PEONÍA
Publicada en 1890, Peonía es una de las primeras novelas venezolanas en explorar el realismo social y la identidad nacional desde una visión criollista. A través de la historia de Carlos, un joven que regresa a la hacienda familiar tras estudiar en Caracas, la obra nos sumerge en el contraste entre el mundo rural y la modernidad emergente.Más que una simple historia de amor, Peonía es un retrato de la Venezuela del siglo XIX: la lucha entre tradición y progreso, las injusticias sociales y los conflictos de clase. Con una narrativa detallada y evocadora, Manuel Vicente Romero García abre el camino del criollismo literario, influyendo en escritores como Rómulo Gallegos.
La publicación en 1890 de esta “seminovela” abrió un nuevo ciclo en la literatura venezolana. Uno de los méritos de Romero García es convertir la trama en una afirmación por lo nacional, a pesar de que sus acciones estén focalizadas en un lugar de los Valles del Tuy.
La novela transcurre en la hacienda Peonía, su dueño, hombre autoritario y conservador quien llega a decir que “las mulas y las mujeres… por la cintura”, puede verse como la representación del “bien” común pero no de la libertad, mientras que sus sobrinos luchan por materializar su amor bajo dos concepciones de la vida en oposición: seguir el modelo del dueño de la hacienda o rebelarse contra él. Esto último permite adentrarse en los pensamientos de uno de los protagonistas que servirá a manera de diagnóstico sobre la situación social y política del país.
Novela precursora del realismo, estas acciones abrieron el camino para muchos escritores, desde Cabrera Malo hasta Gallegos. En Romero García se observa un profundo hombre de letras que fue absorbido por las acciones militares y las componendas políticas de su época. Murió en Aracataca en 1917, en donde diez años después en este mismo pueblo de Colombia, nacería Gabriel García Márquez.
Manuel Vicente Romero García (1861-1917) Militar, político, periodista y escritor. Participó en diferentes actividades desde muy joven. Fue uno de los protagonistas de La Delpiniada (1885), parodia contra el presidente Antonio Guzmán Blanco. Colaboró en periódicos y revistas: El Eco Andino; El Industrial; La Mamola; El Avisador Comercial, y Cosmópolis. Participó en la revolución Libertadora y llegó a ser jefe del Estado Mayor de Cipriano Castro en su campaña en Los Andes. Para esta época ya ha escrito Peonía (1890). Terminó en el exilio a raíz de una serie de escritos contra funcionarios de Juan Vicente Gómez. Dejó inacabadas Marcelo, Escenas de la vida revolucionaria y Mi parroquia.
Peonía es hoy parte fundamental del canon de la literatura nacional. Sus aportes, esbozados en estas páginas, se resumen en el hecho de haber fungido como iniciadora de la corriente criollista en nuestra novelística, en haber instaurado el llano como recurrente escenario de idilios y refriegas, en la inclusión de personajes populares con una mayor profundidad, más allá de la curiosa mirada del etnógrafo, y en el uso de una lengua sin formalismos ni rigores academicistas, que le podrían convertir en antecedente de una larga tradición de obras que apuestan por la búsqueda de nuevas maneras de contar.
Aunque la lectura de Peonía fue alentada por el sistema educativo venezolano del siglo XX como parte de las obligaciones escolares, ya el interés por esta novela pareciera haber sido desplazado del espectro de las preferencias y gustos de las comunidades lectoras contemporáneas.
La realidad que deseaba fotografiar Manuel Vicente Romero garcía ha cambiado y el campo es un contexto ajeno a las preocupaciones citadinas de hoy. Aquel aserto de Orlando Araujo (1984), expresado en el lamento “¿Hasta cuándo Peonía?”, parece ser ya lugar común de la institución canónica contemporánea. Quizás un leve recuerdo de lo que fue.
La Peonía de Romero garcía constituye para la historia de la literatura venezolana una nueva forma de narrar, caracterizada por la confluencia de lenguajes periodísticos, ensayísticos y literarios que logrará representar la realidad del país desde otros ángulos y matices.
La búsqueda de una lengua nacional, más viva, del lado del hablante real y alejada de academicismos, será uno de los grandes aportes de esta novela que dará inicio a una tradición de la literatura procaz y combativa y que tendrá por epígonos a Miguel Eduardo Pardo (1868-1905), Pío Gil (1865-1918), Rufino Blanco Fombona (1874-1944), Argenis Rodríguez (1935-2002), entre otros. Tradición de un género y de una lengua vernácula y de combate político que Peonía supo inscribir de forma indeleble en la historia de la novela venezolana.
