EL Rincón de Yanka: SE PERFILAN DOS DIRECCIONES EN LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

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viernes, 5 de octubre de 2012

SE PERFILAN DOS DIRECCIONES EN LA NUEVA EVANGELIZACIÓN



"La diversidad de las situaciones exige un atento discernimiento; hablar de «nueva evangelización» no significa tener que elaborar una única fórmula igual para todas las circunstancias. Y, sin embargo, no es difícil percatarse de que lo que necesitan todas las Iglesias que viven en territorios tradicionalmente cristianos es un renovado impulso misionero, expresión de una nueva y generosa apertura al don de la gracia. De hecho, no podemos olvidar que la primera tarea será siempre ser dóciles a la obra gratuita del Espíritu del Resucitado, que acompaña a cuantos son portadores del Evangelio y abre el corazón de quienes escuchan. Para proclamar de modo fecundo la Palabra del Evangelio se requiere ante todo hacer una experiencia profunda de Dios.
Como afirmé en mi primer encíclica Deus caritas est: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (n. 1). De forma análoga, en la raíz de toda evangelización no hay un proyecto humano de expansión, sino el deseo de compartir el don inestimable que Dios ha querido darnos, haciéndonos partícipes de su propia vida". CARTA APOSTÓLICA EN FORMA DE «MOTU PROPRIO». UBICUMQUE ET SEMPER. DEL SUMO PONTÍFICE BENEDICTO XVI CON LA CUAL SE INSTITUYE EL CONSEJO PONTIFICIO PARA LA PROMOCIÓN DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN


 
 
Se perfilan dos direcciones
en la nueva evangelización:



La vía de una mística (en una cristología desde arriba) insistir en la gratuidad, es decir, en la acción previa de Dios que nos ama libremente, aun cuando no estemos preparados ni seamos dignos de ello, si acogemos su gracia en el momento propicio.

Y la vía ascética -racionalista, intelectualista- (en una cristología desde abajo) poner más énfasis en la preparación y dignidad de las personas para que la gracia de Dios llegara hasta ellos

Estas diferencias son fácilmente salvables e, incluso, fecundamente interactivas. Al nivel en el que se vive la experiencia de gracia, no se ven las cosas así. Al contrario, dan como resultado dos formas muy distintas de vivir nuestra relación con Dios y con los hermanos. La primera, al recalcar la iniciativa de Dios sobre el pecado del hombre, hace de Dios un instrumento de misericordia, amando a las personas tal como son, buscándolas en sus pobrezas, abajándose hasta su condición de miseria. Este talante engendra una confianza que se traslada inmediatamente a la relación con los demás e instituye unas relaciones interpersonales de desenfado y libertad.

La ascética busca más seriedad e impone condiciones para que el sujeto viva y se comporte de una manera digna de la gracia. Hablan de amor pero sin afecto, hay que hacer comunidad pero sin cariño ni muestras especiales de ello, hay que ser espontáneos pero en un contexto muy regulado. Mientras una tendencia parece exagerar la alegría de la gratuidad; la otra no acaba de eliminar la tristeza de la culpabilidad, aun sintiéndose salvado. Se habla de gracia pero era una gracia cosificada que se podía merecer, ganar, perder, recobrar, calcular y exigir. Todo el peso de la salvación recayó en el sujeto y en sus obras, con lo que el cielo, para llegar a él, había que ganarlo a pulso. Con ello se perdió la gratuidad de la salvación en Cristo Jesús y desde entonces en vez de invocar al Espíritu Santo se invocaba al esfuerzo de la propia voluntad.

 
Tradicionalmente se ha pensado que a esto se llega con el perfeccionamiento de las virtudes pero este salto cualitativo le es imposible a la virtud, aun la infundida por el Espíritu Santo. En los grandes movimientos actuales está suficientemente probado por la experiencia que la mística es anterior a la ascética. Tal vez sean cosas de ahora, pero lo son. La visión gratuítica o de gratuidad cobra su plenitud cuando Dios reparte su don no a los que lo han conquistado a base de ejercicios virtuosos sino mucho más gratuitamente a muchos pobres y tirados que coinciden con los publicanos y prostitutas del evangelio. Estamos viendo cada día cómo Dios renueva su Iglesia con los más pobres y pequeños.
 
El Espíritu Santo quiere que en estos tiempos su gracia sea completamente gratuita para poder seguir derramándola, como dice Jesús en el Evangelio, a los pequeños y sencillos y a los que están dispuestos a nacer de nuevo.

El Papa Benedicto no les predicó a los chicos de la JMJ de Madrid virtudes o morales sino un encuentro con Cristo dentro de la Iglesia por obra del Espíritu Santo. Esta predicación supera en calidad mil leguas a toda la predicación del esfuerzo y preparación humanos.

Algunos podrán pensar que esta postura de gratuidad no asume la cruz ni los grandes compromisos. La gracia o el Espíritu Santo, como se dice más ahora, te lleva a Jesús y, en estos tiempos, de una manera especial a la humanidad de Jesús. Por este Jesús nos viene toda la salvación de Dios para el mundo. Esa salvación o esa gracia pasa ahora por todos los que le siguen más de cerca. Es gratuita pero sucede en nuestra carne y en nuestros actos. La fidelidad a este don es la única cruz verdadera. Esta fidelidad va a darse en tu historia, es decir en tu vocación, en tu comunidad, en tu familia, en tus problemas, carencias, enfermedades, debilidades y pecados, en tu vida y en tu muerte. La fidelidad a esta gracia hace posible el gran compromiso con los pobres y la misericordia a todos los niveles.




