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domingo, 30 de agosto de 2026

LIBRO "LOS PROFETAS DE LA PIEL DE TORO" por JOSÉ MARÍA SÁNCHEZ DE TOCA

 LOS PROFETAS DE LA PIEL DE TORO

JOSÉ MARÍA SÁNCHEZ DE TOCA

Los Profetas de la Piel de Toro es fruto de una investigación rigurosa de José María Sánchez de Toca que ha sacado a luz un sorprendente repertorio de revelaciones: un desconocido versículo bíblico del profeta Abdías, pergaminos con textos de la Iglesia de las catacumbas y de la enérgica pluma de San Isidoro; consejos y ayudas celestiales para reyes medievales y dirigentes contemporáneos; denuncias de la perdición del pueblo por culpa de malos pastores y gobernantes sin conciencia; voces de santos, monjas y gente sencilla que en nombre de Dios avisaron peligros para nuestro destino colectivo; y apariciones del siglo XX con humildes peticiones y severas advertencias. Todo un caudal de puntos de vista frescos y originales, opiniones insólitas y viejas promesas para un futuro mejor.
Un tema que hasta su publicación en este libro estaba inédito porque tradicionalmente ha sido ignorado por científicos e historiadores y ha chocado con la hostilidad de gobernantes y teólogos.

Este libro recoge y expone hechos, personas y palabras que nos interpelan personalmente en un momento en que nos movemos peligrosamente cerca del abismo. Son hechos, personas y palabras inquietantes, seguramente incómodos, pero al fin hechos de realidad indiscutible; y hay que recordar que si los hechos escapan a los esquemas generalmente admitidos, no se deben rechazar, porque lo que está equivocado no son los hechos.

Los Profetas de la Piel de Toro, por José María Sánchez de Toca

Hace años, cuando investigaba escenarios de guerra, di con un grueso haz de tradiciones centroeuropeas sobre el destino de Europa. Durante más de un milenio, en Bohemia, Polonia y los países de lengua alemana, un centenar de hombres y mujeres de todas las épocas entre la Edad Media y nuestros días, habían predicho los graves acontecimientos de los siglos XIX y XX, así como otros muchos que afortunadamente no han ocurrido y que mejor será que no pasen nunca. El tema era tan interesante que cuando volví a ser dueño de mi tiempo lo publiqué con el título de Los profetas del Bosque.

Al poco de publicarse, Manuel María Echarte, que por entonces enseñaba Historia en San Sebastián, me escribió: …me dejas aguardando con ansia otro libro que recoja los profetas de la piel de toro, y sus palabras fueron un reto para escribir lo que ya sabía y para seguir buscando lo que sospechaba que existía. El empeño ha resultado una larga marcha a bibliotecas venerables que guardan la suave textura de los viejos pergaminos y al magnífico Archivo del Santo Oficio en Roma, donde tuve en mis manos los expedientes de Ezquioga, La Salette, la Madre Rafols y el Padre Pío. Busqué por Cataluña francesa un pueblo llamado Milhas que no estaba en el mapa, y que al final apareció en Comminges, cerca del valle de Arán. He visitado los lugares de apariciones del siglo XX y he entrevistado a gente sencilla que decía haber hablado con Jesús y su Madre.

Ha sido una investigación atípica, compuesta de una treintena de investigaciones distintas, que ha dado por resultado un libro de historia que trata de hechos, personas y palabras. Profetas y profecías, limitadas al ámbito de la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana, lo bastante complejo de por sí como para salir a buscar fuera.
Tal vez hubiera debido llamarlo Las Profecías sobre Hispania, pero me gustaba más el título que puso Echarte, pues desde Estrabón llamamos Piel de Toro al suelo que ocuparon las Hispanias romana y gótica, el mismo que hoy comparten España y Portugal.
Este es un libro que me hubiera gustado encontrar, pero que aún no estaba hecho, porque en los últimos doscientos años han visto la luz en España varias colecciones de profecías que, meritorias o discutibles, no dicen casi nada de España y Portugal...


Para empezar, el repertorio desgranado a lo largo de los capítulos preceden tes no está completo; por ejemplo faltan San Millán, Colón o Donoso Cortés. En los primeros siglos pudo haber profecías que hoy desconocemos. Y otras, como los plomos del Sacromonte, habrían de estudiarse a la luz de los medios actuales para determinar con precisión su antigüedad. Faltan profecías medievales y es probable que otros místicos de los Siglos de Oro también profetizaran sobre la Monarchia Catholica de entonces. Un escrutinio a fondo de los autores y santos de estas tierras posiblemente sacara a la luz alguna profecía más.

Además, en el siglo XX han proliferado las apariciones y no tienen trazas de desaparecer en el siglo XXI. En los últimos treinta años se han debido producir en la Piel de Toro un centenar largo de apariciones, más otra docena en los archipiélagos y plazas de soberanía, y algunas más que empezaron bien y después se torcieron. El fenómeno de las apariciones no sólo es español, sino universal, y sólo conocemos la punta de un iceberg que, por cuanto se puede juzgar, está igual de ignorado e inexplorado en todas partes.

Pero éste no es un estudio de apariciones, sino un libro de Historía (o de historias, si se prefiere) sobre los seres humanos que profetizaron sobre la Piel de Toro, y lo que dijeron cuando hablaban de parte de Dios. Un poco más de la mitad fueron hombres; algo más de la mitad eran laicos; el conjunto es muy heterogéneo en género, edad y clase. Entre los laicos hubo reyes, niños, amas de casa y un zapatero portugués, y entre los consagrados un par de arzobíspos, dos obispos, dos jesuítas, un benedictino, varios franciscanos y monjas profesas, así como una oblata cocinera y un hermano portero. Por su lugar de nacimiento, muchos eran castellanos, diez eran catalanes, cinco portugueses y dos valencianos; de fuera, seis eran franceses, una alemana, una sueca, un italiano, un griego, un palestino y un galés.

