EL Rincón de Yanka: EL ÁRBOL DE LA VIDA (THE TREE OF LIVE)

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sábado, 1 de octubre de 2011

EL ÁRBOL DE LA VIDA (THE TREE OF LIVE)





"Los ojos pueden mirar y VER. Si los tuyos sólo miran, te estás perdiendo la mitad de la vida".

"Lo más entrañable de lo vivido no ha sido ni pronunciado ni efectuado. Tan solo el encuentro efervescente en la alba mirada implícita de complicidad".

"Hay cada vez más infelices que dejan de "VER" los reflejos infinitos de comunión de la "VIDA", para encerrarse sólo en el ensimismado mirarse al espejo de su propio vacío".
Yanka




El árbol de la vida  - Alexandre Desplat

"El árbol de la vida" más que un filme es una oración, es poesía.

"Si no sabes amar,
tu vida pasará como un destello"



Mente abierta. Despejada. Deja todo lo que puedas haber imaginado del cómo será esta película antes de entrar en la sala, pues nada se le parecerá. Sensación de extrañeza. Poesía. Contemplación. Recordar y Revivir nuestra infancia. Impacto. Comenzamos con tristeza. La que deriva de la pérdida, en este caso de una madre que sufre por el reciente fallecimiento de su hijo. Y a partir de ahí trazamos un camino de imágenes. Sólo imágenes. Bien se hace valer el ‘más vale una imagen que mil palabras’ en esta cinta, pues las imágenes pocas veces se acompañan de diálogo. Tan sólo debemos mirar, admirar, contemplar, dejarse sumergir... Y nuestra mirada contemplativa es la clave. Las imágenes nos transportan al origen. El origen de todo. El origen de la vida. Todo contado como si de una sinfonía musical se tratase, pues la imágenes se acompasan de forma armónica al hilo musical que acompaña el film (maravillosa la banda sonora de Alexandre Desplat).
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Su título refleja la síntesis exacta de lo que cuenta la película. Malick muestra cómo evoluciona el mundo, cómo evoluciona la naturaleza, y también las cosas que permanecen. La dominación por parte del más fuerte sigue vigente. Tal como el dinosaurio grande aplasta al más pequeño, el padre domina a sus hijos. Señalaremos en este punto la inapelable e irrefutable actuación de todos los personajes del film: Brad Pitt y Jessica Chastain traspasan la pantalla con sus emociones, sus reacciones y sus fueros internos, ya sean por bondad o por maldad. Sean Penn transmite sensaciones sólo con sus miradas; y los niños son fuente inagotable de sentimientos transmitidos, nada que envidiar a los ya curtidos actores adultos.
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Maravillosa es la esencia de la infancia que capta Malick en el film. La voz off que acompaña lo mostrado habla de las dudas de un niño ante la vida, ante el origen de la misma, ante el mundo que le rodea y que no comprende. Le da voz a una madre de tres hijos que palia además con un marido autoritario, sobre todo con el hijo mayor. Y les dice que amen a todo el mundo, que perdonen, y que vivan. Todos tienen voz. Y en el fondo, esa voz también es la voz del espectador, una voz que plantea dudas y miedos. Y le da voz a la madre mayor, a la Madre Naturaleza. Aun cuando en imagen se muestre una ciudad o parte de ella, la ambientación sólo se centra en el sonido del viento, o de las hojas. La naturaleza es la que habla. Y el tiempo avanza. Avanza como las corrientes de agua. Y avanza tal y como la cámara está en continuo movimiento, sin planos estáticos y con una fotografía soberbia .
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Todo forma parte de la vida, y hemos de aprender que la oscuridad, que el fuego, que la muerte, forma parte de ella. Y que todos nos encontraremos tarde o temprano en ese destino. Como caminantes todos andamos hacia un punto común. Da igual las bifurcaciones que hayamos tomado en el transcurso.

La familia en la que se centra la historia, en verdad, es sólo una familia más. Malick entreteje de forma imperiosa y con una belleza digna de Afrodita la parte metafísica del film dejando ver que, realmente, las situaciones de autoridad paternal, los lloros de la madre, los enfados de los niños, las dudas de un infante, son situaciones pasajeras, temporales, diminutas ante el mundo el nos rodea, diminutas a los ojos del caos universal.
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No es una película para todos los públicos, y esto no es criticable. Aquellos que logren conectar se sentirán maravillados ante la conexión entre lo universal y lo personal. Malick no es un director cualquiera. Su huella quedará grabada aun cuando el mundo siga su evolución.

"¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia. ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel? ¿Sobre qué están fundadas sus bases? ¿O quién puso su piedra angular, Cuando alababan todas las estrellas del alba, Y se regocijaban todos los hijos de Dios?" Job 38, 4-7.  

Esta cita bíblica extraída del libro de Job es la que da pie a la última aventura propuesta por el cineasta tejano. Aventura... o odisea, pues no cabe otro nombre para una cinta que encuentra el tiempo para llevarnos a la intimidad de una familia que vive en un entorno suburbial en la América de los años cincuenta, o a los parajes más bellos tanto de nuestro mundo como del cosmos, deteniéndose también en un efímero estudio del comportamiento de los primeros seres vivos que poblaron nuestro planeta.

Malick lleva al límite su actitud contemplativa y espiritualidad (en la que se aprecia un abandono del paganismo en pos de pensamientos de calado más cristiano), y la jugada le sale casi redonda. Retomando los textos sagrados, este cineasta sin igual extrae de ellos una concepción bicéfala del mundo que nos rodea. 
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La naturaleza o la gracia divina; el aceptar y saber ver /convivir con la belleza y bondad que nos rodea, o luchar para ser dueños de nuestro propio destino; la madre o el padre. Con la entrada en escena de esta especie de dioses creadores, va a vertebrarse una narración de vitalidad y curiosidad prodigiosa. El seguimiento de la familia O'Brien será el hilo conductor de una vastísima clase de filosofía. Una reflexión magistral que emociona por su espontaneidad (perfecta, inmejorable la filmación de los primeros años de vida del primogénito) y su perfección técnica, inconcebible sin la labor titánica de Emmanuel Lubezki como director de fotografía, y de Alexandre Desplat como compositor de la banda sonora.
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El árbol de la vida es uno de los símbolos cabalísticos más importantes del judaísmo. Está compuesto por 10 esferas (sefirot) y 22 senderos, cada uno de los cuales representa un estado (sefirá) que acerca a la comprensión de Dios y a la manera en que él creó el mundo. La Cábala desarrolló este concepto como un modelo realista que representa un «mapa» de la Creación. Se le considera la cosmología de la Cábala.

Algunos creen que este «Árbol de la Vida» de la Cábala corresponde al Árbol de la Vida mencionado en la Biblia (Génesis 2, 9).
Este concepto metafísico (más allá de lo físico) más tarde fue adoptado por algunos cristianos, hermetistas, y aún paganos.
El Árbol de la Vida se representa en el conocido Árbol Sefirótico. El mismo se compone de diez emanaciones espirituales por parte de Dios, a través de las cuales dio origen a todo lo existente. Estas diez emanaciones, para formar el Árbol de la Vida, se intercomunican con las 22 letras del alfabeto hebreo.

Es posible apreciar el detalle del desarrollo de este árbol, en libros como Sefer Yetzira. Se trata de un compendio muy profundo, que requiere instrucción adecuada, y una guía erudita.

Las 10 Sefirot

1.Kéter (La Corona. Providencia equilibrante).
2.Jojmá (La Sabiduría).
3.Biná (La Inteligencia siempre Activa).
4.Jésed (La Misericordia. Grandeza).
5.Gevurá (La Justicia. Fuerza).
6.Tiféret (La Belleza).
7.Nétsaj (La Victoria de la Vida sobre la Muerte).
8.Hod (La Eternidad del Ser. Gloria).
9.Yesod (El Fundamento. La Generación o piedra angular de la Estabilidad).
10.Maljut (El Reino. Principio de las Formas).

Los 22 caminos del árbol
  1. Aleph
  2. Beth
  3. Gimel
  4. Daleth
  5. Heh
  6. Vav
  7. Zayin
  8. Cheth
  9. Teth
  10. Yod
  11. Kaph
  12. Lamed
  13. Mem
  14. Nun
  15. Samekh
  16. Ayin
  17. Peh
  18. Tzaddi
  19. Qoph
  20. Resh
  21. Shin
  22. Tau
VER+:
SOBRE LA PALABRA CREADORA DE DIOS "MEMRA"