EL Rincón de Yanka: G.OBERMAN

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viernes, 11 de noviembre de 2016

SE BUSCAN PROFETAS DESNUDOS DE IDEOLOGÍAS














Se buscan
Gerardo Carlos C. Oberman


¡Profetas y profetisas se buscan!
Que derriben las mesas de quienes en los templos 
negocian la gracia de Dios y la convierten en mercancía.
Que denuncien a los apóstoles, pastores, obispos, líderes eclesiales
que callan y conceden a cambio de privilegios. O por cobardía.
Que acusen a quienes falsean el mensaje de la vida abundante para todos y todas, 
excluyendo de ella a quienes más sufren, a quienes son diferentes por su raza, 
su opción sexual, su condición económica, su educación formal…
Que pateen las puertas de quienes las cierran a un evangelio que incluye, 
que sana, que libera, que se realiza en la solidaridad y en la búsqueda de justicia.

¡Profetas y profetisas se buscan!
Que ofrezcan el corazón abierto, desbordando misericordia, sin pedir nada a cambio. 
Profetas y profetizas que no teman, que no se escondan, que no huyan, 
que no se dejen comprar, que griten aun cuando nadie les oiga… 
El viento sabrá llevar su mensaje por los rumbos de Dios.

¡Profetas y profetisas se buscan!
Necesitamos sus voces sacudiendo tanta hipocresía, desnudando falsedades 
y nombrando sin medias tintas los pecados que atentan contra la plenitud de la vida.
Necesitamos sus manos señalando a los corruptos, a los traidores, a los asesinos, 
a los verdugos de los humildes, a los carceleros de los derechos humanos y de la libertad, a los que sostienen modelos económicos que traen muerte.

Necesitamos sus ojos fijos en quienes se ríen del dolor de sus prójimos y prójimas, 
de quienes se visten con la sangre de sus víctimas. 
Necesitamos que no dejen de mirarlos para que sepan que los conocemos:
los señores del capital, los de las semillas transgénicas, los de los venenos, 
los de los muros y las cercas, los de las guerras, las armas, las bombas, las invasiones.
los de los discursos misóginos, los fundamentalistas del odio,
los que destruyen la casa común que habitamos sin pudor alguno.

Y necesitamos también sus pies…
Sus pies marcando caminos nuevos que nos mantengan vivas las esperanzas, 
que nos animen a seguir andando con fe hacia nuevos horizontes, 
hacia lugares donde algún día sean posibles
la paz con justicia y la armonía con equidad entre las gentes.

¡Profetas y profetisas se buscan!
Que nos regalen sus vidas dispuestas a seguir soñando, 
cual locas y locos, en otros mundos posibles, 
esos que Dios aún anhela para sus hijas e hijos.
¡Profetas y profetisas se buscan 
(desnudos de ideologías)!

Qué bueno es creer cuando oscurece,
si los ojos no ven y el alma desfallece.
Qué bueno es creer cuando no hay camino,
cuando nada es creer en Jesús,
qué bueno es confiar en su luz,
qué bueno sentir que la fe
no muere en la cruz.

Qué bueno es creer cuando la vida
no alcanza a ser una llama encendida.
Qué bueno es creer si la fe se cansa,
si la duda crece y afloja la esperanza.
// Que bueno es creer y seguir,
qué bueno es amar y servir,
qué bueno sentir que la fe
alegra y hace vivir. //



We shall overcome - Bruce Springsteen and the Seeger Sesions Band


sábado, 17 de octubre de 2015

TIEMPO DE QUITARSE LAS CARETAS

"Quien quiera algo que no sea Cristo,

no sabe lo que quiere; 
quien pida algo que no sea Cristo, 
no sabe lo que pide; 
quien no trabaje por Cristo, 
no sabe lo que hace" 
San Felipe Neri


Tiempo de quitarse las caretas

No corras más, no te escondas,
no dejes que te insulten
ni que te acusen ni que te lastimen 
con sus palabras hirientes y sus bromas soeces.