La santidad del profeta no es requisito indispensable para que una profecía sea cierta, teniendo en cuenta que Caifás profetizó y también lo hizo la burra de Balaam, pero más de la mitad de los profetas citados son santos o están en trámites de serlo: ocho están canonizados y veinte están en diversos estadios del proceso de canonización (beatos, venerables o siervos de Dios) aunque los españoles no hayamos empujado como sería de justicia.

Las profecías que recoge este libro se han producido a lo largo de veinticinco siglos: una es de 700 o 500 años antes de Cristo, otra del siglo primero después de Cristo y tres son de antes de los moros. Aumentaron ligeramente en la Alta Edad Media, volvieron a crecer al alba de la Edad Moderna, y finalmente crecieron bruscamente desde el siglo XIX a nuestros días. Entre Abdías y el nacimiento de Cristo hay un vacío de cinco siglos en que no sabemos si hubo o no profecías sobre Iberia o Hispania, y después está el hueco de las omitidas entre la Alta y la Baja Edad Media, las profecías que anunciaron su destino a Fernán González y el Cid, o la muerte a Fernando I y Alfonso X el Sabio.

En cuanto a su contenido, las hay que perpetúan el recuerdo de la ayuda sobrenatural en momentos difíciles a reyes, caudillos y gobernantes, desde Wam ba hasta nuestros días pasando por don Alonso Henriques, el primer soberano portugués. Sería fascinante, aunque supongo que muy difícil, averiguar si esa ayuda ha sido general y permanente y sí persiste en nuestros días; creo que hay motivos para suponer que sí. Cosa distinta es que las hagan caso.

Pero la mayoría de estas profecías son mensajes de amor de Dios a su pueblo y quejas del desdeñado Amante, como en la Biblia. Avisos de peligro, señales para identificarlo, remedios para prevenirlo y algunas instrucciones para regiones y lugares concretos.

En estas profecías el amor de Dios se expresa de modo que evoca el Antiguo Testamento, como si España fuera un ser personal digno de ser amado, pero tan capaz de pecar como de merecer. Los mensajes la llaman “querida, amada, predilecta, país que amo por su fidelidad, modelo y aliento para otras naciones, cuna y jardín de la Virgen”, y la razón de este amor, según un mensaje del siglo XVII, es que “tienen los españoles a mi Madre por tan suya que por particular grandeza los llama “hijos de mi seno”.

Paralelamente a este amor, los mensajes constatan amargamente su desvío con palabras muy duras (he leído un “España puta” en un viejísimo manuscrito) así como la queja y el dolor de Dios por el grado de envilecimiento en que España ha caído varias veces a lo largo de los siglos. Las expresiones del “Planto” de San Isidoro (sean suyas o de un autor desconocido mil años posterior) son aplicables al pasado, al presente y quién sabe si también al futuro; son quejas que repiten Eiximenis y Juan de Unay en el siglo XV, la aldeana alemana Ana Catalina Emmerich (“¿Por qué he de ver yo, miserable pecadora, estas cosas?”) y la Madre Rafols en el XIX; y que vuelven a sonar en el siglo XX, en voz alta y en público, en Ezquioga, la Cruz Blanca y El Escorial: ¡“Pobre España”; “España, ciega nación”; “España, España, desgraciada España”!

Esta serie de tristísimos plantos denuncian sobre todo la mala conducta de los clérigos y de los gobernantes: “Ay de ti, España, que harás barragana a la esposa de Jesucristo, que darás sus cargos a pecadores que serán peores que los idólatras”, (San Isidoro); “Príncipes y prelados negligentes de la salud del pueblo, se dedicarán a hacer dinero y tiranías” (Eiximenis); “Príncipes espirituales peores que los príncipes mundanos” (San Francisco de Paula); “¡Cómo usan de simonías!” dice el Bandarra. A la Madre Rafols se le dice: “lo que más me duele es que me ofendan, olviden y desprecien las almas que me están consagradas”. Tam bién La Peregrina y Ana Catalina Emmerich describen el triste estado de la Iglesia española. En Ezquioga, Jesús se quejaba de “los apóstoles ingratísimos, senta dos en la ola de la Revolución”; en 1943 sor Lucía exhortaba a remediar el relajamiento de los sacerdotes y religiosos; en 1965, el ángel afirmó en Garabandal que muchos sacerdotes, obispos y cardenales iban camino de la perdición; y en El Escorial en 1983 se dijo que los pecados de las almas consagradas claman venganza al Cielo.

Los gobernantes no merecen mejor juicio en las visiones de Ána Catalina ni en las locuciones de la Madre Rafols. En Ezquioga, en un momento en que ya no había monarquía y la expresión tenía que referirse al futuro, se dice que España está “seducida por el mal gobierno y la monarquía está llena de engaños y asechanzas”; allí también se habló de “gobernantes traidores de la patria”. En El Escorial, los mensajes increpan a la nueva clase política perfectamente amoral: “Gobernantes de los pueblos que estáis sembrando la mala semilla, engañando a los hombres… ¡Ay de vosotros que arrastráis miles y miles de almas con vuestras mentiras y engaños, hijos míos!”.

Paralelamente a estas quejas, se hacen una serie de promesas: La vuelta a las ciudades del Sur de la profecía de Abdías, la ayuda permanente desde el Pilar de Zaragoza, la tutela de Santiago sobre toda la Piel de Toro. Se promete que el Sagrado Corazón de Jesús reinará en España, y que “gozaréis de vuestra antigua libertad”. Los malvados “no conseguirán desarraigar la fe católica”, pues “la providencia se reserva un medio imprevisto” y el “Cielo tiene designios sobre España”. “Quiero que España sea siempre grande y lo será sí se mantiene en la fe”. A mediados del siglo XIX, el confesor del obispo de Loja preveía el desastre del 98 pero iba más allá cuando afirmaba: “Será la nación más poderosa del mundo”.

De todas estas promesas, la más llamativa, que se ha repetido a lo largo de siglos, es la del hombre (u hombres) al que las profecías dan el nombre de Vespertilio, Murciélago, Rat Penat, Encubierto, León, Rey León, Guerrero, Caudillo o Jinete del Tajo, Rey General, hombre de la estirpe de España, y Capitán de la Santa Milicia de los Crucíferos. Nombres para uno o más reyes o caudillos que, junto al Papa santo, “Nuevo David”, han de reformar la Iglesia, reconquistar los Santos Lugares, vencer en el Tajo y en los Pirineos y establecer la paz universal; algo que recuerda inevitablemente el arquetipo bíblico de Josué y Zorobabel y el apocalíptico de los dos candelabros.

