EL Rincón de Yanka: MARACAIBO-ZULIA

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martes, 5 de mayo de 2026

LIBRO "VOLVER A CUÁNDO": LA GRAN NOVELA SOBRE LA VENEZUELA DEL POSCHAVISMO Y SUS EMIGRANTES por María Elena Morán

VOLVER A CUÁNDO


Hoy es más grande tu hambre, 
uno menos la comparte. 
ALÍ PRIMERA
Un hombre libre, cuando fracasa, 
no culpa a nadie. 
JOSEPH BRODSKY

PREMIO DE NOVELA CAFÉ GIJÓN 2022

La gran novela sobre la Venezuela del poschavismo y sus emigrantes.
Una nueva voz que vale la pena leer.
«Una novela de enorme envergadura literaria sobre la inmigración venezolana».
Diego Gándara, La Razón

La vida en la revolución fue bonita mientras fue promesa. Luego vinieron los fracasos, los del país y los propios. Cuando Nina pidió el divorcio, Camilo no solo se separó de ella, sino también de su hija Elisa: o eran los tres o no eran. En 2018, mientras Camilo ve pasar la crisis por la ventana, Nina es atropellada por ella. Su padre, el país y la revolución parecen haber muerto al mismo tiempo. Después de que Nina se va para Brasil, dejando a Elisa con la abuela, Camilo reaparece con una propuesta para la niña. Lo que para él es un intento desesperado de recuperar a su familia, para Nina es apenas una réplica íntima del autoritarismo nacional, ese que él maneja tan bien.

Mediante un excelente dominio de los tiempos, la acción y la estructura del relato por medio de las diversas voces narrativas, la novela se ciñe a la narrativa moderna inaugurada por Flaubert en La educación sentimental, donde por primera vez se integró la Historia en el conflicto personal del protagonista. Con una escritura coloquial de gran musicalidad y hallazgos expresivos muy sugerentes, Volver a cuándo habla, a través del drama de una familia afectada por las consecuencias sociales del poschavismo, de cómo sobreviven —y en qué condiciones— los ideales y las esperanzas de la gente en el campo de minas de la realidad.

Volver a cuándo 

«Enloquecer es privilegio de los que tienen tiempo». 

Los desengaños pueden ser tan grandes como las promesas rotas que los provocan. Eso fue para Nina la revolución libertaria y democrática por la que había luchado tanto tiempo y que había terminado por trasmutar en una colección de falsos eslóganes y podios en los que ya no podía creer. En aquella Venezuela de 2018, los fracasos del país parecían ir parejos a los de Nina… La separación de Camilo, la muerte de Raúl, su padre, la inflación del 130%, la falta de comida… La crisis social, política y personal inunda cada rincón de su vida. El país y la revolución, al igual que su padre, parecen haber muerto. Solo queda salir de allí. 

«Tenía que haber otro Brasil más parecido al Brasil que su padre les había metido en el sueño a ella, a Elisa y a Graciela, que nunca quisieron soñar el sueño norteamericano porque el sur las imantaba a su suelo con una gravedad tan física como histórica; tenía que haber otro Brasil donde cupieran ella, sus mujeres y sus futuros, uno que empezaría en el momento en que ella se atreviera a pedir carona junto con los otros pocos que habían huido para el monte a esconderse mientras pasaba el aspaviento». 

Cuando Nina se divorció lo hizo con todas las consecuencias. Y su hija, Elisa, daba también la impresión de haber firmado aquel divorcio: su padre había sido tajante, «están conmigo o sin mí», una amenaza que, contrariamente a todas sus promesas, sí había cumplido. Sin recursos, Nina decide salir del país, emigrar a Brasil dejando a Elisa bajo los cuidados de la abuela Graciela, una mujer que vive el luto en todas sus implicaciones. Una vez en Porto Alegre, le espera un trabajo voluntario en un hostal a cambio de cama y dos comidas diarias. Siente que puede empezar una nueva vida. 

En una ciudad en la que todos son pobres, la miseria de Graciela es Elisa quien más la sufre… Día tras día, el «sálvese quien pueda» se instala en casi todos los hogares de Maracaibo, una cruel letanía que, a la niña, a sus solo doce años, le arranca la inocencia y le hace sentir desvalida. Mientras, a miles de kilómetros, Nina intenta organizar su precaria existencia para seguir mandando dinero a casa y, algún día, poder llevarse consigo a Elisa y a su madre.

«Desde que su padre murió, a su madre como que se le había olvidado qué era eso de ser madre, qué era ser abuela, como si de pronto nomás supiera ser viuda, y eso Nina lo entendía a la perfección, aun sin decir nada, porque sin su padre ella solo sabía ser huérfana, como huérfana debía estarse sintiendo Elisa, enlutada solita, con una madre mendigando ayudas tan lejos de casa». 

Solo cinco años atrás, el padre idealista se había desentendido de la hija. Ahora, aprovechando la ausencia de Nina, reaparece con una propuesta para la niña. Lo que para él es un intento desesperado de recuperar a su familia, para Nina no es más que una réplica a pequeña escala del autoritarismo nacional, ese que él maneja tan bien y que ella ya no está dispuesta a aceptar. Y en medio de aquella crisis de poder (en todos los sentidos) y temores íntimos, Elisa se plantea, pese a su juventud, cuestiones de sentido común: si su madre se había largado, si el abuelo se había muerto de repente y hasta la abuela había desistido de cuidarla, ¿por qué ella no iba a tener derecho a verse con Camilo? 

Mirar atrás no resulta productivo cuando de lo que se trata es de cerrar heridas… El atentado contra el camarada Camilo, que según su mujer no fue tal, pero que dentro del partido se vio como un ejemplo de lucha; las interminables charlas que Graciela tenía con él: lo adoraba, pero no tanto como a su esposo, a quien añora y habla sin proponérselo… Acontecimientos de vida que se intercalan en el tiempo con las penurias que Nina pasa en Brasil (la más extranjera de los extranjeros) o los encuentros que Elisa tiene con un padre al que la fortuna parece haber sonreído. En ese contexto, reconstruir una vida resulta complejo y aún más, si cabe, volver. 

«La tristeza se pega como la gripe. Déjenme quietecita aquí, bien lejos de la cocina. No quería tener que cuidar a una nieta cuando lo único que quería hacer es cuidar mi luto, nutrirlo solo a él, sentirlo hasta el tuétano, dolerme como la perplejidad no me dejó dolerme los primeros días».

