EL Rincón de Yanka

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viernes, 26 de agosto de 2016

CUIDANDO DE MAMÁ Y PAPÁ: ¿QUIÉN CUIDARÁ DE ELLOS CUANDO ELLOS YA NO PUEDAN CUIDAR DE SÍ MISMOS?


Reportaje sobre el desafío que supone para las familias occidentales cuidar de los padres en edad avanzada. En su gran mayoría son mujeres y se encuentran atrapadas entre el cuidado de sus mayores, la crianza de sus propios hijos y sus tareas laborales a tiempo completo.



La sociedad occidental se enfrenta a una nueva realidad. Sus ancianos superan en número a los jóvenes y la mayoría vivirá más tiempo de lo que el hombre lo ha hecho nunca. Ante esta situación, ¿quién cuidará de ellos cuando ellos ya no puedan cuidar de sí mismos?


Cerca del 90% de la asistencia a los ancianos en Estados Unidos, recae sobre las familias. La mayoría de los cuidadores son mujeres, las denominadas “mujer sándwich”, a menudo, atrapadas entre criar a sus hijos, un empleo a tiempo completo y el cuidado de sus padres.

El 70% de los familiares que trabajan fuera del hogar tienen que hacer frente a una obligación moral que, en una gran mayoría de los casos, colisiona con la laboral. Problemas laborales en materia de horarios o de remuneración, son los inconvenientes más comunes entre estos empleados. Incluso miles de ellos se debaten entre abandonar su carrera profesional o trabajar a tiempo parcial, lo que supone que muchos, principalmente las mujeres, lleguen pobres a su propia vejez.





El amor de un padre


Una muy triste y verdadera historia de amor de un padre a su hijo.

Este video trata la historia de un padre soltero siempre al cuidado de su hijo, al pasar los años... su hijo se vuelve adulto y él en un anciano de 58 años, al llegar a esa etapa éste se enferma y cae en demencia y en el peor de los casos se comportan como un bebé, desde ese momento los papeles empiezan a cambiar y tuvo que estar al cuidado de su padre.

Un excelente video con un gran mensaje de motivación que te hará reflexionar.
Para todos aquellos que todavía tienen los padres, por favor amarlos antes de que fuera demasiado tarde. Al principio te costara trabajo asumir esa responsabilidad, pero acuérdate del amor que él te daba, devuélvele ese amor depositado en ti, porque será ese momento cuando mas lo necesite.


VER+:




jueves, 25 de agosto de 2016

CASO ALCÁCER: LA EXECRABLE RED INTERNACIONAL DE PEDERASTAS INFANTICIDAS: MAFIA Y POLÍTICA


MIGUEL RICART

Han transcurrido ya 20 años del ABOMINABLE Y SATÁNICO asesinato de las "Niñas de Alcácer" que conmocionó a la sociedad española. Un crimen que perdura en la Triste Memoria de todos los españoles y en el que todos los acontecimientos destinados a clarificar la Verdad de lo que verdaderamente ocurrió a lo único que llevaron fue a demostrar, hasta qué punto determinados hechos pueden ser "manipulados" por "oscuros y poderosos intereses" desde las más profundas "cloacas del poder". 

¿Los "supuestos asesinos" y sus familias cobrando "jugosamente" de los "fondos reservados" del Estado?. 



Este libro escrito por el Investigador Juan Ignacio Blanco, uno de los investigadores que más tiempo y esfuerzo dedicó a la resolución de este crimen. 
Un libro que fue "prohibido" por una sentencia judicial....


El triple crimen de las tres niñas de Alcàsser conmocionó a toda España. Las niñas fueron violadas, torturadas y asesinadas. Juan Ignacio Blanco es un veterano periodista y criminólogo que junto al padre de una de las niñas, se lanzó en una cruzada para saber la verdad y encontrar a los verdaderos culpables.

Durante el programa de radio, al que Juan Ignacio Blanco asistió como invitado, se desvelaron ciertos detalles de la investigación del caso, que pretende demostrar que un poder en la sombra impidió la investigación de lo ocurrido y la detención de los criminales.

Juan Ignacio Blanco formula la teoría de que el triple crimen de Alcasser, guarda relación con un pacto de estado en España, entre los diferentes grupos que luchaban por hacerse con todo el poder en este país y que solo hubo durante esta monarquía parlamentaria otro pacto de estado similar al "Pacto de Alcasser": los "Pactos de la Moncloa". Después de este macabro crimen, hubo paz entre estos grupos del poder formados por destacados miembros de La Casta política española.

