EL Rincón de Yanka: LA VERDAD DEL ANIMALISMO: ES UN BESTIALISMO FASCISTA MISÁNTROPO

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viernes, 14 de noviembre de 2014

LA VERDAD DEL ANIMALISMO: ES UN BESTIALISMO FASCISTA MISÁNTROPO


LA VERDAD DEL ANIMALISMO
EL ANIMALISMO ES UN BESTIALISMO


Peter Singer publicó un libro risible en 1975 (Animal Liberation) cuya repercusión sobre mentes sensibles y sentimentales puede medirse con el actual clima de intransigencia mediática que sufrimos quienes disponemos de un uso animal que no depende de la idolatría, la estupidez o la zoofilia. (La obra fue el punto de partida del movimiento animalista, su influencia alimentó la creación de movimientos radicales o armados, que pasaron de la teoría a la acción y que comprometieron asesinatos de humanos y sabotajes y persecuciones e intolerancia frente al uso animal –consumo de queso, tauromaquia, abrigos de piel, laboratorios, hípica, consumo de filetes y conductas similares, donde se implica al animal y al hombre en una relación donde el último preceptivamente obtiene más beneficios que la bestia.-) 

Un sistema de pensamiento sin lógica no es un sistema de pensamiento, es una equivocación. Cuando la equivocación triunfa, a fuerza de montajes, desmentidos y propaganda, se tienen los grandes movimientos de intolerancia de la historia, como el animalismo.

Ya en el centro, Singer o el animalismo no explican de manera suficiente el sistema de pensamiento de la liberación animal, es más, no pudiendo, se apoyan en fenómenos de la historia humana para justificar la igualdad entre hombres y bestias, lo cual resulta, además de contradictorio, decepcionante: según Singer, si aceptamos como justa la lucha en contra de la discriminación racial, de género o sexual, inmediatamente deberíamos aceptar que también la lucha en contra de la discriminación a los animales que comemos es justa y necesaria. Error donde se le mire. Si hablásemos de animales, sus derechos y la manera correcta de tratarles, los ejemplos humanos sobran, a menos que queramos hablar de humanidad, y no de animalidad. Siendo cosas harto distintas, necesitamos que nos demuestren la pertinencia del animalismo, sin necesidad de recurrir a la pertinencia del humanismo, ya que, como veremos a continuación, una cosa riñe a la otra.

Vamos analizar la didáctica y lisa premisa de Singer “si no discrimino a los negros, entonces no debo discriminar a las vacas comiéndomelas”.

Para empezar, la lucha contra el racismo se basa en un reclamo sencillo: que hombres negros fuesen considerados como humanos iguales a los hombres blancos. Lo dicho demuestra que la lucha de Luther King consistía en poder lograr para los afros el reconocimiento de HUMANIDAD, esto es, humanizarlos (recuérdese que se decía desde la teología y lo social que los negros no tenían ni alma ni derechos, y que no eran humanos por ello, razón la cual justificaba la esclavitud en épocas de desgracia); el triunfo contra el racismo implicó que los afros fuesen considerados como HUMANOS, iguales al resto de nosotros: ¿Cómo puede esto emparentarse con el animalismo, si las luchas por los derechos y contra la discriminación fueron intentos justos por acercar al negro, la mujer y al homosexual hacia la humanidad aceptada? ¿Puede la vaca llegar a ésta humanidad aceptada?). El humanismo es lo contrario al animalismo. No hay lógica en la pretensión de Singer o el animalismo, la lucha por los derechos de los humanos no son antecedentes de la lucha por los derechos de las bestias, son todo lo contrario. La reivindicación humana en todo sentido es precisamente lo contrario a la lucha animal. Que la historia, con justicia, haya acercado al afro o al homosexual hacia la humanidad aceptada, apunta precisamente en dirección contraria al animalismo, pues acentúa la diferencia entre humanos y bestias, al delimitar el terreno de lo humano a límites específicos de condiciones y derechos. Decir que la lucha de los afros por alcanzar el reconocimiento en los estados de derechos es equivalente a la ficticia lucha de las vacas para que no las comamos, resulta además de torpe una nueva forma de discriminación contra los afros, pues se les pone al nivel mismo de las vacas, por ejemplo.

Así, alógicamente, se maneja el animalismo: alogicidad al hablar, al argumentar, al actuar.

