EL Rincón de Yanka: ⛺ ¡CUÁN VERDE ERA MI VALLE! DE JOHN FORD 🌄

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viernes, 25 de mayo de 2018

⛺ ¡CUÁN VERDE ERA MI VALLE! DE JOHN FORD 🌄

 ¡Cuán verde era mi valle! (1941)
Daniel Bermeo
"Poder disfrutar de los recuerdos de la vida 
es vivir dos veces".  Marcial


Qué verde era mi valle (How Green Was My Valley) de la novela homóloga de aprendizaje o de iniciación (coming of age) de  Richard Llewellyn es de esas películas que te acompañan toda la vida y cada nueva visión nos devuelve un filme nuevo, como si nuestro recuerdo de la última vez y el curso del tiempo se hubieran aliado para sorprendernos con una película distinta a la que habíamos visto porque la vida nos arrastra y olvidamos cuánto o qué poco hemos cambiado, y Qué verde era mi valle, memoria ella misma, abona la nuestra y la cultiva mientras seguimos con nuestros afanes sin percibir que los fantasmas de John Ford siempre están ahí, aguardando un nuevo encuentro, una nueva encrucijada, una cita secreta. Porque nos esperan. No es otro su sino. Sino esperar la memoria que los convoque. Cuando las pérdidas se hacen visibles en el sudario del tiempo.

Poco y mucho se ha dicho de este film. Poco porque en realidad no ha logrado la trascendencia que al menos yo le hubiera otorgado, y a la vez mucho, no precisamente por su calidad cinematográfica (que es grandiosa y prodigiosa) sino mas bien se ha hecho ruido por ser el film que le ganó a Ciudadano Kane el Oscar a la mejor película en 1941, me refiero a ¡Qué verde era mi valle!

Sinopsis: En un pueblo minero de Gales viven los Morgan, todos ellos mineros y orgullosos de serlo y también de respetar las tradiciones y la unidad familiar. Sin embargo, la bajada de los salarios provocará un enfrentamiento entre el padre y los hijos; porque mientras éstos están convencidos de que la unión sindical de todos los trabajadores es la única solución para hacer frente a los patronos, el cabeza de familia, en cambio, no quiere ni siquiera oír hablar de sindicatos ni de socialismo.

Al terminar el visionado del film esbocé una sonrisa que se entremezclaba con una que otra lágrima. No esta ambientado en grandes y majestuosas localidades Hollywoodenses; no trata sobre traición, celos, envidias o algún tema escandaloso. 

¡Qué verde era mi valle! es una preciosa película, llena de humanidad, de amor familiar, de coraje, de determinación, una especie de oda a los valores morales. Una película que respira sensibilidad y ternura, que despierta admiración y un cierto hálito de nostalgia.

Nos encontramos en el desarrollo de una familia realmente unida, cuyo padre, cabeza de hogar es un verdadero ejemplo para los suyos. Sus hijos lo aprecian y respetan, pero cuando se sienten perjudicados deberán enfrentarse de la manera más responsable posible y optar por lo que consideran mejor. Mientras persiguen sus sueños, sus metas y anhelos somos invitados a participar de todas sus vivencias, de sus problemas y el de toda una comunidad. Poco a poco somos testigos presenciales del declive de los Morgan como familia, pero a la vez, somos participes de una lección almática y cinematográfica.



Nos guían los ojos de Huw (exceentemente interpretado por Roddy McDowall), él es quien recuerda su pasado en la localidad galesa. Hay varias instancias que el film nos presenta. John Ford -que es un director que realmente admiro- narra un melodrama muy bien construido, que sabe equilibrar constantemente todo el metraje de la cinta. Su lirismo cinematográfico alcanza la cúspide en con este film, logrando matizar grandes emociones sobre la vida de una familia minera a finales del siglo 19. Ford nos retrata un paisaje costumbrista, un pueblo fiel a sus tradiciones; aborda el sentimentalismo sin llegar a ser escabroso ni empalagoso, sino de una manera sobria y sublime.


Los personajes están bien descritos: tenemos al cura moderno en cierto modo bonachón, tenemos al padre de familia, severo y cariñoso a la vez; contamos con la madre abnegada que lucha por el bienestar de sus hijos; además está la hija que se enamora del cura viviendo asi un romance idílico que llevaría a consecuencias inesperadas; tenemos a los hijos maduros, que viven a expensas de sus padres, pero con derecho y criterio para establecer sus decisiones; contamos con ese niño tierno que empieza a descubrir lo que es la vida en un pueblo mísero, que poco o nada tiene que envidiar a otros, pues a pesar de sus condiciones los abriga un calor comunal indescriptible. Es que luego de todo en ¡Que verde era mi valle! somos participantes de un pueblo unido, que pese a todo sabe y se tienen mucha fe entre sí. Hay problemas, lógicamente, pero a la final queda la sensación de que se protejan mutuamente pese a sus rencillas ***Spoiler: Magnifica la escena del coro, en medio de toda la comunidad, una canción que cantarían los mismos ángeles.***

En ¡Qué verde era mi valle! examinamos la difícil tarea de tomar decisiones; son muchos los personajes que hacen esto en el film. Tras la bajada de los salarios y unos cuantos despidos por parte de la autoridad máxima que gobierna las canteras, los hijos del Sr. Morgan optan por formar un sindicato, cosa reprochable por su padre; luego está la decisión de irse a "América" a probar suerte (un alegato a buscar nuevas oportunidades, a no estancarse y seguir); está la decisión de madurar y aprender a ayudar a la familia (el pequeño Huw lo hace y a pesar de salir exhausto tras su primer día con los mineros, resulta estar contento con su pequeño grano de arena); está la decisión que a veces nos cuesta tomar para ayudar a otros, o simplemente cumplir con los sentimientos de los demás (la hija de Morgan -Angharad- casandose con el hijo del jefe de las canteras, olvidando su amor para con el cura, -Walter Pidgeon-). Decisiones, un film plagado de ellas, mostrándolos con avidez y artilugio maravilloso.