El veterano periodista asegura que delante de una de las camas, estaba el cuerpo de una de las niñas, y 40 "peces gordos" relacionados con el mundo de la política y las finanzas, fueron pasando uno por uno acercándose a esa camilla mientras eran grabados y/o fotografiados , siendo conscientes en todo el momento.

Juan Ignacio Blanco desvela una vez más, las múltiples incongruencias que presenta la versión oficial de los hechos. Uno de los dos acusados (Antonio Anglés) acusado del triple rapto, torturas y violaciones de los asesinatos era homosexual, un detalle que hace impensable que las secuestrase para violarlas. Las autoridades españolas aseguran que Antonio Anglés consiguió fugarse de prisión pero Juan Ignacio Blanco niega después de haber estado en la prisión, niega esta posibilidad. Antonio Anglés se encuentra oficialmente desaparecido pero es probable que haya sido asesinado por los mismos autores que mataron a estas tres niñas. El otro acusado y detenido que fue detenido y condenado no era mas que un chivo expiatorio. Los agricultores que encontraron los cadáveres de las niñas, no querían hablar de este asunto. El miedo y la represión se extendió contra aquellos que querían saber lo ocurrido.

La existencia de un vídeo con contenido snuff que fue entregado al sacerdote de un pueblo por uno de los participantes y que fue entregado al Ministerio de Interior español, después de que tanto el padre de una de las niñas como Juan Ignacio Blanco guardasen una copia, nunca vio la luz y las autoridades se desentendieron del hallazgo.

Juan Ignacio Blanco desvela los sinsabores de enfrentarse al estado español, perdió muchas amistades por el camino, fue vetado en los medios de comunicación que dejaron de encargarles artículos, fue sentado en el banquillo de los acusados por sus investigaciones en numerosas ocasiones, unos hombres secuestraron a su esposa dentro de un coche y le amenazaron con matar a su marido si seguía investigando. El investigador asegura que dejó el asunto y se considera afortunado porque otros compañeros de profesión tuvieron peor suerte. Juan Ignacio Blanco cita el caso del periodista Antonio Herrero que según el criminólogo fue asesinado por envenenamiento mientras practicaba submarinismo, el periodista Ismael Fuente Lafuente que murió en un extraño accidente en el mar en la República Dominicana o el periodista Pepe Rei, que acabó en silla de ruedas después de extraño un accidente de tráfico.

Tengo entendido que el periodista Juan Ignacio Blanco cree que le dejaron investigar hasta que nombró a cuatro presuntos culpables de hechos dantescos en un programa de televisión. ¿Por qué? Es un método de presión sobre los protagonistas y participantes en un crimen tan execrable. Al descubrirse los cadáveres, y al existir material fotográfico o videográfico con los rostros de los participantes y el cadáver de una de las niñas, no hay lugar de dudas de que no se trataría de un montaje.

De este modo, todos los participantes guardarán silencio del asunto y se prestarán a colaborar entre ellos para seguir ostentando el poder en España. La única forma de salir de este círculo es suicidarse o que una mano negra "le suicide".

Todo apunta a que estamos ante unos brutales crímenes perpetrados por elementos de La Casta española, de no ser así, no habría tantos obstáculos en el camino para saber la verdad.


MIRIAM, TOÑI Y DESIREÉ, 
LAS NIÑAS DE ALCÁSSER: 
25 AÑOS 

BRUMAS 

Brumas que acechan desde los rincones. 
Lamentos silenciados bajo aullidos 
de la infamia que rompe en girones. 

Tres hermosos rostros, 
con su cara y con su nombre. 
Que el cielo os acoja 
bajo el manto de las estrellas. 

Que la tierra no emborrone vuestra sonrisa, 
tan cierta que la luz que siempre brilla 
os mantenga en nuestra memoria 
como siempre, indemnes de tanta miseria. 

Que se oigan vuestras voces 
por todo el planeta tierra. 
Que nunca quisimos perderos 
de una forma tan cruenta. 

Que la justicia, esa que reposa 
bajo vuestra misma tierra 
se levante de su sepultura 
para reclamar vuestra herencia. 

Que vuestros nombres 
se escriban en los más profundo 
de nuestras consciencias. 

A vosotras que nunca debisteis ser un caso: 
EL CASO DE LAS TRES NIÑAS DE ALCÁSSER.






