EL Rincón de Yanka

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sábado, 15 de septiembre de 2007

MEJOR...


Al triste, no le preguntes la historia de su desgracia...
Mejor dile que en ti tiene un amigo.
Al que llora, no le escudriñes el origen de su llanto...
Mejor dile que tú tienes un hombro, un pañuelo, una sonrisa.
Al que anda tambaleante por la vida no le analices por qué no ha llegado nunca a ninguna parte...
Mejor dile que tú tienes una luz, un consejo, y un bastón por si llegara a necesitarlos.
Al que anda sin templo, y sin oración no le preguntes por qué es un descreído... Mejor enséñale a Dios, y mételo en el secreto de tu plegaria.
A esos que hacen un caos de su vida no les preguntes que causa su confusión...
Mejor enséñales el rastro sosegado de la fe, y el fluir constante de tu serenidad.
Al que anda dolido y agotado con su cruz, no le preguntes por qué le pesa tanto...
Mejor ponlo en posición de que Dios se irradie sobre él... Y poco a poco le irá llegando Su luz.
Al que se resiste a seguir, y se siente vencido, no le andes por las normas, las deducciones y los raciocinios...
Mejor dale la mano, y dile: "¡Voy contigo!"
No le preguntes a cada uno su necesidad...
Mejor demuéstrales que siempre hay un sueño más asombroso que su mala suerte.
.
Hay un Dios... Hay una oración... ¡¡Y hay un milagro!!
Si tienes a Dios en tu corazón, puedes hacer una oración y Él te escuchará y te contestará y serás parte de ese milagro. Él espera que tengamos siempre la disposición para hacerlo y nos escucha, entonces anímate y que todos conozcan al Dios vivo que está en ti.

¿Cómo reconocer a un fundamentalista?


"Con los dogmáticos y fanáticos (y adeptos partidistas) no cabe ni el diálogo ni el pluralismo ni mucho menos la fraternidad universal.
El que piensa de otro modo es para ellos un hereje o un enemigo".

"TEN CUIDADO CON LA PERSONA CUYO DIOS
ESTÁ EN LOS CIELOS".
G. Bernard Shaw

Antes que nada, el mayor peligro del fundamentalismo religioso (cristiano o islámico) y político (adepto-partidista)
es que sus declaraciones parecen tan verdaderas.
Una peculiaridad del fundamentalismo es la "expropiación", es decir, la abdicación del propio juicio y de la libertad propia en lo que concierne a los designios de Dios y de sus representantes. ¿Cómo sabe qué creer y qué hacer? La respuesta la obtiene en la organización a la que se entrega y en su portavoz más inmediato, sea éste de mayor o menor rango. Si no puede contar con ese representante autorizado, ¿cómo salrá de la incertidumbre? El carácter absoluto de Dios se pierde en el carácter absoluto de sus mediaciones.


Lo típico del fundamentalista es este nudo inextricable entre la entrega a Dios y la pertenencia a una comunidad de salvados en la que unas personas lo reglamentan todo como representantes de Dios y de su Cristo. Las reglas son precisas y terminantes. Alguna vez pueden parecer duras, pero han de ser concretas y, al aplicarse con tesón en su cumplimiento y en su exhibición legitimadora, se siente su poder salvífico e identificador frente a la maldad del entorno. Posee certificados afectivos de que está en el buen camino.

Por supuesto, estas normas no pueden poseer carácter histórico o cambiante, pues parece que, entonces, perdieran dignidad y valor. Entrega indivisa y total. No tiene que preguntarse quién es ni a dónde va: le viene dado. Y esa misma donación es aplicable en los mismos términos a todo lo que le rodea. Cree que así hace justicia a la realidad, a la de Dios y a la suya, y se realiza pensándose digno de salvación frente a la condenación del resto infiel. Por supuesto tiene aspectos positivos. Vive un profundo y potente respeto a Dios y a sus representantes. Se toma absolutamente en serio la jerarquía de la realidad y de las instituciones y recurre a Dios para que todo tenga su justa estatura. Considera, por otro lado, que Dios es la verdad, y que no caben pactos ni con el error ni con la mentira. Eso significa que tratar con Dios es peligroso: si no se es leal con Él, uno acaba peor que como comenzó. Si se entrega a Dios, Él lo prueba y lo purifica, lo arranca de sus mentiras y complicidades, como oro purificado en el fuego. Pero el fundamentalismo carece del sentido de trascendencia. No se entrega verdaderamente a Dios porque está entregado a la figura histórica de sus mediaciones, a las que no entiende históricamente sino de forma absoluta.

