EL Rincón de Yanka: AFRICA

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jueves, 10 de septiembre de 2026

LIBRO "EL CAMPAMENTO DE LOS SANTOS" (EL DESEMBARCO) por JEAN RASPAIL: SER ES DEFENDERSE


EL  CAMPAMENTO 
DE  LOS  SANTOS
EL  DESEMBARCO

JEAN RASPAIL


Se acaba la era de los mil años. Ya salen las naciones 
que están en los cuatro lados de la tierra 
y que abundan tanto como la arena de los mares. 
Partirán en expedición por la superficie de la tierra, 
ocuparán el Campamento de los Santos y la muy amada Ciudad.
Apocalipsis 20, 7-9

Podríamos buscar juntos un nuevo estilo de vida 
que permitiera la existencia de ocho mil millones 
de seres humanos que se calcula poblarán el planeta en el año 2000. 
De lo contrario, no hay suficientes bombas atómicas 
que puedan contener el maremoto constituido 
por los miles de millones de seres humanos que, 
intentando sobrevivir, partirán un día de la patria meridional 
y pobre del mundo para irrumpir en los espacios 
relativamente abiertos del rico hemisferio septentrional. 
H. Boumedienne, presidente de Argelia (marzo de 1974) 

La pregunta es ahora: ¿cómo vamos a inventar 
un modo de relación pacífico con un grupo importante 
que ya forma parte del Estado francés, 
que tiene derecho a ser lo que es, puesto que se trata 
de una situación de hecho que hemos acepado y querido? 
¿Cómo vamos a inventar modos de coexistencia 
dentro de Francia que posibiliten tal cohabitación 
dentro del amor y el respeto de la libertad de cada cual? 
Es ésta una de las tareas de las generaciones venideras. 
Cardenal Lustiger (abril de 1984)
En esta profética novela, escrita a principios de los 70, el autor nos plantea un dilema de gran actualidad y que resuelve él mismo con una trama predeterminada por la decadencia ideológica de Occidente. 
¿Qué pasaría si un millón de indios arribasen al unísono a las costas europeas?
Un domingo de Pascua, al anochecer, cien navíos herrumbrosos zarpan de un muelle del Tercer Mundo con un millón de hambrientos a bordo. No portan armas. No quieren conquistar. Solo anhelan un futuro mejor.
Mientras la flota cruza el mar rumbo a Europa, Occidente contempla paralizado el espectáculo. Los gobiernos se reúnen sin decidir, los obispos predican misericordia, los periodistas celebran el acontecimiento, los militares aguardan órdenes que nunca llegan. Solo unos pocos intuyen que lo que está en juego no es una frontera ni una política: es la supervivencia de la sociedad en la que viven.
Con la fuerza de una parábola bíblica y la precisión de un cronista, Jean Raspail planteó las preguntas que Occidente no se atreve a responder: si tiene derecho a defenderse, y si siquiera lo desea. Medio millón de ejemplares después, sigue siendo la novela más incómoda y más lúcida sobre el porvenir de Europa.

En su obra más conocida, "El desembarco, publicada en 1973", Raspail predice el colapso de la civilización occidental como consecuencia de una abrumadora ola de inmigración del Tercer Mundo. El libro ha sido traducido al inglés, alemán, español, italiano, afrikáans, checo, neerlandés, polaco y portugués, y desde 2006, se estima que han sido vendidas más de 500,000 copias. En un artículo coescrito en 1985 para la revista Le Figaro, Raspail reiteró los puntos de vista dados en esta novela, afirmando que “la proporción de la población inmigrante no europea de Francia seguiría creciendo, y esto a su vez pondría en peligro la supervivencia de los valores, la cultura y la identidad francesa”.
Raspail fue candidato a la Academia Francesa en el año 2000, por lo cual recibió la mayoría de los votos, pero finalmente no obtuvo los votos requeridos para la elección al puesto vacante de Jean Guitton.
Criticó la política de inmigración francesa en un artículo para la revista Le Figaro publicado el 17 de junio de 2004 con el título La patria traicionada por la República. El artículo fue demandado por la Liga Internacional contra el Racismo y el Antisemitismo por “incitación al odio racial”, pero el tribunal rechazó la acción el 28 de octubre de ese mismo año.

«El verdadero valor de la novela no está en adivinar acontecimientos, sino en conmovernos al mostrar cómo se adaptan las liturgias y las almas cuando colapsa una civilización superior» (Kiko Méndez-Monasterio, del prólogo).
«La clave no estriba tanto en exponer una invasión; lo que expone, más bien, representa una capitulación. Y las capitulaciones rara vez se producen porque el enemigo sea invencible: se producen porque el capitulado ha dejado de creer que merezca la pena resistir» (Miguel Ángel Quintana Paz, del epílogo).

PREFACIO 
A LA TERCERA EDICIÓN FRANCESA (1985)

Publicada por primera vez en 1973, esta novela anticipa una situación que actualmente resulta plausible y constituye una amenaza cuya eventualidad ya a nadie le parece inverosímil: describe la invasión pacífica de Francia, luego de Occidente, por el tercer mundo convertido en multitud. En todos los ámbitos — conciencia universal, gobiernos, equilibrio de civilizaciones y, sobre todo, en el fuero interno de cada cual— se plantea la misma pregunta, pero demasiado tarde: ¿qué hacer? ¿Qué hacer, puesto que nadie puede renunciar a su dignidad de hombre a costa de consentir el racismo? ¿Qué hacer, puesto que, al mismo tiempo, cualquier hombre —y cualquier nación— tiene el derecho sagrado de preservar sus diferencias y su identidad en nombre de su futuro y de su pasado? 

Nuestro mundo se ha constituido en medio de una extraordinaria diversidad de culturas y razas que sólo han podido desarrollarse, a menudo hasta la última y particular perfección, mediante una necesaria segregación de hecho. 

Los enfrentamientos que de ello se derivan y que siempre se han derivado no son enfrentamientos racistas —y ni siquiera raciales. Forman parte simplemente del movimiento perpetuo de las fuerzas que, oponiéndose, forjan la historia del mundo. Los débiles se eclipsan, después desaparecen; los fuertes se multiplican y triunfan. El expansionismo occidental, por ejemplo, desde las Cruzadas y los grandes descubrimientos terrestres y marítimos hasta la epopeya colonial y sus últimos combates de retaguardia, obedecía a diversos motivos —nobles, políticos o mercantiles—, pero en los cuales el racismo no ocupaba ningún lugar y no desempeñaba ningún papel, salvo quizás entre las almas viles. La correlación de fuerzas estaba a nuestro favor, esto es todo. Tanto si se aplicaba las más de las veces en detrimento de otras razas —aunque algunas de ellas fueron salvadas de su adormecimiento natural—, dicha correlación sólo era la consecuencia de nuestra sed de conquista: no un motor y ni siquiera una coartada ideológica. 

