EL Rincón de Yanka: PROVIDENCIA

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miércoles, 22 de abril de 2026

LAS COSECHAS DEL MANGO Y LA ABUNDANCIA DE PESCA MILAGROSA EN LA VENEZUELA DEL HAMBRE (2016-2017) 🥭🥭🥭 🐟🐟🐟🐡🐡🐡

La mata de mango: 
resistencia en tiempos difíciles 
(2016-2017)

En los años más duros de la crisis en Venezuela, cuando la escasez golpeaba cada hogar y hacer mercado era una odisea, muchos encontraron en algo tan simple como una mata de mango una forma de sobrevivir.
Era común ver a familias, vecinos y hasta desconocidos reunidos bajo su sombra, recogiendo frutos, compartiendo, inventando comidas… resistiendo.
Mientras en las calles crecía la tensión y surgían movimientos como la llamada Resistencia, que enfrentaba la represión en las protestas , en los hogares también existía otra forma de lucha:
la de seguir adelante con lo poco que había.

 La mata de mango no era solo un árbol…
era alimento cuando no había nada.
era comunidad cuando todo faltaba.
era símbolo de ingenio y supervivencia.

Hoy, recordarla es volver a esos días donde el venezolano convirtió la necesidad en fortaleza.
Porque resistir también fue compartir lo poco… y seguir de pie.

En los años 2016 y 2017, Venezuela vivió tiempos duros, de esos que ponen a prueba el alma. Fueron conocidos por muchos como el año de la sardina y el mango. No había abundancia, no había lujos, pero Dios nunca nos soltó la mano.
Todo el año hubo mango en los patios, en las calles, cayendo del cielo como una bendición silenciosa. Y la sardina, humilde pero noble, llegó a nuestras mesas cuando parecía que nada más podía llegar. Con eso resistimos, con eso compartimos, con eso sobrevivimos.
Fueron años donde aprendimos que la providencia no siempre viene envuelta en riqueza, sino en lo necesario. Dios fue grande con los venezolanos, porque en medio de la escasez nos regaló sustento, fortaleza y unión. Nadie se quedó solo; el que tenía mango lo compartía, el que conseguía sardina invitaba al vecino.
Hoy, al mirar atrás, entendemos que no fue casualidad. Fue una prueba y también una muestra de amor divino. Porque cuando parecía que todo faltaba, Dios se encargó de que nunca faltara lo esencial.

🥭🥭🥭

🐟🐟🐟🐡🐡🐡

El año que los mangos vencieron la escasez
Venezuela, 2017.

Un país en tinieblas. Estanterías vacías. Niños que preguntaban por pan y padres que solo tenían silencio para ofrecer. La economía había colapsado, el dinero no alcanzaba y la esperanza parecía haberse ido en el último vuelo que dejó el aeropuerto vacío.
Pero pasó algo que ningún titular de prensa pudo explicar.
Los mangos… no se acabaron.
Mientras los mercados amanecían con las puertas cerradas, los árboles amanecían repletos. Mientras las colas para comprar harina eran interminables, en las aceras bastaba extender la mano. Era una sobreabundancia mística, un derramamiento amarillo sobre el asfalto caliente.
¿Casualidad?
La Biblia dice en Salmos 104:27-28: 
"Todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo. Les das, ellos recogen; abres tu mano, se sacian de bien".
Dios abrió su mano sobre Venezuela.
En medio del desierto económico, hizo brotar manantiales en los árboles. No hubo sequía que alcanzara las raíces, ni inflación que pudiera comprar un fruto que ya era de todos. Los mangos no entendían de dólares, no entendían de colas, no entendían de política. Solo entendían una orden superior: "Denle de comer a mi pueblo".
Y obedecieron.
Fue el año en que la creación se levantó para sostener a sus hijos.
Mientras los hombres cerraban fábricas, Dios abría las ramas. Mientras el sistema fallaba, la tierra recordó el pacto de Génesis 8:22: 
"Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la cosecha".
Y la tierra permaneció. Y los mangos dieron. Y Venezuela comió.
Hoy, cuando veo un mango, no veo solo una fruta. Veo el recordatorio de que Dios nunca nos dejó solos. Veo el misterio de un año donde lo imposible se hizo visible: que en la mayor crisis de nuestra historia, lo único que nunca escaseó fue la provisión de Dios.
Porque cuando el hombre falla, el Cielo se encarga.
Y en 2017, el Cielo tenía sabor a mango. Y el mar, a pescado...

Bendito sea Dios, que sostuvo a Venezuela ayer, la sostiene hoy y la seguirá sosteniendo siempre.

domingo, 21 de diciembre de 2025

LIBRO Y PELÍCULA "EL VALLE DE LA LUZ" (THE VALLEY OF LIGHT) por TERRY KAY

EL VALLE DE LA LUZ 
(THE VALLEY OF LIGHT)

TERRY KAY

"La verdadera tragedia de la vida 
es cuando los hombres le temen a la luz".

El Valle de la Luz es una película interiorista y bellamente filmada sobre la búsqueda de un joven para dar sentido a sus experiencias y encontrar un nuevo significado a la vida. Si bien esta película trata temas importantes como el suicidio del esposo de Eleanor y la prematura muerte de Mathew, el contenido se maneja con reverencia y sensibilidad. 
El Valle de la Luz se siente como un viaje al pasado, como si fuera una película para televisión, aunque no es tan antigua. La historia sencilla, llena de esperanza y melancolía, me recuerda a algo que habría visto en una aburrida tarde de sábado en los noventa, que es la vibra general de cualquier producción del Salón de la Fama de Hallmark. Eso no quiere decir que sea mala; más bien, me pareció un cambio de ritmo bienvenido considerando que he estado viendo maratones de romances del Canal Hallmark durante la mayor parte del año

La película cuenta la historia de un veterano de la Segunda Guerra Mundial que termina en la zona rural de Carolina del Norte. Noah (Chris Klein) regresa a casa y encuentra a sus padres muertos, a su hermano encarcelado y la casa familiar embargada. Sintiéndose perdido, como si el mundo hubiera seguido adelante en su ausencia, vaga por el campo guiado por arroyos y ríos. Un día, se encuentra con un hombre (Robert Prosky) que lo dirige a un pueblo cercano donde podría encontrar gente que pueda ayudarlo.
Noah ve que los residentes son realmente acogedores, sobre todo cuando descubren que tiene talento para la pesca. Enseguida se encariña con Matthew (Zach Mills), un niño mudo que vive con sus abuelos (Jay O. Sanders y Betty Moyer). Ambos son justo el compañero que el otro necesita. Noah encuentra en Matthew a alguien a quien cuidar y cuidar mientras se readapta a la vida en sociedad. Matthew, mientras tanto, prospera junto a su nuevo mejor amigo, quien le permite aprender y crecer a su propio ritmo. Su vínculo se fortalece al acompañarse en trabajos esporádicos y salidas de pesca, y esta relación empieza a aliviar la soledad de ambos.