Protagonistas principales

NINA es una joven de ideales, contundente, decidida, soberbia, terca, chavista y pobre. Y todo en grandes proporciones. El fracaso de la revolución la condujo al más grande desencanto y el desengaño con Camilo, que era todo lo que ella quería, a la mayor desilusión. Como mujer reservada y escurridiza a la hora de hablar de su intimidad, desconoce que ese carácter, en el fondo, no hace sino provocarle más sufrimiento. Decide que es mejor recomenzar una nueva vida en una ciudad donde los venezolanos todavía no sean una peste… Porto Alegre, en Brasil. Desde allí se percata de que se ha quedado huérfana de padre, de casa y de lealtades. 

CAMILO es el hombre del que se enamoró Nina, un socialista de fuerte voluntad y buenas intenciones, pero inconsistente en sus propósitos. Hacía su revolución con un chaleco salvavidas que no era otro que la fortuna familiar (sus padres trabajan en la Texaco de Houston) y una visa con cifras en dólares. Convertido en héroe por un atentado en el que perdió un ojo, el miedo a la deriva política y social le hizo llevar un comportamiento errático y lo convirtió en un mal padre, del que Nina no dudó separarse. Con todas las consecuencias. 

ELISA es la hija de Nina y Camilo, tiene doce años, buena parte de los cuales los ha pasado alejada de su padre, sin saber nada de él. Despierta e inteligente, disfraza de madurez lo que es mera supervivencia… Está habituada a olvidarse de cualquier timidez o indignidad para seguir viviendo; está habituada a las migajas. Convencida de que la ha traicionado, desde que su madre partió a Brasil no ha hablado con ella, se niega. Silencio que se le hace verdaderamente duro si piensa que Nina, además de madre, es su mayor cómplice y amiga… Siempre han sido las dos contra el mundo.

«Malditas esa hora y todas las horas antes que llevaron a Nina a creer que la gente nace buena y que las intenciones revolucionarias son suficientes para callar la llama egoísta que tenemos dentro y nos conduce por donde le da la gana y se traga nuestras pobres, chiquitas y siempre boconas intenciones revolucionarias». 

GRACIELA es la madre de Nina y la que ahora cuida de Elisa, aunque a veces podría parecer lo contrario. Pobre y escéptica, está dispuesta a irse del país, pero para hacerlo tendría que llevarse consigo su casa, sus muertos y sus fantasmas. Desde que quedó viuda vive colapsada, desganada, hecha polvo, en ese espacio baldío que es la ruina. Está convencida de que, sin su marido para ayudarla a reconstruirse, ser ruina es su destino… No querría haber tenido que cuidar de su nieta, pues, en el fondo, lo único que le apetecía hacer era cuidar de su luto, sentirlo hasta el tuétano.

RAÚL es el gran ausente: el padre, el marido y el abuelo, que falleció antes de que la revolución fracasara, como si su muerte fuese la confirmación del final del movimiento revolucionario. Ejemplar en sus principios, Graciela y Nina apelan a su recuerdo (hablan incluso con él) para poder seguir luchando, para que el pasado más cercano simplemente se haga más llevadero.

Literatura de la supervivencia 

«Los llantos adultos se acaban por cansancio y, 
aunque puedan tener un motivo claro, nunca se conforman con él». 

El jurado del Premio de Novela Café Gijón reivindica su prestigio —en cuanto a dar a conocer a autores y señalar narrativas de alta calidad literaria— al entregar el galardón a una autora cuya obra es sinónimo de buena y profunda literatura. Con honestidad y enorme potencia emocional, Volver a cuándo cuenta una historia de tintes autobiográficos donde los personajes interiorizan su activismo y hacen propia la revolución social vivida en las calles, convirtiéndola en un fenómeno tan cercano y personal como catártico. Porque, en el fondo, todo vínculo o sentimiento tejido por el ser humano está íntimamente ligado a los acontecimientos sociales y políticos que acaparan su vida. 

«Es que tu cuerpo siempre fue más sincero que vos, Camilo. Tu cuerpo se permitía sentir y somatizar lo que vos no lograbas contarte ni siquiera a vos mismo, se engripaba cuando acumulabas funciones y presiones, te hacía vomitar cuando te emocionabas demasiado, enfebrecía cuando tu diplomacia amordazaba tus rabias. Podía contarse la historia de la Revolución bolivariana a través de tus quebrantos y la bala, fuera atentado o no, tal vez haya sido el clímax. El tuyo y el de la revolución». 

Desde la perspectiva de cinco personajes distintos, con sus respectivos puntos de vista, se cuenta la historia de Nina, de su fracaso personal e ideológico. Ya en las primeras páginas, con el trasfondo de la Operación Acogida, el éxodo venezolano causado por el descalabro de la revolución chavista se muestra como un drama que afectó no solo a aquellos que se fueron, sino también a los que se quedaron. Con la rabia y apremio del perdedor, Morán va desglosando vivencias que no parecen pertenecer a los protagonistas… Más bien, se presentan como imágenes colectivas recogidas de la realidad que golpean al ritmo narrativo de una autora que conoce la problemática desde los mismos fueros internos en que se cuece. 

«Elisa se pregunta quién es esa Nina que pasea por el sur de Brasil, que atiende turistas y aprende otro idioma trabajando en un hostal, como si fuera una joven estudiante que descubre el mundo. Las mamás no hacen eso. Menos todavía su mamá. Las mamás pueden ser todo lo aventureras que quieran, pero no pueden dejar a sus hijos atrás y comenzar de cero. O sí pueden, pero entonces los hijos también pueden inventarse otra vida sin pedir permiso. No hay amor a control remoto, mucho menos obediencia». 

Sorprendente y conmovedora, la novela va abriendo puertas por las que los efectos de la crisis política y migratoria se van colando hasta hacerse patentes, tan duros y veraces como descarnados. La dignidad, vestida de arrogancia, que en ocasiones impide hacer autocrítica o solicitar ayuda, se convierte, a ojos de los protagonistas, en diferentes maneras de ver la vida y de narrarla. Se abre así un vasto abanico de problemáticas particulares que, en línea con cada personaje, permite al lector ampliar su visión del conflicto central, hasta el punto de obligarlo a bajar la guardia y hacerlo suyo. Algo realmente apreciable en una narración como esta que, además de exploración íntima y familiar, muestra un profundo calado social. 

El desencanto, el paso del tiempo, la identidad, la ausencia, el vacío, la empatía en toda relación humana o la contradicción son tratados de forma tan realista como compleja, envueltos en una bruma narrativa de gran calidad literaria. En Volver a cuándo los personajes rezuman verosimilitud y credibilidad, transmiten inquietud, miedo, temor, pasión o desilusión en cada escala de este accidentado viaje emocional. María Elena Morán se descubre como una escritora de ideas claras y talante analítico, capaz de retratar con enorme maestría aquellas heridas de largo recorrido que más arraigan en el ser humano, las que nunca terminan de cicatrizar. 