Hoy, cuando la correlación de fuerzas se ha invertido diametralmente y nuestro antiguo Occidente, trágicamente minoritario en esta tierra, refluye tras sus murallas desmanteladas y ya está perdiendo batallas en su propio territorio; hoy, cuando Occidente empieza a percibir, asombrado, el sordo estruendo de la formidable marea que amenaza con sumergirlo, es preciso acordarse de lo que anunciaban los antiguos relojes solares: 
«Es más tarde de lo que crees...». Esta última referencia no ha surgido de mi pluma. La escribió Thierry Moulnier a propósito, precisamente, de El desembarco. Perdóneseme por citar otra referencia, la del profesor Jeffrey Hart, de la universidad de Princeton, cronista literario y célebre columnista estadounidense: «Raspail no escribe sobre la raza: escribe sobre la civilización»

El desembarco es, por lo demás, un libro simbólico, una especie de profecía bastante brutalmente puesta en escena con los medios de que disponía, pero al ritmo de la inspiración, pues si un libro me ha sido alguna vez inspirado, tengo que confesar que ha sido exactamente éste. 
¿De dónde diablos hubiera podido, si no, sacar la fuerza de escribirlo? De ese trabajo de dieciocho meses salí, por lo demás, irreconocible, a juzgar por la foto de contraportada de la primera edición de 1973: un rostro agotado que aparentaba diez años más de los que tengo ahora, y cuya mirada era la de alguien al que han atormentado demasiadas visiones. Y, sin embargo, lo que en este libro correspondía a mi verdadera naturaleza era, precisamente, el mucho humor que también se desgrana en él: un buen humor hecho de ridiculización, en que lo cómico aparece bajo lo trágico, con una cierta dosis de bufonería como antídoto del apocalipsis. 

Siempre he sostenido que, pese a su tema, esta novela no es un libro triste, y estoy agradecido a quienes como Jean Dutourd, en particular, así lo han comprendido: «Como nuestro Occidente se ha convertido en un payaso, su tragedia final bien pudiera ser una enorme payasada. Es por ello por lo que este libro terrible es, en el fondo, tan cómico». Para volver a la acción de El desembarco, si ésta constituye un símbolo, no pertenece a la utopía, o, mejor dicho, ya ha dejado de pertenecer a la utopía. Si profecía hay, hoy estamos viviendo sus primicias. 

Simplemente, en El desembarco esta profecía es tratada como una tragedia a la antigua, con unidad de tiempo, lugar y acción: todo sucede durante tres días en las costas del sur de Francia, donde queda sellado el destino del mundo blanco. Siguiendo mecanismos que desde 1973 se describían, por lo demás, en esta novela (boat people, radicalización en Francia de la comunidad magrebí y de otros grupos alógenos, gran acción sicológica de las ligas humanitarias, exacerbación del evangelismo entre los responsables religiosos, angelismo de las conciencias, negativa a encarar la realidad, etc.), el proceso está, en la realidad, muy avanzado, pero el desenlace no estallara en tres días, sino que lo hará, casi con toda seguridad, después de numerosas convulsiones acontecidas en las primeras décadas del tercer milenio —apenas dentro de una o dos generaciones. 

Cuando se sabe lo que representa hoy una generación en nuestros viejos países europeos —generación «ahí-me-las-den-todas», a imagen de la familia «ahí-me-las-den-todas» y de la nación «ahí-me-las-den-todas»—, a uno se le rompe el corazón y le embarga el desaliento. Basta pensar en las terribles previsiones demográficas para los próximos treinta años, y las que voy a citar nos son las más favorables. Cercados en medio de siete mil millones de hombres, se hallan setecientos millones de blancos, apenas un tercio de los cuales —y poco frescos, muy envejecidos— se encuentran en nuestra pequeña Europa, teniendo frente a ellos, al otro lado del Mediterráneo y procedentes del resto del mundo, una vanguardia de cerca de cuatrocientos millones de magrebíes y musulmanes, el cincuenta por ciento de los cuales tiene menos de veinte años. 

¿Cabe imaginar un solo instante, y en nombre de qué política de avestruz, que se pueda sobrevivir en medio de tal desequilibrio? Hablando de ello, ha llegado ahora el momento de explicar por qué, en El desembarco, son masas humanas procedentes del lejano Ganges y no de orillas del Mediterráneo las que invaden el sur de Francia. Se debe a diversas razones. Una de ellas consistía en cierta prudencia por mi parte y, sobre todo, a mi rechazo de entrar en el debate trucado del racismo y del antirracismo en la vida francesa, así como a mi repulsa por ilustrar, con riesgo de envenenarlas, tensiones raciales ya perceptibles pero aún no candentes. Es cierto, ya se encuentra entre nosotros una considerable vanguardia, la cual manifiesta claramente la intención de quedarse, al tiempo que rechaza la asimilación; una vanguardia que, dentro de veinte años, contará dentro del pueblo antiguamente francés con más de un treinta por ciento de alógenos sumamente «motivados». 

Es una señal, pero sólo una señal. Uno puede detenerse en ella. Uno puede incluso, a este respecto, emprender algunas escaramuzas, al tiempo que ignora o finge ignorar que el verdadero peligro no reside sólo ahí, sino que está en otro sitio, está por llegar, y por su amplitud será de naturaleza distinta. Tengo en efecto la convicción de que, a escala planetaria, todo se desencadenará como en un billar en el que las bolas se empujan unas a otras a partir de un impulso inicial, el cual podría surgir en cualquiera de estas inmensas reservas de miseria y de multitud como las existentes ahí, en el Ganges.

Probablemente las cosas no sucedan exactamente como lo he descrito, pues "El desembarco" sólo es una parábola, pero a fin de cuentas el resultado no será distinto, aunque quizás se produzca siguiendo formas más difusas y aparentemente más tolerables. Así fue como murió el imperio romano: a fuego lento, es cierto, aunque esta vez puede que se produzca un incendio repentino. Se dice que la historia nunca se repite, lo cual es una enorme majadería. La historia de nuestro planeta no está hecha sino de vacíos sucesivos y de ruinas que otros, a su vez, han ido llenando y en algunas ocasiones regenerando. 

Lo cierto es que Occidente está vacío, por más que aún no esté verdaderamente consciente de ello. Civilización extraordinariamente inventiva, la única capaz de responder a los inconmensurables desafíos del tercer milenio, Occidente ya no tiene alma. A escala de las naciones, razas y culturas, así como a escala individual, es siempre el alma la que gana los combates decisivos. Es ella, y sólo ella, la que constituye la trama de oro y bronce con que se forjan los escudos que salvan a los pueblos fuertes. Casi ya no diviso alma entre nosotros. 

Mirando, por ejemplo, a mi propio país, Francia, tengo a menudo la impresión, como en una pesadilla despierta, de que muchos franceses «de origen» sólo son actualmente como moluscos que viven en las conchas abandonadas por los representantes de una especie ya desaparecida, que se llamaba la especie francesa y en nada presagiaba a la que, por no se sabe qué misterio genético, se ha amparado ahora de este nombre. Se contentan con durar. Aseguran marginalmente su sobrevivencia día a día y de forma cada vez más blanda. 

Enarbolando la bandera de una ilusoria solidaridad interna y «tranquilizadora», ya no son solidarios de nada, y ni siquiera son conscientes de nada de lo que constituye el esencial fondo común de un pueblo. En el plano práctico y materialista —el único que aún puede encender una lucecita de interés en su mirada envidiosa—, constituyen una nación de muy pequeños burgueses que, en medio de una riqueza heredada y cada vez menos merecida, se ha pagado y aún se paga, en plena crisis, a millones de domésticos: los inmigrados. 

¡Ah, cómo van a temblar! Los domésticos tienen numerosísimos parientes más allá y más acá de los mares —en realidad tienen una sola y famélica familia que puebla toda la tierra. Espartaco a escala planetaria... Por citar sólo un ejemplo entre mil, la población de Nigeria, en África, cuenta con cerca de setenta millones de habitantes que su país es incapaz de alimentar, puesto que dedica más del cincuenta por ciento de sus ingresos petrolíferos a adquirir alimentos. 

