EL Rincón de Yanka: "EL POEMA SÓLO SE CULMINA CUANDO SE HACE CANTO, PALABRA Y MÚSICA A LA VEZ" Léopold Sédar Senghor

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viernes, 28 de noviembre de 2014

"EL POEMA SÓLO SE CULMINA CUANDO SE HACE CANTO, PALABRA Y MÚSICA A LA VEZ" Léopold Sédar Senghor


"El poema sólo se culmina cuando se hace canto, 
palabra y música a la vez".  


QUERIDO HERMANO BLANCO


Querido hermano blanco,
cuando yo nací, era negro,
cuando crecí, era negro,
cuando estoy al sol, soy negro,
cuando estoy enfermo, soy negro,
cuando muera, seré negro.

En tanto que tú, hombre blanco
cuando tú naciste, eras rosa,
cuando creciste, eras blanco,
cuando te pones al sol, eres rojo
cuando tienes frío, eres azul
cuando tienes miedo, te pones verde,
cuando estás enfermo, eres amarillo,
cuando mueras, serás gris.

Así pues, de nosotros dos,
¿quién es el hombre de color?


Foto  de Pedro Gruenholz
Oración de las máscaras

¡Máscaras! ¡Oh, Máscaras!
Máscara negra, máscara roja, 
ustedes máscaras blanco y negro
Máscara de los cuatro puntos de donde sopla el Espíritu 
¡Os saludo desde el silencio!
Y no eres tú el último, Ancestro con cabeza de León. 
Máscaras que cuidan este sitio donde está prescrita toda
risa de mujer, toda sonrisa que se marchita, 
Destilan este aire de eternidad donde respiro el aire de mis padres
Máscaras de rostros sin máscara, 
despojadas de todo hoyuelo
y de toda arruga 
Que han dibujado este retrato, este rostro mío inclinado
sobre el altar de papel blanco 
Según su imagen, ¡escúchenme!
El África de los imperios muere— es la agonía de una 
princesa andrajosa
Y también de Europa a la que estamos ligados por el ombligo
Fijen sus ojos inmutables sobre sus hijos que exigen 
Que dan su vida como el pobre su último vestido. 
Respondamos presentes al renacimiento del Mundo 
Como la levadura que es necesaria para la harina blanca. 
¿Quiénes aprenderán el ritmo del mundo difunto de 
máquinas y cañones?
¿Quién lanzará el grito de alegría para despertar a muertos 
y huérfanos en la aurora? 
Digan, ¿quién devolverá la memoria de vida al hombre
con esperanzas desentrañadas? 
Nos lo dicen los hombres del algodón, del café, del aceite. 
Nos lo dicen los hombres de la muerte. 
Nosotros somos los hombres de la danza, cuyos pies
recobran su vigor golpeando la dureza del suelo.


Carta a un poeta
A Aimé Césaire 




¡Para el Hermano amado y para el amigo, 
mi saludo tosco 
y fraternal!
Las gaviotas negras, los navegantes de los grandes ríos
han hecho que goce de tus noticias
Mezcladas con especies, con ruidos olorosos de los Ríos
del Sur y de las Islas.
Ellos me han hablado de tu confianza, de la eminencia de 
tu frente y de la flor de tus labios sutiles
Que te hacen, tus discípulos, columna de silencio, 
una 
rueda de pavo real
Que se eleva hasta la luna, 
tú resistes su celo alterado 
y jadeante.
¿Es acaso tu perfume de frutas fabulosas 
o tu estela de 
luz en pleno medio día?
¡Cuántas mujeres con piel de zapotillo en el harem de tu
espíritu!
Mi encanto más allá de los años, 
bajo la ceniza de tus 
párpados
La brasa ardiente, tu música hacia la que tendemos
nuestras manos y nuestros corazones de antaño.
¿Habrás olvidado tu nobleza, que es el canto
A los Ancestros, Los Príncipes y los Dioses, 
que no son
ni flor ni gotas de rocío?
Debiste ofrecer a los Espíritus los frutos blancos 
de tu jardín
Tú no comes sino la flor, 
recolectada el mismo año 
del fino mijo
Y no hurtas ni un pétalo para perfumar tu boca.
En el fondo del pozo de mi memoria, toco
Tu rostro de donde saco el agua que refresca mi gran 
aflicción.
Te diluyes con aristocracia, 
acodado en la cima de una 
colina clara,
Tu lecho oprime la tierra que dulcemente castiga.
Los tam-tam, en las llanuras ahogadas, marcan el ritmo,
tu canto, y tu verso es la respiración de la noche 
y del mar lejano.
Tú cantaste a los Ancestros y a los Príncipes legítimos
Tú cogiste una estrella del firmamento para la rima
Rítmica a contratiempo; y los pobres a tus pies desnudos
arrojaron las esteras con la ganancia de un año
Y las mujeres a tus pies desnudos, su corazón de ámbar
y la danza de sus almas desolladas.
Mi amigo, mi amigo —¡Oh, regresarás, regresarás!
Yo te esperaré — mensaje confiado al capitán del cúter
bajo el Kaicedrat.*
Tú regresarás para el festín de las primicias. 
Cuando 
humee sobre los techos la dulzura del atardecer 
al 
declinar el sol,
Y paseen los atletas su juventud, adornada como los novios,
conviene que allí estés.

* Árbol de la familia de las acacias.

                                    Léopold Sédar Senghor