EL Rincón de Yanka: DE LEPROSOS A EVANGELIZADORES: NO PODEMOS MANTENER EL SILENCIO

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domingo, 4 de febrero de 2018

DE LEPROSOS A EVANGELIZADORES: NO PODEMOS MANTENER EL SILENCIO



2 Reyes capítulos 6 y 7

"1.Los profetas dijeron a Eliseo: «Mira, el lugar en que habitamos a tu lado, es estrecho para nosotros. 2.Vayamos al Jordán y tomemos allí cada uno una viga, y nos haremos allí un lugar para habitar en él.» Dijo: «Id.» 3.Uno de ellos dijo: «Dígnate venir con tus siervos.» Dijo él: «Iré.» 4.Se fue con ellos y llegando al Jordán se pusieron a cortar los árboles. 5.Estaba uno derribando una viga cuando el hierro se cayó al agua y gritó diciendo: «¡Ay, mi señor, que era prestado!» 6.El hombre de Dios dijo: «¿Dónde ha caído?» Y le mostró el sitio. Entonces cortó un trozo de madera y lo arrojó allí, y sacó el hierro a flote. 7.Dijo: «Hazlo subir hacia ti.» El extendió su mano y lo agarró. 8.El rey de Aram estaba en guerra con Israel y celebró consejo con sus siervos diciendo: «Bajad contra tal plaza.» 9.El hombre de Dios envió a decir al rey de Israel: «Ten cuidado de esa plaza, porque los arameos bajan contra ella.» 10.El rey de Israel envió gente al lugar que el hombre de Dios le había dicho. El le advertía y el rey estaba allí alerta, y no una ni dos veces. 11.El corazón del rey de Aram se inquietó por este hecho, y llamando a sus oficiales les dijo: «¿No me vais a descubrir quién nos traiciona ante el rey de Israel?» 12.Uno de los oficiales dijo: «No, rey mi señor, sino que Eliseo, el profeta que hay en Israel, ha avisado al rey de Israel de las palabras que has dicho en el interior de tu dormitorio.» 13.El dijo: «Id y ved dónde está y enviaré a prenderlo.» Se le avisó diciendo: «Está en Dotán.» 14.Y mandó allí caballos, carros y un fuerte destacamento, que llegaron por la noche y cercaron la ciudad. 15.Al día siguiente se levantó el criado del hombre de Dios para salir, pero el destacamento rodeaba la ciudad, con caballos y carros, y su criado le dijo: «¡Ay, mi señor!, ¿qué vamos a hacer?» 16.El respondió: «No temas, que hay más con nosotros que con ellos.» 17.Oró Eliseo y dijo: «Yahveh, abre sus ojos para que vea.» Abrió Yahveh los ojos del criado y vio que la montaña estaba llena de caballos y carros de fuego en torno a Eliseo. 18.Bajaron hacia él los arameos y entonces Eliseo suplicó a Yahveh diciendo: «Deslumbra a esas gentes.» Y las deslumbró según la palabra de Eliseo. 19.Eliseo les dijo: «No es éste el camino y no es ésta la ciudad. Venid detrás de mí y os llevaré donde el hombre que buscáis.» Y los llevó a Samaría. 20.Cuando entraron en Samaría, Eliseo dijo: «Yahveh, abre sus ojos para que vean.» Abrió Yahveh sus ojos y vieron que estaban dentro de Samaría. 21.Cuando el rey de Israel los vio dijo a Eliseo: «¿Los mato, padre mío?» 22.El respondió: «No los mates. ¿Acaso a los que haces cautivos con tu espada y con tu arco los matas? Pon ante ellos pan y agua para que coman y beban y se vuelvan a su señor.» 23.Les sirvió un gran banquete, comieron, bebieron y los despidió, y se fueron a su señor, y las bandas de Aram no volvieron a entrar en la tierra de Israel. 24.Sucedió después de esto que Ben Hadad, rey de Aram, reunió todas sus tropas y subió y puso sitio a Samaría. 25.Hubo gran hambre en Samaría; y tanto la apretaron que una cabeza de asno valía ochenta siclos de plata, y un par de cebollas silvestres cinco siclos de plata. 26.Pasaba el rey de Israel por la muralla cuando una mujer clamó a él diciendo: «Sálvame, rey mi señor!» 27.Respondió: «Si Yahveh no te salva, ¿con qué puedo salvarte yo? ¿Con la era o con el lagar?» 28. Díjole el rey: «¿Qué te ocurre?» Ella respondió: «Esta mujer me dijo: "Trae a tu hijo y lo comeremos hoy; y el mío lo comeremos mañana." 29.Cocimos a mi hijo y nos lo comimos; al otro día le dije: "Trae tu hijo y lo comeremos", pero ella lo ha escondido.» 30.Cuando el rey oyó las palabras de la mujer desgarró sus vestidos; como pasaba sobre la muralla, el pueblo vio que llevaba sayal a raíz de su carne. 31. Dijo: «Esto me haga el señor y esto me añada si hoy le queda la cabeza sobre los hombros a Eliseo, hijo de Safat.» 32.Estaba Eliseo sentado en su casa y los ancianos estaban sentados con él. El rey envió un hombre por delante, pero antes que llegara el mensajero a donde él, dijo él a los ancianos: «Habéis visto que este hijo de asesino ha mandado cortar mi cabeza. Mirad, cuando llegue el mensajero, cerrad la puerta y rechazadle con ella. ¿Acaso no se oye tras de él el ruido de los pasos de su señor?» 33.Todavía estaba hablando con ellos cuando el rey bajó al él y dijo: «¡Todo este mal viene de Yahveh! ¿Cómo he de confiar aún en Yahveh?»" 