Es tiempo de quitarse las caretas
y de ver quién es quién.
No temas, mujer, que tu pecado
no excusa los otros pecados
ni da derecho al juicio
a quienes se escudan en apariencias
de piedad, de bondad, 
de cumplimiento de la ley,
de perfecta santidad,
de generosidad y hasta de decencia.

Quienes te traen a los pies de Jesús
dicen haberte encontrado amando,
quizá a quien no debías,
sin dudas fuera de la ley de aquel entonces.
Pero ignoran que su dedo acusador,
el veneno de sus lenguas filosas,
y las piedras que cargan en sus manos 
o que esconden en sus bolsillos,
no pueden engañar el corazón del Maestro.

De pronto, ante una mirada y una pregunta simple,
los argumentos condenatorios se derrumban, 
la trampa se desenmascara
y uno a uno comienzan a irse
aquellos que se creían dueños de la verdad,
aquellos que sin misericordia
y buscando justificarse,
querían hacerle una zancadilla
al proyecto de Dios.

Levanta la vista, mujer,
ponte en pie, deja el suelo de la vergüenza
al que te arrojaron con desprecio
y recupera la dignidad que quisieron arrebatarte
aquellos cobardes de medias verdades.

Jesús no condena… 
Jesús abraza, perdona,
restaura, anima, enseña,
¡dignifica!

Tu regreso a la vida cotidiana, mujer,
será un permanente recordatorio
para quienes te trajeron, primero,
y luego te dieron la espalda,
de la necesidad de revisar la propia vida.
Y será, por todos los tiempos,
una señal esperanzadora
para todas las personas calumniadas
por odios discriminadores,
deshumanizadas por leyes crueles,
estigmatizadas por su raza, su condición social,
su religiosidad o su vida sexual;
será un signo luminoso
para las personas arrojadas al suelo del desprecio,
pisoteadas en su fragilidad,
víctimas de sistemas opresores
y de una religiosidad que se ha vaciado de Dios.

Levántate, mujer,
ya no hay piedras, 
sólo un camino nuevo por descubrir
y mucha luz 
en el horizonte de tu vida restaurada.

Gerardo Oberman
A la luz de Juan 8:1-12


VER+:

HIPOCRESÍA



viernes, 16 de octubre de 2015

SI NO SOPLARA EL VIENTO

SI NO SOPLARA EL VIENTO



Eterno soplo
que Te anunciaste en la madrugada de los tiempos,
despertanos a la vida,
a Tu presencia renovada en medio nuestro,
al movimiento que nos anuncia Tu fuerza creadora.
Suspiro de Dios,
que acompañás la historia.
que fuiste voz divina en los profetas,
que fuiste evangelio, revelación, anuncio gozoso de resurrección
y que hoy nos hablas en tantos sonidos que suenan a vida,
inspíranos a la misión siempre nueva de servir y amar.
Aliento de todo lo que vive,
esperanza sin edad de hombres y mujeres,
fortaleza de los débiles, ánimo de los cansados,
refugio de los desamparados, ternura sin fronteras,
abrinos al milagro del encuentro,
del abrazo generoso, del gesto solidario,
de la mirada que perdona, de la sonrisa que libera.
Brisa suave
que te dormís en el atardecer,
acariciá las hojas cansadas de nuestra jornada,
danos el reposo que el alma necesita,
y, en nuestro descanso,
acuná nuestra esperanza... para poder seguir.

Gerardo Oberman



La vida es un proceso de constante renovación. La forma de vestir cambia, los hábitos alimentarios se modifican, el lenguaje se transforma, la forma de enseñar evoluciona, la tecnología nos sorprende cotidianamente con sus innovaciones, la cultura se recrea. Y eso es parte de la maravillosa experiencia del vivir. Somos parte de un universo que, desde que la fuerza creativa y creadora de Dios le sopló vida, está en constante metamorfosis.