Pero antes que llegue este salvador (o salvadores), los mensajes avisan de muchos peligros: San Isidoro describe varias situaciones de peligro en las malas nupcias, el fallecimiento del príncipe y la falta de varón. Varias veces se anuncia una guerra terrible y decisiva en los Pirineos. Se nos dice que dos olas revolucionarias arrasarán España y la segunda hundirá su barquilla, y también se habla de un ataque desde Italia. España “dividida en dos por un robo injusto y muchas traiciones” sufrirá crueles infortunios; “te harán jirones la piel y te harán beber la hiel de corazones podridos”. Amenazada por la masonería, ha de cebarse en ella el espíritu del mal; “se proponen descristianizar la familia”. “Si España deja perder la religión, será destruida”. Especial significación cobran hoy los párrafos dedicados a la educación y los derechos de los padres dictados a la Madre Rafols y los videntes de Ezquioga.

Y entre todas las amenazas pronunciadas sobre la Piel de Toro, persiste la de los agarenos anunciada por San Metodio, aunque los mensajes prometan tam bién el héroe fuerte —el Encubierto, el Rey León— que recuperará España y África y extirpará la secta de Mahoma antes de reconquistar los Santos Lugares para la Cristiandad.

La época de estos peligros está indicada por señales: San Vicente Ferrer dice que será cuando no se pueda distinguir chico y chica y cuando dos quieran ser reyes; y en Ezquioga, cuando el vicio sea tenido por virtud y la virtud por locura.

Los mensajes dan también una serie de remedios o defensas para las calamidades que España se atrae cada vez que se aparta de la ley de Dios: la intercesión de la Virgen del Pilar, la oración del rosario, la devoción y las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús, la consagración al Inmaculado Corazón de María, la comunión reparadora de los cinco primeros sábados, el trisagio, la imagen de la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias. En pleno siglo XX, Sulamitis escribe una oración para pedir por España.

Y finalmente hay en los mensajes una serie de avisos para ciertas regiones y ciudades concretas de la Piel de Toro o de lo que fue un tiempo la Monarquia Católica: En Portugal nunca se perderá la fe y Cuba la recuperará junto con la libertad. Hay avisos proféticos y plantos para Cataluña, Andalucía, Asturias, Navarra y Guipúzcoa así como las ciudades de Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza, Córdoba, Granada, Cádiz, Vitoria y San Sebastián.

Pero las dos cuestiones capitales que suscitan estas profecías, son las de su autenticidad y credibilidad de cada una de ellas.

En cuanto a lo primero, a investigación ha puesto de manifiesto una serie de problemas que esperan solución: La necesaria exégesis del versículo de Abdías. Establecer un texto castellano fiable del sermón de San Metodio y revisar la crítica a su autoría. Encontrar los textos más antiguos de las profecías de San Isidoro, su “Libro de los Secretos” y los libros citados por el Padre Vieira. Revisar objetivamente las críticas al Voto de Santiago. Establecer y traducir el texto de la profecía de Poblet. Confirmar las citas, ahora inciertas, de Santa Brígida y San Vicente Ferrer. Encontrar los primeros textos de Castillon sobre el Buc de Milhas. Consultar el expediente, por ahora secreto, de la Madre Rafols durante el pontificado de Pio XII. Identificar al obispo de Loja y su confesor, así como al venerable Jacinto Coma. Y sobre todo, confiar en que las apariciones de Ezquioga, Garabandal, la Cruz Blanca y El Escorial sean objeto de investigación imparcial y profunda, que discierna y examine sus frutos, y que estudie los miles de mensajes recibidos en aquellos lugares.

Por lo demás, a la vista de lo que ha costado encontrar todas estas profecías, no parece posible que se hayan copiado unas a otras. Aunque haya pasado alguna vez, ni ha podido ser siempre ni todas las veces. Las mismas ideas o parecidas frases en diferentes labios de épocas distintas, no es que hayan copiado, sino que tienen al final el mismo origen.

En cuanto al criterio de credibilidad, el precepto evangélico y el sentido común dicen que hay que juzgar las cosas por sus frutos. Todavía sirve el consejo de aquel fariseo del siglo I: No despreciéis las profecías, antes bien, examinadlo todo y quedaros con lo bueno.

Estas profecías (salvo, naturalmente, la de Abdías) son revelaciones privadas que nadie está obligado a creer (aunque a veces pueda ser imprudente no creerlas) porque son meros asuntos de fe humana, y en materia de fe humana, los aciertos pasados aumentan la confianza, pero no dan seguridad de acertar el futuro: el hombre del tiempo acierta casi todos los días pero de vez en cuando se equivoca.

La parte final de esta investigación ha discurrido por los lugares de apariciones de la Piel de Toro en el siglo XX, con nostalgia de lo que pudieron haber sido; por los mismos años que en Vitoria se obstinaban en aplastar a Ezquioga, los obispos de Bélgica reconocieron dos lugares de apariciones en Banneux y Beauraign, que hoy son santuarios florecientes.

El trato que han dado a las apariciones nuestras autoridades cíviles y eclesiásticas (así como en determinados momentos, también algunos jueces y milita res) ha sido garrafal, para decirlo suavemente, y no es extraño que una vidente oyese a la Virgen en Lourdes que “En España me acogen peor que en ningún otro sitio”.

Tras sus brutales intervenciones en Fátima y Ezquioga, las autoridades civiles aprendieron, las eclesiásticas van aprendiendo más despacio. Tiene que resultar irritante que venga un niño (o un ama de casa, o la señora de la limpieza, o el hermano portero) a decir de parte de Dios al obispo (o al general, al cirujano, al arquitecto o al ingeniero) lo que tiene que hacer. Lo terrible del caso es que los caminos de Dios no son los nuestros, porque hace lo que le parece y se manifiesta como quiere sin necesidad de pedir permiso a las jerarquías de la Tierra.

