ordoñez quiso suprimirlo (fui testigo de ello). Solo el irresponsable de Suárez para que UCD no perdiera las elecciones allí las mantuvo. Si tributaran en el régimen común y el Estado financiara todo lo que ellos financian, ahora el neto para el Estado sería de 10.000 millones.

6. Ruptura de la unidad de mercado. Una de las consecuencias económicamente más destructivas del sistema autonómico ha sido la fragmentación del mercado. Cada reyezuelo/a autonómico decide sus propia normativa para producir, etiquetar, transportar, etc. Estos locos peligrosos ha sacado más de 100.000 leyes autonómica para dividir España; hay decenas de miles de empleados públicos dedicados a crear, instaurar y vigilar barreras interiores y restringir la libre circulación de trabajadores, bienes y servicios. Mientras en la UE se avanza en la unidad de mercado, en España se retrocede; es para no creérselo.

El coste directo es fácil de estimar, eliminando las decenas de miles de personas y los recursos de todo tipo dedicados a este disparate. Unos 6.000 millones de euros anuales. Más difícil es valorar el coste de la división del mercado. Existe un Informe de 1988 –’El coste de la no-Europa’ o informe Cecchini, nombre del coordinador del mismo –que concluye que un mercado perfectamente integrado y unido incrementa el PIB en un 4,5%; la ruptura del mercado único estaría restando un crecimiento potencial de nuestra economía de unos 50.000 millones de euros.

7. Atomización y despilfarro en la Administración local. Entre 1960 y 1981 se suprimieron en España 1.300 municipios, desde entonces la cifra, en línea con la filosofía del Régimen del 78 de “¡todos al reparto del botín!”, no han parado de aumentar y hoy tenemos 8.116 municipios y 68.000 concejales. La mayoría de los países europeos han reducido drásticamente ( hasta el 80%) de sus municipios. Utilizando la cifra dada por el ministro Montoro, que estima en 5.900 los ayuntamientos ineficientes que deben cerrarse (pero que nadie toca), el ahorro ascendería a 7.129 millones de euros anuales, y eso que Montoro no ha mencionado el escándalo que supone que todos los concejales de las grandes ciudades tengan coche con chófer –España tiene más coches oficiales que los EEUU-, una desvergüenza que no ocurre en ningún país civilizado. En conjunto el ahorro mínimo posible sería de 8.000 millones.

En definitiva, solo la recentralización de todo lo transferido llevaría a un ahorro anual del orden de los 40.000 millones de euros anuales – 36.000 millones Sanidad y Educación y 4.000 todo lo demás – y 110.000 millones la sustitución del Estado autonómico por un Estado tipo Francia. A ello hay que añadir lo que resta del crecimiento la ruptura de la unidad de mercado. Según una macro encuesta con 25.000 personas de ‘El Mundo’, 9 de cada 10 españoles están a favor de acabar con el Estado autonómico, y la casta política ignora totalmente el deseo de el 90% de los españoles. Y, sobre todo, no crean las cifras del Gobierno, bancos y medios a su servicio: es una imagen totalmente fraudulenta de lo que en realidad está ocurriendo, y es ya una cuestión de vida o muerte: o ellos o nosotros.

  1. Si queremos volver al pasado, Cataluña debería volver a ser un condado del Reino de Aragón, y el País Vasco una provincia de Castilla que siempre odió a Navarra.
  2. Un médico especialista con 40 años de experiencia gana menos de la mitad de un estibador.







