EL Rincón de Yanka: EL SILENCIO DE JOB: LA VOZ DE DIOS

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viernes, 2 de marzo de 2018

EL SILENCIO DE JOB: LA VOZ DE DIOS

Desde el torbellino", 
de Stuart Park 



¿Desde dónde habla, de dónde 
proviene la vocación de Dios? 

“Habla, porque yo te quiero justificar”, 
si no “calla y te enseñaré sabiduría”
Job 33: 32,33


La voz de Dios no es un arrebato ni un estallido (32: 18,19), un estar hinchado de palabras. Es más bien un silbo apacible, una suave brisa reparadora; pero que habla desde la tormenta, desde el punto centrífugo de las tensiones de nuestra vida, cuando el mundo está para estrellarse violentamente contra las defensas más vulnerables de nuestro ser. 
¿Es esto objeto de estudio, de demostración de lo que uno sabe, o de manifestar lo que uno ha llegado a ser, desoyendo todo lo demás? 

La vida de Job, serena y apacible, ha sido violentamente trastocada, removida. Familia, bienes, reputación, bienestar, reconocimiento… todo ha sido alcanzado, excepto su vida. Sí, está enfermo y doliente, acallado al punto de morir incluso espiritualmente, sólo su fe en Dios permanece inquebrantada, íntegra, aun cuando se queje o lamente. O lo que es lo mismo: es perfectamente consciente de su situación de indefensión plena, del contraste que le separa de sus interlocutores (16: 4-5, “también yo podría hablar como vosotros si vuestra alma estuviera en lugar de la mía” / 15: 8-9 “¿qué sabes tú que nosotros no sepamos… oíste tú el secreto de Dios…?”). Job está en el otro lugar, en el otro lado de la realidad, irreversible, intransferible, incomprensible, impenetrable a los otros. Posee ahora un conocimiento (de Dios) que se les resiste a los demás. ¿Acaso les estará robando o usurpando tal conocimiento de Dios a los otros, a causa de su silencio, su disensión o no confesión? 

En el sufrimiento hay una patente e imperiosa necesidad expresiva, comprometedora por cierto, porque expone al hombre a exhibir su vulnerabilidad o debilidad al no poder reprimir la voz intrínseca de su dolor. En ese plano ¿es posible “entonces” levantar una voz constructiva que dé razón y explique el sufrimiento como un sentido? ¿Es posible transmitirlo, más allá de los afectos emocionales que provoca? ¿Teóricamente, a la manera de un saber o de una ciencia? 
¿Didácticamente, acaso, como una enseñanza, a través de la literatura o la poesía? ¿Quizá como un testimonio entresacado de voces y silencios en los diálogos? 

El nombre “Job”, según parece, cabe emparentarlo con un verbo hebreo que significa “perseguir/ser hostil”, de donde vendría a significar “aquél que es objeto de persecución”, o más sencillo, “el perseguido”.

Todos sufrimos, pero las palabras de los amigos alivian. Sin embargo, no hay cosa más dificultosa que hallar palabras proporcionadas a un gran dolor. Los amigos de Job, más que consoladores se muestran en ocasiones acusadores.


EL SILENCIO DE JOB: LA VOZ DE DIOS

El prólogo de este libro sobre Job aclara las circunstancias que dieron lugar a su origen. Acabo de leer desde la primera a la última palabra del mismo y me ha cautivado su belleza y sinceridad. El autor confiesa que fue escrito en un período de crisis personal. Al leer al azar Job 3:25 “Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía”, le pareció que el texto había sido escrito para él. Dice: “redacté en un cuaderno la reflexión que suscitaron aquellas palabras, y seguí leyendo, comentando todos los textos que encontraban eco en mis propios sentimientos. Y así continué, durante siete meses de actividad febril llenando hojas, en cualquier momento del día o de la noche, en trenes y aeropuertos, de madrugada, antes de comer, después de cenar, en el orden atropellado en el que los textos iban causando impacto en un asombrado lector”. 

Dios nos ha creado y Dios nos habla. Nos sigue hablando hoy, nos habla todos los días. Soy de los que creen que Dios habla a sus hijos a través de la Palabra escrita, sólo a través de la Biblia. Un simple versículo en el que ni siquiera había pensado fue un dardo divino, directo al corazón del autor inglés. Como si Dios le dijera: 


¿Dónde está la parte de tu ser en que yo no esté o que no me pertenezca? ¿A qué tienes miedo? ¿Quién puede hacerte daño si tú permaneces a mi lado? ¿No soy el Dios que te creó? Tú dejarías de ser si te apartases de mí.