JUAN IGNACIO BLANCO HABLA SOBRE LA RED INTERNACIOANL PEDERASTA


JUAN IGNACIO BLANCO - UN TÉCNICO PREOCUPADO







Por esto le quitaron el programa a Pepe Navarro "Esta noche cruzamos el Mississipi.
La fuga de Anglés fue una cortina de humo para proteger a los verdaderos implicados.

VER+:




SIR JOHN MOORE, HÉROE DE LA BATALLA DE ELVIÑA DE LA CORUÑA


Sir John Moore, el amigo inglés


La figura del general británico Sir John Moore ha dejado una huella muy especial en la historia de la ciudad de La Coruña. 


Moore, al mando de un gran ejército inglés, luchó contra los franceses en Elviña, una de las batallas más importantes libradas durante la Guerra de la Independencia española.

Durante los primeros años del siglo XIX , La Coruña fue la primera ciudad gallega que decidió alzarse en armas contra el dominio del Imperio Napoleónico. Será en 1808 cuando ingentes tropas de soldados británicos llegan al noroeste de España dispuestos a impedir que el dominio del imperio vecino avance por la Península. 

Mientras en el puerto de La Coruña desembarcan 16.000 soldados y 2.000 caballos al mando del general Sir David Baird, el general Sir Jhon Moore hacía lo mismo en Lisboa formando así el gran ejército que se había de enfrentar a los galos. Moore se situó en Salamanca, bajo aviso de la llegada de un potentísimo ejército francés al mando de los mariscales Soult y Ney. Desde allí, sus tropas se extendieron por Zamora, Valladolid y León , teniendo que replegarse a Astorga ante la potencia de la infantería francesa. El mismo Napoleón dio órdenes tajantes al mariscal Soult de perseguir, sin tregua ni descanso, a los ingleses. De este modo, las unidades británicas fueron acosadas y perseguidas por los galos hasta llegar a La Coruña, objetivo de ambos ejércitos.

En la mañana del 16 de enero de 1809 los dos ejércitos beligerantes se situaron uno frente a otro, los galos en Peñasquedo y los británicos en las alturas cercanas al río Mero: era la batalla de Elviña. El encarnizamiento llegó a tan altas cotas que, primero Baird y después el propio Moore, que presenciaban y dirigían a sus tropas, sufrieron heridas de tal gravedad que tuvieron que ser evacuados del escenario de combate y muerte. A lo largo de esta famosa y cruenta batalla se registraron un gran número de bajas entre ambos contendientes.

John Moore, herido por una bala de cañón, fue trasladado a la casa del comerciante Genaro Fontenla, en medio del Cantón Grande, donde murió, desangrado, aquella misma tarde, tras haber dado una serie de instrucciones sobre el embarque de lo que quedaba de su ejército.

El grueso de las fuerzas británicas llegó a La Coruña e inició, rápidamente, su reembarque, pues ya habían llegado todos los transportes ingleses al puerto herculino. Tan solo quedaron pequeñas unidades en Elviña, encargadas de retrasar, en lo posible, el inevitable avance galo sobre La Coruña.
Se puede decir que en esta batalla no hubo ni vencedores ni vencidos porque ambos frentes consiguieron sus objetivos. Los ingleses lograron reembarcar sus tropas en La Coruña, mientras que los franceses expulsaron a los británicos y tomaron la ciudad para sus dominios.

EN EL ENTIERRO DE SIR JOHN MOORE 

Ni un redoble se oyó, ni un solo compás fúnebre: subimos su cadáver a la escarpa con prisa y ni un soldado hizo la salva de ordenanza sobre el enterramiento que ofrecimos al héroe. De noche y a escondidas le dimos sepultura removiendo la tierra con nuestras bayonetas. La turbia luz de un rayo de luna se esforzaba y daba la linterna su lumbre mortecina. No le contuvo el pecho ningún torpe ataúd ni en sábana o mortaja llegamos a ceñirlo. Yacía como es propio que repose un soldado: envuelto en su capote militar solamente. Pocas y breves fueron allí nuestras plegarias. Ni una sola palabra de pésame dijimos. Pero su muerto rostro miramos con fijeza pensando amargamente en el incierto día. Pensando -al excavarle un estrecho camastro y al mullirle una almohada con nadie compartida—que sobre su cabeza hollarían extraños y enemigos, en tanto que el mar nos distanciaba. Vanamente hablarían de un alma,ya ausentada, acusándolo encima de sus restos ya fríos. Pero no ha de importarle mientras pueda seguir su descanso en la tumba que le excavó un brítano. Llevábamos mediada la penosa tarea cuando sonó la hora de nuestra retirada.iba la artillería de largo alcance oyéndose en el fuego que, terco, hacía el enemigo. Despacio y con tristeza lo bajamos allí, recién vuelto, sangrante, del campo de su fama. Ni una línea grabamos, ni una piedra erigimos. Nos marchamos dejándolo a solas con su gloria. 

