EL Rincón de Yanka: RESPONSABILIDAD

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lunes, 11 de mayo de 2026

CONOZCA, ¿QUIÉN ES EL GRAN ENEMIGO DE VENEZUELA? 💩


¿CUÁL ES EL GRAN ENEMIGO
DE LOS VENEZOLANOS?


«La SOCIEDAD VENEZOLANA es terriblemente ignorante, emocionalista, irresponsable y sin la capacidad de razonar y accionar por sí misma». 
Y es que HISTÓRICAMENTE la SOCIEDAD VENEZOLANA ha sido culpable de su propio fracaso. El mismo Bolívar comenzó a ver con profunda decepción y frustración que enfrentaba a una fuerza mayor y más destructiva que el mismo ejército del Imperio español: 

*«...un PUEBLO IGNORANTE es instrumento ciego de su propia destrucción»* 

Su preocupación central era que, tras lograr la independencia militar de España, el pueblo no supiera gestionar su propia libertad. Argumentaba que un pueblo que no conoce sus derechos ni sus deberes es fácilmente manipulable por tiranos o demagogos. Bolívar temía que ese "vicio" de la obediencia ciega se trasladara a los nuevos gobiernos republicanos, donde la gente podría seguir a líderes autoritarios simplemente por no tener un criterio propio. 

Y HOY, 207 años después de que Bolívar pronunciara esas palabras, no solamente siguen en vigencia, sino que además confirman la RAIZ de nuestros males: 

"SOMOS UN PUEBLO IGNORANTE" 

El mayor enemigo es justamente esa IDIOSINCRASIA, esa "VIVEZA", esa "masa amorfa, sin ideología, principios, sin orden ni consciencia propia" que tiene la capacidad de sufragar: EL PUEBLO. 
Y es que sería A TRAVÉS DEL VOTO que la misma SOCIEDAD VENEZOLANA se pondría una pistola en la frente. Es que si Chávez no hubiera nacido, la SOCIEDAD VENEZOLANA, igual se lo inventa. 

LA MALDICIÓN DEL IGNORANTE 

Y el problema NO es que SOMOS IGNORANTES, el problema es que NO LO QUEREMOS RECONOCER... 
NO solo se trata de que en 1999 LA SOCIEDAD VENEZOLANA votó por Hugo Chávez fuese presidente, sino que se trata también que durante los siguientes 27 años contribuyó a que permaneciera en el poder. Porque no hay nadie más fácil de manipular y engañar que UN IGNORANTE. 
Y en Venezuela los IGNORANTES no solo están en los barrios, no solo es la gente humilde de los estratos bajos. Hay también muchos IGNORANTES de clase alta con Maestrías y Postgrados. 

EL CICLO DE LOS 6 AÑOS 

Dicen que: "El que NO aprende de sus errores ESTÁ CONDENADO A REPETIRLOS". Nosotros cometíamos LOS MISMOS ERRORES cada seis años: 
  • Se levanta un "líder opositor" que promete que, participando en un proceso electoral, se desplazará al Chavismo del poder.  
  • La SOCIEDAD VENEZOLANA lo apoya irrestrictamente: Sin críticas, sin cuestionamientos de ningún tipo, de forma masiva y contundente.  
  • Se va a unas ELECCIONES, a pesar de que el Chavismo controla el tablero, pone las fichas, y dicta las normas del juego.  
  • El Resultado es obvio: El Chavismo "gana" las elecciones.  
  • La SOCIEDAD VENEZOLANA sale a las calles a reclamar, se manifiesta, hay revueltas y protestas.  
  • El líder opositor derrotado convence a la SOCIEDAD VENEZOLANA que regrese a sus hogares. Se luchará en otros ámbitos.  
  • La Oposición se sienta a "negociar" con el Régimen.  
  • Se adormece a la SOCIEDAD VENEZOLANA hasta que se necesite para un NUEVO PROCESO ELECTORAL, donde se levantará un nuevo "Líder Opositor" que reiniciará el Ciclo.  
*¿CUÁL ES EL COSTO DE LA IGNORANCIA?* 

Este es el resumen de lo que nos ha dejado CADA CICLO por 27 años: 

*Detenciones*: Más de 18,980 personas detenidas por motivos políticos. La mayoría sufrió torturas y tratos crueles con secuelas físicas y psicológicas permanentes. 
*Asesinados*: Más de 280 fallecidos documentados en el contexto de manifestaciones masivas. 
*Exiliados y migrantes*: 7.9 millones de personas han salido de Venezuela hasta la fecha (cifra oficial de la plataforma R4V) Pero son muchísimos venezolanos más sin registro. 

¿Y SI LO HACEMOS A "LA AMERICANA"? 

Por primera vez en 27 años SE ROMPIÓ EL CICLO: El 03 de Enero una variable inesperada golpeó la mesa y derribó el tablero.  
  • Se sometió al RÉGIMEN.  
  • Se apartó a la FALSA OPOSICIÓN.  
  • Se tutela a la SOCIEDAD VENEZOLANA. 
¿Será que esta vez NO lo arruinaremos?

Somos lo que somos PORQUE FUIMOS lo que fuimos.
Y estamos como estamos, porque somos como somos.
No somos capaces de ver la realidad de nuestra realidad.
Nuestra "VIVEZA" es nuestra "TORPEZA".

27 años Bailando: Daniel Lara Farías



DES-CHAVITIZAR VENEZUELA


ABSOLUTEDU: Fíjense, por años vimos, leímos y escuchamos que la dictadura solo estaba en Miraflores, en los tribunales, en los cuarteles, en los medios tomados y en las instituciones secuestradas…
Pero en los últimos meses (y años) he visto en respuestas a algunos post, en videos de comunicadores, políticos y hasta en portales de noticias, algo que debería llamarnos la atención… hay una parte de la dictadura instalada en los hábitos.