El momento llegó para Stuart Park en que de su propio ser brotó un cántico de añoranza, recordó tiempos pasados, comprendió que en el camino a través de la noche la duda anda tras nuestros pasos y el dolor se adueña de la vida. 

Totalmente recuperado espiritualmente, contento con Dios, agradecido, olvidando lo que quedaba atrás y extendiéndose hacia lo que tenía delante, emprendió la redacción de las reflexiones sobre el libro de Job que esta noche, casi madrugada, tengo ante mis ojos. 
Cree Park que “este varón llamado Job es un milagro de la divina providencia, un espejo para la posteridad, un testimonio para todos los tiempos. Su prueba, su lucha y agonía, su fe y su vindicación, reflejan la historia universal del hombre. Y apuntan, de manera inequívoca, hacia el venidero Salvador, el Hijo del Hombre y meta final de la Historia”. 

Aquí figuran los tres amigos de Job, “Elifaz temanita, Bildad suhita y Zofar naamatita” (Job 2:11) quienes enterados de las desgracias del amigo, deciden hacerle una visita para interesarse por su salud y consolarle. A éstos se une posteriormente el joven “Eliú, quien había esperado a Job en la disputa, porque los otros eran más viejos que él” (Job 32:4). Este Eliú “se encendió en ira contra Job; se encendió en ira, porque se justificaba a sí mismo más que a Dios” (Job 32:2). 
Todos sufrimos, pero las palabras de los amigos alivian. Sin embargo, no hay cosa más dificultosa que hallar palabras proporcionadas a un gran dolor. Los amigos de Job, más que consoladores se muestran en ocasiones acusadores. Hasta el punto que hacen gritar al doliente: “Consoladores molestos sois todos vosotros” (Job 16:2). 
Con este material Stuart Park compone una bella biografía del personaje bíblico que inspiró un drama intelectual y teológico, donde las acciones principales son argumentos. Para Stuart Park, “Job es, sin duda, un profeta a escuchar, un paradigma a contemplar, y un ejemplo a seguir”. 
En su biografía de Job Park presenta al personaje como un exponente del sufrimiento humano, cuya batalla es consigo mismo. Vemos a un Job desgarrado ante los trágicos acontecimientos que mortificaron su vida, su familia, su propio cuerpo. A medida que avanzamos en la lectura del libro lo vemos cambiar de forma sorprendente hasta llegar al climax del conocimiento y de la aceptación. Es entonces cuando, dirigiéndose a Dios, razona: 

“Yo conozco que todo lo puedes, 
y que no hay pensamiento 
que se esconda de ti. 
¿Quién es el que oscurece 
el consejo sin entendimiento? 
Por tanto, yo hablaba 
lo que no entendía; 
cosas demasiado maravillosas para mí, 
que yo no comprendía. 
Oye, te ruego, y hablaré; 
te preguntaré, y tú me enseñaras. 
De oídos te había oído; 
mas ahora mis ojos te ven. 
Por tanto me aborrezco, 
y me arrepiento en polvo y ceniza” 
Job 42:2-6

Soberbio el comentario que Stuart Park hace a estos versículos en las páginas finales de la biografía: “el temor que espantaba el alma de Job resultó ser una quimera, y aquello que temió no fue más que una falsedad satánica. Yahvéh bendijo doblemente a Job, y el amor de Dios sobrepasó todo entendimiento y echó fuera todo temor”. Más adelante, agrega: “el libro de Job proclama, pues, un Evangelio. Dios nos ama más allá de nuestra imaginación, y nos defiende aunque nos formen proceso todas las huestes de maldad. Nos revela la Fuente de toda sabiduría, Jesucristo, Siervo Sufriente de Yahvéh, que murió por nosotros y nos ofrece eterna salvación”. 

Jesucristo, Cristo, siempre Cristo. Desde la primera a la última página del libro Cristo está presente. De tal manera que su tratamiento de Job más parece un manual de Cristología. Yo pondría al libro de Park otro título: “Cristo en Job”, así como Meyer escribió el elevado “Cristo en Isaías”. Normal. Obviemos a Cristo y los veinte últimos siglos quedarán en blanco. Más aún, en palabras de Papini, “la historia de la humanidad es como la circulación de órbitas en torno de un punto fijo: la Cruz de Cristo”.


CONOZCO QUE TODO LO PUEDES - Claudio Freidzon




ESTE ES MI DESEO (CANTA DANILO MONTERO)

Título original: 

I give you my heart -(TE DOY MI CORAZÓN) 
Compositor: Reuben Morgan