“El problema más grave de cuantos asedian a España 
es el de su pluralidad frente a su unidad”. 
Salvador de Madariaga

PREFACIO 
JOAQUÍN JAVALOYS

La autonomía, como la propia vida y todas las cosas grandes, es fácil de sentir, de practicar, pero muy difícil de explicar, aunque se pueda definir: autogobierno, regirse a sí mismo… 

La autonomía territorial se instauró en la Transición a la democracia, a finales de los años setenta, tras dejar atrás cuarenta años de dictadura franquista. Entonces, para los españoles que comenzábamos a disfrutar de una incipiente democracia, la autonomía se nos presentaba como algo deseable y factible, como un buen camino que nos iba llevar a… ¡la libertad, al desarrollo, a dar vitalidad a las comunidades políticas territoriales!, en oposición al centralismo despótico. La descentralización política se presentaba como una profundización de la democracia y de la libertad individual. Y los novatos demócratas de 1978 nos lanzamos con ilusión a demandar una desconocida autonomía que, sin embargo, nos atraía ¡sentimentalmente!. Y nos dejamos llevar de los nacionalistas, del consenso entre los partidos y de lo políticamente correcto. ¡No todos!. ¡No completamente!. Yo mismo tenía dudas: la autonomía ¿era la solución de la cuestión regional o, más bien, un problema? 1

Por supuesto, no hubo un debate sobre la autonomía. Nadie advirtió entonces de que la autonomía tenía inconvenientes, ¡y grandes!. Solo unos pocos expertos manteníamos ciertas reservas sobre la bondad del resultado del proceso autonómico. Yo escribí4 en abril de 1978 que “la autonomía regional, en sí misma, ni es el problema regional ni es su solución; la autonomía regional es precisamente el camino entre el problema regional y su solución. La autonomía regional será buena cuando nos acerque más a la solución de la cuestión regional. La autonomía regional será mala si nos aleja de tal solución. Por eso, la autonomía es, sobre todo, la esperanza, el camino, que ha de hacerse bien, con tiento”. 

Estas frases mías escandalizaron entonces a algunos dogmáticos defensores de la autonomía –y de lo políticamente correcto- que alababan las teóricas ventajas de la descentralización política, pues eran partidarios de la primera concepción del federalismo fiscal. 

Los “padres” de la Constitución, incapaces de llegar a un consenso en lo relativo a los preceptos reguladores de las autonomías, elaboraron un Título VIII que contenía una indefinición del modelo autonómico que, finalmente, dejaron abierto. 

Esa apertura del modelo ofrece un potencial factor de inestabilidad y de enfrentamiento incesante entre el Estado central y las comunidades autónomas, porque no se estableció un techo o límite de competencias transferibles, pues incluso las competencias exclusivas del Estado podían llegar a ser transferidas. 

El proceso autonómico español se caracterizó por la improvisación, el desconocimiento técnico, la componenda, el cortoplacismo y la ignorancia de las futuras consecuencias de la generalización de las autonomías. El intenso proceso de traspasos de competencias se realizó de una manera precipitada, sin analizar 



previamente qué servicios pueden prestarse mejor en el ámbito nacional y cuales en el ámbito autonómico, tal vez porque ese análisis no interesaba a los políticos. 

Hoy, treinta y tres años después, es posible comprobar ya si se ha hecho bien o mal el proceso autonómico y si, en consecuencia, existen o no problemas y tensiones territoriales, motivados o no por la partitocracia avasalladora imperante. 

A lo largo de este libro voy a hacer un análisis crítico del Estado de las Autonomías poniendo de relieve los resultados del proceso autonómico, teniendo siempre en cuenta las ventajas y los inconvenientes de las autonomías, así como sus efectos perversos; pero sin perder de vista que España es miembro de la Unión Económica y Monetaria Europea y que su Economía debe ser capaz de competir en el mercado único de la Europa del euro pues, caso contrario, se tambalearía la viabilidad del Estado autonómico por la necesidad de un creciente recurso a un endeudamiento que lo sometería a la dictadura de los mercados financieros. 

Al examinar las Autonomías españolas, lo primero que llama la atención es que han multiplicado el número de políticos y de funcionarios, que son necesarios para que funcione –aunque sea mal- el mastodóntico Estado autonómico. Desde la Transición democrática hasta hoy el número de funcionarios y asimilados se ha cuadruplicado, siendo actualmente de unos 3,2 millones de personas. En cuanto al número de políticos existentes en toda España se calcula que está entre 80.000 y 100.000, habiéndose multiplicado también por cinco en los últimos treinta años. ¡Demasiados políticos!. En España no hay pan para tantos políticos. Desconozco cuantos habitantes hay en España por cada político, pero la proporción debe ser una de las principales de Europa. 