A comienzos del tercer milenio habrá cien millones de nigerianos y el petróleo se habrá agotado. Pero el muy pequeño burgués sordo y ciego sigue siendo un bufón que ni se entera. Aún disfrutando milagrosamente de la abundancia en sus fértiles prados de Occidente, grita mirando de reojo a su vecino más inmediato: «¡Que paguen los ricos!» 
¿Se entera al menos, pero, en fin, se entera de que el rico es precisamente él? ¿Se entera de que este grito de justicia, este grito de todas las revueltas, clamado por miles de millones de voces, es contra él, y contra él solo, contra quien pronto se alzará? He ahí todo el tema de El desembarco. Entonces, ¿qué hacer? Soy novelista. No tengo teoría, sistema o ideología que proponer o defender. Me parece tan sólo que ante nosotros se presenta una única alternativa: aprender la valentía resignada de ser pobres o volver a encontrar la inflexible valentía de ser ricos. En ambos casos, la caridad denominada cristiana se revelará impotente. Serán crueles esos tiempos. 
J.R.
Jean Raspail denuncia en su novela el suicidio programado de Europa: una civilización decadente, paralizada por la culpa y el sentimentalismo, que se entrega dócilmente a la invasión demográfica, renunciando a su alma, su historia y su derecho a vivir.

En los últimos tiempos estamos viviendo las consecuencias del colapso europeo a través del fenómeno migratorio, que no es en absoluto casual y es evidente que obedece a intereses espurios, ajenos a los deseos y anhelos de los diferentes pueblos que componen el conjunto de naciones de la Europa occidental. Ciertamente es un tema censurado por los grandes medios de comunicación, objeto de manipulaciones y tergiversaciones desinformativas, como buenos apéndices mediáticos del aparato político que son. El reciente caso de Torre Pacheco (Murcia, España) nos ofrece un buen ejemplo de ello, aunque no vamos a entrar directamente en este caso particular, que nos haría perder una perspectiva mucho más general del tema, que es necesaria para comprender la dimensión del problema.

Queremos tomar como ejemplo la novela de Jean Raspail (1925-2020), afamado escritor francés de orientación tradicionalista católica, que publicó en 1973 Le camp des saints, traducida al español como «El campamento de los santos» o «El desembarco». No se trata de una simple novela, de la narración de una historia más, sino de una parábola radical sobre el colapso moral y espiritual de Occidente, o más bien de Europa (no nos gusta referirnos en estos términos a Europa, dado que consideramos que es un concepto ideológico que nos remite a la Europa sometida a Estados Unidos y sus adláteres). Escrita con un estilo profético, una enorme lucidez visionaria, violencia estética y teñida de un humor trágico, nos presenta unos hechos que ya se perfilaban amenazantes sobre el horizonte, en una especie de escenificación hiperbólica y simbólica que narra la disolución de Europa, su destrucción bajo el peso de un doble fenómeno: por un lado el nihilismo interno, que nos recuerda a aquella sentencia de Will Durant, cuando dice aquello de que «Una gran civilización no es conquistada desde fuera hasta que no se ha destruido a sí misma desde dentro»; por otro lado, por la presión demográfica y cultural externa, procedente del Tercer mundo.

La imagen central de la obra es tan poderosa como grotesca, una flota de barcos desvencijados salidos de las costas de la India y cargados con cerca de un millón de inmigrantes de todas aquellas latitudes del sudeste asiático que llega hasta el Sur de Francia. Las consecuencias inmediatas de este hecho no suponen ningún enfrentamiento y, lejos de ser rechazados, los viajeros de aquellos barcos cochambrosos representan una extraña paradoja, en la que los supuestos débiles, los que huyen de su lugar de origen, representan la voluntad de vivir frente a los teóricos fuertes, la civilización europea, que ha decidido morir. Se trata de una rendición que trasciende lo físico y material, tiene un carácter moral, psicológico y espiritual. Es una Europa que ha renunciado a sí misma, a su esencia e idiosincrasia.

Una vez esbozado el eje central de la obra, es obvio que las acusaciones de racismo, ya en aquella época, iban a prevalecer sobre cualquier otro criterio y visión interpretativa. El propio Jean Raspail era consciente de que se le acusaría de ello, pero lo cierto es que no convierte las cuestiones raciales en el centro de su relato. Lo que realmente le interesa al escritor francés es la pérdida del alma por parte de la civilización europea, la cual ha sustituido sus precedentes certezas históricas por una vergüenza histórica, sentimentalismo humanitario y autodesprecio. Estos últimos son precisamente tres de los motivos que han articulado en la actualidad el discurso de aceptación de la inmigración en Europa. Por eso hablamos del suicidio de una civilización que ha dejado de creer en el derecho a existir, esa es la idea dominante a lo largo del libro. Una Europa que renuncia a su fuerza y vitalidad interna, ante su voluntad, su dignidad, su memoria y su conciencia histórica.

Una fábula profética y cruel

A pesar de que el relato tiene una estructura de novela, lo cierto es que podemos ver un método de parábola asociado a su desarrollo, al estilo de las tragedias clásicas, es decir, hay una unidad de tiempo, de lugar y de acción. Todo transcurre en un corto espacio de tiempo, concretamente en tres días. No hay digresiones ni subtramas complejas. El ritmo de la novela está concentrado para generar una sensación sobre el lector de fatalidad inminente y desolación. Podríamos calificar la novela como de una épica negativa, la crónica escrita de un desastre inaplazable e inevitable.

Raspail confesaba haber escrito esta novela en una situación de trance, presa de una inspiración profunda. Y pese a lo trágico que envuelve la trama, tampoco podemos hablar de un relato lúgubre y oscuro, sino que también encontramos muestras de un humor negro y corrosivo, de una sátira descarnada contra la hipocresía de las élites europeas. Unas élites y personalidades públicas compuestas por políticos cobardes, intelectuales degenerados, religiosos sentimentalistas, artistas abstractos, periodistas rastreros y todo tipo de personajes decadentes, degenerados y sin el menor ápice de dignidad. Todos ellos componen un cuadro inmejorable de la decadencia integral de Europa.

La novela busca precisamente eso, sacudir las conciencias embotadas en la ilusión de lo material y lo crematístico que domina las sociedades europeas, que se ve retratada a través de imágenes burlescas y caricaturescas, deliberadamente exageradas. No se trata de una novela para complacer, ni de un cuadro de personajes adaptado al gusto burgués, sino que todo está orientado a agitar y forzar a ver lo que la mayoría se niegan a ver, que el mundo que habitamos está compuesto en base a un relato, en ningún caso a la verdad. Vivimos bajo una mentira espiritual, un simulacro de fe en la igualdad universal que esconde una profunda voluntad de sumisión.


El Desembarco - Jean Raspail by BRUSI


 
«El campamento de los santos», de Jean Raspail, con Kiko Méndez-Monasterio y M. Á. Quintana Paz

SER ES DEFENDERSE

martes, 1 de septiembre de 2026

⛤LIBRO "MARRUECOS, EL VECINO INCÓMODO": TODAS LAS CLAVES DEL REINADO DE MOHAMED VI por SONIA MORENO


MARRUECOS, 
EL VECINO 
INCÓMODO
Todas las claves del reinado 
de Mohamed VI y de una relación 
imprescindible para España

Una obra fundamental para entender las ambiciones geoestratégicas, territoriales y económicas de nuestro vecino del sur, así como su actitud y percepción hacia España.
Nos guste o no, Marruecos es esencial para nuestro país en las relaciones internacionales, el comercio, los flujos migratorios y la seguridad. Esta realidad contrasta con una alarmante dejadez de la opinión pública española que puede costarnos muy cara.
La periodista Sonia Moreno, corresponsal en Marruecos durante más de una década, se apoya en relevantes testimonios directos y nos ofrece un análisis único de la monarquía de Mohamed VI, un régimen que combina la modernización con un férreo control ejercido por los servicios de inteligencia y la represión de las voces críticas.
El libro aborda las crisis migratorias, el espionaje con Pegasus y el apoyo de Pedro Sánchez al plan marroquí para el Sáhara Occidental. También analiza las tensiones con Argelia, las alianzas militares con Estados Unidos e Israel y el papel estratégico del Magreb, así como la situación de Ceuta y Melilla o las aguas del archipiélago canario.
INTRODUCCIÓN

Existen dos grandes misterios sin resolver en los veinticinco años de reinado de Mohamed VI: el espionaje con el programa Pegasus y el giro copernicano del presidente Pedro Sánchez para apoyar el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental. Ni el rey de Marruecos ni el presidente del Gobierno de España han dado explicaciones sobre los motivos o las intenciones de estos asuntos. Dos momentos en las relaciones bilaterales que han suscitado diferentes teorías, pero ninguna verdad. A lo largo del libro intentaremos explicar las diferentes teorías, el modus operandi de este espionaje. También veremos cómo Marruecos está implicado en casos de persecución a periodistas y activistas con otros métodos más sencillos de comprobar que el sistema israelí. 

