EL Rincón de Yanka: CULPA

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lunes, 11 de mayo de 2026

CONOZCA, ¿QUIÉN ES EL GRAN ENEMIGO DE VENEZUELA? 💩


¿CUÁL ES EL GRAN ENEMIGO
DE LOS VENEZOLANOS?


«La SOCIEDAD VENEZOLANA es terriblemente ignorante, emocionalista, irresponsable y sin la capacidad de razonar y accionar por sí misma». 
Y es que HISTÓRICAMENTE la SOCIEDAD VENEZOLANA ha sido culpable de su propio fracaso. El mismo Bolívar comenzó a ver con profunda decepción y frustración que enfrentaba a una fuerza mayor y más destructiva que el mismo ejército del Imperio español: 

*«...un PUEBLO IGNORANTE es instrumento ciego de su propia destrucción»* 

Su preocupación central era que, tras lograr la independencia militar de España, el pueblo no supiera gestionar su propia libertad. Argumentaba que un pueblo que no conoce sus derechos ni sus deberes es fácilmente manipulable por tiranos o demagogos. Bolívar temía que ese "vicio" de la obediencia ciega se trasladara a los nuevos gobiernos republicanos, donde la gente podría seguir a líderes autoritarios simplemente por no tener un criterio propio. 

Y HOY, 207 años después de que Bolívar pronunciara esas palabras, no solamente siguen en vigencia, sino que además confirman la RAIZ de nuestros males: 

"SOMOS UN PUEBLO IGNORANTE" 

El mayor enemigo es justamente esa IDIOSINCRASIA, esa "VIVEZA", esa "masa amorfa, sin ideología, principios, sin orden ni consciencia propia" que tiene la capacidad de sufragar: EL PUEBLO. 
Y es que sería A TRAVÉS DEL VOTO que la misma SOCIEDAD VENEZOLANA se pondría una pistola en la frente. Es que si Chávez no hubiera nacido, la SOCIEDAD VENEZOLANA, igual se lo inventa. 

LA MALDICIÓN DEL IGNORANTE 

Y el problema NO es que SOMOS IGNORANTES, el problema es que NO LO QUEREMOS RECONOCER... 
NO solo se trata de que en 1999 LA SOCIEDAD VENEZOLANA votó por Hugo Chávez fuese presidente, sino que se trata también que durante los siguientes 27 años contribuyó a que permaneciera en el poder. Porque no hay nadie más fácil de manipular y engañar que UN IGNORANTE. 
Y en Venezuela los IGNORANTES no solo están en los barrios, no solo es la gente humilde de los estratos bajos. Hay también muchos IGNORANTES de clase alta con Maestrías y Postgrados. 

EL CICLO DE LOS 6 AÑOS 

Dicen que: "El que NO aprende de sus errores ESTÁ CONDENADO A REPETIRLOS". Nosotros cometíamos LOS MISMOS ERRORES cada seis años: 
  • Se levanta un "líder opositor" que promete que, participando en un proceso electoral, se desplazará al Chavismo del poder.  
  • La SOCIEDAD VENEZOLANA lo apoya irrestrictamente: Sin críticas, sin cuestionamientos de ningún tipo, de forma masiva y contundente.  
  • Se va a unas ELECCIONES, a pesar de que el Chavismo controla el tablero, pone las fichas, y dicta las normas del juego.  
  • El Resultado es obvio: El Chavismo "gana" las elecciones.  
  • La SOCIEDAD VENEZOLANA sale a las calles a reclamar, se manifiesta, hay revueltas y protestas.  
  • El líder opositor derrotado convence a la SOCIEDAD VENEZOLANA que regrese a sus hogares. Se luchará en otros ámbitos.  
  • La Oposición se sienta a "negociar" con el Régimen.  
  • Se adormece a la SOCIEDAD VENEZOLANA hasta que se necesite para un NUEVO PROCESO ELECTORAL, donde se levantará un nuevo "Líder Opositor" que reiniciará el Ciclo.  
*¿CUÁL ES EL COSTO DE LA IGNORANCIA?* 

Este es el resumen de lo que nos ha dejado CADA CICLO por 27 años: 

*Detenciones*: Más de 18,980 personas detenidas por motivos políticos. La mayoría sufrió torturas y tratos crueles con secuelas físicas y psicológicas permanentes. 
*Asesinados*: Más de 280 fallecidos documentados en el contexto de manifestaciones masivas. 
*Exiliados y migrantes*: 7.9 millones de personas han salido de Venezuela hasta la fecha (cifra oficial de la plataforma R4V) Pero son muchísimos venezolanos más sin registro. 

¿Y SI LO HACEMOS A "LA AMERICANA"? 

Por primera vez en 27 años SE ROMPIÓ EL CICLO: El 03 de Enero una variable inesperada golpeó la mesa y derribó el tablero.  
  • Se sometió al RÉGIMEN.  
  • Se apartó a la FALSA OPOSICIÓN.  
  • Se tutela a la SOCIEDAD VENEZOLANA. 
¿Será que esta vez NO lo arruinaremos?

Somos lo que somos PORQUE FUIMOS lo que fuimos.
Y estamos como estamos, porque somos como somos.
No somos capaces de ver la realidad de nuestra realidad.
Nuestra "VIVEZA" es nuestra "TORPEZA".

27 años Bailando: Daniel Lara Farías



DES-CHAVITIZAR VENEZUELA


ABSOLUTEDU: Fíjense, por años vimos, leímos y escuchamos que la dictadura solo estaba en Miraflores, en los tribunales, en los cuarteles, en los medios tomados y en las instituciones secuestradas…
Pero en los últimos meses (y años) he visto en respuestas a algunos post, en videos de comunicadores, políticos y hasta en portales de noticias, algo que debería llamarnos la atención… hay una parte de la dictadura instalada en los hábitos.

¿Dónde?
En la viveza que se celebra como inteligencia.
En la chapa que es usada como privilegio.
En el contacto que resuelve lo que debería resolver la ley.
En el abuso pequeño que se normaliza porque “así funciona el país”…
En la corrupción y el enchufe disfrazado de necesidad.
En la obediencia maquillada de prudencia… y un largo etcétera de comportamientos que se están justificando.