NOTA DEL AUTOR

Rara vez voy a pescar, aunque tengo recuerdos (y una foto) de pescar en el pequeño ramal que atravesaba nuestra granja en el noreste de Georgia. Atrapar un pez de un dedo era todo un logro. La verdad es que no tengo talento para la pesca. A veces un poco de suerte, pero ningún talento. Nunca he pescado nada con un señuelo artificial, por ejemplo. Pero tengo un hijo, Scott, que tiene un don extraordinario para pescar. Una vez, cuando era muy pequeño y estábamos de vacaciones en una casa junto al lago, lo vi ir al lago, arrodillarse y colocar la palma de la mano sobre la superficie del agua, como en un ritual de una inocente ceremonia religiosa. Empezó a pescar y a atrapar. Me quedé a su lado. Usé el mismo equipo, el mismo cebo. Pesqué a centímetros de donde él estaba lanzando. No recuerdo haber mordido nada. Ese gesto de tocar la superficie del agua me ha acompañado durante años y es el punto clave de esta historia.

Sin embargo, esta no es una historia sobre mi hijo ni sobre pesca, sino sobre el misticismo del don. Es un rasgo que siempre me ha inspirado: esa persona que, por naturaleza, tenía una forma de hacer algo que, a la larga, era inexplicable, pero a la vez reflexiva. El artista. El músico. El jardinero. El mecánico. El ingeniero. El chef. Cualquier cosa. Siempre he tenido la costumbre de imaginar el escenario de una historia, pero he elegido una zona real para esta propuesta: la región alrededor de Hiawassee, Georgia, y Hayesville, Carolina del Norte. Sin embargo, el valle creado para este propósito —el Valle de la Luz— es puramente ficticio, y los personajes residen solo en mi imaginación.

En esa zona, existe una peculiaridad en la distribución del río Hiawassee. En Georgia, es Hiawassee; en Carolina del Norte, es Hiwassee. Para evitar confusiones entre los lectores y evitar que los editores escriban interrogantes en los márgenes de mi manuscrito, he optado por usar Hiawassee. Digamos que es un prejuicio contra la población de mi estado natal. En esta historia, hay una excelente lubina y mucho bagre. Consideren la obsesión por el bagre como otro prejuicio. De joven, cuando pescaba en Beaverdam Creek y el río Broad, era por bagre. Para mí, el bagre es una criatura noble y, bien preparado, un festín memorable, aunque ahora mi sistema digestivo suele reñirme cuando dejo una de esas maravillosas escamas de pescado de "buffet" que definen la cultura del Sur.


El Valle de la Luz. VOSE.

miércoles, 10 de julio de 2024

TIEMPO AL TIEMPO (EL CAMPESINO CHINO Y SU HIJO) 👲

Tiempo al tiempo 
(El campesino chino y su hijo)
(Buena o Mala Suerte)

Una vez un campesino chino, pobre y muy sabio, trabajaba la tierra duramente con su hijo.

Un día el hijo le dijo: 
- "Padre, ¡qué desgracia! Se nos ha ido el caballo".
- "¿Por qué le llamas desgracia? - respondió el padre, veremos lo que trae el
tiempo..."
A los pocos días el caballo regresó, acompañado de otro caballo.
- "¡Padre, qué suerte! - exclamó esta vez el muchacho, nuestro caballo ha traído otro caballo".
- "¿Por qué le llamas suerte? - repuso el padre, veamos qué nos trae el tiempo".

En unos cuantos días más, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al jinete, se enfurecio y lo arrojó al suelo.
El muchacho se quebró una pierna.
- "Padre, qué desgracia! - exclamó ahora el muchacho - ¡Me he quebrado la pierna!"
Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció:
- "¿Por qué le llamas desgracia? Veamos lo que trae el tiempo!"
El muchacho no se convencía de la filosofía del padre, sino que se quejaba en su cama.

Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra.
Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo.

El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.

La moraleja de este antiguo consejo chino es que la vida da tantas vueltas, y es tan paradójico su desarrollo, que lo malo se hace bueno, y lo bueno, malo.
Lo mejor es esperar siempre el día de mañana, pero sobre todo confiar en que todo sucede con un propósito positivo para nuestras vidas.

VER+:


domingo, 12 de noviembre de 2023

VIRTUD DE LA ESPERANZA CONTRA LA QUEJOSA ACEDIA 🌲🙏


Quienes seguimos a Jesús y nos sentimos movidos por su Espíritu tenemos mucho que decir y compartir con nuestros contemporáneos respecto a la esperanza. El cristianismo es… esperanza, mirada y orientación hacia delante. Es, por ello mismo, apertura y transformación del presente1. Nuestra fe en el Dios de la historia se transforma en esperanza: “la fe que más amo es la esperanza” (Charles Péguy). Ésta es la herencia que hemos recibido: el Evangelio de la esperanza. ¿Qué hará nuestra generación con esa herencia?
En su encíclica Spe Salvi el papa Benedicto XVI nos recordaba el texto de 1Tes 4,13 que dice “no os aflijáis como los hombres sin esperanza” y comentaba que “el elemento distintivo de los cristianos es el hecho de que ellos tienen un futuro: no es que conozcan los pormenores de lo que les espera, pero saben que su vida, en conjunto, no acaba en el vacío… solo cuando el futuro es cierto como realidad positiva, se hace llevadero también el presente” (Spe Salvi, 2).
Y también añadía:
“La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva” (Spe Salvi, 2).
La esperanza es una virtud que nos infunde Dios y consiste en esperar con confianza, con la ayuda de Dios, el alcanzar la felicidad eterna, así como esperar con confianza el tener a nuestra disposición los medios para asegurarla. Su objeto inmediato es Dios. Y se dice que es una virtud infusa porque no es como los buenos hábitos en general el resultado de actos repetidos o el producto de nuestra propia industria. Al igual que la fe sobrenatural y la caridad, el Dios Todopoderoso lo implanta directamente en el alma.
Hay dos pecados que contrarían la esperanza: la desesperación y la presunción. El primero niega la esperanza por desconfiar u olvidar que Dios pueda ayudarnos a alcanzar la felicidad eterna. El segundo lo hace al dar por sentada y asegurada la felicidad eterna, por lo cual no se necesitaría ya de ninguna ayuda divina para obtenerla, pues ya estaría obtenida. La raíz de ambos pecados, me atrevo a decir, consiste en poner las esperanzas en uno mismo, en el mundo, o aun el mismo diablo, pero no en Dios.

