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martes, 24 de febrero de 2026
EL HOMBRE ES DE MAÍZ Y, LA MUJER, DE FRIJOL 🌽🌱 por RODRIGO GARCÍA PLATAS
EL HOMBRE ES DE MAÍZ Y,
LA MUJER, DE FRIJOL
La frase “El hombre es de maíz…, y la mujer de frijol”, atribuida a los pueblos mexicas o llamados hoy Aztecas, no es una simple metáfora agrícola: Es una declaración ontológica, una forma de explicar el equilibrio del mundo desde la tierra misma.
En la cosmovisión mesoamericana, el maíz no era sólo alimento: era origen.
En el libro sagrado Popol Vuh se narra que los hombres fueron creados de maíz. El maíz simboliza fuerza, sostén, verticalidad; crece erguido, desafía el viento, apunta al cielo. Representa la estructura, la presencia visible, la columna que sostiene.
El frijol, en cambio, crece enredándose, abrazando, adaptándose. No compite por altura: se integra. Nutre desde lo discreto, desde lo esencial. Su fuerza no es vertical sino envolvente. No impone; complementa. No compite; completa.
Y aquí está la profundidad:
no se trata de superioridad, sino de interdependencia.
En la milpa —esa sabiduría agrícola ancestral— maíz y frijol no sobreviven igual separados. El frijol fija nitrógeno en la tierra, la enriquece, la prepara. El maíz sirve de guía y soporte. Juntos crean un sistema perfecto.
Separados, pierden potencia.
La frase entonces no define roles rígidos; revela un principio:
La vida florece en complementariedad, no en rivalidad.
El hombre sin la energía que nutre, acompaña y transforma, se vuelve rígido.
La mujer sin la estructura que sostiene y protege, puede agotarse en el dar.
Pero cuando maíz y frijol se reconocen, se honran y cooperan, la tierra produce abundancia.
Esta enseñanza ancestral nos confronta hoy, en tiempos dónde a veces confundimos igualdad con uniformidad. Igual no es idéntico. Igual es digno. Igual es valioso.
Diferente no es opuesto: es necesario.
Ser de maíz o de frijol no habla de género como etiqueta biológica, sino de energías que todos llevamos dentro.
Todos tenemos algo de raíz firme y algo de enredadera sensible. El verdadero equilibrio no está en negar una parte, sino en integrarlas.
Tal vez la sabiduría antigua nos susurra algo sencillo y profundo:
No fuimos creados para competir.
Fuimos sembrados para complementarnos.
"Porque cuando el maíz se eleva y el frijol abraza, la tierra —y el corazón— dan fruto".
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Creo en el Dios de Jesús y de María, el Dios de los bienaventurados, sencillos y sabios humildes como Abraham y Sara; Isaac y Rebeca; Jacob y Raquel. Y no el de los expertos racionalistas e ideologistas teólogos y entendidos escribas de todos los tiempos, El Mismo JesuCristo nunca los eligió ni como apostóles ni como discípulos. Ni antes ni ahora. Soy Venezolano, Maracucho/Maracaibero, Zuliano y Paraguanero, Falconiano; Soy Español, Gallego, Coruñés e Fillo da Morriña; HISPANOAMÉRICANO; exalumno marista y salesiano; amigo y hermano del mundo entero.
La Línea Editorial de este Rincón es la Veracidad y la Independencia imparcial.
viernes, 14 de noviembre de 2025
LIBRO "EN BRAZOS DEL AMADO": ANTOLOGÍA DE POEMAS MÍSTICOS por JALALUDDIN RUMI
ANTOLOGÍA DE POEMAS MÍSTICOS
Jalaluddin Rumi está justamente considerado como uno de los más importantes poetas de la historia, a la vez que el más grande místico sufí. Nacido en el siglo XIII en Persia, el llamado santo-poeta nos dejó una vida concebida como la "senda del amor", en la que su devoción por el "Amado" alcanzó su máxima expresión en unos poemas plenos de profunda belleza e inflamados, como su corazón, de un sentimiento capaz de transmitir al lector el perfume y la presencia de lo inefable. Declarado por los sufíes como "el Maestro de la Vía", fue el fundador de la orden de los Mavlevis, cuya ceremonia extática de la sama continúa hoy día provocando una profunda impresión en quienes la contemplan. Su obra poética fue muy abundante, destacando por un lado el Masnavi, constituido principalmente por una colección de consejos éticos y filosóficos destinados a los derviches, y por otra sus famosos poemas místicos.
Este libro presenta una selección de las poesías místicas más hermosas de Rumi, extractadas y traducidas por el autor de fuentes clásicas de total solvencia. Una obra que conmoverá a todo lector sensible al impacto estético que brota del encuentro sincero del ser humano con lo divino.
El sufí es aquel que recorre la senda del amor y de la devoción, dirigiéndose hacia lo Absolutamente Real. Cree que el conocimiento de lo Real sólo está al alcance del Hombre Perfecto y que el hombre imperfecto está impedido para alcanzarlo en razón a su propia imperfección. El sufí considera que el hombre “común”, con sus imperfecciones, sufre una enfermedad que hace que su percepción y su discernimiento sean constantemente erróneos. Por tanto, la gente ordinaria distorsiona su concepción de la Realidad, debido a su misma imperfección, e inconscientemente se extravía.
...
En realidad, cuando un ser humano ama a otro, ama fundamentalmente a Dios, y no lo sabe; o bien lo sabe. Sagrado es el amor, porque en él duerme la luz del Amor Divino.
En todo lo que puedas amar, amas el Sí que habita en ti; en todo amor, amas el Bien que reina en lo Alto.
Y es parte de la salvación de tu alma el que lo sepas; y que en todo amor tu corazón más profundo glorifique al Altísimo.
Allá afuera ente la puerta, allá me agrada estar solo, escuchar el canto de los pájaros a la luz del atardecer.
Me he perdido a mí mismo, ya no sé quien soy; porque sólo el Gran Uno llevo en mi pensamiento.
Sin embargo, tantas cosas hay, que son dignas de amor; Dios, a través de su imagen, ha vuelto mi corazón hacia el Uno.
El corazón está hecho de Verdad en su interior más profundo. En él canta el Bien Supremo en horas a Dios consagradas.
Que la Verdad sea la fragancia del alma, y no la agitación del mundo. Tu corazón es la firme fortaleza; en él moran Luz y Amor.
Oración sufí
Mi alma con la tuya se ha mezclado,
como el agua con el vino.
¿Y quién puede separar el vino del agua?
¿Y quién, a ti y a mí, de nuestra unión?
Tú te has convertido en mi yo más grande:
ya no quiero volver a ser el pequeño yo.
Tú has aceptado mi esencia:
¿no debería yo aceptar la tuya?
Me has aceptado para la eternidad
de manera que yo no pueda negarte por la eternidad.
Me ha penetrado tu aroma de amor,
y ya no abandona mi médula.
Como una flauta permanezco entre tus labios,
y como un laúd sobre tu regazo.
¡Sopla! Y yo emitiré suspiros.
¡Toca! Y yo vibraré en llantos.
Son tan dulces mis suspiros y mis llantos
que al mundo yo parezco exultar.
Y tú yaces en el fondo de mi alma
con el reflejo de tu cielo.
Jaladdin Rumi
Místico sufi
Persia (1207-1273)
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Rumi- Poemas místicos.pdf by Álex Dunegase
La Esencia de Rumi by rafaelgst22057
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viernes, 17 de octubre de 2025
LIBRO "LA FILOSOFÍA PERENNE" por ALDOUS HUXLEY 🔥
LA FILOSOFÍA PERENNE🔥
Históricamente, esta filosofía refleja las perspectivas de Platón y Aristóteles. La búsqueda de la verdad, que constituye la base de esta filosofía, se puede apreciar en las obras de estos famosos filósofos. Otros filósofos históricos que influyeron significativamente en el desarrollo del perennialismo fueron Santo Tomás de Aquino (1224-1274) y Jacques Maritain (1882-1973). Ambos filósofos representaron la postura perennialista eclesiástica. Por ello, argumentaron que la inteligencia por sí sola no era suficiente para comprender el universo, sino que también era fundamental tener una relación con un ser espiritual superior.Los filósofos laicos (seculares) que han influido en el perennialismo incluyen: Robert M. Hutchins, Mortimer Adler y Allan Bloom.
