EL Rincón de Yanka: LA LIBERTAD POLÍTICA CONSTITUYENTE NO ES UN DERECHO NI UNA LEY, ES EL FUNDAMENTO. ES LA CONQUISTA POR LA VOLUNTAD HUMANA Y DEL PUEBLO

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lunes, 29 de mayo de 2017

LA LIBERTAD POLÍTICA CONSTITUYENTE NO ES UN DERECHO NI UNA LEY, ES EL FUNDAMENTO. ES LA CONQUISTA POR LA VOLUNTAD HUMANA Y DEL PUEBLO


LIBERTAD, DON Y CONQUISTA

Ama et fac quod vis (San Agustín) 

En nuestra época la libertad es una palabra manoseada en boca de esclavos que se creen libres porque han decido que no se deben a nadie. Corre el mismo peligro que otras palabras que tuvieron un prestigio —verdad, amor, justicia—, el peligro de una devaluación e, incluso, de una auténtica inversión de su significado. La libertad no es algo que surja por un accidente de los determinismos de la naturaleza o de una organización afortunada de la sociedad. La libertad surge de modo inexplicable en el fondo del ser humano, que se reconoce a sí mismo como persona al sentirla como algo maravilloso que le es dado como por milagro, como muy bien sabía Cervantes: 
«La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los Cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres» (D. Quijote, LVIII). 
Este precioso don invisible es inseparable de ese otro acto imposible de reducir a objeto: el de ser persona. Por eso, dirá Mounier, «la libertad es afirmación de la persona; se vive, no se ve». Libertad y persona no pueden demostrarse, ambas son más bien objetos de fe que, en la medida en que creo en ellas puedo verificarlas en la dinámica de un crecimiento progresivo que es respuesta al don recibido. 

La libertad entraña responsabilidad, pues en cada respuesta que doy al mundo y a los otros me construyo o me destruyo, ya que «al elegir esto o aquello, me elijo cada vez indirectamente a mí mismo, y me construyo en la elección» (Mounier). Al elegir y elegirme creo y destruyo posibilidades para mí y para los demás, acreciento o disminuyo la libertad propia y del prójimo y, en ese sentido, la libertad aparece como tarea y conquista. Varias tentaciones se nos presentan hoy respecto a la libertad, una es la de negarla y negar con ella la responsabilidad. 

Es la tentación de todos los que se creen inocentes a cualquier precio y rechazan cualquier atisbo de culpabilidad. Otra forma es renegar de la libertad, que es la tentación de quienes la reconocen pero la sienten como un peso insoportable y prefieren cambiarla por seguridad contra todo riesgo, por un confort que aleje toda molestia o esfuerzo, por capacidad adquisitiva que abra las puertas de consumismo sin límites… 

Libertad y responsabilidad (la otra cara de la moneda), forman una unidad. El dicho popular, “tirar la piedra y esconder la mano”, es el mejor ejemplo de mal uso de esta cualidad, que no es libertad sino vicio, defecto; riesgo que corre y asume la libertad. Responder de los propios actos, dar la cara por ellos, por inicuos que sean, es lo correcto de la persona que no está dispuesta a hacer componendas con la verdad, sustento de la libertad. Como bien dice Polo, la libertad no puede confundirse con la autonomía, ni con la arbitrariedad: es absolutamente imposible una libertad solitaria. Si no se asumieran responsabilidades, no se podría hablar de libertad

La diaria conquista de la libertad requiere de las armas que le proporcionan las virtudes morales y especialmente, la prudencia (inteligencia en el obrar), la fortaleza (no cejar ante nada por la consecución del bien), la humildad y la sinceridad (reconocer errores y estar dispuesto a enmendarlos aunque el precio que se pague por ellos sea una mayor humillación).

“La libertad debe ser conquistada para el bien una y otra vez”, es la petición de Benedicto XVI en la “SPE SALVI”, de lo contrario se corre el riesgo de convertirse en personas que “hacen barricadas con la libertad. ¡Mi libertad, mi libertad! La tienen, y no la siguen; la miran, la ponen como un ídolo de barro dentro de su entendimiento mezquino, ¿Es eso libertad? ¿Qué aprovechan de esa riqueza sin un compromiso serio, que oriente toda la existencia?

Ser libre es ser responsable. Y hemos de responder, ante todo, a nuestra conciencia. Es algo que nunca ha sido fácil. Pero es el camino que debemos seguir para ser felices, con esa felicidad interior que va mucho más allá del triunfo del momento o del aplauso público. Una felicidad que empieza en esta vida y que, según nos enseña la fe católica, continuará eternamente en la otra vida. ¿No vale la pena seguir a fondo la voz de la conciencia?


ACCIÓN DE LIBERTAD
La Libertad nunca puede ser la concesión desde arriba de los derechos individuales. La Libertad nunca puede venir del derecho ni de la ley. La Libertad Política o constituyente es la crea la constitución, las leyes y los derechos; no a la inversa.