Esperamos porque tenemos la convicción de que Dios ha establecido su Alianza con nosotros, con la humanidad: es la Alianza, es nueva y definitiva en la sangre de Cristo Jesús. Dios se ha desposado con la humanidad para siempre. Dios cumplirá sus promesas.
En contraposición, hay un virus malicioso que, inyectado en nuestro corazón, atenta contra la esperanza. Tiene un extraño nombre: se llama “acedia”.
En este retiro queremos meditar y orar sobre la virtud de la esperanza para comprender mejor este don divino y para inmunizarnos contra el virus de la quejosa acedia. Este retiro seguirá tres pasos: 
1) La acedia, el virus de la desesperanza; 
2) Las dos caras de la Esperanza cristiana. 
3) En misión de esperanza.

La acedia: el virus de la desesperanza

Aunque hablamos mucho de la esperanza, ¡no seamos ingenuos! Hay un virus –más común de lo que pensamos– que atenta permanentemente contra ella: la acedia. Fue descubierta por los cristianos de los primeros siglos (Evagrio Póntico, padre del desierto y asceta); él la definió como el “demonio de medio día” o el vicio que más hace sufrir y más problemas causa.
¿Qué es la Acedia?
Sorprendentemente el tema de la acedia goza de actualidad. Se le dedican no pocos estudios2, porque –según se dice– vivimos en “la civilización de la acedia” (Horacio Bojorge). La acedia es denominada “mal oscuro” (Gabriel Bunge), “morfina espiritual” que nos inyectamos cuando se requiere demasiado de nosotros (Katheleen Norris), “apatía espiritual”, que favorece la combinación tóxica de la concupiscencia de los ojos con la concupiscencia de la carne (Reinhardt Hütter), “vicio de forma del cristianismo” (Lucrèce Luciani-Zidane). El papa Francisco en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium presenta la acedia como un vicio paralizante que ataca a los evangelizadores. Produce un “inmediatismo ansioso”, que desea obtener resultados pastorales inmediatos; que no aguanta la espera que requieren los procesos. Las personas atacadas por la acedia (laicos, consagrados y sacerdotes) están obsesionadas por preservar “su tiempo” y no se puede contar con ellas; su vida queda revestida de un “gris pragmatismo”; están apegados a una “tristeza dulzona, sin esperanza”, que es el “elixir del demonio” (EG, 83). La acedia vuelve a los evangelizadores “pesimistas quejosos y desencantados” (EG, 85). La acedia genera desiertos espirituales, ambientes áridos.

El origen de la acedia está en los deseos frustrados. Los síntomas de infección son: atonía, pérdida de tensión en el alma, sensación de vacío, aburrimiento, desgana, incapacidad de concentración, ansiedad del corazón, oposición a cualquier propuesta o novedad, falta de esperanza en los demás, en uno mismo, en Dios. Está precedida por la “tristeza” y de ella se desprende la “agresividad”.
Las manifestaciones de la acedia son: vacío interior, inquietud, desasosiego, que llevan a desear el cambio y buscar compensaciones: ¡cambiar de casa, de trabajo, de amistades, de compañías, de instituto religioso, de matrimonio, o abandonar la propia vocación, o entregarse a la concupiscencia de los ojos –uso de la pornografía–! Otra manifestación es la imposibilidad de concluir trabajos emprendidos, en el temor a caer enfermo. Las personas con acedia no se aguantan a sí mismas, y, por eso, se evaden. La acedia se reviste, a veces, de virtud. Se encuentra en personas adictas al trabajo, a la actividad constante, a la agenda llena, al móvil o celular siempre en actividad. Ocultan así el propio vacío interior, huyen del tiempo para establecerse en el instante.

Un virus contra la esperanza

En el contexto de la vida espiritual la acedia muestra una grave falta de esperanza en la Providencia de Dios: no se espera la intervención de Dios en la historia3. Por eso no se aguantan los “largos plazos” y solo se desean los “a corto plazo”; seduce la levedad del ser, la vida instantánea4.
Para los creyentes el tiempo está bajo la mirada y actuación del Espíritu de Dios. La persona secularizada –en cambio– se siente expuesta al tiempo, y sumamente débil ante algo que no depende de sus propios recursos. Cuando Dios es evacuado del futuro, el ser humano trata de apropiarse de un tiempo que él no puede dominar y del cual no puede esperar nada, a no ser el resultado de sus propios esfuerzos. Se piensa que “esperar es de locos”. Quien no espera en la Providencia es incapaz de imaginar un futuro con sentido. El tiempo no lleva a ninguna parte.

Las dos caras de la Esperanza cristiana

Contra acedia, ¡esperanza! Nuestro Dios es providente no solo porque es el único señor del tiempo y de la historia, sino también porque nos garantiza un tiempo lleno de sentido en el conjunto de la historia, y no permite que el tiempo se fragmente y caiga en una sucesión informe de instantes desarticulados que se suceden unos a otros”5. Contemplemos la virtud teologal de la esperanza como teopatía apofática y orante.

La esperanza es una “teo-patía” o la segunda virtud teologal

La esperanza es una virtud teologal, es decir, es como una “patía” que se apodera de nosotros y nos determina: nos hace participar de la hesed de Dios, por la cual Él es fiel a su Alianza con nosotros y con el mundo. Por la esperanza tenemos la certeza de que Dios cumplirá todas sus promesas y que el Reino de Dios se impondrá sobre cualquier fuerza opositora, sea el pecado o la muerte. El Espíritu Santo, derramado en nuestros corazones (cf. Rom 5,1-5), nos concede el don de la esperanza y nos asegura que la Gloria de Dios se manifestará en nuestros cuerpos y en la creación entera (Rom 8,18-28).
La teopatía de la esperanza modifica nuestras constantes vitales. Eleva nuestra tensión. Activa todo nuestro ser. Elimina la acedia, nuestros miedos y nos lanza al campo de batalla apocalíptico con la moral alta de la victoria final. Esta teopatía de la esperanza nos vuelve creativos, innovadores, impacientes anticipadores de aquello que esperamos. Qué bien lo entendió Martin Luther King cuando dijo: “Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol”.