Los teólogos y filósofos de la religión han entendido la filosofía perenne de dos formas distintas. Entre los escritores católicos romanos, aquellos influenciados en particular por las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino, a menudo la asocian con la herencia clásica de la antigua Grecia y Roma y se refiere a las creencias sobre Dios, la naturaleza humana, la virtud y el conocimiento que los padres de la iglesia y los escolásticos medievales compartieron con filósofos precristianos, en particular Platón y Aristóteles. La expresión latina philosophia perennis, "filosofía perenne", probablemente fue empleada por primera vez en este sentido por Agostino Steucho (1496-1549), un bibliotecario del Vaticano, y fue difundida a principios del siglo XVIII por el filósofo Leibniz. Más recientemente, la frase se ha utilizado de una manera más amplia para referirse a la idea de que todas las grandes tradiciones religiosas del mundo son expresiones de una verdad única y salvadora. Al comparar esta verdad con una flor perenne, un perennialista afirma que hay una Fuente divina de toda sabiduría, que ha florecido repetidamente a lo largo de la historia. Las principales religiones, incluido el hinduismo, el budismo, el taoísmo, el judaísmo, el cristianismo y el islam, son formas diferentes de esa sabiduría y, a veces, se las denomina caminos que conducen a la misma cumbre o dialectos de un idioma común.
La filosofía perenne puede clasificarse como una especie de pluralismo, aunque con dos salvedades importantes. Primero, a diferencia de muchos pluralistas, los filósofos perennes no creen que todas las tradiciones religiosas sean válidas, pero distinguen entre las religiones verdaderas y sus falsificaciones humanas o demoníacas y, dentro de las tradiciones auténticas, entre las formas ortodoxas y heréticas. Algunos caminos llegan hasta la cima, pero otros giran sin rumbo fijo alrededor de la base de la montaña o conducen hacia el desierto. En segundo lugar, donde el pluralismo ve la religión como resultado de los esfuerzos humanos por alcanzar una Realidad divina que nunca puede ser conocida como es en sí misma, el perennialismo enseña que las religiones verdaderas u ortodoxas del mundo son directamente reveladas por esa Realidad, cada una de las cuales corresponde a un arquetipo dentro de la mente divina. Las tradiciones reveladas no comunican verdades meramente parciales o complementarias, que luego el sincretista debe combinar para lograr una comprensión completa. Más bien, cada una es completamente cierta en el sentido de que proporciona a sus adherentes todo lo que necesitan para alcanzar el estado humano más elevado o más completo, un estado en el que podrán confirmar la verdad experimentalmente a través de su participación en la naturaleza misma de Dios.
La filosofía perenne de Santo Tomás, es la corriente de pensamiento que integra la filosofía de Aristóteles con la revelación cristiana, dando lugar al tomismo. Esta perspectiva, desarrollada por Santo Tomás de Aquino, sostiene la existencia de verdades universales y permanentes sobre la Realidad divina.
Conceptos clave:
Unión de fe y razón:
Santo Tomás buscó conciliar la filosofía con la fe cristiana, utilizando la razón para profundizar en los misterios de la fe y la revelación como fuente de conocimiento.
Armonía aristotélica y tomista:
Se integra la metafísica de Aristóteles, especialmente su concepto de ser, con las verdades cristianas, como el creacionismo.
Concepción del hombre:
El ser humano se entiende como una unidad de cuerpo y alma, donde el alma racional, inmortal, es creada por Dios.
Dios como Ser Supremo:
Dios es concebido como el ser necesario, acto puro, perfecto e inmutable, cuya actividad es pensarse a sí mismo y a sus criaturas.
Ley Natural:
Los seres racionales, como el hombre, tienen una inclinación natural a la semejanza divina y a descubrir la ley natural a través de la inteligencia.
Críticas principales desde una perspectiva católica:
Relativismo y sincretismo:
La filosofía perenne, al buscar un núcleo común en todas las religiones, puede ser vista como un intento de relativizar las verdades específicas y únicas del catolicismo, promoviendo una mezcla de creencias (sincretismo) en lugar de una adhesión plena a la fe revelada.
Pérdida de la exclusividad de Cristo:
Desde el catolicismo, la verdad última se encuentra en Jesucristo. La filosofía perenne, al sugerir que diferentes vías espirituales pueden llevar a la misma iluminación o unión con lo divino, puede implicar que la salvación es accesible por otros caminos fuera de Cristo, algo incompatible con la doctrina católica.
Desvalorización de la revelación:
Al basarse en la idea de una sabiduría universal y atemporal que se manifiesta en todas las culturas, se corre el riesgo de disminuir el valor único y trascendente de la revelación divina, que el catolicismo considera fundamental para el conocimiento de Dios.
Ambigüedad entre lo natural y lo sobrenatural:
Aunque algunos perennistas católicos argumentan que se puede conciliar la razón con la fe, se critica que esta filosofía puede llevar a una confusión o mezcla indebida entre el conocimiento natural (alcanzado por la razón, como en el tomismo) y la gracia sobrenatural, que es esencial en la teología católica.
Como recordaba en 1946 Frank Sheed en los primeros párrafos de su Teología y Sensatez, la única forma verdadera de mirar el universo es ver lo que la Iglesia de Cristo ve, ver lo que ha visto siempre, lo que realmente existe y es. La lectura de santo Tomás guió a Senior a través de su particular bosque oscuro hacia su conversión al catolicismo y vertebró también como una firme costura todo su pensamiento posterior. No es una casualidad que La muerte de la cultura cristiana, con su incómoda valentía, su brillantez y su lírica, con todo su crudo realismo y su belleza, describa minuciosamente el avance imparable de la Herejía Perenne, –una expresión con la que se refiere a todas las doctrinas anti realistas, desde las sofocantes filosofías orientales hasta el moderno idealismo–, y el progresivo arrinconamiento de la Filosofía Perenne deudora de Aristóteles y santo Tomás.
“Sal a la luz de las cosas”, repetía Senior con frecuencia, citando un verso de Las mesas volcadas de Wordsworth, para advertir a sus alumnos contra todos los falsos credos que ponen en duda la existencia de una realidad objetiva y la capacidad del hombre para conocerla.
INTRODUCCIÓN
Philosophia Perennis: la frase fue acuñada por Leibniz; pero la cosa —la metafísica que reconoce una divina Realidad en el mundo de las cosas, vidas y mentes; la psicología que encuentra en el alma algo similar a la divina Realidad, o aun idéntico a ella; la ética que pone la última finalidad del hombre en el conocimiento de la Base inmanente y trascendente de todo el ser—, la cosa es inmemorial y universal. Pueden hallarse rudimentos de la Filosofía Perenne en las tradiciones de los pueblos primitivos en todas las regiones del mundo, y en sus formas plenamente desarrolladas tiene su lugar en cada una de las religiones superiores.
Una versión de este Máximo Factor Común en todas las precedentes y subsiguientes teologías fue por primera vez escrita hace más de veinticinco siglos, y desde entonces el inagotable tema ha sido tratado una y otra vez desde el punto de vista de cada una de las tradiciones religiosas y en todos los principales idiomas de Asia y Europa.
En las páginas que siguen he reunido cierto número de estos escritos, escogidos principalmente por su importancia — porque ilustraban eficazmente algún punto determinado en el sistema general de la Filosofía Perenne—, pero también por su intrínseca belleza y memorabilidad. Estas selecciones están dispuestas bajo diversos títulos e incrustadas, por decirlo así, en un comentario mío destinado a ilustrar y relacionar, a desarrollar y elucidar.