«Para ella, la militancia, en la calle y en la casa, nunca fue algo que se imponía ni se exageraba, sino algo que iba creciendo dentro y que jamás renunciaba a la crítica, que era su derecho y, antes que nada, su deber. Ella actuaba como si no le debiera nada a nadie, ni a vos, ni a la revolución. Y ustedes le habían dado todo lo que ella tenía. Nina era una malagradecida, una egoísta: dos características que no combinan ni con revoluciones ni con matrimonios».

 


SÉ DE DONDE VENGO PERO NO DE DÓNDE SOY


martes, 28 de abril de 2026

LOS ESPAÑOLES DE VENEZUELA: LA HISTORIA QUE TAMBIÉN CONSTRUYÓ EL PAÍS

 



LOS ESPAÑOLES DE VENEZUELA
LA HISTORIA QUE TAMBIÉN CONSTRUYÓ EL PAÍS

hasta que entiendes de dónde vienen.

Miles de españoles cruzaron el océano
buscando una oportunidad…
y en ese camino, dejaron algo mucho más grande:
Trabajo, conocimiento, cultura
y una huella que aún sigue viva.

Desde el campo…
hasta la industria,
desde la gastronomía…
hasta las ciudades que crecieron con su esfuerzo.

Cada historia, cada negocio, cada receta
forma parte de lo que hoy conocemos como Venezuela.

Porque este país no se construyó de un solo origen…
sino del encuentro de muchos.

👉 Si tienes raíces españolas, 
este carrusel también es parte de tu historia.

viernes, 17 de abril de 2026

LIBRO "EL SUEÑO DEL JAGUAR": 🐯 TRES GENERACIONES, CIEN AÑOS DE REVOLUCIONES, MIL HISTORIAS por MIGUEL BONNEFOY


El sueño del jaguar
🐯

Tres generaciones, cien años de revoluciones, mil historias de amor.

Al norte está la razón estudiando la lluvia, 
descifrando los truenos. 
Al sur están los danzantes 
engendrando la lluvia, 
inventando los truenos. 
William Ospina

Una épica saga familiar donde el destino de los protagonistas se entrelaza con la historia de Venezuela.

Cuando una mendiga muda de Maracaibo, en Venezuela, encuentra a un recién nacido abandonado en las escaleras de una iglesia, no imagina el extraordinario destino que le espera al niño. Criado en la pobreza, Antonio será vendedor de cigarrillos, estibador y mozo en un burdel antes de convertirse en uno de los cirujanos más ilustres de su país. Lo conseguirá gracias a la ayuda de una mujer excepcional, Ana María, la primera médica de la región, con la que tendrá una hija a la que pondrán el nombre de su nación: Venezuela
Ligada así para siempre al lugar que la vio nacer, Venezuela soñará con marcharse a París pese a tenerlo todo en contra. Es en el cuaderno de Cristóbal, el último eslabón de la familia, donde por fin echarán raíces las mil historias de este asombroso linaje.

Inspirándose en su singular mitología familiar, Miguel Bonnefoy construye una apasionante saga en la que el destino de sus protagonistas se entrelaza con la turbulenta historia de Venezuela.
Ganador del Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y del premio Femina 2024, El sueño del jaguar es uno de los grandes éxitos de la literatura francesa reciente.
Su abuelo, criado en la pobreza, fue uno de los cirujanos más ilustres de su país. Su abuela, la primera médica de la región de Maracaibo. Dos historias de superación. ¿Existe hoy esa pasión por el esfuerzo?

Miguel Bonnefoy nos habla de su libro, EL SUEÑO DEL JAGUAR.


El-sueño-del-jaguar-Miguel-Bonnefoy by Alba Paz Castro


miércoles, 28 de enero de 2026

POEMA "EL REGIONALISTA" por DON PEDRO COLINA, EL COMENTARISTA DEL PUEBLO ZULIANO

El Regionalista
Les presento el poema declamado por Pedro Celestino Colina Polanco que nació un 19 de Mayo de 1937 y que cambia de paisaje en 1978. Popularmente conocido como el comentarista del pueblo, es el tercer hijo de cinco hermanos hijo de Rosalía Polanco y José María Polanco, es de origen falconiano y un día por avatares de la vida se traslado con toda su familia a Maracaibo.
No hago el verso tierra adentro, 
pues no conozco los llanos 
ni otros estados cercanos, 
ni las bellezas del centro. 

Yo mi verso lo concentro en los lares de occidente, 
donde un lago transparente, 
es un cristal que hoy nos muestra
una imponente silueta de su prestigioso puente.

Bellos será el estero, linda también la llanura pero,
hay ver la hermosura del lago maracaibero, 
hasta el turista extranjero admirado 
de el se queda el mismo Alonso de Ojeda 
al contemplar su belleza 
vio que la naturaleza nos dio un lago de seda.

A mi me da la impresión de que nuestro hermoso lago 
tiene influencia de un mago porque ejerce su gestión, 
don Alonso en su excursión puso estos lares 
la proa y al ver la isla de Toas se extasió el descubridor. 
Quien embrujo ese español; lagos del Coquivacoa.

Hasta el indio motilón que allí en la sierra 
ha vivido muchas veces ha salido a recorrer la región 
como un salvaje en acción se acerca hasta la ribera 
y su mirada altanera o su indómita fiereza, 
se alegran con la belleza de poéticas palmeras.

del escritor, del poeta o del zuliano afamado 
como el temple bien forjado de Mara o Maracaibo
como es el jefe de equis tribu que ante ninguno cedía, 
viendo el lago se sentía un niño imberbe y pasivo.

Por la barra se han filtrado muchos cientos de veleros, 
trayendo aquí aventureros buscando siempre el Dorado 
y es que aquí es que está guardado 
porque lo ha visto hasta el ciego, 
que hay tierra para el labriego mas un lago 
de cristal poético manantial donde fluye el oro negro.

Este rincón de occidente, baluarte de la nación 
es la mas rica región que hay en todo el continente, 
es el lago con su puente y su negro mineral, 
bien se le puede llamar la base para el progreso 
porque el da el mayor ingreso en el fisco nacional.

Me pueden decir ahorita, que esto mío, es un capricho, 
ya más de uno me ha dicho que soy un regionalista, 
no importa, soy egoísta, yo al Zulia lo quiero mucho, 
cuando de ese lago escucho el chapoteo del marullo, 
se me infla el pecho de orgullo al saberme maracucho...