Sin embargo, esto que nos resulta tan evidente en nuestra vida cotidiana, cuando se transporta a la experiencia de fe, no resulta tan sencillo. La vida cristiana, como cualquier otro aspecto de la vida, también debería estar en constante evolución, crecimiento y maduración. Pero, si hacemos un recorrido por nuestras comunidades protestantes (no me animo a ser más amplio que esto, que es lo que conozco “desde adentro”), más que encontrarnos con vida, transformación, nuevas experiencias, revoluciones, nos encontramos con diferentes modelos de museos celebrativos. El órgano imponente, los himnarios, el púlpito alejado, una antigua versión bíblica, un lenguaje reservado a una cierta elite de iniciados e iniciadas, gestos no siempre comprensibles, un clima que poco y nada tiene que ver con la fiesta de la vida y la alegría contagiosa del evangelio liberador de Jesucristo.

Este diagnóstico de la realidad celebrativa de nuestras iglesias puede tener algunos matices y alguna honrosa excepción, pero no se puede negar. Y frente a esto, no sorprende que personas fieles y activas de nuestras comunidades se lamenten ante “el barco que se hunde”.

Y claro, ¿cómo no se va a hundir? Lo extraño sería que, ante este panorama de inacción insensible al mover del Espíritu, el barco no se hundiera. La realidad es contundente: el barco hace agua, tiene agujeros por todos lados. Y no hay gente que reme con fuerzas hacia alguna orilla, ni tampoco brazos que alcancen para desagotar la barca.

Ahora bien, frente a esta realidad triste hay dos opciones. Una opción fácil: no hacer nada y mirar como la barca querida se va a pique. Es una opción que muchas personas han tomado y seguirán tomando. Yo mismo he escuchado a más de un miembro “de años de iglesia” decir: “que el último apague la luz”. Y lo dicen con resignación, con auténtico dolor, pero sin asumir la necesidad de salir de ese espíritu de apatía. Y aclaro, por las dudas, que ya llevo casi 25 años en el andar pastoral.

La otra opción es más comprometida: ¡hay que hacer algo para cambiar! Esta última actitud, mi querido hermano y mi querida hermana, es la actitud eclesial correcta. Tiene que ver con la herencia de una fe que no se resigna ante la prueba sino que se potencia en la adversidad y se abre en a la búsqueda de alternativas, frente a los desafíos propios de su tiempo y contexto, apostar a la renovación y hasta a la revolución, con el objeto de devolverle a una institución muerta la nueva vida que necesitaba. 

Estos ejemplos y tantos otros, que podríamos mencionar de una clara tradición reformadora, deberían darnos hoy el impulso suficiente para iniciar la urgente reforma de la experiencia celebrativa de nuestras comunidades. Una reforma del lenguaje, de los espacios, de los ritmos, de la dictadura unidireccional del monólogo frente a la riqueza inexplorada de los gestos, los símbolos, las imágenes, los colores, los aromas… Una reforma que se abra a mayor participación, tanto en la proyección y elaboración de la experiencia celebrativa (léase grupos de liturgia y de música) como en el mismo desarrollo de cultos, espacios devocionales, encuentros de oración, etc., fomentando el surgimiento y la continua formación de animadores y animadoras. Una reforma que se anime a cuestionar los pre-supuestos (doctrinales, tradicionales, costumbristas) sobe lo litúrgico-musical a partir de la Escritura, mirando el contexto, dejándose desafiar por el llamado a compartir la buena noticia liberadora de Jesús de manera vívida y comprensible. Una reforma que busque hacer pie en nuevos métodos de comunicación, que tenga apertura para considerar otros estilos, otras herramientas, otro vocabulario, otro ritmo.

Nada hay más solemne y sagrado a los ojos de Dios que una alabanza que nace auténtica, sin fingimiento, de un corazón sincero y agradecido que busca, como parte de un pueblo (comunidad) que busca acercarse a la santidad de Dios. La solemnidad no está ni en la música que se canta, ni en la vestimenta (ni la de la membresía ni la de quien presida), ni en los instrumentos que se ejecutan, ni en la versión de la Biblia que se privilegie, ni en la disposición del salón que se use, ni en sus “adornos”… ¿De qué herencia reformada podríamos hablar si nos mantuviéramos en esa estrechez mental y espiritual?

