EL Rincón de Yanka

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domingo, 9 de septiembre de 2007

PALABRAS DE ALIENTO



- ¿Podría hablar con la encargada?



La súbita pregunta de mi amiga a la camarera me sobresaltó.
Nuestra cena en una popular pizzería parecía haber transcurrido sin novedad, por lo cual me preguntaba que estaba por hacer mi amiga.
La encargada apareció ante nuestra mesa pocos minutos después.


- "¿Qué puedo hacer por usted?", preguntó titubeando, como si estuviese esperando otra queja de un cliente enojado.
- "Simplemente quería hacerle saber, que la señorita mesonera de esta noche fue realmente excepcional", comentó mi amiga. Luego describió algunas acciones de la profesional que la habían impresionado.
La encargada estaba obviamente aliviada y encantada. Igual estaba la mesonera, parada cerca de nosotros. Las cuatro reímos y charlamos por unos minutos. Mi amiga les había alegrado el día a dos mujeres que trabajaban duramente... Y me había dejado una indeleble impresión acerca del poder de las palabras positivas.


Cuando pensamos en nuestras palabras, es fácil fijarse en aquellas que quisiéramos recobrar. Afortunadamente, sin embargo, hay ciertas frases que casi siempre son las adecuadas para decir, palabras que comunican amor y estímulo.


He aquí algunas de ellas:
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"Ha hecho esto muy bien".
"¿Puedo orar ahora mismo por usted?"
"¿Cómo esta usted realmente?"
" Lo que ha dicho, me ayudó".
"Yo estaba equivocado".
"Gracias por guiarme (o por servirme)".
"Si le he ofendido, le pido perdón"
"He apreciado la forma en que usted________".
"¿Qué puedo hacer para ayudar?"
"Cuéntame acerca de tu día, trabajo, tus hijos..".
"Te sigo amando".
"Dios es lo suficientemente grande como para.________".
"Estoy orgulloso de ti".
"Realmente estas creciendo".
"Por favor ven a cenar".
"Te extrañé".
"Estoy tan contento por ti".
"He orado por ti hoy".
"¡Estaré muy contento de... ayudar!"




En pocas palabras, si hay palabras que a ti te gustaría escuchar, puede apostar que también estimularían a otros.
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"La cortesía es la flor del Amor". San Francisco de Sales


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sábado, 8 de septiembre de 2007

El Ciego y el Publicitario

ÁRBOL "ARAGUANEY"


Dicen que una vez, había un ciego sentado en un parque, con una gorra a sus pies y un pedazo de madera que, escrito con tiza blanca, decía:

"POR FAVOR AYÚDEME, SOY CIEGO".

Un publicitario que pasaba frente a él, se detuvo y observó unas pocas monedas en la gorra. Sin pedirle permiso tomó el cartel, le dio la vuelta, tomó una tiza y escribió otro anuncio. Volvió a poner el pedazo de madera sobre los pies del ciego y se fue.

Por la tarde el creativo volvió a pasar frente al ciego que pedía limosna, su gorra estaba llena de billetes y monedas. El ciego reconoció sus pasos y le preguntó si había sido él quien reescribió su cartel y sobre todo, qué había puesto.

El publicista le contestó:


- "Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras".
Sonrió y siguió su camino.

El ciego nunca lo supo, pero su nuevo cartel decía:

"HOY ES PRIMAVERA, Y NO PUEDO VERLA"


"Cambiemos de estrategia cuando no nos sale algo y puede que resulte mejor de esa manera. Todo cambio, renueva nuestra vida.

Aquí, la gente es igual


"Para vivir mejor, hay que ser mejor.
Nadie puede hacerlo por ti". 
 Facundo Cabral


Después de haber atravesado un camino largo y difícil, el viajero legó a la entrada del pueblo en el que pasaría los próximos años de su vida. Inquieto sobre la forma de ser de la gente en ese lugar, le preguntó a un viejo hombre que descansaba recostado bajo la sombra de un frondoso árbol de cedro:
- ¿Cómo es la gente en este lugar?

Le dijo al viejo, sin saludarlo.

- Es que vengo a vivir aquí y donde yo vivía las personas eran complicadas y agresivas. La arrogancia y la insensibilidad eran el pan de cada día.

El anciano, sin mirarlo, respondió:

- Aquí la gente es igual.

El viejo siguió reposando. El caminante prosiguió su camino.
Horas después otro viajero que también llegaba al pueblo se acercó al anciano y le dijo:

- Buenas tardes, señor, disculpe la molestia, yo vengo a vivir a este pueblo y me gustaría saber cómo es la gente, porque en donde yo vivía las personas eran atentas, generosas y sencillas.

El anciano levantó la cabeza, sonrió y le contestó:

- Aquí la gente es igual.

Moraleja:

En vez de preguntarte cómo te tratan los que te rodean, mejor pregúntate cómo los tratas tú a ellos. A la larga la gente se termina comportando contigo como tú te comportes con ellos.

Observa si las actitudes de los demás contigo no son más que tu propio reflejo.