Cuando los franceses tomaron la ciudad, construyeron una tumba por orden de su rival Mariscal Soult, y éste  fue derrotado en la campaña de Portugal por Wellington.

Trad. de María Victoria Atencia


EN EL ENTIERRO DE SIR JOHN MOORE

Ni un redoble se oyó, ni un solo compás fúnebre:
subimos su cadáver a la escarpa con prisa
y ni un soldado hizo la salva de ordenanza
sobre el enterramiento que ofrecimos al héroe.
De noche y a escondidas le dimos sepultura
removiendo la tierra con nuestras bayonetas.
La turbía luz de un rayo de luna se esforzaba
y daba la linterna su lumbre mortecina.
No le contuvo el pecho ningún torpe ataúd
ni en sábana o mortaja llegamos a ceñirlo.
Yacía como es propio que repose un soldado:
envuelto en su capote militar solarnente.
Pocas y breves fueron allí nuestras plegarias.
Ni una sola palabra de pésame dijimos.
Pero su muerto rostro miramos con fijeza
pensando amargamente en el incierto día.
Pensando -al excavarle un estrecho camastro
y al mullirle una almohada con nadie compartida—
que sobre su cabeza hollarían extraños
y enemigos, en tanto que el mar nos distanciaba.
Vanamente hablarían de un alma,ya ausentada,
acusándolo encima de sus restos ya fríos.
Pero no ha de importarle mientras pueda seguir
su descanso en la tumba que le excavó un brítano.
Llevábamos mediada la penosa tarea
cuando sonó la hora de nuestra retirada.
iba la artillería de largo alcance oyéndose
en el fuego que, terco, hacía el enemigo.
Despacio y con tristeza lo bajamos allí,
recién vuelto, sangrante, del campo de su fama.
Ni una línea grabamos, ni una piedra erigimos.
Nos marchamos dejándolo a solas con su gloria.

Trad. de María Victoria Atencia

THE BURIAL OF SIR JOHN MOORE 
AT CORUNNA

Not a drum was heard, not a funeral note,
As his corse to the rampart we hurríed;
Not a soldier discharged his farewell shot
O’er the grave where our hero we buried.
We buried him darkly at dead of night,
The sods with our bayonets turning;
By the struggh’ng moonbeam’s misty light,
And the lantern dimly burning.
No useless coffin enclosed his breast,
Not in sheet nor in shroud we wound him,
But he lay like a warrior taking his rest
With his martial cloak around him.
Few and short were the prayers we said,
And we spoke not a word of sorrow;
But we steadfastly gazed on the face that was dead,
And we bitterly thought of the morrow.
We thought as we hollowed his narrow bed,
And smoothed down his lonely pillow,
That the foe and the stranger would tread o’er his head,
And we far away on the billowl
Lightly they’ll talk of the spirit that’s gone
And o’er his cold ashes úpbraid him,»
But little he’ll reck, if they let him sleep on
In the grave where a Briton has laid him.
But half of our heavy task done
When the clock struck the hour for retiring;
And we heard the distant and random gun
That the foe was sullenly firing.
Slowly and sadly we laid him down,
From the field of his fame fresh and gory;
We carved not a line, and we raised not a stone—
But we left him alone with his glory_

Charles Wolfe








EPITAFIO

Aquí yace John Moore, 
muerto de noche y frío y fiebre y plomo, 
o sólo de una oscura tristeza anticipada. 
El puño de su sable ulceró su agonía 
—no quiso desceñirse — 
y su sangre cayó entorpeciendo el suelo, 
para cubrir su herida excavaron 
un surco del tamaño de un hombre, 
aproximadamente, 
y a la tierra lo echaron, como el que dice, a tientas. 
Sus soldados huyeron sobre un mar de delfines 
y sólo entonces por la razón de su muerte. 
Descansa en paz, oh Moore. 
Que, por decir tu nombre, 
brille como una lámpara mi voz ante tus ojos. 

María Victoria Atencia