EL Rincón de Yanka: ⛪ LA IGLESIA GALLEGA ANACRÓNICA, CATATÓNICA Y ANTICUADA - SE VENDE IGLESIA

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domingo, 31 de diciembre de 2017

⛪ LA IGLESIA GALLEGA ANACRÓNICA, CATATÓNICA Y ANTICUADA - SE VENDE IGLESIA

"La Iglesia gallega 
vive de espaldas al pueblo 
y no va con los tiempos actuales".

"El clero fue preparado 
para dirigir y adoctrinar"
"Los obispos no huelen a oveja, 
ni a soldador, pescador o labrador".
Los movimientos conservadores y tradicionalistas lograron cerrar los horizontes abiertos por el Concilio, provocando la exclusión de los cristianos que consideran imprescindible una actualización del mensaje evangélico.
Antes de nada, fijar el objeto de la reflexión. Reflexionaremos sobre la praxis de la Iglesia gallega, entendiendo por tal "el accionar total de la iglesia dentro de su comunidad o una acción eclesial del pueblo de Dios en el mundo". Casiano Floristán definía con estas palabras la acción pastoral del Pueblo de Dios, no sólo de los pastores o clero. Sin entrar en muchas disquisiciones, trataremos, por lo tanto, de aportar nuestra visión de la acción de la Iglesia en Galicia. No es objeto de esta reflexión la organización ni las alternativas pastorales para la Iglesia gallega de hoy. Aquí intentaremos apuntar algunos aspectos que se presentan como evangélicos y que, en realidad, responden a ideologías, deformaciones y comportamientos que difícilmente encajan con una hermenéutica seria del Evangelio, de la fe y del cristianismo.

NI TE ADELANTES NI TE ATRASES

Ofrecemos sólo un DIAGNÓSTICO. Es el nuestro y no pretendemos que sea el único. Debe ser plural como la Iglesia y la sociedad. Sí que queremos que se nos escuche y se nos tenga en cuenta. Seguro que no somos los únicos que pensamos así. Entendemos que la indiferencia y abandono de la iglesia por los cristianos o el rechazo de la misma por grandes sectores de la sociedad no tienen causa sólo y principalmente, en el individualismo, el hedonismo y el relativismo o incredulidad, presentes en esta sociedad. Creemos, en cambio, que la corrección de los aspectos negativos resultantes de este diagnóstico nos acercará a los hombres y mujeres de hoy en pie de igualdad para descubrir y experimentar con ellos el mensaje de la Buena Noticia. Insistimos en que la Nueva Evangelización, su anuncio, no es objeto de este diagnóstico. Nos ceñimos, por lo tanto, a apuntar aspectos negativos y planteamientos equivocados, incluso antievangélicos, que entorpecen y dificultan a Evangelización.

El Concilio Vaticano II, abrió puertas y ventanas a los "signos de los tiempos", escuchando la realidad social, el acontecer histórico, y, de una manera básica, descubriendo en lo más hondo de la conciencia una ley, que la persona no se dicta a sí misma, pero que obedece, en el sentido de escuchar (Cfr. Gaudium et spes nº 16 (en adelante, Gs). Pero la jerarquía y ciertos sectores tradicionalistas las volvieron a cerrar, pese a que la historia nos dejó hitos de evangelización en los que la inculturación jugó un papel fundamental. No siempre fueron acertados, ni tiene por que ser válidos para siempre jamás.

Hoy se habla con frecuencia de "Nueva Evangelización". 

El sentido de la expresión no siempre fue ni es unívoco. Se formuló su contenido, inicialmente, en el nº 4 de la Gs. Los orígenes arrancarían del que se llamó "Francia, país de misión" (años 40-50). Pío XII en los años 50 trasladó a los obispos latinoamericanos, reunidos en Río, la necesidad "de una nueva evangelización". Quienes más utilizaron el término fueron los dos últimos papas. Pero donde el concepto se perfiló fue en las Conferencias de los obispos latinoamericanos. En Medellín (1968), Puebla (1979), apareciendo cómo tema central, juntando fe y promoción humana, en la de Santo Domingo (1992): "Nueva Evangelización, Promoción humana, .....". En la de Aparecida (2007) se impone como algo urgente y necesario. Por último, la exhortación Evangelii gaudium (en adelante EG), recoge el tema bajo el epígrafe "La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana" (nº 14).

La Nueva Evangelización hace referencia, en consecuencia, a la evangelización en cada momento histórico como diálogo e inculturación del Evangelio en las distintas culturas y experiencias humanas. El Evangelio, la Buena Nueva, tiene que ser entendible y actual para las personas a las que va dirigida. Es necesario porque hoy ni los propios cristianos entienden ni les resulta comprensible e lenguaje ni los signos y ritos con los que se transmite y vive la Buena Nueva de Jesús por los agentes pastorales.

