EL Rincón de Yanka

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sábado, 25 de agosto de 2007

El Dios de Jesús no es el dios de los fariseos


Jesús heredó toda la rica tradición de la fe de Israel. Para el judaísmo antiguo, Dios es ante todo el Señor, el que siempre está por encima de nosotros, el Todopoderoso, el único y verdadero Dios. Jesús tiene fe en todo ello. El es un verdadero israelita. Pero su fe se adentra de tal modo en el ser de Dios, que toma características totalmente nuevas. Aceptando la fe israelita, Jesús muestra una imagen nueva de Dios, mucho más clara y cercana.


El respeto a Dios como Señor absoluto es un elemento esencial en la predicación de Jesús, pero no es su centro. Para él Dios es ante todo Padre.Ya en el Antiguo Testamento se habla de Dios como Padre, pero con Jesús esta paternidad recibe acentos nuevos. La experiencia de Jesús ante Dios es totalmente original. Cuando Jesús habla de Dios quedan superadas todas las creencias del Antiguo Testamento.

La vida de Jesús, sus actitudes, sus amistades, sus compromisos, todo en él se halla animado de tal manera por la realidad "Padre Dios", que adquieren un estilo y originalidad que resultan sorprendentes para los que tratan con él: "¿Quién es este hombre?" (Lc 8,25). Es imposible comprender a Jesús y su mensaje sin conocer al Dios en el que creyó y del que se dejó penetrar hasta las últimas consecuencias.

Para Jesús lo principal no es la palabra "Dios", sino los hechos que hacen presente al hombre la realidad "Dios". El nunca se enreda en "palabrerías" teológicas, ni en oraciones vacías de sentido. Jesús nunca se sirvió de teorías sobre "Dios" para adoctrinar a sus oyentes, sino que se refería a él en situaciones concretas, buscando siempre descubrir los signos de su presencia en el mundo.No enseñó ninguna doctrina nueva sobre la paternidad de Dios. Lo original en él es que invoca a Dios como Padre en circunstancias nuevas. Lo que hay de nuevo en el caso de Jesús es que invoca a Dios como Padre metido en medio de una acción humanizadora. Él designa a Dios como el que rompe toda opresión, incluso la opresión religiosa: actuando de este modo, proféticamente, como destructor de toda opresión, a favor de la vida, es como se atreve a llamarlo Padre.
Porque siente de una manera nueva a Dios como padre, Jesús deja de cumplir ciertas normas de la ley, contrarias a ese proceso de liberación humana en el que él ve la presencia bondadosa del Padre.
Su original experiencia de Dios le lleva a un enfrentamiento con los adoradores del Dios oficial. Para los escribas y fariseos Jesús era un blasfemo porque cuestionaba el Dios del culto, del templo y de la ley.
Jesús no ve a Dios encerrado dentro del templo, o sometido al cumplimiento exacto de los ritos del culto, o midiendo el cumplimiento detallado de todas las normas de las complicadas leyes judías. El abre nuevas ventanas, nuevos horizontes, por los que descubrir la presencia de Dios.

El no anuncia al Dios oficial de los fariseos (parábola del fariseo y del publicano), ni al Dios de los sacerdotes del templo (parábola del buen samaritano), sino a un Dios que es cercano y familiar, al que se puede acudir con la confianza de un niño. Es el Dios que nos sale al encuentro en todo lo que sea amor verdadero. El Dios que busca al pecador hasta dar con él. El Dios que prefiere estar entre los marginados de este mundo, y posterga a los que ocupan los primeros puestos. Jesús ofrece un Dios sin los intermediarios de la ley, el culto, las normas, los sacerdotes, el templo...