NOTA EDITORIAL
Meses antes de su muerte, el 16-3-1917, Manuel Vicente Romero García (quien firmaba sus libros como Romerogarcía) escribe a su cuñado desde Aracataca (Colombia), que la realidad y todo por cuanto ha pasado su existencia, ahora le hacen ver “(…) las cosas de otra manera. En el mundo hay dos zonas abiertas: una para el capitalista y otra para el jornalero; el que no es capitalista ni jornalero y tiene por añadidura 53 años está perdido en todas partes”. Se encuentra viviendo las vicisitudes del exilio, apenas –dice–, se ha podido cambiar de ropa tres veces en lo que va de ese año. Tiempo atrás este general perteneció al Estado Mayor del ejército de Cipriano Castro, ocupó cargos importantes para luego optar por el exilio mientras Juan Vicente Gómez asume el poder en 1908. De este período es quizás aquella frase tan famosa como su Peonía (1890):
“Venezuela es el país de las nulidades engreídas y las reputaciones consagradas”. En Romergarcía puede verse esa separación tan definida del fin de un periodo y el comienzo de otro. Militar con una fuerte pulsión por la escritura y la literatura, polémico e impulsivo, un hombre como el Marcos Vargas de Canaima, algunos suponen que fue de inspiración para Rómulo Gallegos al escribir su novela, otros ven en la escritura de Romerogarcía la autonomía y el perfil necesario que necesitaba nuestra literatura: esquema argumental, personajes simbólicos, presentación del medio y la oralidad del lenguaje criollo para consolidar las bases de un modelo que se cerrará precisamente con Gallegos.
El propio autor de Peonía señalaba que la literatura venezolana se encontraba anquilosada “a los hombres de letras por ser serviles a las literaturas extranjeras”. Con Peonía se abre una corriente que muchos llamarán criollista, al tiempo que se debatía sobre su calidad literaria; por ejemplo, en la primera edición aparece como Peonía. Semi-novela. (Caracas: Imp. El Pueblo, 1890), mientras que en su segunda edición (1920) –a cargo de Rufino Blanco Fombona– se titula Peonía (Novela de costumbres venezolanas). Esta novela sale a la luz en un momento en que la filosofía materialista hace su aparición por medio de dos disciplinas:
el positivismo y el evolucionismo. También la novela francesa naturalista tendrá una gran influencia, por lo que se puede ver en sus personajes rasgos cada vez menos orientados a la estética romántica. Esta es una gran diferencia a tener en cuenta cuando se hacen alusiones de imitación entre Peonía y María (1867) de Jorge Isaacs, alusión inducida por el propio Romerogarcía, pues al escritor colombiano le dedica su novela.
No obstante, es cierto que los paralelismos entre los personajes, la hacienda donde se desarrolla, la acción y los motivos que impulsan al protagonista a continuar, parecen ser un reflejo de la novela de Isaacs. Lo cierto es que con Peonía se abre un ciclo en la narrativa venezolana que tendrá su expansión hasta la publicación de Doña Bárbara (1929) de Gallegos.
Y no hay duda de que es una obra con un espacio propio en la historia de nuestras letras, por lo que ponerla al alcance de las lectoras y los lectores es una manera de contribuir al conocimiento de nuestro acervo literario.
La presente edición de Peonía ha sido tomada de la editorial Monte Ávila Editores Latinoamericana. Se ha actualizado la ortografía en los casos necesarios y se han corregido las erratas advertidas.
Los Editores
DEDICATORIA
Al Sr. Dr. Jorge Isaacs Amigo mío: Pongo a Peonía bajo los auspicios del ilustre autor de María. No tienen mis páginas el mérito literario de las vuestras, porque yo escribo en la candente arena del debate político. Sin embargo, acaso encontraréis en ellas ese sabor de la tierruca que debe caracterizar las obras americanas. Peonía tiende a fotografiar un estado social de mi patria: he querido que la Venezuela que sale del despotismo de Guzmán Blanco, quede en perfil, siquiera para enseñanza de las generaciones nuevas.
Quizá se resienta de mis rencores; pero ¿cómo no tenerlos cuando se nos humilla y envilece? ¿Cómo separar de la pluma todo el ajenjo que ponen en el pecho del insulto y el ultraje? Vos sabéis, por propia experiencia, que en las luchas políticas se arroja lodo al rostro del enemigo cuando no se le puede vencer gallardamente. Dadme, pues, el prestigio de vuestro nombre; dejad que una vez más sirva él de bandera en las batallas de la libertad.
Vuestro apreciado amigo,
M. V. Romero García Macuto,
14 de marzo de 1890
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