EL Rincón de Yanka

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martes, 3 de octubre de 2017

EL PORTERO DE LA CANTINA


EL PORTERO DE LA CANTINA

No había en el pueblo peor oficio que el de portero de cantina. Pero, ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre? De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no conocía ninguna otra actividad ni oficio.

Un día se hizo cargo del dispensario un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio. Hizo cambios y después citó al personal para darle nuevas instrucciones. Al portero le dijo: A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, me va a preparar un reporte semanal donde registrará la cantidad de personas que entran día por día y anotará sus comentarios y recomendaciones sobre el servicio.

El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero.....
-Me encantaría satisfacerlo señor, balbuceó, pero yo no sé leer ni escribir.

-¡Cuánto lo siento!, respondió el jove. Pero el hombre se apresuró a decir: Señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida.

-Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Le vamos a dar una indemnización para que tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, lo siento y que tenga suerte.

Y sin más, se dio vuelta y se fue. El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. ¿Qué hacer? Recordó que en el dispensario, cuando se rompía una silla o se arruinaba una mesa, él, con un martillo y clavos lograba hacer un arreglo sencillo y provisorio.

Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta conseguir un empleo. El problema es que sólo contaba con unos clavos oxidados y unas tenazas medio rotas. Pero pensó que podía usar parte del dinero de la indemnización en comprar herramientas.

Como en el pueblo no había una ferretería, debía viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. Pero estaba decidido y emprendió la marcha.

A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas. De inmediato su vecino llamó a la puerta de su casa. Vengo a preguntarle si tiene un martillo para prestarme. 
Mire, lo acabo de comprar, pero lo necesito para trabajar porque me quedé sin empleo. Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano. 
-Está bien.

A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta.

-Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende? 
-No, yo lo necesito para trabajar y además la ferretería está a dos días de mula. 
-Hagamos un trato, dijo el vecino. Yo le pagaré los dos días de ida y los dos de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?

Realmente, esto le daba trabajo por cuatro días, así que aceptó. Volvió a montar su mula. Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.

-Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo? Y yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatros días de viaje, más una pequeña ganancia. Yo no dispongo de tiempo para el viaje.

El hombre abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue. Sí, era cierto que la gente no disponía de cuatro días para compras, pensó.Mucha gente podría necesitar que él viajara a traer herramientas.

En el siguiente viaje arriesgó un poco más de dinero y trajo más herramientas que las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo de viajes. La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje.

Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. Alquiló un local para almacenar las herramientas y algunas semanas después, ese local se transformó en la primera ferretería del pueblo. 
Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, los fabricantes le enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente. Con el tiempo, las comunidades cercanas preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha. Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las cabezas de los martillos. Y luego, por qué no, tenazas, pinzas y cinceles. Mas tarde fabricaron los clavos y los tornillos....

Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se transformó con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas. Un día decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñaría, además de leer y escribir, las artes y oficios más prácticos de la época. En el acto de inauguración de la escuela, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad, lo abrazó y le dijo: Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas de la nueva escuela.

El honor sería para mí, dijo el hombre. Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Yo soy analfabeto. 
-¿Usted?, dijo el Alcalde, 
-¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto, qué hubiera sido de usted si hubiera sabido leer y escribir.
-Yo se lo puedo contestar, respondió el hombre con calma. Si yo hubiera sabido leer y escribir sería portero del dispensario.
Generalmente los cambios son vistos como adversidades, pero las crisis están llenas de oportunidades. Cambiar y adaptarse al cambio siempre será la opción más segura.



lunes, 2 de octubre de 2017

TÚ QUE CONOCES EL DESIERTO, DAME TU MANO Y VEN CONMIGO


DESENTENDÍDAMENTE FRÍO


La letra pertenece a un himno de vísperas de estos días y me invita a pedir calor en el corazón, aprender a descalzarme ante la tierra sagrada de los demás y confiar, porque los tiempos de Dios no son los míos y en sus manos no soy "higuera seca".


Himno de vísperas

LIBRA MIS OJOS DE LA MUERTE
DALES LA LUZ QUE ES SU DESTINO
YO, COMO EL CIEGO DEL CAMINO
PIDO UN MILAGRO PARA VERTE
HAZ DE ESTA PIEDRA DE MIS MANOS
UNA HERRAMIENTA CONSTRUCTIVA
CURA SU FIEBRE POSESIVA
Y ÁBRELA AL BIEN DE MIS HERMANOS
QUE YO COMPRENDA, SEÑOR MÍO
AL QUE SE QUEJA Y RETROCEDE
QUE EL CORAZÓN NO SE ME QUEDE
DESENTENDÍDAMENTE FRÍO
GUARDA MI FE DEL ENEMIGO
¡TANTOS ME DICEN QUE ESTÁS MUERTO!
TÚ QUE CONOCES EL DESIERTO
DAME TU MANO Y VEN CONMIGO.

A veces, encuentro algún texto que me toca de un modo especial, se convierte en oración y rumor dentro de mí, y en ocasiones, acaba teniendo música, porque de este modo, me llevo puesto ese "tarareo" interior en un intento de ser siempre consciente, como el protagonista del "Peregrino ruso" de Quién me habita. Este es el caso de este himno de vísperas que pertenece a la liturgia de las horas. Hay dos palabras que en este texto se me clavan sin remedio "DESENTENDIDAMENTE FRÍO". 