La autonomía territorial está afectando negativamente a la libre circulación de personas, mercancías y servicios; así como a la unidad de mercado por la infinidad de normas y restricciones existentes en los diversos territorios autónomos. Todo ello perjudica a la competitividad de los bienes y productos españoles en el mercado único de la Unión europea y en el comercio internacional globalizado. Por si la desunión de Europa no era suficiente, nosotros contribuimos a aumentarla con una Nación fragmentada en taifas autonómicas caciquiles, insolidarias, costosísimas y superendeudadas; es decir, insostenibles. 

El principal inconveniente de la autonomía territorial es su altísimo coste, no siempre justificable, que se agrava porque la falta de control estatal facilita los despilfarros de los gobernantes de las CC.AA. que tienen que financiarse con una creciente deuda pública que está llegando a ser inasumible, y que pone en peligro tanto la supervivencia de la propia autonomía territorial como la posibilidad de endeudamiento de un Estado cada vez más exhausto. 

Ya puede afirmarse rotundamente que el gasto de las comunidades autónomas convierte al Estado de las Autonomías en ruinoso e ineficiente, pues aunque esas comunidades pudieran irse emancipando del Estado centralista, se harían más dependientes de los especuladores financieros, por su incesante y creciente endeudamiento, y se verían sometidas cada vez más a la tiranía de los mercados financieros globales. Desde luego, el altísimo y elevado coste del Estado autonómico 10 es el problema central de la actual crisis española, que hace imposible lograr un crecimiento económico suficiente para crear puestos de trabajo. 


Nuestro modelo autonómico es ruinoso para el ciudadano; pero, en cambio, es muy provechoso para los partidos políticos predominantes en una comunidad autónoma, nacionalistas o no, para la burocracia creada por la autonomía y, sobre todo, para unas oligarquías caciquiles que, organizadas en grupos de presión, manejan en su territorio los presupuestos públicos a su antojo directamente o por medio de políticos afines instalados en puestos clave. Desde luego, las autonomías son una fuente de poder y de puestos de trabajo para la clase política y para los militantes de los partidos políticos. 

Las CC.AA. mantienen legiones de políticos. 

En resumen, el empobrecedor Estado de las Autonomías se encuentra ya en situación crítica por la concurrencia de varios factores: · La voracidad despilfarradora de los gobernantes de las CC.AA., a pesar de la crisis económica de España. · Las CC.AA. están superendeudadas, lo que hipoteca la prestación de servicios sociales. · La generalización del caciquismo territorial y de sus redes clientelares en una democracia poco representativa. · la instrumentación de las Autonomías por los nacionalistas como medio de conseguir la independencia de sus Comunidades. 

Los desmesurados recortes en los servicios sociales: en sanidad en Cataluña y Valencia, en educación en Madrid y Galicia, etc., en lugar de hacerlo en gastos identitarios y en “adelgazar” las enormes administraciones autonómicas y sus cuestionadas empresas públicas, están haciendo peligrar el Estado del Bienestar y la igualdad de todos los españoles, dado que el nivel de calidad de los servicios sociales que reciben depende de la comunidad autónoma en que residan. 

En conclusión, el Estado de las Autonomías está en una profunda crisis, dado que el modelo autonómico no es viable por sus altísimos costes y sus exigencias financieras, que no se corresponden con su escasa eficiencia en la prestación de servicios al ciudadano. El mito de las ventajas de las autonomías para los ciudadanos se ha venido abajo. Desde luego, el Estado de las Autonomías es un engendro inviable, pues resulta política y financieramente insostenible, sobre todo cuando hay crisis económica. 