La espina dorsal de este reinado es el reconocimiento de la soberanía del Sáhara Occidental, una herencia de Hassan II, que el rey Mohamed VI quiere dejarle resuelto, o al menos muy encaminado, a su heredero, que sin duda será su hijo Moulay Hassan, el futuro rey Hassan III. Así, mandatarios como Pedro Sánchez o Emmanuel Macron, ambos acechados con Pegasus, claudicaron en el reconocimiento del plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental ante la presión de Rabat. 

Igualmente, dos escenarios de crisis marcan los últimos veinticinco años del país vecino: el incidente de Perejil durante el mandato de José María Aznar y el suceso fronterizo de España y Marruecos de 2021 con Pedro Sánchez como presidente. Ambos son ejemplos claros de hasta dónde está dispuesto a llegar el país vecino. En el primero, una escalada en la tensión diplomática bilateral desde la llegada al trono de Mohamed VI culminó con la ocupación de la isla de Perejil en julio de 2002, durante el mandato de Aznar, incluyendo la retirada del embajador marroquí en España en octubre de 2001. El islote fue recuperado por fuerzas especiales españolas y no se produjo ninguna víctima. Un año más tarde, en mayo de 2003, tuvieron lugar los atentados en Casablanca contra diversos objetivos en la ciudad marroquí, entre los que se contaba el restaurante del centro cultural Casa de España y la Cámara de Comercio española, que está junto a ella. Estos atentados, junto con los de Madrid en 2004, cambiaron la manera de relacionarnos con Marruecos. Hay que añadir también la crisis diplomática originada en 2021 por la acogida en España de Brahim Gali, secretario general del Frente Polisario, que fue ingresado en un hospital de Logroño en estado grave por COVID-19. Entonces, la Gendarmería Real Marroquí permitió entrar a aproximadamente 12.000 personas a Ceuta en solo dos días, de las cuales al menos 1.500 eran menores de edad, aunque la mayoría fueron devueltos a Marruecos en pocos días, según la presidencia de la ciudad. Desde hace muchos años, tanto el control de la migración como del terrorismo son las dos herramientas que utiliza Marruecos para coaccionar a terceros, y han modificado las relaciones bilaterales con España y con la Unión Europea. 

La situación geoestratégica del país magrebí, su rearme en los últimos años, las recientes alianzas con Israel y los lazos más que fortalecidos con Estados Unidos suponen una serie de dificultades para España. A eso hay que añadir, especialmente, el conflicto que Marruecos mantiene con Argelia, su vecino, y el Frente Polisario, actores que también son cercanos a nuestro territorio. 

El control de Marruecos se extiende fuera de sus fronteras. Tal como desveló en los diarios franceses Mediapart y L’Humanité el historiador, profesor universitario, escritor, periodista, activista político y defensor de los derechos humanos Maâti Monjib, «los servicios de inteligencia tienen archivos de todas las personalidades públicas. El más mínimo desacuerdo te expone, inmediatamente, a la deshonestidad». Monjib ha estado en prisión bajo la acusación de «atentar contra la seguridad del Estado y fraude», y ahora tiene prohibido abandonar el país. Esa censura, y una condena de cárcel, también la han padecido el periodista Omar Radi y otras personas críticas con el régimen, como veremos a lo largo de estas páginas. 

Solo nos separan 14 kilómetros de Marruecos. España se ha convertido en su primer socio comercial y en un aliado estratégico; sin embargo, los marroquíes saben más de España que los españoles de Marruecos. El país vecino es un gran desconocido porque, más allá de tomar el sol y surfear en sus playas, regatear y comprar en los zocos, perderse por las medinas, caminar por las montañas del Atlas, visitar el patrimonio histórico y cultural y comer cuscús, tajines o dulces, ¿qué sabemos del Reino alauita? Lo cierto es que Mohamed VI no se deja ver con asiduidad y ha concedido contadas entrevistas en sus veinticinco años de reinado, la mayoría fuera de Marruecos. De hecho, ha recibido a muy pocos periodistas de medios españoles. Visitó España en 2000 y 2005, pero aún nos preguntamos: 
¿Cómo es el rey de Marruecos? ¿Cuáles son los asuntos pendientes de este reinado? ¿Cuándo y en quién abdicará? ¿Han cambiado las relaciones entre las monarquías española y la marroquí, tras la muerte de Hassan II y la retirada del emérito Juan Carlos I? ¿Por qué Rabat no acogió al anterior rey español, refugiado en los Emiratos Árabes Unidos? ¿Qué hay de las relaciones bilaterales con España? ¿Qué papel desempeña el Gobierno marroquí? ¿Cómo funcionan los dos servicios secretos del país vecino? Y, finalmente, ¿por qué el espionaje con Pegasus señala a Rabat? 

Estas son algunas de las cuestiones que se intentan responder en este libro, que pretende echar la mirada atrás y recorrer los veinticinco años del reinado de Mohamed VI, haciendo hincapié en lo que ha significado para las relaciones con la monarquía, los servicios de inteligencia y los diferentes gobiernos españoles. Esto puede ayudarnos a estar más informados y bien documentados respecto a nuestro vecino del sur. Es esencial conocer mejor a Marruecos porque nuestra posición geográfica nos condena a entendernos. Marruecos es importante para España porque supone la puerta de entrada a África, y España es importante para Marruecos porque es el eslabón con Europa. A pesar de esa cercanía, nuestras relaciones fluctúan entre un tira y afloja, y si estamos al corriente de las alianzas y las rivalidades podremos evitar las crisis futuras, o al menos prever hasta cierto punto lo que nos viene encima. 

Mohamed VI, el «sobrino» del emérito Juan Carlos I y «primo» de Felipe VI, es el máximo representante del poder monárquico, ejecutivo, militar y religioso en el país vecino. Su dinastía reina desde hace un cuarto de siglo al sur de España, en la puerta de África, y lucha por recuperar el Gran Magreb.1 En 2024 se cumplieron los veinticinco años de su subida al trono. Por eso, hemos considerado necesario realizar un repaso a ese cuarto de siglo, siempre desde el análisis de los hechos, con una perspectiva geoestratégica y con informaciones recogidas sobre el terreno. 

Mohamed VI destaca por su faceta de empresario y son sobresalientes su capacidad de gestión y su perfil económico. De hecho, esta vertiente más financiera lo diferencia de su predecesor, Hassan II, con un sistema preponderadamente político y diplomático. A pesar de la concentración de poderes que representa, la popularidad del monarca ha descendido en este cuarto de siglo, con la oposición de los conservadores, que no están de acuerdo con impulsar avances sociales ni con las amistades de palacio. Molesta la relación personal que el soberano mantiene con Abu, Omar y Ottman Azaitar, tres hermanos boxeadores, sobre todo porque están restando oportunidades a la burguesía, especialmente en el norte del país, donde los amigos del rey han abierto negocios propios. 

