EL Rincón de Yanka: DECENCIA

inicio














Mostrando entradas con la etiqueta DECENCIA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta DECENCIA. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de junio de 2025

LIBRO "SALVAR EUROPA" por IRENE GONZÁLEZ 🌍🔥 y "LA INMIGRACIÓN MASIVA HA SIDO PLANIFICADA DESDE EL MISMO PODER GLOBALISTA"

 SALVAR 
EUROPA

Irene González

Europa enfrenta un momento crucial para su supervivencia como civilización al haber sido despojada de su identidad espiritual y libertad política. Con un análisis provocador y fresco, la autora presenta una visión del nuevo orden que acecha a Europa desde la perspectiva de una generación decepcionada ante una realidad social destruida con la democracia liberal. Un enfoque clarificador de las nuevas formas de poder y de su evolución hacia un sistema tecnocrático bajo una dictadura emocional.
Sobre todo, es un libro acerca de la guerra espiritual que libra Europa y el resto de Occidente. Mucho más profunda y decisiva que la batalla cultural ideológica, donde está en juego salvar la civilización occidental. El globalismo deshumanizador con una agenda decrecentista junto a la islamización de Europa han llevado a un desarraigo profundo en la sociedad, siendo el origen del desastre la descristianización de Europa.
Sin embargo, es un libro esperanzador que nos invita a recuperar la verdad y las raíces cristianas de Europa para frenar su disolución y preservar su identidad.
Un texto esencial para quienes buscan respuestas e inspiración. 
Un libro para defender una Europa libre y fiel a sus raíces que recupere su belleza.

"Estamos inmersos en una guerra espiritual, 
mucho más profunda que 
la batalla cultural ideológica"

Irene González, colaboradora de Vozpópuli, es una de esas firmas que no teme defender opiniones impopulares. Lo confirma en su reciente ensayo "Salvar Europa" (Ciudadela libros), donde reivindica las raíces cristianas del continente, se enfrenta a las élites de burócratas que nos gobiernan y cuestiona incluso las bondades de CULTURA La abogada y escritora publica "Salvar Europa”, un ensayo profundo y contundente
Irene González, colaboradora de Vozpópuli, es una de esas firmas que no teme defender opiniones impopulares. Lo confirma en su reciente ensayo Salvar Europa (Ciudadela libros), donde reivindica las raíces cristianas del continente, se enfrenta a las élites de burócratas que nos gobiernan y cuestiona incluso las bondades de a democracia liberal. 
El texto no se corta a la hora de analizar los numerosos males que lastran al Viejo Continente, desde la islamización hasta el decrecentismo clasista que quiere imponer la Agenda 2030, pero también ofrece un sólido camino de esperanza sostenido en nuestras tradiciones, el retorno a los enfoques católicos y la reconstrucción de lazos comunitarios carcomidos por el individualismo consumista. 


En este sentido, la autora del libro “Salvar Europa” ha querido destacar la diferencia entre Europa como civilización y la Unión Europea como estructura política, advirtiendo que esta última no representa necesariamente los valores tradicionales del continente y que, sin embargo, sus instituciones políticas atentan contra las raíces y el fundamento de lo que son los europeos. En este contexto, ha denunciado el avance de una agenda transhumanista que vertebra las propuestas políticas y las instituciones y que, según ella, pretende desligar al ser humano de su naturaleza corporal: “Lo woke ha sido un instrumento para ello. La tecnocracia busca disolver los vínculos verdaderos: familiares, de amistad y románticos«, ha afirmado.
Para González, el combate contra esta crisis pasa por una revitalización de la vida intelectual al servicio de la Verdad y el Bien Común y por el coraje y la valentía de desafiar las narrativas dominantes y de perder el miedo a expresarse públicamente.
En este sentido, la columnista ha animado a los estudiantes a ilusionarse con un cambio de rumbo de la situación que tiene que empezar por nosotros mismos y por nuestro compromiso público: «Lo que nos ha de mover no es el odio, sino el amor. Uno lucha por lo que ama. Debemos convertirnos en personas valiosas que construyan una civilización digna de ser salvada y reconstruida«, ha concluido.

Pregunta. Su libro parte de la premisa de que Europa ha sido despojada de su identidad religiosa y de su libertad política. ¿Cómo ha ocurrido? 
R. Creo que no puede entenderse como un proceso de degradación, sino de guerra espiritual, mucho más profunda que la batalla cultural ideológica. En esencia pretenden arrebatarnos nuestra identidad y libertad política para crear al individuo absurdo, manejable que produce y consume sin tener conciencia de su trascendencia. Para conseguirlo y arrebatarnos todo, su objetivo clave es la descristianización de Europa, que no es nuevo, incluso anterior a la Revolución francesa, pero en la posmodernidad está alcanzando su apogeo. Las herramientas que utilizan son la sacralización de la democracia liberal y su inherente antihumanismo, así como la islamización. Todo lo que nos lleve a una deshumanización que se logra a través del desarraigo material y espiritual es parte de la batalla. 

P. ¿Qué papel ha jugado en todo esto la democracia liberal? 
R. Yo denuncio cómo mi generación ha sido engañada con ese consenso vacío de la democracia liberal. Cómo ese mejor de los mundos posibles no es más que una mentira que nos ha traído desarraigo, pobreza y falta de libertad con unos poderes que no nos representan. Por eso creo esencial romper esos consensos acerca de la democracia liberal, es hora de que la siguiente generación podamos tomar las riendas de nuestro mundo y denunciar la farsa en la que viven anclados tantos.
Es la herramienta para despojar al hombre de esas virtudes que le comprometen con algo que trasciende al poder de los hombres. Un instrumento que ha sacralizado procesos donde el Estado es Dios, y por tanto sus dirigentes, y la democracia una religión, un fin en sí mismo, en lugar de un sistema para defender el bien común. La herramienta que ha debilitado nuestra identidad y la puerta por la que han entrado los enemigos de la civilización cristiana. Sólo así se llega a que en democracia la ley proteja al delincuente y machaque al ciudadano que lo sufre. 