“La libertad, como el poder, es una relación social. En soledad no hay libertad ni poder.” [...]. “Son libres los disponibles para la libertad de los demás; los liberados de sí mismos para hacerse procuradores de la libertad colectiva”. También nos dice que el dogmático tópico liberal «mi libertad acaba donde empieza la de los demás» está al revés, pues “sólo se puede ser libre con la libertad de los demás”. Y así es: la Libertad de él sólo comienza junto con la tuya; y la de vosotros con la mía a su vez; y esa verdad es tan tersa que también lo es su viceversa.

Cita Trevijano a Pascal: “A medida que se tiene más espíritu, se encuentran más hombres originales”. 
Alexis de Tocqueville: “Los sentimientos y las ideas no se renuevan, el corazón no se engrandece, ni el espíritu humano se desarrolla, sino por la acción recíproca de unos hombres sobre otros”.

Libertades de acción y acción de libertad. Son asuntos diferentes. Aquellas son facultades potestativas derivadas de algún derecho civil o político que las define y limita. Ésta es una capacidad creadora de derechos y libertades. Aquellas son potestades regladas, ésta, una potencia discrecional. Aquellas son constituidas. Ésta es constituyente. Aquellas son libertades civiles, personales o públicas. Ésta es la libertad política. La libertad que acaba donde empieza la de otro no es libertad política. Aquellas han sido objeto de incesantes reflexiones, ésta no ha aflorado en la filosofía de la acción.

Si prescindimos de las envolturas ideológicas de la libertad, si nos atenemos al sentido etimológico de la palabra comprobamos que, junto a los nuevos sentidos que le agregaron los acontecimientos, la libertad aun conserva el aura divina del dios Liber (Baccus), el que hacia crecer la vid, regaba de vino al hombre disponible para reproducirse (liber) e impulsaba el crecimiento de los niños (liberi). Palabras latinas que, como la griega eleutheros, fueron aplicadas a pueblos con autonomía para desarrollarse, sin dependencia de otras naciones -libertad política en Montaigne-, o con juventud para liberarse de tiranos, sin la servidumbre voluntaria a que se sometieron los liberados de la esclavitud (liberti), como siervos feudales.
!Libertos! Ese es la condición de quienes sostienen el Estado de Partidos, librados de la dictadura. No hay libertad política en los europeos liberados por EEUU de la servidumbre totalitaria. Sin conquistar su libertad política, permanecen sujetos a partidos estatales. Un señorío que reproduce las formas de dominación medieval, con sentimientos de patriotismo feudal y con vasallaje al partido protector del pacto de fidelidad al feudo. Europa no tendrá independencia frente a su libertador, ni autonomía política en su desarrollo, mientras dure la cultura satisfecha y optimista del liberto, como la del carnero agradecido en la fábula de Santayana, que está feliz porque fue liberado del feroz lobo (fascionazista) por un depredador amable.
En la vida civil, ciertos agentes sociales consiguen superar la condición de libertos en sus existencias personales. Son aquellos cuyo impulso vital les empuja a ser creadores o autónomos en el empeño de sus vocaciones y desempeño de sus profesiones. Empresarios, empleados que eligen su puesto de trabajo, profesionales libres, artistas, científicos, investigadores, artesanos y autores de algo nuevo. Pero incluso estas personas tan valiosas, cuando entran en la esfera política, según observó Schumpeter, piensan como infantes, se consideran ciudadanos “como si“ fueran libres y actúan como libertos, dando poder sin control a partidos estatales, en simulacros electorales de los que salen listas de mandados a superfluos parlamentos.

Los modernos libertos, satisfechos de gozar de las libertades civiles y públicas de los hombres libres, no echan de menos la libertad política, que creen tener cuando hacen, con sus votos, que un partido gobierne en lugar de otro. Con libertad de elección entre partidos gubernamentales iguales, los libertos ni siquiera alcanzan el libro albedrío. Según Duns Escoto: querer los efectos posibles de lo que se elige. En este Régimen, donde se sabe por anticipado el efecto corruptor de la elección de listas, el pecado no está en elegir la mala, sino en votar a cualquiera de ellas.

La libertad de elección, inventada por las abadías medievales para designar por votación a los abades, no es la libertad de la democracia. Esta requiere que, sin asomo de consenso, se elijan distintas opciones de gobierno, distinta dirección de los asuntos públicos. Los jefes de partido, como los abades, solo se diferencian por su talante y su cháchara. Y elegir entre talantes y chácharas es la típica libertad de los que cambian de canales en la telebasura. Una facultad tan servil al provecho de los licenciosos emisores, como la de votar a los aprovechados posesores del Estado de Partidos.

Los libertos de la Monarquía regentada por los partidos solo aprecian la libertad negativa. La que se define, sea por la ausencia de obstáculos al enriquecimiento, sea por la apatía o la indiferencia de los gobernados, es decir, la clase de libertad que caracterizó al pensamiento conservador o reaccionario, de la que no se aleja la libertad existencial anidada en el inconsciente de la acracia o del nihilismo. Y la libertad de los liberales, llamada positiva por Isaac Berlin (Dos conceptos de la Libertad, 1959), puede ser civil pero no libre, pues es legal y autorizada por un derecho. Con precisión de sentido y alcance, los anglosajones llaman civiles a los derechos que Europa considera políticos.

