EL Rincón de Yanka: EL TESTAMENTO DE SU EXCELENCIA EL LIBERTADOR DE COLOMBIA GENERAL SIMÓN BOLÍVAR

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¡BIENAVENTURADA NAVIDAD!

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martes, 28 de junio de 2016

EL TESTAMENTO DE SU EXCELENCIA EL LIBERTADOR DE COLOMBIA GENERAL SIMÓN BOLÍVAR




«Amo a mi país, y creo que lo comprendo... Cuando Colombia era presa del despotismo español, arriesgué mi vida y mi fortuna por la victoria de la independencia. He ido aún más lejos.. He llevado el nombre de Colombia a las laderas del Chimborazo y de Pichincha... La dictadura que detento no tiene la omnipotencia de la tiranía que aborrezco; es el sacrificio que ofrezco al orden público...Este país pasará por todas las formas de gobierno hasta que nazca el día en que la raza anglosajona invada a Hispanoamérica de modo democrático y se forme una inmensa nación que un día conquistara el mar americano y traerá la riqueza y la civilización de Europa a este gran continente. El destino de América es profundo y sublime, pero antes que se cumpla, América experimentará todas las etapas de las naciones medievales.No he logrado otro bien que la independencia. Esa fue mi misión. Las naciones que he fundado, luego de prolongada y amarga agonía, sufrirán un eclipse, pero después surgirán como estado de una gran república: AMÉRICA.»  
Simón Bolívar, 1829 en el libro homónimo de Gergard Masur

Simón Bolívar nació rico, 
libertó América Latina y murió pobre! 
Chávez nació pobre, dividió a Venezuela 
sometiéndola a Cuba en alta traición, y murió rico.
El testamento de su excelencia 
El Libertador de Colombia 
General Simón Bolívar

En nombre de Dios todo Poderoso, Amén. Yo, Simón Bolívar, Libertador de la República de Colombia, natural de la ciudad de Caracas en el Departamento de Venezuela, hijo legitimo de los señores Juan Vicente Bolívar y María Concepción Palacios, difuntos, vecinos que fueron de dicha ciudad, hallándome gravemente enfermo, pero en mi entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural, creyendo y confesando como firmemente creo y confieso el alto y soberano misterio de la Beatísima y Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo tres personas distintas y un solo Dios verdadero: y en todos los demás misterios que cree, predica y enseña nuestra Santa Madre Iglesia Católica Apostólica Romana, bajo cuya fe y creencia he vivido y protesto vivir hasta la muerte, como Católico fiel Cristiano, para estar prevenido cuando la mía me llegue con disposición testamental, bajo la invocación divina, hago, otorgo y ordeno mi Testamento en la forma siguiente:



1° Primeramente encomiendo mi Alma a Dios nuestro Señor que de la nada la crió, y el cuerpo a la tierra de que fue formado, dejando a disposición de mis albaceas el funeral y entierro, y el pago de las mandas que sean necesarias para obras pías, y estén prevenidas por el gobierno.



2° Declaro: fui casado legalmente con la Sra. Teresa Toro, difunta, en cuyo matrimonio no tuvimos hijo alguno.

3° Declaro: que cuando contrajimos matrimonio, mi referida esposa, no introdujo a él ningún dote, ni otros bienes, y yo introduje todo cuanto heredé de mis padres.

4° Declaro: que no poseo otros bienes más que las tierras y minas de Aroa, situadas en la provincia de Carabobo, y unas alhajas que constan en el inventario que debe hallarse entre mis papeles, las cuales existen en poder del Sr. Juan de Francisco Martín, vecino de Cartagena.

5° Declaro: que solamente soy deudor de cantidad de pesos a los señores Juan de Francisco Martín y Powles y Compañía, y prevengo a mis albaceas que estén y pasen por las cuentas que dichos Señores presenten y las satisfagan de mis bienes.

6° Es mi voluntad: que la medalla que me presentó el Congreso de Bolivia a nombre de aquel pueblo, se le devuelva como se lo ofrecí, en prueba del verdadero afecto, que aún en mis últimos momentos conservo a aquella República.

7° Es mi voluntad: que las dos obras que me regaló mi amigo el señor general Wilson, y que pertenecieron antes a la biblioteca de Napoleón tituladas "El Contrato Social" de Rousseau y "El Arte Militar" de Montecuculi, se entreguen a la Universidad de Caracas.

8° Es mi voluntad: que de mis bienes se le den a mi fiel mayordomo José Palacios la cantidad de ocho mil pesos, en remuneración a sus constantes servicios.