El conocimiento es una función del ser. Cuando hay un cambio en el ser del conociente, hay un cambio correspondiente en la naturaleza y la cuantía del conocimiento. Por ejemplo, el ser de un niño se transforma por el desarrollo y la educación en el de un hombre; entre los resultados de esta transformación está un cambio revolucionario en el modo de conocer y la cuantía y carácter de las cosas conocidas. A medida que el individuo crece, su conocimiento toma una forma más conceptual y sistemática, y su contenido factual, utilitario es enormemente aumentado. Pero estas ganancias se hallan contrapesadas por cierto deterioro en la calidad de la aprehensión inmediata, por un embotamiento y pérdida de poder intuitivo. O consideremos el cambio en su ser que el científico puede inducir mecánicamente por medio de sus instrumentos.
Equipado con un espectroscopio y un reflector de sesenta pulgadas, un astrónomo llega a ser, en lo que concierne a su vista, una criatura sobrehumana; y, como naturalmente hay que suponer, el conocimiento que posee esta sobrehumana criatura es muy diferente, así en cantidad como en calidad, del que pueda adquirir un simple contemplador de estrellas con sus ojos meramente humanos. Y no son los cambios fisiológicos o intelectuales del ser del conociente los únicos que afectan su conocimiento. Lo que sabemos depende también de lo que, como seres morales, decidimos hacer de nosotros mismos.
"La práctica —según las palabras de William James— puede cambiar nuestro horizonte teórico, y puede hacerlo de doble modo: puede conducir a nuevos mundos y suscitar nuevos poderes.
El conocimiento que nunca lograríamos permaneciendo lo que somos, acaso sea alcanzable en consecuencias de poderes más altos y una vida superior, que podamos lograr moralmente." Diciéndolo más sucintamente: "Bienaventurados los puros de corazón, porque verán a Dios. "Y la misma idea expresó el poeta sufí Jalal-uddin Rumí, en términos de metáfora científica: "El astrolabio de los misterios de Dios es el amor".
Este libro, lo repito, es una antología de la Filosofía Perenne; pero, con ser una antología, contiene pocas citas de escritos de literatos profesionales, y con ilustrar una filosofía, apenas nada de los filósofos de profesión. Ello obedece a una razón muy simple. La Filosofía Perenne se ocupa principalmente de la Realidad una, divina, inherente al múltiple mundo de las cosas, vidas y mentes. Pero la naturaleza de esta Realidades tal que no puede ser directa e inmediatamente aprehendida sino por aquellos que han decidido cumplir ciertas condiciones haciéndose amantes, puros de corazón y pobres de espíritu.
¿Por qué ha de ser así? No lo sabemos. Es uno de esos hechos que hay que aceptar, gústenos o no, y por implausibles e improbables que parezcan. Nada, en nuestra experiencia diaria, nos da razón alguna para suponer que el agua está compuesta de hidrógeno y oxígeno; sin embargo, cuando sometemos el agua a cierto tratamiento harto duro, se pone de manifiesto el carácter de sus elementos constitutivos. Análogamente, nada, en nuestra experiencia diaria, nos da mucha razón de suponer que la mente del hombre sensual medio posea, como uno de sus ingredientes, algo que se parezca a la Realidad inherente al múltiple mundo o que sea idéntico a ella; sin embargo, cuando esa mente es sometida a cierto tratamiento harto duro, el divino elemento, de que, por lo menos en parte, está compuesta, se pone de manifiesto, no sólo para la mente misma sino también, por su reflejo en la conducta externa, para otras mentes.
Sólo haciendo experimentos físicos podemos descubrir la naturaleza íntima de la materia y su poder latente. Y sólo haciendo experimentos psicológicos y morales podemos descubrir la naturaleza íntima del espíritu y su poder latente. En las circunstancias ordinarias de la vida sensual media, este poder continúa latente, no manifestado. Si queremos despertarlo, debemos cumplir ciertas condiciones y obedecer a ciertas reglas, cuya validez ha demostrado empíricamente la experiencia. Respecto a pocos filósofos y literatos profesionales existen pruebas de que hicieran mucho por cumplir las condiciones necesarias para el conocimiento espiritual directo. Cuando poetas o metafísicas hablan del tema de la Filosofía Perenne, lo hacen generalmente de segunda mano. Pero en cada época ha habido algunos hombres y mujeres que han querido cumplir las únicas condiciones bajo las cuales, según lo demuestra la cruda experiencia, puede lograrse tal conocimiento inmediato, y algunos de ellos han dejado noticia de la Realidad que así pudieron aprehender, y han intentado relacionar en un amplio sistema de pensamiento los datos de esta experiencia con los datos de sus demás experiencias.
A tales expositores, de primera mano, de la Filosofía Perenne, los que los conocieron les daban generalmente el nombre de "santo" o "profeta", "sabio" o "iluminado". Y principalmente a éstos, porque hay buena razón para suponer que sabían de lo que hablaban, y no a los filósofos o literatos profesionales, he acudido para mis selecciones.
En la India se reconocen dos clases de sagrada escritura: los Shruti, o escritos inspirados, autorizados de por sí, pues son resultado de una penetración inmediata en la Realidad última; y los Smriti que se fundan en los Shruti y sacan de ellos su autoridad.
"El Shruti —dice Shankara— se basa en la percepción directa. El Smriti hace un papel análogo a la inducción, pues, como la inducción, saca su autoridad de una autoridad distinta de sí mismo".
Este libro, pues, es una antología, con comentarios explicativos, de pasajes sacados de los Shruti y los Smriti de muchas épocas y lugares. Infortunadamente, la familiaridad con los escritos tradicionalmente consagrados tiende a criar, no precisamente desdén, sino algo que, para los efectos prácticos es casi tan malo: a saber, una especie de reverente insensibilidad, un estupor del espíritu, una interna sordera al significado de las palabras sagradas.
Por esta razón, al elegir el material para ilustrar las doctrinas de la Filosofía Perenne, según se formularon en Occidente, he acudido casi siempre a otras fuentes que la Biblia. Este Smriti cristiano al cual he recurrido se basa en el Shruti de los libros canónicos pero tiene la gran ventaja de ser menos conocido y por tanto, más vivido y, por así decirlo, más audible que ellos. Además, gran parte de este Smriti es obra de hombres y mujeres genuinamente santos que se pusieron en condiciones para saber de primera mano de lo que hablan.
En consecuencia puede considerárselo como una forma de inspirado Shruti, válido de por sí, y ello en grado mucho más alto que muchos de los escritos actualmente comprendidos en el canon bíblico. En los últimos años se han hecho varias tentativas para elaborar un sistema de teología empírica. Pero, pese a la sutileza y fuerza intelectual de escritores como Sorley, Omán y Tennant, el esfuerzo sólo ha logrado un éxito parcial. Aun en manos de sus más aptos expositores la teología empírica no es especialmente convincente.
La razón, a mi parecer, debe buscarse en el hecho de que los teólogos empíricos han limitado su atención más o menos exclusivamente a la experiencia de aquellos que los teólogos de una escuela más vieja llamaban "los no regenerados" —esto es, la experiencia de personas que no avanzaron mucho en el cumplimiento de las condiciones necesarias para el conocimiento espiritual. Pero es un hecho, confirmado y reconfirmado durante dos o tres mil años de historia religiosa, que la Realidad última no es clara e inmediatamente aprehendida sino por aquellos que se hicieron amantes, puros de corazón y pobres de espíritu.
Siendo ello así, apenas puede sorprendemos que una teología basada en la teología de personas correctas, ordinarias, no regeneradas sea tan poco convincente. Esta especie de teología empírica está precisamente en el mismo pie que una astronomía empírica basada en la experiencia de observadores a simple vista. Con ¡os ojos solos, puede descubrirse una pequeña, débil mancha en la constelación de Orión, y no cabe duda de que podría basarse una imponente teoría cosmológica en la observación de esta mancha. Pero tales teorizaciones, por ingeniosas que fuesen, nunca podrían decimos tanto sobre las nebulosas galácticas y extragalácticas como el trato directo mediante un buen telescopio, la cámara fotográfica y el espectroscopio.