Ante el vacío conceptual de la libertad política, mejor dicho, de la acción política de libertad, se comprenden las palabras de Sartre, al decir que será la filosofía la que sustituirá al marxismo cuando exista una libertad real para todos, aunque “no poseemos ningún medio, ningún instrumento intelectual, ninguna experiencia concreta que nos permita concebir esta libertad o esta filosofía“ (Crítica de la Razón Dialéctica, 1960). Pues bien, la teoría pura de la República Constitucional, inspirada en la experiencia concreta e inicial del MCRC, ha concebido esta libertad y esta filosofía. Y para refinar su instrumento intelectual, tras haber descrito la materia-forma de la res publica y la libertad de acción, y antes de definir la acción política de la libertad real para todos, debe de explicar que el derecho natural, del que derivan las libertades y derechos civiles, no fue deducido de la teología escolástica de la dignidad de la persona, sino enteramente construido por tres humanismos republicanistas: el florentino, el holandés y el inglés.


 



LA LIBERTAD HUMANA: 

Cuando reflexionamos sobre la libertad podemos creer, a simple vista, que está puesta en la naturaleza humana con un simple y corto propósito: para elegir lo que sea.

Sin embargo, con una reflexión segunda y un poco más profunda, podemos llegar a la conclusión de que la libertad no está dada sin más. No puede ser considerada como un simple predicado, sino que habrá que conquistarla para ser y hacer las cosas verdaderamente libres. Tenemos que utilizar bien nuestra libertad.

En la vida, las conquistas no surgen de la nada. Conquistar algo, significar estar preparados para alcanzarlo. A diferencia de lo sucede con el existencialismo de Sartre, la libertad no puede ser vista como una alternativa ligada a la desesperación, que es lo que sucede cuando se afirma que el hombre está condenado a ser libre. La libertad no es una condena. Estoy convencido de que la única razón de ser libres se sustenta en el amor perfectamente generoso de quien nos creo. Por eso, ser libres implica estar antes respaldados en algo o Alguien, para llegar a eso. Es decisión. Compromiso. Fidelidad. La libertad requiere por ello, de plenitud interior.
“Un hombre interiormente vacío no puede ser libre. Esto quiere decir que la libertad es una conquista conseguida a partir de una riqueza interior. La libertad no es un castigo, sino que está estrechamente vinculada a la esperanza, que es la fuerza que anima la existencia humana. Si la libertad fuese algo a lo que el hombre estuviera condenado, este no tendría ninguna raíz, sino que se sabría sin raíces y se querría así. Pero el hombre no es un ser que elija a sí mismo desde la nada ni un ser sin ninguna naturaleza”.
La naturaleza humana está dotada de inteligencia, voluntad y afectividad. La inteligencia que se dirige a la búsqueda de la verdad para que el hombre oriente su vida. La voluntad para conseguir y decidir por lo que la razón vislumbra como verdadero, y la afectividad, para darle ese saber y aroma a cada acción humana. La libertad permite en el hombre ese desarrollo hacia una plenitud existencial, a esa vocación personal que ha sido llamado con un aporte significativo y valioso.

Si no existiese la libertad, como don de Dios, entonces el amor en este sentido sería esclavitud. El hombre sería indisponible. Cerrado en sí mismo. Atado a su propio yo. La libertad favorece el despliegue de esa apertura de uno mimo y hacia los demás.

La verdad os hará libres, dijo Jesús en algún momento, porque solo la verdad es liberadora. Cuando nuestro ser se ha visto devorado por la mentira, y nos acostumbramos a mentir, no solo impedimos el desarrollo de nuestra libertad. La mentira implica humillación de la persona que está atada, esclava y sometida a la mentira. No puede avanzar porque anda en una fantasía. La verdad enclarece siempre el panorama. La verdad une, da alegría y paz. La mentira desune, entristece, y ata.
“El hombre porque tiene libertad puede rechazar este don, pero al hacerlo se rechaza a sí mismo. Traiciona su propia vocación y su propia naturaleza. El rechazo a ese desarrollo y de la propia vocación, pone de manifiesto que la gracia es esa luz que ilumina, pero no obliga ni ciega al hombre, pues se vislumbra en la penumbra, en el interior del hombre”. 

En la medida en que la libertad se guíe por esa verdad o esa luz, más fácilmente podrá reconocer esa luz y más suya la hará. Pero cuanto más se aleje de ella más difícil le resultará reconocer su propia verdad y esa luz iluminadora.

Podemos descubrir la verdad en muchos aspectos. La verdad en la naturaleza, en la amistad, en el amor, en la familia, en el trabajo. Pero la verdad de uno mismo, significa no solo ser auténtico con lo que soy y hago, sino descubrir para qué estoy hecho. Hacia dónde quiero llegar y quién quiero ser en este mundo. Un perfecto y verdadero mentiroso, o un verdadero amante de la libertad.



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