"Dijo Eliseo: «Escucha la palabra de Yahveh: Así dice Yahveh: Mañana a esta hora estará la arroba de flor de harina a siclo, y las dos arrobas de cebada a siclo, en la puerta de Samaría.» 2.El escudero, sobre cuyo brazo se apoyaba el rey, respondió al hombre de Dios y le dijo: «Aunque Yahveh abriera ventanas en el cielo ¿podría ocurrir tal cosa?» Respondió: «Con tus ojos lo verás, pero no lo comerás.» 3.Cuatro hombres que estaban leprosos se hallaban a la entrada de la puerta y se dijeron uno a otro: «¿Por qué estarnos aquí hasta morir? 4.Si decimos: "vamos a entrar en la ciudad", como hay hambre en ella, allí nos moriremos, y si nos quedamos aquí, moriremos igual. Así que vamos a pasarnos al campamento de Aram; si nos dejan vivir, viviremos, y si no matan, moriremos.» 5.Se levantaron al anochecer para ir al campamento de Aram; llegaron hasta el límite del campamento de Aram y no había allí nadie, 6.porque el Señor había hecho oír en el campamento de Aram estrépito de carros, estrépito de caballos y estrépito de un gran ejército, y se dijeron unos a otros: «El rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los hititas y a los reyes de Egipto para que vengan contra nosotros.» 7.Se levantaron y huyeron al anochecer abandonando su tiendas, sus caballos y sus asnos, el campamento tal como estaba, y huyeron para salvar sus vidas. 8.Aquellos leprosos llegaron al límite del campamento y, entrando en una tienda, comieron, bebieron y se llevaron de allí plata, oro y vestidos, y fueron a esconderlo. Regresaron y entraron en otra tienda y escondieron lo que de allí se llevaron. 9.Se dijeron uno a otro: «No está bien lo que hacemos; hoy es un día de albricias; y si nosotros estamos callados hasta el lucir de la mañana incurriremos en culpa; así pues, vayamos, entremos y anunciémoslo a la casa del rey.» 10.Llegaron y llamaron a los guardias de la ciudad y se lo anunciaron diciendo: «Hemos ido al campamento de Aram y no hay nadie, ninguna voz de hombre; sólo los caballos atados, los asnos atados y las tiendas intactas.» 11.Llamaron los centinelas y lo comunicaron al interior de la casa del rey. 12.Se levantó el rey de noche y dijo a sus oficiales: «Os voy a decir lo que nos ha hecho Aram; saben que estamos hambrientos, han salido del campamento y se han escondido en el campo pensando: Saldrán de la ciudad, los prenderemos vivos y entraremos en la ciudad.» 13.Uno de los oficiales respondió y dijo: «Que se tomen cinco de los caballos restantes, pues les va a pasar lo que a toda la muchedumbre de Israel que ha perecido; y enviémosles para ver.» 14.Tomaron dos tiros de caballos y los envió el rey en pos de los arameos diciendo: «Id y ved.» 15.Fueron tras ellos hasta el Jordán, y todo el camino estaba lleno de vestidos y objetos que habían arrojado los arameos en su precipitación. Los mensajeros volvieron y se lo comunicaron al rey. 16.Salió el pueblo y saqueó el campamento de Aram; la arroba de flor de harina estaba a siclo y las dos arrobas de cebada a siclo, según la palabra de Yahveh. 17.El rey había puesto de vigilancia a la puerta al escudero en cuyo brazo se apoyaba; pero el pueblo le pisoteó en la puerta y murió, según la palabra del hombre de Dios, cuando el rey bajó donde él. 18.Sucedió según la palabra del hombre de Dios al rey cuando dijo: «Mañana a esta hora estarán a siclo las dos arrobas de cebada y a siclo la arroba de flor de harina en la puerta de Samaría.» 19.Respondió el escudero al hombre de Dios diciendo: «Aunque Yahveh abriera ventanas en el cielo, ¿podría ocurrir tal cosa?» Respondió: «Con tus ojos lo verás, pero no lo comerás.» 20.Y así sucedió. El pueblo lo pisoteó en la puerta y murió."