Quiere que Dios venga a donde él está, que acepte las condiciones que él pone, que se conforme con lo que le ofrece en su vida privada. El esfuerzo por el rigorismo moral privado y la ausencia de manifestación pública de disconformidad lo hacen como poseedor de una segunda naturaleza: el siervo fiel.

Conciben a un Dios semi-trascendente, por eso sus relaciones con Dios se establecen en la mediación de las normas y las instituciones, desconociendo los matices humanizadores de la fe. Conciben a Dios como Señor, pero como un Señor demasiado paralelo a la concepción de los señoríos de este mundo. Es Señor en el sentido de que está arriba disponiendo y decidiendo: Él manda, Él tiene todo el poder, Él es poder. Y traslada este mismo esquema a las mediaciones: ellas mandan, ellas tienen todo el poder, ellas son el poder. Cierto es que su poder está modulado por el amor, pero éste se diluye en la disciplina exigible a los suyos. Dios quiere reinar por las buenas, pero lo hará aún por las malas, sobre todo con los recalcitrantes. Los mandamientos son, en este sentido, expresión de un vasallaje que no es posible romper sin caer en la peor de las ignominias. Y no sólo los mandamientos, toda norma emanada de ellos, o de las mediaciones, aún por insignificantes que puedan parecer, son su entorno más seguro: su cumplimiento garantiza la dignidad de lo que se vive. De ninguna manera puede tolerar con tranquilidad el cuestionamiento de lo reglado. Es como quitar el suelo, la tierra firme de su fe. En su esquema religioso sólo vale lo normativo, la disciplina y la uniformidad.

La revelación del Dios amor y de un Jesús contestatario le parece propio de mentes pusilánimes y débiles, aún no verdaderamente formadas, lejos de la verdadera verdad. La relación con Dios está pautada por la ley. Sin ley no hay Dios ni Reino posible. Vive para obedecer al que tiene razón, y tiene razón quien manda. Y si el que manda prescribe, el cristiano no debe plantearse nada en conciencia: debe someter su criterio.

La voluntad de Dios está objetivada en lo reglamentado por las mediaciones y salirse de ahí o cuestionar la norma es alejarse de la voluntad de Dios. La fidelidad, pues, no puede ser creativa, sino reactiva. Tampoco cabe la reclamación, pues no se reclama a lo absoluto, sea esto Dios o sus mediaciones.No entiende la fe como algo biográfico o histórico en sus mediaciones.

Vive con tranquilidad en un código minucioso que a la par que estricto con la conciencia es intimidatorio con la disidencia o el pecado, lo cual le hace sentirse a gusto en el bando de los buenos. En el fundamentalismo no hay campo para procesar los desencuentros, los malentendidos o las divergencias. Simplemente no existen. Y si se los encuentra, se refugia en lo reglamentado para emitir su juicio feroz. Toda solución es disciplinar y con dificultad se toleran los errores, menos aún las infidelidades, y para nada el desacuerdo abierto. El diálogo no es solución. La sanción lo vuelve todo a su justo sitio.
No conoce al Jesús de la montaña


(Extraido del libro de Pedro Trigo:
"En el mercado de Dios, un Dios más allá del mercado")

+ Ver: 

jueves, 13 de septiembre de 2007

Echando a Dios de todas partes

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En una reunión de padres de un colegio, la directora preguntó en el APA sobre la violencia en la escuela y cómo resolver las situaciones conflictivas:
"¿Qué hacer frente a la instalación de lo peor de nuestra sociedad dentro del aula?"
Por último, tras el repaso de algunos hechos dolorosos, se interrogó a sí misma:
"¿cómo Dios puede permitir una cosa así?