Siendo otro ardid recurrente el de igualar al hombre y al animal: no pudiendo demostrar que los humanos somos iguales al resto de los animales, pues no comemos directamente lavazas o pelmazos en el suelo, ni los cerdos escribe tan bien como Proust, entonces se toma la vía contraria: humanizar o antropologizar al animal, añadirle características físicas y psicológicas exclusivas del hombre. No es siquiera Andrea Padilla hablando de las aspiraciones empresariales de los pollos en las avícolas como se demuestra que la tesis demencial de Singer puede llegar a límites de estulticia e idiotismo insospechados, también tenemos el siguiente silogismo de Mupra (México unido por el respeto a los animales): 

YO AMO A MI MAMÁ, Y NO ME LA COMO; ENTONCES, SI AMAMOS A LOS ANIMALES, NO DEBEMOS COMERLOS.

Yo tengo un silogismo, igual de pedestre o corto: Salí del vientre de mi madre, y por ello la amo; si amo a las vacas, entonces salí del vientre de una vaca.

Humanos y bestias no somos iguales: el mismo Singer hace la distinción, pues habla recurrentemente de “animales humanos” y “animales no humanos”, entendiéndose por un “animal humano” al hombre, y por un “animal no humano” a la vaca. Si fuésemos iguales, Singer no haría esta distinción, más real que gramática. Tenemos otro ardid inocente: que con la vaca compartimos el sistema nervioso, lo cual es una inviolable ley moral para los animalistas, aun cuando se refiere a una masa de células, que no a valores éticos y morales. Si, como en efecto pasa, compartimos un sistema nervioso similar al del resto de animales, ello no implica de inmediato que seamos iguales: el sistema nervioso es apenas el receptor del dolor, siendo que el dolor se procesa según las facultades neurológicas de cada especie; ésta capacidad de procesar el dolor reside, además de las cotas del umbral de dolor (que en el toro de lidia es cientos de veces mayor al del humano), en el diencéfalo, que los animales tienen poco desarrollado, por no decir primitivo: una vaca puede sufrir un dolor insufrible, y olvidarlo a los cinco minutos, ya que no posee consciencia reflexiva. ¿Implica esto pues, que seamos iguales a las bestias?¿Por qué debemos aceptar las premisas de Singer o el animalismo, que disparan a todas partes pero no apuntan a una demostración fehaciente de la igualdad entre el hombre y la vaca o el toro? No demostrando esta igualdad, Singer ahora intenta de una manera más carnicera establecer relación entre un bebe recién nacido y una vaca o un mono, con la santa y animalista pretensión de sensibilizar a la mente débil.

La premisa se explica así: “comerse una vaca es igual a comerse a un recién nacido, pues todavía el recién nacido no habla ni tiene sueños ni escribe, al igual que una vaca…por ello, si comes carne de vaca, estás haciendo tanto mal como si comieras a un bebé recién nacido”.

La formulación misma de la anterior premisa tiene una estupidez velada, que el lector achacará al autor de estas líneas; por ello, propongo un ejemplo del mismo Singer:

“Cuándo están justificados los experimentos con animales? Al enterarse de la naturaleza de muchos de los experimentos realizados, algunas personas reaccionan diciendo que deben prohibirse todos inmediatamente. Pero si formulamos nuestras exigencias de una manera tan absoluta, los experimentadores disponen de una rápida respuesta: ¿Estaríamos dispuestos a dejar morir a cientos de humanos si se pudieran salvar mediante un solo experimento con un solo animal? Desde luego, esta pregunta es puramente hipotética. Nunca ha habido, 

ni podrá haberlo, un solo experimento que salve miles de vidas. La respuesta adecuada a esta pregunta hipotética es otra pregunta: ¿Estarían dispuestos los experimentadores a realizar el experimento con un huérfano humano menor de seis meses si ése fuera el único modo de 

salvar miles de vidas? Si los experimentadores no estuvieran dispuestos a utilizar una 

criatura humana, su disposición a utilizar animales no humanos revela una forma injustificable de discriminación sobre la base de la especie, ya que los gorilas adultos, monos, perros, gatos, ratas y otros animales son más conscientes de lo que les sucede, más capaces de autodirigirse y, por 

lo que sabemos, al menos igual de sensibles al dolor, que una criatura humana. (He especificado que el niño fuera huérfano para evitar las complicaciones de los sentimientos de los padres.”… “Por lo que sabemos, los bebés no poseen ninguna característica moralmente relevante en mayor medida que los animales no humanos adultos, a menos que vayamos a considerar el potencial del niño como una característica que convierta la experimentación con él en un acto condenable…” PETER SINGER, Animal Liberation, pág. 116-117.

