EL Rincón de Yanka: 📕 LIBRO "DE NAVARRA A NAFARROA: LA OTRA CONQUISTA 👿

inicio








viernes, 12 de abril de 2019

📕 LIBRO "DE NAVARRA A NAFARROA: LA OTRA CONQUISTA 👿


un análisis de la penetración del 
“nacionalismo vasquista” en la sociedad navarra

“De Navarra a Nafarroa. La otra conquista”, que lleva por subtítulo “Panvasquismo, filoterrorismo y euskolaboracionismo”, presenta una Navarra en un profundo y acelerado cambio, y tal y como afirma el autor, “en este contexto trato de indagar sobre si en este entorno Navarra puede ofrecer a sus gentes, identidad y pertenencia, espacios humanos acogedores y creativos, una cultura del encuentro ‘del otro’ desde el aprecio de lo propio, como alternativa real ante el totalitarismo o la atomización”.
Fernando José Vaquero Oroquieta es uno de los más profundos conocedores, y defensores, de la tradición, la historia y el devenir político de Navarra. Comunidad clave en el pasado, el presente y el futuro de España, Navarra está siendo fuertemente violentada por un proceso totalitario de "vasquización" forzosa, que el autor describe a la perfección en este trabajo. Cargado de información, con análisis incisivos y con una mirada global que no olvida el papel que debe jugar Navarra en un mundo globalizado, el libro "De Navarra a Nafarroa" es uno de los más potentes alegatos que se han hecho hasta el momento para defender las esencias de una comunidad clave en nuestra historia.
“Fractura social, ruptura con el pasado, crisis de los valores (¿no sería más preciso hablar de ‘principios’ en su lugar?), dificultad en la transmisión de la tradición, estatismo invasivo, confrontación política, individualismo, persecución agónica de la felicidad, descarte de cualquier verdad objetiva, opción radical por la libertad individual, oscurecimiento de la razón, soledad personal, vasquización forzosa del espacio público, totalitarismo en ciernes… ¿así se proyecta la Navarra de los microrrelatos posmodernos?”

Por un lado, la sociedad tradicional Navarra se ha ido descomponiendo por los factores de la industrialización, la secularización, la pérdida del sentir tradicional de la tierra y el abandono del campo o la pérdida de las familias extensas. Por otro lado, tras la modernidad, la llamada posmodernidad y sus ideologías destructoras, antihumanistas y anticomunitaristas han creado un vacío social que ha sido aprovechado por el nacionalismo vasquista para crear falsas identidades sustentadas en mitologías.

El foralismo, como expresión de la ordenación natural del tradicional Reino de Navarra, se ha ido vaciando de contenido tradicional y moral, siendo sustituido por un mero pulso de empoderamiento económico frente al Estado y rendido a la hegemonía cultural del nacionalismo. A todo ello hay que sumar el terrorismo etarra que aunque haya cesado, ha creado unos códigos inconscientes de miedo y recelo a expresar públicamente lo que se piensa.
Por su parte la derecha españolista navarra, nunca llegó a entender el concepto de hegemonía cultural gramsciano como proceso revolucionario y hoy se encuentra desnortada y sin referentes tradicionales sobre los que reconstruir la verdadera identidad navarra. El proceso ha sido sutil pero con el paso de los años, sutilmente, el nacionalismo vasco ha ido creciendo y el navarrismo retrocediendo La pregunta es sin reversible la situación.

La visión metapolítica del libro nos introduce en la evolución que, en el antiguo reino, se ha producido desde una sociedad tradicional en sus costumbres, empapada de virtudes católicas, hacia una comunidad humana totalmente disuelta en el mundo globalizado de hoy; tanto para lo bueno como para lo malo. El preciso diagnóstico anterior ‒desde diferentes aspectos sociológicos, políticos y religiosos‒ deriva del análisis de tan profunda transformación que ha reformulado a la sociedad navarra.
Dicha prospección tiene la profundidad de una disección que ayuda a ver, con una visión clara, dos aspectos importantes a tener en cuenta. Por un lado, el circuito evolutivo propio navarro, que conoce el autor muy bien, y que nos plasma ‒a través de la narrativa política‒ la propia idiosincrasia del antiguo reino. Una sociedad plural, desatada como tal en la transición democrática, que viene protagonizando el paulatino deterioro y desaparición de la cultura conservadora y tradicional precedente, en favor de otra absolutamente crítica con la de unos pocos años antes. La irrupción del nacionalismo vasco, siempre minoritario, marginal y con un toque “extranjerizante”, se ha vuelto en substancia irremplazable para la reconstitución de una sociedad navarra con aires de modernidad, futuro, y potentes dosis de ruptura con el pasado.

