EL Rincón de Yanka: LIBRO "EL HIJO DE TODOS". VIDA Y ASESINATO DE MIGUEL ÁNGEL BLANCO, EL MÁRTIR QUE VENCIÓ A ETA

inicio














sábado, 10 de septiembre de 2016

LIBRO "EL HIJO DE TODOS". VIDA Y ASESINATO DE MIGUEL ÁNGEL BLANCO, EL MÁRTIR QUE VENCIÓ A ETA


Según el autor, "el mayor dolor que puede sentir un muerto es el olvido". Se publica la primera biografía de Miguel Ángel Blanco. 
Miguel Ángel Blanco murió asesinado por ETA el 13 de julio de 1997. Pero su muerte no fue una más, la 791, de las 858 causadas por ETA.
Su agonía transmitida a cámara lenta, durante las 48 horas del plazo imposible dado por los verdugos, cambió la perspectiva de la violencia etarra y abrió los ojos a la gran mayoría de la sociedad española en general y de la vasca en particular. El concejal de Ermua podía haber sido el hijo, el hermano, el novio, el amigo de cualquiera, pensara como pensase, fuera del partido que fuese.
A través de decenas de entrevistas a familiares y estrechos amigos, al forense que hizo la autopsia el mismo día de su fallecimiento o al fiscal del juicio a sus ejecutores, Miguel Ángel Mellado ha llevado a cabo una magnífica reconstrucción periodística, llena de emoción, de la vida y los últimos días de este joven valiente que se enfrentó al mundo batasuno y a su brazo armado para defender su libertad y la de todos nosotros.

El hijo de todos (La esfera, 2016), el título del libro que se ha presentado este miércoles en el Ateneo de Madrid, viene de las palabras deConsuelo Garrido, madre de Miguel Ángel Blanco, que ya nos alertó en su día de que su hijo podía haber sido "el hijo, el hermano, el novio o el amigo de cualquiera".

El periodista Miguel Ángel Mellado es el autor de El hijo de todos, un "insayo con 'i' de indignación con el que salda una "deuda personal y profesional" después de tantos años publicando historias sobre las víctimas del terrorismo. Mellado sentía la necesidad de aportar su grano de arena, de llevar a cabo "un acto de reparación preventiva contra el olvido" no solo de los que sobrevivieron a la violencia, sino también de los que perecieron por la libertad de España. Según el autor, "el mayor dolor que puede sentir un muerto es el olvido". ETA mató a Miguel Ángel Blanco por su compromiso político

En la presentación Mellado ha estado acompañado por Jaime Mayor Oreja, exministro del Interior, y de Carlos Totorica, alcalde de Ermua. Durante su intervención Mayor Oreja ha discrepado con Mellado porque no cree "que hayamos derrotado a ETA. Su objetivo, la ruptura de España, avanza sin control". A colación de las elecciones vascas que se celebran este mes, Mayor Oreja ha hecho referencia a la necesidad de enfrentarse al problema del nacionalismo, "que parte de un sentimiento pero culmina en resentimiento hacia la propia idea de España", y que forma parte de la actual "crisis de valores" que padece Europa. Sin embargo, también ha añadido que "el espíritu de Ermua y el recuerdo de Miguel Ángel Blanco estará siempre en la vanguardia de la solución; el sacrificio de las víctimas no ha sido inútil". 
"No creo que hayamos derrotado a ETA. Su objetivo, la ruptura de España, avanza sin control"

Es la primera biografía sobre Miguel Ángel Blanco que se publica cuando ha comenzado la cuenta atrás para la conmemoración del 20º aniversario de su secuestro y asesinato por ETA, el 13 de julio de 1997. En ella se muestra el "lado humano" del concejal de Ermua a través de decenas de entrevistas a familiares y a amigos cercanos, como por ejemplo, al forense que hizo la autopsia o al fiscal del juicio a sus asesinos. El hijo de todos es una reconstrucción periodística, llena de emoción.