Para que la pequeña barca de nuestra comunidad no se hunda, debe dejarse conducir hacia otras aguas por el viento generoso del Espíritu. Lo digo con absoluta convicción: el viento del Espíritu está soplando y, como todo viento, quiere renovar el aire y sacudir las velas del barco y empujar hacia adelante. Pero, si las velas siguen bajas, si la mente y el corazón se rebelan a lo nuevo, si seguimos escudados en viejos esquemas y si nos atan los dogmas obsoletos, la vida se seguirá apagando, la barca se seguirá hundiendo. El desafío es dejarse seducir y conducir por ese viento. Ah, y no menos importante, también hay que levantar el ancla. Y el ancla, en mi visión personal, es la institucionalización de la fe. Cuando la vivencia de la fe, en todos sus aspectos: kerigmáticos, diacónicos, litúrgicos, didácticos y koinónicos, no adquieren la dinámica que la vida cotidiana reclama; cuando se condicionan a una cierta estructura y se anquilosan; cuando dejan de respetar al Viento… se convierten en ancla.

Tal vez muchos de ustedes se pregunten, con cierto temor o con algo de escepticismo: ¿Hacia dónde nos llevará ese viento? La respuesta es: hacia una manera más auténtica, más nuestra, más actual, más viva, más fresca y más apelativa de celebrar la Palabra de Dios en la comunidad. Otros tal vez digan: por ese camino se pierde nuestra identidad. ¿Y qué es lo que nos define? ¿No nos define más bien la fidelidad a la propuesta de Jesús, el Mesías liberador, que revolucionó para siempre lo establecido al dejar vacía la tumba? ¿No nos define mejor el ejemplo valiente de hombres y mujeres que a lo largo de la historia supieron hacerles frente a los guardianes de cualquier statu quo que aliena y que mata?

Si no soplara el viento, seguramente el presagio de quienes sienten que la barca se hunde, indefectiblemente se cumpliría. Pero el viento sopla y quiere mover la barca de su sitio.

Las experiencias dicen que los resultados son sorprendentes y que, aunque la comunidad no crezca en número de manera milagrosa, crece en ánimo, en alegría, en entusiasmo, en ganas de trabajar y servir y comprometerse con el proyecto de Dios en la tierra. E ir al culto o, como sea que llamemos a los espacios de encuentro y celebración, va a ser una aventura nueva cada vez, porque habrá novedad… Y en la novedad se asentará la esperanza.

Te animo a que te dejes sorprender por el viento del Espíritu. Para que se renueve tu vida de fe y para que, junto a otras vidas transformadas, transites el sendero de la renovación de la experiencia celebrativa de tu comunidad. Dejándonos impulsar por ese viento, la barca no se va a hundir jamás.





jueves, 15 de octubre de 2015

DETENTE. PÁRATE Y MIRA...


DETENTE. PÁRATE Y MIRA...
GERARDO OBERMAN


Detente. Párate y mira. Observa, aprecia. Respira, baila, ríe, grita, goza de tu libertad, ella también te permite disfrutar de la belleza de lo que te rodea.

Detente. Párate y mira. Saborea las cosas simples. Llénate del aroma de la tierra, de las flores, de la naturaleza. Piérdete en el vuelo de los pájaros, ciégate con el brillo del sol. Observa cómo las nubes cambian sus formas. Adivina sonidos nuevos, admira el color del cielo.

Detente. Párate y mira. No te olvides de vivir porque se vive solo una vez. No tengas miedo, el tiempo sabrá esperarte porque el tiempo no está en las agujas que avanzan, sino en la intensidad con la que vives cada acontecimiento, cada momento.