NO PODEMOS MANTENER EL SILENCIO
“Una iglesia que no esté preocupada con alcanzar a los sufrientes y despojados no es solamente una iglesia débil, podríamos decir que esa no es una iglesia”.

“A la entrada de la puerta había cuatro leprosos que se dijeron uno al otro: ¿Por qué nos quedamos aquí hasta morir? Si entramos en la ciudad, por el hambre que hay, moriremos en ella. Y si nos quedamos aquí, también moriremos. Pasemos al ejército de los sirios. Si ellos nos dan la vida, viviremos; y si no, moriremos” (versículos 3,4). No había escapatoria para los leprosos, estaban como contra la espada y la pared. Debían actuar y no quedarse pasmados o estáticos. La vida sin actividad alguna es una vida vacía y sin sentido.

Ellos ya sabían que un día iban a morir, pero hicieron su último intento de prolongar su vida. A estos leprosos condenados Dios los usó para salvar a todo un pueblo del hambre y la muerte. Si no, veamos todo lo que sucedió: “Se levantaron, pues, al anochecer y fueron al campamento de los sirios. Al llegar al principio del campamento no vieron a nadie. Porque el Señor había hecho que los sirios oyeran estruendo de carros, ruido de caballos y estrépito de gran ejército. Y se dijeron unos a otros: “El rey de Israel ha pagado a los reyes hititas y a los reyes egipcios, para que vengan contra nosotros”.

Así, se habían levantado y huido al principio de la noche, dejando sus tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campamento como estaba. Habían huido para salvar sus vidas.

Cuando los leprosos llegaron a la primera tienda, comieron y bebieron, y tomaron de allí plata, oro y vestidos, y fueron y lo escondieron. Vueltos, entraron en otra tienda, y de allí también tomaron, y fueron y lo escondieron” (versículos 5-8).

En su Soberanía divina Dios protegió tanto a los leprosos como a los samaritanos enviando sus carros celestiales para infundir a estos paganos el terror. Recordemos que cuando Ben-adad invadió a Israel, levantó el sitio cuando oyó el rumor de que los hititas y los egipcios se acercaban para ayudar a Israel (ver 2 Reyes 6:24-7:16). Alrededor del 842 a.C. 
Ben-adad [2] fue asesinado por Hazael, quien fue su sucesor y el fundador de una nueva dinastía aramea en Damasco (8:15).