Manuel Guerra Campos, médico y cristiano adulto y maduro, nos dejó unas páginas que deberíamos leer y meditar. Un libro precioso, cuya lectura es recomendable, sobre todo, para quien piense que lo dicho en esta reflexión le resulte duro o incorrecto. El libro fue publicado en 1998, pero la realidad no cambió. Se agravó e irá a mayores si no se toman las medidas idóneas. "La Iglesia está enferma", afirma Manuel Guerra Campos, "y yo estoy convencido, sigue diciendo, de que la Iglesia padece una grave enfermedad que compromete su propia identidad. Se quedó dormida en la Historia. Empeñada en encerrar la fe en fórmulas que fueron válidas para otros tiempos, intenta que los hombres y mujeres de hoy comulguen con verdaderas ruedas de molino. Y los hombres y mujeres de hoy responden o "pasando", con la indiferencia, o diciendo esa frase que nunca debiera ser dicha: Cristo sí, Iglesia no".

Sin detenernos demasiado, constatamos que la Iglesia gallega vive de espaldas al Pueblo gallego y no va con los tiempos actuales. Su mensaje y acción no se entienden, no son comprensibles para los gallegos de hoy. En la presente reflexión trataremos de indicar y subrayar aspectos que consideramos importantes y básicos (los que consideramos, ni son todos ni quizás los más graves; son algunos), de cara a plantear alternativas y respuestas entendibles hoy en día. Vayamos por partes. Nos fijaremos en la acción de la Iglesia gallega en general, y más en concreto en la acción de los obispos, en la acción del clero y religiosos con actividad parroquial, en la de los religiosos en colegios y conventos, en la acción de los laicos y, por último, una breve referencia final las homilías.

La ACCIÓN DE La IGLESIA GALLEGA

La acción de la Iglesia en Galicia (¿se puede hablar de Iglesia gallega?), dio pasos, pero la realidad deja mucho que desear. Pese a que la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Moderno del Concilio Vaticano II (Gs), dijo que "la Iglesia ... se siente intima y realmente solidaria del género humano y de su historia (id. nº 1), en realidad, la acción de la Iglesia, la pastoral parece quedar reducida al culto, a la celebración de los sacramentos, donde el clero adquiere un papel de superioridad y distante, reservando a los laicos un papel prácticamente pasivo. El clero fue preparado para dirigir y adoctrinar. Fue separado del mundo, de la realidad viva, en la que necesariamente debemos realizarnos y crecer como personas adultas. Pese a los documentos del Vaticano II, que nos devolvieron la posibilidad de releer la Palabra de Dios, recogida en los Testamentos, superando las ideologías propias de otras épocas -o de cualquier época como la presente que está muy ideologizada-, a una gran mayoría del clero no le ha sido posible adaptarse a las nuevas realidades. Para los laicos, al margen de la llegada del castellano (el gallego ya se encargaron de ligarlo a grupos injustamente apodados de extremistas), la marginación es mucho más significativa. (Bueno, bueno...: nazionalismo galleguista castrochavista comunistoide)

La conciencia humana maduró por el crecimiento y desarrollo de las ciencias y la experiencia de la vida. Pero sectores de la jerarquía y del clero no supieron, o no quisieron, desprenderse de formas de pensar, de cosmovisiones, ideologías, filosofías... que anclaron el mensaje evangélico en ideas de épocas y momentos históricos ya superados por la conciencia humana. Aun hoy hay quien confunde la fe con planteamientos ideológicos propios de otras épocas, resultándoles incompresibles, cuando no inadmisibles. El papa Francisco en la Alegría del Evangelio (cfr. nº 40 y ss.; en adelante EG) acaba de advertirnos, citando el C. Vaticano II, que la Iglesia tiene que madurar, que tiene que crecer en la interpretación de la Palabra con la ayuda de las ciencias, exégesis y la teología.

No sólo el mundo clerical se quedó atado al pasado, hay también sectores de laicos que se negaron a evolucionar por cuanto les puede suponer de inseguridad o miedo. (También hay sectores del otro signo contrario "progresista" que van de adelantadillos. Son tambíen fundamentalistas como los anteriores pero de signos opuestos o extremos). "Los destellos del Concilio y las resonancias que fueron llegando a través de publicaciones diversas, iluminaron la conciencia de algunos, pero para otros muchos fueron motivo de inquietud espiritual: 
¡Lo que faltaba, en estos tiempos en que todo cambia, cuando ya solamente nos quedaba como segura la fe de siempre, resulta que también ahora nos la quieren cambiar! Expresiones de ese tipo las hemos oído con frecuencia de la boca de cristianos de toda la vida. Y casi siempre por nimiedades, como la situación del altar o la ropa de los curas, las horas marcadas para el ayuno eucarístico o la comunión en la mano". 