Yo creo que Venezuela no solo necesita justicia política. Como hemos dicho en otros post, necesitamos una reconstrucción moral, cívica y cultural. Porque no basta con cambiar el poder si seguimos repitiendo los códigos que nos enseñaron a sobrevivir dentro del desastre.
Sí, la tiranía nos condicionó… Sí, la escasez nos empujó a vivir en emergencia. El miedo dejó marcas profundas. Pero entender el daño no puede convertirse en coartada para seguir justificando hábitos que también nos rompieron como sociedad…
Desaprender una dictadura implica recuperar convivencia, confianza, pensamiento crítico, responsabilidad ciudadana y el sentido común!! 🙏🏻
Así que les pregunto, ¿Qué hábito de dictadura crees que debemos desaprender primero?




No es un carrusel para generar división. Es un recordatorio de una historia que millones vivimos en carne propia.

📍1998 – El inicio del chavismo.
🌧️ 1999 – La tragedia de Vargas.
⚖️ 2002–2003 – Golpe de Estado y paro petrolero.
💸 2013–2019 – Hiperinflación.
✊ 2014, 2017 y 2019 – Protestas nacionales.
🛒💊 2016–2021 – Escasez de alimentos y medicinas.
⚫ 2019 – El apagón nacional.
🧳 Más de 7 millones de venezolanos obligados a emigrar.
🗳️ Las elecciones que millones consideran les arrebataron la esperanza de un cambio.
🌎 2026 – Los terremotos que golpearon a Venezuela.

Y aun así… seguimos de pie.

Cada crisis nos cambió. Cada despedida nos hizo más fuertes. Cada obstáculo nos enseñó a reinventarnos.

Ser venezolano es llevar cicatrices que no siempre se ven, pero también una capacidad inmensa para levantarse una y otra vez. 💛💙❤️

A todos los que siguen en Venezuela y a quienes hemos tenido que empezar de cero lejos de casa: este también es nuestro homenaje.

Que nunca olvidemos de dónde venimos y que nunca perdamos la esperanza de volver a ver una Venezuela libre, segura y llena de oportunidades. 🇻🇪❤️

VER+:

📕 LIBRO "NO VALE, YO NO CREO" 
DE AGUSTÍN BLANCO MUÑOZ 
Y EL OPTIMISMO ES EL OPIO DEL PUEBLO 😇











viernes, 27 de febrero de 2026

LIBRO "LA CULPA ES NUESTRA": Cómo las preferencias ciudadanas frenan las reformas en España por BENITO ARRUÑADA

 


LA CULPA ES NUESTRA
Cómo las preferencias ciudadanas 
frenan las reformas en España


Este libro parte de una tesis incómoda: nuestras instituciones no fallan solo por culpa de políticos, élites o leyes, sino porque reflejan nuestras propias preferencias, a menudo mal informadas, contradictorias e incoherentes.
La culpa es nuestra no busca culpables fáciles ni se entrega a la denuncia moral, sino a la comprensión. Con rigor y claridad, muestra cómo nuestras decisiones colectivas —como votantes, ciudadanos y consumidores— alimentan el mismo sistema que después criticamos.
Con un estilo incisivo pero sereno, Benito Arruñada examina los mecanismos que explican el estancamiento español: desde la educación y la vivienda hasta la organización territorial y la cultura política. Frente a la comodidad de culpar a otros, propone una salida exigente pero realista: una ciudadanía mejor informada, más responsable y menos crédula ante promesas mágicas.
Estas páginas no invitan a la resignación, sino a ser adultos y recuperar la iniciativa. Porque si la culpa es nuestra, también lo es la solución.

«Los antiguos decían que cuando los dioses nos eran favorables ignoraban nuestros deseos y cuando querían castigarnos los cumplían. De igual modo, los españoles expresamos preferencias que los políticos procuran cumplir con resultados insatisfactorios. Este libro perspicaz y minucioso analiza por qué exigimos al Estado lo que nos frustra y luego le culpamos por dárnoslo». Fernando Savater

INTRODUCCIÓN

¿QUIÉN TIENE LA CULPA DE NUESTROS MALES?

Es habitual que se atribuyan los problemas sociales, desde la corrupción al desempleo o al derroche del presupuesto público, a los políticos y las élites. Este libro defiende que esa atribución es simplista. Muchos problemas sociales derivan menos de la incompetencia o el egoísmo de unos pocos que de la interacción entre preferencias ciudadanas y decisiones políticas. Además, atribuir una responsabilidad excesiva a las élites conduce a buscar soluciones equivocadas que, lejos de resolver los problemas, suelen agravarlos. 

Para ir más allá de ese señalamiento fácil, basta con reconocer que buena parte del problema no reside tanto en los políticos o en las instituciones con las que los elegimos, sino en la racional ignorancia y el propio interés de los ciudadanos. Más exactamente: no solo fallan las instituciones encargadas de transmitir las preferencias de la ciudadanía, sino también aquellas destinadas a conformarlas, darles coherencia y hacer visibles las consecuencias de su puesta en práctica. De hecho, según revelan las encuestas de opinión, las decisiones de los gobernantes se ajustan a las preferencias que manifiesta la mayoría. Somos los europeos más partidarios de que el Estado controle la economía, resuelva nuestros problemas e imponga una fiscalidad redistributiva, al tiempo que nos resistimos a cualquier recorte significativo del gasto público o la liberalización efectiva del mercado laboral. Es cierto que nuestros políticos siguen sin contener el déficit público y que las propuestas electorales de todos los partidos tienden a aumentarlo. También es cierto que, incluso para niveles medios de renta, imponen una escala de tipos impositivos tan desincentivadora como la del actual IRPF, o que mantienen una regulación laboral de las más restrictivas de Europa. Por supuesto, al tomar esas decisiones, los políticos responden a su propio interés, pero también obedecen fielmente a nuestras preferencias. 

Lo grave es que esa correspondencia no asegura que se cumplan nuestros deseos. Al contrario: son precisamente esas políticas las que nos impiden alcanzarlos. Sucede que, si bien los políticos ponen en pie los medios que queremos, esos medios son a menudo contrarios a nuestros fines últimos. Pero la responsabilidad no es solo del gobernante que aplica las políticas, sino también del ciudadano que las demanda, y ello por varios motivos. Sobre todo, por la contradicción entre los deseos últimos de bienestar del ciudadano y los medios que permite adoptar a sus representantes políticos. Asimismo, por el tipo de político que prefiere como gobernante. Como tiende a elegirlo más por afinidad que por competencia, no es de esperar que ese político, tan lleno de ideología como escaso de conocimiento, aporte gran racionalidad a las tareas de gobierno. 