"Tenemos ideas extrañas sobre la conversión. La unimos con una serie de propósitos, obligaciones, prácticas ascéticas, esfuerzo de voluntad.
Prometo: "a partir de tal día me convertiré". Al final todo queda en una frustración más, no sólo por mi falta de voluntad, sino por falta de verdaderos objetivos. Y si por desgracia alguien se llega a convertir desde esos presupuestos, se convierte a sí mismo, a sus propias ideas de Dios, se radicaliza y se esteriliza, suponiendo que no se transforme en un peligroso activista. A todas estas conversiones siempre les acecha una gran frustración.

 
Volvemos a entender que el amor de Dios no consiste en que nosotros amemos a Dios sino en que es él el que nos ama primero (1Jn 4, 10). O como dice Santo Tomás de Aquino: “Nadie es bueno por amar a Dios, sino que es Dios, al amarnos, el que nos hace buenos”.

 
Ahora, ante la nueva evangelización, debemos de estar atentos a la teología de base que se quiera proponer. Si, como digo, volvemos a insistir en las obras, si el centro de la evangelización es el pecado y cómo librarnos de él, erraremos totalmente el camino. Por el contrario, si nos centramos en la acción previa de Dios, realizada en Cristo, que nos ama, nos busca y nos recrea, reconstruye y rehabilita, entonces evangelizaremos sobre roca firme bajo el primado del amor.


Resumen

1) La salvación es obra de Dios. En el cielo sólo existirá su gloria.

2) Hay que admitir la premoción en todos los actos tanto físicos como espirituales. La acción previa de Dios es condición para que algo se mueva.

3) La salvación se realiza mediante Jesucristo Dios y hombre a un mismo tiempo.

4) Dicha salvación se realiza en la humanidad de Jesucristo,

5) en su cuerpo de carne.

6) La alianza definitiva por la que Dios nos salva se basa en la sangre de Cristo. Lo realizamos sacramentalmente en la eucaristía.

7) Dicha salvación es gratuita, no se debe a los méritos ni a preparación alguna por parte del hombre. La experimentan los sencillos de corazón.

8) El Espíritu Santo que recibimos por medio de Cristo nos hace entender estos misterios y nos eleva al nivel del don que es el de la santidad.

9) Ninguna virtud humana ni siquiera las dotadas de gracia infusa, pueden acceder al nivel del don. La virtud siempre obrará al modo humano mientras que en los dones la modalidad de sus actos es ya divino.

10) Dios al infundirnos la gracia nos hace libres porque nos hace desear nuestro bien al que nunca accederíamos sin ella. Sin la acción de Dios nunca seríamos libres.
En esa acción libre bajo la gracia encontramos nuestra más honda verdad y la plenitud de nuestra humanidad. Ahí es donde descubrimos la vocación a la que nos llama el Señor en la vida. De ella brotan nuestras obras y compromisos.

 
(Chus Villarroel)
 

VER+:
http://elrincondeyanka.blogspot.com/2012/10/para-que-haya-una-nueva-evangelizacion.html


 
Unción y nueva evangelización


"He estado durante muchos años hablando y tratando de convencer a la gente y me parecía lo más lógico: un predicador debe convencer. Pues no, la predicación no va de eso. Lo aviso por si alguno de los nuevos evangelizadores que se preparan para esta cruzada que se avecina se siente tentado de caer en los mismos errores. La nueva evangelización no debe de ir en la línea del convencimiento porque será un fracaso.
 
 
Uno de los peligros que nos pueden acechar ante la nueva evangelización es el de fiarse de nuestra formación y confiar demasiado en ella preparándonos únicamente en esa línea. Hoy todo el mundo es muy listo y muy intelectual, todo el mundo tiene su filosofía y su pensamiento, cada uno tiene su visión de las cosas. Si nuestra palabra es una visión más de la vida y del mundo a lo más que podamos llegar es a hacer propaganda de nuestra empresa. No se trata, pues de convencer, sino de quebrantar corazones, al estilo de Domingo, por efecto de la palabra y por la fuerza y el poder del Espíritu.
 
Los encuentros que prepara el Señor son los únicos que valen. Él es el único dueño de los corazones y el único que puede "quebrantarlos"*. En esos encuentros se basa la nueva evangelización. Lo demás es adoctrinamiento.
 


Nos cuesta mucho dejarle al Señor que dirija la marcha de la historia, queremos arreglarla nosotros. Los resultados tangibles de nuestra predicación nos acucian y acongojan. Hace poco, el P. Cantalamessa, predicador del Papa, decía en una charla al Pontífice y a toda la curia vaticana:
 
“El problema más grave de la predicación católica en estos tiempos es que todos los que van a Misa el domingo conocen perfectamente lo que hay que hacer para salvarse pero nunca han oído la noticia de que ya están salvados gratuitamente por Jesucristo”.
 
El gremio de los moralistas, muy abundante entre nosotros, protesta por esta gratuidad de la salvación porque están acostumbrados a ganarse el cielo por sí mismos. El problema es que así destruimos el cristianismo. En este mundo no tenemos experiencia de gratuidad porque nada, ni el amor de una madre es gratuito, pero tenemos que pedir esa luz para poder vivir esa gratuidad. De lo contrario, como dice San pablo, hacemos inútil a Jesucristo. Es hora de que los jóvenes en nuestras iglesias empiecen a oír otras cosas aunque permanezcan en sus vicios". (Chus Villarroel) 
 
 
*VER
DON DEL QUEBRANTO O QUEBRANTAMIENTO:
 

VER:
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