9° Ordeno: que los papeles que se hallan en poder del señor Pavageau, se quemen.

10° Es mi voluntad: que después de mi fallecimiento, mis restos sean depositados en la ciudad de Caracas, mi país natal.

11° Mando a mis albaceas que la espada que me regaló el Gran Mariscal de Ayacucho, se devuelva a su viuda para que la conserve, como una prueba del amor que siempre he profesado al expresado Gran Mariscal.

12° Mando a mis albaceas se den las gracias al señor general Roberto Wilson por el buen comportamiento de su hijo el Coronel Belford Wilson, que tan fielmente me ha acompañado hasta los últimos momentos de mi vida.

13° Para cumplir y pagar éste mi testamento y lo en él contenido, nombro por mis albaceas testamentarios, fideicomisarios, tenedores de bienes a los señores general Pedro Briceño Méndez, Juan de Francisco Martín, Dr. José Vargas, y el general Laurencio Silva, para que de mancomún et insolidum entre en ellos, los beneficien y vendan en almoneda o fuera de ella, aunque sea pasado el año fatal de albaceazgo pues yo les prorrogo el demás tiempo que necesiten, con libre, franca, y general administración.

14° Y cumplido y pagado este mi testamento y lo en el contenido instituyo y nombro por mis únicos y universales herederos en el remanente de todos mis bienes, deudas, derechos y acciones, futuras sucesiones en el que haya sucedido y suceder pudiere, a mis hermanas María Antonia y Juana Bolívar, y a los hijos de mi finado hermano Juan Vicente Bolívar, a saber, Juan, Felicia y Fernando Bolívar, con prevención de que mis bienes deberán dividirse en tres partes, las dos para mis dichas hermanas, y la otra parte para los referidos hijos de mi indicado hermano Juan Vicente, para que lo hayan, y disfruten con la bendición de Dios.

Yo revoco, anulo, y doy por de ningún valor ni efecto otros testamentos, codicilos, poderes y memorias que antes de este haya otorgado por escrito, de palabra o en otra forma para que no prueben ni hagan fe en juicio, ni fuera de él, salvo el presente que ahora otorgo como mi última y deliberada voluntad, o en aquella vía y forma que más halla lugar en derecho. En cuyo testimonio así lo otorgo en esta hacienda San Pedro Alejandrino de la comprensión de la ciudad de Santa Marta a diez de diciembre de mil ochocientos treinta.

Y S. E. el otorgante, a quien yo el infraescrito, Escribano Público del Número, certifico que conozco, y de que al parecer está en su entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural, así lo dijo, otorgó y firmó por ante mí en la casa de su habitación y en éste mi Registro Corriente de Contratos Públicos siendo testigos los señores general Mariano Montilla, general José María Carreño, coronel Belford Hinton Wilson, coronel José de la Cruz Paredes, coronel Joaquín de Mier, primer comandante Juan Glenn y el Dr. Manuel Pérez Recuero, presentes.

SIMÓN BOLÍVAR
Ante mí 
José Catalino Noguera, 
Escribano Público. 
Es copia.-Cepeda, Secretario. 
Es copia.-Cartagena, Enero 12 de 1831. 
El Secretario de la Prefectura. 
Juan B. Calcaño






























BOLÍVAR
Ernesto Luis Rodriguez



Raíz de pueblo. Semilla
que arborizó libertades.
Brazo de izar tempestades.
Mente de fúlgida arcilla.
El Chimborazo le brilla
de eternidad en la piel.
Llega en heroico tropel
al corazón de la historia.
No debe nada a la gloria:
¡la gloria es hecha por él!

Viril, gallardo, valiente,
hijo del sol y del rayo,
un relámpago a caballo
que va por el continente.
Del ventisquero la frente
resuena bajo su planta;
el tricolor de la manta
sabe de ignotos confines,
y en pedestal de clarines
la voz de siglos levanta.

Volcán de nervios. Mirada
que pone luz en el viento.
Llama de cálido acento
deja en el aire sembrada.
Vibrante cruza la espada
por llanos y cordilleras;
inspira audacias guerreras
a cinco pueblos hermanos,
y le florecen las manos
¡con un rosal de banderas!

Símbolo fiel, trayectoria
de libertad en el hombre,
con el fulgor de su nombre
relampaguea la historia.
Palpita bajo su gloria
de plenitud Venezuela,
nos ilumina la estela
del libro que se repasa;
vive en la luz de la casa
y en el amor a la escuela.