La contradicción entre fines y medios y la afinidad emocional al elegir líderes enlazan con una incoherencia más profunda. Los sondeos de opinión también muestran que, a la vez que nos permitimos ser muy críticos con nuestros políticos e instituciones, los españoles somos los europeos que menos nos molestamos en informarnos. Además, decimos odiar mucho la corrupción o la injusticia de indultos y amnistías, pero ni siquiera dejamos de votar a los políticos de nuestro partido «de siempre» cuando demuestran ser corruptos o mentirosos, ni siquiera cuando incumplen de manera flagrante sus promesas electorales. Tanto es así que muchos observadores llegaron a considerar una heroicidad el que algún escritor confesara sentirse frustrado porque las políticas adoptadas por su partido favorito tras las elecciones generales del 23 de julio de 2023 eran opuestas a las que había prometido durante la campaña electoral. Ello a pesar de que esa frustración no le llevaba más que a prometer votar en blanco, con la incongruente excusa de que toda la clase política es irresponsable. Como suele suceder, solo exigía responsabilidad a los demás. 

El ejemplo ilustra un patrón más amplio. Cuando no desdeñamos la política, más que como ciudadanos, nos comportamos como forofos. Parece que nuestro enojo solo se manifiesta cuando la política no puede darnos el consumo al que aspiramos. Queremos reformas, pero si duelen solo a los demás. Y puestos a elegir, ninguna opción política real satisface nuestros deseos. No es casual que nuestras respuestas a las crisis suelan ser tardías e incompletas, como sucedió en las de 1957, 1973, 2008 o 2020. Pese a que en cada una de esas ocasiones las instituciones políticas eran muy distintas, las respuestas fueron similares: reaccionamos cuando no quedaba otro remedio, a medias y con marcha atrás. 

Si estoy en lo cierto, sería superficial responsabilizar únicamente a los políticos, a las élites o a las instituciones. Es más, sería un error, pues cambiar a los políticos no tiene efecto alguno si se mantienen los mismos incentivos, que constituyen, en última instancia, el núcleo de las instituciones. Pero, aunque cambiar los incentivos sea fácil, mejorarlos es difícil. Por eso, reformar las instituciones, aunque costoso, no asegura obtener buenos resultados. Tampoco conviene confiar en remedios simples, como el mero cambio de líder o de partido gobernante. Ni siquiera en modificaciones estructurales del sistema de representación, como, por ejemplo, el pasar de un sistema proporcional a uno mayoritario. Menos aún depositar esperanzas en elegirlos dentro de un eventual Estado independiente, como algunos pretendían para Cataluña, llevándola así, por un falso idealismo desnortado, a mostrarse más española que nadie. 

Por este motivo, es erróneo exonerar a las masas, como hacen los planteamientos maniqueos, tanto populistas como intelectuales. En realidad, sus miembros somos igual de «extractivos» que las élites: el fraude no campea solo en la fiscalidad de las grandes fortunas (por desgracia, no tan grandes y más bien escasas), sino también —y, quizá, sobre todo— en los pequeños pero mucho más numerosos fraudes de la economía sumergida y las prestaciones sociales. 

Por si fuera poco, sucede que las masas solemos ser más «disipadoras» porque nuestra corrupción no solo redistribuye rentas, sino que en buena medida las dilapida, pues gastamos y hacemos gastar muchos recursos para capturarlas. Por ejemplo, el que quizá haya sido nuestro mayor derroche, la desproporcionada inversión en obras públicas, contó durante décadas con apoyo general de la ciudadanía y parece bastante claro que, más que distribuir rentas, las ha malgastado, sin prever los costes de mantenimiento, cuyo déficit comienza ya a notarse. Así es que, averías mediante, seguimos viajando felices en alta velocidad, aunque la mayoría de los viajeros no tenga prisa alguna, como revela el que muchos de ellos estén ya en la estación una hora antes de la salida, permanezcan inmóviles sin caminar en los pasillos rodantes y algunos incluso hayan tardado más en llegar a la estación que en recorrer su trayecto en tren. Pero el AVE sigue contando con apoyo mayoritario gracias a que el coste de su construcción sigue oculto y no se refleja plenamente en el precio de los billetes y a que la mayoría de los viajeros rehúsa hacer esfuerzo alguno para verlo. Al usuario de AVE le cuesta creer que este sea un derroche, por mucho que las evaluaciones coincidan en afirmar que el coste social de la red de alta velocidad excede sus beneficios (AIReF, 2020b). Tenemos la red más densa pero menos utilizada del mundo. La última vez que, años ha, Ciudadanos discutió la posibilidad de racionalizar las inversiones reculó enseguida, tras constatar cómo empezaba a perder votos en varias regiones y sin que aumentaran sus votos en las demás. 

Por lo común de este tipo de espejismo presupuestario, me temo que tanto la reforma como (aún más) la ruptura con las instituciones representativas —las que se limitan a «transmitir» nuestras preferencias— están condenadas, si no a fracasar, al menos a defraudar las expectativas y ser insuficientes. Nuestros procesos colectivos de decisión no fallan principalmente porque los mecanismos de transmisión sean defectuosos, sino porque nuestras preferencias se forman mal y resultan incoherentes. Lo queremos todo sin aportar nada. En particular, lo queremos todo del Estado sin cooperar en su vigilancia y control, y menos aún en su mantenimiento. 

En estas condiciones, es lógico que el ocaso del bipartidismo, con el consiguiente aumento de la competencia entre partidos políticos, haya dado peores resultados de lo que se esperaba. No debería extrañarnos. Los efectos de la competencia resultan de las reglas que la rijan, en todo tipo de ámbito, desde la selva hasta el deporte, e incluidas la economía y la política. Como ha demostrado durante décadas la política catalana, mayor competencia entre partidos no produce necesariamente más información ni mejores decisiones, sino que a menudo incrementa la propaganda y el populismo. Mucho depende de las reglas de juego —el deporte solo es un espectáculo valioso cuando sus reglas se diseñan y aplican con esmero—, pero también, en última instancia, de las cualidades de la ciudadanía: sobre todo, de su disposición a informarse y ejercer como ciudadanos maduros y no como gregarios, sin dejarse arrastrar por emociones epidérmicas.