Se responde: NO SE PUEDE IGUALAR UNA VIDA HUMANA A UNA VIDA ANIMAL. ¿Por qué? PORQUE FÍSICA Y PSICOLÓGICAMENTE SOMOS DISTINTOS AL RESTO DE LOS ANIMALES (Singer acepta la diferencia entre especies para establecer categorías éticas sobre qué muerte es buena y qué muerte es mala: según su implacable sabiduría de la ética, no es inmoral matar a un pescado, pues éste carece de sistema nervioso y “sueños”; se aduce de nuestra parte que es cierto que haya diferencias entre las vidas y los valores del hombre y el resto de los animales, apoyándonos en la tesis de Singer.)

Se necesita la sangre fría de un matarife de carnicería para atreverse a escribir las líneas citadas, ya no decir de manera sistemática, pues desde 1975, Singer plantea en cada espacio posible que matar a una vaca es equivalente a matar a un bebé recién nacido, a un ciego, un paralítico o un retrasado mental, por cuanto carecen todos de capacidades facultativas. Obviamente esto tiene una respuesta, que es necesaria darla a Singer o el animalismo: el dilema práctico consiste así: no se mata a la vaca porque ésta carezca de voluntad para aprender aritmética, o porque no recite versos de Shakespeare, al igual que los bebés o el tullido, sino que se le mata para obtener su carne, de alto valor proteínico y exquisito sabor, lo cual, presumiblemente, no pasa con la carne del tullido, el ciego, o del bebé recién nacido.

Además, y obviando en primera medida, sí hay experimentos que salvan cientos de millones de vidas, siendo singulares y usando animales: la vacuna contra la malaria, que precisó el uso de moscas y ratas, ha salvado a millones de vidas humanas, especialmente en zonas deprimidas, como en África; luego, Singer miente cuando habla de una “pregunta hipotética”. Pero volviendo al salvaje planteamiento del autor, -repetido hasta el vértigo por los animalistas-, esto es, que asesinar a un niño es equivalente a matar a una vaca en un rango moral insignificante, Singer obvia que la moral contempla a la muerte como crimen o inmoralidad dependiendo de la parte motiva, pues, como se sabe, la muerte es absoluta y llegará a todos los vivos: lo inmoral no es matar, sino el por qué, el cómo, y el dónde (motivos o principios eminentes, jurídicamente especificados como homicidio culposo, homicidio premeditado, homicidio accidental; moralmente especificados como muerte necesaria, muerte justa, muerta inmoral; físicamente especificados, como violentación física, muerte accidental o fortuita, muerte coincidencial, muerte natural o muerte inducida) así las cosas, lo que obvia Singer es que no se mata a los bovinos por un ejercicio gratuito de crueldad, ni en el matadero ni el ruedo, sino que aquellas muertes comprenden una trama de significaciones que no puede ser relacionada con una muerte humana: el toro muere para alimentarnos, o para crear un fenómeno estético dentro de un drama, que es la tauromaquia, y no por un ejercicio maligno de inmoralidad, pues los motivos no coinciden con los motivos ciertos de asesinar a un bebé (al que se le asesina no para comer su carne, usar su cuero, o recrear el drama taurino, al ser imposible físicamente que el bebé produzca carne consumible o embista a una muleta). Asesinato u homicidio, son categorías de la amoralidad eminentemente humanas (ambas significan, matar a un hombre y matar a un hombre, en el árabe y el latín originales) y explicar con ellas al animalismo es recurrir a la falta de consistencia en las teorías propias: ¿Por qué se debe apoyar Singer en lo humano, para echar luces en lo animal, si lo que intenta es probar la inconveniencia de matar animales precisamente, y no humanos?

Se vuelve al círculo idéntico de la redundancia, si es que esto significa algo (lo mismo vale para el animalismo): ¿No se debe matar animales, basado esto en hipótesis sobre los humanos? La paradoja es mucha: Singer establece la diferencia moral entre animales (“es menos condenable matar una ameba o un pescado que a un bovino”, dice en Animal Liberation), pero al mismo tiempo concluye que matar a un bebé es igual a matar una vaca o un pescado: contradicción es una palabra que se queda corta para explicar la actitud de Singer.

Se anota además que Singer establece la igualdad entre la vaca y el niño tullido o el ciego con retardo mental, con lo cual, de una manera directa pero no sospechada por los animalistas, el mismo Singer nos dice que un humano en sus plenas facultades NO ES IGUAL A UNA VACA. Cosa evidente por sí sola, que humanos no somos iguales a las bestias, le ha tardado a Singer una penosa comprobación, donde ha discriminado a los ciegos y a los bebés huérfanos para llegar a ella.