Detente. Párate y mira. Luego, renovado, sigue tu camino. Con aire nuevo en tus pulmones, en tus ojos, un brillo diferente y una sonrisa transparente que ilumine tu rostro y afirme que eres otro.

Detente. Párate y mira. No olvides que a tu lado pasa la vida. 




viernes, 15 de junio de 2012

COMO EL AGUA, TU PALABRA...





Como el agua, tu Palabra refresca,
sacia la sed del sediento,
renueva las fuerzas del cansado.
Como el agua, ella purifica y limpia,
Como el agua,
tu Palabra es transparente
...
y sus manifestaciones son multiformes.
Como el agua,
ella es necesaria, porque nutre la vida
y la hace posible.
Como el agua, calma dolores,
trae alivio, reconforta, anima.
Como el agua de los ríos,
tu Palabra corre, impetuosa,
abriéndose camino, buscando...
Como el agua de los lagos,
también sabe ser remanso de paz,
quietud para el alma cargada.
Como el agua de los mares,
ella baña todas las orillas de la vida.
Como el agua de los hielos eternos,
tu Palabra permanece para siempre,
amalgama de misterio y esperanzas.
Como el agua simple y cotidiana,
ella se hace cercana, compañera,
solidaria en el vaso compartido,
generosa cuando no se la retiene
Como el agua, tu Palabra
se adentra en nuestro ser
y fluye su regalo de vida.

Gerardo Oberman

 


viernes, 6 de abril de 2012

JESÚS NO MURIÓ POR MI: ¡LO MATARON!



JESÚS SI MURIÓ POR MÍ Y POR TI
+

Lc 24:46,47, "Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se ..." En Colosenses 1:14 Pablo dice algo semejante, "en quién tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados."
1 Pedro 1:18,19, "sabiendo que fuisteis rescatados.....no con cosas corruptibles, como oro y plata, sino con la sangre preciosa de Cristo." Somos redimidos por su sangre, y la razón por la cual nos salva en esa manera es "sin derramamiento no se hace remisión" (Hebreos 9:22). Este es un principio del Antiguo Testamentos que se aplica a la raza humana - desde Adán hasta el último hombre. Pero ya no somos redimidos por la sangre de animales sino por medio de la sangre preciosa que Cristo derramó en el Calvario. Por eso podemos obtener "el perdón de Pecados."
"Cualquier enseñanza que no esté de acuerdo con la Escritura, debe ser rechazada, aunque haga llover milagros todos los días" . Dr. Martín Lutero

Jn, 12:
27 Ahora mi alma está turbada.Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!
28 Padre, glorifica tu Nombre." Vino entonces una voz del cielo: "Le he glorificado y de nuevo le glorificaré."
29 La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: "Le ha hablado un ángel."
30 Jesús respondió: "No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros.
31 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera.
32 Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí."
33 Decía esto para significar de qué muerte iba a morir.
34 La gente le respondió: "Nosotros sabemos por la Ley que el Cristo permanece para siempre. ¿Cómo dices tú que es preciso que el Hijo del hombre sea levantado? ¿Quién es ese Hijo del hombre?"
35 Jesús les dijo: "Todavía, por un poco de tiempo, está la luz entre vosotros.Caminad mientras tenéis la luz, para que no os sorprendan las tinieblas; el que camina en tinieblas, no sabe a dónde va.
36 Mientras tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz."Dicho esto, se marchó Jesús y se ocultó de ellos.

"No soy lo que debo ser.
No soy lo que deseo ser.
Ni siquiera soy lo que espero ser,
pero una cosa sé,
por la cruz de Cristo,
no soy lo que antes fui"
John Newton
+
"Hay algunos que tendrían a un Cristo barato.
Le tendrán sin la cruz.
Pero el precio no va a bajar".
Samuel Rutherford - Siglo XVII
+
Sabemos que la cruz no es de Dios ni salva,
y lo que representa:
el mal del mundo que ya fue vencido.
Y para el cristiano no es la última palabra:
hemos resucitado en y por Él salvados.
Porque no hay nada más liberador y salvador que experimentar el amor de Dios.