P. Otra idea en la que incide su ensayo es la de las élites irresponsables, que no responden ante los ciudadanos sino ante instituciones de la burocracia globalista. ¿Cómo se puede recuperar la rendición de cuentas de los que mandan? 
R. Recuperando en primer lugar la verdad. Este libro contribuye a romper todos esos consensos construidos sobre mentiras y nihilismo que nos han encadenado a un proceso descivilizatorio y suicida. Recuperar virtudes como el coraje, la justicia y el patriotismo. Que los dirigentes no sean empleados de élites globalistas, sino vinculados al bien común con consecuencias. Hoy tienen plena impunidad quienes deciden que no podemos ir solos en nuestro coche o debemos talar olivos para placas solares. 

P. En cierto sentido, su libro es metapolítica: da más importancia a la batalla cultural y religiosa que a la ideológica. ¿Qué papel debe jugar el cristianismo en el futuro de Europa? 
R. Así es, puesto que la clave del libro es la guerra espiritual. Si el proceso de destrucción de nuestra civilización se ha llevado a cabo a través de hechos y la expulsión de Dios de la sociedad, revertirlo requiere acciones y volver a levantar la Cruz en público. Tanto quienes carecen de fe, los conocidos como católicos culturales, y especialmente los creyentes. Un orden común que ofrezca una opción verdadera y mejor frente a la islamización colonialista de Europa.

P. Denuncia que la democracia está siendo sustituida por la tecnocracia. ¿Cuál es el precio del cambio? 
R. Es la evolución lógica del fin de la historia de Fukuyama, de la democracia liberal sin disputas ideológicas a la tiranía tecnocrática. El alcance es desconocido hoy en día ante las posibilidades de la IA. El precio es nuestra deshumanización si permitimos que la tecnología se use para usurpar nuestra riqueza, como puede ser el euro digital, y un arma de control y poder absoluto sobre la vida de los hombres como no se ha conocido jamás. 

P. Dedica un capítulo al transhumanismo, la mayor ruptura antropológica de nuestro tiempo. ¿Qué nos jugamos en ese precipicio? 
R. Absolutamente todo. Evitar ese mundo siniestro que defiende como avance en sus libros Yuval Noah Harari, un miembro de esas élites transhumanistas. El transhumanismo pretende despojarnos de lo que ellos llaman “limitaciones biológicas”, liberarnos del cuerpo y crear una súper conciencia, una especie de dios tecnológico para quienes se creen dioses, que se encargue de tomar decisiones liberándonos de la pesada carga de pensar. Al final crearán dos castas entre quienes tienen acceso a la tecnología y quienes son esclavos para alimentarla. 

P. El libro cierra hablando sobre patriotismo, una actitud que muchos consideran anticuada y zafia. Nos proponen ser patriotas pero de la Constitución, no de España. ¿Por qué es importante recuperar el patriotismo? 
R. Quizá sea algo generacional, pero no hay nada que me resulte más casposo y rancio que el desprecio al patriotismo. Es algo patético seguir la posmodernidad que tanto daño nos ha hecho creyéndose innovador. En mi libro, así como en mis artículos en Vozpópuli señalo el patriotismo como la característica esencial para desempeñar cargo público. Algo que no se puede presuponer, puesto que los dirigentes están vendidos a intereses de terceros por beneficio personal en contra del interés de la nación y del pueblo que dicen representar. También el patriotismo es beneficioso para ordenar la sociedad alrededor del bien común. No me importa lo que digan esos absurdos en contra del patriotismo. 

P. Este es un libro incómodo, escrito a la contra, me temo que le pueden llamar de todo, desde "extrema derecha" a "putinista", pasando por "conspiranoica". ¿Hay algún insulto a malentendido que le preocupe especialmente? 
R. Ninguno. Me aburre mucho la gente que usa esos términos, suele ser indicativo de fanáticos estúpidos alérgicos a la razón y la verdad. A estas alturas la hipérbole, la mentira y la manipulación, el lenguaje del mal, pretende callar la verdad. El nivel de locura y fango llama “putinista” a quienes criticamos a la Unión Europea, la desindustrialización y las políticas antihumanistas. Ya si nos negamos a ir a morir al Donbás para defender los privilegios de von der Leyen somos enemigos públicos. No me imagino mejor campaña publicitaria para Putin. 

P. El arranque de libro es un texto dedicado al profesor Dalmacio Negro, recientemente fallecido. ¿Qué destacaría de su legado? 
R. Dalmacio Negro me concedió como penúltimo honor escribir el prólogo de mi primer libro, pero falleció antes de hacerlo. Por eso mi libro no podía tener un prólogo de nadie más y quise rendir mi humilde homenaje al mayor sabio español del siglo XX, como la alumna que él escogió fuera del aula. Su legado es inmenso, en su obra y persona. Su concepción del Estado, del poder y la importancia de la religión como eje de ordenación de sociedades… Siento mucho no poder compartir con él este momento que tanto le hubiese gustado. 

P. Para terminar, pinta un panorama más bien sombrío para el Viejo Continente. ¿Cuáles son los movimientos, procesos o personajes que le dan algo de esperanza? 
R. La realidad es sombría, pero el mensaje del libro ya desde el título es un mensaje claro de esperanza que surge de una profunda convicción de poder recuperar la verdad. En caso contrario no defendería que hubiese nada que salvar. Pero esta actitud no es compatible con el conformismo, la sumisión o la negación de la realidad. Confieso que tampoco de la cobardía. 
Todo movimiento dirigido a derribar lo que nos ha traído hasta aquí y a defender las virtudes sobre las que se ha construido nuestra civilización cristiana en torno al bien común y nuestra identidad será parte de la solución. 
Quienes denominan estos movimientos como extrema derecha y desprecian estos principios intrínsecos en la naturaleza del hombre son parte del problema.