Análogamente, ninguna teorización acerca de los indicios que puedan oscuramente atisbarse dentro de la experiencia ordinaria, no regenerada, del múltiple mundo puede decirnos tanto acerca de la divina Realidad como puede aprehender directamente un espíritu en estado de desprendimiento, caridad y humildad.
La ciencia natural es empírica; pero no se limita a la experiencia de seres humanos en su condición meramente humana, no modificada. Dios solo sabe por qué los teólogos empíricos han de creerse obligados a someterse a tal desventaja.
Y, por supuesto, mientras confinen la experiencia empírica en estos límites tan excesivamente humanos, están condenados a la perpetua frustración de sus mejores esfuerzos. Del material que ha querido considerar, ninguna mente, aun brillantemente dotada, puede inferir más que un juego de posibilidades o, en el mejor caso de especiosas probabilidades.
La certidumbre, válida de por sí, de la visión directa no puede, por la naturaleza misma de las cosas, ser conseguida sino por aquellos que están equipados con "el astrolabio de los misterios de Dios".
Si uno mismo no es sabio ni santo, lo mejor que puede hacer, en el campo de la metafísica, es estudiar las obras de los que lo fueron y que, por haber modificado su modo de ser meramente humanó, fueron capaces de una clase y una cuantía de conocimiento más que meramente humanas.
"La filosofía sirve para detestar la estupidez,
hace de la estupidez una cosa vergonzosa.
Solo tiene este uso: denunciar la bajeza del pensamiento
bajo todas sus formas, la filosofía no es sierva de nadie".
¿Qué es la estupidez?
No es simplemente falta de inteligencia, sino una renuncia al ejercicio del pensamiento. La estupidez aparece cuando el individuo deja de cuestionar, repite sin comprender y actúa por inercia, comodidad o miedo. No se manifiesta en el desconocimiento, sino en la cerrazón: en la incapacidad de revisar creencias, de escuchar razones o de reconocer límites propios. Por eso, la estupidez puede convivir con el saber técnico, el éxito social o el poder político. Más que un defecto individual, es una disposición peligrosa que se fortalece en contextos de obediencia, dogmatismo y simplificación extrema, donde pensar resulta incómodo y dudar se vuelve una amenaza.
VER+:
📘 LIBRO "LA MUERTE DE LA CULTURA CRISTIANA"
Aldous Huxley - La Filosofia Perenne.doc by CarlosEse67
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jueves, 18 de septiembre de 2025
18º ANIVERSARIO (BODAS DE CUARZO) DE EL RINCÓN DE YANKA: 💎 SIMBOLIZA LA SABIDURÍA, LA TEMPLANZA Y LA MADUREZ
Se acercó a mí uno de los siete ángeles
de las siete copas llenas de las siete últimas plagas
y me dijo: «Ven, que te voy a mostrar a la novia,
a la esposa del Cordero».
Me trasladó en espíritu a un cerro muy grande
y elevado y me mostró la Ciudad Santa de Jerusalén,
que bajaba del cielo de junto a Dios,
envuelta en la gloria de Dios.
Resplandecía como piedra muy preciosa,
con el color del jaspe cristalino.
Ap 21, 9-11
💎
La amatista o el jaspe ES UN CUARZO, es una de las gemas más populares y antiguas del mundo, que se remontan a la antigua Grecia. Su nombre proviene de la palabra griega «amethystos», que significa sobrio, y hace referencia a la idea de mantener una mentalidad sólida y equilibrada.
Las amatistas se forman en geodas o rocas huecas por la cristalización del agua saturada de minerales, gases y material volcánico. Son duraderas y tienen una dureza de siete en la escala de Mohs, lo que las hace ideales para joyería. La piedra puede tallarse en una gran variedad de formas y se encuentra en varios países. El precio de la piedra depende del tamaño y profundidad del color.
La amatista es un tipo de cuarzo con un rico simbolismo, representando principalmente la sabiduría, la espiritualidad, la protección, LA TEMPLANZA y la paz. Se la considera una piedra que calma la mente, alivia el estrés y la ansiedad, mejora la claridad mental y la intuición, y protege contra energías negativas.
Los primeros cristianos asociaron la amatista con Cristo debido a su capacidad para apaciguar las pasiones físicas y su simbolismo de pureza de espíritu. Se creía que sus tonalidades violáceas y rojizas representaban el sufrimiento y las heridas de Cristo.
CARTA SIN SELLO
A ISRAEL STERN
Sobre la piedra solitaria
De la Ley, fundaste un reino.
Escondiste el rostro
Como Moisés escondió el suyo,
Y oraste cara al muro
Con la disposición antigua
Del que ora.
Sólo hay un error
Que extingue tu mansión.
El mismo que acecha
mi casa
Y despoja al día
Su seguridad de durar.
Es el que inspira
la mano audaz
De los
que llegan
Desafiando
tu fortaleza
Y mi choza.
Una misma tormenta
Roe nuestros huesos.
Es la incontrolable nada
Que no supiste prever.
Esa nada que extiende el
aire
También es un peligro.
Si de ti me olvidaré
Enséñanos a orar bajo la luz
Ofrécenos tus labios
para alcanzar la gracia
Déjanos descansar en la tentación
de tus colinas.
No nos liberes jamás de esta pasión
de tus albas.
Y enséñanos a caminar tu paz
por angostas callejuelas de clavarios
por plateados domos orientales,
por la Cruz que de Gólgota refleja.
Acógenos al amor de tu Templo
tejido con lamentaciones,
peregrinos, humillamos la sandalia
ante el clamor de la piedras.
Inmersa estás en un tiempo
sin consuelo, doncella mandarina
del olivo y la azucena.
Jerusalem. Danos el pan de tus olivos
presente en la paz que ilumina
nuestra comunión de sangres.
Nosotros, los huérfanos de luz.
Oramos por tus resplandores.
Umbilical cordón del mundo.
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viernes, 5 de septiembre de 2025
IN MEMORIAM por ANTONIO PÉREZ ESTÉVEZ, FILÓSOFO Y CATEDRÁTICO GALAICO-VENEZOLANO
ANTONIO PÉREZ ESTÉVEZ
(1933-2008)
El día 1 de junio de 2008 falleció el profesor Antonio Pérez Estévez en su residencia de El Escorial (Madrid). La triste noticia de la pérdida de un pensador de la talla de Antonio se ve compensada por su legado filosófico y humano del que siempre podremos extraer conocimientos, argumentos y, sobre todo, la vitalidad suficiente para no cejar en el empeño de seguir en nuestra tarea filosófica. Antonio, modelo de filósofo emprendedor, entusiasta y comprometido, supo descubrir vetas de sabiduría tanto en la filosofía medieval como en la contemporánea, tratando figuras y pensamientos tan diversos como los de Duns Scoto, Nietzsche o John Rawls.
Gallego de nacimiento y venezolano de adopción, su vida docente y de investigación estuvo asocia da durante cuarenta años a la Universidad del Zulia situada en la cálida ciudad de Maracaibo, en Venezuela. Egresó, como dicen por esas tierras, es decir, se licenció en Filosofía en dicha Universidad a la que regresó como profesor y doctor en Filosofía después de haber obtenido su doctorado en la Universidad de Lovaina.
Introdujo el Plan de Estudios para Egresados en la Escuela de Filosofía de la Universidad del Zulia de la que fue director durante el período 1975-1978. Dicho plan sigue aún vigente. Este plan ha permitido la entrada en la Escuela de alumnos procedentes de otras profesiones y trabajos lo que ha facilitado la creación de una comunidad universitaria plural, tanto desde el punto de vista de las ideas como de las diversas experiencias vitales. Yo misma, como profesora invitada de la Escuela en tres ocasiones, pude com probar a la hora de impartir mis cursos, la riqueza humana y académica que supone el tener en las aulas a alumnos procedentes de otros ámbitos científicos, desde el Derecho hasta la Ingeniería.
