CAMINO DE VENGANZA
Una electrizante cinta de acción ambientada en la Laponia finesa durante la IIGM sigue a un buscador de oro, encarnado por un gran Jorma Tommila (como curiosidad, es cuñado del director, su actor fetiche, y su hijo en la vida real es el conductor del tanque que lo persigue) un sexagenario actor (63 años en la vida real) que parece poseído por el mismo diablo, sin articular palabra hasta el final, estoico, todo lo dice con su poderosa expresividad y sus penetrantes ojos, donde también habla de su pasado su magullado y cicatrizado cuerpo, ser que parece salido de las mismísimas entrañas del Averno para ajustar cuentas con los nazis, intenta asegurar su oro robado y defenderse de un escuadrón nazi dirigido por un brutal oficial de las SS, al que da vida un notable Aksel Hennie.
La película se rodó cerca del pueblo de Nuorgam en Laponia con un presupuesto de unos 6 millones de euros (6,5 millones de dólares), según Helander, la película “First Blood” (1982) y el francotirador militar finlandés de la vida real Simo Häyhä, luchó contra el Ejército Rojo (mató a 542 enemigos), sirvieron de gran inspiración para la película.
Sisu es una palabra finlandesa que hace referencia al interior del individuo, nos dice un texto de apertura, concepto imposible de definir que denota una "forma de coraje y determinación inimaginable… Sisu se manifiesta cuando se pierde toda esperanza”.
Simo Häyhä: LA MUERTE BLANCA está considerado como el francotirador más letal de toda la historia. Durante la Guerra de Invierno librada por Finlandia y la Unión Soviética entre 1939 y 1940 infligió a los soviéticos 542 muertes confirmadas, un récord que aun hoy prevalece. Silencioso y veloz, el objetivo rara vez escapaba a su mira. Su manera de actuar en el campo de batalla se ha convertido en un modelo para los francotiradores de todo el mundo. Esta biografía de Tapio Saarelainen, oficial de carrera en el Ejército finlandés y experto tirador de élite, explora en profundidad la vida de Simo Häyhä, la Muerte Blanca, en todas sus facetas. Desde sus hazañas en la Guerra de Invierno contra Stalin, hasta los secretos de su éxito en los nevados paisajes finlandeses, analiza también su carácter y personalidad, su técnica y, también, una mirada detallada de su propio fusil. En definitiva, una obra fundamental para entender la guerra a pequeña escala.
El día que la Unión Soviética invadió Finlandia, Simo Häyhä estaba preparado para convertirse en leyenda. Medía poco más de metro y medio y era reconocido por su amplia sonrisa, sus técnicas para enterrarse en la nieve como un perro siberiano y su eficacia a la hora de disparar, haciendo blanco a 300 metros de distancia.
Con 33 años y durante 98 días, el granjero nacido en Rautjärvi se convirtió en el terror de los soldados soviéticos que avanzaban entre el bosque y las montañas dejando a cada paso manchones rojos en los caminos nevados, heridos de muerte una y otra vez sin siquiera saber de dónde provenían los disparos.
Durante la breve Guerra del Invierno que se desarrolló entre noviembre de 1939 y marzo de 1940, y hasta que cayó herido con un disparo que le deformó el rostro para siempre, Häyhä dejó fuera de combate a medio millar de militares rusos, puntualmente a 542 personas, según las cuentas de sus camaradas, 200 de las cuales murieron.
Lo apodaron “La muerte blanca”.
El francotirador usaba un rifle M28 Pystykorva con un cargador de 5 municiones calibre 7.62 mm, la variante del fusil de cerrojo ruso Mosin-Nagant M28.
El mayor Tapio Saarelainen, tirador experto del Ejército Finlandés y quien escribió un libro sobre su vida, dijo que el granjero tenía una precisión increíble para dar en el blanco y que, durante los entrenamientos, podía acertar a un objetivo a 150 metros de distancia unas 16 veces en menos de 60 segundos.
Este fue un logro increíble con un rifle de cerrojo, considerando que cada cartucho tenía que ser alimentado manualmente con un cargador fijo de 5 municiones.
Cada vez que era entrevistado como un excombatiente condecorado -recibió la Cruz de Caballero Mannerheim, el más alto honor militar de su país-, él repetía que su secreto no era otro que la “práctica”. Y que no se arrepentía de haber matado o herido a tantas personas, porque había hecho lo que le pidieron que hiciera: “Lo mejor que pude”.
Luego de la guerra, Simo se dedicó a la caza mayor y a la crianza de animales. No se le conocieron parejas, amores ni descendencia, más que sus adorados perros. Murió de viejo, el 1 de abril de 2002. Tenía 97 años.


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