Además, si llegase a ser necesario, ¿quién podrá rescatar a las CC.AA.?, porque el Estado español se ha convertido ya en residual, sin territorio y arruinado. ¡¡¡Nadie!!!. ¡El suicidio de las CC.AA. se habría consumado!. Por el costosísimo y superendeudado Estado de las Autonomías nos estamos convirtiendo en el Estado de los recortes económicos y sociales, acercándonos cada vez más a la insolvencia tanto estatal como de las CC.AA. La enfermedad que aqueja al Estado de las Autonomías es terminal, porque su bancarrota parece inevitable. 

Llegado ese momento, Europa y los mercados financieros nos obligarán a elegir entre el mantenimiento de nuestras ruinosas Autonomías o nuestra pertenencia a la desarrollada Europa del euro. La desaparición del Estado de las Autonomías llegará a ser inevitable, por una mera cuestión de supervivencia. Esa será la 11 inevitable consecuencia de que los políticos, con el enorme endeudamiento suicida de sus CC.AA., se hayan comido vorazmente su “gallina de los huevos de oro”: el empobrecedor Estado de las Autonomías, que es un engendro insostenible, una quimera inviable, un laberinto que, gracias a los compromisos con la Europa del euro, terminará por desaparecer. ¡Estamos ya en el principio del fin de las Autonomías!: es el ocaso de las Autonomías. 

Pero todavía estamos a tiempo de salir voluntariamente del laberinto de las Autonomías, antes de que Europa tenga que rescatarnos traumáticamente. Menos mal que existen dos salidas de ese laberinto. Al final de esta obra las describo detalladamente, subrayando la necesidad de una paralela regeneración democrática, pues los partidos políticos tienen que hacer profundas reformas, especialmente de la Ley electoral, para que los políticos dejen de ser empleados de los partidos y se conviertan en verdaderos representantes de los ciudadanos. Y tendrán que hacerlo pronto, antes de que sea tarde, porque los avances tecnológicos (Internet, redes sociales, correo electrónico,…) van haciendo factible la democracia participativa y acercándonos a la cada vez menos utópica democracia directa. 

Este libro es “interactivo”. ¡Me explico!. Yo no soy doctor en Autonomías, ni creo que nadie lo sea, porque en los temas políticos todas las opiniones son válidas y deben tenerse en cuenta y porque cada uno tiene derecho a un voto, el suyo. Tal vez mis opiniones serán más valiosas que alguna otra en los temas económicos, porque al fin y al cabo mi profesión es la de economista del Estado; pero en los asuntos políticos mi opinión es igual a la de cualquier otra persona, ni más ni menos. Por eso, en este libro yo expongo, obviamente, mis opiniones; pero también reproduzco los testimonios y las valiosas opiniones de muchos ciudadanos sobre el Estado autonómico, que he ido recogiendo de diversos sitios, generalmente de artículos, de libros o de medios de comunicación. En este sentido, creo que este libro no es solamente un monólogo del autor, porque es más bien “interactivo”, ya que ha sido enriquecido con los diversos testimonios escritos de muchas personas, a las que agradezco enormemente sus aportaciones aquí ya que servirán para encarrilar, en lo posible, unas Autonomías que van a la deriva y que pueden hundirse con todos nosotros. Por supuesto, la responsabilidad de todo lo que se dice en este libro es únicamente mía. 

Sin las numerosas citas y testimonios de tantas personas, que he integrado en este libro, mi obra hubiese quedado incompleta. Gracias de nuevo a todos ellos y a ti, amable lector, que dedicas un poco de tu tiempo a repasar lo que algunos decimos aquí y a contrastarlo con tus opiniones y a sacar tus propias conclusiones. ¡Todos podemos cooperar en la tarea común de sacar adelante a esta superendeudada España!. 

Madrid, enero de 2012.


1 “La Autonomía Regional ¿solución o problema?. Joaquín Javaloys. ICE Ediciones. Madrid. 1978. 4 Obra citada. Página 8. 9






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