PUNTA CARDÓN,
LA HUELLA DE UN PASADO
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PUNTA CARDON en la historia
Anteriormente esta región estaba conformada por la Etnia Caquetía entre las cuales se destacaban “Los Guaranaos”. En el año de 1600 al 1700 existía lo que hoy se llama Punta Cardón; Ese nombre se deriva del calificativo que tenia la región es decir le llamaban la punta del cardón debido a que solo existían cardones, tunas, y cujíes como flora autóctona del lugar.
En el año de 1787 Punta Cardón aparece en los primeros mapas de Paraguaná que reposa en el archivo de Indias registrando 15 casas y 116 habitantes. Aunque no se conoce la fecha exacta de su fundación se dice que llegó a las costas paraguaneras un Alférez de origen vasco llamado Esteban de Ollarvides. Quien al acercarse a la orilla gritó “Eleguey” (echen anclas, en vasco) que se supone que expresaba alegría; Ollarvides extasiado por la belleza de la región se radicó en el Cardón donde se unió con María Josefa Zavala, promoviendo la construcción de casa, corrales de chivos, tanques de agua y jagueyes construidos para almacenar el agua de lluvia para contrarrestar la sequía de la zona.
El alférez Ollarvides compra a los Reyes de España más de 14 mil hectáreas de terreno por la cantidad de 100 Reales el 28 de Diciembre de 1718. Según el Sr. Samuel López quien es autor del libro titulado “semblanzas de mi Pueblo” y nativo de la parroquia, en el año de 1652 existió un jagüey (zanja llena de agua) y luego un modesto establecimiento pecuario en el área aledaña de la punta del cardón.
En la pobreza y humildad nació un pequeño pueblo llamado Punta Cardón (Paraguaná, Edo. Falcón, Venezuela), de nobles pescadores; en un clima árido, con muchas brisas esparcidas, pero donde había todo lo que un ser humano necesitaba para vivir: amor, paz, trabajo y un inmenso mar. Es un hecho histórico que alguien escriba y que otros lean. Este libro a la razón contará su propia historia, llena de personas brillantes, orgullo para nuestro pueblo, para el paraguanero y para el estado Falcón. Leerán un libro que aspira a ser fascinante para el lector, lleno de crónicas, de muchas experiencias y de nombres quizás relacionados con nuestras propias familias.
Acudir a la memoria y atar a esa memoria los recuentos testimoniales para describir lo que ha sido la historia de un pueblo humilde y emprendedor, enclavado en una península con forma de cabeza humana que es la mayor saliente en el norte que tiene el territorio venezolano: es esa la forma singular en que está escrita esta obra. Las palabras de un colega local, Guillermo de León Calles, definen Punta Cardón. La huella de un pasado como el aporte a la cultura nacional y local que es: “… Punta Cardón, a las claras está, no puede pasar un instante de su vida sin desenterrar La Botija. A veces la nostalgia se les revela en forma de debudeques horneados por el barro, o como un Salvador Tremont, soltando versos en el bar Zenith, del recordado negro Fresser. Y es que ese barrio, agujereado por las filtraciones petroleras, tiene casas completas en la memoria de los que la habitaron y cuyo testimonio está en las décimas del ‘Tinche’ Blanco, y en las melancólicas y alegres a la vez, composiciones de Frank Calles. La Botija, de esta manera, emerge a flor de tierra y de garganta. Lo de este terruño cardonense, tan bien tratado por uno de sus radiólogos sentimentales, Samuel López, es palabra repetida que no cansa. Reposición de los mismos capítulos sin que se ahoguen en las marejadas del tiempo.
Presentación
Cuenta la bella historia que en el pueblo de Nazaret, en un humilde pesebre, nació un niño bendito llamado Jesús, y alrededor de Él, María y José. Era tanto el amor que rodeaba ese pesebre, que no hacía falta nada.
En la pobreza y humildad nació un pequeño pueblo llamado Punta Cardón, de nobles pescadores; en un clima árido, con muchas brisas esparcidas, pero donde había todo lo que un ser humano necesitaba para vivir: amor, paz, trabajo y un inmenso mar. Es un hecho histórico que alguien escriba y que otros lean.
Este libro a la razón contará su propia historia, llena de personas brillantes, orgullo para nuestro pueblo, para el paraguanero y para el estado Falcón. Leerán un libro que aspira a ser fascinante para el lector, lleno de crónicas, de muchas experiencias y de nombres quizás relacionados con nuestras propias familias. No se trata de un libro cualquiera que recoge apenas los momentos vividos; es una verdadera historia que reúne los más importantes acontecimientos, con el mérito de haber sido comprobados todos y cada uno de ellos.
