EL Rincón de Yanka: EL PRECIO DE LA GRATUIDAD

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martes, 1 de noviembre de 2011

EL PRECIO DE LA GRATUIDAD

"No soy lo que debo ser.
No soy lo que deseo ser.
Ni siquiera soy lo que espero ser,
pero una cosa sé,
por la cruz de Cristo,
no soy lo que antes fui"
John Newton
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"Hay algunos que tendrían a un Cristo barato.
Le tendrán sin la cruz.
Pero el precio no va a bajar".
Samuel Rutherford - Siglo XVII

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Sabemos que la la cruz no es de Dios ni salva 
y lo que representa:
el mal del mundo que ya fue vencido.
Y para el cristiano no es la última palabra:
hemos resucitado en y por Él salvados.

VER:
http://elrincondeyanka.blogspot.com/2011/04/que-hay-en-el-corazon-de-dios-la-cruz.html


EL PRECIO DE LA GRATUIDAD
Chus Villarroel O.P.


Hace veinte años, apenas se hablaba de la gratuidad. Hoy, no hay un cursillo que se precie, que no tenga una ponencia sobre el tema. He escuchado algunas y no pasan de mera poesía. El vocablo suena también en todas las reuniones de espiritualidad y de pastoral. El problema surge cuando se habla de gratuidad sin una fuerte experiencia del Espíritu a la base.
“Corrumtio optimi, pessima” decían los antiguos. La corrupción de lo mejor es pésima, la que peor huele. La corrupción o devaluación de la gratuidad engendra un cristianismo de máxima frivolidad. Este cristianismo barato, de rebajas, amenaza con convertirse igualmente en el mayor cáncer con el que puede verse afectada la Renovación Carismática.
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En efecto, la gratuidad nos hacer ver a Dios misericordioso que no sólo perdona sino que ha muerto por los pecados. En su cruz han sido clavados todos nuestros delitos. Están perdonados para siempre, aun lo que no hemos cometido todavía. La factura está pagada. Esto, que es verdad, con un leve desplazamiento del acento, casi imperceptible, lo podemos trasformar en la más grande de las mentiras, haciendo de nuestra vida carismática un cúmulo de frivolidades, a la vez que justificamos el gozo mundano de la vida con todos sus halagos.
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Con este leve desplazamiento podemos dar una fácil cobertura a nuestros pecados de los que no nos arrepentimos ni deseamos librarnos. Si la gracia lo hace todo por sí sola, ¿para qué preocuparnos? No tenemos, pues, por qué distinguirnos del mundo ni llevar bajo la gracia una vida distinta de la que se lleva bajo el pecado. Aún más: debemos dejar que la gracia sea gratuita hasta sus últimas consecuencias. Esto sólo se puede conseguir viviendo inmersos en el pecado. Si la gracias es capaz de cubrir esta corrupción, entonces es cuando es verdadera gracia, es cuando Dios es realmente misericordioso. Si la gracia nos hace buenos, ¿qué gracia hay en que nos salvemos?

El pecado, hecho teólogo, tiene un instinto religioso muy despierto para descubrir el lugar donde pueda comprarse la gracia al precio más barato, a la vez que saca consecuencias irrebatibles según su lógica. Desde ahí todo vale, Dios es bueno, no hay infierno, el pecado, si existe, es un asunto de psiquiatras. Con esta gracia el mundo entero se puede hacer “cristiano” y se elimina la engorrosa contradicción que la cruz mete en las vidas de los que quieren seguir a Cristo por otros caminos. El mundo, tal como está, es bueno; la iglesia y el grupo, aunque estén mal, es porque Dios lo quiere; todo lo que existe es voluntad de Dios, gritan los profetas mas piadosos de esta frivolidad.

