EL Rincón de Yanka: ¿QUÉ DICE LA BIBLIA SOBRE LA CORRUPCIÓN?

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jueves, 16 de mayo de 2013

¿QUÉ DICE LA BIBLIA SOBRE LA CORRUPCIÓN?



DEBEMOS DECLARAR
A LA CORRUPCIÓN
como
CRIMEN
DE LESA HUMANIDAD

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"Un Estado que no se rigiera según la justicia
se reduciría a una gran banda de ladrones".
 San Agustín de Hipona



La corrupción es la mala hierba de nuestro tiempo que se nutre de apariencia y de aceptación social, se erige como la medida de la actuación moral, y puede consumir el interior, con conductas de “mundanidad espiritual” cuando no “esclerosis del corazón”, incluso a la misma Iglesia. Y si para el pecado existe el perdón, para la corrupción no. Por esto, la corrupción debe ser curada.

Es la dura crítica que surge de algunas páginas escritas en 2005 por Jorge Mario Bergoglio cuando era arzobispo de Buenos Aires. Este texto ha sido recuperado en un libro:
“Curar la corrupción”, publicado por primera vez en italiano (Editorial misionera italiana).
Pecado y corrupción

En su fresco de fuertes colores, Bergoglio explica que la corrupción está ligada doblemente al pecado, pero que se distingue de él. La corrupción no es “un acto sino un estado, un estado personal y social, en el cual uno se acostumbra a vivir”, a través “de la generación de costumbres que van deteriorando y limitando la capacidad de amar”.

Bergoglio resume así los rasgos más destacados de esta plaga:

1) Inmanencia. La corrupción tiende a generar “una verdadera cultura, con capacidad doctrinal, lenguaje propio, maneras concretas de proceder”, se convierte en una “cultura de la sustracción”, donde la trascendencia se acerca cada vez más a esto, hasta convertirse en inmanencia”. El proceso que lleva del pecado a la corrupción es un proceso de “sustitución de Dios con las propias fuerzas”. La génesis se remonta a un cansancio de la trascendencia: frente al Dios que no se cansa de perdonar, el corrupto se erige como autosuficiente en la expresión de su salvación: se cansa de pedir perdón”.

2) Buenas maneras. Esta autosuficiencia humana que se refiere a “un comportamiento del corazón relacionado con un tesoro que lo seduce, lo tranquiliza y lo engaña, “es una trascendencia frívola”. En la corrupción, de hecho, domina un especie de “descaro modesto”, se crea “un culto de las buenas maneras que cubren las actitudes malas”. El corrupto es un equilibrista de la “exquisitez”, campeón de las buenas maneras. Y si “el pecador, en el reconocimiento de su pecado, de alguna manera admite la falsedad del tesoro al que se ha adherido… el corrupto, sin embargo, ha sometido su vicio a un curso acelerado de buena educación”.

3) Medida moral. “El corrupto, escribe Bergolio, tiene siempre la necesidad de compararse con otros que parecen llevar la misma vida (aún cuando se trate de la coherencia del publicano al confesarse pecador)”. Una característica suya es el “modo en que se justifica”, presentando sus “buenas maneras” como opuestas a situaciones de pecado extremas o fruto de una caricatura y en esto se erige “juez de los demás”, se convierte en “medida del comportamiento moral”.

4) Triunfalismo. “El triunfalismo es el caldo de cultivo ideal para las actitudes corruptas”. Sobre esto se refiere el teólogo Henri de Lubac cuando habla de la veleidad y de la frivolidad que anidan en la “mundanidad espiritual”, “la tentación más pérfida” que tiene como meta moral al hombre y su perfección y no la gloria de Dios. Según Bergoglio, la mundanidad espiritual “no es otra cosa que el triunfo que confía en el triunfalismo de la capacidad humana; el humanismo pagano adaptado al buen sentido cristiano”.

5) Complicidad. “El corrupto no conoce la fraternidad o la amistad, sino la complicidad”, tiende a conducir a los demás a su medida moral. O se es cómplice o se es enemigo. “La corrupción es proselitista”. “La corrupción se camufla con un comportamiento socialmente aceptable” como “Pilato que hace como si el problema no tuviera nada que ver con él, y por esto se lava las manos, también para defender su zona corrupta de adhesión al poder, a cualquier precio”.
La corrupción del religioso

Bergoglio hace, después, un análisis muy lúcido de los “estados de corrupción cotidiana” que lentamente “hacen encallar la vida religiosa”. Se trata de una especie de parálisis que se produce cuando un alma se adapta a vivir tranquilamente en paz.
Al principio existe “el temor de que Dios nos embarque en un viaje que no podamos controlar”. Pero haciendo así, explica Bergoglio, “los horizontes se encogen al tamaño de la propia desolación o del propio quietismo. Se teme la ilusión y se prefiere el realismo de lo mínimo a la promesa de lo máximo”. Aquí es donde anida el peligro, porque “en la preferencia de lo mínimo, que parece más realista hay ya un proceso de corrupción: se llega a la mediocridad y a la tibieza (dos formas de corrupción espiritual)”, una pendiente que conduce al “desánimo del alma” en una “lenta pero definitiva esclerosis del corazón”.
Por tanto el alma se coge a todos los productos que “el supermercado del consumismo religioso” le ofrece, y por tanto, tenderá a interpretar la “vida consagrada como una realización inmanente de su personalidad”, o bien seguirá “la satisfacción profesional” complaciéndose en el afecto de los demás, o se dedicará a una intensa vida social. De aquí viene la invitación del entonces arzobispo de Buenos Aires: “nuestra indigencia debe esforzarse un poco para abrir un espacio a la trascendencia”, porque “el Señor no se cansa nunca de llamarnos: ‘no tengáis miedo…’ ¿No temer a qué..? No temer la esperanza… y la esperanza no defrauda”.