La recuperación de una identidad navarra a través del filtro de la “vasquidad” sólo se entiende desde el profundo abandono, desde hace décadas, de la lucha cultural por unos gobiernos navarros conservadores que se durmieron en la complacencia de la inercia de una sociedad marcada, en su día, por los valores tradicionales del histórico carlismo sociológico; protagonista de sus escenas decimonónicas más románticas. El relevo natural generacional y la profunda actividad en el ámbito sociocultural llevado desde la izquierda abertzale y financiado por la comunidad vecina y el propio gobierno navarro, en señal de “sana pluralidad democrática”, han demostrado que aquella visión gramsciana de calar en la sociedad a través del control del mundo cultural finalmente ha ido penetrando con escasas resistencias entre las generaciones navarras más jóvenes. De tal modo, la “conquista” cultural vasquista deviene bien retratada, en este ensayo; al que no es ajeno el aviso ‒a gritos de este autor y de otros como él desde hace años‒ del futuro que se avecinaba y que ya es una realidad gracias merced al cuatripartito gobernante.

Por otro lado, este libro no es una obra exclusiva acerca de la realidad social navarra, sino que consigue enlazar de forma natural con la situación global -que se vive en España y en Europa- de cambio de concepción del mundo; donde la profunda secularización de las capas sociales va siendo marcada por un vacío existencial que tiene a ser rellenado por nuevos “valores”. En el aniversario del mayo del 68, aquel cambio de aptitud y de descomposición de la sociedad, por una nueva izquierda que descubría que la piedra angular de la sociedad era la familia, se ve ahora golpeada por un cambio mucho más radical que el producido por la lucha de clases; en el sentido que se provoca una disolución absoluta de conceptos procedentes de la cultura cristiana y clásica, emergiendo una sociedad individualista, relativista y líquida marcada por la importante influencia de las reivindicaciones LGTB y de la ideología de género que, desde su incrustación en el mundo educativo, inicia el cambio total y más radical que ha sufrido la sociedad.
Navarra presenta, pues, una sociedad en cambio profundo, unas élites conservadoras en franca retirada, y un relevo humano; a la vez que confluyen las “nuevas izquierdas”, una socialdemocracia en caída libre; pero, sobre todo, un nacionalismo vasco con sello propio expresamente elaborado para esta tierra.
Tan novedosa síntesis –más que un sincretismo– permite enlazar la “lejanía” de la visión tradicional, propia del PNV, con la novedad radical de los contravalores globalistas; fruto de la voluntad transformadora de la nueva izquierda. Tal síntesis vehicula, operativamente, una identidad vasquista a la que el marketing político nacionalista ha proporcionado un radical enjuiciamiento de quién es vasco y quién no; absorbiendo “lo navarro” como algo propio de lo vasco. El vehículo absorbente –o rupturista según se mire– “vasco”, ha proporcionado el cauce de entrada ‒de todos estos nuevos contravalores operativos antes referidos‒ en la sociedad navarra; circunstancia que le ha capacitado como la principal experiencia sociológica de transformación de esta nueva revolución no siempre silenciosa. 

La sociedad civil navarra continúa generando iniciativas de calado cultural-comunitario.

Navarra, de ser contundente representante del mundo tradicional, ha pasado a ser la vanguardia de experimentación de las expresiones de una sociedad líquida cuyos objetivos, por sus propias características innatas, son imposibles de describir y delimitar en todo su alcance. Sin embargo, esta situación ‒retratada y analizada, en el libro reseñado, al detalle de tan largo proceso de transformación interna, así como en su relación con la revolución global en marcha‒ tampoco muestra un camino ineludible. No en vano, la sociedad civil navarra continúa generando iniciativas de calado cultural-comunitario; desde la perspectiva de unas minorías creativas que el cristianismo siempre ha impulsado y cuya dinámica de “encuentro con el otro” arranca de la primera evangelización de los apóstoles. En este contexto, el autor facilita una visión positiva del momento actual, como una oportunidad de diálogo, de encuentro, y de trasmisión de una realidad social y humana tangible diferente a la líquida. En esta situación, diversas personalidades y asociaciones navarras facilitan una experiencia metapolítica de encuentro de diversas mentalidades y realidades, favoreciendo la convivencia en una sociedad plural, la recepción de nuevos elementos, el respeto, y la supervivencia de una tradición que todavía enmarca hoy ‒habiendo sido determinante‒ la genética cultural de los navarros.
Una narrativa metapolítica que dibuja el profundo cambio social de nuestra realidad, a través de una visión propia, local e identitaria, en profunda conexión transversal con otra de alcance más continental y global.

Prólogo: Barlovento literario

Cuando concurre temporal o se fondea,la costa debe quedar a barlo­vento; a sotavento el velero al que queramos sobrepasar, tal conoce el marino competente.
Y hablando de competentes, Fernando José Vaquero Oroquieta me ruega escriba el prefacio que encabece esta obra; y subo a bordo, consciente de que para mí no es favor, sino honra. Lo hace cuando recién doblarnos el cabo tan simbólico del copatrón, San Francisco Javier, que navegó mucho; o de la Inmaculada Concepción, titular de la gloriosa infantería española, desde que esta abordara con éxito las naves enemigas en Empel; virgen simbolizada en el color «azul purísima».

