EL Rincón de Yanka: LA FUERZA INVENCIBLE DE LA FE - CANTO DE LOS HIJOS EN MARCHA Y LOS HIJOS INFINITOS

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jueves, 25 de mayo de 2017

LA FUERZA INVENCIBLE DE LA FE - CANTO DE LOS HIJOS EN MARCHA Y LOS HIJOS INFINITOS

Fuerza y fe, 
un poema para Venezuela

Fuerza y fe
quizá más lo primero,
pero ambas necesarias,
imprescindibles,
para salir del abismo,
de sus hondas tinieblas.

Libertad
la que gritan las calles,
la que arde en las venas,
en las cárceles
de los presos de conciencia,
en los ojos
cansados,
lagrimosos,
de los que sueñan
con un país diferente.

Levantamos la mirada
por los cabizbajos,
los que mueren cada día
y los que luchan sin miedo
en las calles soleadas
o bajo la lluvia de plomo,
de pólvora maldita,
de fuego asesino
vomitado por la dictadura,
por sus verdes esbirros.

Brillan rosas de sangre
en la piel desnuda
y en los corazones grandes
de la juventud heroica,
ofrendas a la democracia
y sepultura para el régimen,
porque no habrá gota
que quede olvidada
ni vida truncada
que no se vengue.

Renacerá la libertad
cuando los esbirros callen,
cuando estas calles griten,
cuando el tirano huya
o lo hagan enmudecer,
y vuelva la democracia
que no se debió perder.

Fuerza, fuerza y fe
para el que soporta las bombas
y el que sufre en las mazmorras,
fuerza para el que lucha,
para que no deje de creer,
fuerza, fuerza y fe.

Fuerza, fuerza,
fuerza y fe,
para las madres que lloran,
para una nación que sufre
cuando uno de sus hijos
parte para no volver.

Fuerza,
cuánto la necesitamos, fe,
una bandera de lucha,
una patria robada
que aún late en el corazón,
a pesar de las balas,
de los gases que asfixian
y de las viles torturas.

Esta es ya la madrugada,
el punto más oscuro
de esta noche nuestra,
dentro de poco
avanzará el limpio sol,
el sol de la libertad,
y la dictadura caerá,
como caen las rocas,
después de tanta maldad.



LA FUERZA INVENCIBLE DE LA FE

"Ya veis que no soy un pesimista, ni un desencantado, ni un vencido, ni un amargado por derrota alguna. A mí no me ha derrotado nadie, y aunque así hubiera sido, la derrota sólo habría conseguido hacerme más fuerte, más optimista, más idealista, porque los únicos derrotados en este mundo son los que no creen en nada, los que no conciben un ideal, los que no ven más camino que el de su casa o su negocio, y se desesperan y reniegan de sí mismos, de su patria y de su Dios, si lo tienen, cada vez que le sale mal algún cálculo financiero o político de la matemática de su egoísmo.

¡Trabajo va a tener el enemigo para desalojarme a mi del campo de batalla!

El territorio de mi estrategia es infinito, y puedo fatigar, desconcertar, desarmar y doblegar al adversario, obligándolo a recorrer por toda la tierra distancias inmensurables, a combatir sin comer, ni beber, ni tomar aliento, la vida entera; y cuando se acabe la tierra, a cabalgar por los aires sobre corceles alados, si quiere perseguirme por los campos de la imaginación y del ensueño. Y después, el enemigo no podrá renovar su gente, por la fuerza o por el interés., que no resisten mucho tiempo, y entonces, o se queda solo, o se pasa al amor, que es mi conquista, y se rinde con armas y bagajes a mi ejército invisible e invencible...."

(Fragmento de una página del discurso de Joaquín V. González "La universidad y alma argentina" 1918). 


Los hijos infinitos
Andrés Eloy Blanco 

Cuando se tiene un hijo, 
se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera, 
se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga 
y al del coche que empuja la institutriz inglesa 
y al niño gringo que carga la criolla 
y al niño blanco que carga la negra 
y al niño indio que carga la india 
y al niño negro que carga la tierra.

Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños 
que la calle se llena 
y la plaza y el puente 
y el mercado y la iglesia 
y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle 
y el coche lo atropella 
y cuando se asoma al balcón 
y cuando se arrima a la alberca; 
y cuando un niño grita, no sabemos 
si lo nuestro es el grito o es el niño, 
y si le sangran y se queja, 
por el momento no sabríamos 
si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.

Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niño 
que acompaña a la ciega 
y las Meninas y la misma enana 
y el Príncipe de Francia y su Princesa 
y el que tiene San Antonio en los brazos 
y el que tiene la Coromoto en las piernas. 
Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala, 
todo llanto nos crispa, venga de donde venga. 
Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro 
y el corazón afuera. 