 
Juan 10
1 "En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador;
2 pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas.
3 A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera.
4 Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.
5 Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños."
6 Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba.
7 Entonces Jesús les dijo de nuevo: "En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas.
8 Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon.
9 Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto.
10 El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir.
Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.
11 Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas.12 Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa,
13 porque es asalariado y no le importan nada las ovejas.
14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí,
15 como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.16 También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor.
17 Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo.
18 Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente.Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre."
19 Se produjo otra vez una disensión entre los judíos por estas palabras.
20 Muchos de ellos decían: "Tiene un demonio y está loco. ¿Por qué le escucháis?"
21 Pero otros decían: "Esas palabras no son de un endemoniado. ¿Puede acaso un demonio abrir los ojos de los ciegos?"

Jesús no murió por mí

 *
Tiempo de Pascua.
Tiempo de rituales repetidos
y de palabras dichas mil veces.
Tiempo de silencios de muerte,
de ayunos, de promesas y de procesiones.
Tiempo de euforia que se contiene,
porque parece pecado anticipar el final
que ya conocemos
y que debería inundar todo de vida.
Tiempo de superficialidad e hipocresías:
“¡Felices pascuas!”
+
Tiempo de iglesias que de mil maneras diferentes
pero de mil maneras tan iguales
no saben decir otra cosa
que lo que siempre se ha dicho:
“Jesús murió por nuestra salvación”.
Pero, ¿sabés qué?
Jesús no murió por mí.
Jesús murió a causa de la cobardía,
la ambición, la soberbia, el amor al poder,
de quienes no entendieron su mensaje,
de quienes le temían a lo nuevo,
de quienes se habían construido
un dios a su propia medida,
de quienes no aceptaron
su propuesta de vida en plenitud
no para unos pocos, sino para todos y todas.
Aquella muerte no salvó a nadie,
ni siquiera a quienes creían
que se iban a salvar de Jesús.
+
Lo que me salvó y te salvó
y sigue salvando
es aquel Jesús que se hizo persona,
que se identificó con la gente,
que fue bebé y lloró,
que fue niño y jugó,
que creció y trabajó,
que fue llamado a una misión y la asumió,
que se detuvo ante el dolor de otros y otras,
que fue solidario en gestos, en palabras, en acciones,
que no calló lo que debía ser dicho
y que, aún temiendo, siguió adelante,
por amor, por puro amor.
No fue su muerte, tan cruel e injusta.
¡Fue su vida!
Si la muerte fuera salvadora,
¿qué sentido tendría la resurrección?,
¿con qué razón celebraríamos la Pascua?
La muerte no salva,
aunque se escandalice la teología.
Salva la vida.
Por eso la resurrección es el gran anuncio,
es el gran tema, es la gran noticia de este tiempo.
Por eso la piedra se corre, la tumba se abre
y se oyen pasos en el huerto.
Dios resucita a Jesús
para condenar eternamente a la muerte,
para anunciar que la VIDA triunfa
y que la fe en ese Jesús que vive,
que vence a los mercenarios del terror,
es la que salva y la que libera.
Lo dice Pedro, con tanta claridad:
“a ese mismo Jesús a quienes ustedes crucificaron,
Dios lo ha hecho Mesías y Señor”.
+
Jesús no murió por mí.
¡A Jesús lo mataron!
Jesús murió porque lo torturaron con saña,
porque lo quisieran desaparecer y hacer callar,
y porque lo mataron los poderosos de siempre.
Jesús sí nació por mí.
También vivió por mí,
enseñó, sanó, perdonó, amó y resucitó por mí.
Y por vos y por cada persona.
Jesús no murió por mí
ni por vos ni por nadie.
Tal vez algún día
dejemos de honrar su muerte
para empezar a celebrar su VIDA.
Gerardo Oberman
20/03/2008



sábado, 28 de julio de 2007

CREDO DE LA ESPERANZA

"Sin Esperanza no hay Humanidad".
Yanka


Creo en Dios. 
En el Dios de los credos, con todas sus verdades. 
Pero, por sobre todo, 
en un Dios que resucita de la letra muerta 
para hacerse parte de la vida.  