Según el autor "ETA mató a Miguel Ángel Blanco por su compromiso político". El impacto de este asesinato en los españoles no fue uno más de las 858 muertes causadas por ETA. Su agonía fue transmitida a cámara lenta, los verdugos dieron 48 horas de plazo para la ejecución, y este hecho cambió durante un tiempo la perspectiva general sobre la violencia etarra y abrió los ojos a la gran mayoría de la sociedad española. "El espíritu de Ermua descolocó a los nacionalistas y marcó el principio del fin de ETA", ha señalado el autor. El espíritu de Ermua descolocó a los nacionalistas y marcó el principio del fin de ETA

Por su parte, Carlos Totorica, cree en la "necesidad de mantener viva la memoria de las víctimas", de no olvidar los actos violentos de ETA y de que el recuerdo de los fallecidos sirva como "símbolo de libertad y pluralismo" por un motivo muy claro: "Tenemos que dar sentido al sufrimiento de las víctimas", decía.

PRÓLOGO

Estimado lector: Yo no he escrito este libro. Ha sido el espíritu del Miguel Ángel verdadero quien me lo ha dictado, guiándome en los encuentros que he tenido con personajes que le conocieron en vida, como familiares y estrechos amigos, o después de su muerte, como el médico forense que hizo la autopsia el mismo día de su fallecimiento, el 13 de julio de 1997, o el fiscal del juicio celebrado en la Audiencia Nacional nueve años después del atroz secuestro y asesinato. 

Por tanto, no busque objetividad en estas páginas. El hijo de todos, título cuyo copyright pertenece a Consuelo Garrido, madre del concejal de Ermua, es un ajuste de cuentas, sin ira, del asesinado con sus verdugos directos e indirectos. Contra aquellos que le pegaron dos tiros en la cabeza, uno detrás de la oreja derecha y el segundo en la zona occipital del cráneo, y también contra esa extensa parte de la sociedad vasca insensible, por miedo o por connivencia, con el dolor de los asesinados por ETA y de sus familiares. 

Durante el proceso de investigación y escritura de este «insayo» (con i de indignación, alterando la palabra ensayo como hizo el vasco Miguel de Unamuno con «nivola» y novela), Miguel Ángel Blanco se apoderó tanto de mí que comencé a creer en la fuerza motora de los espíritus desde el más allá. Algo parecido le sucedió a otro Miguel Ángel, fiscal de la Audiencia Nacional. En un momento de este libro, el fiscal Carballo confiesa haber sentido cómo el espíritu del joven concejal asesinado se situó a su vera durante los tres días del juicio para jalearle y alentarle en sus intervenciones, con una vehemencia reparadora impulsada por el muerto y solo advertida y sentida por el fiscal justiciero. 

Miguel Ángel era muy religioso. Leía con frecuencia la Biblia buscando respuestas a la vida y a la muerte. Pese a su juventud y su espíritu alegre, tenía un claro sentido de la trascendencia de la vida y de sus actuaciones. Estaría, pues, de acuerdo con la interpretación que hago acerca de los signos que rodearon su existencia. Citemos uno: Miguel Ángel nació un 13 de mayo, día de la Virgen de Fátima, aquella que se apareció en Portugal a unos niños pastores para anunciarles el fin del mundo. Gracias a Dios, la Virgen se equivocó. Pero no erró si reinterpretamos la profecía: lo que en realidad pronosticó fue el principio del final de ETA si asesinaba a un bebé nacido en Ermua en 1968, día de Fátima. El fin del mundo no se produjo, pero sí la defunción en diferido de ETA. 

