EL Rincón de Yanka: DESDE MI NADA Y DE LA IMPOSIBILIDAD DE ALCANZAR LA POESÍA

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jueves, 12 de junio de 2014

DESDE MI NADA Y DE LA IMPOSIBILIDAD DE ALCANZAR LA POESÍA



DESDE MI NADA

“La nada, óyelo bien, mi alma”
MARÍA ZAMBRANO

Hablar con Dios 
resulta un considerable desafío, 
pero sobre todo un abandonarse. 
Quitarse todo de encima, desnudarse, 
no dejarse nada dentro. 
He dicho NADA, ni siquiera eso. 
Desnudo: sin disimulo, tal cual. 
Desprendido de raíz y de consuelos, 
de excusas y de avatares. 

Nada, nada, nada, NADA, 
hasta que sólo quede el corazón 
a la vista: en su temblor, en su latido. 
Es decir, tú, el verdadero. 
Es decir, tú, el poeta pródigo. 
Y Dios te verá 
sin ese lifting frívolo 
que dejó desconocida tu vida 
interior, y la exterior, y todo. 

Hablar con Dios requiere callarse 
de una vez, quitar la voz 
a ese cansino vacío de palabras, 
a ese murmullo infame de ocurrencias. 
Y postrarse así de desnudo, 
de hijo, de nimio, de desvalido, 
como un ofertorio de NADA. 

Silencio. Aunque haya ruido 
en el templo que es la calle o avenida. 
Silencio. Y sentir la presencia 
de Dios en cada mirada. 
Y bajar esa rama del magnolio 
y respirar su flor recién creada. 
Esa flor blanca e inmaculada, 
esa mística flor, o cáliz 
que rebosa de poesía santificante. 

Y en el aire se abre un espacio 
donde se revela una Hostia de Luz 
que fluctúa por el alma anonadada. 
Y atraviesa Dios mi NADA, 
y la nada -mi nada- se nadifica 
aún más, beoda de amor divino.

Guillermo Urbizu


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DE LA IMPOSIBILIDAD 
DE ALCANZAR LA POESÍA

"Lo más entrañable de lo vivido no ha sido 
ni pronunciado ni efectuado. 
Tan solo el encuentro efervescente 
en la alba mirada implícita de complicidad". 
Yanka

Nunca, nunca se acaba 
de llegar a la poesía. 
Los versos tantean 
una posible melodía. 
Los poemas se adentran 
en un mar de silencio. 
El ritmo de las palabras, 
y de la vida, que intenta 
seguir la cadencia del alma. 
Por Dios que lo intenta. 
Y de por medio esos guiños 
en la quietud del agua, 
o esas caricias en la piel 
de la belleza, 
o esas olas de brisa 
en las acacias o en su falda, 
o la inquietud de tus sueños 
en la mirada. 
Nunca, nunca se acaba 
de alcanzar la poesía. 
Cada día los poemas 
son otros, o se nos revela 
la luz de manera distinta. 
Y las palabras no alcanzan 
el deseo del poeta. 
Los poemas sólo son poemas. 
Y la poesía una vez más 
se nos queda en nostalgia.