Al visitar lugares de apariciones no se puede dejar de imaginar cuán distintas hubieran sido las cosas si los videntes hubieran tenido desde el principio un director que presidiera los cultos, velara por la doctrina y expulsara a los indeseables. Si hubieran sido estudiadas por una comisión de expertos, pero expertos de verdad, no psiquiatras o rabdomantes, porque los que entienden de mística son los místicos. Si se hubiera dado satisfacción sin tardanza a lo que pedía la Virgen, porque si lo que pedía era una capilla, una consagración o unos rezos, la cortesía, la prudencia y el sentido común aconsejaban hacerlo cuanto antes, aunque solamente fuera por si acaso; otra cosa sería si hubiera pedido un estadio o un bar de copas.

Hay que rectificar y evitar los errores del pasado y muy especialmente el acuerdo de no reconocer apariciones, que parece un pecado contra el Espíritu Santo. Si los lugares de apariciones hubieran tenido enseguida un director espiritual, una encuesta imparcial y una capilla, que son tres cosas sencillas y de sentido común, no habría en el Santo Oficio un expediente sobre Ezquioga, pero en Ezquioga habría un santuario mariano lo mismo que en La Codosera, Garabandal y El Palmar. No existiría la Iglesia Católica Apostólica Palmariana, pero la Virgen de los Dolores tendría su capillita en el Prado Nuevo de El Escorial, que es lo que ella pedía.

No se puede reprimir el espíritu, porque los pueblos lo necesitan tanto como las personas. En esta época complicada en la que muchos días asalta la tentación de ceder al cansancio, el hastío o el asco, las profecías nos traen un aliento luminoso, unas opiniones, avisos y exhortaciones que no son humanas, que llaman a las cosas por su nombre y que nos devuelven, como una brisa saludable, el claro sonido de la verdad que teníamos olvidada. La palabra de Dios siempre es fecunda y no regresa hasta que cumple su cometido en la Tierra. Las profecías sirven para enseñar, para orientar nuestra marcha colectiva, para corregir errores, para hacer recuperar a la gente el verdadero sentido de la vida, para advertir riesgos, para dar señales, para prepararse a lo peor, para ayudar a conducir la Historia, para enseñar a leer los signos de los tiempos.

Para dar esperanza

Los Profetas de La Piel de Toro. José María Sánchez de Toca. Análisis del libro

LA PIEL DE TORO1 by Leire Noteimporta


domingo, 22 de diciembre de 2024

LIBRO "APOLOGÍA DEL GRAN MONARCA" por P. JOSÉ DOMINGO MARÍA CORBATÓ CHILLIDA 🕀

 

APOLOGÍA 
DEL GRAN MONARCA


Apología y profecías sobre el Gran Monarca donde, en un contexto apocalíptico, se describe su llegada, triunfo y reinado. Conviene, en estos tiempos de poca fe, avivar la confianza en Dios que, como demuestra la misión de Gedeón y Jerobaal, vemos cómo el Señor salva a los pueblos oprimidos y arrepentidos.
"La ira de Dios que nos ha de envolver para que el llanto apague nuestros odios sociales y nos lleve a la paz, ha tenido intérpretes superiores a la común previsión de los mortales, ha tenido profetas que en nombre de Dios anunciaron la época terrible en la que estamos entrando, y esos profetas de la Ley de Gracia, acordes con los de la Ley antigua, anuncian la guerra más feroz de las edades, y luego la restauración del mundo por España Y de España por un Cristo, un escogido del Rey de Reyes"...

En las profecías cristianas de los últimos siglos, hay un tema recurrente: la predicción de la venida, en los tiempos del triunfo de la Santísima Virgen, de un rey poderoso, un Gran Monarca, capaz de devolver al mundo a la verdad del cristianismo. Por supuesto, es una figura misteriosa, que – suponiendo que quiere creer en las visiones de santos y místicos – aún no se ha manifestado en la Tierra. Puede ser útil leer algunas de estas profecías, para tener una idea de este personaje y los acontecimientos relacionados con él.

El franciscano Bernardino da Bustis (venerado localmente como beato, aunque el culto nunca fue oficializado por la Iglesia), un gran devoto de la Santísima Virgen, vivió entre 1450 y 1513 en Lombardía. Habla del Gran Monarca de la siguiente manera:

“Cierto rey poderoso del cristianismo, que se levantará cerca de la época del Anticristo, entrará en conflicto con la Iglesia romana, y a esto habrá muchas tribulaciones, y en ese momento habrá un cisma en la Iglesia de Dios en la elección del Papa, porque habrá varios: entre los cuales habrá uno que será elegido por el mencionado rey , pero no será verdadero Papa, él perseguirá de hecho el papa verdadero y los que le obedecerán, y muchos prestarán obediencia más al antipapa que al pontífice verdadero; pero en última instancia, terminará mal falso papa cotexto y el papa real permanecerá indiscutido Pontífice.

La Iglesia romana también se liberará de las manos del rey por el brazo y el poder de otro rey cristiano, que vendrá en ayuda de la propia Iglesia romana: que aunque el ejército del rey predicho se toma como buen rey, y encarcelado como un mal rey cotexto, sin embargo para la ayuda de la Virgen María SS. será liberado, y finalmente después de muchos peligros y traerá la victoria.

