EL Rincón de Yanka: LOS ÁRBOLES TE ENSEÑARÁN A VER EL BOSQUE por Joaquín Araújo 🌲🌴🌳

inicio














lunes, 13 de abril de 2026

LOS ÁRBOLES TE ENSEÑARÁN A VER EL BOSQUE por Joaquín Araújo 🌲🌴🌳

 


Como ya he respirado, desde que nací, 500 millones de veces y en todas y cada una de esas inhalaciones mi intimidad más íntima fue abastecida por el alma verde de esos mismos árboles no puedo por menos que plantar, escribir, defender y, como podéis leer más adelante pretendo incluso convertirme en uno de ellos. Con este poema resumo los motivos que me llevan a la coherencia de poner a crecer lo que nos permite crecer.

¿PARA QUÉ PLANTO ÁRBOLES?

Planto árboles para que,
cuando yo no esté,
estén los surtidores de todos los suspiros,
los veneros del frescor,
otros trinos anidando en otros tímpanos.
Planto árboles para que,
cuando yo no esté,
quede el color de la vida
pintando otros paisajes,
acaso todavía en calma.
Planto árboles para que,
cuando yo no esté, manen todavía,
como sudor, flores y el frutos de las frondas.
Planto árboles para los nietos
de mi nieto y para que,
cuando yo no esté,
sigan los libros de papel
y los ojos que los leen.
Planto árboles para que,
cuando yo no esté,
esas nubes de hojas
siembren todavía el descanso de las sombras.
Para que otros ahora y después
respiren su alma verde.
Planto árboles para que,
cuando yo no esté,
la belleza de las flores
siga alimentando la sabiduría de los frutos.
Planto árboles para que cuando esté
el futuro sepa agradecer nuestro pasado
a través de la sabia savia que levantó
un bosque de recuerdos.
Planto árboles para que cuando estéis
vosotros siga siendo bella la Belleza.
Planto árboles para que,
cuando yo no esté, sea, por fin,
visible la transparencia.
Para que llegue a ser verdad la Verdad más grande

🌲🌴🌳

Planto árboles, por tanto, para que sea menos mortal la muerte.

Como anuncié me enterrarán bajo la sombra de un roble melojo que escogí para tal menester con sólo 29 años. Así lo esencial volverá a empezar. De lo demasiado que he escrito escojo, por si os apetece compartir este otro poema, dedicado a mi muerte.

Elijo elegir

Y elijo la condición
del árbol
Porque come luz.
¡Qué delicia desayunar
transparencia,
almorzar lucidez,
cenar ocasos anaranjados!
Y con ella construir
el verdor
y la sombra
y la rara nube que es toda copa,
donde se esconde el canto
de los pájaros.
Ahora no puedo,
pero cuando lo deje
seré lo he elegido.

De mis emboscadas caligrafías entresaco también estos otros propósitos de que nuestras palabras, acaso poéticas, nos enseñen a comprender que no contamos con mejores amigas que las arboledas.

Si hay paraíso tendrá, como tuvo,
un bosque de bosques.

Lúcido el árbol, casa y huésped al mismo
tiempo: ¡ganado!

De raíces a hojas viaja la sabia savia
que nos salvará.

ALGUNOS AFORISMOS
  • Los árboles siempre nos están esperando con los brazos abiertos.
  • Nada debería ser llamado crecimiento si allí no crece también los árboles.
  • Los bosques se escancian sobre ellos mismos y benefician a todos sin excepción.
  • Nada levanta tanto como las hojas cayendo.
  • Los bosques han publicado todos los libros.
  • Respiramos el alma verde de los árboles.
  • Humano, acaso la palabra más crucial, quiere decir del humus y por tanto del bosque.
En estos encuentros para la difusión de la literatura acaso sea imprescindible recordar lo que tan contundentemente se ha olvidado. Me refiero a la mejor, más contunde y breve de las definiciones de poeta. Solo tiene tres palabras y las escribió Federico García Lorca.

“Poeta es árbol”

GRACIAS Y QUE LOS BOSQUES OS ATALANTEN (CUIDEN, ACARICIEN).