De hecho los movimientos conservadores y tradicionalistas lograron cerrar los horizontes abiertos por el Concilio, provocando un distanciamiento, cuando no exclusión, de los cristianos (clero, teólogos y laicos, ...), que consideran y necesitan una actualización imprescindible e inevitable del mensaje evangélico. El obispo que fue del Ferrol, Miguel Anxo Araúxo, que vivió muy de cerca los conflictos laborales de los años 70 del siglo pasado, dejó dicho que "Ignorar prácticamente 20 siglos de Iglesia les parecen de una ingenuidad infantil, o incluso que canonizar todo lo que había surgido durante los 20 siglos como algo absoluto, inmutable, les parecen de una decrepitud alarmante". (En contrapunto están los progres que confunden el marisco con el molusco. Que hablan más de Marx que de Cristo). 

La cuestión es, pues, tomar conciencia de la realidad y aceptar los cambios impuestos por el curso de la historia de la humanidad, curso que, se quiera o no, tiene que recorrer la Iglesia que es el Pueblo de Dios. El cambio necesario vino de la mano de un hombre profético que tuvo la valentía de atender la voz de los teólogos y de los signos de los tiempos y convocar un Concilio que posibilitó sentar las bases para una reformulación del mensaje cristiano, que, para el jesuita Javier Monserrat, "deberá ser una reformulación del kerigma cristiano a la luz del mundo moderno, será el tránsito desde el paradigma antiguo greco-romano al nuevo paradigma cristiano de la modernidad ".

Es fundamental escuchar a los gallegos y gallegas de hoy -pero sin ideologías-, cómo ven y qué le piden ellos a la Iglesia, en suma, escrutar los signos de los tiempos e interpretarlos con la luz del Evangelio. Lo primordial, pues, es conocer y comprender el mundo en el que vivimos, sus aspiraciones y su modo de ser, su realidad conflictiva. Lo que venimos haciendo es todo el contrario: se ofrecen recetas que se imponen como las únicas válidas y verdaderas. Respuestas prefabricadas en lugar de "poner un oído en el pueblo, para descubrir lo que los fieles necesitan escuchar" (EG nº 154).

LA ACCIÓN DE LOS OBISPOS: JERARQUÍA
Los obispos gallegos, como casi todos, aparecen distantes en el tiempo y en la palabra, tan lejanos y arcaicos como las lujosas vestimentas imperiales a las que no son capaces de renunciar, aunque les impidan que la gente los sienta y vea más próximos. Cada vez son menos creíbles. Están lejos de la línea del Pacto de las Catacumbas, firmado por cuarenta obispos cuando se clausuró el Concilio Vaticano II, que, entre otras muchas cosas, decía: "Vivir según el modo común de nuestra población" ... "Conscientes de las exigencias de la justicia y caridad ... procuraremos transformar las obras de beneficencia en obras sociales basadas en la caridad y en la justicia ...".
Los obispos gallegos, en general y sin juzgar a las personas que desempeñan esa jerarquía, desconocen la cultura e idioma gallegos. Desoyendo el mandato conciliar, no le dan el valor fundamental que le corresponde. Viven en un mundo aislado, teórico e idealizado. Resulta evidente que no "huelen la oveja", o a soldador, pescador o labrador. Ignoran y desconocen el mundo de la mujer. No se mezclan con la gente, desconocen sus problemas y luchas, las injusticias de las que son víctimas. Parece que su única misión es controlar el clero, repartiendo puestos y controlando la transmisión de la doctrina conforme al Catecismo, que no deja de ser uno cierto reduccionismo del Evangelio.

Sus homilías y pastorales no llegan la gente, hacen referencia a realidades etéreas, extramundanas, con un lenguaje que no alumbra las situaciones concretas de la vida real en la sociedad de hoy, ni los conflictos de cada día. (Hasta fingen una voz piadosa y cursi). No se ve ningún tipo de esfuerzo por superar prácticas tradicionalistas, que, las veces, incluso resultan contrarias al incluso Evangelio, o, cuando menos, son discutibles o carentes de una certeza absoluta. En cambio, actúan contra cualquier denuncia por cualquier supuesta infidelidad al establecido doctrinal o disciplinariamente. Lógicamente esta actitud divide, separa a los anclados en el pasado de los que intentan seguir caminos de compromiso con el idioma, con las nuevas hermenéuticas y teologías, con la renovación. En estos casos es donde tienen un papel que llevar a cabo en defensa del pluralismo necesario e imprescindible. No sólo defender una pluralidad de opiniones e, incluso, interpretaciones, sino promover y fomentar la investigación, el progreso y madurez, fomentando el diálogo.

Están pendientes de lo que dicen en Roma y Madrid. 

Siguen la corriente para no desviarse de la supuesta línea oficial, aunque no sea correcta o respetuosa, porque eso puede traer problemas. No ejercen la autonomía, parece que se sienten inseguros y con miedo a que alguien les llame al orden. Lógicamente quien los puso al frente de la comunidad no fue ésta. En cambio, no escuchan las necesidades de los cristianos que les fueron encomendados, sus problemas vitales, las injusticias que los dominan. Como si la fe y la justicia no tuvieran nada que ver. Dan la impresión de que quieren que el pueblo de Dios tenga que vivir una doble vida: la de la fe por un lado y la sociopolítica y económica por otro. Están convencidos de que es menor de edad y como tal sólo le queda acatar órdenes y recibir sacramentos, sin aportar más que una aceptación incuestionable. Por eso cualquier laico (por desgracia no muchos), o cura que destaque por sus conocimientos, capacidad de investigación o intento de reformulación doctrinal o pastoral, que discrepe de las órdenes que vienen de arriba, causa problemas. No importa que sea recto, buena persona, serio. Lo único que importa es que se someta a los criterios de los censores, que, generalmente, pertenecen a grupos conservadores y distantes del pueblo.