Orgullo Zuliano - Ricardo Cepeda

miércoles, 14 de enero de 2026

MARACUCHO ARRECHO Y... PROFETA

 MARACUCHO ARRECHO Y...
 PROFETA



viernes, 5 de septiembre de 2025

IN MEMORIAM por ANTONIO PÉREZ ESTÉVEZ, FILÓSOFO Y CATEDRÁTICO GALAICO-VENEZOLANO


ANTONIO PÉREZ ESTÉVEZ 
(1933-2008)

El día 1 de junio de 2008 falleció el profesor
Antonio Pérez Estévez en su residencia de El Escorial (Madrid). La triste noticia de la pérdida de un pensador de la talla de Antonio se ve compensada por su legado fi­losófico y humano del que siempre podremos extraer conocimientos, argumentos y, sobre todo, la vitali­dad suficiente para no cejar en el empeño de seguir en nuestra tarea filosófica. Antonio, modelo de filó­sofo emprendedor, entusiasta y comprometido, supo descubrir vetas de sabiduría tanto en la filosofía medieval como en la contemporánea, tratando figuras y pensamientos tan diversos como los de Duns Scoto, Nietzsche o John Rawls.

Gallego de nacimiento y venezolano de adopción, su vida docente y de investigación estuvo asocia­ da durante cuarenta años a la Universidad del Zulia situada en la cálida ciudad de Maracaibo, en Vene­zuela. Egresó, como dicen por esas tierras, es decir, se licenció en Filosofía en dicha Universidad a la que regresó como profesor y doctor en Filosofía después de haber obtenido su doctorado en la Universidad de Lovaina.

Introdujo el Plan de Estudios para Egresados en la Escuela de Filosofía de la Universidad del Zulia de la que fue director durante el período 1975-1978. Dicho plan sigue aún vigente. Este plan ha permiti­do la entrada en la Escuela de alumnos procedentes de otras profesiones y trabajos lo que ha facilitado la creación de una comunidad universitaria plural, tanto desde el punto de vista de las ideas como de las di­versas experiencias vitales. Yo misma, como profesora invitada de la Escuela en tres ocasiones, pude com­ probar a la hora de impartir mis cursos, la riqueza humana y académica que supone el tener en las aulas a alumnos procedentes de otros ámbitos científicos, desde el Derecho hasta la Ingeniería.

El profesor Pérez Estévez ha propulsado la investigación filosófica a través del Centro de Estudios Filosóficos que lleva el nombre del fundador de la Escuela de Filosofía, el Dr. Adolfo García Díaz. Os­tentó además el cargo de Director de la prestigiosa «Revista de Filosofía» desde 1986 hasta 1993.

El rector de la Universidad Católica «Cecilia Acosta» de Maracaibo, Ángel Lombardi, afirmó que, tanto para la Universidad del Zulia como para la suya, Antonio fue un profesor emblemático por el im­pulso que le dio a la Escuela de Filosofía y al pensamiento intelectual universitario del estado Zulia.

Maestro de futuros profesores e investigadores de las dos universidades citadas, se le concedió, por parte de la Universidad Católica «Cecilia Acosta» el título de profesor Honorario, en reconocimiento de sus méritos, entre los que está la creación del postgrado en Filosofía, especialidad de Pensamiento Cris­tiano Medieval.

Los trabajos de investigación del profesor Pérez Estévez corren paralelos a sus intereses vitales y a sus inquietudes humanas, sociales, morales y políticas.

Abarcó un amplio campo de asuntos y autores filosóficos que impresionan a todos los que se acer­can a sus escritos. Su profundo conocimiento de diversas épocas de la Filosofía, le llevó a escribir sobre una variada temática que, sin embargo, se ceñía a unas cuantas e importantes cuestiones. Así el tema de la materia y el individuo produjo abundantes estudios entre los que podemos señalar los siguientes artí­culos: «La materia en Enrique de Gante», «La materia en Averroes», «La materia prima como fundamento de la naturaleza en la Edad Media». «Materia y generación en Tomás de Aquino», «El individuo en Duns Escoto» y su excelente libro: «La Materia. De Avicena a la Escuela Franciscana», publicado en 1998 por la Universidad del Zulia.

Los problemas relacionados con los derechos humanos, la moral, le ley y el diálogo intercultural, los encontramos en artículos como: «Posición original y derechos humanos en John Rawls», »El diálogo como lectura en Gadamer», «Diálogo y alteridad (presupuestos para un verdadero diálogo)» y «hermenéuti­ca, diálogo y alteridad».

Pero lo que verdaderamente apasionó a Antonio fue el intentar hacer de la Filosofía algo vivo y así sobrepasar la razón fría y dominadora que aísla al individuo y todo lo vital. Para él, sólo la vida y la razón aunadas podrán engendrar un hombre y una cultura nuevos.

El resultado de estas reflexiones se concretiza en escritos como: «Marcuse y el pensamiento negati­vo», «El concepto de materia al comienzo de la Escuela Franciscana de París», «La noción de Vida en Nietzsche», «Feminidad y Racionalidad en el Pensamiento griego y en el Pensamiento Racional Medie­val» y »El individuo y la feminidad».

Su pensamiento es reconocido internacionalmente junto con el nombre de Venezuela en países como Alemania, Estados Unidos, Brasil y en otros muchos. En su nativa España colaboró con la Revista Espa­ñola de Filosofía Medieval, editada por La Sociedad de Filosofía Medieval (SOFIME) de la que fue miembro. Entre sus últimas colaboraciones en esta Revista, podemos citar: «Libertad en Duns Escoto», «De Duns Escoto a Martín Heidegger» y »La materia primera de Enrique de Gante vista por Duns Escoto».

Antonio Pérez Estévez poseía una fuerte personalidad, llena a la vez de vitalidad y de entusiasmo por la labor filosófica que llevaba a cabo. Profesor de una gran honestidad intelectual, supo unir el rigor de la investigación filosófica con una gran afabilidad y hospitalidad.

Su piso de Maracaibo, cerca del Lago que lleva el mismo nombre, fue lugar de encuentros de inte­lectuales. Fui testigo e invitada de uno de ellos, al calor de la acogida y de la buena mesa que tan bien pro­veía su esposa. De este modo y al igual que en el Banquete platónico, las ideas y las palabras se sucedí­an con rapidez.