¿Qué dice la Biblia sobre la corrupción?

En este artículo quisiera presentar una serie de textos bíblicos que puedan ayudar al cristiano a comprender que la corrupción (no solo la de los políticos, también en lo religiso) es un auténtico pecado que va contra la voluntad de Dios, porque es una forma de hurto que atenta contra los derechos del prójimo, contra el bien común de la sociedad y que mata gente, como en el caso de la sanidad pública, que falten medicamentos o tratamientos por falta de recursos económicos robados por gente sin escrúpulos sociales...
Empecemos por unas definiciones muy sencillas. Entendemos aquí por “corromper” el hecho de quebrantar la moral de la administración pública o de los funcionarios, en especial haciendo que un empleado público, o un juez obre en cierto sentido de una manera que no vaya de acuerdo con la moral y el bien público. Términos algo parecidos son el fraude, el soborno, la mordida, el cohecho, la prevaricación, tráfico de influencias, etc... El fraude, por ejemplo, sería el engaño hecho con malicia con el cual alguien perjudica a otro y se beneficia a si mismo.
Qué afirma el Antiguo Testamento
Acerca del fraude en general encontramos los siguientes textos.
Dn 13, 53: Se condena a los jueces que condenan a los inocentes y absuelven a los culpables.
Sal 10, 7: Se condena al malavado cuya boca rebosa fraude y doblez.
Sal 101, 7: No morará en mi casa quien cometa fraudes.

Sobre el fraude de los comerciantes encontramos muchos textos (señal de que era una práctica bastante generalizada):
Lev 19, 35: No daran sentencias injustas, ni cometeran injusticias en pesos y medidas. Tengan balanza, pesas y medidas exactas.
Am 8, 5-6: Se condena a los ricos que encogen la medida y aumentan el precio.
Pro 11, 1: El Senor aborrece las balanzas falsas y le gustan las pesas exactas.
Os 12, 8; Mi 6, 11; Pro 20, 10; Pro 20, 23.

Acerca del soborno (comprar a un funcionario) se dice lo siguiente:
Dt 16, 19: No serás parcial ni aceptarás sobornos, que el soborno ciega los ojos de los sabios y falsea la causa del inocente.
Dt 27, 25: Maldito quien se deje sobornar para matar a un inocente.
Is 33, 15: Se bendice al que sacude la mano rechazando el soborno.
1 Sam 8, 3; Es 4, 5; Ne 6, 12; Is 1, 23; Am 5, 12; Mi 7, 3; Sal 15, 5; Sal 26, 10; Job 15, 34; Pro 15, 27; Pro 17, 8; Pro 17, 23; Ec 7, 7.
Qué afirma el Nuevo testamento
Un hecho muy interesante es que cuando el joven rico le pide a Jesús que le diga cuáles son los mandamientos que debe cumplir para entrar en la vida eterna, Jesús le responde con una lista en la que se añade un mandamiento que no estaba en el decálogo:

el “no defraudarás”, distinto del “no robaras” (Mc 10; 19).
También en Mc 7, 22 cuando Jesús da la lista de las cosas que salen del corazón del hombre y le contaminan se habla del “fraude”, como de algo distinto del “robo”.
En Lc 3, 14 Juan Bautista les dice a los soldados que si quieren cumplir la voluntad de Dios no deben “extorsionar” a nadie. También se condena a los que cometen fraudes en Rom 1, 29; 1 Co 6, 10 y 1 Tim 1, 10. En Lc 19, 8 el convertido Zaqueo le dice a Jesús: “A quien haya defraudado le restituiré cuatro veces más”.
Acerca de esta mala costumbre tan extendida en los paises latinos que es el fraude fiscal, puede verse el texto de San Pablo en Rom 13, 6 en  que se afirma claramente que “en conciencia” hay que pagar los impuestos a las autoridades legítimas.
En cuanto al soborno en Mt 28, 12 se nos centa como los sumos sacerdotes sobornaron a los soldados para que dijeran que los apóstoles habían robado el cuerpo de Jesús. En Hch 6, 11 se nos dice como los que mataron a Esteban sobornarón a algunos testigos falsos. En el caso de Jesús también se habla de testigos falsos, pero no se dice explícitamente que fueran sobornados (Mt 26, 60). En Hch 22, 28 se habla también de un caso de soborno.
Quisiera terminar con un texto de Juan Pablo II:

"Cada ciudadano tiene derecho a participar en la vida de la propia comunidad. Esta es una convicción generalmente compartida hoy en día. No obstante este derecho se desvanece cuando el proceso democrático pierde su eficacia a causa del favoritismo y de los fenomenos de corrupción, los cuales no solo impiden la legítima participación en la gestión del poder, sino que obstaculizan el acceso mismo a un disfrute equitativo de los bienes y servicios comunes".
Cortesía de P. Eduardo Bonnín Sch. P.





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LA CORRUPCIÓN MATA