Y cuando se tienen dos hijos 
se tienen todos los hijos de la tierra, 
los millones de hijos con que las tierras lloran, 
con que las madres ríen, con que los mundos sueñan, 
los que Paul Fort quería con las manos unidas 
para que el mundo fuera la canción de una rueda, 
los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño, 
quiere con Dios adentro y las tripas afuera, 
los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima 
entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra, 
porque basta para que salga toda la luz de un niño 
una rendija china o una mirada japonesa.

Cuando se tienen dos hijos 
se tiene todo el miedo del planeta, 
todo el miedo a los hombres luminosos 
que quieren asesinar la luz y arriar las velas 
y ensangrentar las pelotas de goma 
y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda. 
Cuando se tienen dos hijos 
se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo en dos cabezas, 
toda la angustia y toda la esperanza, 
la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega, 
si el modo de llorar del universo 
el modo de alumbrar de las estrellas.

Giraluna (1955)




CANTO DE L@S HIJ@S EN MARCHA -
ANDRÉS ELOY BLANCO #SOSVENEZUELA

Madre, si me matan,
que no venga el hombre de las sillas negras;
que no vengan todos a pasar la noche
rumiando pesares, mientras tú me lloras;
que no esté la sala con los cuatro cirios
y yo en una urna, mirando hacia arriba;
que no estén las mesas llenas de remedios,
que no esté el pañuelo cubriéndome el rostro,
que no venga el mozo con la tarjetera,
ni cuelguen las flores de los candelabros
ni estén mis hermanas llorando en la sala,
ni estés tú sentada, con tu ropa nueva.
Madre, si me matan,
que no venga el hombre de las sillas negras.


Lléname la casa de hombres y mujeres
que cuenten el último amor de su vida;
que ardan en la sala flores impetuosas,
que en dos grandes copas quemen melaleuca,
que toquen violines el sueño de Schuman;
los frascos rebosen de vino y perfumes;
que me miren todos, que se digan todos
que tengo una cara de soldado muerto.

Lléname la casa
de flores regaladas, como en una selva.
Déjame en tu cuarto, cerca de tu cama;
con mis cuatro hermanas, hagamos consejo;
tenme de la mano, tenme de los labios,
como aquella noche de mi padre muerto,
y al cabo, dormidos iremos quedando,
uno con su muerte y otro con su sueño.

Madre, si me matan,
que no venga el coche para los entierros,
con sus dos caballos gordos y pesados,
como de levita, como del Gobierno.

Que si traen caballos, traigan dos potrillos
finos de cabeza, delgados de remos,
que vayan saltando con claros relinchos,
como si apostaran cuál llega primero.
Que parezca, madre,
que voy a salirme de la caja negra
y a saltar al lomo del mejor caballo
y a volver al fuego.
Madre, si me matan,
que no venga el coche para los entierros.

Madres, si me matan,
y muero en los bosques o en mitad del llano,
pide a los soldados que te den tu muerto;
que los labradores y las labradoras
y tú y mis hermanas, derramando flores,
hasta un pueblo manso se lleven mi cuerpo;
que con unos juncos hagan angarillas,
que pongan mastranto y hojas y cayenas
y que así me lleven hasta un cementerio
con cerca de alambres y enredaderas.
Y cuando pasen los años
tráeme a mi pedazo, junto al padre muerto
y allí, que me pongan donde a ti te pongan,
en tu misma fosa y a tu lado izquierdo.
Madre, si me matan,
pide a los soldados que te den tu muerto.

Madre, si me matan, no me entierres todo,
de la herida abierta sácame una gota,
de la honda melena sácame una trenza;
cuando tengas frío, quémate en mi brasa;
cuando no respires, suelta mi tormenta.
Madre, si me matan, no me entierres todo.

Madre, si me matan,
ábreme la herida, ciérrame los ojos
y tráeme un pobre hombre de algún pobre pueblo
y esa pobre mano por la que me matan,
pónmela en la herida por la que me muero.

Llora en un pañuelo que no tenga encajes;
ponme tu pañuelo
bajo la cabeza, triste todavía
por las despedida del último sueño,
bajo la cabeza como casa sola,
densa de un perfume de inquilino muerto.

Si vienen mujeres, diles, sin sollozos:
-¡Si hablara, qué lindas cosas te diría!
Ábreme la herida, ciérrame los ojos...

Y una palabra: JUSTICIA
escriban sobre la tumba
Y un domingo, con sol afuera,
vengan la Madre y las Hermanas
y sonrían a la hermosa tumba
con nardos, violetas y helechos de agua
y hombres y mujeres del pueblo cercano
que digan mi nombre como de su casa
y alcen a los cielos cantos de victoria,
Madre, si me matan.

(Mayo de 1929)





héroes de franela


 ¡La mejor generación que ha parido Venezuela 
está luchando en las calles por su su libertad!