Creo en un Dios que acompaña 
de cerca cada paso de mi caminar por esta tierra:
muchas veces detrás, 
observando y sufriendo 
con mis errores; 
otras veces a mi lado, hablando y enseñándome; 
y otras veces delante, 
guiando y marcando el ritmo de la marcha.


Creo en un Dios de carne y sangre, 
Jesucristo, un Dios que vivió en mi piel 
y se probó mis zapatos, 
un Dios que anduvo mis caminos 
y sabe de luces y de sombras. 
Un Dios que comió y que pasó hambre, 
que conoció un hogar y sufrió la soledad, 
que fue aclamado y condenado, 
besado y escupido, amado y odiado. 
Un Dios que fue a fiestas y a entierros. 
Un Dios que rió y que lloró.
Y que pidió al Padre por La Unidad...


Creo en un Dios que tiene atenta -hoy- 
su mirada sobre el mundo, 
que ve los odios que segregan, 
que dividen, que marginan, 
que hieren y que matan; 
que ve las balas perforando la carne 
y la sangre inocente que riega la tierra; 
que ve la mano que se mete en la lata 
y en el bolsillo ajeno, 
robando lo que otro necesita para comer; 
que ve al juez que sentencia 
a favor del mejor postor, 
vistiendo la verdad 
y la justicia de hipocresía; 
que ve los ríos sucios y los peces muertos, 
los tóxicos destruyendo la tierra 
y perforando el cielo; 
que ve el futuro hipotecado 
y la deuda del hombre que crece.


Creo en un Dios que ve esto...
y sigue llorando... 
Pero creo también en un Dios 
que ve a una madre dando a luz: 
vida que nace del dolor; 
que ve a dos niños jugando: 
semilla solidaria que crece; 
que ve a la flor brotar de las ruinas: 
un nuevo comienzo; 
que ve a tres locas reclamando justicia: 
la ilusión que no muere; 
que ve al sol levantarse cada mañana: 
tiempo de oportunidades;


Creo en un Dios que ve esto... 
y ríe, porque, a pesar de todo, 
hay esperanza...


© Gerardo Oberman, Argentina

(Las siguientes oraciones fueron escritas 
durante el seminario sobre liturgia y música 
organizado por el CMI en octubre de 2002 
en Faverges/Francia.)

I

Dios,

La imagen de tu hijo no se refleja
- en las páginas de nuestros periódicos
- en los rostros de nuestros dirigentes
- en el despliegue de nuestros armamentos
- en la violencia de nuestras acciones.

Cristo,
haz que nuestras palabras,
nuestro mundo,
nuestras armas,
muestro trabajo,
sean transformados a tu imagen.

Para que podamos ver tu rostro
en la verdad cuando se transmiten las noticias
en la justicia cuando se abusa del poder
en la paz cuando se cierne la amenaza de la guerra
en la reconciliación cuando nuestras acciones fomentan el odio.

¡Abre nuestros ojos Señor!

II

Dios,
La imagen de tu hijo está deformada por nuestro pecado,
Porque pecamos contra ti y contra nuestro prójimo.

Perdónanos cuando ignoramos el sufrimiento de tu pueblo,
y la violencia y la injusticia cerca y lejos de nosotros.

Danos el valor para confrontar nuestros miedos y
ayúdanos a actuar como agentes de paz.

Restaura para nosotros la visión de la iglesia una.

¡Abre nuestros ojos!

III

Dios,
Somos creados a tu imagen.

El único camino para dar testimonio de tu paz y tu justicia
está en nosotros.

Somos responsables de tu mundo
y unos de otros.

Transfórmanos por tu Espíritu Santo

¡Abre nuestros ojos!

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