¿Dónde?
En la viveza que se celebra como inteligencia.
En la chapa que es usada como privilegio.
En el contacto que resuelve lo que debería resolver la ley.
En el abuso pequeño que se normaliza porque “así funciona el país”…
En la corrupción y el enchufe disfrazado de necesidad.
En la obediencia maquillada de prudencia… y un largo etcétera de comportamientos que se están justificando.

Yo creo que Venezuela no solo necesita justicia política. Como hemos dicho en otros post, necesitamos una reconstrucción moral, cívica y cultural. Porque no basta con cambiar el poder si seguimos repitiendo los códigos que nos enseñaron a sobrevivir dentro del desastre.
Sí, la tiranía nos condicionó… Sí, la escasez nos empujó a vivir en emergencia. El miedo dejó marcas profundas. Pero entender el daño no puede convertirse en coartada para seguir justificando hábitos que también nos rompieron como sociedad…
Desaprender una dictadura implica recuperar convivencia, confianza, pensamiento crítico, responsabilidad ciudadana y el sentido común!! 🙏🏻
Así que les pregunto, ¿Qué hábito de dictadura crees que debemos desaprender primero?




No es un carrusel para generar división. Es un recordatorio de una historia que millones vivimos en carne propia.

📍1998 – El inicio del chavismo.
🌧️ 1999 – La tragedia de Vargas.
⚖️ 2002–2003 – Golpe de Estado y paro petrolero.
💸 2013–2019 – Hiperinflación.
✊ 2014, 2017 y 2019 – Protestas nacionales.
🛒💊 2016–2021 – Escasez de alimentos y medicinas.
⚫ 2019 – El apagón nacional.
🧳 Más de 7 millones de venezolanos obligados a emigrar.
🗳️ Las elecciones que millones consideran les arrebataron la esperanza de un cambio.
🌎 2026 – Los terremotos que golpearon a Venezuela.

Y aun así… seguimos de pie.

Cada crisis nos cambió. Cada despedida nos hizo más fuertes. Cada obstáculo nos enseñó a reinventarnos.

Ser venezolano es llevar cicatrices que no siempre se ven, pero también una capacidad inmensa para levantarse una y otra vez. 💛💙❤️

A todos los que siguen en Venezuela y a quienes hemos tenido que empezar de cero lejos de casa: este también es nuestro homenaje.

Que nunca olvidemos de dónde venimos y que nunca perdamos la esperanza de volver a ver una Venezuela libre, segura y llena de oportunidades. 🇻🇪❤️

VER+:

📕 LIBRO "NO VALE, YO NO CREO" 
DE AGUSTÍN BLANCO MUÑOZ 
Y EL OPTIMISMO ES EL OPIO DEL PUEBLO 😇











domingo, 7 de diciembre de 2025

LIBRO "EL PRINCIPIO DE RESPONSABILIDAD": ENSAYO DE UNA ÉTICA PARA LA CIVILIZACIÓN TECNOLÓGICA por HANS JONAS



Ensayo de una ética para
la civilización tecnológica

HANS JONAS


Muchas son las maravillas,
pero el hombre es la mejor.
Por el mar canoso corre sin miedo
al soplo invernal del Noto
y a su destino llega entre olas encrespadas;
atormenta a la diosa
soberana entre todas, la Tierra incansable
y eterna, y cultiva cada año los surcos
con la prole del caballo.

Echa la red y persigue
a la raza de los pájaros
de mentes atolondradas
y a las fieras de los bosques
y a las criaturas marinas
el hombre lleno de ingenio;
y con sus artimañas
domina a la fiera que el monte recorre,
pone yugo al corcel en su crin ondeante
y al fuerte toro silvestre.
Y lenguaje adquirió y pensamiento
veloz como el viento
y costumbres de civil convivencia
y a huir aprendió de la helada lluvia.
Infinitos son los recursos
con que afronta el futuro,
mas de Hades no escapará,
por más que sepa a dolencias graves sustraerse..

Pero así como mal puede usar
de su arte sutil e increíble,
le es posible aplicarla a lo bueno.
Si cumple la ley de su país
de acuerdo con los dioses por que jura,
patriota será, mas no,
en cambio, quien a pecar se atreva.
¡No conviva conmigo ni comparta
mis ideas quien tal hace!


El carácter modificado de la acción humana.

Todas las éticas habidas hasta ahora -ya adoptasen la forma de preceptos directos de hacer ciertas cosas y no hacer otras, o de una determinación de los principios de tales preceptos, o de la presentación de un fundamento de la obligatoriedad de obedecer a tales principios compartían tácitamente las siguientes premisas conectadas entre sí: 

1) La condición humana, resultante de la naturaleza del hombre y de las cosas, permanece en lo fundamental fija de una vez para siempre. 
2) Sobre esa base es posible determinar con claridad y sin dificultades el bien humano. 
3) El alcance de la acción humana y, por ende, de la responsabilidad humana está estrictamente delimitado. 

Es propósito de las consideraciones siguientes mostrar que tales premisas ya no son válidas y reflexionar sobre lo que ello significa para nuestra situación moral. Más concretamente, afirmo que ciertos desarrollos de nuestro poder han modificado el carácter de la acción humana. Y dado que la ética tiene que ver con las acciones, seguidamente habremos de afirmar que la modificada naturaleza de las acciones humanas exige un cambio también en la ética. Esto, no sólo en el sentido de que los nuevos objetos que han entrado a formar parte de la acción humana han ampliado materialmente el ámbito de los casos a los que han de aplicarse las reglas válidas de comportamiento, sino en el sentido mucho más radical de que la naturaleza cualitativamente novedosa de varias de nuestras acciones ha abierto una dimensión totalmente nueva de relevancia ética no prevista en las perspectivas y cánones de la ética tradicional. 
Las nuevas capacidades a que me refiero son, claro está, las de la técnica moderna. Mi primer paso consistirá, pues, en preguntar de qué modo afecta esa técnica a la naturaleza de nuestras acciones, en qué medida hace que las acciones se manifiesten de modo distinto a como lo han hecho a lo largo de todos los tiempos. Puesto que en ninguna de esas épocas careció el hombre de técnica, mi pregunta apunta a la diferencia humana entre la técnica moderna y todas las técnicas anteriores.

