EL Rincón de Yanka: HOLOCAUSTO

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sábado, 30 de mayo de 2026

LA CORONILLA DE LOS SIETE DOLORES DE MARÍA 💘 y LIBRO "SOBREVIVIR PARA CONTARLO": CÓMO DESCUBRÍ A DIOS EN MEDIO DEL HOLOCAUSTO EN RUANDA por IMMACULÉE ILIBAGIZA


¿Qué es la Coronilla de los Siete Dolores de María?
💘
Conocida como el Rosario Servita o Rosario de los Siete Dolores, esta coronilla incluye siete grupos de siete cuentas separados por siete medallas que representan los siete dolores de María. En el año 1239, la Orden de los Siervos de la Santísima Virgen María, o servitas, decidieron dedicarse a los dolores de María, meditando especialmente esos siete dolores –siete es un número que indica plenitud-. Los servitas promovieron esta devoción particularmente en el siglo XIV durante la peste negra.
Durante el genocidio de Ruanda, en la década de 1980, Nuestra Señora de Kibeho, en una aparición reconocida por la Iglesia a tres muchachas adolescentes, recomendó fervientemente que se rezara la Coronilla de los Siete Dolores. Esta práctica puede servirnos de modelo para tiempos de pruebas personales o corporales.


EJERCICIO PIADOSO AL 
CORAZÓN DOLOROSO 
DE LA MADRE DE DIOS
💘
Por la señal de la Santa Cruz,+
De nuestros enemigos,+
Líbranos, Señor +

† En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Abre Señor mis labios y mi boca proclamará tus alabanzas.
Ven ¡Oh, Dios! en mi ayuda. Señor, date prisa en socorrerme.

Acto de Contrición

Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quién eres y porque te amo sobre todas las cosas, me arrepiento de todo corazón de todo lo malo que he hecho y de todo lo bueno que he dejado de hacer, porque pecando te he ofendido a Ti, que eres el Sumo Bien y digno de ser amado sobre todas las cosas.
Ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de mis pecados. Propongo firmemente, con la ayuda de tu gracia, hacer penitencia, no volver a pecar y huir de las ocasiones de pecado. Señor, por los méritos de tu Pasión y Muerte, con los cuales Tú expiaste por mis pecados, ofreciendo un dolor tan grande e intenso que te hizo sudar Sangre, apiádate de mí.
Madre mía del Cielo, alcánzame de Jesús este suspirado perdón. Amén.

Oración de Invocación al Espíritu Santo 
(dictada el 28 de octubre de 2014)

Ven, mi Dios Espíritu Santo, a través de la poderosa intercesión del Corazón Doloroso e Inmaculado de María, tu amadísima Esposa.
Ven, mi Dios Espíritu Santo, a través de la poderosa intercesión del Corazón Doloroso e Inmaculado de María, tu amadísima Esposa.
Ven, mi Dios Espíritu Santo, a través de la poderosa intercesión del Corazón Doloroso e Inmaculado de María, tu amadísima Esposa.

Oración

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el Fuego de tu Amor.
V/. Envía tu Espíritu y todo será creado. R/. Y renovarás la faz de la tierra.

Oración

¡Oh, Dios! que iluminaste los corazones de tus hijos con la Luz del Espíritu Santo, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo, por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Oración al Divino Espíritu Santo 
(dictada el 15 de agosto de 2014)

Divino Esposo de María Santísima, mi Dios y Señor Espíritu Santo, enciende en cada alma el Fuego de un Nuevo Pentecostés, para que nos consagres como apóstoles del Corazón Doloroso e Inmaculado de María y apóstoles de los Últimos Tiempos, protege con tu sombra a la Iglesia católica, salva a las almas del mundo y realiza el reino Inflamado de amor de los Corazones Unidos de Jesús y María. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Oración de ofrecimiento

Dios Padre Tierno y Misericordioso, te ofrezco esta Santa Corona de los Dolores principales que, traspasaron al Corazón de María, nuestra Madre, para mayor Gloria tuya, y para venerar el Corazón Doloroso e Inmaculado de María, Corredentora de nuestras almas.
Fundido en tu Divino Querer, meditamos con su Doloroso e Inmaculado Corazón, sus Dolores Maternos y deseamos alcanzar el perdón de las culpas y una verdadera disposición para obtener las gracias de esta corona.
Por los Méritos de los Dolores Corredentores de Nuestra Señora, concédenos vivir la Santidad Divina y anunciar el Reinado Eucarístico del Sagrado Corazón de Jesús. Amén.
Por las Intenciones de los Sagrados Corazones Unidos de Jesús y de María, oramos:

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del maligno. Amén.

Ave María de los Últimos Tiempos:

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor está contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el Fruto de tu Vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, Corredentora de las almas, ruega por nosotros pecadores, y derrama el efecto de Gracia de tu Llama de Amor, de tu Doloroso e Inmaculado Corazón, sobre toda la humanidad, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


Primer Dolor- La aflicción que causó a su tierno corazón, la profecía del anciano Simeón.- Cuando le dijo: "una espada traspasará tu alma". (Avemaría)
Segundo Dolor- La angustia que padeció su sensibilísimo corazón, en la huida y permanencia en Egipto.- Porque Herodes quería matar al Niño. (Avemaría)
Tercer Dolor- Las congojas que experimentó su solícito corazón, en la pérdida de su Hijo Jesús. (Avemaría)
Cuarto Dolor- La consternación que sintió su maternal corazón, al encontrar a su Hijo Jesús llevando la cruz a cuestas. (Avemaría)
Quinto Dolor- El martirio de su generoso corazón, asistiendo a su Hijo Jesús en la agonía. (Avemaría)
Sexto Dolor- La herida que sufrió su piadoso Corazón, en la lanzada que abrió el costado de su Hijo Jesús. (Avemaría)
Séptimo Dolor- El desconsuelo y desamparo que padeció su amantísimo corazón, en la sepultura de su Hijo Jesús. (Avemaría)

Ruega por nosotros, Virgen dolorosísima, para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Siete gracias, que la Santísima Virgen concede a las almas que le honran diariamente, meditando sus dolores, con el rezo de siete Avemarías. (Santa Brígida)

1. Pondré paz en sus familias.
2. Serán iluminadas en los Divinos Misterios.
3. Las consolaré en sus penas y acompañaré en sus trabajos.
4. Les daré cuanto me pidan, con tal que no se oponga a la voluntad adorable de mi Divino Hijo y a la santificación de sus almas.
5. Las defenderé en los combates espirituales con el enemigo infernal, y protegeré en todos los instantes de la vida.
6. Las asistiré visiblemente: en el momento de su muerte, verán el rostro de su Madre.
7. He conseguido de mi Divino Hijo: que, cuantos propaguen esta devoción, sean trasladados de esta vida terrenal a la felicidad eterna- directamente, pues serán borrados todos sus pecados-, y mi Hijo y Yo seremos su eterna consolación y alegría.