RECUPERAR EL HONOR, LA VERDAD, 
LA DECENCIA y LA HONESTIDAD

Irene González, autora del libro “Salvar Europa” en las Jornadas sobre libertad de expresión en el Congreso de los Diputados.
Liberarnos de la falsa "moral" de Estado que criminaliza la verdad.
La única cultura que ha creado la posmodernidad ha sido la cultura de la cancelación.
Se legisla invirtiendo valores: proteger a los criminales y criminalizar a los inocentes, persiguiendo a quien cuestione el poder de los gobernantes. Eso es el verdadero delito de odio.


En tiempos en los que Occidente se repliega sobre su cansancio moral y su desconcierto ideológico, González levanta la voz desde las páginas de Salvar Europa (Ciudadela Libros, 2025), un ensayo, ya en su tercera edición, que ha irrumpido con intensidad en el debate público como una llamada a la conciencia civilizatoria. Columnista habitual en Vozpópuli, Irene González defiende que la crisis de Occidente no es política ni económica, sino espiritual. “No se puede salvar Europa sin rescatar a Dios”, dijo recientemente ante un auditorio de jóvenes en el CEU-CEFAS, resumiendo en una única frase el eje central de su pensamiento. Con una prosa clara y combativa, advierte sobre los peligros del globalismo, la tecnocracia y la sustitución cultural, y reclama una “reconquista moral” de los europeos frente a la indiferencia y el miedo. En esta entrevista, realizada a través del correo electrónico, la autora reflexiona sobre las causas del derrumbe interior de Europa, los límites del progreso sin alma y la necesidad de volver a creer —no solo en Dios, sino también en la verdad, la belleza y la libertad— como pilares de la civilización que aún late bajo las ruinas.

El proceso de descristianización ha sido inherente al incremento del Estado como ente sustitutivo, lo que está en la base de la pérdida de libertad e identidad. Cuanta menos religión, más Estado. Este proceso descivilizatorio tiene varios hitos esenciales, la descristianización, aunque se inicia con el protestantismo, no es hasta la Revolución Francesa donde llega a su apogeo, tal y como explico en el libro. En ese momento Dios fue expulsado de la sociedad, se persiguió a los católicos y erigió al Estado como el nuevo dios gobernado por hombres que se creen dioses. Esa base liberal de la descristianización de Europa desarrolló posteriormente en el siglo XX el socialismo, un derivado lácteo del liberalismo. Otro hito importante fue la caída del muro de Berlín, que consolidó la sacralización de procesos políticos como la democracia por encima de las virtudes que sustentan una sociedad fuerte como el bien común y reducir el sentido de la vida a un bien de consumo. Al perder todo eso y consolidarnos como sociedad nihilista, la inmigración masiva ha entrado como un cuchillo en la mantequilla. Nosotros vivimos el final de la época que se inició entonces, vivimos en las consecuencias del proceso revolucionario que ha llevado a la quiebra a la civilización cristiana y a perder el sentido de lo divino y por tanto de lo humano.

La batalla cultural responde a una terminología marxista que encuadra el conflicto político cultural en las ideologías, es decir, en la superficie. De este modo hay una apariencia de pluralidad que al no denunciar la raíz del problema permite que la destrucción de fondo continúe progresando. La guerra espiritual que denuncio en mi libro hace referencia al verdadero combate, a la cuestión de fondo, sin la cual no puede entenderse nada de lo que sucede ni plantear soluciones. Sin ser conscientes de quién es el enemigo, cuál es la amenaza, no es posible salvar nada. Detrás de toda decisión política hay una motivación teológica, aunque no se sea consciente, que está por encima de toda ideología y que gira en torno a la verdad, la justicia y el bien común. Mientras sigamos encerrados en etiquetas de ideologías no seremos capaces de recuperar una convivencia próspera, libre y pacífica. Menciona el globalismo decrecentista y la islamización de Europa como causas del desarraigo social.
No sólo están estrechamente relacionados el globalismo decrecentista con la islamización, sino que ésta es un arma del globalismo que arroja contra nosotros como explico en mi libro.

Sin el triunfo de las sociedades abiertas dirigidas por el globalismo nunca se hubiese producido la islamización. La inmigración masiva que padecemos no es un fenómeno espontáneo y natural, sino planificado desde el poder para terminar de destruir todo rastro de identidad. Si no podemos reconocer nada como propio a nuestro alrededor no podremos tener nada que defender. El que no tiene nada que amar no tiene nada por lo que luchar. Somos los perfectos siervos manejables que subsisten en un mundo hostil que nos lleva a encerrarnos en la soledad de producir para consumir. Primero esa élite liberal creó la sociedad nihilista de la que hablaba antes. Todo es fluido, no hay vínculos, ni convicciones fuertes. Esa sociedad absurda abre la puerta a la islamización traída desde el poder que beneficia a quien se lucre del tráfico de seres humanos y a una clase económica que busca bajos salarios. Habla de un sistema tecnocrático bajo una “dictadura emocional”.

La tecnocracia no es lo que popularmente se conoce en España como que en el Gobierno haya gente formada y no indocumentados con carnet de partido. La tecnocracia de forma inherente es una dictadura, pues tal y como estableció Fukuyama en El fin de la Historia parte de la base que todos se someten a una única forma de ver el mundo por lo que el poder se ocupará de las cosas técnicas. En la actualidad, la Unión Europea se presenta de esta forma, técnicos sometidos a la tecnología. Con sus distintas regulaciones en nombre de la ciencia, los ciudadanos nos sometemos a decisiones que no hemos refrendado con nuestro voto y que al suponer un avance tecnológico no pueden ser cuestionadas, como por ejemplo la sumisión al euro digital.