Las nuevas dimensiones de la responsabilidad

Todo esto ha cambiado de un modo decisivo. La técnica moderna ha introducido acciones de magnitud tan diferente, con objetos y consecuencias tan novedosos, que el marco de la ética anterior no puede ya abarcarlos. El coro de Antígona sobre la «enormidad», sobre el prodigioso poder del hombre, tendría que sonar de un modo distinto hoy, ahora que lo «enorme» es tan diferente; y no bastaría ya con exhortar al individuo a obedecer las leyes. Además, hace tiempo que han desaparecido los dioses que en virtud del juramento recibido podían poner coto a las enormidades del obrar humano. Ciertamente, los viejos preceptos de esa ética «próxima» -los preceptos de justicia, caridad, honradez, etc.- siguen vigentes en su inmediatez íntima para la esfera diaria, próxima, de los efectos humanos recíprocos. Pero esta esfera queda eclipsada por un creciente alcance del obrar colectivo, en el cual el agente, la acción y el efecto no son ya los mismos que en la esfera cercana y que, por la enormidad de sus fuerzas, impone a la ética una dimensión nueva, nunca antes soñada, de responsabilidad.

El nuevo papel del saber en la moral

En tales circunstancias el saber se convierte en un deber urgente, que transciende todo lo que anteriormente se exigió de él: el saber ha de ser de igual escala que la extensión causal de nuestra acción. Pero el hecho de que realmente no puede ser de igual escala esto es, el hecho de que el saber predictivo queda rezagado tras el saber técnico que proporciona poder a nuestra acción, adquiere por sí mismo relevancia ética. El abismo que se abre entre la fuerza del saber previo y la fuerza de las acciones genera un problema ético nuevo. El reconocimiento de la ignorancia será, pues, el reverso del deber de saber y, de este modo, será una parte de la ética; ésta tiene que dar instrucciones a la cada vez más necesaria autovigilancia de nuestro desmesurado poder. Ninguna ética anterior hubo de tener en cuenta las condiciones globales de la vida humana ni el futuro remoto, más aún, la existencia misma de la especie. El hecho de que precisamente hoy estén en juego esas cosas exige, en una palabra, una concepción nueva de los derechos y deberes, algo para lo que ninguna ética ni metafísica anterior proporciona los principios y menos aún una doctrina ya lista.

¿Tiene la naturaleza un derecho moral propio? ¿Y si el nuevo modo de acción humana significase que es preciso considerar más cosas que únicamente el interés de «el hombre», que nuestro deber se extiende más lejos y que ha dejado de ser válida la limitación antropocéntrica de toda ética anterior? Al menos ya no es un sinsentido preguntar si el estado de la naturaleza extrahumana -la biosfera en su conjunto y en sus partes, que se encuentra ahora sometida a nuestro poder- se ha convertido precisamente por ello en un bien encomendado a nuestra tutela y puede plantearnos algo así corno una exigencia moral, no sólo en razón de nosotros, sino también en razón de ella y por su derecho propio. 

Si tal fuera el caso, sería menester un nada desdeñable cambio de ideas en los fundamentos de la ética. Esto implicaría que habría de buscarse no sólo el bien humano, sino también el bien de las cosas extrahumanas, esto es, implicaría ampliar el reconocimiento de «fines en sí mismos» más allá de la esfera humana e incorporar al concepto de bien humano el cuidado de ellos. A excepción de la religión, ninguna ética anterior nos ha preparado para tal papel de fiduciarios; y menos aún nos ha preparado para ello la visión científica hoy dominante de la naturaleza. Esta visión nos niega decididamente cualquier derecho teórico a pensar en la naturaleza como algo que haya de ser respetado, pues la ha reducido a la indiferenciación de casualidad y necesidad y la ha despojado de la dignidad de los fines. Y, sin embargo, de la amenazada plenitud del mundo de la vida parece surgir una sorda llamada al respeto de su integridad. 

¿Debemos escucharla?, ¿debemos reconocer su exigencia como vinculante, puesto que está sancionada por la naturaleza de las cosas, o bien no ver en ella más que un sentimiento nuestro al que, si lo deseamos, bien podemos abandonarnos siempre que podamos permitírnoslo? 
La primera alternativa, si se toman en serio sus implicaciones teóricas, nos obligaría a ampliar mucho más el mencionado cambio de ideas y a pasar de la doctrina de la acción, esto es, de la ética, a la doctrina del ser, esto es, a la metafísica, en la que toda ética ha de fundarse en último término. Acerca de este asunto especulativo no voy a decir aquí sino que deberíamos mantenernos abiertos a la idea de que las ciencias naturales no dicen toda la verdad acerca de la naturaleza.

El homo faber por encima del homo sapiens

Si volvemos a consideraciones estrictamente humanas, observamos un nuevo aspecto ético en el crecimiento de la techne en cuanto aspiración humana, crecimiento que rebasa las metas pragmáticamente limitadas de otros tiempos. 
Por aquel entonces, así lo hemos visto, la técnica era un dosificado tributo pagado a la necesidad, no el camino conducente a la meta elegida de la humanidad; era un medio con un grado finito de adecuación a fines próximos bien definidos. Hoy la techne, en su forma de técnica moderna, se ha transformado en un infinito impulso hacia adelante de la especie, en su empresa más importante, en cuyo continuo progresar que se supera a sí mismo hacia cosas cada vez más grandes se intenta ver la misión de la humanidad, y cuyo éxito en lograr el máximo dominio sobre las cosas y los propios hombres se presenta como la realización de su destino. 