En el film hay una alusión ha combatir las injusticias, y que hay diferentes formas de levantar la voz de protesta. Una alegoría perfecta de no enmudecer ante los actos que consideramos injustos, pero siempre buscando la parte más sana del asunto.
Hay una escena magistral ***la de Huw y el cura en lo alto de una montaña, y este primero dando sus primeros pasos tras sufrir un accidente cuando todos imaginaron que no volveria andar en un buen tiempo, sencillamente hermosa y con sentimentalismo puro y del bueno***.

En definitiva poco se puede reprochar de semejante obra maestra; este es un film hermoso, de una belleza notable, de un espíritu libre y abnegado a la tierra que nos ve nacer, crecer y morir. Una poética historia envuelta en un trasfondo que da más que una lección de vida y nos hace pensar por qué rayos no se hacen más films de este tipo en nuestros días. Todo un clásico injustamente no recordado. Para nada intrascendente, lleno de una maravillosa puesta en escena, un grandioso guión y una excelente fotografía. Cada uno de sus intérpretes logra una cota elevada de particularidad al film, y todos se compensan entre sí. Excelsos todos, entre ellos Walter Pidgeon, Maureen O'Hara, Donald Crisp, Sarah Allgood y el sublime Roddy McDowall.

Obtuvo 10 nominaciones al Oscar, ganando 5 de ellos, incluyendo película y dirección.

Muy necesaria e inolvidable. 
¡Qué maravilloso es el cine!

Mi nota: 9,5/10
"Todo lo que aprendí de pequeño fue de mi padre,
y nada de lo que me dijo ha sido falso o inútil"

VER+:
Arden la pérdidas


Pudo haber sido el testamento de Ford. Fue la última película que hizo antes de coger una cámara e irse a rodar la batalla de Midway o a que lo mataran. Y hubiera sido una verdadera summa fordiana. O mejor, Qué verde era mi valle es la película que hizo una y otra vez, esa película esencial que le costó cientos de pañuelos enroscados en la mano y mordidos compulsívamente mientras la cámara rodaba el tiempo perdido y destilado por la memoria, una memoria insomne en el aquel de recordar y filmar un mundo del que ya sólo quedaban las cenizas.

Pero Qué verde era mi valle pudo haber llegado a existir sin John Ford. Es más, la rodó de milagro. O de chiripa (qué ganas tenía de usar esta palabra que ya no se escucha y que tanto se escuchaba en mi infancia). En fin, que John Ford no fue la primera opción para dirigir un proyecto concebido en 1939 como una respuesta de la Fox a Lo que el viento se llevó, la superproducción que acababa de estrenar el independiente David O. Selznick.Qué verde era mi valle iba a ser un filme de cuatro horas, en Technicolor y rodado en los escenarios de Gales donde Richard Llewellyn sitúo la acción de su novela, cuyos derechos compró Darryl Zanuck, el productor ejecutivo de la Fox, hace setenta años. Pero empezó la guerra en Europa y rodar en los escenarios galeses ni se planteaba, así que la Fox reformuló el proyecto: Qué verde era mi valle sería una película de dos horas, construirían el pueblo minero en el rancho de la productora en las colinas de Malibú y, como John Ford estaba rodando La ruta de tabaco (1941), le pidieron a Samuel Goldwyn que les prestara a William Wyler para dirigirla, con Gregg Toland como director de fotografía.

Qué verde era mi valle es el legado del Ford más fatalista que eleva una plegaria por una historia malograda, sometida a la demolición del tiempo, pero que vela con una atmósfera onírica en una arrebatada elegía. Por eso compone verdaderos cuadros vivientes, con los personajes casi inmóviles, como si la cámara -como herramienta de la memoria- quisiera inmortalizar los momentos memorables, tal como nosotros evocamos aquello que ya sólo vive en nuestros recuerdos, y a la que la voz over, que impregna toda la película, contribuye mediante una elaborada estrategia formal a una ensoñación desde la lejanía en el tiempo, que inspirará a Godard o Straub.

Cuando acabamos de ver "Qué verde era mi valle" hemos asistido a una resurrección y decimos adiós a lo que quizá nunca tuvimos. Porque es una película enhebrada por las despedidas, una tragedia contada como un cuento que emerge del sueño de la memoria de un niño que aún vive en un hombre que lo ha perdido todo. Todo, excepto una imagen de la infancia envuelta en el mantón de su madre. Un hombre que se resiste a abandonar el hogar hasta que ya es demasiado tarde. Hasta que ya sólo puede contemplar la vida como quien mira después de la muerte.Qué verde era mi valle puede verse -y decirse- como una oración por nuestra pobre memoria, ésa que imagina un mundo restaurado, una frágil herramienta para resucitar el tiempo que nos fundó. Cuando arden las pérdidas.