Aunque mi trato con el profesor Pérez Estévez fue esporádico, no dejó de ser intenso y tengo que agradecerle su sencillez y el respeto que siempre manifestó hacia mis investigaciones, a pesar de la dis­ tancia académica que nos separaba. Me ayudó con sus consejos y su presencia en Congresos Mundiales de Filosofía como el de Boston en 1998 y el de Estambul en 2003. Compartí con él una sesión de Co­municaciones sobre el tema de la libertad (en Duns Escoto y en san Agustín) en el Congreso que la Uni­ versidad de Córdoba y la Sociedad de Filosofía Medieval organizaron en diciembre de 2004. Fue para mí uno de los encuentros más fructíferos y dialogantes en los que he podido participar.

Su legado filosófico servirá como punto de partida para seguir pensando y buscando nuevas vías en cuestiones tan cruciales como las del hombre, la moral, la ley y el diálogo con el otro. Del mismo modo, estoy segura de ello, no faltarán investigadores que buceen en su pensamiento y en sus ideas.

La Universidad Católica de Maracaibo, «Cecilio Acosta», como homenaje póstumo, tiene proyecta­do un libro para el segundo aniversario de su muerte en el que se recogerán muchos de sus artículos.

Descanse en paz y se lleve el agradecimiento de todos los que nos hemos beneficiado de su temple y de su tarea filosófica.


VER+:
    


Con la finalidad de entender la posición del Profesor Pérez-Estévez con respecto a la alteridad, es necesario entender cuál es el diagnostico que hace a la práctica de la alteridad en la modernidad; y, la vía de transición histórica filosófica que ha engendrado esta praxis.

Afirma, que en la modernidad, el sujeto objetiva lo alternante, y desde esta objetivación funda su relación con el entorno. Debido a esto, la naturaleza queda reducida a cosa a “algo”, de lo cual no sólo se tiene el derecho sino el deber de aprovechar con la finalidad de extraer algún beneficio, así signifique esto un detrimento en el ecosistema natural.

Bajo el planteamiento de la modernidad, no sólo la naturaleza es cosificada y explotada; el otro ser humano, el alternante, sufre también el proceso de cosificación, es igualmente es explotable, aprovechable. Así, las relaciones sociales quedan reducidas a la alternancia de aprovechamientos; se valorizan todo lo intercambiables: materia prima, poder de consumo, bienes y servicios; hasta las virtudes y sentimientos sufren una suerte de valoración que entran en el mercado de la demanda y oferta. En tal sentido, la crisis de la modernidad se convierte en una crisis de los valores; indudablemente en una crisis ética.

Ahora bien, Pérez- Estévez afirma que la concepción de alteridad dentro de la modernidad se comprende tras el estudio de los planteamientos filosóficos que la originaron. Por tanto, inicia un análisis del planteamiento filosófico del mundo romano, específicamente de Platón.

El pensamiento platónico, sin lugar a dudas, ejerció y ejerce influencia sobre el pensamiento del mundo occidental. Influyó marcadamente en las doctrinas de la Iglesia Católica, al ser San Agustín de Hipona uno de los intérpretes más representativos de Platón en el siglo I. San Agustín define la búsqueda de la verdad como escape de lo múltiple, de la diferencia y del otro. Afirma en “Vera Religione” que la verdad se encuentra dentro de cada persona, en la capacidad de comunión íntima con Dios, y no en lo múltiple, en la diferencia, en el otro.

Esa verdad absoluta, inmutable, divinizada, capital de unos pocos; es una verdad alejada de la cotidianidad humana, que no tolera disidencia; y por tal, se hace violenta; violencia que genera la barbarie que tanto desprecia.

Bajo esta influencia platónica-agustiniana la verdad, la verdad occidental, europea, deja de ser característica del conocimiento humano y adquiere estatus ontológico divino. Bajo esta premisa, el Profesor Pérez-Estévez (2008:67) señala que la cultura occidental deja de tener el mismo valor, derechos y deberes de otras culturas, pasando a ser una cultura de verdades absolutas; por tanto, la cultura que según sus defensores es superior, y todo lo diferente a ella no sólo es extraña: es bárbara.

La concepción de la tradición filosófica, distingue entre el “hombre escogido” del hombre común, al afirmar que el “el hombre escogido” que respondiendo a su “sustancia divina” posee en sí un alma encarnada que fue capaz de percibir la verdad con mayor claridad que el hombre común; discrimina a la generalidad humana, sobrevalorando la opinión emitida por unos pocos. Esta evidente discriminación, hace de la verdad el capital de unos pocos y refleja la incapacidad de los muchos de poder acceder a ella. Esto, abre las puertas de la discriminación social; pues, al ser la verdad capital de algunos seres especiales, la generalidad no posee los mismos derechos que los dueños de la verdad. De esta forma, al estratificar al hombre, se limita el derecho que la mayoría poseen en el proceso del diálogo... Así, el otro, el extraño, el no poseedor de la verdad, es obstáculo que habita en el mundo sensible y este sólo es capaz de ver sombras y reflejos perecederos y corruptos. Desde este punto de vista, es lícita la imposición de la verdad de los pocos escogidos a los muchos.

De igual manera, el Profesor Pérez- Estévez destaca que el cristianismo es la religión paradigmática de occidente, la cual se diferencia de otras posturas filosófica religiosas como el Mahometismo, el Hinduismo y el Budismo, porque el Cristianismo supone contener la verdad mientras las otras basan sus principios en actos jurídicos que aconsejan las actitudes de comportamiento más idóneos para conducir la vida.

Siguiendo la tradición platónica-agustiniana en el periodo medieval las religiones se impusieron a través del empleo de la coacción, violencia que generó crisis de legitimidad de todas las instituciones que conforman los Estados; a su vez, estas crisis generaron transformaciones dando paso a la modernidad. Y, la modernidad, también ha estado caracterizada por el absolutismo de la verdad. No es de extrañar que el siglo XX haya sido uno de los siglos más violentos de la historia, un siglo caracterizado por las guerras, polaridad mundial, regímenes totalitarios, que en nombre de la verdad sangraron al hermano y al extraño.

Cuando la verdad se eleva al mundo inteligible, deja de ser capital humano, deja de pertenecer al ámbito de la existencia humana para convertirse en divinidad inalcanzable; a la cual el hombre no sólo le debe respeto y anhelo, sino también, veneración y sumisión. Sumisión que exige todos los sacrificios, morir y matar son lícitos con la finalidad de proteger a la verdad de las aspiraciones del otro, del extraño, del ajeno; a decir de los griegos: el bárbaro.

Según el análisis del Profesor Pérez-Estévez se suma; en la modernidad se deshumaniza la verdad, se diviniza, se hace inaccesible para el común; además que le resta al diálogo las características propias de un diálogo constructivo. Por tanto, proponen que es necesario un proceso dialéctico donde los involucrados estén conscientes de sus derechos y deberes sociales, del reconocimiento del otro como distinto pero con iguales derechos; así, poseer y poner en prácticas las suficientes virtudes que permitan la manifestación de las realidades de alter.