La lección trasciende el caso catalán. En la medida en que este diagnóstico se ajuste a la realidad, necesitamos que el diseño de las instituciones y de las políticas públicas considere, si no las raíces, al menos las restricciones culturales. Esto no implica que estemos atados indefinidamente a nuestra cultura, pero las reformas que no consideran esas restricciones pecan de frivolidad, cuando no de oportunismo, y están condenadas a fracasar. La cultura es fruto a largo plazo de las instituciones, pero el cambio institucional, para ser viable, y máxime quizá en democracia, ha de respetar las restricciones culturales e incluso aprender a usarlas como palanca. Lo contrario lleva al error, tantas veces repetido, del despotismo más o menos ilustrado. 

Consideremos el fracaso de la liberalización del alquiler residencial de 1985: como analizaré más adelante en el capítulo 4, apenas nueve años después, ya volvíamos a restringirlo, a iniciativa, como en el caso de los horarios comerciales, del muy regresivo partido de Jordi Pujol. Treinta años más tarde, la Ley de vivienda de 2023 nos acercó a los niveles de intervencionismo que habíamos vivido desde 1920 hasta 1985. 

En este orden de ideas, la gran duda es si cabe o no pensar en similares términos de adaptación respecto a la Transición política y la Constitución de 1978. Si bien esta ha servido para organizar la convivencia durante más de cuatro décadas, lo ha logrado a costa de tolerar una deriva notable respecto a los principios de igualdad y respeto mutuo que la habían inspirado. Como consecuencia, a la altura de 2025 abundan los indicios de un posible colapso institucional. 

Si es así, cobra más urgencia que nuestras preferencias como ciudadanos se hagan más racionales, compensando nuestra escasa disposición a informarnos y cooperar en el control de lo público, para poder abordar una profunda renovación institucional. No se trata de una cuestión de educación formal o académica, porque tenemos pocos incentivos para hacernos mejores ciudadanos. Tampoco de grandes ejercicios deliberativos, igualmente costosos. Es debido a esos costes que, por ejemplo, cualquier empleador suele saber más acerca de la realidad sustancial de nuestras relaciones laborales que muchos expertos en derecho y economía laboral, acostumbrados estos a prestar atención a problemas secundarios y contemplarlos desde representaciones jurídicas y estadísticas que a menudo distorsionan la realidad sustantiva. 

Por ello, es importante que las reformas reduzcan los costes de información ciudadana, de modo que nuestra educación cívica sea automática e inevitable. Hagamos evidentes el pago de impuestos y el coste de usar los servicios públicos: menos cargas fiscales ocultas, como el IRPF mayoritariamente «a devolver», los precios «con IVA incluido» y la Seguridad Social «a cargo de la empresa»; y menos secretismo sobre la eficacia relativa de los servicios públicos. Publiquemos, por ejemplo, cómo se emplea y cuánto gana cada graduado según su carrera y centro universitario, un dato disponible desde hace años, pero que en la mayoría de las autonomías permanece silenciado. 

Hagamos, en suma, que nos resulte ineludible informarnos, como sucede en nuestras comunidades de vecinos. Distan mucho de ser perfectas, pero ni despilfarran tantos recursos ni atienden a afiliaciones políticas para castigar la corrupción de sus presidentes y administradores. Están gobernadas por españoles, pero opera en ellas la inmediatez e incluso, ante casos de fraude, el instinto de posesión. Si esa lógica funciona a pequeña escala, podemos trasladar su esencia al nivel nacional, activando fuerzas similares en lo público: divulgar ingresos y aportaciones fiscales es costoso en términos de privacidad, pero ayuda a reclutar para el bien común esas inclinaciones naturales al cotilleo y la envidia que apenas hemos domesticado culturalmente.

Esa mejor conciencia de lo público contribuiría a homogeneizar con las del resto de Europa nuestras actuales preferencias, hoy más estatistas y contrarias a la competencia. Quizá así accederíamos a dotarnos de los incentivos individuales que aseguraran el bienestar. Entre nosotros, estos incentivos deben ser más personalizados que en aquellos países cuya cultura lleva a sus ciudadanos a vigilar algo más que ninguno eluda su aportación al bien común. Es un asunto clave, porque los fallos de acción colectiva no solo afectan a la política, sino también a todo tipo de ámbitos, desde la educación hasta la empresa, desde las profesiones hasta los medios de comunicación. Necesitamos esos incentivos «compensatorios» de nuestros valores para alinear mejor las retribuciones con las conductas. Los incentivos individuales son el motor de nuestros mejores deportistas y profesionales: esos españoles no triunfan porque renuncien a sus valores, sino porque los aplican en un contexto diferente, ya que trabajan bajo reglas estables que los retribuyen por su rendimiento. El modelo es aplicable a todo tipo de actividades, pero nos resistimos a adoptarlo, pues preferimos sistemas que, en esencia, frenan la competencia y diluyen los incentivos individuales. 

Esa convicción vertebra la estructura del libro, que volverá reiteradamente a ese argumento. Lo hará desde perspectivas diferentes, pero atendiendo siempre a esos tres factores condicionantes: las preferencias de la ciudadanía, las instituciones que las canalizan y las políticas en que se acaban concretando, cuyas consecuencias intentaré valorar para desvelar su escasa coherencia con los intereses reales de los ciudadanos. Los capítulos avanzan desde planteamientos generales a sectoriales, pero la mayoría pone el foco en cuestiones concretas, desde la regulación laboral del trabajo doméstico hasta la afición de muchos padres españoles por una enseñanza poco exigente para sus hijos. 

El libro se divide en tres partes. 
La primera tiene un contenido más teórico y menos aplicado que las otras, pues, tras preguntarse si los fallos de la sociedad española son atribuibles a sus élites políticas e intelectuales o a los ciudadanos, analiza las preferencias de estos últimos. Pone así de relieve que, en buena medida, muchas de nuestras políticas e instituciones se ajustan a ellas, aunque a menudo no a los intereses reales de los ciudadanos. 
La segunda parte confirma este diagnóstico tras analizar tres cuestiones críticas de carácter sectorial y transversal, como son la vivienda, la educación y las comunidades autónomas. 
Por último, la tercera parte tiene carácter más normativo que positivo, pues reflexiona sobre qué hacer, aunque no pretende aportar soluciones propiamente dichas. Más que mejorar los mecanismos de gobierno, debemos empezar a pensar de otra manera. Para ello, hemos de renovar nuestro «mercado» de ideas, pero también mejorar la información disponible de forma automática al ciudadano. Esa mejor información dotará de mayor coherencia a sus preferencias y, en consecuencia, mejorará sus decisiones políticas. Es imprescindible si de verdad queremos hacer realidad nuestros deseos. 