Esa dictadura tecnocrática a través de la tecnología tendrá más poder que cualquier forma de gobierno anterior de la historia. La población, para no rebelarse ante esta dictadura tecnocrática, necesita asumir como nuevo código de valores una dictadura emocional, como hemos visto con la ideología woke. Un poder incuestionable y un pueblo que no decide controlado por las emociones y los nuevos valores implantados desde el poder.

La guerra espiritual está en cada uno de nosotros y ha de tener un reflejo en nuestra acción conjunta pública. Durante demasiado tiempo las personas han abandonado toda iniciativa, acción y pensamiento en cualquier institución en esa asunción del Estado como su dios. Empecemos por recuperar las verdaderas virtudes cristianas como menciono en mi libro, como por ejemplo el coraje a decir la verdad, en contraposición a la tolerancia, palabra vacía que sirve como manto de la cobardía que implica la indiferencia entre el bien y el mal. Recuperemos el coraje de decir la verdad y volvamos a levantar la Cruz, se crea o no en Dios, porque nuestra civilización se construyó sobre ella y por ella.

Historia de una época con Fernando Paz e Irene Gutiérrez; SALVAR EUROPA

lunes, 3 de junio de 2019

💡 ORGANIZAR LAS INTELIGENCIAS (INTELIGENCIA Y EVOLUCIÓN) por Antonio García-Trevijano


ORGANIZAR LAS INTELIGENCIAS


La decencia requiere como presupuesto de su organización la permanente buena fe intelectual de sus agentes. La buena fe moral es inoperante para este menester si no la acompaña la comunicabilidad mental, pues las puertas de la mente solo se abren desde dentro, y los prejuicios las cierran tan pronto como ideas nuevas, o sentimientos ajenos, les presentan dudosas credenciales. Además de la probidad como código de conducta, la decencia necesita para organizarse el uso meridiano del idioma, a fin de que éste elimine, con precisión en sus expresiones, los recelos imaginarios en la relación entre egoísmos inteligentes a largo plazo, y las sospechas que levanta el enrevesado lenguaje del poder.

Si lo primero que el poder fraudulento necesita corromper, para encubrir su engaño, es el valor genuino de la palabra, la decencia debe acudir a la inteligencia común a fin de que ésta restaure la propiedad lingüística, desterrando eufemismos, frases hechas, giros esotéricos (¡preposición desde en lugar de con!) y símbolos de símbolos, que la Transición ha consagrado en el lenguaje de la clase política, medios de comunicación y centros de enseñanza. La inteligencia del sentido común solo se pondrá en marcha si la decencia le ordena no hablar ni escribir con la falsedad idiomática de los discursos del poder y de la fama.

El sentido común no necesita organizarse para ser operativo. Pero él solo no puede ordenar las situaciones complejas según el orden de jerarquía de los elementos en conflicto. Eso podía hacerlo en las sociedades agrícolas, acompasando criterios de trabajo y ocio, aprendizaje y producción, a los ritmos de la naturaleza y a la sabiduría de los ancianos. Y no en las sociedades tecnológicas, donde el conocimiento especializado sustituye a la sabiduría y la juventud de la inteligencia a la madurez de la experiencia.

Nada habría que oponer si las relaciones humanas también pudieran ser regladas por la inteligencia artificial de las tecnologías. Pero el sueño tecnocrático no podrá realizarse. Las pasiones no progresan, de lo primitivo a lo civilizado, a la par que las técnicas de dominio de la Naturaleza. Seguimos siendo hombres de Atapuerca sujetos a la ley del más fuerte, solo que sentados ante el ordenador de comunicación instantánea que hace universal los apetitos de liberación. La ingenuidad confía en que ella venga, como quieren creer los reformistas, con la renuncia de los mandamases a sus pasiones de dominación. Ha llegad, pues, la hora de que las nuevas inteligencias se organicen para dirigir la revolución cultural del sentido común y la decencia, mediante la conquista pacífica de la libertad y la orientación humanista del poder político de la sociedad civil en el Estado.

La expresión nuevas inteligencias puede extrañar y, sin embargo, está justificada. Nuevas, por no ser las consumidas en idiotizar la cultura de la Transición. Plurales, porque la inteligencia, mas que una facultad genérica, es un conjunto de funciones mentales que, envueltas de conocimientos, llevan a sus últimas consecuencias, éticas, racionales y estéticas los vislumbres de la intuición y del instinto, viendo relaciones y movimiento donde lo espontáneo o innato sólo percibe cosas y posiciones.

La inteligencia política, al tener que proyectar para el futuro nuevas combinaciones de elementos conocidos en el pasado, necesita el concurso de la inteligencia científica, la inteligencia de la historia y la inteligencia social. Y por tener que prevenir consecuencias y acontecimientos nuevos, fuera de inciertas prospectivas o cálculos de probabilidades, ha de estar acompañada de la inteligencia intuitiva.

El trabajo en equipo, de tipos tan distintos de lucidez analítica o sintética, interactiva la potencia creadora de la inteligencia política. Un recurso del que jamás podrán disponer los partidos estatales, cuyos jefes son cooptados por la habilidad que han tenido en ocultar, tras su mediocridad, la colosal dimensión de sus ambiciones personales. Y no son idiotas, pues saben hacer nacionalismos, mientras dialogan con el terror y las civilizaciones.