Vamos a analizar un poco más la cita de Singer: establece la igualdad entre bebés huérfanos y bovinos destinados al matadero, basado en las muy abstractas categorías de “conciencia animal” y “autodirección”…la cita completa es: “ya que los gorilas adultos, monos, perros, gatos y otros animales son más conscientes de lo que les sucede, más capaces de autodirigirse y, por lo que sabemos, al menos igual de sensibles al dolor, que una criatura humana…”(Animal Liberation, pág. 116)

Se anota que lo que Singer llama “autodirección” es un eufemismo cobarde donde él no se atrevió a decir “voluntad”….los animales no poseen voluntad, el hombre sí; siendo el terrible crimen del recién nacido o el hombre que sufre retardo mental el no tener voluntad, quedan de ipso facto al mismo nivel de las cabras o los perros; sin embargo, ni cabras ni perros son recién nacidos, ni sufren de retardo mental. Lo anterior es una comprobación lógica, figura casi retórica que no demuestra nada, al igual que la comprobación según la cual, al poseer sistema nervioso las vacas, es un crimen consumir su leche. La relación de ésta clase de lógica animalista vegana suele ser simpática: las fresas, al igual que el ternero, no poseen voluntad, ni constantes aspiraciones para superarse; no tienen las fresas consciencia de la muerte, al igual que el ternero; sin embargo, las fresas, al igual que los terneros, son embriones de posibilidades, pueden crecer y ser árboles vivos, y también, al igual que el ternero, las fresas silvestres poseen una vida y una historia particular, consumen la luz solar y expelen dióxido de carbono como todo lo que tiene pulmones, y, al igual que el ternero, suelen inspirar indescriptibles sensaciones de ternura, especialmente entre las señoritas….¡¿CÓMO PODEMOS COMER FRESAS ASÍ, SI ESTÁN VIVAS Y RESPIRAN, Y PUEDEN LLEGAR A SER UN GRAN ÁRBOL DE FRESAS, O UN FRESAL FRESCO? ¿NO ES LO MISMO QUE PASA ENTRE EL CIEGO Y EL TERNERO, ESTO ES, QUE MEDIANDO LAS SIMILITUDES, ES IGUAL DE CRIMINAL MATAR A UNA FRESA QUE A UN TERNERO SI VAMOS A COMERLOS? Las fresas, los vegetales, no poseen sistema nervioso, pero son sensibles a la música clásica, y mueren de manera irremediable si son mal arrancadas. Las lechugas no poseen sistema nervioso, pero su proceso degenerativo no sólo se produce por causas físicas; estudios científicos han demostrado que las plantas que son mimadas con arrullos tiernos y caricias crecen más rápidamente que las plantas que son dejadas a su buena suerte, sin apoyo afectivo o emocional. Con obviedad, todo esto, desde el momento en que empezó el animalismo, ha perdido toda importancia.

¿EL AMOR DE LOS ANIMALISTAS HACIA LOS ANIMALES ES UN AMOR ILIMITADO?
Lo que sienten los animalistas por los animales no es amor, es lástima.

El axioma es casi fundamental para entender al animalismo que desde Singer nos asfixia con su propaganda; es irrisorio suponer que amar a la totalidad de los animales sea posible, o que el humano racional coma carne por no poder amar al animal que nunca ha visto, ni imaginado: inventar la palabra amor donde las cosas deforman hacia el fanatismo o la zoofilia, en los mejores de los casos:

- PETA mata al 95% de los animales que dice rescatar de las fauces de la explotación humana, al carecer de los recursos que se necesitan para sostenerlos. Las muertes han sido debidamente documentadas: desde las listas de animales sacrificados, a los que antes de la muerte les ponen un nombre (doolye, Star of my heart, poonkimoon), hasta las cantidades de Eutanal y jeringas necesarias para el sacrificio de los animales (Coetzee en su novelaDesgracia narra el “infierno personal” que sufre un animalista al sacrificar a un animal que ha rescatado, ante la imposibilidad de poderle sostener con vida.)

- Houellebecq nos proporciona una anécdota que sirve para ilustrar: animalistas que decidieron librar a las ovejas y cabras de la explotación a la que eran sometidas para la producción de queso en el sur de Francia, no encontraron una manera más moral y justa para quitarles el yugo que liberando hordas de lobos para que las devoraran. Faltando una finca productora, el dueño vio con estupor la llegada de un camión, y cómo sus ocupantes liberaron a lobos en los hatos donde pastaban los caprinos y los ovinos; está claro que los lobos devoraban a las ovejas y cabras; al ser detenidos por las autoridades, los ocupantes del camión confesaron pertenecer al ALF. La noticia salió en toda Niza, pero la maquinaria mediática animalista impidió que se conociera en Paris.