El Papa angelical, que luego se sentará, coronará a ese rey con la corona imperial, y ambos juntos reformarán la Iglesia de Cristo en el estado de pobreza evangélica […] (Los destinos futuros de los estados y las naciones, es decir, profecías y predicciones relativas a todos los reinos del universo hasta el fin del mundo, Turín 1861, pp. 304-305).“

La terciaria secular Anna Maria Taigi (1769-1837) también habla del Gran Monarca en la famosa profecía de los “tres días de oscuridad”, de la que informamos un extracto:

“Francia caerá en una anarquía atroz. Los franceses tendrán una guerra civil desesperada en la que los viejos también tomarán las armas. Los partidos políticos, habiendo agotado su sangre y su ira sin haber podido llegar a ninguna solución satisfactoria, acordarán, como último recurso, recurrir a la Santa Sede. Entonces el Papa enviará un legado especial a Francia… Tras la información recibida, El propio Su Santidad nombrará a un Rey muy cristiano para el gobierno de Francia (S. Mancinelli, Vita e profezie della beata Anna Maria Taigi, Edizioni Segno, Tavagnacco UD 2016, pp. 83-83).“

El Venerable Bartolomeo Holzhauser (1613-1658) vincula el advenimiento del Gran Monarca al comienzo de la Sexta Edad de la Historia de la Iglesia; de hecho, “comienza con ese fuerte monarca y santo pontífice, y durará hasta el nacimiento del Anticristo. Este estado se dirá de consuelo”, dice el monje; consuelo porque mientras que en la quinta era “todo viene de la guerra subvertida, mientras que los católicos son oprimidos por herejes y cristianos malvados, mientras que forzados es la Iglesia y sus ministros que pagan tributo … ocurrirá una mutación admirable, llevada a cabo por el derecho todopoderoso de Dios, que nunca puede ser imaginado humanamente. Debido a que ese monarca, que será enviado por Dios, destruirá radicalmente las repúblicas, todo estará en lo profundo y protegiendo a la verdadera Iglesia de Cristo. (Future fates, Op. párrafo 233).

¿Es posible obtener un identikit del Gran Monarca? Algunas profecías nos ayudan: Él “será un gran pecador en su juventud, entonces se convertirá al gran Dios, de quien fue sacado como lo fue San Pablo”, dice San Francisco de Paola (Destinos futuros Op. párrafo 133). El Gran Monarca será, según la profecía de muchos visionarios, un miembro de la Casa Real francesa (así, por ejemplo, dijo María Giulia Jahenny, San Cesáster de Arlés, San Catald, Bartolomé Holzhauser). Esto no puede sino reflejar la importancia de Francia –la hija favorita de la Iglesia– en la historia de la salvación. ¿Sería la pertenencia del gran monarca al linaje real francés una especie de reparación a los males que Francia ha multiplicado en todo el mundo, una consecuencia nefasta de los franceses? Piensa que Luis XIV hizo sordo a las llamadas de San Margaret Mary Alacoque, que había escrito al Rey Sol advirtiéndole que “el Señor desea reinar en el palacio real y especialmente en el corazón del rey” (V. Lessi, Margherita Maria Alacoque, la santa del Sacro Cuore, Paoline, Milán 2015, p. 127). 

Jesús quería que el Sagrado Corazón fuera pintado en las banderas de Francia, difundiendo en el reino esta devoción tan especial y noble. No sabemos si Luis XIV recibió alguna vez la carta de sor Margarita María, pero sabemos que Luis XVI era consciente de la importancia del Sagrado Corazón y votó para establecer una fiesta nacional. Desafortunadamente, sabemos que la Revolución –un siglo después de las admoniciones de la mística– la sacó lo mejor de ella. 
¿Puede la pertenencia del gran monarca a la línea francesa estar de alguna manera vinculada también a la realización final del deseo de Jesús y a la propagación del culto al Sagrado Corazón precisamente desde Francia? Es una pregunta estimulante, a la que sólo el tiempo puede responder.


También en esa ocasión el Sagrado Corazón le expresó su gran petición: “Vengo al Fin de los tiempos para pedir a las almas de todas las naciones que se arrodillen ante Mi Realeza, para conocer Mi Corazón Misericordioso por las almas, para que todos pidan gracia y misericordia de Mi Divino Corazón, antes del fin de este mundo”.

“Heriré con plagas a los malvados, a las almas críticas, a los blasfemos, a los profanadores, a los mentirosos, a los jugadores”.

“Quiero que la Corte se constituya pronto, sencilla pero grandiosa. Habrá un líder que me representará, habrá un Rey que será Mi imagen, una Reina que representará a Mi Santísima Madre, y habrá hombres y mujeres santos, es decir esposos y esposas formando la Corte Real”.

Y tuvo una visión de la batalla por el trono de Francia, donde distintos grupos se daban golpes uno a otros para poner su monarca.

Esta visión coincide con las visiones de María Julia Jahenny en el sentido de que habrá una guerra que estalla en varias fases: primero se desata y luego se calma, pero luego la lucha comienza de nuevo y otra facción intenta poner un ‘rey’ en el trono.

Pero lo quitan porque éste no es el rey que Dios quiere.

Y muestra que los planes del hombre no funcionarán, sólo el rey elegido por Dios ascenderá al trono.

Sólo cuando Cristo Rey sea aceptado como Rey de Francia y Rey de las Naciones, se nombrará a Enrique de la Cruz como el verdadero rey elegido por Dios para hacer Su voluntad.

En una de las últimas profecías que le dio Nuestro Señor le presentó algunas características del Gran Monarca: “Para Mi Obra no quiero un presidente.

El que viene es noble de corazón, noble de familia, noble de espíritu.

Es él quien presidirá en Mi Nombre. Le pido que acepte presidir Mi Obra. Esto será suficiente para Mi Obra”.

Cerca del final de su vida, algunos visitantes le preguntaron a Sor Marie sobre la futura purificación de Francia.

Y dijo: “ante un malestar social muy grave, ¡Francia caerá de rodillas ante semejante catástrofe!”

Habló especialmente de una invasión de extranjeros.

Había tenido una visión de Francia invadida, combatida por todos lados, con la pobre banderita francesa flotando sola.

Había visto a los franceses completamente agotados, cayendo de rodillas, sin saber más adónde acudir, implorando a Nuestro Señor diciéndole: ‘¡Señor, ayúdanos!’

Y Sor Marie sentenció: “Cuando Francia haya caído a su punto más bajo, es allí donde el Señor, de manera extraordinaria, salvará a Francia, Su querida hija”.

Afortunadamente, sabemos que el Santuario será reconstruido cuando Cristo sea reconocido como Rey en Francia y el mundo.

Será entonces cuando Enrique de la Cruz, el Gran Monarca Católico, el único noble de corazón, familia y espíritu, vendrá a restaurar la fe.

