EL Rincón de Yanka: HOLODOMOR (MATAR DE HAMBRE) Y COMUNISMO LIBERTICIDA Y GENOCIDA

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¡BIENAVENTURADA NAVIDAD!

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viernes, 26 de febrero de 2016

HOLODOMOR (MATAR DE HAMBRE) Y COMUNISMO LIBERTICIDA Y GENOCIDA



Holodomor, significa matar de hambre, 
ese fue el objetivo.


Bajo el título del Real Holocausto, muchos recuerdan estos hechos y piden que 
lleguen a la opinión pública, estas tierra negras tal vez las más fértiles de 
Europa fueron uno de los mayores productores de trigo en el mundo.

La primera HAMBRUNA empezó en 1921 con la sequía, las consecuencias 
de la guerra y la reducción de los campos a la colectivización acelerada. 
Se confiscan a las familias granos, reservas y maquinaria agrícola, el frío, 
la cheka y la brutalidad dieron por resultado la muerte de 1,5 millones de 
campesinos ucranianos. Los ucranianos se resistieron a la sovietización 
pero fueron ejecutados, torturados y muchos deportados a Siberia

Pero pasados unos años Stalin vuelve a arremeter contra este "paraíso 
terrenal" ningún ucraniano puede mantener su individualidad como tal.
Esto estaba reñido con los ideales revolucionarios, las tierras de los 
Kulak y sus pertenencias son propiedad del Estado. Cualquier rebelión 
será denunciada, sofocada y su resultado será la deportación o la 
muerte. Las granjas que subsisten deberán pagar más impuestos en
granos y son objeto de requisas aleatorias de las "chekas" .
Muchas madres abandonaron a sus hijos en vagones de tren con 
la ilusión de que alguien los recogería en las ciudades que también 
lidiaban con un estricto racionamiento. Los mercados occidentales 
estaban abarrotados del trigo ucraniano confiscado a los productores.

En 1932 se culpa a los campesinos de la falta de pan  
y del racionamiento impuesto en las ciudades. Nadie sabía  
que los granos ya se habían vendido. En el campo y en la  
ciudad reinaba el HAMBRE, el hambre no deja pensar.

La cosecha de trigo de 1933 se vendió en el mercado mundial a 
precios por debajo del mercado, se ha calculado que esa cosecha
podría haber alimentado a los ucranianos por dos años.

PERO NADIE LO SABIA

En la Ciudad pensaban que los culpables eran los del CAMPO. 

Se atiza el fuego de la persecución, se pone en marcha el legendario "Divide y reinarás " todos contra todos en un país gobernado por psicópatas, en algunos relatos se cuenta que el ejército rojo vaciló cuando vio que en Ucrania 
no quedaban terratenientes "ladrones de comida", solo campesinos famélicos esperando la muerte. Pero órdenes son órdenes y ellos eran los rebeldes y opositores, señalados como enemigos por el Estado.

STALIN, Lavrenti Bercovich (Beria) y Lazar Moiseievich (Kaganovich)

Un censo del año 1937 midió la pérdida de vidas a consecuencias del agotamiento físico, tifus, envenenamientos gastro-intestinales, canibalismo, represiones, suicidios debido al desorden psíquico y colapso social. Solo en Ucrania hubo 8 millones de víctimas, aproximadamente. Los funcionarios que hicieron el censo fueron fusilados por su honradez al fijar el número de víctimas.

Stalin no aceptó ayuda económica del exterior y negó la existencia del hecho. Después de la catástrofe humana nacional, Ucrania quedó dominada por el comunismo ruso. El Parlamento de Ucrania (RADA) ha reconocido como “genocidio” la muerte de millones de campesinos ucranianos durante la colectivización forzosa de la tierra emprendida por Stalin en los años 30.

Son los que dictaron las órdenes que el ejército y la policía secreta obedeció haciendo posible el inimaginable y agónico exterminio de 14 millones de civiles, en su mayoría niños.