Los obispos son y se mueven como príncipes, como autoridades supuestamente apolíticas. Gobiernan, mejor piensan que gobiernan, sin reconocer que ya casi que no tienen sobre quién gobernar. Hay cristianos comprometidos, marginados o incluso excluidos, que tiene que ir por libre o en contra lo que dicta su conciencia. Otro grupo, cada vez menor, que por mal entender el sentido de la obediencia y por carencia de una formación idónea, que llega incluso a atormentarlos, mantiene una religiosidad sencilla o popular, pero amorfa, sin vida. A otros ni les va ni les preocupa. Otros se apartaron. A muchos sólo les molesta que cobren de los fondos públicos (!). Ah!, a propósito, la situación de la económica de la Iglesia ni es transparente ni ayuda a la acción evangelizadora. Es una de las barreras que urge allanar si queremos evitar un grave perjuicio que cierra las puertas a cualquier inicio de evangelización. ¿En qué nos diferenciamos de los comportamientos de sectores de la sociedad que solapan sus privilegios económicos y políticos en que siempre fue así, siempre habrá ricos y pobres, siempre habrá gentes con poder y gentes que no sirven para estudiar? La economía de la Iglesia tiene que ser clarificada, la visión capitalista, por fin, ya no es válida, carece de un valor fundamental como es la solidaridad. Difícilmente encaja con el Evangelio (cfr. EG nº 53-54).

Les preocupa mucho el aspecto celebrativo y, sobre todo el disciplinario y doctrinal, en perjuicio de la acción fraternal y transformadora del mundo que nos rodea. Así en la celebración de la Eucaristía importa más la forma de comulgar que la celebración misma. Hoy en día, por una elemental higiene sanitaria, debería estar prohibido dejar la forma en la lengua del comulgante. Pues ni esto son capaces de modificar con una previa información explicativa. Bien explicado y argumentado el pueblo lo entendería sin problemas. Es un ejemplo de una lista interminable. Sin embargo, no les preocupa que la Eucaristía, en cuanto celebración de la fe en Jesús, sea un germen de transformación de la sociedad, una siembra y anticipo del Reno de Dios, en el que la injusticia, la injusticia real, la de todos los días, no tiene cabida.
El poder que ejercen dentro de la Iglesia, se prolonga también en el campo social y político. Los obispos se consideran con poder para exigir privilegios, entre otros, en los campos de la educación y control moral en el campo legislativo civil. Olvidan, sin embargo, la acción de denuncia de situaciones de injusticia manifiesta, denuncia a la que sí le dan mucha importancia los textos evangélicos. Para que se entienda de una vez, su ideología política no es de izquierdas como la del papa Francisco.
En relación con este aspecto, urge recordar y regular la presencia del poder político, en cuanto tal poder institucional, en la Catedral de Santiago o en cualquier otra asamblea, iglesia o procesión. Estamos ante una reliquia anquilosante de la que urge deshacerse y que responde a un catolicismo fundamentalista y conservador. Un catolicismo, el nacional catolicismo, antievangélico, manipulador de conciencias, al servicio de los poderosos, que esclaviza en lugar de liberar y que no hará fácil, si es que no impide, una nueva evangelización. No es entendible, no tiene sentido, responde a ideologías superadas y resulta contraproducente. No importa que sean políticos que se confiesan agnósticos o, incluso, ateos. No importa que sus políticas sean injustas y contrarias al Evangelio, o, incluso, inhumanas. ¿Qué es lo que se pretende con estas exhibiciones? ¿Que significa esto? ¿Por qué no se invita a los que no tienen que comer, a los despedidos de su puesto de trabajo, a los que sufren las injusticias de los poderes dominantes y responsables de las desigualdades e injusticias sociales, para que presenten ante la comunidad de creyentes sus problemas? ¿Alguna vez algún obispo bajó al lado de los trabajadores y trabajadoras?
Tampoco hay indicios de reconciliarse y compartir actos de acercamiento, de reflexión y oración con los cristianos separados o de otras religiones. Llama la atención el desconocimiento, las reservas frente a ellos. Somos un país plural. Se echa en falta actos cívicos en los que, en pie de igualdad, todos los creyentes y ciudadanos puedan despedir a colectivos como las víctimas del accidente de Angrois.
Estas son unas cuantas de las muchas pinceladas o síntomas de la inadecuación y ausencia de inculturación de los obispos de Galicia. ¿Cuándo el pueblo cristiano tendrá algo que decir en la elección de los obispos? Ni siquiera es consultado. Todo se cocina en una comisión en Roma, mal informada o manipulada por los distintos grupos de presión. En las pseudo democracias políticas es una aberración, pero en la Iglesia que, por definición es una FRATERNIDAD, es una contradicción inadmisible.