El diálogo necesario es un diálogo de encuentro que permita determinar el común camino a seguir. Esto se propone con la finalidad de contrarrestar las consecuencias sociales derivadas de un monólogo cerrado, sin alteridad, de los hombres elegidos para sí mismos, que produce verdades divinas… El diálogo del reconocimiento del otro, es el diálogo de uso para el bien común de los hombres sobre la tierra; diálogo abierto, cónsono con la dignidad humana. Diálogo intercultural, a decir de Pérez-Estévez.

Tal vez, por lo expuesto anteriormente, en la actualidad no pocos pensadores, como el Profesor Pérez-Estévez, se muestran altamente críticos a las concepciones occidentales sobre diálogo, alteridad y verdad. De esta forma, destacan la necesidad del reconocimiento del otro, de la virtud de la escucha, de la alteridad en el proceso dialógico; de la necesidad de la puesta en práctica de la humildad en el diálogo intercultural, para así determinar las realidades tras el encuentro de las diversas subjetividades.

El diálogo existencial, es para el Profesor Pérez-Estévez la alternativa cónsona con la dignidad humana al fenómeno de monólogos alternados evidenciado en la praxis social de la modernidad. El diálogo existencial parte del hecho de que los entes no son sustancias sino existencia; de que la fenomenología deriva del requisito único de la existencia. De esta forma, queda invalidada la postura que afirma una distinción humana por origen; así, el hombre se encuentra con el otro entre iguales y no entre escogidos y segregados. La concepción del diálogo existencia para el Profesor Pérez-Estévez se evidencia cuando afirma (Pérez-Estévez: 2008):

“El dialogante lógico socrático platónico se fundamentaba en el poder racional-discursivo predominantemente de un sujeto y tenía como finalidad u objetivo alcanzar o bien la naturaleza de las cosas por medio de la definición o bien la verdad absoluta encerrada en el mundo inteligible de las ideas. El diálogo existencial por el contrario, se fundamenta en el diálogo real y efectivo de dos o más sujetos y tiene como finalidad u objetivo la interrelación, la comprensión y la realización de los sujetos que dialogan”.

Para la dialéctica existencial, basada en el reconocimiento y validación del alter, el diálogo es el medio que permite el encuentro social, en el cual el instrumento de comunicación es el lenguaje hablado y corpóreo de los interlocutores; el cual se da en un tiempo y espacio determinado. En el diálogo, el proceso permite la expresión de los pensamientos y sentimientos de los diversos Yo involucrados. En la concepción de diálogo que se opone a la concepción de la praxis moderna, la multiplicidad de personas, de opiniones, son necesarias para que después del proceso de argumentación alterna se logre la verdad común. Esto, exige del reconocimiento del otro con los mismos derechos; diferentes en características pero con iguales derechos. El diálogo exige de la suficiente humildad para reconocer el derecho del otro Yo, permitir que el otro se exprese libremente y poderlo escuchar en la finalidad de construir una realidad común.

Así, el momento de la escucha en el diálogo se convierte en el momento de aceptación y validación del alter. El momento en el que se habla es el momento de afirmación del Yo, de lo que se piensa, siente y cree, la manifestación de propia subjetividad. En el momento en el cual se escucha se permite la afirmación del otro, del alter; se valida al Yo alternante. Mas, escuchar va más allá de callar cuando el alter habla, más allá de guardar silencio y prestar atención a la manifestación de la subjetividad alterna; porque en los monólogos entre cordatos o por capítulos también se guarda silencio, es permitir que la subjetividad alternante pueda influir en mi Yo, modificarlo, hasta permitir el encuentro, la determinación de una verdad común.


“…La disposición de escuchar que significa apertura al otro, se tiene, cuando uno posee la convicción de que no está en posesión de toda la verdad y de que el otro tiene algo de verdad que ofrecerme y de la que yo puedo aprender…”

Para el Profesor Pérez-Estévez el diálogo intercultural es la alternativa válida ante la crisis de la modernidad; crisis que ha generado contradicciones sociales importantes; momento que exige la apertura del Yo, el reconocimiento del alter, para la construcción de un nosotros real, auténtico, que permita tras la construcción común, solventar las vicisitudes generada por la implementación de monólogos en lugar de diálogos sociales.

Antonio Pérez Estévez: 
el filósofo de la escucha


Antonio Pérez Estévez en sus años de trabajo entregado y constante en nuestro país, al que dedicó la mayor parte de su vida, se convirtió en el pensador de la Escuela de Filosofía de la Universidad del Zulia, más conocido fuera de nuestras fronteras, en países tan disímiles como Alemania, Estados Unidos, Brasil, Bélgica, la India o su nativa España, entre otros. Si con una palabra hubiese que definirlo, esa palabra sería, en nuestra opinión, diálogo, y quien dice diálogo, en el sentido que él mismo le da a la palabra, dice apertura, escucha, intercambio y enriquecimiento mutuo en la construcción del mundo que habitamos. Por eso nos dice en su artículo “Diálogo intercultural”, publicado en 1999, lo siguiente: “Todo ser humano —unos con mayor facilidad que otros— en función de su libertad racional y a pesar de sus condicionamientos y prejuicios culturales, puede salir al encuentro de otros seres humanos y construir, con ellos, un verdadero diálogo, lo que entraña construir un nuevo mundo común a todos los dialogantes”.[1] 

No sabemos si desde el principio Pérez Estévez estuvo consciente de su intención en cuanto tal, pero es innegable, para quien recorre su obra, que este ha sido el camino sistemático y coherente del que nunca se apartó. Este objetivo se fue concretando de manera cada vez más clara y madura a lo largo de su obra. Además del diálogo interior con los grandes filósofos de cada época, además del diálogo con colegas, amistades y alumnado. Porque en cumplimiento de la importancia que asignó siempre al momento de la escucha, para que se diese un verdadero logos a dos, un dia-logos, supo no solo hablar, sino también guardar silencio expectante, abrirse al otro, escuchar.   

Para dialogar es preciso, según nuestro autor, ser capaz de movernos constantemente de la posición del que habla (que es la que más cómodamente asumimos) a la posición del que escucha, y estar en constante apertura a la individualidad del otro u otra, y a su cultura. A ello debe ayudarnos la conciencia de nuestra finitud y nuestra carencia. Desde esta perspectiva, Pérez Estévez hace una fuerte crítica a la Modernidad occidental y a la religión cristiana, que se han sentido siempre en posesión de la Verdad absoluta y se han investido con la misión de transmitir a los demás esa verdad o de “convertirlos” a ella. Sabemos con pertinencia hoy en día que esa falla de la cultura occidental se encuentra también en otras culturas y religiones, pero este no es aquí nuestro tema.   