Coincide esto con las múltiples declaraciones de antitaurinos que traslucen indolencia hacia el futuro del toro de abolirse la fiesta: Álvaro Múnera, en el concejo de Medellín declara que “el toro de lidia puede extinguirse sin que se afecte el equilibrio del medio ambiente”; similar afirmación a la de Andrea Padilla, quien declara que “es preferible que se extingan los toros de lidia a que sigan siendo explotados para la tortura; en este caso, se evita el sufrimiento del individuo y no el de la especie”.

En ninguno de los casos expuestos, se deja ver ni de perfil el AMOR que se dice tienen por los animales. Amar es una actitud meramente humana; no se ama principios abstractos, ni ideas, sino que se cree en ellas: al chocar con la realidad, el AMOR no es suficiente para sostener una coherencia con la situación REAL, esto es, cuando se tiene miles de animales en el patio de la casa, pero ni un pan para alimentarlos: el AMOR no alcanza a ser cierto cuando se dice sentir tan noble sentimiento y se empuña al tiempo la jeringa de eutanal, o se llena de saliva negra la boca (bilis, asco) cuando se dice que no importa la extinción del toro de lidia, pero se protesta cada tarde porque 6 toros mueren.

¿SON LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES ALGO VÁLIDO? ¿DEBEMOS RESPETAR LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES?

No, ni los animalistas mismos los observan o respetan:
Dice la declaración universal de los Derechos de los Animales lo siguiente:

“Artículo 4

A) Todo animal perteneciente a una especie salvaje tiene derecho a vivir libremente en su propio ambiente natural, terrestre, aéreo o acuático, y a REPRODUCIRSE.”

Se dirá de manera clara: los mismos animalistas violan el artículo 4 parágrafo A de la Declaración Universal de los Derechos de los Animales, al someter forzosamente y de manera masiva y general a las especies de animales salvajes o domésticas a la ESTERILIZACIÓN (violando el derecho fundamental de las bestias a reproducirse según lo dicta su ciclo natural, además de sus Derechos.)

Perros, gatos, canguros, lobos esteparios y bisontes polacos y un sinnúmero de especies son esterilizados por organizaciones animalistas cada año con una fruición de nazi que asusta. Se puede permitir asegurar que los animalistas violan los derechos de los animales, que es otra forma de ridículo de esta secta.

¿Qué validez le espera a un circo jurídico, irrespetado por sus propios creadores? Ninguna. El caso es comprobable, dada la inutilidad y hasta la imposibilidad de hacer valer estos derechos; según el articulado, películas como King Kong, El Planeta de los Simios, Liberen a Willy ó 101 Dálmatas están prohibidas, amparada la prohibición en el siguiente artículo:

Artículo 13 B) “Las escenas de violencia en las que los animales son víctimas deben ser prohibidas en el cine y la televisión..”

Todo el animalismo carece de realidad.

¿ES LA ANTITAUROMAQUIA UN AVANCE MORAL?

No. La antitauromaquia no es una evolución moral; actúan diversos motivos, más allá de lo obvio que resulta el principio eterno de la moral: un animal no puede ser objeto de la ética, lo mismo que un lápiz o una piedra del desierto, puesto que no puede ejercerse la serie de categorías morales sobre seres que no entienden ni compaginan en tal moral (no se siente impiedad por el lápiz al romperlo, ni impiedad por una vaca que nunca conocimos, al comer una salchicha, es imposible imaginarlo…) Siendo el caso, nos centraremos en la antitauromaquia:

No se puede hablar de una evolución moral en el siglo XXI con respecto a las bestias, cuya una de sus simpáticas manifestaciones es la “sensibilización hacia el dolor de los animales sintientes” (horribilus dictus) o la antitauromaquia:

Nuestra historia actual NO demuestra que haya un avance moral hacia el trato con los animales:

- Precisamente es el siglo XXI el que más animales explota, somete, sacrifica, destaza y come. No hay tal evolución, cuando la humanidad consume carne como nunca, llegando incluso a concentraciones de más de 500mil reses de engorde en menos de 5 metros cuadrados por cabeza, y cuando al año se sacrifican cientos de millones de animales para consumo humano; con todo, la ONU contempla que para el 2050 la producción de carne bovina va a aumentar en un 50%- …así, históricamente cabría preguntar ¿Cuál evolución moral? La tauromaquia es apenas una arista pequeña del uso animal, uso sin el cual la humanidad colapsaría (lo cual sí sería una inmoralidad, cuando no la peor).