En España esos grupos de presión son los que controlan las cadenas de radio Popular y TV13 que bien podían simbolizar el estado de cosas que venimos de subrayar. Un obispo gallego destinado en Tánger, Mons. Santiago Agrelo Martínez, viene de hacer una denuncia que se debía atender por quien corresponda: "Tenemos un problema: con razón o sien ella, 13 TV es una televisión considerada de la Iglesia española. Y es inaceptable que en esa televisión el tema de la inmigración sea tratado sin que alguien autorizado deje meridianamente claro a todo el mundo cuál es la posición de la Iglesia en esa materia. La línea 'del canal' es antievangélica, por no calificarla simplemente de deshumanizada, y la CEE no puede permitirse que alguien piense que ésa es su manera de ver a los emigrantes y de hacer frente a sus problemas".

LA ACCIÓN DEL CLERO Y RELIGIOSOS

Los sacerdotes, salvo contadas y arriesgadas excepciones, son meros ejecutores de las directrices de los obispos. El clero es víctima de una separación social y control doctrinal. Separación del resto de los hombres y mujeres. Mutilados afectivamente. Quieren que sean diferentes. Adoctrinados al margen del saber y experiencia de la vida real. Salvo excepciones, que la situación impone, se apuntan al seguimiento de la línea trazada por los obispos, si no quieren verse señalados y llamados la orden. Si quieren ser tenidos en cuenta o "hacer carrera" no les queda más remedio que apuntarse al seguimiento de la línea oficial. En caso contrario le queda la soledad y aislamiento en el que se ven inmersos.

La dedicación exclusiva a la acción pastoral puede ser un arma de doble filo. Tienen un tiempo para dedicar a la acción pastoral, que no tiene el resto de la gente. Pero también tienen una privación de experiencias humanas, de relaciones de trabajo, de inmersión en las vivencias y problemas del común de los hombres y mujeres con los que se relacionan desde un mundo que le resulta extraño a esos hombres y mujeres a los que pretende servir. Un trabajo civil proporciona una autonomía y una cercanía que permitiría una acción pastoral distinta.

Estas circunstancias marcan negativamente su ministerio y el enfoque del mismo. El clero gallego vive aislado en todos los sentidos. Aislado y separado del mundo a donde lo mandan, porque no es como la gente que lo rodea. Aislado de las experiencias humanas, sociales y políticas. Aislado y abandonado de quien tiene el deber de apoyarlos en todos los aspectos de su vida, comenzando por la selección. No pueden tener acceso al ministerio los que no acepten una disciplina actualmente, cuando menos, muy cuestionada. La formación parte de una filosofía superada y de una ciencia mutilada, de una teología lastrada por una concepción tradicionalista, cuando no fundamentalista o sectaria y carente de la más elemental hermenéutica, imprescindible, necesaria, básica y elemental. Aislado porque fueron preparados para dirigir y enseñar y no para servir, escuchar y compartir. Aislado por otros compañeros de ministerio que tratan de significarse por la sotana o cualquier otro distintivo, que más que acercar genera rechazo, cuando no desprecio. Aislado, en fin, por su propia edad y soledad. La media de edad del clero gallego supera, con creces, la edad de jubilación. Si bien es cierto que el sacerdote, de hecho, no se jubila.

¿Qué Evangelio pueden anunciar anclados en un mundo ajeno a la realidad actual, fuera de la historia? ¿Y si se insertan en el mundo gallego y actual, cómo compatibilizar su acción con las directivas extramundanas que les vienen impuestas desde la diócesis, ayudada por los controladores, espías y censores de la doctrina oficialista o pseudo oficial? A pesar de todo esto hay auténticos profetas que se esfuerzan en abrir caminos, que tratan de evangelizar desde un paradigma actual. No es necesario decir que el clericalismo oficial no les hace fácil su trayectoria.

El clero es víctima, lo mismo que queda dicho de la Iglesia en Galicia, de un sacramentalismo ritualista, casi mágico, huérfano de la Palabra de vida, que, muchas veces, tan poco tiene que ver con el anuncio del Reino. La acción pastoral de la mayoría del clero queda reducida, por deformación o por imposibilidad física de multiplicarse en tantas parroquias, a la administración, no sé si celebración, de sacramentos, funerales y confección de expedientes. Hay mucho miedo a revisar la comprensión del paradigma y su vivencia (cfr.-EG nº 43).