RLC (18-03-2013) Inteligencia y evolución


miércoles, 17 de mayo de 2017

📘 LIBRO "EL FUSILAMIENTO DE LA DECENCIA"


📘Libro 
Memorias de un venezolano 
de la democracia” 


A pesar de la leyenda negra que se erigió sobre la democracia venezolana, y que muchos llegaron a creer por un buen tiempo, vivíamos en un país estable, equilibrado, con posibilidades reales de progreso personal y un sistema político envidiado en la región, para aquel momento poblada de dictaduras militares. Desgraciadamente, un sector de las élites se empeñó en desacreditar las conquistas de nuestra sociedad e hicieron ver que el modelo era un nudo de defectos.

Este ejemplar, editado por Rayuela, reúne las memorias de un venezolano de la democracia, que demuestra cómo tras el pluralismo y la institucionalidad, se gestó una emergencia revolucionaria que entregó al país en bandeja de plata al socialismo del siglo XXI, para que instaurara la larga noche de 18 años que todavía ensombrece nuestro futuro.

Carrillo de León, dedicado hoy en día a construir empresas y a comentar, como observador perspicaz, el acontecer nacional, publica su primera obra, pensada y escrita para todos, en especial para los jóvenes en la veintena, que no han conocido algo distinto a lo existente y para los mayores, que posiblemente con este trabajo rememorarán los valores que nos impulsan a luchar por la libertad.

El escritor asegura que la meta de este libro es transmitir útilmente algo de cultura general y “cosas vividas…que si no se releen se olvidan”, así como recordar cómo éramos antes del enraizamiento de la peste roja que exterminó la democracia, “con sus virtudes y deficiencias, como todo”.



“Es el momento de dejar testimonio. Ya que no nos podemos poner de acuerdo en las cosas que queremos, vamos a ponernos de acuerdo entonces en las cosas que no queremos. Llegó la hora de pensar en el futuro de Venezuela, sobre todo en la decencia, otra vez los valores de la familia venezolana”, expresó el gerente público de trayectoria y columnista de prensa.




jueves, 9 de febrero de 2017

PELÍCULA "QUÉ BELLO ES VIVIR"


QUÉ BELLO ES VIVIR

¿La mejor película de todos los tiempos?


“¡Quiero volver a vivir!...¡quiero volver a vivir!...
quiero volver a vivir”
George Bailey (James Stewart)

"Mientras haya una sola persona decente 
habrá esperanza". 

Frank Capra

Basada en el cuento ‘El mayor regalo (The Greatest Gift), 1943’, de Philip Van Doren Stern, ‘¡Qué bello es vivir!’(Frank Capra, 1946) se ha convertido ya en un clásico imprescindible en Navidad. 
La historia fue publicada primero como un libro en el diciembre de 1944, con ilustraciones de Rafaello Busoni. Inspirado en un sueño, publicado después de trabajar en ello desde finales de los años 1930 pero, incapaz de encontrar a un editor, envió las 200 copias que había impreso a amigos como tarjetas de Navidad en el diciembre de 1943. Uno de los folletos llegó a las manos del productor de RKO Pictures David Hempstead, que lo mostró al actor Cary Grant, que se interesó para tener el papel protagónico. RKO compró los derechos de la película por 10.000 $, en los cuales se adaptó "Es una Maravillosa Vida!


Puede haberse visto ‘¡Qué bello es vivir!’ cien veces, que a la ciento uno podemos seguir descubriendo cosas nuevas y hermosas. Esta historia demuestra que todos estamos conectados, que existimos por una buena razón y que la vida, aunque tenga un sentido seguramente oculto e indescifrable, tiene un propósito no individual, sino común y colectivo. Que no estamos solos ni aunque queramos, y que todo sucede por una razón. Cine grandísimo, en definitiva, catártico, humano y de un lirismo sobrecogedor. Aquí todo tiene sentido, desde la cortinilla con la que pasamos a George corriendo al puente para gritar que quiere volver a vivir, hasta la nieve que vuelve a caer. ‘¡Qué bello es vivir!’ es un amigo fiel, un compañero de tristezas, y un milagro.

Qué bello es vivir fue la primera película en la que participó el actor James Stewart tras servir como comandante y como piloto de un bombardero en la Segunda Guerra Mundial, en la Alemania ocupada por los nazis. Cuando se alistó, el Ejército del Aire estadounidense quería que sirviera solo como figura promocional para reclutar a más soldados, pero Stewart insistió en combatir. Empezó como soldado raso y acabó siendo coronel para cuando terminó la guerra.

El director de Qué bello es vivir, Frank Capra, también aparcó su carrera para unirse a la guerra y se alistó con 44 años para hacer documentales educativos sobre la guerra para el ejército.

Ambos dudaban si podrían volver a trabajar en Hollywood como antes. "Capra estaba preocupado porque sentía que llevaba cinco años sin mirar por el objetivo de una cámara de cine", explica el actor y productor Jimmy Hawkins en una conversación telefónica con los compañeros del HuffPost Estados Unidos.



Hawkins interpretó a uno de los niños en Qué bello es vivir, entabló una gran amistad con Stewart y ha dedicado gran parte de su vida a investigar sobre la película. "[A Capra] le preocupaba si todavía seguiría valiendo. A Jimmy Stewart también", afirma.

Según Hawkins —que está promocionando el lanzamiento de la Edición Platino en Blu-ray y DVD de Qué bello es vivir con motivo del 70º aniversario de la película—, Stewart estaba particularmente indeciso con respecto a su posible regreso al mundo de la interpretación. "Estuvo combatiendo, vio a muchos hombres morir por su país, vio la guerra, la guerra de verdad", explica.