Se trata de una propuesta optimista: no solo cree en una democracia de ciudadanos adultos bien informados, sino también en su racionalidad potencial y en su capacidad para asumir sus responsabilidades. Confía en que, sean cuales sean sus preferencias, supondrá una diferencia radical el que empiece a comprender la necesidad de atenderlas con medios más apropiados que los que suele demandar. 

El libro condensa trece años de trabajo académico y reflexión pública. Muchas de sus tesis fueron desarrolladas y contrastadas en investigaciones previas, charlas y tribunas publicadas sobre todo en The Objective. Aquí se presentan no como una recopilación, sino como una síntesis crítica y articulada que amplía y depura los argumentos que han resistido el juicio del tiempo, el contraste público y mis propios cambios de opinión. 

Mi propósito ha sido ordenar ese conjunto en un marco coherente, acumulativo y comparado. No se trata de provocar ni de convencer por vía emocional, sino de contribuir a entender por qué nuestras instituciones y políticas funcionan como lo hacen, y qué papel desempeñamos los ciudadanos en su configuración y en sus disfunciones. El enfoque combina observación empírica, fundamentos teóricos y reflexión crítica, con la ambición de ofrecer un diagnóstico que nos permita pensar el cambio institucional desde nuestras propias limitaciones culturales. 

Si de verdad queremos cambiar nuestra situación, creo que el primer paso es mirarnos con objetividad a nosotros mismos. 

«Una democracia de ciudadanos informados 
puede corregir sus errores sin líderes 
ni expertos providenciales»

La prioridad no es solo mejorar las instituciones, sino formar una ciudadanía más lúcida, capaz de ver el coste real de lo que exige. Ninguna reforma durará si no cambia también la forma en que pensamos y votamos.
Ahí reside la esperanza —y el mensaje optimista— del libro: la solución a nuestros problemas está a nuestro alcance. Una democracia de ciudadanos informados puede corregir sus errores sin líderes ni expertos providenciales. La prosperidad no necesita héroes ni santos, sino mecanismos que nos obliguen a pensar. Basta con que cada ciudadano sienta lo que da y lo que recibe. Entonces la corrupción dejará de parecernos un espectáculo ajeno y se sentirá como una ofensa personal. Si la culpa es nuestra, también lo es la solución.

 
Diálogo; «¿La culpa es nuestra? Cómo las preferencias ciudadanas frenan las reformas en España»

lunes, 14 de abril de 2025

LIBRO "LA CULPA ES DE LA VACA": 🐮 ANÉCDOTAS, PARÁBOLAS, FÁBULAS Y REFLEXIONES SOBRE EL LIDERAZGO por JAIME LOPERA G. y MARTA BERNAL T.

La culpa es de la vaca
Anécdotas, parábolas, fábulas 
y reflexiones sobre el liderazgo
🐮
La culpa es de la vaca nos cuenta anécdotas, fábulas y parábolas que aportan reflexiones claras para estimular actitudes positivas sobre aspectos del diario vivir. Este libro será un compañero ideal para pensar sobre valores como la tolerancia, el respeto, el amor y la fe, a través de los relatos cortos que contienen al final una enseñanza. Este es un libro ideal para leer en familia, compartir con amigos o para encontrar en la lectura individual una luz de esperanza en los momentos más complejos de la vida, sus autores son: Jaime Lopera Gutiérrez y Marta Inés Bernal Trujillo. creadores, con el firme propósito de lograr que cada lector encuentre en estos textos un motivo de reflexión sobre los valores de la vida diaria...
Hace un poco más de dos años tuvimos la idea de hacer una compilación de anécdotas, parábolas, fábulas y reflexiones organizacionales, como una contribución a la pedagogía de los procesos de transformación. Estábamos pensando entonces en los agentes de cambio: profesores, predicadores, asesores, conferencistas, entrenadores en ciencias del comportamiento y muchas otras personas que trabajan para tocar los corazones con mensajes de tolerancia, respeto, amor y paz. Así nació La carta a García y otras parábolas del éxito, como una expansión intelectual de dos personas que, por más de treinta años, se han dedicado a pensar en la forma de iluminar las mentes y los corazones de otros, para ayudarlos a conducir mejor sus vidas. Esa idea se transformó en un éxito editorial.

No estamos sorprendidos. Mucho menos después del 11 de septiembre de 2001, fecha a partir de la cual el mundo no será el mismo. La historia ha dado un giro total: la nueva realidad —Nueva era, Era de acuario, tiempo del genoma humano, como se la quiera llamar— ya está aquí. Nada de lo que el hombre conocía seguirá siendo igual. Todo es relativo, todo está en duda; las que fueron verdades inmutables pasaron a ser hipótesis.

Hay, entonces, una nueva manera de pensar. Pero los seres humanos, en especial los adultos, tenemos serios problemas para cambiar nuestro pensamiento. Recurrimos siempre a los mismos propósitos, llegamos a las mismas conclusiones, nos resistimos a percibir la evidencia. Las certezas se nos presentan, pero nuestra mente es capaz de hacer un argumento perfecto para probar lo contrario.

Las personas somos lo que pensamos. Por lo tanto, si queremos ayudar a los demás a ser y a comportarse de manera diferente, tenemos que ayudarlos a pensar de manera diferente. Si deseamos propiciar ambientes en los cuales la tolerancia y la cooperación sean las fuentes del sentir, del pensar y del actuar, debemos revisar el pensamiento lineal, lógico, de la corteza cerebral. Se impone el pensamiento holístico, intuitivo. De allí surgió la idea de realizar esta nueva compilación: La culpa es de la vaca.

¿Por qué este título? Porque solemos actuar como lo señala la historia del mismo nombre, la primera del libro: si no encontramos fácilmente un culpable de las cosas que nos pasan, somos capaces de responsabilizar a un animal, al destino, al horóscopo, a otras personas, a lo que sea, con tal de no comprometernos con el cambio.

El miedo a este compromiso es de tal magnitud que sólo pensamos en el cambio como una exigencia para los demás: quien debe cambiar es mi pareja, mi jefe, el gobierno, el neoliberalismo, el establecimiento... Todo y todos, menos yo; soy perfecto y no necesito cambiar nada. El problema, cualquiera que sea, es de los demás, no mío.

Pensar, sentir y actuar en estos términos es la mejor manera de pasar por encima de los problemas, llenarse de fundamentalismos y convertirse en un egoadicto. Por eso nada cambia. Porque cada día cobra mayor claridad la frase del conde de Lampedusa en su novela El gatopardo: Es preciso que todo cambie para que todo siga igual.