Tampoco, siendo inexistente aquella moral, su dizque portador –el antitaurino- se comporta como un ser ético: no hablaremos de la urgente intolerancia que sufren los antitaurinos, reflejada en su odio, persecución, vulgaridad y violencia verbal sistemática hacia los taurinos (nos resulta difícil imaginar a Gandhi persiguiendo a los ingleses con tantas groserías, montajes y canalladas como torpeza, que es lo hecho por la antitauromaquia), puesto que es mejor hablar de hechos concretos:

- Un ser moral, ético o humanizado prohombre del siglo XXI, no profanaría la tumba del torero Julio Robles: al profanarla, en septiembre del 2008, los antitaurinos estuvieron a punto de robar los restos mortales del torero: rompieron la loza, la pintaron con un bajonazo (ASESINO, EN LETRAS NEGRAS), amenazaron a sus familiares de muerte y prometieron profanar tumbas de otros matadores: ¿Es moral esto? ¿Se puede considerar como moral una profanación, si me digo que soy antitaurino, evolucionado moral, ético y que rechazo cada forma de violencia por esa moralidad? (el hecho, cinco años después, no ha sido condenado por antitaurino alguno, todo lo contrario: lo celebran dando palmas).

- Un ser moral, ético o humanizado prohombre del siglo XXI, no intentaría quemar vivos a los familiares de un crítico taurino: antitaurinos prendieron fuego a la residencia del crítico francés André Viard, en Vieux Boucau; los facinerosos amenazaron de muerte durante semanas a la familia del taurino, llegando incluso a asegurar de manera carnicera que lidiarían a una bebé, sobrina de Viard, de la misma manera que se lidiaba a los toros en la plaza; la irracionalidad desembocó en el incendio de la casa del crítico, en la madrugada, mientras los familiares de Viard dormían adentro y se oían afuera gritos de Olé. Por fortuna no hubo víctimas, pero las amenazas y las mofas por la casa quemada del crítico taurino aún hoy continúan: ¿Es moral esto? ¿Se puede considerar como moral el quemar a seres humanos por ideas radicales? ¿Es un ser moral quien a punta de gasolina y fósforos intenta imponer su idea de la ética? (el hecho, dos años después, no ha sido condenado por antitaurino alguno, todo lo contrario: se celebra con burlas).

- Los antitaurinos sienten una extraña sensación de placer al ver la muerte o el sufrimiento por heridas de un torero. La actitud inmoral se explica sola. Prometen que a quienes vamos a la plaza de toros, nos harán morir de manera lenta y dolorosa (he recibido la misma amenaza por más de 70 veces desde que públicamente soy taurino; lo mismo le ocurre a todos mis conocidos, que son aficionados al toro).

Bien: ¿qué extraña moral es esta, que admite la violencia contra los humanos por razón de sus creencias culturales, al mejor y más inolvidable estilo nazi? ¿Por qué esta moral encuentra repugnante que se maten toros, pero hace y desea y empuja por la muerte de los taurinos, como si de un credo se tratara? ¿En qué moralidad cabe la muerte del hombre, si no en una moralidad inhumana, y por ende inmoral?

Sería necesario ahorrarse los millones de comentarios insultantes, montajes, deseos de muerte a nuestros familiares, acciones de violentación física y verbal cotidianas, para no hacer de ésta “moralidad” antitaurina un chiste, una contradicción infantil, un monstruo.

¿ES EL ANIMALISMO UNA MORALIDAD?

No. El animalismo es un sistema contradictorio que desemboca de una u otra manera en la zoofilia, la idolatría, el sectarismo armado y la intolerancia, cosas que no guardan una relación ni con la moral más baja, pues se entiende por estas actitudes (zoofilia, sectarismo armado, fanatismo) desde el punto de vista psicológico, jurídico y social, que son aberraciones graves.

- Peter Singer admite, apoya y recomienda la zoofilia. Glosando un artículo titulado Dear Pet, Singer afirma: “las relaciones de satisfacción mutua de naturaleza sexual entre hombres y animales, no producen ni rechazo ni horror”.

Debe entenderse por “las relaciones de satisfacción mutua de naturaleza sexual” a las prácticas que engloban las relaciones sexuales de violentación entre hombres y perros, mujeres y caballos, perros y mujeres, hombres y gallinas, mujeres y cerdos, etc. Esto es, la zoofilia. Incluso, PETA apoyó la declaración de Singer, actitud que se suma a el escándalo producido en el año de 1999, cuando la central de PETA en Washington fue allanada en un proceso de indagación por terrorismo, hallando las autoridades federales en tales instalaciones copioso y abundante material zoofílico, donde participaban activistas animalistas y animales rescatados que, además de ser usados para la propaganda hostigante del animalismo, servían como esclavos sexuales a los militantes de PETA. El crimen es inexplicable dentro de la lógica animalista, pues la zoofilia es un acto donde no solo obra el desgarramiento anal (que, es obvio, producirá dolor al animal) que sufren las bestias, sino además la violentación de principios básicos de moralidad, cuando se somete a seres sin voluntad a la esclavitud sexual, creyéndola preceptivamente mejor que un destino de engorde para la producción de carne o la lidia. En palabras blancas, es un crimen doble, pues es perpetrado por los supuestos defensores de los animales.