" Un padre interrumpió y dijo:

"Al igual que nosotros, creo que Dios está profundamente triste por estos hechos, pero durante años hemos estado diciéndole a Dios que se vaya de nuestras escuelas, que se vaya de nuestro gobierno, de los medios de comunicación, de nuestras universidades, de la política, de los hospitales; que se vaya de todos lados: en definitiva lo echamos... de nuestras vidas. Y siendo tan respetuoso de nuestra libertad el Señor nos obedeció, creo que se ha retirado mansamente.

¿Cómo podemos esperar que Dios nos de Su bendición y Su protección cuando le hemos exigido que nos deje solos?"

Se hizo un gran silencio en la reunión y este padre siguió entonces argumentando a la luz de los acontecimientos sabidos: ataques de chicos armados a sus profesores, suicidios, acoso, violencia racista y ataques sexuales, etc.

Dijo que que todo comenzó cuando una autoridad de la consejería se quejó porque no quería que se rezara en las escuelas... Y dijimos que estaba bien.

Y siguió: "Luego alguien dijo que mejor se suprimiese la clase de religión en las escuelas. La Biblia dice: no matarás, no robarás, amarás a tu prójimo como a ti mismo... Y dijimos que estaba bien.

Luego unos psicólogos dijeron que no debíamos poner límites a nuestros hijos cuando trasgreden las normas porque sus personalidades pueden frustarse y podríamos estropear su autoestima. Y dijimos que estaba bien.

Luego alguien dijo que no deberíamos reprender a nuestros hijos cuando trasgreden las normas de convivencia. Y dijimos que estaba bien.

Luego algunos de nuestros principales funcionarios públicos dijeron que no importa lo que hacemos en privado mientras cumplamos con nuestro trabajo. Estuvimos de acuerdo con ellos y dijimos que no importa lo que la gente hace con su vida privada, incluyendo los dirigentes del país, mientras yo tenga un trabajo y la economía esté bien.

Luego alguien dijo: dejemos libertad absoluta a la pornografía y neguemos que sea una afrenta a la dignidad humana, en especial la de la mujer... Y dijimos que estaba bien. Y luego alguien publicó fotografías de sexo explícito. Y dijimos que estaba bien, que tienen derecho a la libertad de expresión. Luego la industria del espectáculo dijo:

Hagamos "reality shows" por televisión y películas que promuevan la pornografía, la infidelidad, el hedonismo sin límite, la violencia y el sexo como paradigmas de una sociedad sin valores, donde todo es cuestionable, desde la vida de un inocente hasta el derecho a la privacidad, donde la "cámara oculta" tiene el poder de dirimir sobre la fama y la honra de un indefenso ciudadano. Y dijimos que eso no era más que diversión, que no tiene efectos negativos, que de todos modos nadie lo toma en serio, así que adelante.

Ahora nos preguntamos porqué nuestros hijos no tienen parámetros para distinguir entre el bien y el mal. Si lo pensamos despacio, encontraremos la respuesta.

Creo que tiene mucho que ver con que LO QUE SEMBRAMOS ES LO QUE RECOGEMOS. Es curioso cómo la gente simplemente manda a Dios fuera de la historia y luego se pregunta por qué el mundo está en proceso de destrucción.

Al final todos expresaron su acuerdo al que había pronunciado estas palabras. Todos se lamentaron de lo que estaba ocurriendo. Se acabó la sesión y alguien apuntó: "¿Por qué no empezamos por ser mejores cristianos cada uno de nosotros, por invitar a Dios a entrar en nuestras casas, en cada una de las habitaciones, sacando y echando fuera lo que sea incompatible con Él?".
Nos interesa...por nuestro propio bien...