Para entonces, los leprosos que habían comido y escondido el alimento, fueron tocados por el Espíritu Santo, y dijeron uno al otro: “No hacemos bien. Hoy es día de buena noticia, y nosotros callamos. Si esperamos hasta el amanecer, nos alcanzará la maldad. Vamos ahora, y demos la noticia en casa del rey” (versículo 9).

"No hacemos bien". Así como los leprosos de la historia, nosotros estamos en la misma condición, ya condenados a muerte y miserables en nuestra lepra del alma que se llama pecado, pero Dios, en su infinita misericordia nos ha llamado a salvación dándonos el pan del cielo, Jesucristo, y únicamente por él tenemos vida por medio de su Espíritu y la Palabra del Evangelio (buena nueva).

“No hacemos bien” comiendo este pan divino y guardarlo sólo para nosotros, esto es egoísmo, y si no hacemos bien, es obvio que estamos haciendo mal, y el mal es pecado, porque “... el que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, comete pecado” (Santiago 4:17). De modo tal que quien guarda sólo para sí mismo este bendito evangelio de salvación y no lo anuncia a las multitudes de gente que hoy perecen por falta de conocimiento de Dios y de su Palabra, cometen pecado. Se hacen cómplices del enemigo de las almas que sólo desea la perdición y la muerte eterna de todos los seres humanos.
  • Hoy es día de buena noticia, y nosotros callamos.
  • Hoy es día de buenas nuevas, y nosotros permanecemos en silencio.
  • Hoy es día de salvación, y nosotros no la anunciamos.
  • Hoy es día de decirle a la gente que Cristo viene, y nosotros estamos dormidos.
  • Hoy es día de que la gente conozca la verdad, y nosotros que la tenemos la guardamos para nosotros mismos.
  • Hoy es día de que las personas conozcan al verdadero Dios para que le adoren, y porque nosotros callamos, ellos siguen en pos de los falsos dioses.
  • Hoy es día de que la gente conozca la verdad del sábado, y nosotros no la enseñamos.
  • Hoy es día que la gente conozca que hay esperanza de resurrección para vida eterna para todos los que mueran en Cristo, pero nosotros no lo estamos diciendo.
  • Hoy es día de anunciar que “la hora del juicio ha llegado”, y nosotros dormimos como las cinco vírgenes insensatas.
  • Hoy es día de decirle al impío que se aparte de sus malos caminos, y nosotros más bien andamos en esos caminos de muerte.
  • Hoy es día de buena nueva de gozo y salvación.
¿Sobre quién caerá este pecado silencioso? ¿A cuántos se les demandará la sangre de su prójimo, de sus hijos, de sus esposos?

Hermanos y hermanas, hoy es día de buenas nuevas, y no es posible que sigamos en silencio. Salgamos y anunciemos el Evangelio del Reino imperecedero donde morarán los que tengan la vida eterna. No esperemos más tiempo. En el cielo hay mucho lugar, no seamos egoístas. “No hay tiempo que perder”.

“Salgamos ahora” y no esperemos hasta que amanezca, no vaya a ser que este mismo mal de callar nos alcance y también en la mañana gloriosa de la venida de Jesús seamos hallados culpables y cómplices de la perdición de muchas almas que pudieron haberse salvado por nuestra predicación del Evangelio de Cristo Jesús.

Recuerden que los leprosos estaban en medio de la noche; era el momento más oscuro de sus vidas, y fue en ese preciso momento cuando sus corazones resplandecieron con la gloria del amor de Dios. Antes del amanecer ellos dieron la buena nueva al pueblo hambriento.

Así nosotros nos encontramos en la hora más oscura de la historia pero pronto, muy pronto, vendrá la gloriosa mañana de la aparición de Nuestro gran Rey de reyes y Señor de señores, Jesucristo; y es antes de ese maravilloso amanecer que el mismo Rey del Universo nos encomienda a nosotros, pecadores leprosos, anunciar al mundo entero las Buenas Nuevas de salvación. 
¿Iremos? ¿Cuántos de nosotros estamos dispuestos a trabajar para Cristo? ¿Cuántos de nosotros deseamos dejar de ser egoístas? ¿Cuántos quisiéramos recibir las bendiciones del Rey compartiendo el pan espiritual?