De este modo el triunfo del homo faber sobre su objeto externo representa, al mismo tiempo, su triunfo dentro de la constitución íntima del homo sapiens, del cual solía ser en otros tiempos servidor. En otras palabras, incluso independientemente de sus obras objetivas, la tecnología cobra significación ética por el lugar central que ocupa ahora en la vida de los fines subjetivos del hombre. 
La acumulativa creación tecnológica -es decir, el mundo artificial que va extendiéndose- intensifica en un constante efecto retroactivo las fuerzas concretas que la han producido; lo ya creado exige su siempre nueva capacidad inventiva para su conservación y ulterior desarrollo, recompensándola con un éxito aumentado que, a su vez, contribuye a que surja aquella imperiosa exigencia. Este feed-back positivo de necesidad funcional y recompensa -en cuya dinámica no hay que olvidar el orgullo por los logros alcanzados- alimenta la creciente superioridad de un aspecto de la naturaleza humana sobre todos los demás y lo hace inevitablemente a costa de ellos. Si bien nada tiene tanto éxito como el éxito, nada nos atenaza tanto como él. 

La ampliación del poder del hombre sobrepasa en prestigio a todo lo demás que pertenece a su plenitud humana; y así, esa ampliación, sometiendo más y más las fuerzas de los hombres a su empeño, va acompañada de una contracción de su ser y de su concepto de sí. En la imagen que de sí mismo sustenta -la idea programática que determina su ser actual tanto como lo refleja- el hombre es ahora cada vez más el productor de aquello que él ha producido, el hacedor de aquello que él puede hacer y, sobre todo, el preparador de aquello que en breve él será capaz de hacer. Pero ¿quién es ese «él»? No vosotros o yo. Son el actor colectivo y el acto colectivo, no el actor individual y el acto individual, los que aquí representan un papel; y es el futuro indeterminado más que el espacio contemporáneo de la acción el que nos proporciona el horizonte significativo de la responsabilidad. 

Esto exige una nueva clase de imperativos. Si la esfera de la producción ha invadido el espacio de la acción esencial, la moral tendrá entonces que invadir la esfera de la producción, de la que anteriormente se mantuvo alejada, y habrá de hacerlo en la forma de política pública. Nunca antes tuvo ésta parte alguna en cuestiones de tal alcance y en proyectos a tan largo plazo. De hecho la esencia modificada de la acción humana modifica la esencia básica de la política.

individuales difíciles entre sus miembros. Esto representa el paso del uso médico al uso social de las posibilidades técnicas; se abre así un campo indefinido de potencialidades preocupantes. Los rebeldes problemas del dominio y de la anomia en la moderna sociedad de masas hacen extremadamente seductor el extender tales métodos de control a categorías extramédicas con vistas a la manipulación social. Surgen aquí varias preguntas sobre los derechos y la dignidad del hombre; el complicado problema de la tutela que quita los derechos de mayoridad frente a la que los otorga exige respuestas concretas. 

¿Debemos inducir la disposición al estudio en los niños en edad escolar mediante el suministro masivo de drogas y esquivar así la apelación a la autonomía de la motivación? ¿Debemos superar la agresividad mediante la pacificación electrónica de ciertas regiones cerebrales? ¿Debemos provocar sentimientos de felicidad, o al menos de placer, por medio de una estimulación independiente de los centros del placer -esto es, independiente de los objetos de dicha y de placer- y de su obtención en la vida y actuación personales? 
Las preguntas pueden multiplicarse. Las empresas podrían tener interés en utilizar algunas de esas técnicas para aumentar la productividad de sus empleados. Dejando aparte la consideración acerca de la coacción o el consentimiento, e independientemente de la cuestión de los efectos colaterales no deseados, cada vez que de esta manera esquivamos el modo humano de tratar los problemas del hombre, sustituyéndolo por los cortocircuitos de un mecanismo impersonal, suprimimos algo de la dignidad del yo personal y damos un paso más en el camino que lleva a convertir a los sujetos responsables en sistemas programados de comportamiento. 

La funcionalidad social, por importante que sea, constituye sólo una cara del asunto. La pregunta decisiva es qué clase de individuos componen la sociedad para que la existencia de ésta pueda ser valiosa como un todo. En algún momento a lo largo de la línea de creciente capacidad de manipulación social al precio de la pérdida de la autonomía individual habrá que plantearse la cuestión del valor, de si «vale la pena» toda la empresa humana. La respuesta apunta a la idea de hombre con la que nos sentimos comprometidos. Hemos de volver a reflexionar sobre ello a la luz de lo que hoy podemos hacer con esa idea o del perjuicio que podemos ocasionarle, cosa que antes no era posible.

El control de la, conducta

Algo parecido sucede con el resto de las casi utópicas posibilidades que el progreso de las ciencias biomédicas en parte pone ya a nuestra disposición -para su traducción en capacidad técnica- y en parte promete. Entre ellas, el control de la conducta está ya mucho más cerca de la fase de su realización que el todavía hipotético caso al que acabo de referirme; y las cuestiones éticas que plantea son menos hondas, pero tienen una relación más directa con la concepción moral del hombre. También esta nueva forma de intervención sobrepasa las viejas categorías éticas. Éstas no nos han equipado para juzgar, por ejemplo, sobre el control de la mente mediante agentes químicos o mediante influjos eléctricos directos sobre el cerebro por implantación de electrodos; intervenciones que -supongámoslo así- se efectúan con vistas a fines perfectamente admisibles e incluso loables. 

La mezcla de posibilidades saludables y dañinas es notoria, pero la frontera entre ambas no puede trazarse fácilmente. Liberar a enfermos mentales de síntomas dolorosos que provocan trastornos funcionales en el organismo parece sin duda beneficioso. Pero es imperceptible el paso que lleva de aliviar al paciente -una meta perfectamente acorde con la tradición médica- a aliviar a la sociedad de la incomodidad provocada por comportamientos

La manipulación genética

Esto tiene aún mayor vigencia en lo que se refiere al último objeto de la tecnología aplicada al hombre: el control genético de los hombres futuros. Es un tema demasiado extenso como para tratarlo de pasada en estas consideraciones preliminares, por lo que tendrá su propio capítulo en la «parte aplicada» que se publicará con posterioridad. Aquí nos contentaremos con aludir a este ambicioso sueño del homo faber, que vulgarmente se resume diciendo que el hombre quiere tomar en sus manos su propia evolución, no sólo con vistas a la mera conservación de la especie en su integridad, sino también con vistas a su mejora y cambio según su propio diseño. Si tenemos derecho a ello, si estamos cualificados para tal papel creador, son las preguntas más serias que se les puede plantear a unos hombres que de repente se hallan dueños de ese poder que el destino ha puesto en sus manos. 