- ALF (Animal Liberation Front) es un movimiento armado, declarado como terrorista por el FBI y el Departamento de Estado norteamericano, inspirado en el libro de Singer y la obra incendiaria de un ganapán inglés que sentía debilidad por quemar humanos vivos para vengar a los animales usados en las industrias de la leche y el cuero; ésta organización ha computado más de 700 acciones terroristas en el mundo; sus detonar consiste en el asesinato de científicos (iniciado por PETA en los años noventa, cuando se le denominó PETATERRORISMO o PETATERRORIST), guardias de seguridad, propietarios de peleterías e industrias lácteas; otra penosa actitud del ALF consiste en la irresponsable “liberación” de miles de animales que dejan a su buena suerte en el campo (recordemos que son animales domésticos, esto es, no sabrían vivir en un medio salvaje), cuando no que mantienen hacinados en las escasas propiedades de fanáticos animalistas (recordemos que PETA ha sido denunciada por desaparecer al 95% de los animales que “libera”, al no poder mantenerles ni con vida, ni con buena salud y alimentación, ante la escasez de recursos), el sabotaje de industrias de uso animal mediante el incendio de las instalaciones o la persecución diaria a los trabajadores de dichas industrias, campañas de desprestigio mediando los montajes (como en la antitauromaquia) y múltiples amenazas de muerte y destrucción (como en la antitauromaquia).

Explicar por qué ALF, esto es, un movimiento animalista salido de la entraña misma de Singer, es inmoral, resulta menos que innecesario, teniendo en cuenta los hechos.

-El animalismo sufre un fuerte influjo de producciones fantasiosas que pervierten la idea que debemos tener de los animales: son innumerables las veces que hemos visto en la propaganda animalista, como leones y cebras se abrazan fraternalmente, o como tigres y gacelas se besan con intenso cariño, cuando sabemos que en la realidad, los depredadores devoran sin piedad (pues lo animales son amorales) a sus presas. Dentro de la amplia chismografía antitaurina y animalista, desvirtuar la naturaleza de los animales haciéndoles objeto de lástima o de ternura, es común, pero por desgracia falseador de la realidad. La actitud se explica: se hace del toro de lidia un animal que inspire ternura y no miedo, cariño y lástima en lugar de respeto ante su imponencia combativa; con ello, se observa como criminal que se pueda matar a tan inofensiva criatura. Volver a los animales objetos miserables de la moral, consiste en luchar hasta en contra de las leyes mismas de la naturaleza y la realidad. Lo que combate a la realidad misma es una blasfemia, una execración, una inmoralidad.