Stewart confesó a Lionel Barrymore, otro de los miembros del reparto de Qué bello es vivir, que no estaba seguro de si podría volver a actuar después del final de la guerra.
"Stewart sentía que, después de salir de una guerra mundial, estar en el set de rodaje de una película sería una frivolidad", aclara Hawkins. "Decía: '¿Qué es esto? Yo he visto qué es lo verdaderamente importante en la vida y no creo que sea esto'. [Stewart] estaba listo para hacer las maletas y volverse a su ciudad natal para trabajar en la ferretería de su padre".
Al parecer, Barrymore le dijo a Stewart que no podía dejarlo todo y hacer eso, porque, a pesar de lo horrible que había sido la guerra, Stewart tenía un don que compartir. Tras esta conversación, Stewart decidió seguir adelante con su carrera como actor porque se dio cuenta de que "él era importante y eso era lo que tenía para dar a los demás".

La lucha interna de Stewart con este papel para la película refleja la de su personaje, George Bailey, que cree que el mundo sería un lugar mejor sin él.
Qué bello es vivir no solo trata de la importancia de creer que la vida de uno mismo es importante tanto a pequeña como a gran escala, sino también de que las contribuciones de cada uno son importantes.
En un mundo en el que reina la tragedia, el arte tiene que persistir para hacer que vivir siga siendo algo "bello", aunque sea durante las dos horas que dura una película clásica.
Para Hawkins, el mensaje de Qué bello es vivir es que "la vida de una persona afecta a muchas otras. Y que si uno desaparece deja un gran vacío".
En 1988, Stewart dio un discurso durante una audiencia en el Congreso en contra de la decisión del empresario Ted Turner de colorear las películas en blanco y negro. Hawkins habló con Stewart sobre el coloreado de películas antes de que este último muriera en 1997. En otra entrevista, recuerda que Stewart opinaba de las películas coloreadas que era "como si Walt Disney hubiera vomitado sobre ellas", un punto de vista con el que Hawkins estaba de acuerdo por aquel entonces.
Pero la tecnología para colorear películas ha avanzado mucho en las últimas décadas, así que Hawkins se muestra satisfecho ante la decisión de la Paramount de lanzar la película tanto en blanco y negro como en color con motivo del 70 aniversario.

Le sorprendió que el equipo encargado de colorearla fuera capaz de recrear los colores exactos de las prendas que llevaba o de su pelo.
"Hay muy pocas películas coloreadas nuestras de esa época, pero [los miembros del equipo de Paramount] las encontraron todas e intentaron que todo guardara una armonía teniendo en cuenta los colores que se llevaban en la década de los cuarenta", explica Hawkins. "E hicieron un trabajo impecable, porque, hoy en día, a la mayoría de los niños no les gusta ver películas en blanco y negro. Así que para transmitir el mensaje a otra generación, se ha coloreado para que el mensaje perviva".

"Siempre le dije a Jimmy Stewart que creía que el mensaje de la película era lo más importante", continúa Hawkins. "Como si le ponen a todo estampado de lunares para que alguien la vea. Lo importante es el mensaje. Es lo más importante".




Según mi opinión, Philip Van Doren Stern, se inspiró en la película "Vientos del Páramo (Winds of the Wasteland, 1936)"  dirigida por Mack V. Wright con guión de Joseph F. Poland y protagonizada por John Wayne. El tema central es ver cómo un sólo hombre hace progresar un pueblo que estaba a punto de morir o de convertirse en un pueblo fantasma.

...Y nunca debemos olvidar, amigos: ¡Cuánto le debemos a John Blair!

miércoles, 8 de febrero de 2017

CABALLERO SIN ESPADA (MR. SMITH GOES TO WASHINGTON)

(MR. SMITH GOES TO WASHINGTON) 

"Mientras haya una sola 
persona decente habrá esperanza". 
"Las causas perdidas son las únicas 
por las que merece la pena luchar".

Valores como igualdad, derecho, verdad y justicia son pisoteados a diario en medio de una clase social y política corruptocrática. Y sin embargo, siempre habrá aunque sea sólo una persona íntegra dispuesta a luchar por esas causas. 

"Caballero sin espada" es una película cuyo contenido aún es totalmente vigente hoy en día -y quizás hoy más que nunca-, y que expone su mensaje y crítica con una claridad absoluta.
"La libertad es demasiado valiosa como para estar enterrada en los libros. Los hombres deberían sentirla todos los días de su vida y decir en cada instante: ¡YO SOY LIBRE! para pensar y para hablar. Mis antepasados no lo eran. Yo sí y mis hijos lo serán".
Magnífica obra maestra de Frank Capra que se erige como el gran clásico de su carrera junto a Sucedió una Noche (1934) y, por supuesto, ¡Qué Bello Es Vivir! (1946). Una película ambiciosísima con la que el director cerró una década plagada de éxitos y que constituyó su último trabajo en la Columbia, el estudio en el que desarrolló la mayor parte de su carrera clásica. Solo un director tan exitoso y respetado por entonces como Capra podría haberse permitido llevar adelante un proyecto de tal envergadura (por presupuesto y temática) manteniendo su libertad artística y saliendo airoso del reto.
Sus dos últimos intentos de hacer grandes películas ambiciosas habían sido sendos fracasos (La Amargura del General Yen y Horizontes Perdidos), pero en Caballero sin Espada consiguió tener éxito tanto a nivel artístico como comercial gracias a la dura lección que Capra había aprendido anteriormente: lo que tenía que hacer era crear una historia ambiciosa pero dentro de su estilo, en el terreno que él dominaba y en el que creaba sus mejores joyas, la comedia populista. Así pues, esta película no deja de ser una versión politizada de su anterior obra, la excelente El Secreto de Vivir (1936), cuyos argumentos tienen muchos puntos en común.

Hoy en día en pleno siglo XXI no somos conscientes de lo increíblemente atrevido que era este argumento en su época y de la polémica asegurada que traería consigo. Aunque la corrupción política no era un tema nuevo en Hollywood, pocas veces se había atrevido un director a hurgar tanto en la herida y mostrar con detalle hasta qué punto la intocable democracia norteamericana estaba podrida por dentro. El argumento de Caballero sin Espada que hoy nos parece tan tópico en su momento era una auténtica bomba de relojería.