LA HAMBRUNA OCASIONADAS 
POR LOS COMUNISTAS

Por lo que se refiere a la gran hambruna ucraniana de 1932- 1933, vinculada a la resistencia de las poblaciones rurales contra la colectivización forzosa, provocó en unos meses la muerte de seis millones de personas.

En este caso, el genocidio «de clase» se unió al genocidio «de raza»: la muerte por inanición de un hijo de kulak ucraniano deliberadamente entregado al hambre por el régimen stalinista «equivale» a la muerte por inanición de un niño judío del ghetto de Varsovia entregado al hambre por el régimen nazi.


Esta constatación no pone en absoluto en tela de juicio la «singularidad de Auschwitz»: la movilización de los recursos técnicos más modernos y la puesta en funcionamiento de un verdadero «proceso industrial» —la construcción de una «fábrica de exterminio»—, el uso de gases y la cremación.

Sin embargo, subraya una particularidad de muchos regímenes comunistas: la utilización sistemática del «arma del hambre».

El régimen tiende a controlar la totalidad de las reservas de alimentos disponibles y, mediante un sistema de racionamiento a veces muy sofisticado, solo la redistribuye en función del «mérito» o del «demérito» de unos y de otros.

Este salto puede llegar incluso a provocar gigantescas hambrunas. Recordemos que, en el período posterior a 1918, solo los países comunistas conocieron hambres que llevaron a la muerte a centenares de miles, incluso de millones de hombres.

Todavía en la última década, dos de los países de África que se aferraban al marxismo-leninismo —Etiopía y Mozambique— tuvieron que experimentar mortíferas hambrunas.

SIGLO XX SIGLO DE SANGRE Y COMUNISMO

Se ha podido escribir que «la historia es la ciencia de la desgracia de los hombres» y nuestro siglo de violencia parece confirmar la veracidad de esta frase de una manera contundente.

Es cierto que en los siglos anteriores pocos pueblos y pocos estados se han visto libres de algún tipo de violencia en masa.

Las principales potencias europeas se vieron implicadas en la trata de esclavos negros; la República francesa practicó una colonización que, a pesar de ciertos logros, se vio señalada por numerosos episodios repugnantes que se repitieron hasta su final.

Los Estados Unidos siguen inmersos en una cierta cultura de la violencia que hunde sus raíces en dos crímenes enormes: la esclavitud de los negros y el exterminio de los indios.

Pero todo eso no contradice el hecho de que nuestro siglo parece haber superado al respecto a los siglos anteriores.

Un vistazo retrospectivo impone una conclusión sobrecogedora: fue el siglo de las grandes catástrofes humanas —dos guerras mundiales, el nazismo, sin hablar de tragedias más localizadas en Armenia, Biafra, Ruanda y otros lugares—.

El imperio otomano se entregó ciertamente al genocidio de los armenios y Alemania al de los judíos y gitanos. La Italia de Mussolini asesinó a los etíopes.

Los checos han tenido que admitir a regañadientes que su comportamiento en relación con los alemanes de los Sudetes durante 1945-46 no estuvo por encima de toda sospecha.

E incluso la pequeña Suiza se encuentra hoy en día atrapada por su pasado de gestora del oro robado por los nazis a los judíos exterminados, incluso aunque el grado de atrocidad de este comportamiento no tenga ningún punto de comparación con el del genocidio.

El comunismo se inserta en esta parte del tiempo histórico desbordante de tragedias. Constituye incluso uno de sus momentos más intensos y significativos.

El comunismo, fenómeno trascendental de este breve siglo XX que comienza en 1914 y concluye en Moscú en 1991, se encuentra en el centro mismo del panorama.

Se trata de un comunismo que existió antes que el fascismo y que el nazismo y que los sobrevivió, y que alcanzó los cuatro grandes continentes.

Superando los crímenes individuales, los asesinatos puntuales, circunstanciales, los regímenes comunistas, a fin de asentarse en el poder, erigieron el crimen en masa en un verdadero sistema de gobierno.