VER+:

La más completa y compleja, la más necesaria y hospitalaria, la más bella y generosa de las creaciones de la historia de la Vida es el bosque. Si poco, o nada, del pasado —tanto el nuestro como el de la Natura— tiene sentido sin las arboledas, menos futuro aún tendrá el futuro sin ellas. Sin embargo esta civilización ha consumado su más imprudente torpeza arrancándose de su propio origen y devastando el gran hogar de la vida, envenenando al fabricante de la transparencia que respiramos, abatiendo al creador de la fertilidad.
Mantiene el autor, el emboscado Joaquín Araújo, que cada árbol en pie es un punto de apoyo para esta lisiada humanidad, para los aires rotos, para la vivacidad en su conjunto, para hacerle cara al desierto, para combatir el ruido y a la amontonada fealdad que la prisa siembra en casi todos los rincones. Nada como los árboles para darnos paz y ayudarnos a conectar con la Naturaleza y a reencontrarnos con nosotros mismos.
En estas páginas puede leerse una de las más intensas convivencias con las arboledas de uno de nuestros contemporáneos. Muchos de los mejores momentos de la vida de Araújo, a lo largo de sus cincuenta años de emboscadura, son narrados aquí con intensa belleza y emoción. Sin duda para que comprendamos mejor el extraordinario acierto de Federico García Lorca cuando escribió: «Poeta es Árbol».
Los bosques han inventado el rejuvenecimiento. Un suelo bien alimentado todos los otoños por los follajes desplomados es cada año más potente, lozano, vigoroso y conseguirá árboles más frescos. Cuando tengáis la suerte de contemplar con serena atención la caída de una hoja conviene pensar en que así, de alguna forma, el poderoso paso del tiempo es derrotado por el proceso de la fertilidad natural, sin duda lo que más y mejor deberíamos conservar y potenciar, sobre todo en este presente tan infértil. 

Como los más acertados pensadores el tilo, y todos los árboles, encuentran su inspiración, su sentido y destino en su propio origen —de ahí aquello de la originalidad— nunca desligado de la continuidad. Para crecer al año que viene, en efecto hay que viajar de uno mismo hasta uno mismo. No sé, pero eso a la postre es lo que le contó a mi emocionada contemplación la callada hoja. Una levedad desplomada que se sumó a miles de otras hermanas para abrigar al suelo del que había nacido. Pensé también en el estremecimiento de las raíces al sentir cómo aumentaba el peso del mismo suelo donde bucean. Pensé en que todo viviente depende de alguna forma de estas incandescencias aterrizadas y acabo convencido de que el ocaso otoñal es el amanecer más lento, por tanto el mejor principio. Una vieja sabiduría, la rural, casi del todo extinguida reconocía el carácter manantío del otoño y situaba, allá por San Miguel, el 29 de septiembre, el inicio del calendario. El ciclo se compadece, esa es su esencia, comenzar con lo que termina, terminar comenzando. ¡Qué inmensa pérdida el que casi nadie recuerde esto! 

Todos tenemos una colección de instantes preferidos en la memoria. Los que acompañamos a los paisajes sumamos acontecimientos como éste a las historias convencionalmente humanas. Lo que realmente ayuda a comprender se refugia en un puñado de acontecimientos como esta hoja de tilo cayendo que nada ha borrado de mi memoria; memoria que ya amenaza ruina, eso sí bien apuntalada por unos unos cuantos recuerdos imborrables como este. De hecho imposible de olvidar entre otras cosas porque guardé esa hoja y he escrito todo esto con ella, una vez más, delante de mis ojos. 

Como yo también, por insoslayables cuestiones de residencia y edad, soy bosque y otoñal, pretendo que también las hojas de este libro vayan cayendo desde vuestros ojos lectores hasta la otra fertilidad más necesaria: vuestra compasión hacia lo que hace posible buena parte de lo mejor de la Vida. Que es, ante todo, instantes capaces de crear eternidades. Eso que nada, ni nadie, consigue mejor que el bosque como pretendo demostrar y compartir a continuación.