Recientes investigaciones sobre el aprendizaje coinciden en afirmar que el adulto desarrolla menos resistencia al cambio si no trabaja con el pensamiento lógico y lineal sino con el pensamiento lúdico y creativo. Otra vez el tema de los hemisferios cerebrales, la racionalidad y la intuición, los pensamientos y las imágenes, la filosofía y la poesía.

Entonces parece necesario darle al cerebro estímulos distintos a los que le hemos dado siempre, cambiarle los parámetros de funcionamiento, exigirle que use otras partes, inventar nuevos paradigmas. Por eso creemos que las imágenes que evocan las parábolas y anécdotas, el reto que plantean las alegorías, el alimento que ofrecen las buenas reflexiones, invitan a la mente a pensar distinto, a absorber otros mensajes, a llegar a conclusiones que no están a la vista de lo que llamamos razón.

La sabiduría del género humano está contenida en parábolas, anécdotas, fábulas, máximas e imágenes que siempre nos dejan en silencio, al abrir en nuestro interior un paréntesis que lleva a la reflexión. Ese es el sentido de los textos que aparecen en nuestro anterior libro y en este. Se trata de respuestas distintas a problemas que no fuimos capaces de resolver; de alegorías que arrojan nueva luz sobre las cosas. Mientras más personas las lean, las repitan, las transmitan, las compartan y las sientan, se afianzará con mayor fuerza una nueva manera de pensar, sentir y actuar.

Todavía nos preguntan por la famosa carta a García, considerada la madre de las narraciones gerenciales y uno de los textos modernos más difundidos en el mundo. Fue escrita el 22 de febrero de 1899 por Elbert Hubbard con el fin de estimular a los inactivos y a los pesimistas a dedicarse con entusiasmo a la acción, sin contentarse con hacer únicamente lo más fácil o aquello por lo que se les paga.

La idea brotó de los labios del hijo de Hubbard, Bert, quien durante un almuerzo, mientras comentaban la guerra de independencia de Cuba, exclamó: “Papá, el verdadero héroe de esta guerra fue el que le llevó la carta a García. Sí, porque aquel hombre, Rowan, fue quien en la hora oportuna, decisiva y culminante, llevó al general García, el jefe de los patriotas cubanos, la carta que lo conduciría al triunfo. Sin esta carta del presidente MacKinley quizás la independencia no se habría logrado”.

Esta frase iluminó como un rayo la imaginación del escritor:“Sí, tienes razón, hijo. El héroe es siempre aquel que en cada momento ejecuta con precisión y entusiasmo lo que tiene que hacer. Es el que lleva la carta a García”.

Hubbard corrió a su escritorio, redactó de un tirón el famoso documento y lo envió a la revista Philistine. Allí no le dieron mucha importancia, incluso lo publicaron sin encabezamiento ni título. Pero el mismo día y en los días siguientes empezaron a llover pedidos de aquel ejemplar de la revista. Uno pedía una docena de ejemplares; otro cincuenta, otro cien. Hasta que llegó una carta de la revista American News pidiendo mil ejemplares de la revista. El editor le preguntó a uno de los ayudantes qué era lo que había levantado tal polvareda y oyó con asombro la respuesta: “Ese articulo que publicamos acerca de la carta a García”.

A la semana siguiente, el escritor mismo recibió un telegrama de Nueva York pidiéndole cien mil ejemplares del folleto, una cantidad asombrosa para la época. A los dos años, la carta a García había sido publicada en más de doscientas revistas y traducida a cuarenta idiomas. Se calcula que hasta el día de hoy se han impreso más de cuarenta millones de ejemplares. Pocos escritos han logrado un éxito tan formidable.

Para ayudar al lector a sacar el máximo provecho de este libro de narraciones gerenciales y vitales, nos parece importante aclarar algunos conceptos, con la ayuda del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia:

Alegoría. Ficción en virtud de la cual una cosa representa o significa una cosa diferente.

Anécdota. Relato breve de un hecho curioso que se hace como ilustración, ejemplo o entretenimiento.

Fábula. Ficción artificiosa con que se encubre o disimula una verdad. Composición que, por medio de una ficción alegórica, y de la representación y personificación de seres irracionales, inanimados o abstractos, da una señal útil o moral.

Moraleja. Lección o enseñanza que se deduce de un cuento, fábula, ejemplo, anécdota, etcétera.

Parábola. Narración de un suceso fingido del que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral.

Al desarrollar este libro nos hemos debatido entre dos opciones: la presentación escueta de los contenidos y la incorporación de reflexiones nuestras o de otras personas, para orientar la lectura hacia una idea específica. A este respecto, ha sido muy interesante la opinión de los lectores de nuestro primer libro. Muchos nos han sugerido que no demos indicaciones acerca del uso de los textos, señalando que es más útil dejar que cada uno, en su propio contexto personal y social, analice, oiga, transmita y aproveche el mensaje con plena libertad, dejando que su mente y su corazón reciban el sentido original —no prestado o sugerido.

En esta ocasión empleamos ambas vías. Unas veces dejamos que la moraleja se muestre para completar su vitalidad. Otras, nos rehusamos a dar consejos, hacer discursos o expresar nuestras creencias, dejando que el lector encuentre por sí solo los significados y extraiga de los textos lo que le resulte pertinente. Pensamos que este será un proceso de incorporación personal. El valor que cada lector le dé a las siguientes narraciones es como una chispa, una luz, un fogonazo que ilumina y comunica algo nuevo.

Algunas de las lecturas aquí compiladas tienen una fuente bibliográfica cierta. Sin embargo, y a diferencia de nuestro anterior libro, la mayoría son colaboraciones recibidas vía Internet. El rigor con relación a las fuentes que quisimos tener en La carta a García y otras parábolas del éxito se vio desdibujado esta vez por el fenómeno de la difusión en la red mundial. La propiedad de los textos a menudo se pierde en el fárrago del correo electrónico, al punto que puede resultar imposible seguirles la pista. Nosotros mismos hemos visto versiones de nuestro anterior libro circulando en la red sin ninguna referencia a los autores ni a los compiladores.