Todas estas ideas las explicita luego con más detalle al exponer los momentos del diálogo, el hablar y el escuchar, y la finalidad del mundo, dándonos numerosos ejemplos tomados de la cultura occidental, entre ellos los que muestran la incapacidad de los conquistadores para comprender a los pueblos indígenas, lo cual, como sabemos, es aplicable a cualquier tipo de conquista. En sus conclusiones a este artículo, nuestro pensador hace todo un interesante recorrido por el pensamiento occidental, desde los griegos y su concepción de la verdad como aquello que se deja ver, que se muestra y se adquiere por la visión, hasta las distintas posiciones de los medievales y la modernidad empirista, pasando, finalmente, por el rasero al mismísimo Gadamer, el padre de la hermenéutica contemporánea, otro de los pensadores por él estudiados, e incluso a Habermas y Apel, quienes, tomando el diálogo como acción comunicativa, en realidad plantean un diálogo imposible, pues: 

Los sujetos y la acción comunicativa de que hablan Ha- bermas y Apel son sujetos trascendentales y abstractos dotados de razón pura, totalmente desligados del sujeto humano histórico y concreto, de carne y hueso, que se abre a un mundo cultural específico, en una época determinada y en el que verdaderamente se en- cuentra la alteridad, la casi total alteridad. Y si la autén- tica alteridad, el otro concreto e histórico, encarnado en un ser humano que expresa en palabras su mundo particular, no entra en el diálogo y comparte su construcción, no existe posibilidad alguna de diálogo.[2]

Como ya hemos señalado hace años en el Prólogo que escribimos para su libro Religión, Moral y Política, Pérez Estévez ha defendido siempre los valores del individuo frente a lo totalizante y universal, lo cual confirma uno de los estudiosos más preclaros de su pensamiento, Pompeyo Ramis, profesor de la ULA, que en su libro Veinte filósofos venezolanos señala que ya desde su juventud tenía trazadas las constantes de su pensamiento, lo cual corrobora al elegir como tema de su tesis doctoral en la Universidad de Lovaina, “uno de los temas que requieren de mayor potencia especulativa: el concepto de materia”.[3]   

En efecto, Pérez Estévez hizo su tesis doctoral sobre “El concepto de materia al comienzo de la Escuela franciscana de París”,[4] en la cual, pone de relieve la estima que de lo individual hace la Escuela franciscana, de la cual nuestro pensador estudia particularmente dos autores, San Buenaventura y Ricardo de Mediavilla. Como señala Pompeyo Ramis: 

Pérez Estévez llega, por principio, casi a desconfiar de la razón. Y no porque la razón sea por sí misma un estorbo de la naturaleza humana —mal puede pensar así un filósofo (…) sino porque durante largas épocas la razón se ha impuesto como reina y señora de la facultad volitiva que le debería ser concomitante.[5]
   
Años después de esta tesis doctoral, nuestro autor publica otro libro sobre el mismo tema, esta vez profundizando y extendiendo más el arco de su estudio: La Materia de Avicena a la Escuela franciscana,[6] donde muestra el enfrentamiento entre el tomismo de raíz aristotélica, emergente, y la filosofía de raigambre platónico-agustiniana, cultivada y defendida por la Escuela franciscana. Al respecto, su comentarista Jorge Ayala, de la Universidad de Zaragoza, señala: 

Pérez Estévez invierte los términos: [7]vista la Escuela Franciscana desde el horizonte de la contemporaneidad, nos parece que, especialmente en Metafísica, sostenía doctrinas que van a ser la columna vertebral de la Modernidad. Sus doctrinas sobre el poder u omnipotencia divina, sobre la voluntad y libertad divinas, y humanas en la que se incluye su concepción sobre la providencia y la predestinación, sobre el individuo y la Persona humana, sobre la materia como entidad sólida con ser propio y su doctrina sobre la contingencia radical de todo lo creado que entraña la posibilidad de cambio de todo lo existente, me parece que constituyen el marco de una nueva cosmovisión que abre las puertas a la Modernidad que comenzaba a alborear.[8]   

Ayala señala además la importancia de este libro, ratificada por las buenas críticas que iba recibiendo, y por su carácter no simplemente erudito, sino práctico, que nos “hace caer en la cuenta de las repercusiones histórico-culturales que ha tenido el predominio de uno u otro concepto de materia, haciéndonos llegar hasta el que manejan en la actualidad la mecánica cuántica, la física nuclear y la astrofísica”.[9]   

Así pues, Pérez Estévez ha sido uno de esos pensadores que, como Umberto Eco, ha devuelto al tema de la filosofía de la Edad Media su tono y su importancia para comprender nuestro tiempo, mostrando toda la riqueza y variedad del pensamiento medieval, particularmente el cristiano, tantas veces menospreciado por quienes por pereza o por falta de una buena orientación, y en otros casos por la dificultad para acceder a los textos, despachan este pensamiento en unas cuantas lecturas superficiales, con las cuales justifican su rechazo y en todo caso demuestran su ignorancia.   

Pero el pensamiento de Pérez Estévez, como ya mostramos al principio, dialoga constantemente con los autores más importantes del escenario filosófico y maneja sin cesar los temas que van apareciendo en el tapete de la reflexión filosófica, generalmente puestos en ella por la fuerza de las cosas. Por eso, en dos de sus libros más conocidos, El individuo y la feminidad[10] y Religión, Moral y Política,[11] aborda una multiplicidad de autores y cuestiones. El primero de ellos recoge cuatro trabajos que nuestro pensador desarrolló durante los años setenta, tratando temas tan diversos como “El lenguaje en Merleau Ponty”, donde ya despunta el tema de lo lingüístico, que llegará a ser tan importante en su pensamiento; el concepto de pensamiento negativo en la filosofía de Herbert Marcuse; la noción de vida en Nietzsche, y, finalmente, “Feminidad y racionalidad en el pensamiento griego y medieval”, texto con el cual discutimos duramente en muchas ocasiones y que muestra la capacidad de nuestro autor para vislumbrar los problemas acuciantes de nuestro tiempo y acercarse a ellos con generosidad y con respeto por la posición del que es considerado otro(a), haciendo siempre gala de su capacidad de apertura y diálogo. Al respecto escribimos el final del artículo que le dedicamos, y en referencia a este trabajo sobre lo femenino en especial: 