El ANIMALISMO ES UN BESTIALISMO

El animalismo desvirtúa el trato realista que debemos tener con los animales; se entiende por trato realista el que se ajusta a las leyes de la naturaleza, donde los animales se matan unos a otros con propósitos que van desde la satisfacción alimentaria de las dietas (o carnivorísmo) hasta el inocente pero letal juego de un cachorro lobo que mata por diversión a las ovejas viejas que se extravían de los Landers escoceses; la realidad no hace de la alimentación carnívora un uso exclusivo de la muerte entre especies, esto es, no necesariamente la realidad dicta que la única muerte justificable o necesaria es aquella tendiente a alimentarnos con los restos de otro animal, al cual debimos matar por y para ello. En caso contrario, incluso podemos prescindir el uso de carne, adoptando dietas desabridas y amargas como la vegetariana y sus variantes conocidas; la no adopción del veganismo, y del sistema moral del animalismo, implica una demostración de éste principio más allá de las leyes naturales, pues incluso el hombre puede pasar por encima de su remordimiento moral al matar a un animal para comerlo, a sabiendas que puede alimentarse con lechugas, nabos o brócolis por el resto de sus días: se come carne con un fin meramente hedonista, esto es, por el placer producido al degustar un buen trozo de carne, mas no por una necesidad bilógica. El derecho al placer o el bienestar es realmente el único derecho inalienable para la totalidad de la naturaleza, y más que derecho, se manifiesta como un principio perseguido por todos los actores de los ecosistemas. El toro de lidia, mimado en su inmejorable calidad de vida, tiene satisfecho el principio de bienestar necesario, al ser criado con denodados cuidados por 4 años en su hábitat natural, con su alimentación natural y sin hacinamientos, en un régimen extensivo que garantiza que no se desvirtúa ni su naturaleza combativa ni su derecho al placer, ya que ni siquiera los 15 minutos de la lidia en la plaza son contrarios a la naturaleza agresiva del toro, que tanto en la dehesa como en la calle o el ruedo, ataca al desconocido. Contrario a esto es la zoofilia de Singer, PETA, Animanaturalis y demás organizaciones y personajes que trasgreden sexualmente a los animales, negando los principios de la naturaleza (hombres y caballos no tienen sexo en la naturaleza, por ello la zoofilia se denomina como aberración, al igual que el sadomasoquismo o la coprofilia) de las bestias, y su mínimo derecho al placer, al producirles sufrimiento por actos sexuales abusivos. Lo mismo vale para el resto de actitudes que, mediando la fanatización del animalista, alejan al animal de su real naturaleza, al volverles seres zopencos en una puesta en escena, donde, como se ha visto, los leones castrados desde el nacimiento juguetean desprevenidos con perros o gatos, también castrados o esterilizados, en un prado florecido y bobalicón, mientras un animalista semidesnudo corretea alrededor para demostrar que el amor a los animales existe. Por ello, actitudes bestiales o tendientes a desvirtuar a la naturaleza o la realidad misma no merecen el título de animalismo, demasiado noble para actitudes tan singerianas como la zoofilia, la esterilización o la eutanasia masiva para animales con fracturas óseas; el animalismo no es tal: es un bestialismo de la razón.

(Queda sí, sin embargo, una última queja, que cualquiera sin ser necesariamente animalista puede formular: ¿tenemos derecho a someter a los animales al sufrimiento o la muerte? La conducta humana que se aprovecha de los animales no es en ningún caso un acto de dominación arbitrario o antinatural, puesto que la realidad permite aquel margen donde el más fuerte domina y mata al más débil; no puede considerarse eso como una inmoralidad, a menos que se piense que la realidad misma es inmoral; puede actuar un sentimiento de remordimiento, pero no es objetivo hacer de este remordimiento una ley general para los humanos, al ser, precisa y simplemente, un sentimiento, una sensibilidad. Se puede apelar a un trato en el cual los animales reciban tantos beneficios como los humanos que se aprovechan de ellos: el toro de lidia, al recibir 4 años de vida palaciega, a cambio de 15 minutos de lucha leal, tiene la balanza a su favor en la relación de sus beneficios adquiridos (4 años de vida) con respecto a los beneficios dados (15 minutos de lucha, con la posibilidad de triunfar con el indulto).)



El régimen Nazi: grandes animalistas


En 1933 Hitler anunciaba que en el nuevo Reich no se permitiría de ninguna manera la crueldad hacia los animales, marcando el inicio del proteccionismo animal en Alemania.

Los Nazis fueron los primeros en legislar leyes contra la vivisección, contra la caza y por el bienestar animal. Las leyes nacionalsocialistas se elaboraron en los tres primeros años del régimen, la primera es de 1933 y se denomina Ley de Protección de los Animales, un año después se aprueba la Ley del Reich de la Caza y en 1935 entra en vigor la Ley de Protección de la Naturaleza, que entre otros tópicos creó una legislación especial para transportar animales en automóviles, prescribió la manera menos dolorosa de herrar a los caballos y buscó hacer menos dolorosa el modo de cocinar una langostas evitando que se cocieran vivas. Pero hay más, el gobierno de 


Adolf Hitler sería el primer animalista en prohibir la práctica de la vivisección.

Los temas de la naturaleza tenían gran importancia dentro del partido NAZI socialista. Muchos de sus principales dirigentes eran vegetarianos. Las leyes actuales de bienestar animal y ecología en Alemania y otros países son variaciones de las leyes introducidas por los nazis. La tierra madre, sus bosques, ríos, flora y fauna, debían ser preservados para salvar el refugio y sostén de la raza aria que era un deber ineludible.

Es de conocimiento público que Hitler amaba a su perra Blondi, pero además -según sus biógrafos- no admitía que se fumara en su presencia, y cuando compartía la mesa con personas que comían carne, les describía con lujo de detalle los horrores del matadero. De hecho, él mismo declaró que “En el nuevo Reich no debe haber cabida para la crueldad con los animales. 

El nazismo asesinó 6.000.000 
de seres humanos 
(es que no eran perritos)

VER+:ZOOFILIA EMOCIONAL NO BESTIALISTA HUMANIZACIÓN ANIMAL Y MISANTROPÍA