Además, determinados grupos que han adquirido mucho poder en estas décadas intentan arrinconarlo para cobrar protagonismo. 
«¿Está el jefe de la seguridad marroquí —en referencia a Abdellatif Hammouchi— dando un golpe de Estado, convirtiendo al país en un Estado fallido que Londres, París y Washington ya no pueden reconocer ni influenciar?», preguntaba de manera retórica el sitio de información Maghrebi.org, en su edición del 28 de mayo de 2024. 

Marruecos es uno de los países modelo en África, con una gran estabilidad dentro del mundo árabe. Sorteó las consecuencias de la Primavera Árabe de 2011, y además es un enclave de la geopolítica, el comercio, la cultura y el deporte regionales. Sin embargo, en la sombra está controlado por un temido aparato de inteligencia y seguridad que se ha colado por las grietas que ha dejado un rey que, de alguna manera, ya está de salida. El jefe de la seguridad del país, Abdellatif Hammouchi, no solo ha impuesto su mano dura con los testigos de la represión, los disidentes, los activistas, los críticos y los periodistas libres, a los que ha sometido y encarcelado, sino que además usurpa la imagen oficial del monarca entre las grandes masas. Dirige a la vez la Direction Générale de la Surété Nationale (DGSN), es decir la Policía, y la Direction Générale de la Surveillance du Territoire (DGST), uno de los servicios secretos marroquíes encargado de la lucha contra el terrorismo.2 Cada vez es más frecuente verlo controlando los campos de fútbol o recibir ovaciones en eventos multitudinarios a los que no acude Mohamed VI, como si se tratara del jefe del Gobierno o del Estado. 

Hammouchi se ha llegado a reunir con la CIA en Madrid después de conocerse el espionaje con Pegasus a España. Sin embargo, su última jugada fue difundir una fotografía suya acompañado del rey Felipe VI durante la celebración oficial en mayo de 2024 de los doscientos años de la creación del Cuerpo Nacional Policía español. Y eso a pesar de que el Gobierno de coalición intentó evitar que su visita tuviera repercusión, porque estuvo acusado en Francia de presuntas torturas y de estar detrás del espionaje con Pegasus. En todo caso, Hammouchi fue el único responsable de seguridad e inteligencia africano que asistió a este evento. 

En estos últimos veinticinco años, las relaciones de las monarquías marroquí y española han sido más estables que las de los respectivos gobiernos. En todo caso, ese vínculo afectivo ha decaído. Esto quedó en evidencia cuando el rey Juan Carlos I salió de España en 2020 tras las investigaciones abiertas en Suiza y en España sobre los supuestos fondos acumulados en paraísos fiscales. ¿Por qué Mohamed VI no lo acogió en Marruecos? La inteligencia de un país occidental considera que las buenas relaciones de Rabat con Londres impidieron que le diera asilo. Corinna zu Sayn-Wittgenstein-Sayn —así se la identificaba en los procesos judiciales en Reino Unido—, conocida como Corinna Larsen, examante del monarca, había denunciado acoso ante la justicia británica. Por lo tanto, en el supuesto de que hubiera perdido el juicio, el Reino Unido podía haber pedido la extradición de Juan Carlos I a países aliados como Marruecos. Asimismo, una grabación del polémico comisario José Manuel Villarejo a Corinna destapó en Londres en 2015 que Juan Carlos I la utilizaba como testaferro en Marruecos. «Te levantas por la mañana y alguien te llama y te dice: “Tienes un terreno en Marrakech, dámelo”. Entonces le explicas: “Oye, ¿por qué no me has consultado?”», decía la empresaria en la cinta incautada a Villarejo tras su detención en noviembre de 2017. 

Está claro que la monarquía española ha intentado no enfadar a Hassan II y a Mohamed VI. Los reyes Juan Carlos I y Sofía solo visitaron oficialmente Ceuta y Melilla en una ocasión y durante una jornada, en noviembre de 2007. Las ciudades autónomas, consideradas por Marruecos como «ciudades ocupadas» o «presidios ocupados», le entregaron a Juan Carlos I la Llave de Oro de Ceuta y el Bastón de Mando de Melilla. En ambas ocasiones pronunció el mismo discurso: «Tenía un compromiso pendiente con Ceuta/Melilla, con los ceutíes/melillenses y con sus autoridades, pero también con nosotros mismos como reyes que se deben, ante todo, a todos los españoles. No quería dejar pasar más tiempo sin venir a Ceuta/Melilla, para expresaros todo nuestro afecto y apoyo, al igual que lo hemos venido haciendo en tantas otras ciudades y lugares de España». 

Ese viaje se produjo cuando Juan Carlos I llevaba tres décadas reinando y no se repitió, a pesar de que, incluso en 1980, la ciudad de Ceuta le concedió la Medalla de Oro. Con todo, las relaciones se volvieron a tensar en 2014. Mohamed VI se quejó a Felipe VI porque la Guardia Civil le dio el alto cuando navegaba por aguas ceutíes. Los agentes interceptaron dos lanchas de recreo y tres motos de agua en un momento en que ese tipo de embarcaciones introducían a personas migrantes en España. «¿No saben quién soy?», les preguntó en español el pasajero de una de las embarcaciones, tocado con gorra y unas gafas de sol. Cuando se las quitó, uno de los agentes españoles reconoció a Mohamed VI, por lo que renunciaron a ir más allá. Sin embargo, las autoridades marroquíes llamaron a consultas al embajador español en Rabat, Alberto Navarro, y cinco días más tarde entraron a nado en Ceuta 920 personas y otras 80 lograron saltar la valla en Melilla. 

Las relaciones con los distintos gobiernos españoles han tenido muchos sinsabores. En especial con el Ejecutivo de José María Aznar y el Gobierno de coalición de Pedro Sánchez, mientras Rabat fomentó una relación muy cordial con los distintos dirigentes socialistas, incluso con presidentes de la Generalidad de Cataluña al margen del Partido Socialista Catalán (PSC), como Jordi Pujol de Convergencia y Unión (CIU). Es larga la lista de ministros, exministros y expresidentes del PSOE que amparan, junto al actual dirigente español, las actuaciones de nuestro vecino. 

Los tentáculos de Marruecos se extienden desde España a toda Europa, como desveló el escándalo «Marocgate». El grupo de presión marroquí compró supuestamente a eurodiputados y a periodistas en Bruselas para conseguir el reconocimiento del Sáhara Occidental como marroquí y para ocultar la falta de respeto a los derechos humanos y a las libertades individuales.3 En España también ponen precio a políticos, periodistas y otras personas que puedan influir en su favor. A mí me llegó una oferta en 2014, mientras compartía un tajín en la región de Nador, frontera con Melilla, con una fuente de los servicios de inteligencia. La propuesta, tal como me soltó el individuo durante la comida, era sencilla: escribir artículos «dulces» de Marruecos a cambio de «ingentes cantidades de dinero, que no sabrás de dónde te llegan». La metodología de captación y las formas de presión son muy variadas, desde aprovecharse de la vulnerabilidad de las personas con el ofrecimiento de prebendas hasta el espionaje y el chantaje. De esta manera, ciertos periodistas y medios españoles, así como marroquíes residentes en España, dirigidos desde los consulados en la península, tocan la partitura que compone Rabat. 