Libros como este permiten conocer de nuestro hermoso pasado y sembrar conciencia a través del legado de quienes crearon la grandeza de nuestra comunidad. A pesar de que nuestro pueblo tiene enemigos políticos y económicos que luchan por acabarlo o derrumbarlo, no podrán hacerlo; y aunque muchas veces digan con desprecio “Ese es de Punta Cardón”, no saben que con esa forma peyorativa están refiriéndose a gente que es espléndida, maravillosa, luchadora; que alza su cara orgullosa de haber nacido aquí; gente preparada profesionalmente; personas de alto nivel que hacen de nuestro pueblo un lugar cada vez más pujante. También es gente que reclama valientemente sus derechos y puede decir con orgullo: ¡Yo soy de Punta Cardón!
Dr. Jaramel López P.
Prólogo
La historia es una disciplina científica; una de las ciencias sociales y humanísticas. Ser historiador es similar a ser académico porque se está obligado a estudiar, investigar, narrar y enseñar. El historiador que no busca con objetividad la verdad de los hechos, que no escudriña la realidad, que no confronta diversos documentos para rescatar de ellos los datos auténticos y fiables, estará haciendo un flaco servicio a la construcción verídica de los acontecimientos.
Un cronista no tiene por qué ser historiador. Tampoco requiere de estudios académicos para rescatar de los pueblos, de los libros y demás documentos (archivos, anuarios, libros mercantiles, etc.), los hechos tal como sucedieron o como fueron narrados o reseñados en dichos documentos.
Nuestro querido amigo Samuel López intenta ser ambas cosas: quiere reconstruir la historia de Punta Cardón basándose en sus propias vivencias y las de sus allegados, sin dejar de acudir a los libros y demás documentos que sobre el particular existan. La aspiración de documentar la historia de nuestro pueblo es el mayor mérito y el más alto honor de un nativo de Punta Cardón.
En un pueblo como el nuestro pueden existir muchas mentes preclaras, nacidas en la región... pero una sola puede tener la doble intención de dejar plasmadas en un texto las vivencias que pueda recordar de ese pueblo. Para Punta Cardón, ese es Samuel; alguien que mantiene su interés en reseñar nuestro lar, como otrora se escribiera: “Punta Cardón, un pueblo que se negó a morir”.
Samuel entreteje lo afectivo, lo social, lo político, lo deportivo, lo ético y lo religioso. Narra aquí, con sus propias palabras, parte de lo que ha pasado en nuestro pueblo durante los siglos xix y xx, así como antes y después de la era petrolera con la instalación de la compañía Shell en Venezuela (Refinería de Punta Cardón). Es un trozo de historia tamizada por las vivencias e intereses de su autor, de sus referencistas o informantes. Son pedazos de recuerdos… de los que nos unen al pasado de nuestra querida Punta Cardón.
No encontraremos aquí pasajes de nuestras historias personales porque la óptica del autor es la que prevalece; para que así fuese, tendríamos cada uno de nosotros que narrar la historia de Punta Cardón desde nuestras perspectivas personales, lo cual enriquecería muchísimo nuestro conocimiento del pueblo y favorecería la construcción del devenir.
La historia de Punta Cardón, escrita nuevamente por uno de sus hijos desde lo anónimo a lo esencial, sin resistirse al paso de los años transcurridos, la va nutriendo con las novedades del ayer para demostrarnos hoy lo que somos y lo que por derecho podamos llegar a ser los puntacardonenses. Nos da allí la posibilidad a unos, de recordar; a otros, de descubrir; y a la mayoría, de aprender a amar lo nuestro. Aquí aparecen personajes involucrados, sucesos, anécdotas y otros tantos episodios de nuestra cotidianidad ya pasada.
Lo esencial de buscar información sobre la historia de los pueblos no está solo en la contribución de las personas que las aportan, sino en quien la escribe. Rescatarlas, plasmarlas y difundirlas es de mucho valor. Es probable que algunas y algunos de nosotros encontremos en esta obra historias de nuestras familias que no nos gustaría que se contaran, de esas que preferimos olvidar por aquello que dice la conseja popular: “Hay cosas que por sabidas se callan… y otras que por calladas se olvidan”.
Samuel habla desde el corazón y lo hace anecdóticamente, coloquialmente, cual hijo de un pueblo que no tiene dobleces. No aspira a ser ubicado en un estilo literario en particular, solo quiere que sus relatos formen parte de la historia oficial del pueblo, por lo menos con la óptica que él les imprimió. Otros se encargarán de desmentirlo con documentos fiables o testigos reales que demuestren lo contrario, por lo tanto, esto queda como un testimonio fiel de todo lo que aquí se expresa.