El profesor Pérez Estévez ha propulsado la investigación filosófica a través del Centro de Estudios Filosóficos que lleva el nombre del fundador de la Escuela de Filosofía, el Dr. Adolfo García Díaz. Ostentó además el cargo de Director de la prestigiosa «Revista de Filosofía» desde 1986 hasta 1993.
El rector de la Universidad Católica «Cecilia Acosta» de Maracaibo, Ángel Lombardi, afirmó que, tanto para la Universidad del Zulia como para la suya, Antonio fue un profesor emblemático por el impulso que le dio a la Escuela de Filosofía y al pensamiento intelectual universitario del estado Zulia.
Maestro de futuros profesores e investigadores de las dos universidades citadas, se le concedió, por parte de la Universidad Católica «Cecilia Acosta» el título de profesor Honorario, en reconocimiento de sus méritos, entre los que está la creación del postgrado en Filosofía, especialidad de Pensamiento Cristiano Medieval.
Los trabajos de investigación del profesor Pérez Estévez corren paralelos a sus intereses vitales y a sus inquietudes humanas, sociales, morales y políticas.
Abarcó un amplio campo de asuntos y autores filosóficos que impresionan a todos los que se acercan a sus escritos. Su profundo conocimiento de diversas épocas de la Filosofía, le llevó a escribir sobre una variada temática que, sin embargo, se ceñía a unas cuantas e importantes cuestiones. Así el tema de la materia y el individuo produjo abundantes estudios entre los que podemos señalar los siguientes artículos: «La materia en Enrique de Gante», «La materia en Averroes», «La materia prima como fundamento de la naturaleza en la Edad Media». «Materia y generación en Tomás de Aquino», «El individuo en Duns Escoto» y su excelente libro: «La Materia. De Avicena a la Escuela Franciscana», publicado en 1998 por la Universidad del Zulia.
Los problemas relacionados con los derechos humanos, la moral, le ley y el diálogo intercultural, los encontramos en artículos como: «Posición original y derechos humanos en John Rawls», »El diálogo como lectura en Gadamer», «Diálogo y alteridad (presupuestos para un verdadero diálogo)» y «hermenéutica, diálogo y alteridad».
Pero lo que verdaderamente apasionó a Antonio fue el intentar hacer de la Filosofía algo vivo y así sobrepasar la razón fría y dominadora que aísla al individuo y todo lo vital. Para él, sólo la vida y la razón aunadas podrán engendrar un hombre y una cultura nuevos.
El resultado de estas reflexiones se concretiza en escritos como: «Marcuse y el pensamiento negativo», «El concepto de materia al comienzo de la Escuela Franciscana de París», «La noción de Vida en Nietzsche», «Feminidad y Racionalidad en el Pensamiento griego y en el Pensamiento Racional Medieval» y »El individuo y la feminidad».
Su pensamiento es reconocido internacionalmente junto con el nombre de Venezuela en países como Alemania, Estados Unidos, Brasil y en otros muchos. En su nativa España colaboró con la Revista Española de Filosofía Medieval, editada por La Sociedad de Filosofía Medieval (SOFIME) de la que fue miembro. Entre sus últimas colaboraciones en esta Revista, podemos citar: «Libertad en Duns Escoto», «De Duns Escoto a Martín Heidegger» y »La materia primera de Enrique de Gante vista por Duns Escoto».
Antonio Pérez Estévez poseía una fuerte personalidad, llena a la vez de vitalidad y de entusiasmo por la labor filosófica que llevaba a cabo. Profesor de una gran honestidad intelectual, supo unir el rigor de la investigación filosófica con una gran afabilidad y hospitalidad.
Su piso de Maracaibo, cerca del Lago que lleva el mismo nombre, fue lugar de encuentros de intelectuales. Fui testigo e invitada de uno de ellos, al calor de la acogida y de la buena mesa que tan bien proveía su esposa. De este modo y al igual que en el Banquete platónico, las ideas y las palabras se sucedían con rapidez.
Aunque mi trato con el profesor Pérez Estévez fue esporádico, no dejó de ser intenso y tengo que agradecerle su sencillez y el respeto que siempre manifestó hacia mis investigaciones, a pesar de la dis tancia académica que nos separaba. Me ayudó con sus consejos y su presencia en Congresos Mundiales de Filosofía como el de Boston en 1998 y el de Estambul en 2003. Compartí con él una sesión de Comunicaciones sobre el tema de la libertad (en Duns Escoto y en san Agustín) en el Congreso que la Uni versidad de Córdoba y la Sociedad de Filosofía Medieval organizaron en diciembre de 2004. Fue para mí uno de los encuentros más fructíferos y dialogantes en los que he podido participar.
Su legado filosófico servirá como punto de partida para seguir pensando y buscando nuevas vías en cuestiones tan cruciales como las del hombre, la moral, la ley y el diálogo con el otro. Del mismo modo, estoy segura de ello, no faltarán investigadores que buceen en su pensamiento y en sus ideas.
La Universidad Católica de Maracaibo, «Cecilio Acosta», como homenaje póstumo, tiene proyectado un libro para el segundo aniversario de su muerte en el que se recogerán muchos de sus artículos.
Descanse en paz y se lleve el agradecimiento de todos los que nos hemos beneficiado de su temple y de su tarea filosófica.
VER+:
Con la finalidad de entender la posición del Profesor Pérez-Estévez con respecto a la alteridad, es necesario entender cuál es el diagnostico que hace a la práctica de la alteridad en la modernidad; y, la vía de transición histórica filosófica que ha engendrado esta praxis.
Afirma, que en la modernidad, el sujeto objetiva lo alternante, y desde esta objetivación funda su relación con el entorno. Debido a esto, la naturaleza queda reducida a cosa a “algo”, de lo cual no sólo se tiene el derecho sino el deber de aprovechar con la finalidad de extraer algún beneficio, así signifique esto un detrimento en el ecosistema natural.
Bajo el planteamiento de la modernidad, no sólo la naturaleza es cosificada y explotada; el otro ser humano, el alternante, sufre también el proceso de cosificación, es igualmente es explotable, aprovechable. Así, las relaciones sociales quedan reducidas a la alternancia de aprovechamientos; se valorizan todo lo intercambiables: materia prima, poder de consumo, bienes y servicios; hasta las virtudes y sentimientos sufren una suerte de valoración que entran en el mercado de la demanda y oferta. En tal sentido, la crisis de la modernidad se convierte en una crisis de los valores; indudablemente en una crisis ética.
Ahora bien, Pérez- Estévez afirma que la concepción de alteridad dentro de la modernidad se comprende tras el estudio de los planteamientos filosóficos que la originaron. Por tanto, inicia un análisis del planteamiento filosófico del mundo romano, específicamente de Platón.
El pensamiento platónico, sin lugar a dudas, ejerció y ejerce influencia sobre el pensamiento del mundo occidental. Influyó marcadamente en las doctrinas de la Iglesia Católica, al ser San Agustín de Hipona uno de los intérpretes más representativos de Platón en el siglo I. San Agustín define la búsqueda de la verdad como escape de lo múltiple, de la diferencia y del otro. Afirma en “Vera Religione” que la verdad se encuentra dentro de cada persona, en la capacidad de comunión íntima con Dios, y no en lo múltiple, en la diferencia, en el otro.
Esa verdad absoluta, inmutable, divinizada, capital de unos pocos; es una verdad alejada de la cotidianidad humana, que no tolera disidencia; y por tal, se hace violenta; violencia que genera la barbarie que tanto desprecia.
Bajo esta influencia platónica-agustiniana la verdad, la verdad occidental, europea, deja de ser característica del conocimiento humano y adquiere estatus ontológico divino. Bajo esta premisa, el Profesor Pérez-Estévez (2008:67) señala que la cultura occidental deja de tener el mismo valor, derechos y deberes de otras culturas, pasando a ser una cultura de verdades absolutas; por tanto, la cultura que según sus defensores es superior, y todo lo diferente a ella no sólo es extraña: es bárbara.