Este es el camino que ha revelado el Cielo a varios místicos, especialmente María Julia Jahenny.

¡Señor, que perecemos!... Violenta
ruge la tempestad;
y la pobre barquilla de la Patria,
envuelta en agua, zozobrando va.
El relámpago ruge en las alturas,
en lúcidos zig—zags;
hórrido el trueno allá al confín retumba;
brama doquiera horrísono huracán.
Y la pobre barquilla de la Patria,
rota y desecha va,
en el mar sin confín de la desgracia,
envuelta en agua zozobrando va...
Pecamos, Señor Dios; indignos somos
de lástima y piedad.
Pecamos, Señor Dios; pues consentimos
blasfemase el impío ante tu altar.
Pecamos, sí, y tu divina Justicia,
sobre el pueblo desleal
ha caído pesada y manifiesta,
nuestras faltas, Señor, para vengar.
Reyes has consentido, que procuran
placeres y caudal;
gobernantes sin ley que nos subyugan
y azótannos al rostro sin piedad.
Y la pobre barquilla de la Patria,
que azota el vendaval,
de babor a estribor y rechinando,
envuelta en agua, zozobrando va...
¡Piedad, Señor! Aun somos tus hijos.
¡Piedad, Padre inmortal!
Hijo pródigo, vuelve arrepentido
a Ti este pueblo, en busca de piedad.
Escúchanos, Señor; caiga tu mano
sobre el bando inmoral,
instrumento hasta hoy de tu justicia,
secuaces de la carne y de Satán.
¡Azótales, Señor! Alza tu mano,
a una rodarán
sus planes cimentados sobre arena,
y su mismo recuerdo morirá.
Y la pobre barquilla de la Patria,
libre de lastre tal,
hacia el mar placentero de la dicha
gallarda y fácilmente engolfará...
¡Escúchanos, Señor! Serena el cielo
Y apaga el huracán;
abre las nubes ya de tu Justicia,
y llueva el cielo al Deseado ya.
Y calmada, a su acción, Naturaleza,
flores renacerán,
y el sol lucirá espléndido en el cielo,
y la armonía tornará a, reinar.
Y al olor inmortal de las virtudes
de este pueblo leal;
bajo la mano experta del deseado
Monarca que los cielos lloverán,
Esta pobre barquilla de la Patria,
en marcha triunfal,
por el mar esplendente de la gloria
feliz navegará...

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I.— Y vi otro Ángel, un Gran Monarca, un enviado de Dios para regenerar el mundo; Ángel fuerte, por su fe, su celo, su doctrina, su constancia, su ingenio, su saber, su fortaleza y su poderío; Ángel fuerte, porque Dios estará con él para que venza por las armas a todos los tiranos, todas las repúblicas, todos los cismas y herejías, y someta el mundo a su imperio, que será el de Cristo reinando en la sociedad; Ángel que bajaba del cielo, esto es, de la Iglesia Católica: primero porque en castigo de sus pecados será humillado ante ella, y segundo porque pertenecerá a la jerarquía eclesiástica; de la cual, convertido con la eficacia de San Pablo, bajará a ceñirse la espada en nombre del Dios de los ejércitos que le envía después de haber luchado con la pluma. Baja de la Iglesia envuelto por una nube de obscuridad, de humildad, de abnegación, de misterio y de secreto, para que sea abatido y no conocido hasta que llegue el día señalado.

Vi en su cabeza un arco iris, prenda de la paz que ha de dar á los hombres, señal de reconciliación con Dios y manifestación espléndida de la sabiduría con que hará contribuir al reinado de la paz y la justicia todas las ciencias, todos los adelantos y progresos. Su rostro era como el sol, en lo cual vi significado el esplendor de su justicia, de su gloria imperial, de su inteligencia y su saber, de su celo por la Religión y la Patria, de su caridad para con los frágiles y de la supremacía con que en todo brillará entre todos los príncipes del mundo, que serán sus aliados o vasallos.

Sus pies eran como dos columnas de fuego, porque en lenguaje bíblico los pies significan la extensión y poderío de un imperio, y porque este embajador celestial, ardiente y brillante por su fe y su ciencia, como la columna de fuego que guió á Israel, será con su imperio guía y firme sostén de la Iglesia y de la paz universal.

II.— Y tenía en su mano un librito abierto, esto es, los Cánones y decisiones de un Concilio Ecuménico, continuación del Concilio del Vaticano, que se celebrará por iniciativa y poder de este Gran Monarca, especialmente para reformar al Clero, y cuyas disposiciones hará cumplir con todo rigor: por lo cual se dice que tiene el librito en su mano.

El libro es pequeño, librito, no por lo que contiene, sino por su poco volumen, pues en poco texto abarcará mucho y será más claro que los Concilios pasados, especialmente por la reforma que hará y llave que dará para interpretar las Sagradas Escrituras; y asimismo sus frutos, con harto menos trabajo, serán mayores que los de todos los Concilios: por todo esto se dice que el librito está abierto.

Representa también este librito el Apocalipsis, cuya parte histórica será perfectamente explicada por obra del Monarca sabio y poderoso, y las profecías de los siervos de Dios, que son meros comentarios apocalípticos; y asimismo representa la constitución o ley fundamental que dará a su pueblo y al mundo para extirpar de raíz los males pasados.

Y puso el Ángel su pie derecho sobre el mar, en señal de que sus flotas lo dominarán de polo a polo, venciendo con poco aparato de naves, pero con fuerza incontrastable, todas las armadas enemigas; y su pie
izquierdo sobre la tierra, porque en ésta no ha de dominar sin que preceda su poderío naval, y porque siendo su fuerza menor en tierra que en mar, por tierra será más acometido y le costará más trabajo dominarla; pero la dominará con el auxilio de Dios, según se ha dicho al declarar que por los pies se entiende la extensión y el poderío de un imperio.

La dominará, sobre todo, en virtud de la Santa Cruz que llevará en sus banderas. Cruzados serán sus ejércitos; la Cruz será su guía y su fuerza, de ella recibirá el poder contra todas las potestades del infierno y del mundo contra él conjuradas, y este es otro de los sentidos que encierra el librito que lleva en la mano, pequeño en apariencia y grande en virtud.