El Concilio Pastoral de Galicia, igual que el Vaticano II, cayó en el pozo del olvido. Quizás haya sido por llamar al compromiso con la lucha frente a la injusticia o por la necesidad de superar el Vaticano I, que cerró las puertas a la modernidad. Ya no hay (por citar sólo unos hitos), movimientos como los Coloquios de parroquias, el de los curas de Ferrol de los años setenta, curas obreros, persecución y censura política de las homilías que denunciaban la injusticia social y política, la exaltación del capital en perjuicio de los hombres y mujeres, de los desfavorecidos, de los injustamente tratados, de la nueva esclavitud. El anuncio del Reino se hizo light. No se puede incomodar al poder, salvo en ciertos aspectos que pueden dar o quitar votos. Si alguien se atreve a saltar estas normas, no escritas, sabe que no lo va a tener fácil. Se le va a complicar la existencia.

El clero regular (religiosos), que están en parroquias, es equiparable al clero secular. Participan de todo cuanto queda dicho. Algunos proceden de fuera de Galicia, como los obispos. No le dan importancia al idioma, a la idiosincrasia del pueblo gallego.

LA ACCIÓN DE LOS RELIGIOSOS Y RELIGIOSAS: COLEGIOS Y CONVENTOS

En el postconcilio se abrieron las puertas al diálogo con el mundo secular. Brotaron principios de apertura, de vivencias y experiencias de enculturación y encarnación en la sociedad gallega. Quedan restos. Las dificultades y atrancos fueron aumentando con la ocultación y enterramiento del Vaticano II. De hecho no hubo una apertura suficiente como para hacer la vida religiosa más atractiva que las ONGs o movimientos con fuerza y actualidad. La realidad es que, como en el resto de España y del mundo, aparecieron con fuerza los movimientos involucionistas y espiritualistas y los brotes no crecieron lo que se aguardaba. Y si hubo o hay grupos que intentaron abrir y experimentar caminos hacia el futuro, los atrancos, prohibiciones y exclusiones dificultaron los caminos iniciados hasta hacerlos desaparecer. Para sustituir esas iniciativas abiertas al futuro se buscaron formas de vida religiosa ancladas en el pasado y distantes de las necesidades reales de la realidad gallega.

El mundo de los colegios de religiosos merece un análisis muy serio. ¿En qué se distinguen de cualquier otro centro de enseñanza privada confesional o aconfesional? ¿Si deducimos la enseñanza de la doctrina católica (que no se debería confundir con la evangelización), de corte más o menos abierto, dependiendo de muy variadas circunstancias de método, apertura del profesor, etc., qué fuerza tiene su evangelización en el doble aspecto de fe y justicia? ¿En qué se diferencian de los formados en otros centros? ¿Su vivencia de la fe es más ilustrada, más viva, menos mágica o ritualista?

Las formas de vestir, las propiedades, los modos de vida ¿son evangelizadores, son signos de la Buena Nueva en los tiempos y circunstancias que nos toca vivir?

LA ACCIÓN DE LOS LAICOS

Es un hecho más que evidente que los laicos y, de una manera significativa, las mujeres, de momento, cuentan poco en la actividad de la Iglesia. Entre otras razones porque, entendiendo la actividad de la Iglesia, como acción de los pastores (clero), a los laicos les quedó vedado ese terreno.

En Galicia hoy podemos distinguir dos grandes tendencias entre los laicos gallegos. En una línea oficial hay que destacar el papel de las mujeres en el cuidado de los templos, en la catequesis, mejor doctrina parroquial, y acción caritativa o limosna. Los fundamentos de esta actividad vienen muy marcados por el pensamiento tradicionalista al que nos hemos referido.

Otro grupo de laicos, al margen de la jerarquía por falta de entendimiento, desarrollan una estimable actividad, quizás poco coordinada, con escasas, aunque significativas, salvedades. Unas veces con el apoyo de sacerdotes y religiosos/as dispuestos a abrir caminos y que aceptan su colaboración, otras participando en grupos o comunidades más o menos independientes, automarginadas por necesidad o excluidas. La situación de falta de apoyo o incompatibilidad con la línea oficial dificulta el diálogo, entendimiento y madurez del pueblo cristiano.

Lo que parece no admite dudas es que la acción de los laicos carece de dirección, de una hermenéutica bíblica a la altura de los tiempos, de ideas teológicas creíbles y de una experiencia de la injusticia como punto de partida para vivir, experimentar y anunciar la Buena Nueva. Van apareciendo teólogos laicos, escuelas de teología, de espiritualidad, asociaciones de mujeres creyentes. Hay laicos que buscan y encuentran o impulsan grupos de reflexión y formación. La verdad es que su caminar va un poco o un mucho al margen de la iglesia oficial. Se echa en falta la convivencia en el pluralismo, la actitud de búsqueda, la convivencia y el respeto de pareceres e interpretaciones hermenéuticas.