La concepción de la tradición filosófica, distingue entre el “hombre escogido” del hombre común, al afirmar que el “el hombre escogido” que respondiendo a su “sustancia divina” posee en sí un alma encarnada que fue capaz de percibir la verdad con mayor claridad que el hombre común; discrimina a la generalidad humana, sobrevalorando la opinión emitida por unos pocos. Esta evidente discriminación, hace de la verdad el capital de unos pocos y refleja la incapacidad de los muchos de poder acceder a ella. Esto, abre las puertas de la discriminación social; pues, al ser la verdad capital de algunos seres especiales, la generalidad no posee los mismos derechos que los dueños de la verdad. De esta forma, al estratificar al hombre, se limita el derecho que la mayoría poseen en el proceso del diálogo... Así, el otro, el extraño, el no poseedor de la verdad, es obstáculo que habita en el mundo sensible y este sólo es capaz de ver sombras y reflejos perecederos y corruptos. Desde este punto de vista, es lícita la imposición de la verdad de los pocos escogidos a los muchos.
De igual manera, el Profesor Pérez- Estévez destaca que el cristianismo es la religión paradigmática de occidente, la cual se diferencia de otras posturas filosófica religiosas como el Mahometismo, el Hinduismo y el Budismo, porque el Cristianismo supone contener la verdad mientras las otras basan sus principios en actos jurídicos que aconsejan las actitudes de comportamiento más idóneos para conducir la vida.
Siguiendo la tradición platónica-agustiniana en el periodo medieval las religiones se impusieron a través del empleo de la coacción, violencia que generó crisis de legitimidad de todas las instituciones que conforman los Estados; a su vez, estas crisis generaron transformaciones dando paso a la modernidad. Y, la modernidad, también ha estado caracterizada por el absolutismo de la verdad. No es de extrañar que el siglo XX haya sido uno de los siglos más violentos de la historia, un siglo caracterizado por las guerras, polaridad mundial, regímenes totalitarios, que en nombre de la verdad sangraron al hermano y al extraño.
Cuando la verdad se eleva al mundo inteligible, deja de ser capital humano, deja de pertenecer al ámbito de la existencia humana para convertirse en divinidad inalcanzable; a la cual el hombre no sólo le debe respeto y anhelo, sino también, veneración y sumisión. Sumisión que exige todos los sacrificios, morir y matar son lícitos con la finalidad de proteger a la verdad de las aspiraciones del otro, del extraño, del ajeno; a decir de los griegos: el bárbaro.
Según el análisis del Profesor Pérez-Estévez se suma; en la modernidad se deshumaniza la verdad, se diviniza, se hace inaccesible para el común; además que le resta al diálogo las características propias de un diálogo constructivo. Por tanto, proponen que es necesario un proceso dialéctico donde los involucrados estén conscientes de sus derechos y deberes sociales, del reconocimiento del otro como distinto pero con iguales derechos; así, poseer y poner en prácticas las suficientes virtudes que permitan la manifestación de las realidades de alter.
El diálogo necesario es un diálogo de encuentro que permita determinar el común camino a seguir. Esto se propone con la finalidad de contrarrestar las consecuencias sociales derivadas de un monólogo cerrado, sin alteridad, de los hombres elegidos para sí mismos, que produce verdades divinas… El diálogo del reconocimiento del otro, es el diálogo de uso para el bien común de los hombres sobre la tierra; diálogo abierto, cónsono con la dignidad humana. Diálogo intercultural, a decir de Pérez-Estévez.
Tal vez, por lo expuesto anteriormente, en la actualidad no pocos pensadores, como el Profesor Pérez-Estévez, se muestran altamente críticos a las concepciones occidentales sobre diálogo, alteridad y verdad. De esta forma, destacan la necesidad del reconocimiento del otro, de la virtud de la escucha, de la alteridad en el proceso dialógico; de la necesidad de la puesta en práctica de la humildad en el diálogo intercultural, para así determinar las realidades tras el encuentro de las diversas subjetividades.
El diálogo existencial, es para el Profesor Pérez-Estévez la alternativa cónsona con la dignidad humana al fenómeno de monólogos alternados evidenciado en la praxis social de la modernidad. El diálogo existencial parte del hecho de que los entes no son sustancias sino existencia; de que la fenomenología deriva del requisito único de la existencia. De esta forma, queda invalidada la postura que afirma una distinción humana por origen; así, el hombre se encuentra con el otro entre iguales y no entre escogidos y segregados. La concepción del diálogo existencia para el Profesor Pérez-Estévez se evidencia cuando afirma (Pérez-Estévez: 2008):
“El dialogante lógico socrático platónico se fundamentaba en el poder racional-discursivo predominantemente de un sujeto y tenía como finalidad u objetivo alcanzar o bien la naturaleza de las cosas por medio de la definición o bien la verdad absoluta encerrada en el mundo inteligible de las ideas. El diálogo existencial por el contrario, se fundamenta en el diálogo real y efectivo de dos o más sujetos y tiene como finalidad u objetivo la interrelación, la comprensión y la realización de los sujetos que dialogan”.
Para la dialéctica existencial, basada en el reconocimiento y validación del alter, el diálogo es el medio que permite el encuentro social, en el cual el instrumento de comunicación es el lenguaje hablado y corpóreo de los interlocutores; el cual se da en un tiempo y espacio determinado. En el diálogo, el proceso permite la expresión de los pensamientos y sentimientos de los diversos Yo involucrados. En la concepción de diálogo que se opone a la concepción de la praxis moderna, la multiplicidad de personas, de opiniones, son necesarias para que después del proceso de argumentación alterna se logre la verdad común. Esto, exige del reconocimiento del otro con los mismos derechos; diferentes en características pero con iguales derechos. El diálogo exige de la suficiente humildad para reconocer el derecho del otro Yo, permitir que el otro se exprese libremente y poderlo escuchar en la finalidad de construir una realidad común.
Así, el momento de la escucha en el diálogo se convierte en el momento de aceptación y validación del alter. El momento en el que se habla es el momento de afirmación del Yo, de lo que se piensa, siente y cree, la manifestación de propia subjetividad. En el momento en el cual se escucha se permite la afirmación del otro, del alter; se valida al Yo alternante. Mas, escuchar va más allá de callar cuando el alter habla, más allá de guardar silencio y prestar atención a la manifestación de la subjetividad alterna; porque en los monólogos entre cordatos o por capítulos también se guarda silencio, es permitir que la subjetividad alternante pueda influir en mi Yo, modificarlo, hasta permitir el encuentro, la determinación de una verdad común.
“…La disposición de escuchar que significa apertura al otro, se tiene, cuando uno posee la convicción de que no está en posesión de toda la verdad y de que el otro tiene algo de verdad que ofrecerme y de la que yo puedo aprender…”
Para el Profesor Pérez-Estévez el diálogo intercultural es la alternativa válida ante la crisis de la modernidad; crisis que ha generado contradicciones sociales importantes; momento que exige la apertura del Yo, el reconocimiento del alter, para la construcción de un nosotros real, auténtico, que permita tras la construcción común, solventar las vicisitudes generada por la implementación de monólogos en lugar de diálogos sociales.