Cuando las leí, me parecieron tremendas, y aún más tremendo, saberme capaz de ello: de desentenderme, de apartar la mirada fríamente y sin mirar atrás, de pasar de largo... y no quiero... no quiero desentenderme... por eso, esta es mi oración cuando lo canto o lo escucho:

Cámbiame la mirada Señor, que sepa mirar por tus ojos. Que sepa verte aquí mismo, en lo pequeño, en lo cotidiano, lo que no parece importante, lo que pasa desapercibido.

Que mis manos sólo ayuden. Que no separen, que no destruyan ni humillen. Que sólo sirvan para dar, que no acumulen ni acaparen, que mirando con tus ojos entienda por fin que todo es de todos, que todo me es regalado y no soy dueña de nada, ni de nadie.

Porque siento que sin Ti, no puedo, porque necesito tu luz, caliéntame el corazón, no dejes que se vuelva piedra, para que sepa ponerme en el lugar de los otros, descalzarme en la tierra sagrada de sus miedos, sus heridas... para que sepa esperar sin juzgar, sin ira, con paciencia, tiempo y amor, como Tú haces conmigo.

Que sepa verte, sí. Cámbiame la mirada. Que escuche la voz de mi alma que se sabe completa sólo en Ti, que no escuche a mis miedos, a mi impaciencia, a mi necesidad de "eficacia", de ver ya los frutos, a mi propia "justicia" que nada tiene que ver con la tuya.

Caminas junto a nosotros, conoces el desierto, la tentación, la sed, el miedo pero también la confianza, el Amor y la Luz. Que sepa compartir la paz que eres en mí, para que ésta crezca y podamos todos vivir en ella.



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TRAZA LA RUTA - AMBIORIX PADILLA


DAME TU LUZ - FELIPE GÓMEZ

domingo, 1 de octubre de 2017

📙 DEMOCRACIA Y TOTALITARISMO DE RAYMOND ARON

Raymond Aron

Ya en librerías, una obra muy necesaria:
Presentamos, en una nueva traducción, una de las obras capitales de Raymond Aron, un texto esencial para comprender la política, y sobre todo la democracia, en el siglo XXI.

Publicada originalmente en 1965, "Democracia y totalitarismo" comprende las lecciones ofrecidas por el autor en La Sorbona durante el curso universitario 1957-1958, en las que, con su lucidez habitual, Aron desgrana los regímenes políticos de las sociedades contemporáneas tomando como punto de partida la antítesis entre dos tipos puros o ideales de dichos regímenes: los democráticos o constitucional-pluralistas y los totalitarios o de partido único. Se trata de una obra de renovada vigencia, que hace que la voz de Aron resuene por doquier en el presente, cuando las grandes potencias y las grandes teorías ya no logran estructurar la realidad.

«El mundo actual, observado de forma objetiva, no concuerda evidentemente con ningún esquema simple. En todo caso, cabe decir que las sociedades industriales pueden elegir entre una democracia liberal y una democracia tiránica. Volveríamos así a la disyuntiva de Tocqueville, aplicada a la oposición de los dos tipos de regímenes característicos de nuestro tiempo. Podría decirse también que las sociedades industriales tienen la posibilidad elegir entre dos tipos de organización económica: el régimen de mercado y propiedad privada o el de propiedad pública y planificación. Pero estas dos alternativas sumarias no cubren la diversidad de los fenómenos actuales. La única conclusión, según los hechos, es que nada está zanjado […]. Incluso aunque asumamos un esquema ideal del desarrollo de la sociedad industrial y anunciemos la victoria de los regímenes de paz, nada estará resuelto […] las alternativas subsisten, las desigualdades en el desarrollo económico y social condenan al mundo actual a la diversidad, dentro de esta diversidad los conflictos ideológicos son en parte conflictos de mitos y los mitos pueden resistir largo tiempo frente a las lecciones de los hechos.»
Raymond Aron (París, 1905-1983), sociólogo, filósofo de la historia y comentarista político, es uno de los pensadores franceses más destacados del siglo XX.
Nacido en el seno de una familia judía, estudia en la Escuela Normal Superior de París y, tras doctorarse, se traslada a Alemania, donde trabaja como lector en la Universidad de Colonia y en el Instituto Francés de Berlín hasta 1933. A su regreso a Francia, ejerce la docencia en la Universidad de Toulouse hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, cuando se exilia en Londres, se une a las Fuerzas de Liberación y edita "La France Libre". Terminada la guerra, retoma su actividad docente y periodística en Francia: imparte clases en la Escuela Nacional de Administración y en el Instituto de Estudios Políticos de París (1947-1955), así como en la Universidad de la Sorbona (1955-1968) y en el Colegio de Francia (desde 1970). Por lo que respecta a su labor periodística, escribe para "Combat" (1946-1947), "Le Figaro" (1947-1977) y "L’Express" (desde 1977 hasta su fallecimiento).

Heredero de la tradición liberal de Montesquieu y Tocqueville, y testigo directo en los años treinta del ascenso del nazismo, Aron se opuso a los extremismos políticos y defendió los valores de la libertad, la tolerancia y la moderación, mostrándose muy crítico con la intelligentsia francesa. Por ello, sufrió durante décadas el desprecio de buena parte de la izquierda, y solo en los últimos años de su vida recuperó el prestigio como pensador. 

Entre sus obras destacan "El opio de los intelectuales" (1955), "Ensayo sobre las libertades" (1965), "Las etapas del pensamiento sociológico" (1967) y "Memorias" (1983).