La Culpa Es de La Vaca by api-3823995


La Culpa Es de La Vaca Niños by Oscar Muñoz


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LA CULPA ES DE LA VACA 2



miércoles, 19 de marzo de 2025

"DEL CHOVINISMO A LA VERGÜENZA" por PEDRO LUIS PEDROSA 💩


DEL CHOVINISMO 
A LA VERGÜENZA


Si usted tiene un hijo, es seguro, que le reclama y corrige sus errores, y lo hace porque lo ama, sus fracasos, por torpeza o por flojera no le son indiferentes, por eso los reprende cuando considera oportuno, su reprimenda no es odio, es amor; así que sirvan estas líneas como una reprimenda que se hace por amor, porque el primer paso para corregir un error, es reconocer su existencia, hacerse la vista gorda, de nada sirve, la esperanza y el optimismo sin un diagnóstico claro de nuestras carencias, no llevan a nada y son una estupidez.
El Chovinismo o chauvinismo, es la exaltación radical e irracional del nacionalismo, afirmando que “tal país” es mejor que los demás; los venezolanos somos chovinistas, por décadas hemos afirmado que “Venezuela es el mejor país del mundo” ¡es falso! No lo es hoy y nunca lo fue; simplemente fuimos bendecidos con un Rosario de maravillas y riquezas que no supimos aprovechar, que lejos de aprovecharlas las despilfarramos y no construimos nada ni importante ni trascendental.

Nuestros personajes icónicos, lo son en Venezuela, pero irrelevantes en el resto del mundo, son sólo mitos de auto consuelo, de auto complacencia y si indagamos profundamente en la historia real, nuestro mito fundacional también es mediocre. Paradójicamente, ninguno de nosotros es culpable y a la vez todos lo somos; no somos culpables porque fuimos criados en el engaño, haciéndonos creer en un heroísmo que nunca existió y regodeándonos en una riqueza que no construimos, que nos vino dada por la providencia, y a la vez somos culpables, porque no nos preocupamos por buscar la verdad, simplemente nos sentamos sobre aquella mítica frase empleada por unos y otros “somos ricos, el petróleo es nuestro”. 
A veces creo que nos hemos merecido el chavismo, recuerdo aquella década de los 80' cuando veíamos al resto de Hispanoamérica como inferiores porque ¡ya saben! “somos ricos”

Nuestra mediocridad PARIÓ a Chávez, la clase política se creía infalible y la empresarial ni que decir, y llegó esa plaga peor que la langosta y dejó al país sin nada de lo que nos habíamos ufanado por años, nos dejó “en cuatro bloques”, nuestra desidia estructural nos dejó apoltronados “enchinchorrados” en nuestros fetiches, pensamos que nunca se irían y ahora no volverán, sin embargo, seguimos gritando que Venezuela es el mejor país del mundo” aferrados a que todos esos fetiches volverán por obra de Dios, que fue como se nos entregaron inicialmente. Y le preguntas a cualquiera ¿por qué Venezuela es el mejor país del mundo? Y te responderá -porque tenemos las mejores playas- FALSO, según “Lonely planet”, ni Los Roques aparece en el top 10, -Tenemos el salto Ángel- ¿y?, -tenemos las mujeres más bellas- mujeres bellas hay en todo el planeta (menos en Chile) … - bueno, es que los venezolanos "somos chéveres”- y eso tampoco sirve de nada o le sirve a muy pocos.

En todo caso, nada de lo que nos ufanamos lo hemos construido, TODO NOS FUE DADO POR LA PROVIDENCIA, y lo de “las mujeres más bellas” tampoco es nuestro, es producto del mestizaje de españoles con indios, de españoles con negros, de indios con negros, que dieron como resultado, blancos, zambos, mulatos y toda clase de mezclas. En fin, nada hemos construido.

En enero de 1896, Manuel Vicente Romero garcía escribía en “el cojo ilustrado” "Venezuela es el país de las nulidades engreídas y las reputaciones consagradas" y en 1996 (un siglo después) no había cambiado en lo absoluto. En aquellos años se transmitía “por estas calles” culebrón televisivo que carga con buena parte de la responsabilidad de la llegada de Chávez al poder, Marcel Granier, presidente de RCTV (canal que transmitía el culebrón) estaba feliz por “el rating” poco le importaba el daño y la operación de psicología de masas que se estaba ejecutando, este mismo personaje puso el “porno light” al alcance de cualquier niño que pasara por un quiosco y comprase “el diario en la playa”. Los programas de radio estaban repletos de banalidad, no importaba si era Cadavieco, Chataing, o Fermín Cimadevilla, todos los programas eran de humor cutre (y miren que en aquella época yo me reía con eso). Pero era natural que ese país sentado sobre una beta de oro que no se había ganado, encumbrase a semejantes pelmazos como sus referentes culturales “Y POLÍTICOS” (ojo con esto), no eran más que “nulidades engreídas” a quienes las elites mediáticas “consagraron la reputación”, si se fijan, esa misma operación de creación de reputaciones en medios de comunicación, nos la aplicaron con eso que llaman “la generación de 2008” una panda de mocosos en los cuales el país depositó sus esperanzas y que resultaron ser peores que sus predecesores, ¿acaso es necesario mencionar a John Goicoechea, a Freddy Guevara, a Ricardo Sánchez, a Miguel Pizarro o a Juan Guaidó? Por cierto, Chataing es tan mediocre, que ya en un país no más serio, pero si bastante más amargado; hizo reiterados intentos por llevar un “late show” al estilo gringo… en todos fracasó.

Podría seguir relatando, anécdotas de este tipo, pero esta reflexión obedece al reciente incidente del “humorista” George Harris en el festival de Viña del Mar en Chile, que es un país tan mediocre como nosotros, que en unos pocos años, montados en la riqueza que construyó ese país en el último cuarto de siglo pasado, se volvió una sociedad tan mediocre como la nuestra y además nihilista. Pero no voy a juzgar a los chilenos, ni siquiera a Harris, voy nuevamente contra nosotros ¿estamos tan necesitados de consuelo, que salimos en manada a victimizarnos por cualquier cosa? ¡yo creo que sí! un día me bajé de un taxi en Bogotá antes de llegar a mi destino, el motivo fue un paisano que en medio de la calle pedía limosna con un cartón que decía “Ayúdame, soy venezolano” ¿Dónde quedó eso de “los venezolanos somos arreeeeeeechoooos”? somos muy arrechos dando lástima por el mundo, sea en Colombia, en México en Chile o en el Perú. A este paisano le dí lo que pude y le rogué que rompiese ese cartón y se pusiera a hacer cualquier cosa, pero que no diese lástima a cuenta de ser venezolano.