Antonio Pérez Estévez:
el filósofo de la escucha
Antonio Pérez Estévez en sus años de trabajo entregado y
constante en nuestro país, al que dedicó la mayor parte de su vida,
se convirtió en el pensador de la Escuela de Filosofía de la Universidad del Zulia, más conocido fuera de nuestras fronteras, en países tan disímiles como Alemania, Estados Unidos, Brasil, Bélgica,
la India o su nativa España, entre otros. Si con una palabra hubiese que definirlo, esa palabra sería, en nuestra opinión, diálogo, y
quien dice diálogo, en el sentido que él mismo le da a la palabra,
dice apertura, escucha, intercambio y enriquecimiento mutuo en la
construcción del mundo que habitamos. Por eso nos dice en su artículo “Diálogo intercultural”, publicado en 1999, lo siguiente: “Todo
ser humano —unos con mayor facilidad que otros— en función de
su libertad racional y a pesar de sus condicionamientos y prejuicios culturales, puede salir al encuentro de otros seres humanos y
construir, con ellos, un verdadero diálogo, lo que entraña construir
un nuevo mundo común a todos los dialogantes”.[1]
No sabemos si desde el principio Pérez Estévez estuvo
consciente de su intención en cuanto tal, pero es innegable, para
quien recorre su obra, que este ha sido el camino sistemático y
coherente del que nunca se apartó. Este objetivo se fue concretando de manera cada vez más clara y madura a lo largo de su
obra. Además del diálogo interior con los grandes filósofos de cada
época, además del diálogo con colegas, amistades y alumnado.
Porque en cumplimiento de la importancia que asignó siempre al
momento de la escucha, para que se diese un verdadero logos a
dos, un dia-logos, supo no solo hablar, sino también guardar silencio expectante, abrirse al otro, escuchar.
Para dialogar es preciso, según nuestro autor, ser capaz
de movernos constantemente de la posición del que habla (que es la que más cómodamente asumimos) a la posición del que escucha, y estar en constante apertura a la individualidad del otro u
otra, y a su cultura. A ello debe ayudarnos la conciencia de nuestra
finitud y nuestra carencia. Desde esta perspectiva, Pérez Estévez
hace una fuerte crítica a la Modernidad occidental y a la religión
cristiana, que se han sentido siempre en posesión de la Verdad
absoluta y se han investido con la misión de transmitir a los demás
esa verdad o de “convertirlos” a ella. Sabemos con pertinencia hoy
en día que esa falla de la cultura occidental se encuentra también
en otras culturas y religiones, pero este no es aquí nuestro tema.
Todas estas ideas las explicita luego con más detalle al
exponer los momentos del diálogo, el hablar y el escuchar, y la
finalidad del mundo, dándonos numerosos ejemplos tomados de
la cultura occidental, entre ellos los que muestran la incapacidad
de los conquistadores para comprender a los pueblos indígenas,
lo cual, como sabemos, es aplicable a cualquier tipo de conquista.
En sus conclusiones a este artículo, nuestro pensador hace todo
un interesante recorrido por el pensamiento occidental, desde los
griegos y su concepción de la verdad como aquello que se deja
ver, que se muestra y se adquiere por la visión, hasta las distintas
posiciones de los medievales y la modernidad empirista, pasando,
finalmente, por el rasero al mismísimo Gadamer, el padre de la
hermenéutica contemporánea, otro de los pensadores por él estudiados, e incluso a Habermas y Apel, quienes, tomando el diálogo
como acción comunicativa, en realidad plantean un diálogo imposible, pues:
Los sujetos y la acción comunicativa de que hablan Ha- bermas y Apel son sujetos trascendentales y abstractos dotados de razón pura, totalmente desligados del sujeto humano histórico y concreto, de carne y hueso, que se abre a un mundo cultural específico, en una época determinada y en el que verdaderamente se en- cuentra la alteridad, la casi total alteridad. Y si la autén- tica alteridad, el otro concreto e histórico, encarnado en un ser humano que expresa en palabras su mundo particular, no entra en el diálogo y comparte su construcción, no existe posibilidad alguna de diálogo.[2]
Como ya hemos señalado hace años en el Prólogo que escribimos para su libro Religión, Moral y Política, Pérez Estévez ha
defendido siempre los valores del individuo frente a lo totalizante y
universal, lo cual confirma uno de los estudiosos más preclaros de
su pensamiento, Pompeyo Ramis, profesor de la ULA, que en su
libro Veinte filósofos venezolanos señala que ya desde su juventud
tenía trazadas las constantes de su pensamiento, lo cual corrobora
al elegir como tema de su tesis doctoral en la Universidad de Lovaina, “uno de los temas que requieren de mayor potencia especulativa: el concepto de materia”.[3]
En efecto, Pérez Estévez hizo su tesis doctoral sobre “El
concepto de materia al comienzo de la Escuela franciscana de París”,[4] en la cual, pone de relieve la estima que de lo individual
hace la Escuela franciscana, de la cual nuestro pensador estudia
particularmente dos autores, San Buenaventura y Ricardo de Mediavilla. Como señala Pompeyo Ramis:
Pérez Estévez llega, por principio, casi a desconfiar de la razón. Y no porque la razón sea por sí misma un estorbo de la naturaleza humana —mal puede pensar así un filósofo (…) sino porque durante largas épocas la razón se ha impuesto como reina y señora de la facultad volitiva que le debería ser concomitante.[5]
Años después de esta tesis doctoral, nuestro autor publica
otro libro sobre el mismo tema, esta vez profundizando y extendiendo más el arco de su estudio: La Materia de Avicena a la Escuela
franciscana,[6] donde muestra el enfrentamiento entre el tomismo
de raíz aristotélica, emergente, y la filosofía de raigambre platónico-agustiniana, cultivada y defendida por la Escuela franciscana. Al
respecto, su comentarista Jorge Ayala, de la Universidad de Zaragoza, señala:
Pérez Estévez invierte los términos: [7]vista la Escuela Franciscana desde el horizonte de la contemporaneidad, nos parece que, especialmente en Metafísica, sostenía doctrinas que van a ser la columna vertebral de la Modernidad. Sus doctrinas sobre el poder u omnipotencia divina, sobre la voluntad y libertad divinas, y humanas en la que se incluye su concepción sobre la providencia y la predestinación, sobre el individuo y la Persona humana, sobre la materia como entidad sólida con ser propio y su doctrina sobre la contingencia radical de todo lo creado que entraña la posibilidad de cambio de todo lo existente, me parece que constituyen el marco de una nueva cosmovisión que abre las puertas a la Modernidad que comenzaba a alborear.[8]
Ayala señala además la importancia de este libro, ratificada
por las buenas críticas que iba recibiendo, y por su carácter no simplemente erudito, sino práctico, que nos “hace caer en la cuenta de
las repercusiones histórico-culturales que ha tenido el predominio
de uno u otro concepto de materia, haciéndonos llegar hasta el que
manejan en la actualidad la mecánica cuántica, la física nuclear y la
astrofísica”.[9]
Así pues, Pérez Estévez ha sido uno de esos pensadores
que, como Umberto Eco, ha devuelto al tema de la filosofía de la
Edad Media su tono y su importancia para comprender nuestro tiempo, mostrando toda la riqueza y variedad del pensamiento medieval, particularmente el cristiano, tantas veces menospreciado por
quienes por pereza o por falta de una buena orientación, y en otros
casos por la dificultad para acceder a los textos, despachan este
pensamiento en unas cuantas lecturas superficiales, con las cuales
justifican su rechazo y en todo caso demuestran su ignorancia.
Pero el pensamiento de Pérez Estévez, como ya mostramos al principio, dialoga constantemente con los autores más importantes del escenario filosófico y maneja sin cesar los temas que
van apareciendo en el tapete de la reflexión filosófica, generalmente
puestos en ella por la fuerza de las cosas. Por eso, en dos de sus
libros más conocidos, El individuo y la feminidad[10] y Religión, Moral y Política,[11] aborda una multiplicidad de autores y cuestiones.