Como toda “patía”, la teo-patía de la esperanza es sufrimiento: así la experimentó Jesús en su Viernes Santo. Es la esperanza que grita a Dios y que se atreve a exclamar: “Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado? En la celebración del Viernes Santo la Iglesia se atreve a cantar: ¡Ave Crux, spes unica! (¡Salve, oh cruz, esperanza única!). Jesús sufrió la “noche de la esperanza”. Por ella atravesaron antes Job, el Jeremías de las Lamentaciones, los profetas, los orantes de los salmos. La esperanza nos armoniza dolorosamente con los incomprensibles ritmos de Dios. El gran místico maestro Eckhart decía: “Implorar a Dios por alguna otra cosa que no sea Él mismo, es injusto y no es fe”6. Jesús en la cruz sufrió una aparente lejanía del Abbá; esperó porque sabía que el Abbá no es solo el que es, sino el que será. Y Dios es amor.

La esperanza es apofática y orante

La esperanza es apofática porque nos hace entrar en un proceso de negación de todo aquello que responde a nuestras expectativas; nos introduce en la noche. La oración es el lenguaje de la esperanza. No porque la oración dé pistas a nuestra creatividad o soluciones nuestros dramas y sufrimientos. Es el lenguaje de la confianza en el Dios de la Alianza que nunca falla, aunque no responda inmediatamente. Este lenguaje es a veces una interpelación que procede del sufrimiento y de la ansiedad; y que provoca un abandono total en las manos de Dios: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.
La virtud teologal de la esperanza tiene, por tanto, una faz luminosa y otra faz oscura: es pasión creadora y es pasión-sufrimiento. Es tensión creativa hacia el futuro y resistencia dolorida ante las contradicciones del presente.
En la vida consagrada también experimentamos las dos caras de la esperanza: su luz y su noche. La esperanza –como luz y noche– rejuvenece a la vida consagrada. La falta de esperanza nos lleva a la decadencia. El don de la esperanza nos abre a sorprendentes y nuevas perspectivas, nos lanza hacia delante con una confianza inmensa y con moral de victoria.

En misión de Esperanza

Ante todo, acoger la virtud teologal: el arte formativo El Concilio Vaticano II habló de la vida consagrada en términos de Perfectae Caritatis. Hoy debemos contemplarla desde la perspectiva de la “Perfecta Spes” (esperanza perfecta). Los tres consejos evangélicos son los consejos del Espíritu Santo que nos energiza para vivir en la apofática esperanza desde la perspectiva de la obediencia, el celibato y la pobreza. Y nosotros, por los votos, nos comprometemos a vivir “en la loca esperanza” en que los consejos y carísimas evangélicos nos introducen. La Esperanza es la virtud fundamental para quien desee anticipar y vivir en el cielo y tierra nuevos del Reino de Dios.

Vivir en esperanza es un arte que hemos de aprender y ejercitar: es el arte de superar lo que nos deprime, lo que nos vuelve desconfiados o susceptibles. Quien confía no se amilana ante las dificultades, ni se echa para atrás ante la dificultad. El papa Benedicto XVI nos propone varias modelos de esperanza en su encíclica Spe Salvi: la religiosa canosiana Josephine Bakhita, el cardenal vietnamita Nguyen van Thuan o el mártir vietnamita Leo-Bao-Thin (1857), que escribió “una carta desde el infierno” (Spe Salvi, nn.3.37 etc.). El desánimo que a veces nos sobrecoge no ha de tener la última palabra. Puede ser un momento de parada que nos hace reflexionar, corregir errores, fijarnos en lo esencial. Pero después es necesario entregarse de nuevo a la esperanza. Los obstáculos la estimulan. Tenemos dentro de nosotros recursos inéditos, insospechados. La persona esperanzada es como un artista de la vida: de lo que aparentemente no existe, hace brotar una realidad nueva y bella que conmueve a quienes la contemplan y les ofrece sentido y razones para vivir.

No solo hay que dejarse guiar por la esperanza, sino “ser” esperanza: En la fortaleza de ánimo está la raíz subjetiva de la esperanza. Francesco Alberoni en su obra sobre la Esperanza señala toda una serie de virtudes que acompañan a la esperanza en contraposición a ciertos vicios7:

– El entusiasmo, como opuesto al cinismo, que nos hace vivir encerrados en el presente, en el propio egoísmo y no cree ni espera en nada porque está privado de fantasía y de generosidad.
– El remordimiento como memoria de lo que hemos hecho mal y el mundo ha hecho mal, pero que al mismo tiempo nos hace rectificar y nos prepara un futuro limpio.
– La piedad es la virtud de la compasión hacia el sufrimiento de los débiles. La piedad es lo contrario a la rivalidad, o a la envidia, o el odio político. La piedad nos hace sentirnos un poco más solos cuando alguien muere. La piedad es la fuerza espontánea que nos impulsa a mejorar la vida de los demás, a mejorar el mundo para todos. La piedad es también compasión, cercanía, proximidad, hospitalidad.
– La humildad abre el camino a la esperanza, porque nos sitúa en el lugar adecuado ante el mundo, ante los demás, ante nosotros, ante Dios. Quien se siente humilde, necesita de todos, se ubica en el todo. En la totalidad encuentra su plenitud y no en la egolatría. La humildad intelectual, espiritual, amorosa… nos abre los horizontes de la esperanza.

Cuando estamos pasando por esos valles de sombra y de muerte, nuestro primer error, que nos va sumiendo, sin siquiera sospecharlo en tinieblas de angustia y soledad, es rebelarnos y renegar contra todo lo que Dios hace.
Renegar de lo que Dios dispone en nuestras vidas. Renegar de Dios..
El no aceptar confiados y humildes lo que Dios dispone en nuestras vidas, es una de las cosas más terribles que como hijos podemos hacer.
Segundo error es que al renegar de lo que Dios nos da para vivir, renegamos del Dador y Su Voluntad. No nos gusta pasar malos ratos, angustias y desgracias.
Así somos: rebeldes ante la voluntad de Dios cuando ésta trae problemas y dolores.
Mil veces le hemos dicho - aquí estoy, Señor, que se haga Tu Voluntad- pero, apenas nos llega un período muy difícil o ingrato o doloroso, nos desesperamos, desconfiamos del amor de Dios y de su interés por nosotros.
Nos hacemos rebeldes al Todopoderoso Señor y le quitamos Su Gloria al reclamar frente a otros por todo lo que nos sucede.
También al expresar nuestra rabia, angustia y desesperanza, aunque sea verdaderamente fuerte el dolor que sufrimos, hacemos un daño terrible a la obra que tenemos encomendada por Jesús. Ser Sus testigos.

