EL Rincón de Yanka: PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI VIDA, MI ALMA, MI ESPÍRITU

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martes, 3 de febrero de 2015

PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI VIDA, MI ALMA, MI ESPÍRITU

Padre, en tus manos encomiendo mi vida, la vida de mi familia, la vida de mis hijos.

Padre, en tus manos encomiendo mi casa, mi vecindario, mi país.
Padre, en tus manos encomiendo mi cuerpo, mi alma, mi espíritu.

PADRE, EN TUS MANOS 
ENCOMIENDO MI ESPÍRITU

“אבא לידיים שלך מביא רוחי” (en arameo), “Avi be yadja afkid rují”, en latín “Pater in manus tuas commendo spiritum meum” (Lucas, 23:46), que significa “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu“, conocido como el “Septem Verba” (La séptima frase de las Siete que pronunció Jesús en la cruz). Esta es la última frase que Jesús pronunció en vida, y se interpreta como un ejemplo de la confianza que debe tener un cristiano...

SALMO RESPONSORIAL
Sal 30,2 y 6. 12-13. 15-16. 17 y 25

R/. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

A ti, Señor, me acojo: 
no quede yo nunca defraudado; 
tú que eres justo, ponme a salvo.

A tus manos encomiendo mi espíritu: 
tú, el Dios leal, me librarás.

Soy la burla de todos mis enemigos, 
la irrisión de mis vecinos, 
el espanto de mis conocidos; 
me ven por la calle y escapan de mí.

Me han olvidado como a un muerto, 
me han desechado como a un cacharro inútil. 
Pero yo confío en ti, Señor, 
te digo: «Tú eres mi Dios.» 
En tu mano están mis azares; 
líbrame de los enemigos que me persiguen.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, 
sálvame por tu misericordia. 
Sed fuertes y valientes de corazón, 
los que esperáis en el Señor.



"PADRE EN TUS MANOS 
ENCOMIENDO MI ESPIRITU"


¡Padre     mío!

mi      espíritu

encomiendo,

menguaré    tu

dolor,      triste,

humillado,    de

tanta      espina

y               mal a

ti       entregado

e hincado a tu presencia      estoy sufriendo.

MI maldad a tu perdón          estoy cosiendo,

salvaje fui y debo                          ser colgado;

en cambio tú,                 mi mal has aceptado,

arrepentido    a ti,

llego     corriendo.

Estruja mi mirada,

amargo          grito,

en busca  de tu luz

y tu           ternura,

sabiendo      lo que

mi alma    necesita

y mi        cuerpo se

duele de    contrito

por beber    de tus

manos    la dulzura

y el maná que a mi

cuerpo          resucita.


Antonio Escobar Mendívez