… hemos de señalar que, a pesar de nuestras diferencias con el autor, que creemos son más de forma que de fondo, este trabajo, al igual que los anteriores, nos parece un valiosísimo aporte al estudio del aspecto ideológico que incide tan fundamentalmente en la “condición femenina” de subordinación y de sumisión que durante siglos ha sido, y aún es, el lote que el patriarcado ha atribuido a las mujeres.(…) En este sentido recomendamos la lectura y el análisis crítico de este texto tan especial.[12] 

En cuanto al segundo de estos libros, Religión, Moral y Política, nos correspondió, como ya señalamos, el honor de escribir su Prólogo. Ya en aquella ocasión indicamos que nos parecía ser este un punto culminante en la producción de su autor, manteniéndose en él la misma preocupación por la defensa de los valores del individuo, de lo particular, frente a todo aquello, universal y abstracto que pretende negarlo y ahogarlo en el monólogo de una palabra única. Encontramos en este libro artículos como “La Acción educativa I, II y III”; “Materia e individuo en Roger Marston”; “Medicina y Moral”; “Religión y Política en la Constitución de los Estados Unidos de América”; “Moral y Política”; también dialoga aquí con autores como Kant, Hegel o Lukacs, y mantiene su interés por el tema de lo femenino al mostrar la perspectiva hegeliana sobre este. Decimos también allí que Pérez Estévez sería uno de los representantes del pensamiento negativo, a lo marcusiano, en Iberoamérica, y destacamos la variedad y actualidad de los asuntos tratados en el libro, que van desde la liberación femenina, o la descomposición de nuestro sistema político, hasta la relación individuo-divinidad en nuestro tiempo, la ética médica, la masificación y el consumismo destructivo, la caída de los regímenes del Este y un largo etcétera.   

Y aunque ya lo señalamos al comienzo, hemos de insistir aquí en la etapa en la que al final de sus días se movió preferentemente nuestro autor, lo que podríamos llamar su etapa de interés por la hermenéutica, la cual estudia con profundo espíritu crítico, sin dejarse llevar por las modas, sino sometiendo el tema a la lupa de su reflexión y su fuerza creadora. Así, en revistas nacionales e internacionales encontramos artículos como “Hermenéutica, diálogo y alteridad”; “El diálogo como lectura en Gadamer”; “La acción comunicativa de Habermas como diálogo racional”; así como el que mencionamos al principio: “Diálogo intercultural”. No es preciso repetir que el eje organizador del pensamiento de Pérez Estévez es aquí el concepto de diálogo. Todos esos artículos, y algunos otros, dieron origen a un libro póstumo que se publicó en Brasil. La voz de Pérez Estévez resuena en estos textos; los leo como si le escuchase hablar. 

Y si para mí, y quizás para much@s que lo conocimos de cerca, Pérez Estévez nos sigue hablando con mucha fuerza en esos textos, ello quizás se debe precisamente a que lo conocimos y tenemos profundos sentimientos de amistad, admiración y respeto hacia él y su obra, pero probablemente también al hecho de que sus escritos están despojados de ese academicismo que obliga a quien investiga a expresarse de una manera forzada y estereotipada. Aún respetando las normas que impone la investigación académica, la voz de Pérez Estévez se escucha a través de sus obras, porque él supo escribir de forma vívida, traer la vida a la filosofía. Y de ese modo seguramente será percibido dentro de muchos años, o incluso ahora por quienes no lo conocieron, porque este pensador vivía la filosofía y escribía sobre lo que creía, o dialogaba para “ajustar” a su pensamiento aquello con lo que no concordaba, o incluso para corregirlo y liberar de ello a quienes lo leyesen. 

Mucho podríamos aún decir, comentando la obra de Antonio Pérez Estévez, autor pródigo y profundo, pero el tiempo no lo permite. Y así, aunque físicamente ya no esté aquí, seguirá dialogando con nosotros e interpelándonos en la medida en que, en su pensamiento, encontramos siempre una orientación bien fundada para movernos en nuestro complicado tiempo. 
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[1] Pérez Estévez, Antonio: “Diálogo intercultural”, en Utopía y Praxis Latinoamericana, número 6, Enero-Abril de 1999. Pág. 42. 
[2] Ibíd. Pág. 52. 
[3] Ramis, Pompeyo: “Antonio Pérez Estévez: Proyecto de un neovoluntarismo”, en: Comesaña Santalices, Gloria; Pérez Estévez, Antonio; Márquez Fernández, Álvaro, Compiladores: Signos en Rotación. Pensadores Iberoamericanos. Universidad Católica Cecilio Acosta, Maracaibo, 2002, página 74. 
[4] Publicado por Ediluz en 1976. 
[5] Ramis, Pompeyo: “Antonio Pérez Estévez: Proyecto de un neovoluntarismo” en: Comesaña Santalices, Gloria; Pérez Estévez, Antonio; Márquez Fernández, Álvaro, Compiladores: Signos en Rotación. Pensadores Iberoamericanos. Opus Citat, pág. 74. 
[6] Pérez Estévez, Antonio: La Materia, de Avicena a la Escuela Franciscana. Ediluz, Maracaibo, 1998. 
[7] Con ello se refiere al hecho de que, en su tiempo, los tomistas parecían los innovadores, frente al supuesto carácter conservador de la tradición platónico-agustiniana representada por la escuela franciscana. 
[8] Ayala, Jorge: “Recensión a: La Materia, de Avicena a la Escuela franciscana” en: Comesaña Santalices, Gloria; Pérez Estévez, Antonio; Márquez Fernández, Álvaro, Compiladores: Signos en Rotación. Pensadores Iberoamericanos. Opus Citat, pág. 79. 
[9] Ibíd., pág. 80. 
[10] Pérez Estévez, Antonio: El individuo y la feminidad. Ediluz, Maracaibo, 1976. 
[11] Pérez Estévez, Antonio: Religión, Moral y Política. Ediluz, Maracaibo, 1991 . 
[12] Comesaña Santalices, Gloria: “El Individuo y la feminidad. Antonio Pérez Estévez”. En Revista de Filosofía. Vol.14. Centro de Estudios Filosóficos, LUZ, Maracaibo, 1992.


A partir de una evocación personal y biográfica de las raíces ibéricas de Antonio Pérez-Estévez, se expone, por una parte, la condición humana y moral del filósofo y, por la otra, el valor que éste le asigna a la libertad de pensar y expresar, como también a la de sentir, condiciones irrenunciables que Pérez Estévez defiende como las más auténticas de una vida con sagrada al saber y al diálogo.