CARMEN TERESA NAVAS,
"Mi corazón no es de desear mal a nadie pero,
deseo hoy con todo mi corazón que cada ser humano
que se ha alzado en contra de nuestra familia
experimente de vuelta aquello que ha hecho.
Llamo al espejo que refleja la existencia,
llamo a la espada celestial,
llamo a la máquina inexorable del tiempo,
convoco al orden y la jerarquía de las cosas existentes,
convoco la fuerza armónica que reina sobre el caos,
convoco las matemáticas y compensaciones universales
y confío el que ha quitado la vida, la hallará la muerte
en similares circunstancias, que el que creado separación
será desgarrado de los suyos.
Que el que coartado la libertad ha de ser enjaulado
cual pájaro que jamás verá de nuevo el azul del cielo,
ni sabrá lo que es volar, que el que ha causado dolor
habrá igualmente de saborearlo y encontrar
en el trago amargo el arrepentimiento.
Confío en que las noches del impío
estarán llenas de tormento,
que su corazón se desbordará en palpitó y perderá su aliento
y nunca encontrará la paz en el sueño,
que su mente será océano de plaga y pesadilla
y laberintos infinitos de desesperos serán sus huesos.
Que todo el que ha levantado la mano en contra de la familia venezolana
experimente el peso de la justicia divina, sin límites, aquí y ahora,
que todo aquel que robó, su fortuna le sea arrebatada
y su abundancia extirpada de generación en generación,
hasta que solo haya arrepentimiento real
y el pago justo e igualitario por cada acción,
que todos los inocentes sean libres.
Que ningún otro venezolano sea injustamente tomado
y que ha Venezuela solo le quede la paz, la reconstrucción
y un futuro lleno de amor donde todo esto
será una sombra disipada y barrida por el sol.
Este es mi deseo Dios, te lo entregó
porque no hay poema, acto humano o pronunciación
que pueda compararse con todo este dolor“.
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