Lcda. Judith Manzanares H.
***
...Con la llegada del sacerdote de origen cubano, Cristóbal Novoa García, a encargarse de la iglesia Nuestra Señora de la Candelaria el 14 de mayo de 1962, se continuó con el mismo movimiento e incluso formó un equipo de béisbol con el mismo nombre, realizando juegos en Campo Shell, Judibana, Pueblo Nuevo y otros sitios donde fuésemos invitados. Entre los jugadores estábamos Manuel Sánchez, Víctor Rojas, Aurelio Tremont, Hugo Colina, Felipe Sánchez, y este servidor. Desde 1957 hasta la presente fecha, nuestra iglesia ha tenido los siguientes sacerdotes:
Andrés María Santiago, Cristóbal Novoa, Ignacio Serrano, Lucas Arcila, Rafael Vites, Padre Francisco, Danilo Blanco, Eladio Bedoya, José Luis Cortés, Luis Martínez, David Gutiérrez y Ronny Damas. Orgullosos nos sentimos todos los católicos puntacardonenses al tener como representantes de Dios a dos sacerdotes nacidos en nuestro pueblo: David Gutiérrez y Nelson Abel Figueroa.
Recuerdo que el cura era de origen cubano, llamado Cristóbal Novoa García, quien había llegado el 14 de mayo de 1962 a encargarse de la iglesia, en sustitución del padre Santiago María Andrés. Nos fuimos en cambote hasta la Casa parroquial y empezamos a cantarle al sacerdote. No recuerdo cuál fue la primera de ellas y de las demás que siguieron. El reloj marcaba las once de la noche. Por supuesto, el padre dormía y se molestó. Nosotros, prendidos y envalentonados, le dábamos más serenata. Se nos olvidó que el cura era uno de los pocos que tenían teléfono en el pueblo y llamó a la policía. Al instante se presentaron varios agentes, nos rodearon y nos llevaron detenidos a la estación policial al frente de la iglesia. Allí, el comandante de la policía, Pedro Milano, nos reprendió duramente y criticó semejante barbaridad. Recuerdo que nos preguntó por qué le habíamos faltado al respeto al cura.
Yo conocí al P. Novoa, un cubano corpulento. Una persona muy afable y sencilla. Todavía tenía un marcado acento cubano. Yo lo conocí gracias a una invitación que nos hizo al grupo de Renovación Carismática de Judibana junto al P. Sebastián Mauceri, el Club Serra por medio de él, en Punta Cardón. Quería conocer nuestros testimonios juveniles sobre nuestras conversiones al Cristo Rey. Cuando terminamos, se dirigió a nosotros, y nos respondió que él estaba vacunado contra nuestro movimiento. Al cabo de unos meses nos invitó a dar un retiro cuaresmal, y fue un gran encuentro por y para la Gloria del Señor. Cuando estuvimos orando por la efusión del Espíritu Santo, él mismo, el padre Novoa, pidió que intercediéramos por él, y le impusimos las manos como signo de comunión eclesial. Fue algo impresionante cuando dio su testimonio.
Un pueblo es el conjunto de vivencias de sus moradores en el diario sudor que derraman sus hijos. Es un río que se forma con el caminar de la gente que circula por sus calles y de las cosas que hacen cada uno de ellos. Es la lucha por la subsistencia cotidiana, teniendo como meta el engrandecimiento y progreso de su terruño.
Un pueblo es la historia viviente de esos personajes que día a día logramos encontrarnos en su rutinaria vida, llena a veces de ese calor humano, donde despliegan paciencia, odio, paz, amor, rencor, egoísmo, bullicio, paisanidad, perdón, y demás sentimientos agradables y desagradables que llenan el espacio vivencial de sus calles.
Punta Cardón es el pueblo donde la hermandad, la fraternidad y el buen vivir van de la mano, haciendo honor a los principios éticos, morales y sentimentales de su gente. Tratando, por segunda vez, de dar a conocer los orígenes, luchas, sueños y prioridades insatisfechas de nuestro conglomerado, y de resaltar sitios al igual que personajes emblemáticos de su entorno pueblerino, inserto este caleidoscopio fotográfico, que será para todos nosotros como la huella de un pasado para entender mejor nuestras raíces; esas raíces que muchos paisanos desconocen y que, modestia aparte, bien pueden servir de guía para las generaciones futuras.
PUNTA CARDÓN, PARAGUANÁ: LA HUELLA DE UN PASADO por SAMUEL LÓPEZ by Yanka
PUNTA CARDÓN, LA HUELLA DE UN PASADO



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