Existe unanimidad entre los expertos en la organización terrorista en que el secuestro y asesinato de Blanco, entre el 10 de julio y el 13 de julio de 1997, sentenció el destino de la organización terrorista. La muerte de Miguel Ángel Blanco no fue un asesinato más de ETA, el 791 de los 858 cometidos. Su muerte a cámara lenta, con aquel plazo tramposo de 48 horas para asesinarlo, cambió la perspectiva de la violencia etarra y abrió los ojos a buena parte de la sociedad española y de la vasca en particular. Este es, pues, el revolucionario a su pesar descubrimiento en mi búsqueda del verdadero Blanco. Miguel Ángel no solo era ese chico de cara aniñada e inocente asesinado porque pasaba por allí... Aquel descendiente de «maquetos» procedentes de Maquilandia, como Sabino Arana llamaba a los emigrantes llegados al País Vasco. Los bellarri-motxas (orejas cortas en vasco), rasgo físico, racista, atribuido por los nacionalistas de principios del siglo xx a los emigrantes asentados en Euskadi en busca de un futuro mejor. 

Miguel Ángel era muchísimo más que el cándido batería de un grupo musical, concejal del PP en Ermua en sus ratos libres. Así fue presentado. No, Miguel Ángel fue un joven valiente enfrentado al mundo batasuno y a su brazo armado etarra desde su modesto asiento de concejal en el ayuntamiento ermuarra. Con un único propósito a sus veintinueve años: defender su libertad de pensar diferente al modo permitido y hacerlo hasta costarle la vida en aquellos años de odio mezclado con plomo. 

Todas las historias pueden escribirse de mil maneras, pero los hechos reales jamás deben ser cambiados. La sociedad civil ha de permanecer atenta para que la historia no se reescriba sin contar la verdad simple y sencilla de quienes, desde el más allá, no pueden defenderse. 

Cuando planean los veinte años de su asesinato, Miguel Ángel Blanco solo pide a sus asesinos, la pareja Txapote y Amaia, padres de dos hijos que él deseaba y no pudo tener, que digan en voz alta la palabra más corta y difícil de pronunciar: perdón. Solo así descansará definitivamente en paz. Me lo dijo una tarde del pasado otoño cuando visité su tumba en Faramontoas (Orense), a seiscientos kilómetros del pueblo de Ermua donde Miguel Ángel nació y quería vivir de por vida. Una vida, en su caso, demasiado corta.


“El nacionalismo radical siempre ha obviado a las personas. No hemos derrotado a ETA”. Así se ha expresado esta mañana el ex ministro de interior, Jaime Mayor Oreja, durante la presentación en el Ateneo de Madrid de la primera biografía de Miguel Ángel Blanco, titulada “El hijo de todos” y escrita por el periodista Miguel Ángel Mellado, director adjunto de EL ESPAÑOL.
Enlazando su valoración de la biografía con la idea del espíritu de Ermua -movimiento social que se generó tras el asesinato del concejal del PP-, con el auge hoy en día del independentismo catalán, Mayor Oreja ha querido incidir en que ETA continúa actuando en la sociedad. Más un “proyecto” que otra cosa, para el ex ministro la banda terrorista continúa siendo un problema inserto en España. “Vivimos en una crisis que afecta a todas las instituciones, a todos los países europeos. En España afecta al nacionalismo: vivimos una crisis de nación”.

De ese modo, y con las elecciones autonómicas vascas a la vuelta de la esquina, Mayor Oreja ha reflexionado acerca de las alternativas posibles al PNV, lamentando que la única opción sea “una posible alianza entre Bildu y Podemos”.

Así apelaba a aquel movimiento colectivo de reivindicación social que se generó por la unión de todos los demócratas ante la barbarie terrorista. “El espíritu de Ermua estará siempre en la vanguardia de la solución”, afirmó Mayor Oreja.

“MÁRTIR Y REVOLUCIONARIO INESPERADO”

La muerte de Miguel Ángel Blanco fue el punto de inflexión en la lucha contra la banda terrorista en España. El periodista Miguel Ángel Mellado ha querido construir una biografía cuyo propósito no sea otro que el de “avivar el recuerdo”. “De este modo, quiero pagar mi tributo a Blanco y a las 858 víctimas, y a sus padres, esposos, amigos...”, ha explicado el director adjunto de EL ESPAÑOL.