Marruecos se ha convertido en un aliado estratégico de España en el norte de África y España en el primer socio comercial de Marruecos desde 2012. La Primavera Árabe y la desestabilización de los países del norte de África y Oriente Medio beneficiaron la relación de Marruecos con la Unión Europea. De hecho, Marruecos se embolsó, junto a Jordania, las ayudas europeas destinadas a otros países como Egipto, Túnez y Libia en plena vorágine de manifestaciones y actos de protesta por la Primavera Árabe. Los despachos de la Comisión Europea en el barrio rabatí de Hay Riad realizaron malabares para que el Gobierno del islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) presentara los proyectos acordes para esas partidas monetarias, muchos destinados a jóvenes y al empoderamiento de las mujeres. Una de las funcionarias europeas me confesó que las autoridades habían dejado pasar una cuantiosa ayuda destinada a las mujeres por no presentar la documentación requerida. Esa cantidad no se podía invertir en otro plan diferente para el que se creó, por lo que se desperdició. En la Comisión siempre dudaron de si la razón era la falta de preparación de ese Gobierno o que la partida fuera dirigida al empoderamiento de las mujeres en una sociedad musulmana gobernada por una formación de orientación islamista. 

También conviene mirar al futuro para adelantarse a lo que vendrá: la abdicación de Mohamed VI y la coronación de su primogénito, el príncipe heredero Moulay Hassan, como Hassan III, o el futuro de Ceuta, Melilla y las islas Canarias. Tras conseguir que Pedro Sánchez reconociese el plan de autonomía marroquí para el Sáhara occidental como la solución «más seria, creíble y realista», es decir que el presidente se posicionase abiertamente a favor de Marruecos en detrimento del Frente Polisario y de Argelia, Rabat se centra ahora en las aguas jurisdiccionales que comparte con España, sobre todo las que se solapan con las de las islas Canarias; y en un modelo de vecindad con Ceuta y Melilla, con el que pretende conseguir una especie de cosoberanía y zona económica compartida. Mientras que el reconocimiento del Sáhara como territorio marroquí formaba parte de un plan para 2020, las ciudades autónomas aparecen en una hoja de ruta de cara al 2030, un proyecto político que ha heredado de su padre, el rey Hassan II. Por supuesto, después de la Copa Mundial de Fútbol de 2030, que coorganiza junto a España y Portugal.

Expertos en defensa reconocen ya que Marruecos utiliza estrategias híbridas y de zona gris, que anda a medio camino entre la política convencional (blanco) y el enfrentamiento armado directo (negro). En efecto, el Gobierno de Marruecos defendió en un documento dirigido a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que «Melilla sigue siendo un presidio ocupado y por este hecho no podríamos hablar de fronteras, sino de simples puntos de paso». A pesar de los acuerdos, incluso de haber pactado no entrometerse en la soberanía del otro país, Rabat lleva la batuta de todo lo relacionado con los pasos fronterizos del Tarajal, en Ceuta, y de Beni Ensar, en Melilla. 

Por un lado, Marruecos ha ido ahogando a las dos ciudades autónomas españolas con la desaparición del comercio atípico, el cierre de las aduanas comerciales, la restricción en el régimen de viajeros y solo dos puestos fronterizos abiertos. Por otro lado, ha ido construyendo aeropuertos, puertos y complejos turísticos en las cercanías. Lo cierto es que la preocupación aumenta en Ceuta y Melilla, que ven cómo pierden población, cierran comercios, faltan mano de obra y materiales y, sobre todo, desconocen lo pactado en la famosa hoja de ruta acordada por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el rey Mohamed VI en Rabat el 7 de abril de 2022. 

Por otro lado, en plena crisis de la COVID-19, con el estado de alarma decretado en España y en Marruecos, con las fronteras entre ambos países cerradas y las relaciones bilaterales congeladas, Rabat hizo oficial las dos leyes de demarcación de sus aguas territoriales con España. Marruecos publicó el 30 de marzo de 2020 en su Boletín Oficial las dos leyes relativas a la extensión de sus fronteras marítimas en el Atlántico. Con ellas, fijaba en 12 millas náuticas sus aguas territoriales a lo largo de la costa del Sáhara Occidental. Además, delimitaba sus 200 millas náuticas de zona económica exclusiva (ZEE) y las 350 de plataforma continental, con lo cual se adentra en las 200 millas de España en Canarias. Tal como precisa el documento, «en la plataforma continental, el Reino tiene derechos exclusivos y soberanos sobre el fondo de los mares y el subsuelo de estos con el fin de explorar sus recursos naturales de conformidad con los acuerdos y tratados internacionales que son del Reino de Marruecos y en las áreas de explotación y utilización de islas artificiales». Asimismo, el artículo 3 recoge que la soberanía marroquí «se extiende al espacio aéreo, así como a la tierra y al fondo de este mar, a lo largo y ancho». Es decir, que después de que España aceptase el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental, las reivindicaciones de Marruecos continúan sobre los territorios españoles en el continente africano. Como veremos más adelante, el conflicto de delimitación de la plataforma continental esconde la disputa sobre un yacimiento de telurio, un material estratégico esencial para la fabricación de conductores de alta velocidad, y paneles solares. 

Es necesario también mirar al resto del mundo porque, en los últimos años, Marruecos ha establecido alianzas con Estados Unidos e Israel, al tiempo que sus pésimas relaciones con Argelia y la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) —no reconocida como Estado por España— han empeorado. El año 2020 es un momento clave para entender lo que estamos viviendo ahora y para el futuro del próximo rey marroquí. Mohamed VI quiere dejar todo bien atado a su sucesor, de modo que trabaja en una agenda económica y de seguridad en dirección a la próxima década. Ha cerrado filas con Estados Unidos e Israel en el ámbito económico, pero también en el sector de la seguridad y defensa. Con Estados Unidos negoció el reconocimiento del plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental a cambio de restablecer las relaciones con Israel. Todo se hizo público en diciembre de 2020, a través de un tuit del presidente estadounidense Donald Trump en su primer mandato. A partir de ese momento se han producido numerosos intercambios diplomáticos, maniobras militares conjuntas y la firma de varios acuerdos. A cambio, en julio de 2023 Tel Aviv reconoció la ocupación de Marruecos del Sáhara Occidental.

Es evidente que el Sáhara Occidental, por sus recursos naturales y por su situación geoestratégica, es un territorio atractivo para varias potencias. Para Argelia e Israel, el Sáhara representa una salida al Océano Atlántico; para Estados Unidos, una aproximación al Sahel; para Alemania y otros Estados miembros de la Unión Europea es una formidable fuente de energía renovable y un gran banco de pesca. 

Envalentonado por esos intereses, Marruecos desalojó a algo más de un centenar de saharauis de los campamentos de Tinduf (Argelia) que se manifestaban en la franja desmilitarizada de Guerguerat, impidiendo el paso de camiones a Mauritania. Así, el 14 de noviembre de 2020 rompió el alto el fuego firmado en 1991 entre Marruecos y el Frente Polisario,4 y este último declaró la guerra a Marruecos. 

El conflicto sigue vigente cuatro años más tarde, aunque no tiene trascendencia internacional, entre otras cosas porque Rabat impide la entrada de periodistas, activistas u observadores internacionales a la zona. Reporteros sin Fronteras y Amnistía Internacional han denunciado el «silencio informativo» del que tenemos constancia los periodistas que trabajamos sobre el terreno. De hecho, colegas de medios nacionales españoles acreditados en Rabat durante años no han pisado nunca el Sáhara Occidental, y quienes lo hemos hecho hemos sido «pastoreados» en grupos organizados por el Gobierno de Rabat. Cuando llegas al territorio te conducen por calles engalanadas con la bandera de Marruecos y las fotografías del rey Mohamed VI, y por lugares donde resulta imposible acercarse a hablar con la población o introducirse en las protestas de los saharauis. Participé en una de las ediciones del Sahraouiya, un raid femenino de solidaridad, deporte y sostenibilidad que se celebra anualmente en Dajla, la antigua Villa Cisneros. Esa fue mi única manera de acercarme de manera legal al territorio. Sin embargo, no me permitieron cruzar la calle donde se celebraba el evento para poder hablar con unos activistas que alzaban pancartas de protesta, ni bajarme del todoterreno para realizar fotografías. Para no estar en contacto con la realidad, nos alojaron en jaimas (tiendas de campaña) en medio del desierto y en complejos turísticos de lujo cerrados a la población local. 