Esta es la gracia barata que justifica al pecado, no al pecador arrepentido que entrega su pecado para que el Espíritu Santo se lo vaya sanando. Es la gracia del que se siente salvado sin arrepentimiento ni entrega. La gracia barata es la predicación del perdón sin contrición, el bautismo sin iglesia ni mandamientos, la eucaristía sin reconciliación, la absolución sin confesión personal. La gracia barata es la gracia sin seguimiento de Jesucristo, la gracia sin cruz ni resurrección. La gracia barata es la gracia sin sanación y actuación del Espíritu Santo.
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No me avergüenzo
San Pablo varias veces proclama que no se avergüenza de la cruz de Cristo. En Gálatas afirma: “En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo por la cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo” (Gal 6, 14). La gracia barata no crucifica a nadie. No se opone al mundo sino que hace componendas. A esta gracia no le interesa la cruz, se avergüenza de ella. El mayor riesgo de la Renovación es el triunfo de esta gracia barata bajo capa de gratuidad. Por eso decía Pedro Reyero que, en este contexto, todo lo que no sea encarnación es frivolidad.

La gracia cara, por el contrario, es la gratuidad que derrama el amor de Dios en nuestros corazones, dejando que el Espíritu nos lleve por sus caminos. Es la gracia con la que entregamos el juicio sobre las cosas, la pobreza de la comunidad y de la vida, la autonomía personal, la satisfacción del pecado. Es la gracia que nos hace caminar en la obediencia de la encarnación, aceptando el hecho de ser pobres y pecadores, pero con la confianza de que alguien nos librará de este cuerpo de muerte. Es la gracia del seguimiento de Jesús muerto y resucitado.
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El riesgo mayor de una predicación directa de la gratuidad es la frivolización que, en gente superficial, devalúa los contenidos, vaciando de seguimiento y de cruz la vida carismática. Por otra parte, sin embargo, si no se predica la gratuidad permanecemos en nuestras devociones, en nuestras obras y trabajos, méritos y cumplimientos, sin conocer nunca la verdad más sabrosa de Dios. Si no vivimos de la gratuidad, no somos carismáticos; ahora bien, como se dice popularmente, la gratuidad hay que “currarla”.
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En la Renovación la gracia barata se da cuando se justifica más al pecado que al pecador y cuando uno no entrega su vida a la comunidad sino que se aprovecha de ella. Gracia barata es buscar el mando, creerse imprescindible, apoyarse en la razón, hacer cálculos. Gracia barata es buscar el número por encima de la calidad, mendigar reconocimientos, querer que nos quieran y nos valoren a cualquier precio. Gracia barata es peregrinar tras las sanaciones físicas para volver a nuestra modorra y burguesía perdidas. Gracia barata es buscar que la comunidad solucione todos nuestros problemas. Gracia barata es dispensarse del seguimiento de Cristo en aras de nuestros caprichos.
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La gratuidad como presupuesto
Si un gran profesor, al final de su vida, confiesa que “solo sé que no se puede saber nada”, está diciendo algo muy distinto de lo que dice un parvulito con la misma frase para justificar su pereza. La gracia barata habla el lenguaje de los parvulitos que, a veces, pululan por la Renovación y fuera de ella, que hablan, dirigen y pontifican sin que nadie les pueda llevar la contraria en nada, sin abrir espacios de libertad, sin asumir ninguna pobreza, sin perder jamás una pizca de su vida a favor de nadie.
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El gran descubrimiento del seguimiento de Cristo es la gratuidad verdadera, es decir, la experiencia viva de que el hombre, incluso en sus obras y caminos más piadosos no puede subsistir delante de Dios porque, en el fondo, siempre se busca a sí mismo. La gratuidad es el convencimiento, nacido de los propios fracasos e impotencias, de que uno no puede santificarse por sí mismo, porque todas nuestras obras son vanas como burbujas o pompas de jabón. Por eso sólo debería hablar de gratuidad el que está viviendo una experiencia de entrega.

