EL Rincón de Yanka: NADA SE COMPRENDE

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martes, 11 de noviembre de 2014

NADA SE COMPRENDE



NADA SE COMPRENDE 
LA RAZÓN. JUEVES 9 DE MAYO DE 2002
ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO


Todo lo que se oye o se lee sobre la realidad política y cultural es falso o superficial. Desgraciadamente no es una exageración de amargado ni una petulancia de sabihondo. La generación de nuestros padres sabía pocas cosas de un mundo al que, sin embargo, comprendía. Hoy no hace falta comprender uno mismo todo para percibir que nadie comprende nada. Con ideas obtusas, valores chatos y palabras inauténticas, como moneda corriente de la comunicación social, nada se puede comprender. Y, no obstante, con ideas, valores y palabras genuinas todo es comprensible, no tanto por las causas particulares de cada sector descompuesto, sino por la particularidad de la causa común que los descompone a todos.

Hace un cuarto de siglo que descubrí esta causa en una gravísima contradicción de los valores vigentes en la actual civilización europea. Una contradicción distinta, pero heredera, de la que definió al siglo XIX. Una contradicción tan evidente que todos la verían enseguida si los medios de comunicación y los intelectuales tuvieran algún día el coraje, la decencia o la necesidad de reconocerla por su propio interés. En esta contradicción está el origen de todas las demagogias, todas las corrupciones y todas las crisis políticas. Y mientras que esta contradicción no se supere con sinceridad y talento institucional, continuará agravándose el malestar cultural de Europa.

Nadie comprende lo que ha pasado en Francia, la campaña antijudía en nuestros medios informativos, lo que sucede en Argentina, el incremento de la violencia doméstica, el separatismo de los nacionalistas vascos, el éxito de la operación triunfo o de las crónicas marcianas, la extensión de la corrupción, el bajo nivel de la enseñanza, la postergación de la inteligencia europea, la grave crisis del arte, la proliferación de sectas religiosas, la pérdida de la necesidad de lealtad al propio pasado, la degeneración del lenguaje.

Tampoco se comprenden las paradojas de que el consumo de drogas aumente cuando disminuye el paro; que la economía mejora cuando la política empeora; que el sentido de los acontecimientos grandes o pequeños en el mundo sea más desconocido cuanto mayor sea la información que nos dan de ellos. Las interpretaciones de cada una de las paradojas contradicen las de las otras.

La incomprensión universal, iniciada en las rebeliones del 68 y consumada con el final de la Guerra Fría, se ha constituido en hábito mental de los intelectuales. Los premios Nobel desbarran cuando opinan. En ninguna parte florece un esbozo de síntesis inteligente. Y en todas partes, la falta de luces en la inteligencia y de entereza en las voluntades se suple con los frutos emergentes del pozo negro de las ambiciones sin ideales y del miedo sin motivo, es decir, el consenso y el reparto.

La complejidad de las sociedades modernas hace difícil, pero no imposible, que se pueda comprender la razón de las cosas que pasan en ellas. Sobre todo de las que obedecen a sentimientos colectivos. Hasta tal punto ha llegado a ser ficticia la conciencia social en materias emotivas, como la política, el arte, los delitos y la inmigración, que los intelectuales en temas humanísticos comprenden mejor la relación con la realidad de las ciencias físicas o biológicas que la de sus propias asignaturas.

La contradicción del siglo XX europeo, adorar el principio de igualdad (democracia social) y odiar el principio representativo (democracia política), consagrados ambos en la apoteosis oligárquica del Estado de partidos, ha determinado de manera casi mecánica que la ética dejara de ser una disciplina, la moral una costumbre, la división derecha-izquierda un significado. La Administración ha sustituido a la política, el consenso a la representación y la violencia de grupo al fascismo social.