La catequesis infantil y juvenil es demasiado teórica, doctrinal, poco vivencial e inasimilable. No arranca de una experiencia de vida ni fomenta el vivir conforme al seguimiento de Jesús. La verdad es que los catecismos infantiles (en castellano!?), no son asimilables para los niños instruidos en una cultura que hace ininteligible un lenguaje y unas experiencias ancladas en el pasado, en unas ideologías superadas, a veces inexplicables. Guerra Campos es muy gráfico al referirse la este tema. Para él es imprescindible, como punto de partida, una auténtica interpretación de la Biblia. Luego reconoce y aconseja a los miembros de los secretariados de catequesis el siguiente: "Sé que llevan muchos años trabajando para ayudar a los catequistas, pero pienso que están atados. Que tomen el libro en el que de forma vinculante fundamentan sus trabajos el Catecismo de la Iglesia católica; que le den un respetuoso beso y lo encierren en el sagrario de una capilla abandonada; después que tiren la llave. A continuación, sin tiempo para arrepentirse, que hagan ejercicios espirituales......; se trataría de que, liberados de ataduras, con el sentido común, con su indudable competencia y con la segura ayuda del Espíritu Santo, traten de formular la Buena Nueva con palabras y conceptos adecuados a la cultura en la que vivimos"11.

La formación de los cristianos adultos podemos afirmar que no existe.

Accediendo a las Webs de las diócesis gallegas, constatamos que existe una detallada organización y planificación de las más variadas actividades pastorales. Todo muy organizado y jerarquizado, con responsables de áreas y tareas. Pero la oferta no se corresponde con la demanda y necesidades. ¿Se debe al abandono, a la comodidad o a la indiferencia? Los interrogantes podrían multiplicarse. La jerarquía parece estar convencida de que su acción es la correcta. Pero no, piensan que es culpa de la secularización, del laicismo de un gobierno o del desprecio de la fe. De nuevo, con palabras de Guerra Campos, se trataría, más bien, de una "dolorosa catequesis que acaba en una desbandada para la mayoría, con la adolescencia, y en una rutina religiosa para los que perseveran". La obsesión por la condena del pensamiento diferente, por la uniformidad autoritaria y enfermiza, por el rigorismo de los ritos, no siempre es el mejor camino.

LAS HOMILÍAS

Siendo realistas la gran mayoría de los cristianos no tiene acceso a otra formación que la que pueden recibir en las celebraciones de los sacramentos y funerales y, principalmente, en la Eucaristía. Ya sabemos que el papel de la homilía no es ése, o no es principalmente ese, pero la realidad exige una respuesta pastoral efectiva.

¿Cuál fue la preparación de los sacerdotes en los seminarios respecto de la homilía? Después del Concilio se produjo abundante literatura al respecto. Hoy tenemos material bien hecho y asequible, como para limitarnos a un simple parafraseo, reiterativo y rutinario, de los textos proclamados, que no llama la atención de nadie e interesa a pocos. Es evidente que no se puede seguir utilizando un lenguaje sin significado actual, conceptos propios de otras épocas, teorías que el avance científico y filosófico tiene desautorizado y superado. Un auditorio con formación actual requiere un planteamiento del mensaje también actual. Pero, además, hay que ponerse en su situación vital. Es curioso que hay padres jóvenes, que todavía no se casaron, pero piden el bautismo para sus hijos. ¿Por que lo piden? Sin acosarlos, poniéndose en su situación, abriéndose a su experiencia y desde ella es el momento de anunciarles la Buena Nueva, compartiendo su actitud, su búsqueda inicial.

¿Por qué los autores de las homilías tienen que ser necesariamente los clérigos y no cualquier laico o laica?

¿Llega a los fieles el mensaje de la homilía? ¿La entienden? ¿Atrae su atención? ¿Qué dicen los fieles al respecto? Todos tenemos casuística suficiente para hacernos una idea de lo que no debe ser una homilía. Todos tenemos experiencias de homilías que se hacen escuchar porque el autor es capaz de recoger experiencias de los presentes y leerlas desde el mensaje evangélico. El papa Francisco, en los números 135 y siguientes de la exhortación La Alegría del Evangelio, apunta respuestas.

La propia experiencia de la injusticia, la empatía con el que sufre, el descubrimiento de las causas de las injusticias, o el acontecimiento feliz que se celebra, posibilitan una interpretación de la Buena Nueva desde una perspectiva de fraternidad, que permite, a su vez, una nueva visión de la acción pastoral, comenzando por el culto, la celebración de los sacramentos, la vivencia de la fe, y el esfuerzo con el resto de los ciudadanos gallegos y gallegas, de cualquier religión, confesión, o ideología, sin tratarlos como ajenos, en la construcción de un mundo mejor como realización del Reino.

CONCLUSIÓN
"La Iglesia Gallega está enferma". Vive fuera de este mundo, se quedó anquilosada, fuera de la historia. Es una rémora para el progreso de la humanidad y, lo que es mucho más grave, infiel a su misión de transmitir la Buena Nueva sin disfraces, reliquias de un pasado superado por el crecimiento cultural de la humanidad.
La Iglesia Gallega participa de las enfermedades del Pueblo Gallego, en cuanto a su identidad y problemática social. Al margen de enfermedades y achaques más o menos importantes, que requieren atención y soluciones inmediatas, hicimos hincapié en los aspectos relativos la Nueva Evangelización en una doble perspectiva: Nueva, porque el Evangelio es y será siempre una novedad; Nueva, porque es necesaria una reevangelización, que libere la opción cristiana de la dependencia de ideologías caducadas, de espíritus, poderes extraños, horóscopos, brujas, magias y de toda serie de adherencias incompatibles con la fe liberadora.