Después de cuatro años de haber emigrado, llego a un país que no se ufana de sus playas (tan buenas como las nuestras) que no se ufana de sus mujeres (tan bellas como las nuestras, sin tetas de silicona) y que evidentemente no tiene el Salto Ángel, ¡eso sí! se creen los mas guay (chéveres) de Europa (en efecto creo que lo son) y son también bastante conformistas, el anhelo y el deseo de crear y construir para tener más y ser mejores, se fue cantando cuando un grupo de Andaluces por allá por 1975 llegaron cantando “libertad, libertad, sin ira, libertad”.

Evidentemente estoy en España y aquí “la Sardana y fandango emocionan, porque en sus notas hay vida y hay calor” a diferencia de nosotros en Venezuela, (y termina de leer así la rabia te coma) este país tiene una historia de la cual enorgullecerse, el imperio Español fue por tres siglos el más grande del mundo, España ejecutó la primera “gran globalización”, a diferencia de nosotros a quienes Dios todo nos dio, los Españoles construyeron maravillas a la gloria de Dios, apenas he salido de Madrid, y visitar la Catedral de Santiago de Compostela, la Catedral de Ávila, la de Toledo o la Basílica del Pilar, te dejan con la boca abierta, son edificios que tienen entre 500 y 300 años en pie, entrar en ellos es sobrecogedor. A diferencia del Museo de Louvre, donde se exhiben obras de artistas de todo el mundo, un admirador del arte puede invertir un día completo en el Museo del Prado viendo obras de artistas únicamente españoles.

Pero estos “pringados” se avergüenzan de todo lo que los ha hecho grandes, este país salió de una guerra civil, quedando aislado del planeta y aún así se convirtió en la novena potencia industrial del planeta, de eso también están avergonzados; al igual que los chilenos, la riqueza creada en el segundo tercio del siglo XX, se la cargaron en cuarenta años, y al igual que los chilenos la sociedad se ha convertido en conformista y hedonista.

Si usted es venezolano o español y no se siente retratado en estas líneas, esto no es con usted, pero deténgase un momento y ¡MIRE A SU ALREDEDOR! Vea como fuimos y como somos y pregúntese si en verdad “¿somos o fuimos “el mejor país del mundo”?” el auto consuelo, no es buen consejero cuando se está en un pozo de excrementos, quedarnos allí consolándonos por nuestra desgracia y echándole la culpa a otros por estar allí, no sirve de nada para salir y limpiarse la mierda.

Así ha discurrido mi vida, entre una sociedad que se creía la mejor del mundo sin serlo y otra que se avergüenza de sus mejores y más grandes glorias, este ha sido mi viaje DEL CHOVINISMO A LA VERGÜENZA.

¿Conoces el chauvinismo?
El nacionalismo imbécil


«Preferencia excesiva por todo lo nacional con desprecio de lo extranjero.»

Mi país es el mejor del mundo, aunque nunca he salido de él. Todos hemos escuchado ese tipo de frases, “Tenemos las mujeres más bellas del mundo”, “Somos el país más rico de la tierra”, nos las han dicho tanto que las llegamos a creer sin tener razón alguna, es cierto porque si, punto.
¿Tiene esto sentido? Ese nacionalismo exacerbado que se nos enseña de manera implícita en nuestros países, ¿es acaso positivo? Hoy quisiera hablar de este tema, ya que nos afecta mucho más de lo que pensamos, es la razón de algunos males que atañen a los países hispanoamericanos, y que si aceptamos que estos “sentimientos” no son positivos para nosotros, podremos encontrar soluciones para algunos problemas que parecen nunca terminar.

Consecuencias del chovinismo.
Eres fácil de manipular

No es difícil darse cuenta de que las personas con este comportamiento son más dóciles para políticos que usan un discurso populista y demagogo, se dejan convencer si les dicen que por ninguna razón su país es el mejor y que por eso merecen todo lo que *ingrese aquí grupo odiado* les quitan.

No puedes ver los verdaderos problemas

Así seas chovinista o no, el comportamiento de estos te afecta, ya que los medios de comunicación les encantan estos temas que solo hacen ruido y no aportan ninguna solución.
La deuda, el crimen, la corrupción, la mala administración, un sin fin de problemas a los que nadie le presta atención.
De esta forma se pierde un tiempo valioso debatiendo acerca de que nuestro país es muy rico, que debemos tomar esa riqueza, que la culpa es de los explotadores (Usualmente extranjeros), en vez de preguntarnos: ¿Estamos trabajando al máximo? ¿Estoy innovando y dando lo mejor de mí en todo momento? ¿No es el gobierno el que esta estorbando? Y llevar a cabo acciones que sean verdaderas soluciones no pañitos de agua tibia.


DES-CHAVITIZAR VENEZUELA


ABSOLUTEDU: Fíjense, por años vimos, leímos y escuchamos que la dictadura solo estaba en Miraflores, en los tribunales, en los cuarteles, en los medios tomados y en las instituciones secuestradas…
Pero en los últimos meses (y años) he visto en respuestas a algunos post, en videos de comunicadores, políticos y hasta en portales de noticias, algo que debería llamarnos la atención… hay una parte de la dictadura instalada en los hábitos.

¿Dónde?
En la viveza que se celebra como inteligencia.
En la chapa que es usada como privilegio.
En el contacto que resuelve lo que debería resolver la ley.
En el abuso pequeño que se normaliza porque “así funciona el país”…
En la corrupción y el enchufe disfrazado de necesidad.
En la obediencia maquillada de prudencia… y un largo etcétera de comportamientos que se están justificando.

Yo creo que Venezuela no solo necesita justicia política. Como hemos dicho en otros post, necesitamos una reconstrucción moral, cívica y cultural. Porque no basta con cambiar el poder si seguimos repitiendo los códigos que nos enseñaron a sobrevivir dentro del desastre.
Sí, la tiranía nos condicionó… Sí, la escasez nos empujó a vivir en emergencia. El miedo dejó marcas profundas. Pero entender el daño no puede convertirse en coartada para seguir justificando hábitos que también nos rompieron como sociedad…
Desaprender una dictadura implica recuperar convivencia, confianza, pensamiento crítico, responsabilidad ciudadana y el sentido común!! 🙏🏻
Así que les pregunto, ¿Qué hábito de dictadura crees que debemos desaprender primero?



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CHAUVINISMO CRIOLLO

LA AUTOESTIMA DEL VENEZOLANO por MANUEL BARROSO

EL CULTO A BOLÍVAR por GERMÁN CARRERA DAMAS

CHOVINISMO CRIOLLO por PEDRO LUIS PEDROSA