Fernando se diría que estaba señalado para atracar en Calíope. Y lo sostengo en estos dos fundamentos: Uno, que nació en un entor­no de volúmenes, donde los anaqueles bibliófilos enmarcaron su in­fancia. El segundo, su propio apellido. Jinetes españoles que cañadea­ con toros por el Cordel de los Merchantes (bautizado como los más famosos entre ellos) pusieron rumbo a la América hispana empujados de popa por los alisios. Así surgieron los gauchos en el sur o los cow­boys en el norte (algunos olvidan que la mayoría de Estados Unidos fue español). ¿Y qué hacían? Conducir las cabezas a buen puerto mientras vigilaban contra coyotes y cuatreros. Vaquero, en otro nivel, es vigía adelantado y orientador brillante.

Conviene recordar que, durante la Baja Edad Media y el inicio del Renacimiento, a la muga del Viejo Reino con lo que ahora es la autonomía vasca, los navarros llamaban «frontera de los malhechores». Y eso ocurría por ser procedencia de bandas que robaban reses.
Así que en ella desplegó el ejército de Navarra sus puestos de vigilan­cia y sostuvo numerosos combates, incluso hasta con la muerte del merino de Estella.
«Víctor Mauleón y otros capitanes entraron en brega con lanzas y lanzones. Don Víctor puso en fuga al enemigo haciéndole muchos prisioneros, entre ellos sus jefes, los señores de Berastegui y Andueza, así como cogiéndoles mucho ganado y armas. Los muertos fueron veinte, quince de ellos, guipuzcoanos» (sic) cuenta un antañón pergamino.

Femando ha remado en numerosas iniciativas sociales o culturales, en algunas de las cuales he compartido singladura; un esfuerzo y sacrificio en los que parece crecerse. Porque de sus virtudes es ser ina­sequible al desaliento.
Ahora mismo, en esta travesía patria, es el alma de los Diálogos en Pamplona donde cogió el timón que dejara el llorado Pascual Tamburri, así como se aplica al pilotaje desde la asociación en recuerdo de ese intelectual tan querido,que prologó mi primer libro, y de su premio de ensayo. Otrora desde la Cultural Leyre.
Hombre de buena pluma, con la que se bate con destreza, Fer­nando ahora nos aporta una alegría más con este ejemplar que compi­la una selección de sus siempre interesantes artículos. Son cuarenta y cinco los escogidos, bajo un título que ya ofrece proa a lo que pasa: De Navatia a Nafarroa. La otra conquista, que edita La Tribuna del País Vasco Libros.

Su estilo es el de un cronista que ata cabos a partir bases sólidas y bien razonadas. El lector encontrará en sus textos explicación a muchos asuntos y argumento para rebatir otros. Es por eso que estamos de enhorabuena con esta botadura literaria, navío que no defrauda. Se lo digo ro, que he tenido el privilegio de disfrutarlo anees,por aquello de ser su prologuista.
A pesar de ello también tendrá no lectores. «No lectores» apodo a ese sector que evita que la verdad les cambie el derrotero, amarrados a sus ideas obcecadas. Se hallan entre los que, cuando desgobiernan, usan más la piquera de romper (véanse las tropelías contra las escultu­ras de Fructuoso Orduna que ornaban el fronós del Palacio de Nava­rra) o la piratería municipal (como cesiones de bienes públicos para disfrute privado de clubs con adjetivo radical y mucha K en el sustan­tivo) que la pala de construir. Son la broma que perfora las maderas del casco foral.

Tocio lo contrario de Fernando, quién calafatea con la razón, mientras expone con acierto, intentando evitar que, al remolcarla hacia procelosas aguas, pésimos barcos estrellen nuestra comunidad contra el arrecife sabiniano.
El aduanero inglés fiscalizador del buque que trasladaba la primera momia faraónica a través de Suez, quiso que pagase la tasa im­puesta. Al explicarle de que objeto se trataba, el británico se esmeró en buscar en sus tablas. Y en no hallándola, le aplicó fiscalidad de «embu­tido» cobrando los correspondientes peniques. No leerán estás páginas quienes confunden una maravilla arqueológica con un salchichón, pero si lo hacen, les aseguró que mejorará mucho su visión del mundo.
Ya que he citado el canal egipcio y los malos bajeles, San Fer­nando usó los buenos con acierto para liberar Sevilla de la invasión musulmana del Medioevo. Y por su hábil campaña para reconquistar el valle del Guadalquivir, da nombre a una prestigiosa orden militar .
Lo dije arriba, otro Fernando, Vaquero, venía predestinado por vientos propicios: léanle con atención. Es un consejo de amigo para codos ustedes, si me lo permiten.
Jesús Javier Corpas  Mauleón