Fe y cultura avanzan y maduran en profunda relación para que la humanidad progrese en el camino de la liberación y salvación. Una fe inculta no humaniza. Una fe sin fermento evangélico no crece, no transforma la harina en pan para la vida. Un ‘evangelio' deshumanizante, esclaviza, no libera, no salva. ¿Qué Evangelio estamos anunciando? ¿Con que autoridad moral (auctoritas) se presenta la Iglesia Gallega en la sociedad? ¿Iglesia que Evangelio anuncias y vives?

Puesto que la misión de la Iglesia no es otra cosa que el anuncio de la llegada del Reino de Dios, el colectivo de los cristianos deberíamos estar liderando toda acción liberadora social, política y económica, como hizo Jesús. El Vaticano II, como queda dicho, puso las bases en la Gaudium et spes. Las Conferencias de los obispos latinoamericanos dieron pasos importantes empujados por los teólogos de la liberación y el papa Francisco, con su actitud de compasión y empatía, está siendo escuchado y tiene eco en los medios de comunicación.

"La Iglesia, concluye Francisco Carballo, es un instrumento sacramental. Puede ser fiel o impía. Según el caso, tratar de que se corrija, sin miedo y con coraje. Tal iglesia debe ser una comunidad de creyentes. Tiene que rehacerse constantemente, porque es objeto del mal para destruirla. La Iglesia actual debe abandonar la estructura política jerárquica de mando por otra fraternal y de amor. Cualquier "comunidad", instituto, diócesis etc., tiene que ser una fraternidad con dirigentes servidores; no hay poder, hay solo servicio. Todo cristiano debe ser responsable, pero también libre para moverse institucionalmente sin códigos de penalizaciones (Salamanca 10 II-14)".



Feligreses que acusan a los curas de dar el ‘cambiazo’ a las imágenes, vecinos que restauran –sin permiso– objetos religiosos, iglesias sin inventarios, santuarios semiabandonados…
El patrimonio eclesiástico gallego está en el punto de mira. En 2012, el fiscal superior de Galicia, Carlos Varela, impulsó un plan de seguridad para los templos. Pero topó con la resistencia de la Iglesia que, a su vez, dice que más que seguridad, faltan recursos. En 2014, la Xunta destinará 1,4 millones de euros a conservación

El crimen de la Virgen del Cristal

"Esto reafirma lo que yo he dicho siempre sobre el modo en el que la Iglesia gestiona su patrimonio. Todo puede estar manga por hombro, no te dan una sola ayuda para las restauraciones y, cuando buenamente puedes hacer algo, aparecen las críticas del obispado”. Con cierto asombro y desde la distancia, el excura José Emilio Silvaje, apunta al conflicto desatado en el municipio lucense de A Pontenova tras la ofensiva de un grupo de vecinos para que se marchase su párroco, José Ángel Fernández, al que el pasado verano acusaron de dar el cambiazo a la imagen de la virgen que preside el Santuario de Nuestra Señora de Conforto, una talla del siglo XV.

En 2012, un asunto similar le costó a Silvaje salir escaldado de la misma zona de A Mariña lucense. Sus feligreses le señalaron entonces como el autor de la desaparición de imágenes y objetos que estaban dentro de las de parroquias que regentaba, una acusación que siempre negó. La polémica en torno a la talla de la Virgen de Conforto es tan solo una de las últimas que ha saltado en una comunidad donde el patrimonio religioso supone en torno a un 80 por ciento del patrimonio histórico-artístico. Un tesoro cultural muy codiciado. Imágenes, cruceiros, candelabros, crucifijos, esculturas, copones, cálices. Algunas, piezas de gran valor artístico.


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SE VENDE IGLESIA


Arciprestazgo de Cerveiro VICARÍA DE LA CORUÑA 
Aldea o Castro 17 – 15168 – O Castro (Cerca de SADA) La Coruña 

Ermita desecularizada, para celebrar cualquier tipo de evento o enlace: bodas, cumpleaños, fiestas privadas, presentaciones, entregas de premios… 

El espacio donde tendrán lugar los actos tiene como elemento diferenciador una capilla datada del año 1823. Se trata de una ermita desecularizada, sin ningún tipo de relación con la iglesia católica, por lo que se puede celebrar cualquier tipo de evento en ella: bodas, cumpleaños, fiestas privadas, entregas de premios, catas, presentaciones…

La privacidad del acontecimiento que celebréis está garantizada por nuestro muro, tanto mineral como vegetal. La confidencialidad es un hecho.

La Capilla cuenta con su propio crucero rodeado de frescas enredaderas, árboles y plantas naturales. Todo ello se halla dentro de un exclusivo espacio tapado por unas bonitas tuyas ¡la discreción es nuestra máxima!