EL Rincón de Yanka: LIBRO "LA CASTA AUTONÓMICA": CHIRINGUITOS S.A.

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martes, 26 de junio de 2012

LIBRO "LA CASTA AUTONÓMICA": CHIRINGUITOS S.A.



La casta autonómica: Chiringuitos S.A.




  • Sandra Mir y Gabriel Cruz han recopilado todos los desmanes de la España de las Autonomías, que no son pocos, en La casta autonómica; un libro que podría ser de humor si no fuese porque cada uno de los derroches y corruptelas que cuentan son absolutamente ciertos.



Dos reporteros de investigación bregados en mil batalllas -Sandra Mir y Gabriel Cruz- han descubierto en las tierras de España algo que no habían visto antes en toda su extensa carrera periodística. A este "algo" unos le han llamado "Ogro Filantrópico", otros, "Monstruo Gentil", pero las gentes de este país suelen mentarlo con el nombre más común de "Estado de las Autonomías". Se trata de una maraña administrativa -extensa, intrusiva, omnipresente-, capaz de hacer que sea más fácil cursar cualquier gestión jurídica, educativa o empresarial entre dos países de la Unión Europea que entre, por ejemplo, Badajoz y Huelva.

"El sistema político que tenemos en España", comenta Mir, "afecta mucho a la vida diaria de las personas. Una ambulancia no te puede llevar de Guadalajara a Madrid -son 60 Km, pero implica cambiar de Autonomía- pero sí te puede llevar de Guadalajara a Albacete, que está a 300 Km, pero continúa dentro de Castilla La Mancha. Y si te vas de vacaciones a otra Autonomía, antes de desplazarte tienes que realizar un trámite administrativo para que en tu tarjeta sanitaria ponga que estás `desplazado´ (como si esto fuera la ONU). De lo contrario, es posible que no te atiendan en el hospital o centro sanitario al que tengas que acudir".

Es el "virus autonómico". Al menos así lo califican Mir y Cruz en su libro, La casta autonómica, que acaba de publicar La Esfera de los Libros. "Si escogimos la palabra `virus´ fue para referirnos al desbarajuste que hay montado en España. Porque depende de donde nazcas para que tengas más o menos derechos al empleo, la educación o la sanidad", señala Cruz.

¿Y como se gestiona semejante estructura burocrática? Mir responde que "a través de un entramado político brutal. Si esta crisis pudiera tener algo de positivo sería para mostrar este entramado, que ya estaba ahí, pero que hasta ahora había pasado desapercibido. ¿Como es posible que Cataluña tenga 27 instituciones y empresas públicas dedicadas a fomentar la política exterior de su Comunidad? Estas 27 empresas le cuestan a la Generalitat 35 millones de euros al año".

En el libro de Mir y Cruz, al que han dedicado un año de investigación, se encuentran ejemplos de despilfarro todavía más sangrantes. Como el de la Consejería de Agricultura del anterior Gobierno balear; había 440 funcionarios trabajando en dicha consejería, mientras que en toda la Comunidad Balear estaban dadas de alta en actividades agrícolas 430 personas.

"Las autonomías han entrado en una competencia absurda; es el continúo `yo soy más que tú´. La idea es diferenciarse: con una lengua propia, con tener más alcaldes, con lo que sea. ¿Sabes que hay subvenciones a la abeja extremeña o a la abeja catalana cuando en toda la península solo hay una única especie de abeja ibérica?", señala Mir.

Anécdotas aparte -el lector encontrará muchas más en La casta autonómica-, es evidente que España se encuentra ante un grave problema de elefantiasis Estatal. En muchos lugares de país conviven superpuestos cinco estamentos administrativos -ayuntamientos, consejos comarcales, mancomunidades, diputaciones regionales y comunidades autonómicas- que solo se mantienen en pie gracias a un ingente y continúo gasto de dinero público: nada menos que 27.000 millones al año.

"Si en España se recortasen las administraciones autonómicas", apunta Cruz, "no haría falta quitar un solo euro a la sanidad o la educación. Es como si los 17 miembros de una familia, para desplazarse, en vez de recurrir a una furgoneta común cada uno se empeñase en ir con su propio coche mientras le pide a los otros que le paguen la gasolina".

La cuestión de la educación merece un comentario a parte. La casta autonómica explica como los programas educativos están manipulados por los políticos, que juegan con ellos a su antojo. "Cada Comunidad tiene su propio programa", apunta Cruz, "pero dentro de las mismas, como en el caso de la Comunidad Valenciana, nos podemos llegar a encontrar con 17 subprogramas educativos distintos. Los niños estudian lo que cada político quiere. Esto afecta al rendimiento educativo de los chavales. Ahí están las estadísticas, que señalan como unas Comunidades tienen unas tasas de fracaso escolar mucho más altas que otras".

Mir y Cruz ponen el dedo en la llaga; muestran como las regiones españolas se han convertido en nuevos reinos de taifas y muchos de sus políticos, en auténticos señores feudales. Además, La casta autonómica combina la amenidad con el rigor; aúna el dato desconocido pero revelador -y estremecedor- con la anécdota jocunda. Sin embargo, al cerrar sus páginas surge una pregunta: ¿el tono irónico del libro ha sido escogido para hacer reír al lector -a buena fe que lo consigue- o, por el contrario, para evitar que llore?