Puso su pie derecho sobre el mar, el pie más fuerte; y el más débil, o el izquierdo, sobre la tierra, porque aquí el mar significa la impiedad de todo género, movible y tempestuosa y difícil de dominar, y tierra significa la parte buena de los hombres, sólida y fácil de recorrer, por lo cual basta para ella el pie izquierdo.

III, IV.— Y clamó con una voz grande, a manera del león cuando ruge. Es decir, que una vez que empiece a reinar en su pueblo, y aun antes, clamará enérgicamente contra todas las podredumbres políticas, sociales y religiosas, declarando guerra implacable a todo mal. Su voz, como el rugido del león, que simboliza la Patria de este Monarca, llenará de terror á los malos, como el rugir del león aterroriza las fieras del desierto, por lo cual todos los precitos se conjurarán contra él.

Asimismo esta gran voz representa los edictos y leyes que dará y hará ejecutar en beneficio de la Fe Católica y de la sociedad civil, con rabia y espanto de los malos.

Y así que hubo clamado, siete truenos hablaron sus voces o estallaron, esto es, estalló la voz de los siete pecados capitales por boca de los impíos, que tratarán de resistirle por todos los medios, levantando contra él una horrible tempestad de odios, calumnias y asechanzas, y volviendo en guerra contra él las siete armas con ayuda de los siete demonios o siete cabezas de la bestia; pero todo inútilmente, porque el Monarca fuerte será en todas las cosas protegido por el Dios de los ejércitos que le dará la victoria.

Y así que los truenos hubieron estallado, iba yo a escribir lo que dijeron, y oí una voz del cielo que me dijo: sella lo que han hablado los siete truenos; escribe que han hablado, sí; pero lo que han dicho no quieras escribirlo, porque no conviene se descubran antes de hora los secretos que atañen a la repentina aparición del Gran Monarca y la furiosa persecución que padecerá; no conviene se disipe la nube en que viene envuelto, y menos que se divulgue el modo como aterrará a los malos con siete truenos correspondientes a las siete edades, y a los siete candelabros o espíritus de Dios, y a las siete principales virtudes con que combatirá los siete vicios.

Por otra parte, así que todos los impíos y tiranos a una se conjuren como una tempestad contra el Gran Monarca, y le denigren con sus diatribas y calumnias, y preparen contra él todas las armas, los fieles vasallos y todos los amigos de este Príncipe querrán defenderle por escrito, y él mismo quedará afligido de tanta infamia; pero una voz del cielo, esto es, de la Iglesia, la voz del Papa legítimo, dirá a unos y otros: no os aflijáis, no os conturbéis, despreciad la mentira, tenedla por lo que vale, y preparaos a rechazar la fuerza bruta con la fuerza santa para que triunfe la Causa de Dios; y entonces,

V, VI, VII.—El Ángel que vi estar sobre el mar sobre la tierra, el Gran Monarca cuya dominación universal empezaba, levantó su mano al cielo, de donde le venía su gran poder, lo mismo que su autoridad, lleno de celo por su Dios ultrajado y por el bien de su Patria y del mundo todo, lleno de ardor por el triunfo de la fe y de la ciencia, juró por el que vive en la tierra y cuanto hay en ella, y el mar y cuanto él contiene, que ya no habrá más tiempo para los enemigos de Cristo, cuyos días están contados. Contra ellos se lanzará con ímpetu incontrastable por aire, tierra mar, testigos de su grandioso juramento; acabará con todas las herejías, con todos los errores, con todas las sectas, con todos los corruptores y todos los tiranos.

No; ya no habrá más tiempo para que se cometan los males sociales y religiosos que corrompieron y ensangrentaron las edades pasadas, sino que todos serán echados al infierno; porque si bien los males surgirán de nuevo al fin de la edad sexta o del Gran Monarca, sea en los días del séptimo Angel, cuando este empiece a sonar su trompeta, ya no será para que dominen por siglos las naciones como antes, sino por el breve tiempo del Anticristo; y de esta suerte se consumará el misterio de Dios, esto es, lo que Dios nos ha anunciado por sus siervos los profetas, tan menospreciados de esta generación incrédula y frívola. Después de lo cual habrá todavía un tiempo, cuya duración no se sabe, y que algunos extienden a mil años, no con el espíritu herético de los milenarios, sino con espíritu de verdad y de fe.

Se consumará el misterio de la acción de Dios en los siglos pasados cuando el séptimo Angel empiece a tocar la trompeta; no se sabe cómo será después el mundo, ni cuánto durará, pues el ángel no hace más que empezar. Ni siquiera los ángeles del cielo saben cuándo será el día en que Dios juzgará al mundo.

VIII, IX, X.—Así que el gran Monarca triunfe de todos los enemigos del orden, consagrará todos sus esfuerzos al esplendor del librito abierto que en su mano lleva. Por eso yo, representando toda la Iglesia militante, oí la voz del cielo que hablaba otra ved conmigo y decía: Anda y toma el libro abierto de la mano del Angel que está sobre la mar y la tierra. El Pastor Angélico, un Pontífice santísimo, pronunciará las alabanzas de su hijo el Monarca fuerte, lo coronará Emperador de Oriente y de Occidente, y sancionará las grandes reformas debidas a este Emperador universal mandando severamente que sean de todos aceptadas: reformas no sólo eclesiásticas, sino sociales en todos los ramos de la vida, la ciencia y el arte, las cuales serán recibidas por los hombres de mano del Monarca por Dios enviado, esto es, impuestas por su poder para la felicidad de todos los hombres.

Fui, pues, al Angel, pidiéndole que me diera el libro, como irán todos los fieles, pues, entonces todos serán fieles, y me dijo: Tómalo y devóralo, y llenará de amargura tu vientre, esto es, tu carne, tus pasiones, tu naturaleza corrompida, tus miembros pecadores; pero en tu boca será dulce como la miel, quiere decir, será dulce a tu espíritu, a tu fe, a tu celo por la gloria de Dios, a tus miembros justos, porque la doctrina pura, la moral santa, tanto son amargas para los malos como dulces para los buenos.