“SOBREVIVIR PARA 
CONTARLO”: 
CÓMO DESCUBRÍ A DIOS EN MEDIO DEL HOLOCAUSTO EN RUANDA.

LA HISTORIA DE IMMACULÉE ILIBAGIZA, 
FE CONTRA TODA ESPERANZA

Esta es la historia de una mujer que sobrevivió milagrosamente al genocidio de Ruanda ocurrido en 1994. Durante 91 interminables días Inmaculée Ilibagiza permaneció escondida junto a otras siete mujeres en silencio y sin apenas alimentarse mientras a su alrededor, cerca de un millón de personas, incluida casi toda su familia, morirían brutalmente asesinadas. Durante aquel calvario, Inmaculée no solo tuvo que luchar física y mentalmente para sobrevivir, también fue testigo de unos episodios más crueles de la historia de la humanidad. Sin embargo, toda esta maldad no arrastró a Inmaculée hacia el odio y el rencor. Gracias a su extraordinaria fortaleza, alimentada por una fe inquebrantable, pudo liberarse de su sufrimiento mediante una profunda transformación espiritual. (Extraído de la contraportada del libro).

Imaginaos que vivís en un entorno natural privilegiado, casi casi en el paraíso, que vuestra casa está rodeada de montañas verdes, lagos inmensos y animales exóticos. Imaginaos que pertenecéis a una comunidad de personas encantadoras; que vuestros vecinos y paisanos os quieren y os respetan, que tenéis la mejor familia que podéis tener y os sentís amadas y mimadas.  Imaginaos que de la noche a la mañana todo este mundo se desmorona y vuestra tierra verde y fructífera se baña de sangre. Imaginaos que vuestros amables vecinos os persiguen para acabar con vuestra vida sólo por ser más altas y espigadas que ellos ya que pertenecéis a otra tribu, que tenéis que huir solas sin saber dónde está vuestra familia; que un vecino, aunque con muchos reparos y recelos, os esconde junto con otras 7 mujeres y tenéis que permanecer durante 91 días todas juntas en silencio en un baño de apenas 1,5 metros cuadrados… 

Esta es la historia que vivió hace apenas 25 años la ruandesa Inmaculée Ilibagiza durante el genocidio que tuvo lugar en su país, Ruanda, y en el que casi un millón de personas incluidos niños y bebés murieron por la sinrazón del ser humano. Por pertener a la etnia tutsi fueron prácticamente masacrados por los hutus, la otra etnia del país. 

En el país de Inmaculée es costumbre que el padre elija el apellido de sus hijos en lugar del nombre. Ilibagiza, el apellido de nuestra protagonista, significa “resplandeciente y hermosa en cuerpo y alma” y creo que el padre de Inmaculée no pudo elegir un apellido mejor para su hija. Esta preciosa mujer, que ahora tiene 46 años tuvo que vivir con tan solo 22 una de las experiencias más terribles que puede tener un ser humano: la pérdida de sus padres y de dos de sus tres hermanos, la pérdida de su libertad, de su dignidad y el abandono. Toda su vida se desmoronó durante la Semana Santa de 1994. Ella vivió su propio calvario y una experiencia que cambiaría su vida para siempre. 

Cuando comenzó el genocidio ella estaba con sus padres pasando las vacaciones de Semana Santa. Estudiaba en la universidad, algo extraordinario para una chica tutsi (la etnia dominada por el gobierno hutu de ese momento), tenía novio, pertenecía a una familia cuyos padres eran profesores y sus hermanos universitarios. Su padre era muy respetado por sus vecinos, que acudían a él para pedir consejo o ayuda en sus necesidades, tanto materiales como espirituales. Eran católicos practicantes y aprendió de sus padres que no existen diferencias entre los seres humanos y que todos somos amados sin límite por nuestro Dios misericordioso. 

Tras la muerte del presidente hutu ruandés en un accidente de avión se dijo que dicho accidente había sido provocado por la resistencia tutsi y entonces comenzó el horror. Se lanzaron consignas a la población para aniquilar a los tutsis sin excepción. 

Cuando la situación se vuelve insostenible y la vida de sus hijos corre peligro extremo, Leonard, el padre de Inmaculée, la envía a pedir ayuda a un pastor protestante, vecino y amigo de la familia. Leonard le da entonces a su hija el mayor regalo que un padre puede hacer, le regala su rosario, que será el “arma” que Inmaculée va a emplear en su guerra particular. 

Sobrevivir para contarlo es un libro bellísimo y estremecedor, un testimonio impresionante sobre las consecuencias del pecado y del odio en el ser humano y sobre la misericordia infinita de Dios en medio de un mundo destruido. Inmaculée fue salvada por Dios de la muerte para mostrarnos que el perdón es el único camino para alcanzar la paz. 

Durante los 91 días que permaneció entre las cuatro paredes de aquel minúsculo cuarto de baño junto con otras 7 mujeres, Inmaculée supo lo que es la tristeza, la desolación, la desesperanza y la tentación. Supo lo que son las privaciones físicas extremas: salió de allí pesando apenas 38 kilos, sin lavarse, sin poder levantarse, ni tumbarse, ni siquiera sentarse debidamente, sin tener ni un solo minuto de intimidad, ni siquiera podían hablar ya que corrían el peligro de ser descubiertas. Allí pudo intuir que nunca más vería a sus padres ni a dos de sus hermanos (el mayor estaba fuera del país). Ante esta situación nos imaginamos que el odio anidaría en su corazón, sin embargo, Dios escribe recto con renglones torcidos. Inmaculée venció a fuerza de rezar: ella representa a la virgen prudente de la parábola, que está en vela toda la noche a la espera del novio. El rosario de su padre y una Biblia que le dejó el pastor que las refugiaba fueron sus armas. Su vida se convirtió en una oración constante y así pudo salir victoriosa de aquella situación terrible que Dios permitió que vivieran algunos seres humanos. Dios nunca la abandonó, le ofreció consuelo cuando lo necesitaba, le fue poniendo señales en su camino de sufrimiento; incluso en el silencio, Inmaculée encontró la respuesta. Dios la privó de todo para darle todo, aunque para los ojos del ser humano sea algo incomprensible. Sólo con los ojos de la fe puede entenderse la experiencia de la protagonista y cómo el perdón de los asesinos es su propia salvación. 

Os aconsejo que leáis este libro despacio, meditando incluso algunos de sus fragmentos. Todo él está impregnado de la sencillez y la bondad de su protagonista que acabó perdonando personalmente a los asesinos de sus padres y hermanos.  También os aconsejo que leáis y releáis la carta de Damascene, el hermano más amado de Inmaculée antes de morir; es verdaderamente el testimonio de un mártir. 

Para terminar, me ha llamado la atención especialmente cómo parece que Inmaculée tiene una cierta candidez a la hora de contar su historia, pero es que estoy segura de que vive las palabras del Señor en el Evangelio: “Si no os hacéis y os volvéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”. 
Creo que nuestra heroína se ha hecho una niña que vive con la confianza puesta en su Señor que la salvó de la muerte. 

Un genocidio puede definirse como la aniquilación sistemática y deliberada de un grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos. Durante el siglo XX ocurrieron al menos tres genocidios que superaron el millón de muertos. Los dos primeros son muy conocidos: el padecido por el pueblo armenio por parte de los turcos y el genocidio perpetrado por los nazis contra el pueblo judío. 
El tercero es el más reciente e ignorado: el ocurrido en Ruanda, donde la mayoría hutu decidió exterminar a la minoría tutsi en una horrorosa muestra de odio colectivo impulsado por las autoridades.

Ruanda es una nación africana ubicada en el centro este de África. Durante siglos, una monarquía tutsi había mantenido la paz colectiva, hasta que la intervención belga abrió la grieta entre las etnias. En 1962, con el apoyo de esa nación europea y tras sangrientas revueltas, los hutus tomaron el poder. Los asesinatos masivos de tutsis se hicieron comunes. En 1994, tras el asesinato del presidente hutu Juvénal Habyarimana, el nuevo gobierno se radicalizó promoviendo la completa destrucción de la etnia tutsi, incluyendo el asesinato de todos sus niños, mediante grupos paramilitares. En solo 100 días se estima que murieron 800,000 tutsis y casi todas las mujeres sobrevivientes fueron violadas.

EL LIBRO

“Sobrevivir para contarlo”, prologado por Wayne Dyer, autor del best seller “Tus zonas erróneas”, es el relato en primera persona de Immaculée Ilibagiza, una joven tutsi que repentinamente se encontró inmersa en una de las cacerías humanas más terribles de la Historia. Vivió escondida en un baño junto a otras cinco mujeres durante 91 días. Solo para simbolizar las calamidades padecidas durante esos sangrientos meses, uno de sus hermanos fue muerto a machetazos por una horda hutu; uno de los asesinos se jactó de haberle partido el cráneo para ver cómo era el cerebro de alguien con una maestría.

Sin embargo, el testimonio de Immaculée no persigue efectos lacrimógenos. Todo lo contrario. Es una historia de esperanza, tal como ella misma subtituló el libro: “Cómo descubrí a Dios en medio del holocausto”. Su fe la llevó a sobrevivir durante la tragedia apoyada en la oración, luego a perdonar a los genocidas y finalmente a reconstruir una vida reducida a escombros. La autora describe dos viajes: el que contempla impotente las atrocidades cometidas contra su etnia incluso por aquellos que creía sus amigos, y el que realiza hacia dentro de sí misma, donde escudriña en profundidad sus propios sentimientos.

El libro escrito con la ayuda experta de Steve Erwin puede ser leído por cualquier persona. Su lenguaje es sencillo y directo. Además, por su contenido, puede adscribirse a otros conmovedores relatos testimoniales como “Ni reír ni llorar” de Abrahan Hartunian y “Hayrig” de Eduardo Bedrossian sobre el genocidio armenio y “He sobrevivido para contarlo” de Tadeusz Sobolewicz, “El hombre en busca de sentido”, de Viktor Frankl y “La niña que miraba los trenes partir” de Ruperto Long sobre el genocidio nazi.

EL PERDÓN

Los genocidios revelan el infinito sadismo que una persona puede tener sobre otra cuando el odio gobierna sus acciones, pero los líderes que la impulsan no actúan por emociones sino por conveniencia: demonizan al grupo que pretenden destruir, castigan a quienes asumen una posición tibia como si fueran cómplices de los perseguidos, incentivan a los perseguidores ofreciéndoles las propiedades de los perseguidos y alimentan la brutalidad con una propaganda ruidosa, monopólica y monolítica.

Hitler decía que la compasión era una debilidad cristiana. Immaculée Ilibagiza nos demuestra que es quizás la mayor virtud.



Defensor de la misión corredentora de María, tuvo un recorrido de vida similar al de tantos jóvenes, antes de comprender la caducidad de las cosas terrenales y dedicarse a las eternas.
San Gabriel de la Dolorosa, el santo de la sonrisa, defensor de la misión corredentora de María, tuvo un recorrido de vida similar al de tantos jóvenes, antes de comprender la caducidad de las cosas terrenales y dedicarse a las eternas. “Así lo quiere Dios, así lo quiero yo”, decía con decisión. En el siglo Francesco Possenti (1838-1862), undécimo de 13 hijos, nació en Asís en una familia acomodada que en 1841 se trasladó a Spoleto. Perdió a su madre con cuatro años, un luto que marcó su camino espiritual. Cada vez que el pequeño buscaba a su madre, le respondían señalando con el índice hacia arriba: “Tu mamá está allí arriba”. En su habitación tenía una estatua de la Dolorosa sosteniendo en sus brazos a su Hijo muerto, y cuando preguntaba donde estaba la Virgen la respuesta era la misma: “Allí arriba”. De este modo creció en él una tierna devoción hacia la Virgen, alimentada por el Rosario, que recitaba de rodillas junto a su padre.

Realizó sus estudios con brillantes resultados en la escuela de los Hermanos de La Salle y, después, en los Jesuitas, demostrando una inclinación especial hacia las materiales literarias. En la escuela destacaba, se vestía con elegancia, iba a cazar, al teatro, le gustaba bailar. Nunca abandonó las prácticas cristianas, ni siquiera cuando era un adolescente. Se preocupaba mucho por el sufrimiento de los pobres y la oración. En esos años vio morir a dos de sus hermanos. También él enfermó, y prometió hacerse religioso si se curaba. Se curó, pero el interés que sentía hacia una joven de su edad le hizo dudar de su vocación, una pregunta que se hizo más profunda en 1855, cuando su amada hermana María Luisa murió repentinamente. El cambio llegó al año siguiente, el 22 de agosto, durante la procesión en la octava de la Asunción. El joven, de rodillas cuando pasaba la Virgen, tuvo una clara locución interior: “Francisco, ¿qué haces en el mundo? No estás hecho para el mundo. Sigue tu vocación”.

El 21 de septiembre, Francisco, que entonces tenía 18 años, vistió el hábito de los pasionistas en Morrovalle (a poca distancia de Loreto) con el nombre de Gabriel de la Virgen de los Dolores (o de la Dolorosa). Vivió su noviciado en la observancia de la regla de la Orden fundada por san Pablo de la Cruz, entre penitencias y oraciones por los bienes eternos y del prójimo. Un año más tarde pronunció el voto típico de los Pasionistas, es decir, difundir la devoción a Cristo Crucificado. Meditando intensamente sobre la Pasión de Jesús y el vínculo místico entre los dolores del Hijo y los de la Madre (la cual “nos alumbró en el Calvario” uniendo sus sufrimientos a los de nuestro Redentor y regenerándonos como hijos suyos), hizo voto también de difundir la devoción a la Virgen de los Dolores, a la que el santo llamó en varias ocasiones en sus cartas “nuestra Corredentora”, un título que podría ser objeto de un futuro quinto dogma mariano, reconociendo la misión especial de María al colaborar, como afirma la constitución conciliar Lumen Gentium, “a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con Él y bajo Él” (n. 56).

San Gabriel, que recitaba cada día la corona de los Siete Dolores de María, ofrecía continuos sacrificios, también pequeños (renunciar a una comodidad, una palabra inútil, un acto de vanagloria, etc.). A su padre, no convencido de su vocación, le escribía: “Mi vida está realmente llena de felicidad. Padre, te ruego que creas en tu hijo, que te habla con el corazón en la mano: no cambiaría un cuarto de hora de estar ante nuestra consoladora y nuestra esperanza, la Santísima Virgen María, con un año, o el tiempo que consideres, de espectáculos y diversiones del mundo”. Cuando su padre enfermó, lo exhortó a ofrecer su enfermedad a Dios y que meditara sobre ella, no según el mundo, sino con la ayuda de buenos libros sobre el amor de Jesús y María. “Conversar con Jesús y María te consolará, te dará fuerzas, te ayudará”.

Durante sus seis años de vida religiosa tuvo como padre espiritual al venerable Norberto Cassinelli (1829-1911), que siempre estuvo unido a san Gabriel y asistió a su beatificación. Con él y otros clérigos se mudó en 1859 a Isola del Gran Sasso, en los Abruzos, donde dos años más tarde aparecieron los primeros síntomas de tuberculosis. En la última fase de la enfermedad, dado que temía que el demonio pudiera tentarlo suscitando en él el orgullo, pidió a su confesor que destruyera el diario, en el que había relatado las gracias que la había concedido la Madre celeste, que le visitó por última vez en el momento de su muerte, a primeras horas del día 27 de febrero de 1862. Hacia finales del siglo XIX, una gran mística ahondará en su propia espiritualidad pasionista tras haber leído la vida de san Gabriel, que se le apareció en varias ocasiones y que rezó por ella: santa Gema Galgani.

ELIGE: La MARCA de los SIETE DOLORES de MARÍA o La MARCA de la BESTIA. ARTURO PERIODISTA CATÓLICO

Estamos entrando en los últimos años antes de la venida de Jesús en el juicio de las naciones al final de la Semana 70 de Daniel que nosotros esperamos comience en noviembre de 2028. Así que menos de 10 años para que todo el universo sea juzgado. Pero ese juicio viene precedido por dos juicios previos del mismo Día, dos momentos que llamamos gran aviso y rescate parusíaco. 
Ahora estamos en la recta final hacia el gran aviso, y es vital no descuidarse. Porque varía mucho recibir la iluminación de conciencias en gracia y no en pecado; y si estás en gracia en la vía iluminativa recibirás el segundo pentecostés, cosa que no ocurrirá en la vía purgativa. Así que toca prepararse haciendo un último esfuerzo. 
El septenio que inauguró Prevost el 8 de mayo de 2025 culminará en mayo de 2032 acabando con la transustanciación o presencia real de Cristo en la Eucaristía. 
La batalla final, la prueba final, no es ninguna tontería. Es algo muy serio y en este video te damos las claves para poder empezar a superarla. 
Con este video iniciamos una serie de videos encaminados precisamente a que tengamos un kit de protección y guía espiritual serio y que nos pueda blindar. 
El Chaleco espiritual: Santo Rosario, Coronilla Siete Dolores, Vía iluminativa (5 piedras) La Coronilla de los Siete Dolores es un movimiento magistral. Es una devoción que no es solo "piedad", es una herramienta de resistencia para lo que viene: 
“Madre de dolor llena, graba en mi corazón tu inmensa pena” Enfocándolos en la "última prueba" de la Iglesia: 
El antecedente histórico: Los Servitas (Siglo XIII) Muchos creen que esto empezó en Kibeho, pero la Virgen fue a rescatar una tradición antigua. Origen: 
En 1233, siete comerciantes de Florencia (los Siete Santos Fundadores de la Orden de los Servitas) se retiraron al Monte Senario. La Virgen se les apareció, les entregó el hábito negro y les pidió que meditaran sus dolores. Adoptó el culto a la Virgen Dolorosa en 1239, el “rosario servita”. 
El "arma" olvidada: Con el tiempo, esta devoción quedó relegada a los conventos. En Kibeho, la Virgen dice claramente que "el mundo está mal" y que necesita que esta devoción vuelva al pueblo llano para detener la apostasía. Kibeho: 
El mensaje para la "Última Prueba" Kibeho (Ruanda, 1981) es la única aparición en África aprobada por la Iglesia y tiene un tono marcadamente escatológico. La advertencia: La Virgen le dijo a la vidente Marie-Claire: 
"Lo que os pido no es solo para Ruanda o para África, es para el mundo entero". 
El propósito: La Coronilla de los Dolores se presenta como una clave de conversión profunda. No es una oración de "pedir cosas", sino de "sentir con Ella". La Virgen advirtió que el amor se ha enfriado y que la meditación de sus dolores ablanda los corazones de piedra. Es la preparación para mantenerse firme cuando la fe sea perseguida. 
Las Promesas (El "Escudo" del devoto) Santa Brígida de Suecia recibió de la Virgen siete promesas para quienes mediten diariamente sus dolores (y aquí tienes material de oro para el programa): 
1. Paz en sus familias. 
2. Iluminación sobre los Divinos Misterios. 
3. Consuelo en sus penas y compañía en sus trabajos. 
4. Concederá cuanto le pidan, siempre que no se oponga a la voluntad de Dios o la salvación de sus almas. 
5. Defensa en los combates espirituales contra el enemigo. 
6. Asistencia en el momento de la muerte (verán el rostro de su Madre). 
7. Gracia especial de arrepentimiento: Aquellos que propaguen esta devoción serán trasladados de esta vida terrenal a la felicidad eterna directamente por Ella, pues sus pecados serán borrados. 
Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos. Amén.
Arturo Periodista Católico: LA MASA OFICIAL

Con motivo de la visita de León XIV a España para estar 6 días, llegando el día 6 del mes 6, su maquinaria incansable de propaganda y marketing ha hecho un himno oficial titulado "ALZA LA MIRADA" y, como dice al respecto el artículo de Infovaticana:
Entre acordes previsibles y letra calculada, aparece el motivo central: “los que cruzan el mar buscando un hogar”. No es un detalle. Es el eje.
Nada se dice, en cambio, de los que ya están aquí. De los que no cruzan mares porque nacieron en esta tierra y ven, año tras año, cómo su entorno se transforma sin que nadie les pregunte. De los barrios donde la convivencia ha dejado de ser un hecho para convertirse en un experimento fallido. De las calles donde la inseguridad ya no es percepción, sino estadística. De los comerciantes que bajan la persiana antes de tiempo. De las mujeres que cambian de acera. De los niños que dejan de jugar donde antes jugaban.
El himno no los menciona. No existen.
La Iglesia española ha decidido mirar en una sola dirección. Y lo hace justo antes de una visita papal que, a juzgar por este adelanto, no vendrá a confirmar a los fieles en medio de sus dificultades concretas, sino a reiterar un mensaje ya conocido, ya repetido, ya asumido como dogma sociopolítico: la prioridad absoluta del migrante, convertido en símbolo moral incuestionable".

Estaría bien que de una vez despertara Infovaticana y entendiera que no estamos ante un papa, que el último papa canónico fue Benedicto XVI, el katejon del papado, a quien pedimos su intercesión para que proteja a España ante la inminencia de este viaje que desatará catástrofes y nada bueno para España.
Ante el himno oficial "Alzo la mirada", nuestra canción respuesta de la que te dejo la letra y música en el vídeo, para describir y denunciar la cruda realidad que padecemos en este Sábado Santo de la Iglesia:

Alzo la mirada por encima de la masa,
alzo la mirada más allá de lo oficial,
y me encuentro solo,
y no entiendo nada,
cómo es posible tanto ciego y tanta nada.
Alzo la mirada más allá de lo oficial,
alzo la mirada y ya nada es igual.
Todo es un engaño, una mala noche,
en una posada dominada por extraños.
Alzo la mirada y encuentro a un impostor,
es un lobo cruel que desgarra con dolor.
caballo de Troya para ser un destructor,
todos lo consienten, ya no saben qué es amor.
Alzo la mirada digo basta, conmigo no.
No me arrastrarán al falso Cristo, falso Señor.
Falso evangelio, falsa agenda y falso Dios,
falso seguimiento que acaba en el sheol.
Alzo la mirada y entiendo que todo está aquí,
gran apostasía con descaro ante mí.
Quiero liberarme de este trago que sabe a hiel,
el Señor me dice que ya viene, que sea fiel.
Digo no a los impostores, digo sí a la Señora,
digo no a los cobardes, mi esperanza es un amén,
la verdad no negociable que no pasa,
que ya llega pronto el amo a su casa.
Alzo la mirada y espero en ti Señor,
en este mundo apóstata que deforma la verdad,
el Señor está viniendo, el Señor reinará,
reinará el Señor, la Verdad nos liberará.



Libro Sobrevivir Para Contarlo (1) by alejandra


viernes, 10 de octubre de 2025

SAMPU (SEMPO) CHIUNE SUGIHARA, JUSTO DE LAS NACIONES JAPONÉS: SALVÓ MÁS DE 6000 JUDÍOS



Chiune (Sempo) Sugihara, nacido el 1 de enero de 1900, fue el primer diplomático japonés enviado a Lituania. Nació en el seno de una familia de clase media en la Prefectura de Gifu, en la isla japonesa principal de Honshu. A veces también se conoce a Sugihara como “Chiune”, una interpretación anterior de la grafía japonesa para “Sempo”, parte de su nombre formal. 
Cuando Sugihara se fue de Lituania, ya había emitido visas a 2.140 personas. Estas visas cubrieron también a otras 300 personas aproximadamente, en su mayoría niños. Sin embargo, no todos los que tenían visas pudieron irse de Lituania antes de que la Unión Soviética dejara de otorgar visas para la salida.

En noviembre de 1939 Chiune-Sempo Sugihara, un diplomático japonés de carrera fue enviado por el gobierno de su país para servir como cónsul en Kovno (Kaunas), por entonces la capital de Lituania. Como parte de su misión, debía observar las maniobras del ejército alemán al otro lado de la frontera para que el Alto Mando japonés pudiera tener información anticipada del ataque contra la Unión Soviética.

Cuando Lituania fue anexada por la Unión Soviética en el verano de 1940 los diplomáticos extranjeros fueron notificados que debían abandonar el país hasta fines de agosto. Mientra estaba haciendo sus maletas, Sugihara fue informado de que una delegación judía estaba esperando a la entrada del consulado y solicitaba encontrarse con él. Estaba encabezada por Zeraj Warhaftig, un refugiado judío que años más tarde se convertiría en ministro del Estado de Israel. Sugihara accedió entrevistarse con la delegación para una breve conversación. Ésta había llegado con un pedido desesperado. Los refugiados judíos en Lituania estaban pasando momentos muy difíciles, viendo como las puertas de los países del mundo se cerraban ante ellos. Se había vuelto prácticamente imposible obtener visados de inmigración a cualquier parte del mundo. En su desesperada búsqueda de países que les permitieran la entrada encontraron que Curazao –en ese entonces una colonia holandesa– no exigía visados de ingreso. Ello les permitiría abandonar Lituania, pero dado que la guerra había clausurado las posibilidades de viajar hacia occidente, la delegación le solicitó al cónsul que emitiera visados de tránsito. Con éstos podrían obtener permiso para cruzar la Unión Soviética.

El cónsul japonés les pidió esperar hasta tanto obtenga una autorización de sus superiores para emitir los visados. No existía ninguna indicación que el Ministerio de Relaciones Exteriores japonés iba a acceder a ese pedido fuera de lo común. Sin embargo Sugihara estaba muy preocupado por la difícil situación de los refugiados y comenzó a emitir visados sin haber todavía obtenido la autorización de su ministerio. Nueve días más tarde llegó la respuesta de Tokio que negaba la autorización. Sugihara decidió de todos modos seguir concediendo los permisos. Su esposa relató más tarde de qué forma las dificultades de los desesperados refugiados impactaron a su marido. Después del encuentro con la delegación andaba preocupado y meditabundo, hasta que se decidió a desobedecer las órdenes y continuar. En poco tiempo, antes de que el consulado fuera clausurado, estampó aproximadamente 3.500 visados de tránsito. Gracias a Sugihara los receptores de esos visados pudieron abandonar Europa y escapar a los asesinatos que comenzaron un año más tarde. Entre ellos había muchos rabinos y sabios talmúdicos. Su fuga, por un estrecho margen, permitió restablecer las escuelas tradicionales judías en otras partes.

Con un plazo muy corto a disposición para abandonar el país y un personal escaso, Sugihara se ocupó él mismo de estampar los visados. Se dice que lo estuvo haciendo en la misma estación de trenes antes de emprender el viaje que lo alejó de Lituania. También reclutó la ayuda de algunos judíos para tal fin. Ignorantes éstos del japonés muchas de las visas fueron selladas al revés. Mientras todo esto ocurría Sugihara estaba recibiendo advertencias de Tokio de no emitir visados sin el debido procedimiento.

De Kaunas Sugihara fue enviado a abrir un consulado en Koenigsberg (hoy Kaliningrad) y luego a Bucarest. Después de su regreso al Japón en 1946 fue despedido del servicio exterior. A su entender ello fue consecuencia de su insubordinación como cónsul en Kaunas. Desde entonces tuvo que mantenerse haciendo trabajos ocasionales.

Los visados otorgados por Sugihara salvaron las vidas de muchos judíos de manos de los nazis, que invadieron Lituania en 1941.
En 1984 Yad Vashem otorgó a Chiune-Sempo Sugihara el título de Justo de las Naciones. Dos años más tarde falleció. Hoy en día es considerado un héroe en su país.


La historia que te partirá el corazón: Chiune Sugihara, el diplomático japonés que en 1940 desobedeció a su gobierno para salvar más de 6000 vidas. Escribió visas a mano hasta que sus dedos sangraron, trabajando 18 horas diarias. Un verdadero héroe que el mundo debe recordar.

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jueves, 25 de septiembre de 2025

INFANTICIDIO Y GENOCIDIO DE LOS NIÑOS DE LÍDICE, CHECOSLOVAQUIA 👦👧👦👧👦👧

 


La representación de este grupo de niños resulta, por lo menos, inquietante. Rostros mirando al frente, sin a penas expresión. Parece que interpelan a todo aquel que se atreve a posar la mirada sobre sus ojos durante unos segundos. Niños y niñas, de varias edades, algunos de la mano de sus hermanos mayores, otros en solitario. Sobrecogedora la escultura, pero más aterradora la historia que esconde bajo el bronce.

Un enfurecido Hitler recibió la noticia del asesinato del dirigente de las SS, Reinhard Heydrich, protector de la entonces Checoslovaquia, y desencadenó la tragedia. El führer ordenó la búsqueda de sus asesinos y para ello emprendió una cruel represión contra la población civil. Una de las localidades más perseguidas fue Lídice, que se había erigido como una de las más combatientes contra la entrada de los nazis. Allí asesinó en un primer momento a decenas de hombres, y capturó a mujeres y niños a los que trasladó a campos de concentración y exterminio. Los separó por etnias y muchos fueron liquidados en la cámara de gas.

En total murieron 82 niños, que en este tiempo han servido de símbolo contra la barbarie. En su memoria, la artista checa Marie Uchytilová, junto a su esposo el también escultor Jirím V. Hamplem, esculpió durante años un voluminoso grupo de figuras que representa a aquellos niños fallecidos de forma tan dramática. Es uno de los recuerdos imborrables que lleva Europa en su cargada mochila de transgresiones flagrantes contra la humanidad. La obra, ubicada en la localidad asediada, tardó en acabarse por falta de financiación y su autora nunca la vio concluida.

Es una imagen que nos pone en alerta sobre la protección de la infancia. En Europa, en Siria, en Ruanda, en Liberia, en Pakistán, en Palestina, en la frontera mexicana de EEUU, en Venezuela y en Colombia… Es la visibilización del horror en su lado más terrible. Las guerras, los conflictos, las desigualdades son asuntos que se abordan en las mesas de los mayores, de los “adultos” que tienen la capacidad, el poder, la edad… de debatirlos. Y mientras, casi siempre la infancia paga la factura de sus incoherencias en su papel de víctimas de un desastre que han heredado sin decidirlo.



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miércoles, 5 de marzo de 2025

EL CONTRACTUALISMO MODERNO Y LA CULPA POLÍTICA 😦

Este artículo analiza el problema de cómo lidiar con situaciones en las que nuestras creencias morales van en contravía de las demandas de un gobierno que cuenta con el decidido apoyo de la mayoría de los miembros de la comunidad política a la cual uno pertenece. Siguiendo las tesis que plantea Jaspers en el Problema de la culpa, se intenta mostrar que si se interpreta el concepto de culpa política propuesto por Jaspers en la línea del filósofo liberal John Locke, se puede arrojar una nueva luz sobre lo que la responsabilidad política significa. Esto también nos permitirá mostrar que las llamadas obligaciones políticas de los ciudadanos se extienden más allá de los requerimientos institucionales, asunto que ha sido el foco de recientes discusiones entre aquellos estudiosos que tratan la cuestión de la legitimidad política desde la perspectiva del contractualismo moderno. Tal extensión consiste básicamente en que los ciudadanos tienen obligaciones políticas relacionadas con la cultura política que constituyen su identidad política.
En "El problema de la culpa", un texto que se ha vuelto de obligada referencia entre aquellos que tratan de la justicia transicional, el filósofo alemán, Karl Jaspers, se propone dar cuenta de la acusación de que los alemanes son culpables como nación por las atrocidades cometidas por los nazis antes y durante la segunda guerra mundial. Para él, esta atribución de culpa colectiva en un sentido tanto moral como criminal es totalmente inaceptable, pues con ello se estaría siguiendo la misma lógica con el que los regímenes totalitarios trataron a sus enemigos. Así, mientras para los nazis, los judíos eran una plaga que amenazaba la existencia del pueblo alemán, para los estalinistas, los oponentes del régimen eran los agentes del mal del capitalismo. Jaspers, sin embargo, reconoce que la idea de culpa colectiva tiene algo de justificación, al menos en un sentido político. Según Jaspers, la culpa en un sentido político tiene que ver con la responsabilidad de los miembros de una nación por las acciones hechas por un Estado que actúa en su nombre. Este tipo de culpa se manifiesta en el hecho de que los ciudadanos tienen que sufrir los efectos de las políticas estatales; ellos tiene que pagar impuestos, obedecer las leyes vigentes, prestar el servicio militar e inclusive apoyar al gobierno. 

En el caso de los alemanes, esto significa que, independientemente de su condición política y social, ellos son políticamente responsables y no tienen otra opción que aceptar las condiciones de los vencedores. Se puede objetar contra esta forma colectiva de concebir la culpa política, que esta implica que los ciudadanos tienen que responder por acciones en los cuales ellos no están directamente involucrados. La cuestión que emerge aquí es por qué y en qué medida es el pueblo en general, el responsable por las acciones del Estado. Jaspers comienza respondiendo esta cuestión, con la afirmación de que “cada persona es corresponsable de cómo sea gobernada” (Jaspers, 1998: 53). Algunas páginas después, él clarifica su posición diciendo lo siguiente: 
Somos colectivamente responsables. La cuestión es, sin embargo, en qué sentido tiene que sentirse cada uno responsable. Sin duda en el sentido político de la corresponsabilidad de cada ciudadano por los actos que comete el Estado al que pertenece. Pero no necesariamente también en el sentido moral de la participación fáctica o intelectual en los crímenes. ¿Tenemos que responder nosotros los alemanes por las atrocidades que hemos sufrido por parte de alemanes o por aquéllas otras de las que nos hemos librado milagrosamente? Sí, en tanto que hemos tolerado el surgimiento de un régimen tal entre nosotros. No, en tanto muchos de nosotros, en nuestro fuero interno éramos contrarios a toda esa maldad, por lo que no tenemos que reconocer en nuestro interior complicidad moral por ningún acto o motivación (Jaspers, 1998: 88).
De este pasaje, se puede inferior cierta paradoja en la respuesta de Jaspers, que como veremos es en parte debido a que en ella hay una especie de mezcla de dos concepciones de la culpa políticas que bajo ciertas circunstancias no son compatibles entre sí; una de ellas se desprende de la llamada realpolitik y la otra de la concepción contractualista del Estado de corte liberal. Pero antes de analizar estas dos visiones de la culpa política es necesario explicar cuál es el sentido de la paradoja. 

Por una parte, cuando Jaspers sostiene que “la culpa política implica responsabilidad de todos los ciudadanos por las consecuencias de las acciones estatales” (Jaspers, 1998: 54), es claro que para él todos los ciudadanos alemanes, incluyendo aquellos que se opusieron al régimen, son desde el comienzo responsables políticamente y por eso tienen que soportar las condiciones impuestas por las fuerzas aliadas. 

Por el otro lado, en el mismo pasaje citado, Jaspers a continuación hace una clarificación y señala que hay una importante excepción a esta acusación colectiva: aquellos que se opusieron al régimen no son políticamente culpables. Esta excepción es aplicable al mismo Jaspers, quien se opuso desde sus inicios al gobierno nazi. Pero es el mismo Jaspers, quien se dirige al auditorio con un “nosotros” y afirma enfáticamente “nosotros, los alemanes, somos políticamente culpables” (Jaspers, 1998: 84). Así Jaspers se ve a sí mismo como culpable y no culpable políticamente. Esta paradoja no es un juego de palabras, es más bien una cuestión existencial que tiene que ver con el problema de la construcción de la identidad política. En sus reflexiones, Jaspers se considera como un heredero y renovador de la tradición alemana, pero él también se ha opuesto con todas sus fuerzas al régimen que configuró la identidad política alemana por doce años. Como alemán, Jaspers reconoce que él tiene que asumir las condiciones impuestas por los vencedores, pero como oponente del nazismo, él mismo ha sufrido las privaciones impuestas por el régimen. En esta conjunción, Jaspers enfrenta el dilema de cómo ser leal a su nación y al mismo tiempo combatir el sistema político que esa misma noción ha apoyado. 

En líneas generales, el dilema que enfrenta Jaspers plantea la cuestión de cómo lidiar con una situación que cualquiera de nosotros puede experimentar en la que nuestras creencias morales van en contravía de las demandas de un gobierno que cuenta con el decidido apoyo de la mayoría de los miembros de la comunidad política a la cual uno pertenece. 
¿Debo ser leal a la nación a la que pertenezco y apoyar las acciones del gobierno y dejar de lado mis principios morales que firmemente creo, o debo traicionar a mis conciudadanos y resistir en alguna forma las políticas y acciones injustas del Estado? 

La respuesta de Jaspers a esta pregunta es ambigua. En un pasaje clave en el cual discute los límites del poder político él escribe: “la culpa política se convierte en culpa moral allí donde, por medio del ejercicio del poder, queda destruido el poder mismo- la realización del derecho, del ethos y de la pureza del propio pueblo” (Jaspers, 1998: 55). Aquí claramente Jaspers pone juntos dos ideales que bajo circunstancias políticas extremas son mutuamente incompatibles. Uno encuentra, por un lado, el principio liberal defendido por Locke y Kant, según el cual el límite del poder político está en la idea de unos derechos naturales, derechos que tienen un carácter universal y que deben ser protegidos por las instituciones políticas; y por el otro lado, en la última parte del pasaje citado, se menciona uno de las tesis centrales de la realpolitik que afirma que el fin último del poder político es la conservación de la nación. Ahora, uno podría decir que lo que Jaspers trata de hacer es volver compatible ambas pretensiones, diciendo que “el ethos de una nación” contiene e implica el respeto a los derechos universales. Pero para un realista como Carl Schmitt tal respuesta no es convincente. Para este autor, un ejercicio legítimo del poder exige una identidad sustancial entre el gobernante y el pueblo1; y en tal sentido, lo qué es políticamente legítimo, esto es, auténtico, tiene que ser una expresión de tal identidad. 

En esta forma de ver el poder político, los ideales que definen la identidad sustancial de una comunidad política pueden estar en contravía con la idea de un derecho universal. Dado esto, se puede decir que la respuesta al dilema de Jaspers es directo: las demandas del soberano y de la nación pasan por encima de las posturas morales que los ciudadanos puedan tener. Para el realista, una persona que esté enfrentando el conflicto entre las demandas de la nación y las demandas que emanan de sus propios principios morales debe decidirse por la primera opción. Carey Joynt and Sherman Hayden, en un artículo crítico sobre la obra Hans Morgenthau, uno de los padres de la realpolitik en Estados Unidos, y quien defendió fervientemente la doctrina de que en los asuntos internacionales, la defensa de los intereses nacionales deben prevalecer sobre otros intereses, señalan que para el realista “el poder político tiende a ser tratado como si tuviese un valor absoluto” (Joynt & Hayden, 1955: 357). Así, en virtud de que el fin del poder es la preservación de la comunidad política, se sigue que tal fin se convierte en el principio supremo no solo de las instituciones políticas sino también de los seres humanos en tanto ciudadanos. 

En los pasajes citados es claro que Jaspers defiende la posición liberal y se opone a quienes ponen la lealtad de la nación por encima de sus propios principios morales. Ahora bien, la idea de que el auténtico espíritu de la nación implica el respeto a los derechos de los ciudadanos sugiere una forma de ver la tradición alemana desde la perspectiva de la ilustración; no obstante, fueron el nacionalismo extremo y las ideas anti ilustradas las que dominaron la cultura política en Alemania en las décadas de los treinta y cuarenta y no la defensa de los derechos humanos. De acuerdo con esto, lo que Jaspers parece sugerir es que con el fin de tener una politeia gobernada por el principio ilustrado del respeto a la dignidad humana, es necesario cambiar la cultura de la nación. Esto implica que las naciones y en general las comunidades políticas deben ser vistas como entidades culturales que no son meramente dadas y cambiadas por fuerzas anónimas e incontrolables, sino también como algo que puede ser deliberadamente transformado por los ciudadanos. 

Desde Platón y Aristóteles, es un truismo decir que para mantener el poder político en el largo plazo se requiere el apoyo del pueblo. Este apoyo no se obtiene solo a través del miedo, este demanda algo más que se fundamenta en razones éticas y morales. La humanidad ha sido testigo en el pasado siglo de atrocidades cometidas por Estados que han contado con el apoyo popular, se ha vuelto el principal argumento contra quienes ponen la defensa de los intereses nacionales como el principio absoluto de la política; este tipo de eventos claramente señalan que debe haber restricciones morales que trasciendan las particularidades de las comunidades políticas. Es en este punto en el que la realpolitik encuentra sus límites y donde la otra concepción de la responsabilidad política, mencionada arriba, resulta provechosa. En el resto de este artículo, lo que deseo mostrar es que si se interpreta el concepto de culpa política propuesto por Jaspers en la línea del filósofo liberal John Locke, se puede arrojar una nueva luz sobre lo que la responsabilidad política significa. Esto también nos permitirá mostrar que las llamadas obligaciones políticas de los ciudadanos se extienden más allá de los requerimientos institucionales, asunto que ha sido el foco de recientes discusiones entre aquellos estudiosos que tratan la cuestión de la legitimidad política desde la perspectiva del contractualismo moderno2. Tal extensión consiste básicamente en que los ciudadanos tienen obligaciones políticas relacionadas con la cultura política que constituyen su identidad política.
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1 Schmitt expone sus tesis acerca de esta identidad, en sus análisis sobre la democracia. Sus tesis sobre la democracia y sobre la identidad substancial el pueblo y el gobernante las desarrolla en dos importantes textos: (Schmitt, 2008: 264-267) y (Schmitt, 1985: 9-12).
2 Véase especialmente el trabajo de John Simmons (Simmons, 1979); (Pitkin, 1965) y (Beran, 1977).

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El Contractualismo Moderno y la Culpa Política. Por: Wilson Ricardo Herrera Romero by Yanka