EL Rincón de Yanka: UNA HISTORIA VERDADERA (The straight story)

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sábado, 7 de enero de 2012

UNA HISTORIA VERDADERA (The straight story)














La velocidad inunda nuestra vida. Coches rápidos, imágenes aceleradas y plazos apremiantes que lo único que hacen es impedirnos posar la mirada sobre lo aparentemente sencillo y concedernos la oportunidad de analizarlo con un mínimo detenimiento. La visión fugaz de un paisaje impide sentirlo y vivirlo. Cada época tiene su orden y su ley y cada época tiene sus transgresores, sus rebeldes. Alvin Straight abandona el código de la velocidad y, avanzando a contracorriente, se rebela contra esa visión del mundo que parece estar basada en correr hacia adelante sin pararse a pensar. Alvin Straight prefiere tomarse su tiempo, no porque no tenga prisa sino porque no tiene ese tipo de prisa que parece dictada por la tecla de avance rápido de un mando a distancia vital. David Lynch ha hecho lo mismo durante toda su carrera: marcarse un paso, no más lento ni más rápido que el que dictaba el cine de su tiempo, simplemente diferente. Alvin Straight y David Lynch tienen una medida distinta de las cosas y, afortunadamente, la comparten con nosotros.

Tras el hábil juego de palabras del titulo original (el apellido del protagonista juega con la rectitud moral y física de su trayectoria) nos encontramos con una gran película apuntalada sobre la entereza, la testarudez y la misma naturaleza del ser humano en un escenario simple que no simplista. Puede que "Una historia verdadera" remita a una América regida por la naturaleza, por el trabajo, por la honestidad cotidiana o por las costumbres sencillas pero no por ello se trata de un retrato falso ni bucólico. La mentira, la muerte y el dolor son tratados en la película pero desde un enfoque naturalista, sin aspavientos, como algo irremediable y ya pasado. En este aspecto, Alvin Straight, en su lento deambular por el Medio Oeste se plantea como una figura casi angelical dispuesto tanto a escuchar como a ser oído y preparado igualmente a purgar sus propias faltas y ayudar a enmendar las de los demás. Lynch nos presenta un hombre que no tiene prisa porque teme, quizás, que precipitando su andadura precipitará también su final. Su historia es su camino, no importa tanto el origen y el destino como el trayecto en si, un camino de reflexión (acerca de Dios, de su familia, de la guerra) y, a la vez, de expiación sobre lo que le ha tocado vivir.








 
"Cuando mis hijos eran pequeños, solía jugar a un juego con ellos.
Les daba una ramita a cada uno y les decía…romperla.

Podían hacerlo, era muy fácil.

Luego les decía... atarlas todas las ramitas juntas, y tratad de romperlas.

No podían.

Entonces les decía… esas ramitas juntas... Son la familia".





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