¿Quiénes serán los escultores de esa imagen, según qué modelos y sobre la base de qué conocimientos? Se plantea también la cuestión del derecho a experimentar con los seres humanos futuros. Éstas y parecidas preguntas, que exigen una respuesta antes de que emprendamos viaje a lo desconocido, muestran de la forma más enérgica en qué medida nuestro poder de acción desborda los conceptos de toda ética anterior.


Hans Jonas propone que todo saber implica una carga moral: conocer es también responder por las consecuencias de ese conocimiento. En una era donde la ciencia transforma la vida misma, el pensamiento de Jonas nos exige repensar la ética como una fuerza capaz de contener el poder del hombre sobre la naturaleza. 
La responsabilidad del conocimiento no es un límite al progreso, sino su conciencia. Para Jonas, la humanidad solo será verdaderamente sabia cuando su saber no destruya aquello que le da sentido: la vida. Así, la filosofía se convierte en un llamado urgente a custodiar el futuro con la lucidez de quien entiende que cada descubrimiento es también una promesa y una amenaza.


VER+:








 

Jonas- El principio de responsabilidad.pdf by José Luis Castrejón Malvaez


miércoles, 16 de julio de 2025

LIBRO "PERSUASIÓN POLÍTICA": EL ARTE DE INFLUIR EN LA ERA DIGITAL 🎤 por MATHEUS MARTINS SOARES

PERSUASIÓN 
POLÍTICA
El arte de influir en la era digital


¿Conoce esa sensación cuando lee un mensaje que simplemente lo atrapa y le hace querer actuar de inmediato? 
¡Esto es lo que llamamos “el poder de persuasión”! Estás a punto de aprender todas las técnicas y trucos para despertar esa misma reacción en las personas con tus palabras. No creas que esto es algo de otro mundo, no. ¡Nada de eso! Te mostraré cómo usar las palabras correctas, crear oraciones impactantes y estructurar tus mensajes de una manera irresistible. 
Queremos que realmente conectes con tu público objetivo. Esto es lo que marcará la diferencia a la hora de convencerles de actuar.

En el centro de esta estrategia está el poder de las técnicas de persuasión en política.

Influir o ser influenciado 

La cuestión de querer influir o ser influenciado es una dicotomía que ha permeado las interacciones humanas desde tiempos inmemoriales. En un mundo cada vez más conectado, esta elección se ha vuelto más evidente y relevante que nunca. En una sociedad que valora la individualidad, la autenticidad y la capacidad de moldear el propio destino, la influencia juega un papel central en nuestras vidas, afectando nuestras decisiones, opiniones y comportamientos. 
Quiero mostrarte cómo explorar las complejidades de la influencia y el deseo de ser influenciado, considerando los diferentes aspectos de esta dinámica en el ámbito personal, social y digital. Examinemos las motivaciones detrás de ambas caras de la moneda, los beneficios y desventajas de cada elección, y cómo esto se relaciona con la construcción de identidad y el impacto en la sociedad. 

La búsqueda del poder y el cambio 

Influir, en esencia, implica la capacidad de afectar las opiniones, decisiones y acciones de otras personas. Puede verse como un acto de liderazgo, en el que alguien utiliza su conocimiento, carisma y habilidades de persuasión para guiar a otros hacia ciertas metas o ideales. Quienes quieren influir a menudo anhelan poder y tienen una visión específica del mundo que quieren crear. Las motivaciones para querer influir pueden variar ampliamente. Algunos individuos buscan la influencia como una forma de poder personal, buscando obtener una ventaja sobre los demás o lograr metas ambiciosas. Otros tienen motivaciones más altruistas y desean utilizar su influencia para realizar cambios positivos en la sociedad mediante la promoción de causas sociales o ambientales. 
Poder personal: Para muchos, la influencia es una herramienta para obtener poder personal y lograr sus objetivos. Esto puede incluir influir en personas en posiciones de autoridad, como líderes políticos o ejecutivos de empresas, para que tomen decisiones que beneficien sus intereses. El deseo de influir puede estar motivado por la ambición personal, la codicia o el deseo de control. 
Cambio social: por otro lado, muchos individuos quieren influir para lograr cambios positivos en la sociedad. Esto puede implicar defender causas como la igualdad de género, la justicia racial, la preservación del medio ambiente o la erradicación de la pobreza. Quienes buscan influencia por razones altruistas a menudo quieren ver un mundo mejor y están dispuestos a utilizar su influencia para marcar la diferencia.

Influir positivamente puede traer una serie de beneficios tanto al influencer como a quienes están siendo influenciados. 
Logro de objetivos: la capacidad de influir puede ayudar a las personas a alcanzar sus objetivos personales y profesionales. Puede ser una herramienta valiosa para avanzar en su carrera, garantizar el éxito empresarial u obtener el apoyo necesario para causas sociales importantes. 
Cambio positivo: la influencia también se puede utilizar para lograr cambios positivos en la sociedad. Quienes tienen la capacidad de influir pueden ayudar a crear un mundo más justo, igualitario y sostenible marcando la diferencia en cuestiones críticas.