"Este es un mundo nuevo para mí. ¿En qué va uno a creer?"

"Cuando la injusticia se convierte en ley, 
la rebelión se convierte en deber" 
Autor desconocido

Frank Capra en ese sentido era de los pocos directores de la época que podía permitirse tener las agallas de llevar a cabo un proyecto semejante. Aunque se suele asociar siempre a Capra con películas joviales e idealizadas, llenas de valores puros y honestos en que siempre tiene lugar un bucólico final feliz, la realidad es que, examinándolas con más cuidado, son mucho más críticas de lo que pueda parecer. El truco del director siempre fue el mismo y siempre le funcionó: el final feliz. 

Cuando sus films acaban con ese esperanzador final feliz que permite a los espectadores respirar aliviados uno olvida con demasiada facilidad todo lo que ha sucedido antes. Es el juego de mostrar todas las injusticias que asolan nuestra sociedad y, una vez nos ha echado en cara la corrupción y las desigualdades sociales, en el último minuto se desdice y añade un happy ending como diciendo “pero pese a eso, todo sale bien y todos los personajes tienen un final feliz”. Ese cierre que dejaba satisfecho a los espectadores y los productores hacía que lo que mostraba antes pareciera menos grave, pero todo eso sigue estando ahí hasta el último momento. Caballero Sin Espada no es un excepción, por mucho que el final acabe siendo optimista, eso no quita que durante las dos horas de film se nos haya mostrado con total claridad cómo una serie de hombres poderosos juegan con la democracia a su antojo. Y exhibir eso en 1939 era una locura.

El personaje de Jefferson Smith ocupando el sillón del destacadísimo senador del partido Whig Daniel Webster, es definido por muchos de los personajes como un Don Quijote, y realmente es una descripción que retrata bien al tipo de héroe que nos muestra aquí Capra. No es un héroe astuto sino un pobre chico que intenta enfrentarse a un entramado de corrupción demasiado grande para él. Cuando intenta denunciar la nueva ley es inmediatamente puesto fuera de circulación acusado de enriquecerse a costa de su propuesta de ley sobre el campamento infantil. Él, tan sorprendido al ver todo lo que se ha urdido para echarle fuera a base de falsos testimonios (incluido el de su adorado Paine), directamente rehusa defenderse. Los héroes populares de Capra son tan sencillos y humildes que por sí solos no pueden ganar en una lucha tan desigual.
El protagonista usa la técnica del obstruccionismo para denunciar la corrupción existente, haciendo de su intervención en el senado una maratoniana sesión en la que, amparado por la ley, se negaba a ceder el uso de la palabra. mediante la cual se pretende bloquear la aprobación de una ley o acto legislativo gracias a un discurso de larga duración.
Las reglas son muy simples: un congresista puede hablar lo que desee siempre que no se siente o se detenga. Normalmente, se suelen leer en voz alta libros de recetas, novelas, hasta que se pospone la sesión.
Los guionistas tuvieron la sabiduría de no usar en ningún momento las palabras “republicanos” o “demócratas”, de hecho nunca se nos dice a qué partido pertenecen Smith y Paine. La historia de Caballero Sin Espada no era una crítica a ninguna facción en concreto y cuidaron mucho que siguiera siendo así.

El estreno por supuesto dio muchísimo que hablar y la película tuvo cierta polémica y fue rechazada tanto por numerosas fuerzas políticas como por la prensa, que se comportó de forma muy hostil hacia ella por la visión que daban del medio, especialmente por el personaje de Thomas Mitchell y su afición al alcohol. Eso no impidió que se convirtiera en un gran éxito (en realidad uno de los últimos de la carrera de Capra) y en un clásico desde el día de su estreno.

Caballero sin espada brilla como una obra maestra del cine. Debería proyectarse con frecuencia en sedes parlamentarias, redacciones de medios, escuelas de periodismo...

Fragmentos del discurso final en el senado de los EEUU, de esta gran película de Frank Capra que nunca perderá vigencia. Y con un magnífico James Stewart como el senador Jefferson Smith.


VER+:

PELÍCULA "QUÉ BELLO ES VIVIR"


martes, 5 de julio de 2016

SANTO TOMÁS MORO: TESTIGO FIEL A SU CONCIENCIA. Y EL MAL POR PRINCIPIO

El mal por principio
José Ramón Peláez

“En la alternativa de elegir mal, 
elegí el menor”. 
Demócrito
(Respuesta de Demócrito al ser cuestionado 
del por qué se casaba con una mujer pequeña).


En el discernimiento moral se ha admitido “el mal menor” como opción aceptable “en último término”.

Es decir, que dado el caso límite en que no hay más remedio que elegir “entre dos males” se elija de entre ellos “el menos malo”. Por ello, en la vida política, donde no puede haber una opción que agote el horizonte moral que llamamos el Reino de Dios, se suele hablar de aceptar el “bien posible” entre las oportunidades del momento.

Y en esto, la cuestión de cuál es “lo posible” tiene su aquél, pues no se trata de algo fijo, regido por las leyes de la física, sino de la labor política que depende de las circunstancias y también de la libertad y del esfuerzo humano. Por eso, en el compromiso político “lo posible” dice también de nuestra responsabilidad, de hasta dónde estamos dispuestos a llegar en el sacrificio por los pobres y de cuánto queremos renunciar a nuestros intereses a favor del bien común, según pide la caridad política: amar como el Señor hasta dar la vida, hasta lo necesario para vivir.