Bonhäffer explica muy bien esto al hablar de una gracia como presupuesto y de otra como resultado. La gratuidad como resultado es la del que va experimentando en la pobreza asumida de la vida, que sólo la gracia le puede librar de su pecado y, por lo tanto, no hay camino de santificación que no sea gratuito. Si por el contrario mi gratuidad es el presupuesto básico con el que abordo mi vida cristiana, sin haber hecho la experiencia, me apropio de antemano de la justificación. La gracia como resultado brota de una obediencia y uno la atribuye a Dios; la gracia como presupuesto es una frívola atribución personal con la que uno se engaña a sí mismo.
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El final de la gracia barata es el vaciamiento de la propia vida, la pérdida de Jesucristo y el endurecimiento en la desobediencia. Los que viven de esta gracia se desaniman pronto, se sienten frustrados, critican con dureza a su grupo y rechazan cualquier pobreza. Al proyectar su frustración sobre la comunidad no ven otra cosa que dirigentes pésimos, caminos equivocados y falta de compromiso en los demás, sin percatarse de que es en su corazón donde existen todos esos males.
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La novedad de la Renovación
Al escuchar este lenguaje alguien podría preguntarse: “Si es así, ¿qué me aporta de nuevo la Renovación? ¿No nos han predicado siempre el seguimiento duro y rígido de Cristo? ¿Tenemos que volver a la culpabilidad, al miedo, a la disciplina y al ayuno, al ascetismo y a la cautela, al más craso esfuerzo de voluntad para librarnos del pecado y agradar a Dios? De ninguna manera, diría Pablo, si hemos experimentado la misericordia y la libertad del hijo no podemos volver a la miseria del esclavo.
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Con gran humildad pero con la misma libertad, el que ha experimentando, en el seguimiento, el amor salvífico de Dios, sabe que sus miserias no le condenan porque ya están salvadas. Intuye que, aunque Dios rechace el pecado, ama al pecador, como una madre, cuyo hijo está en el crimen, rechaza la conducta del hijo pero desea verlo pronto en casa. Sabe que Dios es fiel y que nos ama en nuestras impotencias y pecados, para que se las entreguemos, ya que nuestra vida depende más de él que de nosotros mismos. Siente que Dios es su Padre y que, por lo tanto, su vida está más regida por el amor que por la ley del esfuerzo. Disfruta de las cosas y vive en la alabanza y acción de gracias porque percibe que todo es don y que ya casi nada le hace daño.
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Es un leve desplazamiento del acento el que distingue la gracia cara de la gracia barata, pero crea dos personalidades radicalmente opuestas. El que sigue a Cristo se domina a sí mismo en la libertad por efecto de la gracia y de la fidelidad de Dios; el que vive de la gracia barata presume de ahuyentar sus miedos en cuyas garras volverá a caer porque no le protege ninguna salvación. La gracia barata quiere santificar al mundo sin convertirlo ni contradecirlo; la cara ama al mundo y a las cosas en su pobreza, miseria y pecado para poder trasformarlo según el modelo de Cristo en unos cielos nuevos y en una tierra nueva.
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Hoy día en la Renovación veo tres clases de persona:
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· Los de las obras y las devociones que buscan ganarse a Dios. Éstos no han entendido casi nada.
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· Los de la gracia barata que, tal vez un día se sintieron salvados y tocados por el Espíritu, pero que no han entregado su vida más que a medias.
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· Los que dejan que el Espíritu actúe en sus vidas y su único anhelo es no perder a Jesucristo. Para estos la Renovación sólo es un medio; precioso, pero medio. Sólo en estos últimos está el futuro de la Renovación.



Chus Villarroel O.P.
http://www.rcc-es.com/Revista73/gratuidad73.htm


VER:
ESPIRITUALIDAD DE LA RENOVACIÓN:
Decía en cierta ocasión la M. Teresa de Calcuta a sus monjas:

«No penséis que hemos venido a esta congregación a servir a los enfermos. No, hemos venido para conocer a Jesucristo. Ése es el fin principal. Ahora bien, para conocer e identificarnos con Cristo, Dios ha querido que le sirvamos en los pobres y enfermos. Ésa es nuestra vocación y nuestro carisma específico».
El objetivo básico de todo cristiano es conocer a Jesucristo y de este modo descubrir y vivir la caridad. Cada uno lo hace por el camino que le señala su vocación.





Relatos de Gratuidad de Chus Villarroel


VER+:

LA GRATUIDAD Y EL QUIETISMO

REFLEXIONES SOBRE NUESTRA GRATUIDAD

RENOVACIÓN CARISMÁTICA

Un movimiento mundial, pero no uniforme, ni unificado. No tiene fundador particular, ni un grupo de fundadores como muchos otros movimientos.



QUÉ NO ES LA RENOVACIÓN