Autoestima y Reconocimiento: Ser capaz de influir en los demás a menudo conduce a un aumento de la autoestima y el reconocimiento social. Las personas que tienen éxito en la influencia suelen ser admiradas y respetadas por su capacidad de liderazgo. 
Ser influenciado: la búsqueda de identificación y conexión Por otro lado, ser influenciado implica estar dispuesto a escuchar, aprender y dejarse moldear por otras personas, ideas o tendencias. Esto puede verse como una demostración de humildad y apertura al cambio. Quienes eligen ser influenciados a menudo buscan identificación, pertenencia y orientación. 

Motivaciones para ser influenciado 

Las razones para elegir dejarse influenciar pueden ser igualmente diversas. Algunas personas valoran la perspectiva y la sabiduría de los demás y buscan aprender y crecer a través de la influencia de mentores, líderes o figuras inspiradoras. Otros pueden verse influenciados por la presión social o el deseo de encajar en un determinado grupo o cultura. 
Aprendizaje y crecimiento: para muchos, ser influenciado es una forma eficaz de aprender y crecer. Al absorber conocimientos y perspectivas de otras personas, puede ampliar sus horizontes, adquirir nuevas habilidades y mejorar como individuo. 
Identificación y pertenencia: Ser influenciado también puede proporcionar un sentido de identificación y pertenencia. Muchos buscan influencia para sentirse conectados con un grupo, cultura o comunidad específica. Esto puede ser especialmente relevante en un mundo donde la identidad y la aceptación juegan un papel importante.

Elegir dejarse influenciar también puede traer una serie de beneficios a la vida de un individuo.
Aprendizaje Continuo: Al estar abierto a las influencias, podrás seguir aprendiendo a lo largo de tu vida, adquiriendo nuevos conocimientos y habilidades que pueden ser aplicados en diferentes áreas. 
Conexión social: Ser influenciado a menudo conduce a una mayor conexión social. Al alinearse con ideas o grupos influyentes, puede desarrollar relaciones significativas y encontrar un sentido de pertenencia. 
Flexibilidad y adaptabilidad: la capacidad de ser influenciado también demuestra flexibilidad y adaptabilidad, características valiosas en un mundo en constante cambio. Aquellos que están dispuestos a adaptarse a nuevas ideas y perspectivas están mejor preparados para enfrentar desafíos y sobresalir.
En la sociedad moderna, la elección entre influir o ser influenciado no siempre es clara o estática. En muchos casos, las personas cambian entre estas dos posiciones según el contexto y las circunstancias. Además, la línea entre influenciar y ser influenciado a menudo se vuelve borrosa a medida que se entrelazan las interacciones sociales, culturales y digitales. 

Influencia Digital y Redes Sociales 

Uno de los principales impulsores de esta complejidad es el aumento de las redes sociales y la influencia digital. Plataformas como Facebook, Instagram, Twitter y YouTube han brindado a cualquier persona con acceso a Internet la capacidad de influir y ser influenciado a escala global. Los influencers digitales, en particular, se han convertido en figuras destacadas que dan forma a las opiniones y comportamientos de millones de seguidores.

Influencia digital: quienes eligen ser influenciados a menudo lo hacen siguiendo a personas influyentes digitales cuyas vidas y opiniones pueden servir como fuente de inspiración o entretenimiento. Los influencers digitales tienen la capacidad de crear tendencias, promocionar productos e incluso incidir en el cambio social. 
Ser influenciado negativamente: Sin embargo, la influencia digital también puede tener efectos negativos, especialmente entre los más jóvenes. La presión para ajustarse a estándares de belleza poco realistas, la búsqueda de validación en las redes sociales y la exposición al discurso de odio son ejemplos de cuán dañina puede ser la influencia digital. 
Influir en las redes sociales: por otro lado, muchas personas utilizan las plataformas de redes sociales para expresar sus opiniones, promover causas y construir comunidades en línea. Quienes buscan influir pueden aprovechar estas plataformas para llegar a una audiencia más amplia y movilizar apoyo para sus causas.

Identidad y autenticidad

Otro aspecto importante a considerar a la hora de elegir entre influir y ser influenciado es la construcción de identidad y la búsqueda de autenticidad. En un mundo donde se valora la individualidad, la presión de ser auténtico y al mismo tiempo encajar en las normas sociales y culturales puede ser un desafío. Construcción de Identidad: Muchos individuos optan por dejarse influenciar en la búsqueda de modelos a seguir en la construcción de su identidad. Pueden inspirarse en figuras públicas, líderes espirituales u otros modelos a seguir. 
Desafío de autenticidad: por otro lado, la presión por ser influyente puede crear un desafío a la autenticidad. Algunos pueden verse tentados a moldear sus identidades de acuerdo con las expectativas de los demás en lugar de permanecer fieles a sí mismos.

Responsabilidad moral

La elección entre influir y ser influenciado también está intrínsecamente ligada a la responsabilidad moral. Quienes desean influir tienen la responsabilidad de utilizar su influencia de manera ética y responsable, considerando el impacto de sus acciones en los demás y en la sociedad en su conjunto. 
Responsabilidad de los influencers: los influencers tienen el poder de moldear las opiniones y comportamientos de sus seguidores, y esta influencia debe usarse de manera responsable. Promover información falsa, incitar al odio o explotar las vulnerabilidades de las personas son ejemplos de comportamientos que pueden resultar perjudiciales. 
Elección consciente: Aquellos que eligen ser influenciados también tienen la responsabilidad de tomar decisiones conscientes sobre a quién y qué siguen. Creer ciegamente en información o seguir a personas influyentes dañinas sin cuestionarlas puede tener consecuencias negativas.

La elección entre influir o ser influenciado es una decisión que todo el mundo enfrenta en su vida y, a menudo, esta elección no es definitiva. 
La sociedad moderna presenta una compleja red de influencias, desde interacciones personales hasta el mundo digital en constante evolución. Ambas opciones tienen sus motivaciones, beneficios y desafíos. 
Lo importante es reconocer la complejidad de esta dinámica y tomar decisiones que contribuyan al crecimiento personal, al bienestar social y a la construcción de un mundo más justo e igualitario.

PERSUASIÓN POLÍTICA - El arte de influir en la era digital (1) by clubrecreacionaluchpa


martes, 15 de abril de 2025

"PLAZA SITIADA": UN LIBRO PARA LOS ENEMIGOS por NORBERTO FUENTES 👿👥💥💀

 PLAZA  SITIADA:

UN LIBRO PARA LOS ENEMIGOS

NORBERTO FUENTES

Ser bueno es el único modo de ser dichoso.
Ser culto es el único modo de ser libre.
José Martí

El Comité Central dijo no…

El texto de Plaza sitiada explica, desde el punto de vista del autor, toda la intrahistoria de aquella época en Cuba, la guerra de Castro contra los intelectuales cubanos y los del mundo entero. Los más perjudicados en el libro, como me parece que no podía ser menos, son el poeta Heberto Padilla y el escritor chileno Jorge Edwards, encargado también en esos días por el gobierno de Allende de abrir la embajada de Chile en La Habana. Según Fuentes, ninguno de los dos se dio cuenta de lo que sucedía e iba a suceder, Edwards sería expulsado de La Habana por Fidel Castro y con Padilla se habría pactado la autocrítica, palabra por palabra, y después de un tiempo la salida de La Habana.

Norberto Fuentes los tilda a los dos de desmemoriados: memorialistas desmemoriados, escribe. Aquí me toca de cerca, porque en el caso de Edwards yo estaba en el despacho de Carlos Barral, en la calle Balmes de Barcelona, cuando llegaron los primeros ejemplares de Persona non grata (y lo leí de un tirón esa noche en mi hotel de la calle Santaló 8), y en el segundo caso porque fui yo quien contrató y publicó, como director editorial de Argos Vergara en la época de la que hablamos, La mala memoria de Heberto Padilla. Los dos, Edwards y Padilla, son objeto de análisis profundo por parte de Norberto Fuentes, que fue amigo de ellos, dentro y fuera de Cuba, porque él también terminó exiliado, tras haber sido el cronista de la guerra de Angola, el cronista de las hazañas de las tropas aliadas soviéticas y cubanas con Arnaldo Ochoa de comandante en jefe de las tropas del frente.

Valía la pena entretenerse y aprender leyendo este libro, que da una versión nueva de aquellos episodios que rompieron el idilio de los intelectuales europeos y Fidel Castro. Sólo que en el libro de Fuentes aparecen intenciones de Fidel Castro que hasta ahora no habían sido analizadas. Digo que no son juicios de valor por parte del autor, ni suposiciones que podrían construir su versión de una manera torticera: hay documentación suficiente para tener en cuenta la tesis de Fuentes y, además, su prosa es suya, una especie de cabalgada sobre un tigre desde la primera de las páginas del libro hasta la última. Profusión de documentos oficiales, cables, cartas, testimonios; multitud de documentos gráficos, fotografías, detalles olvidados, atenciones nuevas, diría yo que fotos casi inéditas que apabullan al lector y lo meten dentro de la historia que cuenta el texto con la misma pasión reflexiva con el que ha sido escrito, sin duda.

Norberto Fuentes: resulta que está vivo como persona y como escritor, y con una memoria y una prosa excelentes, y con un pensamiento fresco y profundo, y con una sensibilidad literaria extraordinaria. Resulta que, junto a Cabrera Infante, es el único escritor cubano que conozco que ha escrito más y mejor fuera de Cuba que cuando estaba en la isla. El resto se acabaron bastante cuando salieron a escribir a la libertad y lo hicieron mucho peor que cuando dentro de la isla eran protagonistas de su propia resistencia. 
Supongo que el libro de Norberto Fuentes será saludado por silencios clamorosos y pequeñas diatribas que tratarán de despreciar este nuevo texto sobre aquellos años grises de Cuba. Es igual lo que hagan unos y otros, el libro ya está escrito. Y leído. Y es excelente.

Prefacio

“TODOS LOS ESCRITORES DE ORIGEN BURGUÉS han conocido la tentación de la irresponsabilidad”. El Sartre de posguerra y su anatema de 1948 sobre la irresponsabilidad como marca de fábrica de los intelectuales burgueses, que influyó en decenas de colegas durante casi toda la Guerra Fría y que les pesaba en la nuca como un albatros, actuó en mi caso más bien como la heráldica de un escudo de armas. La frasecita ha estado pendiente sobre la cabeza de demasiados escritores durante demasiados años. Allá ellos, los pobres. A mí, en cambio, me instruyó. Me dotó de una profesión de fe literaria. En verdad, yo estaba libre de todo sentimiento de culpa porque disponía de una Revolución que de hecho no te admitía muchos traumas ni complejos. (Nada de irresponsabilidades, compañero. Duro ahí. Que aquí tenemos toneladas de trabajo por delante.) Y así las cosas. Luego, en mi camino como escritor, encontré otro libro que también ha influido, que va a influir, mucho más que Sartre, que es París era una fiesta, de Hemingway. 
Me imagino que mucho más persuasivo para mí porque apelaba a los sentimientos, a las sensaciones, y no a los conceptos. Vivía el mundo, no lo explicaba. Todos los escritores que yo conozco, todos los grandes escritores que yo conozco, de una u otra manera, están influidos por París era una fiesta y a su vez los consume la ambición de hacer un libro semejante; o sea, descubrir en la juventud, en los años iniciales de sus carreras, en sus orígenes como artistas, la fuente de uno de sus libros. Aunque quizá nadie lo pueda repetir como Hemingway. Yo, con estas páginas, he percibido — como nunca antes con otro proyecto—, la tentación de la irresponsabilidad, pero a su vez, también, creo que me he visto atraído por esa especie de norte magnético que una vez atrapó a Ernest Hemingway: la búsqueda de la fuente de la juventud. Ha sido la mixturación, pues, de Plaza sitiada: la nostalgia y la irresponsabilidad.