Por eso, muchas veces limitamos nuestra intención no “en último término” sino en el mismo planteamiento de salida. De este modo, se justifica con el “mal menor” la cobardía en la defensa de los pobres, porque no se está dispuesto a perder el bienestar que una economía de expolio y explotación ofrece a los enriquecidos. O se excusa con el “mal menor” la permanencia en partidos abortistas en los que no se quiere perder cotas de poder al dar la cara por la vida. No falta tampoco el llamar “realismo” a esta defensa de la propia fama, intereses, partido,… En fin, que llegamos a una situación en la que el “mal menor” no se escoge “en último término” sino que se convierte en un principio de actuación que justifica una complacencia inmoral con la injusticia. Y a esto Pío XII lo llamó “un falso cristianismo”.
Un mal moral no se convierte en bien porque se lo escoja en sustitución de otro mayor, que se ofrecía para una elección alternativa.

LOS MEDIOS SE HAN CONVERTIDO 
EN SÍ MISMO EN FINES MERCANTILISTAS

Santo Tomás Moro, 

PATRONO DE LOS GOBERNANTES Y POLÍTICOS
22 DE JUNIO

De la vida y el martirio de Santo Tomás Moro brota un mensaje: La inalienable dignidad de la conciencia. Este fue el punto crucial de su vida como padre y esposo, político, juez y abogado y servidor de de su país promocionando el Bien Común.

La historia de santo Tomás Moro ilustra con claridad una verdad fundamental de la ética política: la defensa de la libertad de la Iglesia frente a indebidas injerencias del Estado, al mismo tiempo, defensa, en nombre de la primacía de la conciencia, de la libertad de la persona frente al poder político.
Vivió una intensa vida pública con sencilla humildad. En las instituciones donde desempeñó sus cargos quería servir NO al poder, sino al ideal de la Justicia. De hecho, él nunca buscó los cargos que desempeñó, sino que le buscaron a él por su gran formación intelectual, su honestidad e integridad moral. Despreció honores, riquezas y la vanidad del éxito. Esto permitió que gozara de una gran libertad, que le permitía mantenerse fiel en una conducta intachable.
Consideraba que el poder por el poder era diabólico; es soberbia, pensar en sí, en la propia carrera, en el propio interés. ¡Lo opuesto al servicio de la comunidad! En este sentido señalar que un contemporáneo de Tomás Moro fue Nicolás Maquiavelo. Éste llegó a decir: Amo a mi ciudad más que a mi propia alma. Es decir, Maquiavelo puso la conveniencia por encima de la verdad, el propio interés por encima del bien común. Todo lo contrario al testimonio de martirio de Santo Tomás Moro, que en algunas cartas habla del “respeto a su alma”.

Cultivó profundamente su conciencia tras largas horas de reflexión y estudio. Hablar de inalienable dignidad de conciencia no significa de ningún modo tomar caprichosamente cualquier decisión, sino la aptitud y obligación de buscar la verdad en cualquier asunto, buscar la justicia y el bien común. Coherente con esta conciencia verdadera y recta, escribió a su hija Margaret en los últimos meses de su vida: La claridad de mi conciencia hizo que mi corazón brincara de alegría.

Moro tuvo que enfrentarse a los vaivenes emocionales de un rey, Enrique VIII, que como denuncia Juan Pablo II en la Encíclica Veritatis Splendor al referirse al síndrome de la “conciencia creativa”, “creaba” la verdad según sus caprichos y luego bajo el “peso de su conciencia” obraba el mal bajo sin ningún remordimiento, pretendiendo que los demás se adhirieran a ese modo peculiar de reelaborar la verdad según sus antojos.

Este proceder es dominante en la política de nuestros días. Los políticos, desde el relativismo subjetivista, “crean su verdad”, pretendiendo que cada uno de nosotros nos sometamos a esta “nueva visión de la verdad”.

No murió por defender una simple opinión, sino por salvaguardar la conciencia en la verdad revelada. Se opuso a una ley dictada al antojo por intereses del momento.

Por último decir, que Santo Tomás Moro fue un hombre simpático, profundamente alegre, porque tuvo una vida plena y con un increíble sentido del humor que va a demostrar hasta la muerte, despojado de todo.

Entre los santos, el humor es una virtud. En el momento de morir decapitado, Tomás Moro le dijo entonces al oficial que dirigía la ejecución, y que tenía una actitud sumamente seria: ¿Puede ayudarme a subir?, porque para bajar, ya sabré valérmelas por mí mismo. Era una actitud llena de humor ante su muerte.

El rey Enrique VIII le prohibió hablar, porque sabía lo que era capaz de provocar en la gente. No se le permitió, pues, pronunciar un discurso, y el condenado solamente pudo decirle al verdugo, al oficial de la ejecución: Fíjese que mi barba ha crecido en la cárcel; es decir, ella no ha sido desobediente al rey, por lo tanto no hay por qué cortarla. Permítame que la aparte.

Para tener este sentido cristiano del humor, rezaba:
«Señor, ten a bien darme un alma que desconozca el aburrimiento, que desconozca las murmuraciones, los suspiros y las lamentaciones; y no permitas que me preocupe demasiado en torno de ese algo que impera, y que se llama yo…Obséquiame con el sentido del humor. Concédeme la gracia de entender las bromas, para que pueda conocer algo de felicidad, y sea capaz de donársela a otros. Amén».
La despedida de Tomás Moro a su hija Margarita, 
escrita en la cárcel poco antes de su martirio
“Ten, pues, buen ánimo, hija mía, y no te preocupes por mí, sea lo que sea que me pase en este mundo. Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor”.“Aunque estoy convencido, mi querida Margarita, de que la maldad de mi vida pasada es tal que merecería que Dios me abandonase del todo, ni por un momento dejaré de confiar en su inmensa bondad. Hasta ahora, su gracia santísima me ha dado fuerzas para postergarlo todo: las riquezas, las ganancias y la misma vida, antes de prestar juramento en contra de mi conciencia”.