Proclamar y contagiar esperanza

El Evangelio se caracteriza por ser propuesta de esperanza católica –es decir, esperanza para todos–. La Alianza de nuestro Dios con toda la humanidad y con toda la Creación, ratificada por Jesús, nos dice que “no estamos dejados de la mano de Dios” y que de Él podemos esperar todo lo mejor sin excluir a nadie. Nunca hemos de dejarnos llevar por el desaliento, sino esperar contra toda esperanza.
A María, nuestra madre, le suplicamos en una preciosa y conocida canción: “Santa María de la esperanza / mantén el ritmo de nuestra espera”. En eso consiste el arte de la esperanza: ¡saber mantener el ritmo de la espera! Lo que se promete en el germen, no adviene inmediatamente. Para que algo nazca es necesario saber regular la espera. La impaciencia puede producir estragos y generar abortos de todo tipo.
Las comunidades cristianas y religiosas están necesitando “líderes de la esperanza”, capaces de aglutinar expectativas y poner a todos en alerta hacia el “porvenir” de Dios.

Anticipar la Nueva Jerusalén

El libro del Apocalipsis nos enseña que la nueva Jerusalén está bajando hacia la tierra:

“Vi también la ciudad santa, la nueva Jerusalén que bajaba del cielo de parte de Dios, ataviada como una novia que se engalana para su esposo. Y oí una fuerte voz procedente del trono que decía: Esta es la morada de Dios con los hombres. Habitará con ellos y ellos serán su pueblo y Dios, habitando en medio de ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos; y no habrá ya muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque todo lo anterior ya pasó” (Apc 21,2-4).

Quienes pertenecemos a la vida consagrada –misioneros y misioneras de esperanza– queremos ejercitarnos en anticipar la “nueva ciudadanía” y plasmarla en nuestras comunidades e institutos. A ello nos ayuda la vivencia de los tres consejos-carismas de celibato, pobreza y obediencia. A ello nos lanza la Misión del Espíritu.
Hubo un tiempo en que se nos pedía tener grandes ideales, proponernos sublimes objetivos. En este tiempo lo que más necesitamos es recuperar la “visión” apocalíptica: intuir –desde nuestra humilde complicidad con el Espíritu de Dios– por dónde irán las cosas, visualizar –en una especie de maqueta del porvenir– los sueños que podrán hacerse realidad. Solo la visión dará fundamento y razón de ser a la misión. Los guías ciegos solo llevan al abismo y al caos, o a lo más nos hacen emprender un viaje a ninguna parte.
Este templo santo, esta morada de Dios en el Espíritu, no es solo la Iglesia. Ella es sacramentum mundi, anticipación de aquello que nuestro mundo está llamado a ser. San Pablo concluye su primera carta a los Corintios con un apasionado canto a la esperanza cristiana cuando dice:

“Mirad, os declaro un misterio: no todos moriremos, pero todos seremos transformados… cuando este cuerpo corruptible se haya revestido de incorruptibilidad y este cuerpo mortal se haya revestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: La muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está muerte tu victorioa? ¿Dónde está muerte tu aguijón?… Demos gracias a Dios que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo” (1Cor 15,51-57).
_____________________

1 Cf. J. Moltmann, Teología de la esperanza, Sígueme, Salamanca 1968, p. 20.
2 Cf. Lucrèce Luciani-Zidane, L’acédie. Le Vie de forme du cristianismo. De saint Paul à Lacan, Du Cerf, París, 2009; Jeffrey A. Vogel, The speed of sloth: reconsidering the sin of Acedia, en Pro Ecclesia 18 (2009), 50-68; Reinhardt Hütter, Pornography and acedia, en First Things 222 (2012), 45-49; Gabriel Bunge, Akedia: il male oscuro, ed. Qiqajon, Magnano, 1999; Katheleen Norris, Acedia & Me: A marriage, Monks and a Writter’s life, Penguins Books, New York – London, 2008; Id., Wasted days: struggling with acedia, en Christian Century 125 (2008), 30-33; Andrew Crislip, The sin of the sloth or the illnes of the demons? The demon of acedia in the early monasticism, en Harvard Theological Review 98 (2005), 143-169; Horacio Bojorge, En mi sed me dieron vinagre. La civilización de la acedia, Lumen, Buenos Aires, 1999; Id, Mujer, ¿por qué lloras? Gozo y tristezas del creyente en la civilización de la acedia, Lumen, Buenos Aires, 1999.
3 “Vivir en un mundo secular es considerar el mundo en sus términos propios. Es este mundo y no otro el que encierra todos los secretos de nuestra existencia. Nos toca a los individuos administrar nuestro propio tiempo. Ese tiempo es, en última instancia, todo lo que tenemos”: cf. Richard Fenn, Time Exposure: the personal experience of time in secular societies, Oxford University, Oxford 2001, p. 48; Michael G. Flaherty, A watched pot: how we experience time, New York University Press, New York, 1999, 56-63.
4 Zygmunt Bauman, Modernidad líquida, Fondo de Cultura Económica, México – Buenos Aires, 2003, 127-138.
5 K. Rahner, Theological observations on the concepto of time, en Theological Investigations XI: Confrontatios I, Longan & Todd, London, 1974, 290.
6 Maestro Eckhart, Werke, I y II, Frankfurt, 1993, vol.1, 681.
7 Cf. Francesco Alberoni, La speranza, Rizzoli, Milano 2001, pp. 73-104.


NO A LA DESESPERACIÓN, PRESUNCIÓN Y ATENTADO CONTRA LA CONFIANZA 
Y SUMISIÓN A LA DIVINA PROVIDENCIA

miércoles, 26 de julio de 2023

LIBRO Y PELÍCULA "DEL INFIERNO A TEXAS (THE HELL BENT KID - EL MUCHACHO EMPEÑADO - FROM HELL TO TEXAS)


«¿Sólo me amenaza con la muerte? 
Es muy poco»

Henry Hathaway es un clásico director del género de aventuras que ha pasado por diferentes estudios en las décadas del 30 y 40. En este western alcanza encomiable madurez en sus medios cinematográficos, fruto de su experiencia y talento. Su dinamismo narrativo y escénico, la excelente dirección de actores, la acción constante y creciente intercalada con remansos apacibles de sus protagonistas, el guion cinematográfico casi sin fallas, una puesta en escena convincente y verosímil, así como ciertos elementos constantes de sus películas como la violencia, el desarrollo psicológico y emotivo de sus protagonistas con acertadas notas de humor, configuran un estilo que capta y domina la atención del espectador, a saber en este muy buen western (From hell to Texas).

Tod Lohman (Don Murray), un vaquero delgado e ingenuo, mata accidentalmente al hijo del poderoso terrateniente Hunter Boyd (R.G:Armstrong), quien busca vengarse persiguiéndolo implacablemente a lo largo de toda la historia, aunque imponiendo condiciones inexplicables como devolverle su caballo muerto por su hijo menor (Dennis Hopper) y darle 4 horas de ventaja para que huya a otro pueblo. Tod recibe la protección de Amos Bradley (Chill Wills) y termina enamorándose de su hija Juanita (Diane Varsi). La acción y la violencia trepidantes desarrollan la historia capturando la atención en la hora y media de duración. Tod se niega a usar la violencia por sus principios morales inculcados por su madre y la biblia que lleva siempre consigo, pero, como tema recurrente en muchos westerns, las circunstancias lo obligan a defenderse y reaccionar atinadamente con su rifle, su puntería y su instinto de supervivencia. 

El final es insólito, pero creíble: los personajes principales y secundarios han sufrido una evolución vital que implica un desarrollo positivo de su personalidad, asimilando la experiencia vivida como una gran lecciòn de vida. Absolutamente recomendable ver este western intenso y reflexivo al mismo tiempo.

En Del infierno a Texas y en Nevada Smith, aparecen sendos sacerdotes, presentados en idílicos conventos, que desempeñan un papel trascendental en la evolución del protagonista». Por las razones ya convenientemente expuestas en párrafos anteriores, nos vemos obligados aquí a disentir de tales afirmaciones. Desde luego, la propia cita de Losilla puede suponerse ambigua en tanto que en su primera frase parece negar algo que, sin embargo, concede en la inmediata (el significado trascendental de los personajes religiosos en la narración). Tal vez debamos interpretarla asumiendo que el autor de la misma no pretende tanto dudar del «significado trascendental» de la religiosidad en los westerns de Hathaway como de su «significado trascendente».

Con respecto a la trascendencia, cierto es que, si entendemos tal noción desde un estricto sentido teológico (esto es, como vida ultraterrena), no ocupa un lugar destacado en a filmografía de Hathaway, por lo menos más allá de alguna que otra mención por parte de algún personaje creyente (verbigracia: la respuesta ya reproducida del anónimo padre de Del infierno a Texas ante las intimidaciones de los Boyd: 

«¿Sólo me amenaza con la muerte? Es muy poco»; por lo general, la alusión a la trascendencia no suele aparecer en sus películas como discurso confortador o garante de sentido ante la desaparición trágica de un personaje —quizá la única excepción resida en una de sus obras más singulares y extrañas, la muy onírica y romántica Sueño de amor eterno (Peter Ibbetson, 1935), cuyo final deja abierta la posibilidad de que el amor que une a su pareja protagonista, siempre frustrado en este mundo, se consume más allá de la muerte... si bien se trata de un más allá de perfiles casi alucinatorios y que no se ajusta a un credo religioso específico—. Ahora bien, esto no quiere decir que Hathaway niegue toda posibilidad de trascendencia, al menos si entendemos el término Carlos Losilla, «A través del río y entre los árboles. Nueve notas (provisionales) sobre los westems de Henry Hathaway», en Archivos de la Filmoteca no 12, Abril/Juni0 de 1992, p. 82.



La otra cara de la moneda nos viene proporcionada por otro personaje: la madre de Todd Lohman. Aunque nunca llega a aparecer en la narración (pues ha fallecido antes de que el relato se inicie), de alguna forma su espíritu se manifiesta en la misma, al modo de lo que ocurría con el de la matriarca del clan Elder en Los cuatro hijos de Katie Elder. Uno de los símbolos que denota su presencia es la Biblia Grecordemos la misión fundamental que el libro sagrado cumple en los filmes de Hathaway!) que le regaló a su hijo y que supone la posesión más preciada de éste. En ella podemos encontrar una emotiva dedicatoria, que casi constituye un testamento espiritual:

«Querido hijo:
No tengo nada más útil que dejarte. Sólo poseo esta Biblia y este pequeño retrato. No te separes nunca de este libro. Cree siempre en él y acepta sus consejos. Él te confortará. Cumple sus mandamientos, Todd, y tu a ma se salvará. Recuerda siempre que te quiere... Tu madre».

Frente a lo que sucedía con Boyd, la anónima madre de Lohman carece de cualquier beneficio material, de fama o de renombre que legar. Liga el sentido de su vida, más modestamente, a la transmiSión de unos valores morales a su hijo. Mientras que Lohman respete los preceptos bíblicos, su madre, que es quien se los ha inculcado, de alguna manera seguirá viva gracias a él. Al menos, su herencia seguirá viva. Por cierto, esta postura no niega la posibilidad de la trascendencia religiosa, sino que más bien es independiente o incluso complementaria a la misma, pues se observará que la dedicatoria incluye una mención a la inmortalidad del alma.

Pero la piedad de Lohman rendirá a Hunter en un sorprendente final, cuando nuestro héroe sea capaz de lo que no fue su padre, jugarse la vida para salvar al chico, ese que pretendía matarle.
Un final que impacta por su brillantez visual y su inusual y sorprendente resolución, donde el odio no es sinsentido, sino producto de una confusión, que cuando se ve corregida, se atempera y desaparece. Los antagonistas firmando la paz en honor a los valores cristianos personificados por Lohman. Uno vestido de negro y representando buena parte de los pecados capitales, el otro de blanco representando los mejores valores cristianos. La redención y el perdón.
–Hunter: Solamente quiero que pienses, que si te perseguí a muerte fue por vengar a mis hijos. Perdóname. Si lo haces, Dios me perdonará también.
–Lohman: Vaya tranquilo. Le comprendo y le perdono, señor Boyd.


Hathaway, Hitchcock, Stroheim
Directores católicos 
en el Hollywood clásico


¿Qué es lo que tiene el cine clásico que lo convierte en un fenómeno artístico tan especial? ¿Por qué, hoy en día, todavía nos llaman la atención unas películas que, en muchos casos, se rodaron hace casi un siglo? Quizá buena parte del interés que, para muchas personas, siguen despertando en la actualidad los filmes clásicos de Hollywood radique en que su visionado constituye una experiencia de sentido. Y, precisamente, el constituir una experiencia que nos ofrece sentido es un punto en común que liga cine clásico y religión.
Son relativamente frecuentes los análisis que estudian la influencia del judaísmo o el protestantismo sobre el Hollywood clásico. Este libro, sin embargo, se centra en la aportación creativa católica a la época dorada de Hollywood. Muchos realizadores clásicos de primerísima fila crecieron educados en el catolicismo. Entre ellos, encontramos nombres como los de Henry Hathaway, Alfred Hitchcock y Erich von Stroheim. Los tres presentan como rasgo común moverse por unos terrenos cinematográficos que, en un principio, podríamos considerar poco permeables al hecho religioso:

Hathaway es recordado como un director de westerns y filmes noir de marcada violencia, Hitchcock definió el thriller tal y como lo conocemos en la actualidad y el nombre de Stroheim ha quedado asociado a un tipo de drama repleto de elementos morbosos y escabrosos. El presente libro muestra, sin pretender que ésta sea la clave última de interpretación, cómo los valores y creencias católicos aparecen reflejados en la obra de estos maestros, y cómo algunas de sus películas pueden comprenderse mejor desde una óptica religiosa.

Del Infierno a Texas --- Don Murray (1958)



"CUANDO VIENE LA SOBERBIA,
VIENE TAMBIÉN LA DESHONRA;
MAS CON LOS HUMILDES
ESTÁ LA SABIDURÍA".

PROV. 11, 2

(WHEN PRIDE COMETH,
THEN COMETH SHAME
BUT WITH THE LOWLY IS WISDOM)
PALABRAS DE GRAN VERDAD ENMARCADAS 
(Ride the High Country, 1962)

Peckinpah sitúa la cámara en alto, mostrando la grandeza de un hombre en mitad de la naturaleza. En un escenario donde casi todos los seres humanos parecen insignificantes, Judd destaca por su serena dignidad. El antiguo sheriff ha perdido vitalidad y energía, pero su carácter se mantiene firme y sin fisuras. Sabe que no le han pagado por las incontables penalidades soportadas en el ejercicio de su cargo. Ha pasado noches sin dormir, ha luchado contra el calor y el frío, le han disparado en infinidad de ocasiones, a veces hiriéndolo de gravedad, pero ni siquiera cobra una miserable pensión. Sólo tiene un traje raído, una camisa con los puños gastados y unas botas con las suelas agujereadas. A pesar de eso, no se arrepiente de haber llevado una estrella. De joven era un salvaje que no respetaba nada. La paliza de un sheriff aclaró su mente, enseñándole a ser honesto y responsable. Desde entonces, ha obrado con rectitud y eso es suficiente. Quizá nadie acuda a su entierro, pero su conciencia está tranquila.

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martes, 16 de mayo de 2023

LIBRO Y PELÍCULA "EL AMOR QUE TÚ ME DISTE" (THE LUCK OF THE IRISH) LA SUERTE DE LOS IRLANDESES 1948 💰💕💎

THE LUCK OF THE IRISH 
(LA SUERTE DE LOS IRLANDESES)
THERE WAS A LITTLE MAN
(HABÍA UN HOMBRECILLO)

"Vayas donde vayas, hagas lo que hagas, 
¡que la suerte de los irlandeses te acompañe!”. 
“Si tienes la suerte de ser irlandés... ¡tienes la suerte!” 
“Que tu día sea tocado por un poco de suerte irlandesa, 
iluminado por una canción en tu corazón 
y calentado por las sonrisas de las personas que amas.

“Un rayo de sol para calentarte, 
buena suerte para encantarte. 
Un ángel protector, para que nada pueda dañarte. 
Risas para animarte, amigos fieles cerca de ti, 
y cada vez que ores, el cielo para escucharte”.

Todos tenemos un ángel a nuestro lado… 
lo creas o no lo creas.
 
En una de aquellas salidas que suelo hacer con mi familia a diferentes pueblos, estuvimos alguna vez en San Antonio de Prado durante las fiestas decembrinas. Aquella tarde, había un programa de música religiosa en el atrio de la iglesia por el que mi pequeño hijo y yo nos sentimos atraídos. Dejamos al resto de la familia en una cafetería y fuimos a ver parte de aquel concierto. Buscando tener un ángulo desde donde pudiéramos ver a los artistas, nos tocó pararnos en medio de una calle por la que, supuse, no había tráfico alguno. Ubiqué al niño delante de mí, puse mis manos sobre su pecho y nos dispusimos a escuchar con sumo interés. Pasados cerca de 20 minutos, una motocicleta irrumpió repentinamente dejándose venir a toda velocidad sobre nosotros. En ese preciso instante, sentí que alguien me tomó del cuello de la camisa y me tiró hacia atrás al tiempo que yo arrastraba al niño. La moto nos pasó rozando. Sin poder salir del susto, me di vuelta para darle las gracias a quien nos había salvado… y no había nadie, absolutamente nadie, detrás nuestro ni a los costados. Puede usted interpretarlo como a bien tenga, pero yo estoy seguro que aquella vez, como en otras ocasiones, han sucedido cosas que están más allá de lo que vemos con nuestros ojos. Y sé que hay innumerables personas, que se han sentido alguna vez en su vida, “inexplicablemente” protegidas.

¡Qué curioso! Al catalogar “EL AMOR QUE TÚ ME DISTE”, no puede decirse “no es nada del otro mundo”, porque sí tiene mucho del otro mundo, del amor que nos protege y del poder espiritual. Y tampoco puede clasificarse como cine de fantasía porque, lo que sucede, es de lo más real que ocurre con frecuencia en el mundo. Los que no ven es porque no quieren ver, les basta consigo mismos para sentirse infelices.

Stephen Fitzgerald (Tyrone Power), es un escritor que, de viaje por la bella Irlanda en compañía de un amigo, descubre en el campo a un singular “duende” que lo guía, le hace experimentar el paraíso, y luego lo tienta para probar su carácter. A su regreso a New York, un hombre “muy parecido” a este duende, llega a casa de Fitz “recomendado por empleos Acme”, y con las triquiñuelas necesarias consigue ganarse el puesto de sirviente. Y con la llegada de la dulce Nora, comienza entonces una encantadora historia de amor que tiene la venia del cielo, y otra que el “duendecillo” no ve con buenos ojos y entonces se las ingeniará para despertar la conciencia del buen Stephen, quien está a punto de ser víctima de la ambición y de otras salidas que traicionarán su carácter.

En algún momento, aquel “duende” -maravillosamente representado por Cecil Kellaway, quien se merecía un Oscar, pero solo lo nominaron- le dice a su protegido: “Yo te ofrecí oro, no es culpa mía si has preferido tener una piedrita”. 
Piedras –materia- es lo que elegimos cada día. Tardaremos todavía en saber que, el verdadero oro, es la causa del espíritu.


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Según cuenta la leyenda, los duendecillos irlandeses, conocidos como Leprechaun con capaces de encontrar monedas de oro enterradas en la tierra y las almacenan todas en una olla que está escondida en un lugar incierto. De hecho, estos duendes son famosos por esconder su olla de oro al final del arco iris. Algunos creen que los duendes necesitan el oro como un medio para engañar a los humanos y, dada la propensión de los duendes al engaño, esto es completamente posible. Esta es su historia:

Un hombrecillo de unos dos pies de altura estaba tumbado fuera de su tienda bajo un gran árbol junto a un arroyo. Era fácilmente encontrarlo por el ruido que hacía su martillo:

- Tap, tap, tap...

Y es que, el duende era zapatero y pasaba sus días haciendo zapatos que eran verdes con hebillas de oro y una punta larga y tacones. El duende hacía zapatos para las hadas que vivían en los bosques y las gentes de los pueblos cercanos. La gente sabía que era un duende porque habia muchas hadas como el que vivía fuera de los pueblos.

Las personas se acercaban hasta el hombrecillo para conseguir un par de zapatos y le pagaban con monedas de oro. Sin embargo, el duende, que era un poco avaro, necesitaba un lugar donde guardar su oro, ya que le gustaba guardarlo y contemplarlo en lugar de gastar.

Un buen día, comenzó a meter las monedas en una olla de oro y allí fue acumulándolas en una olla que guardaba en una estantería en su tienda de zapatos en el árbo. Un buen día, llegó un hombre llamado Tim a la zapatería del duende, quería un par de zapatos azul violeta con tacones. Mientras le explicaba al duende su idea, se fijó en la olla de oro llena de monedas.

Tim sabía que, como el zapatero era un duende, si podía capturarle se le concederían tres deseos. Porque os recuerdo, que los duendes son mágicos.

- Voy a venir de vuelta en unos días para recoger mis zapatos, dijo Tim al duende.

El duende que no tenía un pelo de tonto, enterró su olla de oro en un campo lleno de arbustos y siguió haciendo su trabajo.

Unos días después, Tim regresó y el leprechaun, le dio sus zapatos azul violeta al hombre. Pero cuando el duende se volvió para esconder las monedas, Tim le agarró por la espalda para conseguir sus tres deseos.

- Quiero mis tres deseos, dijo Tim, el primer deseo es saber dónde está la olla de oro, mi segundo deseo es que quiero cien pares de zapatos y, el terecero, tener otros tres deseos más.

- Puedo concederte los dos primeros deseos, pero el tercer deseo es un truco codicioso y no se puede conceder, dijo el leprechaun.

El duende llevó a Tim al campo y señaló el lugar donde había enterrado la olla de oro. Tim no tenía una pala para cavar, así que marcó el lugar con un palo para volver más tarde. Sin embargo, al regresar, no pudo creer lo que vio: había 200 palos sobre el campo.

Comenzó a cavar en todos ellos, pero no pudo encontrar el lugar donde estaba la olla de oro. Después de unas horas se rindió y se dio cuenta de que el duende le había engañado.

MIentras, el leprechaun necesitaba encontrar un mejor lugar para esconder su oro y evitar así que ningún hombre pudiera tomarlo. Sabia que los arcoiris eran magicos, nunca podrías decir dónde terminaba uno, por lo que decidió enterrar su oro al final de un arcoiris.

De esta manera, solo él sabría encontrarlo de nuevo. Así que eso es lo que hizo y la gente todavía intenta encontrar su oro, pero todavía hoy, después de tantos años, nadie ha logrado encontrarlo.

Pero, si paseas por el bosque, y escuchas este sonido...

- Tap, tap, tap

Sabrás que el leprechaun está cerca y, si eres muy amable con él, podrá concederte un deseo.

Fin
¿Qué son los Leprechaun?

La mayoría de las leyendas irlandesas de Leprechaun se remontan a los cuentos del siglo VIII. Algunas historias hablaban de espíritus que se fusionaron con un hada y desarrollaron una inclinación por beber en exceso. Según otros investigadores, el término Leprechaun en realidad proviene del término irlandés 'leath brogan', que significa zapatero.

Aunque estos duendes a menudo se asocian con la riqueza, particularmente con las monedas de oro, en realidad son zapateros que difícilmente presumirían de tener grandes bienes. Después de muchos siglos, el mito de los duendes o leprechaun y la olla de oro persiste y todavía hay gente que va en busca de este tesoro escondido.

¿Curiosidades sobre los duendes irlandeses o Leprechaun?

La representación moderna de un Leprechaun es la de un hombre vestido completamente de verde. Sin embargo, el folclore irlandés describe a los duendes como hombres que vestían trajes rojos y sombreros de tres picos. Así es como el novelista irlandés Samuel Lover describe a los duendes en su obra de 1831 "Leyendas e historias de Irlanda".

No hay registro de que existan duendes femeninos. Esto, por supuesto, significa que los Leprechauns desafían las leyes típicas de la biología.
Aunque la leyenda del Leprechaun tiene más de mil años, hubo un avistamiendo de un Leprechaun recientemente. En 1989 el propietario de un pub llamado PJ O'Hare en Carlingford, Condado de Louth afirmó que escuchó gritos de un pozo y encontró los restos y la ropa de un duende que hoy en día se exhibe en su pub.

ESCUCHAR LA BALADA IRLANDESA: 

La luna pálida se elevaba sobre la montaña verde,
El sol se ponía bajo el mar azul;
Cuando me desvié con mi amor a la fuente de cristal puro,
Eso se encuentra en el hermoso Valle de Tralee.
Ella era hermosa y bella como la rosa del verano,
Sin embargo, no fue sólo su belleza lo que me ganó;
Oh no, era la verdad en sus ojos siempre amaneciendo,
Eso me hizo amar a Mary, la Rosa de Tralee.

Las frescas sombras de la tarde extendían su manto,
Y María toda sonriente me escuchaba;
La luna por el valle derramaba sus pálidos rayos,
Cuando gané el corazón de la Rosa de Tralee.
Aunque hermosa y hermosa como la rosa del verano,
Sin embargo, no fue sólo su belleza lo que me ganó;
Oh no, era la verdad en sus ojos siempre amaneciendo,
Eso me hizo amar a Mary the Rose of Tralee.

En los campos lejanos de la India, 
en medio de los espantosos truenos de la guerra,
Su voz fue un consuelo y un consuelo para mí,
Pero la fría mano de la muerte 
ahora nos ha partido en dos,
Me siento solo esta noche por la Rosa de Tralee.
Ella era hermosa y bella como la rosa del verano,
Sin embargo, no fue sólo su belleza lo que me ganó;
Oh no, era la verdad en sus ojos siempre amaneciendo,
Eso me hizo amar a Mary, La rosa de Tralee