El Dios de Jesús es un Dios-Loco para los representantes del Dios oficial. Jesús sustituye la fidelidad al Dios de la ley por la fidelidad al Dios del encuentro, de la liberación y el amor.
Siente profundamente a Dios como padre de infinita bondad y amor para con todos los hombres, especialmente para con los "pecadores", los desanimados y perdidos. Ya no se trata del Dios de la ley, que hace distinción entre buenos y malos: es el Dios siempre bueno que sabe amar y perdonar, que corre detrás de la oveja descarriada, que espera ansioso la venida del hijo difícil y lo acoge en el calor del hogar familiar. El Dios que se alegra más con la conversión de un pecador que con noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse. El Dios que prefiere a las prostitutas antes que a los "piadosos"…

Toda la vida de Jesús se apoya en esta nueva experiencia de Dios. El se siente tan amado de Dios, que ama como Dios ama, indistintamente a todos, hasta a los enemigos. El se siente de tal manera aceptado por Dios, que acepta y perdona a todos.
Jesús encarna el amor y el perdón del Padre, siendo él mismo bueno y misericordioso para con todos, particularmente para con los desechados religiosamente y desacreditados socialmente. Así concreta él el amor del Padre dentro de su vida.

Nosotros llegamos a ser cristianos en la medida en que sentimos una experiencia de Dios al estilo de Cristo. No basta con creer en Dios: hay que creer en él del modo como nos enseñó Jesús.Las demás experiencias de Dios puede que sean buenas, como eran buenas las de los judíos, pero incompletas, camino ojalá para llegar a la experiencia de Jesús.
Muchos de los llamados hoy cristianos en realidad no son sino buenos paganos o a lo más buenos judíos. Pero para ser de verdad discípulos de Jesús hay que llegar a vivir la experiencia nueva de Dios que él tuvo.

José L. Caravias, S.J

viernes, 24 de agosto de 2007

Hacen falta TESTIGOS


"La fe es la presencia acontecida en encuentro y hecha experiencia".


Los relatos evangélicos lo repiten una y otra vez. Encontrarse con el Resucitado es una experiencia que no se puede callar. Quien ha experimentado a Jesús lleno de vida, siente necesidad de contarlo a otros. Contagia lo que vive. No se queda mudo. Se convierte en testigo.

Los discípulos de Emaus «contaban lo que les había acontecido en el camino y cómo le habían reconocido al partir el pan». María de Magdala dejó de abrazar a Jesús, se fue donde los demás discípulos y les dijo: «he visto al Señor». Los once escuchan invariablemente la misma llamada: «Vosotros sois testigos de estas cosas»; «como el Padre me envió así os envío yo»; «proclamad la Buena Noticia a toda la creación».

La fuerza decisiva que posee el cristianismo para comunicar la Buena Noticia que se encierra en Jesús son los testigos. Esos creyentes que pueden hablar en primera persona. Los que pueden decir: «esto es lo que me hace vivir a mí en estos momentos». Pablo de Tarso lo decía a su manera: «ya no vivo yo. Es Cristo quien vive en mí».

El testigo comunica su propia experiencia. No cree «teóricamente» cosas sobre Jesús; cree en Jesús porque lo siente lleno de vida. No sólo afirma que la salvación del hombre está en Cristo; él mismo se siente sostenido, fortalecido y salvado por él. En Jesús vive «algo» que es decisivo en su vida, algo inconfundible que no encuentra en otra parte.
Su unión con Jesús resucitado no es una ilusión: es algo real qué está trasformando poco a poco su manera de ser. No es una teoría vaga y etérea: es una experiencia concreta que motiva e impulsa su vida. Algo preciso, concreto y vital.


El testigo comunica lo que vive. Habla de lo que le ha pasado a él en el camino. Dice lo que ha visto cuando se le han abierto los ojos. Ofrece su experiencia, no su sabiduría. Irradia y contagia vida, no doctrina. No enseña teología, «hace discípulos» de Jesús.

El mundo de hoy no necesita más palabras, teorías y discursos.

Necesita vida, esperanza, sentido, amor.
Hacen falta testigos más que defensores de la fe.
Creyentes que nos puedan enseñar a vivir de otra manera porque ellos mismos están aprendiendo a vivir de Jesús.

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

Sólo repiten lo que han oído o leído, pero no tienen EXPERIENCIA de la Vida Nueva

"Sin el Espírtu Santo Dios está lejos, Cristo se queda en el pasado, el Evangelio resulta letra muerta, la Iglesia es una mera organización, la autoridad un poder de dominio, la misión una propaganda, el culto en una evocación, en un arcaísmo, y el quehacer de los cristianos en una moral de esclavos"  Patriarca Atenágoras
Hay muchos cristianos que se han quedado con la fotografía estática de Jesús y no le conocen “cara a cara” porque nunca han tenido un encuentro personal con él.
Hay predicadores en la Iglesia que sólo repiten lo que los teólogos han escrito o sus maestros les enseñaron en las aulas, pero ellos no tiene experiencia personal de la resurrección de Cristo Jesús. Mientras no se haya tenido ese encuentro personal con Jesús resucitado se estarán repitiendo teorías y enseñanzas que otros dijeron que otros habían dicho.
Estamos llamados a ser testigos de lo que predicamos. Mas, para ser auténtico testigo se necesita tener experiencia personal de lo que se proclama, haberlo vivido en carne propia.

Un día me llevaron a conocer el majestuoso conjunto hidroeléctrico de Itaipú en el Paraguay. Fue impresionante. Los hombres y hasta los camiones parecían insignificantes hormigas delante de aquellas gigantescas cortinas de concreto de la presa. Se produce tanta energía eléctrica allí que alcanza para todo el país y parte del Brasil y Argentina.

Al anochecer regresábamos. Me llamó mucho la atención darme cuenta que algunas casitas de los trabajadores de la termoeléctrica carecían de corriente eléctrica y eran apenas iluminadas por unas tenues velas de cera. ¡A unos cuantos metros de las turbinas y generadores más grandes del mundo no había luz eléctrica, sino velas!

...Es que les hacía falta la conexión que les trajera la energía a sus casas.
Eso mismo nos pasa a veces a nosotros. Nuestra vida, en vez de ser iluminada con energía eléctrica, la alumbramos con velas porque no estamos conectados con Jesús que es la luz del mundo. Incluso hay quienes trabajan en las oficinas de la Iglesia pero les hace falta la luz en sus corazones.

Nos pasa como a esos turistas que frente a un hermoso paisaje sacan su cama fotográfica Polaroid, toman su foto y luego, en vez de admirar el paisaje en vivo y ser cautivados por él, se quedan viendo la fotografía de papel.
Hay muchos cristianos que se han quedado con la fotografía estática de Jesús y no le conocen “cara a cara” porque nunca han tenido un encuentro personal con él. Sólo repiten lo que han oído o leído pero no tiene experiencia de la vida nueva.
La vida eterna consiste precisamente en conocer, es decir, experimentar a Dios y su enviado Jesucristo.
Un verdadero evangelizador es el que presenta su testimonio personal, su experiencia propia de salvación y puede dar fe de que Jesús está vivo porque han tenido un encuentro personal con él, como los apóstoles que afirman: “No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (Hch 4,20).

Un verdadero evangelizador no es el que habla de Jesús (sino que habla con Él), sino el que es capaz de presentar a Jesús vivo delante de los evangelizados para que ellos le digan, como samaritanos: “Ahora ya no creemos por tus palabras sino porque nosotros mismos hemos visto y experimentado que Jesús es el salvador del mundo”.

Mas nadie podrá trasmitir la vida de Cristo resucitado si antes él mismo no ha experimentado que Jesús está vivo el día de hoy.

De “Jesús está vivo”
Emiliano Tardif
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"La fe es la experiencia en un acontecimiento de encuentro amoroso con Dios Padre Materno Vivo y personal, que te mueve a la alteridad y a la solidaridad. "

NO BASTA UN ENCUENTRO PERSONAL CON JESÚS - José H. Prado Flores