El primero de ellos recoge cuatro trabajos que nuestro pensador desarrolló durante los años setenta, tratando temas tan diversos como
“El lenguaje en Merleau Ponty”, donde ya despunta el tema de lo
lingüístico, que llegará a ser tan importante en su pensamiento; el
concepto de pensamiento negativo en la filosofía de Herbert Marcuse; la noción de vida en Nietzsche, y, finalmente, “Feminidad y
racionalidad en el pensamiento griego y medieval”, texto con el cual
discutimos duramente en muchas ocasiones y que muestra la capacidad de nuestro autor para vislumbrar los problemas acuciantes de
nuestro tiempo y acercarse a ellos con generosidad y con respeto por
la posición del que es considerado otro(a), haciendo siempre gala de
su capacidad de apertura y diálogo. Al respecto escribimos el final
del artículo que le dedicamos, y en referencia a este trabajo sobre lo
femenino en especial:
… hemos de señalar que, a pesar de nuestras diferencias con el autor, que creemos son más de forma que de fondo, este trabajo, al igual que los anteriores, nos parece un valiosísimo aporte al estudio del aspecto ideológico que incide tan fundamentalmente en la “condición femenina” de subordinación y de sumisión que durante siglos ha sido, y aún es, el lote que el patriarcado ha atribuido a las mujeres.(…) En este sentido recomendamos la lectura y el análisis crítico de este texto tan especial.[12]
En cuanto al segundo de estos libros, Religión, Moral y Política, nos correspondió, como ya señalamos, el honor de escribir su
Prólogo. Ya en aquella ocasión indicamos que nos parecía ser este
un punto culminante en la producción de su autor, manteniéndose en
él la misma preocupación por la defensa de los valores del individuo,
de lo particular, frente a todo aquello, universal y abstracto que pretende negarlo y ahogarlo en el monólogo de una palabra única. Encontramos en este libro artículos como “La Acción educativa I, II y III”;
“Materia e individuo en Roger Marston”; “Medicina y Moral”; “Religión
y Política en la Constitución de los Estados Unidos de América”; “Moral y Política”; también dialoga aquí con autores como Kant, Hegel o
Lukacs, y mantiene su interés por el tema de lo femenino al mostrar
la perspectiva hegeliana sobre este. Decimos también allí que Pérez
Estévez sería uno de los representantes del pensamiento negativo,
a lo marcusiano, en Iberoamérica, y destacamos la variedad y actualidad de los asuntos tratados en el libro, que van desde la liberación
femenina, o la descomposición de nuestro sistema político, hasta la
relación individuo-divinidad en nuestro tiempo, la ética médica, la masificación y el consumismo destructivo, la caída de los regímenes del Este y un largo etcétera.
Y aunque ya lo señalamos al comienzo, hemos de insistir
aquí en la etapa en la que al final de sus días se movió preferentemente nuestro autor, lo que podríamos llamar su etapa de interés
por la hermenéutica, la cual estudia con profundo espíritu crítico,
sin dejarse llevar por las modas, sino sometiendo el tema a la lupa
de su reflexión y su fuerza creadora. Así, en revistas nacionales e
internacionales encontramos artículos como “Hermenéutica, diálogo y alteridad”; “El diálogo como lectura en Gadamer”; “La acción
comunicativa de Habermas como diálogo racional”; así como el que
mencionamos al principio: “Diálogo intercultural”. No es preciso repetir que el eje organizador del pensamiento de Pérez Estévez es
aquí el concepto de diálogo. Todos esos artículos, y algunos otros,
dieron origen a un libro póstumo que se publicó en Brasil. La voz de
Pérez Estévez resuena en estos textos; los leo como si le escuchase hablar.
Y si para mí, y quizás para much@s que lo conocimos de
cerca, Pérez Estévez nos sigue hablando con mucha fuerza en
esos textos, ello quizás se debe precisamente a que lo conocimos y
tenemos profundos sentimientos de amistad, admiración y respeto
hacia él y su obra, pero probablemente también al hecho de que sus
escritos están despojados de ese academicismo que obliga a quien
investiga a expresarse de una manera forzada y estereotipada. Aún
respetando las normas que impone la investigación académica, la
voz de Pérez Estévez se escucha a través de sus obras, porque él
supo escribir de forma vívida, traer la vida a la filosofía. Y de ese
modo seguramente será percibido dentro de muchos años, o incluso ahora por quienes no lo conocieron, porque este pensador vivía
la filosofía y escribía sobre lo que creía, o dialogaba para “ajustar”
a su pensamiento aquello con lo que no concordaba, o incluso para
corregirlo y liberar de ello a quienes lo leyesen.
Mucho podríamos aún decir, comentando la obra de Antonio Pérez Estévez, autor pródigo y profundo, pero el tiempo no lo permite. Y así, aunque físicamente ya no esté aquí, seguirá dialogando con
nosotros e interpelándonos en la medida en que, en su pensamiento,
encontramos siempre una orientación bien fundada para movernos
en nuestro complicado tiempo.
_______________________________
[1] Pérez Estévez, Antonio: “Diálogo intercultural”, en Utopía y Praxis
Latinoamericana, número 6, Enero-Abril de 1999. Pág. 42.
[2] Ibíd. Pág. 52.
[3] Ramis, Pompeyo: “Antonio Pérez Estévez: Proyecto de un neovoluntarismo”, en: Comesaña Santalices, Gloria; Pérez Estévez, Antonio; Márquez Fernández, Álvaro, Compiladores: Signos en Rotación.
Pensadores Iberoamericanos. Universidad Católica Cecilio Acosta,
Maracaibo, 2002, página 74.
[4] Publicado por Ediluz en 1976.
[5] Ramis, Pompeyo: “Antonio Pérez Estévez: Proyecto de un neovoluntarismo” en: Comesaña Santalices, Gloria; Pérez Estévez, Antonio; Márquez Fernández, Álvaro, Compiladores: Signos en Rotación.
Pensadores Iberoamericanos. Opus Citat, pág. 74.
[6] Pérez Estévez, Antonio: La Materia, de Avicena a la Escuela Franciscana. Ediluz, Maracaibo, 1998.
[7] Con ello se refiere al hecho de que, en su tiempo, los tomistas
parecían los innovadores, frente al supuesto carácter conservador de
la tradición platónico-agustiniana representada por la escuela franciscana.
[8] Ayala, Jorge: “Recensión a: La Materia, de Avicena a la Escuela franciscana” en: Comesaña Santalices, Gloria; Pérez Estévez, Antonio; Márquez Fernández, Álvaro, Compiladores: Signos en Rotación.
Pensadores Iberoamericanos. Opus Citat, pág. 79.
[9] Ibíd., pág. 80.
[10] Pérez Estévez, Antonio: El individuo y la feminidad. Ediluz, Maracaibo, 1976.
[11] Pérez Estévez, Antonio: Religión, Moral y Política. Ediluz, Maracaibo, 1991 .
[12] Comesaña Santalices, Gloria: “El Individuo y la feminidad. Antonio Pérez Estévez”. En Revista de Filosofía. Vol.14. Centro de Estudios Filosóficos, LUZ, Maracaibo, 1992.
A partir de una evocación personal y biográfica de las raíces ibéricas de Antonio Pérez-Estévez, se expone, por una parte, la condición humana y moral del filósofo y, por la otra, el valor que éste le asigna a la libertad de pensar y expresar, como también a la de sentir, condiciones irrenunciables que Pérez Estévez defiende como las más auténticas de una vida con sagrada al saber y al diálogo.
VI Jornada de Investigación Cultura de Paz y Fraternidad. En homenaje al Dr: Antonio Pérez Estévez by Yanka
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Creo en el Dios de Jesús y de María, el Dios de los bienaventurados, sencillos y sabios humildes como Abraham y Sara; Isaac y Rebeca; Jacob y Raquel. Y no el de los expertos racionalistas e ideologistas teólogos y entendidos escribas de todos los tiempos, El Mismo JesuCristo nunca los eligió ni como apostóles ni como discípulos. Ni antes ni ahora. Soy Venezolano, Maracucho/Maracaibero, Zuliano y Paraguanero, Falconiano; Soy Español, Gallego, Coruñés e Fillo da Morriña; HISPANOAMÉRICANO; exalumno marista y salesiano; amigo y hermano del mundo entero.
La Línea Editorial de este Rincón es la Veracidad y la Independencia imparcial.
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