Realmente, Marruecos ha realizado una gran labor diplomática para convertir el Sáhara Occidental en una región más del país, con la apertura de consulados de diferentes países africanos y árabes que, a cambio de trabajos de construcción emprendidos por el grupo de empresas del rey, dan su apoyo al «Sáhara marroquí». 

Además, sigue ofreciendo oportunidades económicas beneficiosas dentro del territorio saharaui para los países interesados en las energías renovables, la pesca o los fosfatos. A ello se unen obras faraónicas, como el Puerto Dajla Atlantic, que incluso albergará una base militar internacional. Recientemente, también está amortizando las líneas aéreas abiertas con las ciudades saharauis, el turismo y la publicidad; a pesar de que, en los primeros cinco meses de 2025, Marruecos expulsó a catorce ciudadanos españoles de Dajla y El Aaiún. 

Las nuevas alianzas establecidas por Marruecos y el rearme —en 2025 el presupuesto del Ministerio de Defensa ascendió a 12.300 millones de euros, la cifra más alta hasta el momento— han contribuido a la mayor crisis con Argelia desde que en 1991 se declarara el alto el fuego en el Sáhara Occidental después de una guerra de dieciséis años. Ambos Estados compiten por el control económico y militar del Magreb. En el verano de 2021, rompieron las relaciones diplomáticas y Argel no renovó el contrato de utilización del gasoducto Magreb-Europa, por el que se transportaba gas a España. Igualmente, nuestro país ha resultado afectado con la paralización de las relaciones comerciales tras el apoyo de Pedro Sánchez a Marruecos en la cuestión del Sáhara Occidental. Las bases aéreas marroquíes de Dajla y Bojador, en el Sáhara Occidental, han recibido drones israelíes y turcos para atacar los campamentos del Frente Polisario en Tinduf (Argelia). Además de armas, especialistas israelíes y turcos le proporcionan formación, dispositivos de seguridad y espionaje, ejercicios militares y encargos industriales. Conviene no olvidar que Estados Unidos quiere tener presencia de la OTAN cerca del Sahel para el control del terrorismo y, además, para hacer de contrapeso a la base militar que China construye en Bata (Guinea Ecuatorial). 

Por su parte, Reino Unido ya ha manifestado públicamente su apoyo a Marruecos, que le permite seguir adelante con proyectos que el país magrebí desarrolla en el Sáhara Occidental, administrados por Rabat y no por el Frente Polisario, como rige el derecho internacional. Rabat y Londres vieron una oportunidad mutua en la salida de Reino Unido de la Unión Europea con el Brexit. Así, en 2019 ya renovaron de manera bilateral el acuerdo de asociación en los mismos términos que tenían cuando era un socio comunitario, de modo que, en 2020, con su salida de Europa, Marruecos se convirtió en puerto de las inversiones británicas en África mientras conseguía contratos de negocio, pero también de defensa y de migración circular. En los próximos años veremos cómo muchos de los trabajadores marroquíes temporales serán destinados a Reino Unido, como ahora ocurre con las recolectoras de fresas en el sur de España. Además, los británicos también están adquiriendo terrenos e implantando empresas agrícolas en Marruecos. 

Durante estos veinticinco años de reinado de Mohamed VI, Marruecos se ha desarrollado en aspectos como la industria aeronáutica o las infraestructuras, pero todavía quedan algunos retos por alcanzar. El monarca ha modernizado el país, sobre todo las regiones del norte, que su padre tenía abandonadas. Sin embargo, siguen existiendo lagunas importantes en el campo de las libertades individuales. Por eso he dedicado un capítulo del libro para tratar la gran asignatura pendiente: los derechos humanos.

Mohamed VI dejó atrás los «años de plomo» de Hassan II, con prácticas impropias de un Estado de derecho y terrorismo de Estado contra los disidentes. El rey intentó contener la Primavera Árabe con una renovación constitucional, y una mejora de los derechos de las mujeres con una reforma de la Mudawana, el código de familia marroquí, de inspiración sunita. Sin embargo, sigue manteniendo a activistas y ciudadanos críticos en las cárceles, ser homosexual o abortar constituyen sendos delitos penados en el Código Civil, periodistas críticos con el régimen cumplieron condenas en las cárceles marroquíes enjuiciados por el Código Civil y no por el Código de Prensa, acusados de delitos comunes prefabricados, y según certificó Amnistía Internacional, algunos de ellos, como el periodista Omar Radi, fueron espiados con el programa espía israelí Pegasus. Las cárceles de Marruecos están saturadas, en gran medida por la detención preventiva, pero también porque siguen encarcelando a críticos con el régimen. Es el caso de los jóvenes rifeños condenados hasta a veinte años de cárcel por salir a protestar para exigir mejoras sociales en la región de Alhucemas. El famoso Hirak —«movimiento», en árabe— surgió en octubre de 2016 cuando Mouhcine Fikri, un vendedor de pescado, murió triturado por un camión de basura al rescatar la mercancía de pez espada que le habían confiscado las fuerzas del orden en el puerto de Alhucemas. Un momento complicado se vivió cuando en 2018 se unieron a las protestas del Rif los mineros de Jerada, en la zona oriental del país, cercana a Argelia; y la población de Zagora, en el sur, por la escasez de agua. Hay que tener en cuenta que protestas de menos importancia acabaron desatando en Túnez la Primavera Árabe. 

El último escándalo que atañe a los derechos humanos y que ha traspasado las fronteras de Marruecos tiene relación con el espionaje a políticos, periodistas y activistas con el programa espía israelí Pegasus. La justicia española dictaminó que, debido a la falta de colaboración de Israel, es complicado probar quién introdujo el programa informático en los teléfonos móviles del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y de los ministros Margarita Robles, Fernando Grande-Marlaska y Luis Planas. Así que la Audiencia Nacional cerró el caso en julio de 2023. Sin embargo, nuevas aportaciones de Francia reabrieron el proceso en abril de 2024, y se identificó una de las direcciones de correo desde donde se descargaba la información de los teléfonos de las autoridades españolas espiadas, que además coincide con la que infestó también los teléfonos de saharauis y dirigentes del Frente Polisario, en el mismo periodo de tiempo, cuando España acogió a Brahim Gali, máximo representante del Frente Polisario. 

En el supuesto de otras intervenciones de teléfono ha sido más fácil descubrir a los autores del espionaje al tratarse de programas informáticos maliciosos más caseros que el software israelí, y por lo tanto con una mayor facilidad para su trazabilidad. Precisamente, la empresa Lazarus Technology, especializada en análisis forense digital, ciberinteligencia e investigación de amenazas avanzadas en el ámbito internacional, realizó una investigación forense de mis dispositivos en el primer trimestre de 2021, después de sufrir acoso y amenazas en las redes sociales y de que Marruecos me hubiera retirado la acreditación como corresponsal. ¡Bingo! El análisis pericial determinó que, desde abril de 2020 hasta febrero de 2021, me habían grabado 64 conversaciones privadas que mantuve con ese terminal marroquí, la mayor parte durante el confinamiento en Tánger, pero también en España, una vez me impidieron continuar trabajando en Marruecos, hasta que tuve indicios del espionaje. Además, el 28 de diciembre de 2020 me infestaron el ordenador con un programa que había sido creado tan solo ocho días antes, y con el que me extrajeron una carpeta de documentos personales y contraseñas. Los informáticos y analistas forenses digitales consideran que procede de Marruecos, porque detectaron la cuenta de correo desde la que me extraían la información y corresponde a un ciudadano de Tánger con nacionalidad española. En el epílogo del libro se desvela quiénes son los los presuntos responsables, llamados por la justicia a testificar en España y conectados con un partido político español. 

En lo que se refiere a la igualdad entre sexos, es cierto que Mohamed VI ha modernizado la monarquía alauita y ha dejado atrás la estela del harén que mantenía su padre, heredado de los sultanes del siglo xix. Se ha convertido en un rey moderno, casado una sola vez, con una plebeya, y que incluso se ha divorciado. Para mejorar la situación de las mujeres, el rey emprendió en 2023 la segunda reforma de la Mudawana, y recibió muchas críticas por parte de activistas feministas, ya que en las consultas intervinieron sobre todo hombres, algunos de ellos, religiosos. 

En definitiva, las asignaturas pendientes de esta regencia son de tipo social, un campo que hasta el presente ha ocupado un segundo plano. Otros asuntos olvidados son la alta tasa de desempleo juvenil; el analfabetismo, sobre todo entre las mujeres de las zonas rurales; el reconocimiento de los derechos de las personas LGTBI+ y la situación de los ciudadanos más vulnerables, como las personas discapacitadas o las personas migrantes. 

Para concluir, en estas páginas hago un recorrido por el último cuarto de siglo de la monarquía alauita. Me instalé en Rabat en octubre de 2010, época de la intifada saharaui con el campamento Gdeim Izik, y residí en Marruecos hasta el 2020, confinada por la pandemia de COVID-19 en Tánger. Durante ese tiempo cubrí para varios medios de comunicación españoles la Primavera Árabe, el referéndum y la reforma constitucional, el atentado de Marrakech de 2011, el drama migratorio en las fronteras terrestres y marítimas, las tragedias en El Tarajal (Ceuta) y la del paso de Barrio Chino (Melilla), la disrupción de Francia como primer socio comercial de Marruecos, las protestas en el Rif y la detención de los activistas del Hirak, el encarcelamiento de periodistas críticos, la expulsión de compañeros europeos, la mayor crisis diplomática hispano-marroquí desde el incidente de la isla de Perejil, el reconocimiento personal del presidente Pedro Sánchez del plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental, el establecimiento de grandes alianzas internacionales, los enfrentamientos del país magrebí en la comunidad internacional, varias elecciones, y las idas y venida del monarca alauita. Mi trabajo como corresponsal comenzó en octubre de 2010 para el diario Público con seudónimo y finalizó en octubre de 2020 con la retirada de mi acreditación para informar desde el terreno, en esos momentos, para Cadena SER, El Español y elDiario.es. En consecuencia, voy a desvelar a lo largo del libro algunas vivencias que no había hecho públicas hasta el momento por mantener a salvo mi seguridad, y porque en esto del periodismo, considero que los protagonistas son los otros y nunca el reportero. Además, en ocasiones es más conveniente y necesario recurrir a la justicia que aparecer en los medios.

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1 El sultán de Marruecos, Mohamed V (1909-1901), se convirtió en rey en 1956, tras la independencia de su país de Francia. Magreb es la adaptación española de la voz árabe al-Magrib, que significa «lugar por donde se pone el sol», es decir, poniente u oeste del mundo árabe. El término Gran Magreb o Gran Marruecos es un concepto clave del nacionalismo marroquí y busca la unificación de territorios que ahora están fuera de las fronteras de Marruecos. El proyecto anhela incluir el Sáhara Occidental, Mauritania, zonas occidentales de Argelia y las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, así como las plazas de soberanía españolas en la costa marroquí, e incluso las islas Canarias, de las que se destaca su condición de «africanidad».
2 El otro gran organismo de inteligencia marroquí es la Direction Générale des Études et de la Documentation (DGED), dirigido desde 2005 por Mohamed Yassine Mansouri. La DGED depende directamente del rey. Existen también otras entidades de inteligencia, pero son menos importantes.
3 «“Marocgate”: el grupo de presión marroquí que compra eurodiputados y periodistas para conseguir el reconocimiento del Sáhara», El Español, 24 de diciembre de 2022.
4 En el acuerdo de 1991 se restringía el despliegue de tropas en una franja desmilitarizada a ambos lados del muro construido por Marruecos para dividir el territorio del Sáhara. También establecía cuatro puntos para cruzar el muro de un lado a otro. Pero, posteriormente, Marruecos abrió otro paso fronterizo en Guerguerat, el extremo suroccidental del muro, que comunica con Mauritania. El Frente Polisario denunció como ilegal este paso. La ruta de Guerguerat tiene un importante papel geoestratégico, porque con ella Marruecos rompe su aislamiento geográfico y establece una conexión terrestre para sus exportaciones con el Magreb y el África subsahariana.

Presentación del libro 'Marruecos, el vecino incómodo' de Sonia Moreno

miércoles, 8 de julio de 2026

LA HISTORIA DE DILIGENCIA MARY FIELDS: "UNA CARTA DESDE LAS GRANDES CASCADAS" por Pierdomenico Baccalario

UNA CARTA DESDE LAS GRANDES CASCADAS: 
LA HISTORIA DE MARY FIELDS

Mary Fields (Condado de Hickman, Tennessee, Estados Unidos, 1832-Great Falls, Montana, 1914), también conocida como "La Diligencia" (Stagecoach Mary), fue la primera mujer afroestadounidense empleada como cartera postal en Estados Unidos, y la segunda en trabajar para el Servicio Postal de los Estados Unidos.
Fields medía 1,80 metros y pesaba cerca de 90 kg y le gustaba fumar puros; solía llevar una pistola bajo el delantal y una jarra de whisky a su lado. Nacida esclava, creció huérfana, no tuvo educación, nunca se casó, ni tuvo hijos. Reconocida por no perder un solo día de trabajo y se dice que podía enganchar seis caballos en menos de 5 minutos.

Mary Fields vivió gracias a su ingenio y su fuerza. Viajó al norte de Ohio, se asentó en Toledo y trabajó para un convento católico donde formó un fuerte vínculo con la Madre Amadeus. Tiempo después, las monjas se trasladaron a Montana y María se enteró de la mala salud de la Madre Amadeus, así que se trasladó para vivir con ellas.

En alguna ocasión protegió a las monjas con su habilidad con el revólver, ya que era una buena pistolera. Abrió un café, pero su gran corazón llevó a la ruina su negocio porque gastaba sus beneficios alimentando a personas hambrientas. Así fue como, en 1895 encontró un puesto de trabajo que se adaptaba a ella, como repartidora de correo en el condado de Cascade. Ella y su mula Moisés se ganaron el apodo de "La Diligencia" ("Stagecoach") por entregar siempre las cartas, lloviera o nevara. Su tumba está marcada con una simple cruz.

En la literatura

Es la protagonista de "Una carta desde las grandes cascadas", novela juvenil de Pierdomenico Baccalario. Según esta novela, Mary curó a una monja, la madre Amadeus con unas hierbas que serían las antecesoras de la fórmula de la Coca-Cola y que habría obtenido del doctor Pemberton, con quien se habría encontrado en el tren de viaje al Condado de Cascade.


Descubre cómo Mary Fields, nacida en la esclavitud, desafió todos los prejuicios para convertirse en una de las mujeres más respetadas del Salvaje Oeste. Entre rutas de correo, tormentas de nieve y una valentía inquebrantable, su vida parece sacada de una película, pero ocurrió de verdad.