EL Rincón de Yanka: PENTECOSTÉS: DE LA TERNURA AL VÉRTIGO

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domingo, 19 de mayo de 2013

PENTECOSTÉS: DE LA TERNURA AL VÉRTIGO



 
De la Ternura al Vértigo
José Luis Martín Descalzo
 
Habíamos creído que Dios era ternura.
Ahora descubríamos que Dios era vértigo.
Habíamos creído que Dios era soberanía.
Ahora se nos hacía ver que Dios era ebriedad.
Habíamos creído que Dios era la última calma.
Y alguien vino a contarnos que Dios era locura.
Por eso gritábamos,
subíamos y bajábamos del alma,
llameantes, atónitos.
Por eso la mediocridad cayó de nuestros hombros
como una manto que se pierde en la carrera;
y donde hubo pescadores tartamudeantes,
nacieron llamaradas, y epístolas, y martirio.

Cuando estábamos con Él,
no nos hacía falta fe para creer lo que veíamos.
Cuando estuvimos sin Él,
la fe se nos escapó como un agua entre los dedos.
Pero la Paloma-Halcón tiró de nuestras almas desenvainándolas,
y, por primera vez,
nos dimos cuenta de que éramos hombres.
Habíamos creído que amar era una cosa que se hacía,
algo así como un juego para tardes de lluvia.
¿Cómo podíamos entenderle
con sólo tales retazos de corazón?

Pero ahora -después de la Paloma-
ya no podíamos seguir usando a Dios
como se usa una playa.
Podíamos creer o no creer,
pero no creer dormidos.
Dios no mendigaba esquirlas de vida.
Era el huracán que golpea la casa, asedia las ventanas,
apalanca las puertas y los muros,
posee como un terrible amante.
No se puede creer en Él y ser virgen.
Entra como una espada o un hijo en las entrañas.
Dios es su nombre,
fecundidad es su ocupación y su apellido.

Quienes aquella tarde nos vieron aseguraban
que estábamos ebrios.
Pero nadie sospechó qué vino turbador
y magnífico se había subido a nuestras cabezas.