“El mayor dolor de un muerto después de muerto es el olvido”. Mellado pretende en este libro recuperar la figura del concejal dotándola del relieve que merece y engrandeciendo su dimensión como persona: lo logra sumergiéndose en su habitación, en la cocina de su casa, en sus tardes de concejal, en lo cotidiano del día a día. De ese modo, el autor ha pedido “disculpas” a sus familiares por revivir detalles como la autopsia y el momento en que Txapote y Amaia le asesinan a tiros en un monte de Lasarte. Mellado se ha disculpado también por todos esos detalles del libro que puedan “revivir momentos trágicos”. La pretensión en este caso es la de recordar que detrás de cada víctima no hay un número, sino una persona. “A Miguel Ángel le quitaron todo. Eta no mataba números; mataba a seres concretos”.

A través de esa dimensión personal, Mellado se adentra en el análisis de una persona “políticamente comprometida”. “Ser concejal del PP o del PSOE en aquellos tiempos en el País Vasco no era una travesura. Miguel Ángel no era un chaval que pasaba por allí. Era un ciudadano comprometido”, destacó el periodista.

REFLEXIONANDO 15 AÑOS DESPUÉS

Junto al autor y al exministro se encontraba Carlos Totorica, alcalde de Ermua desde el año 1991. Desde hace 25 años rige la localidad. No se considera político. “La política local no es exactamente política”. Totorica, a quien Mellado ha agradecido su labor, también ha reflexionado acerca de los valores que sustentan la libertad de pensamiento y la dificultad de mantenerla en otros años en el País Vasco. “Tenemos marcas en nuestras carnes. Nos ha enseñado a seguir trabajando”. Fue él quien vivió la etapa más dura de la violencia etarra, en un pueblo ya símbolo de quienes miraron a la cara a los asesinos. Sin embargo, hoy en día Totorica asegura que la ambigüedad reside en la administración de Euskadi . “En las instituciones vascas hay múltiples contradicciones. Se está difuminando la importancia de la violencia etarra. Y es necesario mantener viva la memoria de las víctimas de ETA".

Esa sociedad no existe aún, según Totorica. “Estamos lejos de una sociedad tolerante y pluralista. Tenemos que mirar atrás, porque recordar los asesinatos es absolutamente básico”, ha remarcado. Enfrente de él, entre el público, Mari Mar Blanco escuchaba atenta, sin pestañear.

UNA INMERSIÓN EN EL MITO

El libro desgrana minuciosamente la vida del concejal, la vida del hermano, la vida del hijo, y la del padre que nunca fue. “Quería tener dos hijos”. Tras su secuestro y muerte a manos de Txapote y Amaia, la dimensión de Blanco ascendió a un estadio diferente. “Al matarle, los etarras se pegaron un tiro en el pie, les salió el tiro por la culata. Los grandes revolucionarios surgieron de la nada. Es el caso de Miguel Ángel. Su asesinato fue el principio del fin de ETA”.

Esa vuelta al espíritu de Ermua despertó el recuerdo de algunas anécdotas entre los presentes en el acto. En la noche que se conoció que Miguel Ángel Blanco estaba herido de muerte, un grupo de personas incendiaron una “herriko taberna” en el pueblo. Sin embargo, fue el propio Totorica quien acudió rápidamente con un extintor a apagar el fuego. De ese modo, con el pacifismo frente a la violencia, la muerte de Miguel Ángel Blanco -a quien Mellado se ha referido como "el revolucionario del 14 de julio"- comenzó a hacer que ETA se derrumbase. Para Mellado, aquello fue el principio del fin de ETA. “Se ha avanzado. Su asesinato fue un punto de ignición. Puso en marcha un proceso por el cual, ETA, militarmente, está derrotada”, ha recalcado Mellado.