Tómalo y devóralo es mandato imperativo, porque mandato será y no consejo aquel por el cual se imponga este libro a los hombres. Y en verdad, entonces recibí el libro de mano del Ángel y lo devoré, esto es, lo estudié y practiqué con santo afán, y era en mi boca dulce como la miel; pero así que lo hube devorado, quedó mi vientre lleno de amargura, quedaron mis concupiscencias abatidas, con gran pena de mi parte inferior.

XI.— Y me dijo el Ángel: es necesario que de nuevo profetices a las naciones, y pueblos, y lenguas, y a muchos reyes. «No se ha hecho esta paz para que estemos ociosos, dirá el Gran Monarca; es menester que de ella se aprovechen los ministros de Dios para llevar la luz del Evangelio a los países más apartados y desconocidos, para que de todo el mundo se forme un solo rebaño y un solo pastor.

«Id y evangelizad: dulce como la miel es la paz, dulce el descanso después de las fatigas pasadas, y amargo y duro el trabajo en tan lejanos países; dulce la felicidad social y religiosa de que gozamos, y amargo y terrible el tiempo que a esta época seguirá; pero tanto mayor debe ser vuestro afán por el arraigo de la verdad y la evangelización de todo hombre, cuanto mayores fueron los estragos que pasaron y más temibles se presentan los que han de acompañar al Anticristo.

»Mucha es la labor que nos queda: es necesario seguir profetizando a las naciones, y pueblos, y lenguas, y a muchos reyes; vosotros con la Cruz y la palabra, yo con la Cruz y la espada».

Asimismo aquel Monarca sabio hará que todas las ciencias sigan profetizando, esto es, descubriendo con nuevas y espléndidas razones su absoluta conformidad con la Fe. El Dios de las ciencias las bendecirá, y nunca el progreso humano habrá tenido tal período de desarrollo. Los inventos que se harán exceden ahora toda previsión.

Así, con este admirable acuerdo, procederán entonces la Iglesia, la Ciencia y el Imperio.

Este es el Gran Monarca español anunciado por San Isidoro, San Vicente Ferrer, Santa Brígida, San Alfonso Rodríguez, San Nicolás, cien otros santos y las Sibilas; éste el gran Crucífero y fundador de la orden religioso-militar de los Crucíferos, profetizado por San Francisco de Paula y mil profetas más; éste El hombre que se necesita y por el cual todos claman hoy; éste el Restaurador de todo en Cristo; éste el Padre de los pobres y protector de los desvalidos; éste el que ha de llevar la Patria a la cumbre de la gloria, el Estado a la cumbre de la grandeza política, la Nación a la cumbre del poderío, el Pueblo a la cumbre de la felicidad posible en esta vida. Este es el Gran Monarca que Dios nos guarda, objeto de las profecías más estupendas; éste es el Gran Españolista. ¡Cuándo vendrá el gran españolista! Mitte, Domine, quem missurus es... (envíe, Señor, a quién va a enviar...)
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(I) Compendio de todo cuanto los Profetas anuncian del Gran Monarca, especialmente el Venerable Holzhauser en el capitulo X de sus autorizadísimos y proféticos Comentarios sobre el Apocalipsis

P. José Domingo María Corbató
Biblioteca Españolista
Valencia-Año 1904

🔸Apología del Gran Monarca. La Providencia y los restauradores

Apología y profecías sobre el Gran Monarca donde, en un contexto apocalíptico, se describe su llegada, triunfo y reinado. 
Conviene, en estos tiempos de poca fe, avivar la confianza en Dios que, como demuestra la misión de Gedeón y Jerobaal, vemos cómo el Señor salva a los pueblos oprimidos y arrepentidos. 
"La ira de Dios que nos ha de envolver para que el llanto apague nuestros odios sociales y nos lleve a la paz, ha tenido intérpretes superiores a la común previsión de los mortales, ha tenido profetas que en nombre de Dios anunciaron la época terrible en la que estamos entrando, y esos profetas de la Ley de Gracia, acordes con los de la Ley antigua, anuncian la guerra más feroz de las edades, y luego la restauración del mundo por España Y de España por un Cristo, un escogido del Rey de Reyes"...



Apología del Gran Monarca (... by Bernardo Magalló Estors



Archiduque Fernando Zvonimir: 
el gran monarca católico



El gran monarca católico es una figura profetizada por numerosos santos y místicos. San Hipólito de Roma, San Metodio, San Cataldo, San Remigio, San César de Arlés, el beato Rábano Mauro, Santo Tomás Becket, Santa Hildegarda, el beato Joaquín de Flora, el abad Werdin d'Otrante, el hermano Juan de la Roca Hendida, Santa Brígida de Suecia, San Francisco de Paúl, el beato Juan Amadeo de Silva, el venerable Bartolomé Holzhauser y el abad Mathurin Souffrand escribieron sobre él.

Creo que el gran monarca católico es el archiduque
Fernando Zvonimir de Austria. Su padre es el archiduque Carlos de Austria; su abuelo es Otón de Habsburgo, príncipe heredero de Austria; su bisabuelo fue el último emperador austriaco, Carlos I. El archiduque Fernando es el hijo mayor del archiduque Carlos y heredero de todos los títulos heredados de su familia.
Más importante aún, los emperadores austriacos sucedieron a los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico. El último emperador del Sacro Imperio Romano Germánico fue Francisco II, quien disolvió el Sacro Imperio Romano Germánico en 1806 y se convirtió en el primer emperador de Austria, Francisco I. (Francisco II y Francisco I son la misma persona). Diversas revelaciones privadas afirman que el gran monarca católico es descendiente de los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico y heredero legítimo del imperio.
El archiduque Fernando Zvonimir de Habsburgo-Lorena de Austria es el gran monarca católico.

[Las citas son de mi libro, La Primera Parte de la Tribulación, del capítulo titulado: 'El Gran Monarca y el Pastor Angélico en Revelación Privada'.]

Vea mi nuevo libro: