EL Rincón de Yanka: LA CONVERSIÓN DE SAULO A PABLO: METANOIA NO PARANOIA

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domingo, 25 de enero de 2009

LA CONVERSIÓN DE SAULO A PABLO: METANOIA NO PARANOIA

"La teología es una reflexión sobre la fe
y la fe lo que tiene que hacer
es movilizar a las personas para cambiar".
Gustavo Gutierrez Merino


La conversión de San Pablo, modelo de verdadera conversión evangélica.

Un cambio de mente

Intentemos analizar el contenido del acontecimiento. Fue sobre todo un cambio de mente, de pensamiento, literalmente una metanoia.
Es significativo que la primera palabra pronunciada por la boca Jesús en los Evangelios Sinópticos sea la palabra “metanoia”. Jesús comienza su ministerio con estas palabras: “Arrepiéntete [metanoia] y cree en el Evangelio” y eso, en esencia, es el resumen de todo su mensaje. Pero ¿cómo se arrepiente uno?

Significado de Metanoia
Nuestras traducciones de los Evangelios no hacen justicia a lo que Jesus dice aquí. Traducen “metanoia” con la palabra “arrepentimiento”. Pero, para nosotros, la palabra arrepentimiento tiene diferentes connotaciones desde la intención de Jesús. En Inglés, "arrepentirse" (repentance) implica que hemos hecho algo mal y debemos repudiarnos a nosotros mismos por tal acción y comenzar a vivir de una manera nueva. La palabra bíblica “metanoia” tiene una connotación más amplia.
La palabra "metanoia" viene de las dos palabras griegas: "Meta", que significa "más allá"; y "Nous", que significa "mentalidad".
La metanoia nos invita a ir más allá de nuestros instintos normales hacia a una mentalidad más amplia, hacia una mentalidad que se levanta por encima de la tendencia natural al propio interés, a la autoprotección lo cual con frecuencia se mezcla con sentimientos de amargura y negatividad, y de falta de empatía en nuestro interior.
La metanoia nos invita a enfrentar todas las situaciones, sean lo injustas que parezcan, con comprensión y un corazón empático. Más aún, la metanoia se sitúa en contraste con la paranoia. En esencia, la metanoia es la no-paranoia, de manera que las primeras palabras de Jesus en los Evangelios Sinópticos debieran ser entendidas mejor así: “No seas paranoico y cree en el Evangelio”. ¡Vive desde la confianza!”.

Entre la paranoia y la metanoia
Henri Nouwen, en un pequeño, pero profundamente significativo libro titulado “Con manos abiertas” describe la diferencia entre metanoia y paranoia. Sugiere que hay dos posturas fundamentales con las cuales podemos ir a lo largo de la vida. Podemos, dice, ir por la vida in la postura de la paranoia. La postura de la paranoia se simboliza con un puño cerrado, con una postura de protección, con la sospecha y desconfianza como actitudes habituales. La paranoia nos hace sentir siempre que necesitamos protegernos a nosotros mismos de la injusticia, que otros nos herirán si mostramos cualquier vulnerabilidad, y que necesitamos afirmar nuestra fuerza y talento para impresionar a los otros. La paranoia rápidamente convierte lo afectivo en frialdad, la comprensión en sospecha y la generosidad en autoprotección.
Por otro lado, la postura de la metanoia, se ve claramente en Jesús crucificado. Ahí, en la cruz, aparece expuesto y vulnerable, sus brazos extendidos en un gesto de abrazar, y sus manos abiertas y atravesadas por los clavos. Esta es la antítesis de la paranoia, donde nuestras puertas interiores del afecto, la empatía, y la confianza espontanea se cierran de golpe cuando percibimos una amenaza. La metanoia, la meta comprensión, el corazón grande, nunca cierra esas puertas.

Dos entendimientos y corazones
Para algunos de los primeros padres de la Iglesia todos nosotros tenemos dos entendimientos y dos corazones. Para ellos, cada uno de nosotros tiene una mente amplia y un gran corazón. Ese es el santo que vive dentro de nosotros, la imagen y la semejanza de Dios dentro de nosotros, nuestra parte afectiva, fértil, y empática. Todos abrigamos una verdadera grandeza dentro de nosotros.
Pero cada uno también tiene en su interior una mentalidad estrecha y un corazón mezquino. Así es la complejidad de nuestro interior. Somos a la vez grandes corazones y mezquinos, mentes abiertas y fanáticas, confiados y suspicaces, santos y narcisistas, generosos y acaparadores, calientes y fríos.

Todo depende de a qué corazón y a qué mente estamos conectados y cómo operan en cada momento determinado. En un momento somos capaces de morir por los otros y un minuto más tarde desearíamos verlos muertos, en un momento queremos darnos a nosotros mismos totalmente por amor, un minuto más tarde decidimos usar nuestros talentos para mostrar nuestra superioridad sobre los demás. La metanoia y la paranoia se disputan nuestro corazón.

Jesus en su mensaje y su persona, nos invita a la metanoia, a movernos hacia ella y permanecer dentro de una mente abierta y un corazón grande, de modo que ante un comentario punzante nuestras puertas del afecto y la confianza no se cierren.
Pablo había creído hasta entonces poderse salvar y ser justo ante Dios mediante la observancia escrupulosa de la ley y de las tradiciones de sus padres. Ahora entiende que la salvación se obtiene de otro modo. Quiero ser hallado, dice, "no con la justicia mía, la que viene de la Ley, sino la que viene por la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios, apoyada en la fe" (Fl 3, 8-9).
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Jesús le hizo experimentar en sí mismo lo que un día proclamaría a toda la Iglesia: la justificación por gracia mediante la fe (cf. Gal 2,15-16; Rom 3, 21 ss.).
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"Convertíos y creed en el Evangelio"
Pero debemos plantearnos una pregunta crucial: ¿quién es el inventor de este mensaje?
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Si hubiera sido el apóstol Pablo, entonces tendrían razón quienes decían que él, y no Jesús, es el fundador del cristianismo. Pero el inventor no es él; él no hace otra cosa que expresar en términos elaborados y universales un mensaje que Jesús expresaba con su típico lenguaje, hecho de imágenes y de parábolas.Jesús comenzó su predicación diciendo: "El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca: convertíos y creed en la Buena Nueva" (Mc 1, 15). Con estas palabras enseñaba ya la justificación por la fe. Antes de Él, convertirse significaba siempre "volver atrás" (como indica el mismo término hebreo shub); significaba volver a la alianza violada, mediante una observancia renovada de la ley.
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"Convertíos a mí [...], volved de vuestro camino perverso", decía Dios en los profetas (Zc 1, 3-4; Jr 8, 4-5). Convertirse, por tanto, tiene un significado principalmente ascético, moral y penitencial, y se realiza cambiando de conducta de vida. La conversión se ve como condición para la salvación; el sentido es: convertíos y seréis salvados; convertíos y la salvación vendrá a vosotros. Este es el significado predominante que la palabra conversión tiene en los mismos labios de Juan el Bautista (cf. Lc 3, 4-6). Pero en la boca de Jesús, este significado moral pasa a segundo plano, respecto a un significado nuevo, hasta entonces desconocido. También en ello se manifiesta el salto de época que se verifica entre la predicación de Juan el Bautista y al de Jesús.
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Convertirse ya no significa volver atrás, a la antigua alianza y a la observancia de la ley, sino dar un salto adelante, entrar en la nueva alianza, aferrar este Reino que ha aparecido, entrar en él a través de la fe. "Convertíos y creed" no significa dos cosas distintas y sucesivas, sino la misma acción: convertíos, es decir, creed; ¡convertíos creyendo! "Prima conversio fit per fidem", dirá santo Tomás de Aquino, la primera conversión consiste en creer.


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Se discute desde hace tiempo entre los exegetas si se debe seguir hablando de la conversión de san Pablo; algunos prefieren hablar de "llamada" o "vocación", más que de conversión. Hay quien quisiera que se aboliera incluso la fiesta de la conversión de san Pablo, desde el momento en que conversión indica un alejamiento y un renegar de algo, mientras que un hebreo que se convierte, a diferencia del pagano, no debe renegar de nada, no debe de pasar de los ídolos al culto del Dios verdadero.
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A mí me parece que estamos ante un falso problema. En primer lugar no hay oposición entre conversión y llamada (vocación): la llamada supone la conversión, no la sustituye, como la gracia no sustituye a la libertad. Pero sobre todo hemos visto que la conversión evangélica o significa renegar de algo, un volver atrás, sino un acoger algo nuevo, dar un salto adelante.
¿A quién hablaba Jesús cuando decía "Convertíos y creed en el Evangelio?" ¿Acaso no hablaba a los hebreos? A esta misma conversión se refiere el Apóstol con las palabras:
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"Cuando se dé la conversión al Señor, ese velo será quitado" (2Cor 3,16). La conversión de Pablo se nos presenta, en esta luz, como el modelo mismo de la verdadera conversión cristiana, que consiste ante todo en aceptar a Cristo, en "volverse" a Él mediante la fe. Ésta supone un encontrar antes que un dejar. Jesús no dice: un hombre vendió todo lo que tenía y se puso a buscar un tesoro escondido; dice: "Un hombre encontró un tesoro y por eso lo vendió todo."
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CRISTO EN EL PENSAMIENTO 
Y EN LA VIDA DE SAN PABLO
Padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap.
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Sin experiencia personal de encuentro  no hay conversión,  y sin conversión no hay vocación.

No rebajemos la importancia del don de conversión como resultado transformador de la experiencia de encuentro. La otra cara de la fe es la conversión = Fe y conversión. Ver Kerigma.
Pablo antes de la conversión no creía en Jesucristo centricamente, al contrario le perseguía.

San Pablo EXPERIMENTÓ LA CONVERSIÓN. Lo mismo que en en el primer pentecostés eclesial, después del primer kerigma de San Pedro:
¿Qué debemos hacer?
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Creo que como casi en todo, para hablar de algo hay que primero experimentarlo y vivenciarlo.
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¿Has experimentado y vivenciado la conversión?
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"Primero Convertíos (en Mi y a Mi) 

y después creer en el evangelio".
"El que quiera seguirme, 

primero crea en Mí y después que me siga".
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Hay muchos cristianos que se han quedado con la fotografía estática de Jesús y no le conocen “cara a cara” porque nunca han tenido un encuentro personal con él.
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Hay predicadores en la Iglesia que sólo repiten lo que los teólogos han escrito o sus maestros les enseñaron en las aulas, pero ellos no tiene experiencia personal de la resurrección de Cristo Jesús. Mientras no se haya tenido ese encuentro personal con Jesús resucitado se estarán repitiendo teorías y enseñanzas que otros dijeron que otros habían dicho. Estamos llamados a ser testigos de lo que predicamos. Mas, para ser auténtico testigo se necesita tener experiencia personal de lo que se proclama, haberlo vivido en carne propia.
La vida eterna consiste precisamente en conocer, es decir, experimentar a Dios y su enviado Jesucristo.

Un verdadero evangelizador es el que presenta su testimonio personal, su experiencia propia de salvación y puede dar fe de que Jesús está vivo porque han tenido un encuentro personal con él, como los apóstoles que afirman: “No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (Hch 4,20).
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Un verdadero evangelizador no es el que habla de Jesús, sino el que es capaz de presentar a Jesús vivo delante de los evangelizados para que ellos le digan, como samaritanos: “Ahora ya no creemos por tus palabras sino porque nosotros mismos hemos visto y experimentado que Jesús es el salvador del mundo”.Mas nadie podrá trasmitir la vida de Cristo resucitado si antes él mismo no ha experimentado que Jesús está vivo el día de hoy.



De “Jesús está vivo”
Emiliano Tardif
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