EL PROCESO tuvo lugar en La Habana y se conoce como Caso Padilla —en referencia al mencionado poeta Heberto Padilla. En este libro, un narrador cubano de nombre Norberto Fuentes entrega su testimonio de aquellos días —en 1971— del arresto y posterior “autocrítica” del poeta, un episodio que todos los autores coinciden en señalar como el fin de la luna de miel de la intelectualidad occidental con la Revolución Cubana y, especialmente, con su líder, Fidel Castro. Un punto de giro tan dramático como insoslayable en la historia del comunismo cubano y que afectó por igual a todos los bastiones intelectuales de América Latina y con ondas de impacto que alcanzaron más allá aún: a España, Francia, Italia. Si Jean Paul Sartre dio por concluido su romance cubano, se lo debe al Caso Padilla. Si Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa rompieron para siempre una entrañable amistad, es el resultado del Caso Padilla. Julio Cortázar fue del azafrán al lirio durante este proceso y sus postrimerías. Podría decirse que no quedó intelectual de valía —entre Europa y América Latina— que no se viera atrapado en el fuego cruzado o, más significativo, que no tuviera la ardiente necesidad de pronunciar su discurso. (Sí, en efecto, pese a las cercanías de ambas costas, donde la noticia pareció pasar desapercibida fue en Estados Unidos; las razones pueden ser múltiples y hasta podemos admirarnos porque The New York Times dispusiera una tardía nota sobre las vicisitudes del poeta. (“Embatled Cuban Poet Heberto Padilla Lorenzo”, en The New York Times, 22 de mayo de 1971), pero lo cierto es que Padilla y sus tormentos hallaron muy poco eco entre sus colegas americanos, y que ni en el Village ni en Hollywood hubo movilización, amén de que hacia donde Padilla había estado trasmitiendo todo el tiempo sus boutades y coloridas declaraciones era hacia los centros receptores de París. Era con quien había establecido una comunión, la sede principal de la entente.) París. Bueno, el lector debe saber que en esto entra a jugar un papel, un muy enrarecido papel, el difunto guerrillero heroico, el comandante Ernesto Che Guevara. También él tenía la añoranza de París, y contribuyó de manera decisiva a acercar la intelectualidad francesa a la pachanga cubana. Lo cierto es que el Che se volvía loco con Sartre y con la enjundia filosófica que se respiraba en la Sorbona. ¿Y cómo se llamaba aquel pichón de imitador de André Malraux? Pichón, ya está dicho, eufemismo cubano por émulo, pero de bajo registro. Debray. Regis Debray. Porque él también puso su grano de arena en toda esta historia. Así mirada las cosas, no le fue tan mal a Padilla: el mismo París que al Che Guevara le costó la cabeza, y a Regis incontables sesiones de interrogatorios a manos del ejército boliviano (es lo que él contó), lo salda Heberto con 37 días en Villa Marista, el amurallado complejo de instrucción de la Seguridad del Estado cubano. 

Ah, por el camino hubo una autocrítica del poeta para lograr un requerido nivel de humillación según los estándares internacionales de la represión comunista, o al menos lo que se entiende como la conducta a seguir por estos regímenes, pero que en realidad —según sus propias y reiteradas hasta la saciedad declaraciones (siempre diferidas y muy lejos de las costas cubanas, desde luego)— él concibió como una burla emitida hacia los intelectuales foráneos para que se dieran cuenta que “aquello” era un proceso estalinista. También hubo un pequeño incidente, el del narrador cubano que rechazó la autocrítica de Padilla y que al principio fue exaltado como un héroe, pero que la miel de la gloria le fue escamotada casi de inmediato, primero con el silencio y el olvido, y luego con virarle la tortilla para justificar la abyección de Padilla. Ese muchachón insolente de entonces, ahora un señor en sus sólidos 70, se llama Norberto Fuentes y es el que se menciona al principio como el individuo dispuesto a entregar su testimonio sobre esta historia. 

A todas estas, vean que cosa más curiosa: el único de los principales involucrados que logra salir airoso del affaire, deja transcurrir más de 40 años sin pronunciarse. Todo el mundo despachándose con el cucharón del caldo, menos él. Una disciplina fácil de sobrellevar puesto que no hay nada que desprecie con mayor fuerza que las explicaciones de conductas personales pasadas. Así, pasó de ser el único partícipe invicto de la jornada, a la de un paria juzgado —en el mejor de los casos— por extranjeros y sobre todo por el atado de cobardes de la intelectualidad criolla. Se reagruparon como pudieron, se sorbieron los mocos, mercurocromo en las heriditas, y volvieron. Entendieron, de manera bastante racional, que les quedaba pendiente la rendición de cuentas por su ignominia. Podemos extendernos al respecto en las páginas que siguen. Pero en esencia, se dispusieron a acabar con él. Él, que desesperaba por terminar un mamotreto sobre Ernest Hemingway, para ganar alguna plata y también —¿por qué no?— alguna consideración social. Guardó silencio. Las dejó pasar, una invectiva tras otra. No niega que rumiara de vez en cuando la producción de un libro como este. Ponía y cambiaba títulos, enmarcaba el tiempo a tratar, anotaba en papelitos y luego —con el arribo de la Era Moderna — en la insondable memoria de sucesivas computadoras, de las que dispuso una docena tanto en Cuba como en su exilio yanqui. Aguantó, pues, hasta el presente, hasta las páginas y documentos que aquí irá sumando. Llega el momento —para él— de poner las cosas por escrito. Pero no por la cantidad de boberías que se han acumulado durante estos años. No. El detonante ha sido una extraña maniobra procedente de Cuba. La publicación de textos, la convocatoria a conversatorios y el liqueo de documentos, aunque todo bajo el control de las autoridades. Y a esos sí hay que responderles. Saltarles al cuello. De inmediato. Esperamos satisfacer todas las curiosidades más adelante. 

Algo más que el testimonio de aquel episodio, este libro es también el retrato de un joven artista y su aprendizaje como escritor en una revolución.


Norberto Fuentes
6 de julio de 2012 — 25 de noviembre de 2015.

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