EL Rincón de Yanka: RITUAL

inicio














Mostrando entradas con la etiqueta RITUAL. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta RITUAL. Mostrar todas las entradas

viernes, 11 de agosto de 2023

#JMJLISBOA2023: CLOACA DE CONFUSIÓN SACRÍLEGA Y RITUAL DE BRUJERÍA MASÓNICA 👥👿

JMJ 2023:
Traicionando a Juan Pablo II 




El Via Crucis de hoy de la #JMJLISBOA ha sido representado por bailarines cuyos movimientos no han acompañado a las escenas, sino que las escenas eran los bailarines, siendo totalmente banalizado, además de que no ha hecho entrar a nadie en el drama de la Redención, en la necesidad de convertirse ni ha suscitado ninguna compasión por nuestro Señor o Su Madre. No sé si llega a ritual satánico como dice el vehemente comentarista, pero desde luego no inspira a nadie sino que es un mero espectáculo con alguna pincelada católica para disimular.
La realización de este evento instituido por san Juan Pablo II deforma y muta las intenciones evangelizadoras trazadas por su inspirador, para convertirse en un encuentro fraternal de jóvenes sin Dios y sin Cristo, a imagen y semejanza de la “sociedad abierta” de George Soros.

Ad maiorem Soros gloriam

Continuando con el golpe de Estado llevado a cabo contra Nuestro Señor Jesucristo por la jerarquía vaticana a través del neo-cardenal papagayo de Lisboa, en la Jornada Mundial de la Juventud 2023, la realización de este evento instituido por san Juan Pablo II deforma y muta las intenciones evangelizadoras trazadas por su inspirador, para convertirse en un encuentro fraternal de jóvenes sin Dios y sin Cristo, a imagen y semejanza de la “sociedad abierta” pensada por el filósofo Karl Popper y ejecutada diabólicamente por George Soros, peón y ariete de la Casa Rothschild de Londres.
La Abominación de la Desolación denunciada por el profeta Daniel en el Antiguo Testamento tiene en el pontificado actual su actualización en versión siglo XXI, impulsada por quien parece formar parte de la Compañía de Judas Iscariote o Compañía contra Jesús (ex Compañía de Jesús).

1. En nuestro artículo anterior, titulado Iglesia Católica: de Cuerpo de Cristo a burdel bergogliano, comentamos la noticia dada a conocer por el obispo auxiliar de Lisboa, Américo Manuel Alves Aguiar, neo cardenal y responsable de la organización de la XXXVII Jornada Mundial de la Juventud que se celebra en estos días en la capital de Portugal, que en el evento mencionado Jesucristo no iba a estar presente, porque oficialmente dicho, ni Él ni Su Iglesia forman parte del programa organizado:

“Nosotros no queremos convertir a los jóvenes a Cristo ni a la Iglesia Católica ni nada de eso, en lo absoluto”, sino organizar un encuentro social-religioso, una reunión de amigos: “Nosotros queremos que sea normal que un joven cristiano católico diga y testimonie quién es o que un joven musulmán, judío o de otra religión tampoco tenga problema en decir quién es y en testimoniarlo, y que un joven que no tiene ninguna religión se sienta bienvenido y no se sienta acaso extraño por pensar de otra manera”, porque en realidad el objetivo último de las Jornadas es “que los jóvenes que vienen a Lisboa, a Portugal, conozcan a otros jóvenes de África, Asia, América, ricos, pobres, de Occidente, católicos, no católicos, con religión, sin religión, con fe y sin fe, y comprender primero que esta diversidad, cualquiera que sea, es una riqueza.

Y después conocerse y darse a conocer. De ahí en adelante, que se cuiden, que se amen, que tengan el gusto de estar juntos”[1] Es decir, más que un encuentro religioso con Jesucristo resucitado y sentado a la derecha de Dios Padre, una reunión fraternal “para conocerse”, o sea, se expulsa a Jesucristo como centro para poner en su lugar al becerro de oro en versión siglo XXI: el Yo socializado.
Como dijo el prelado, se trata de un encuentro de fraternidad universal, no hay ninguna mención a Jesucristo ni a la Iglesia, que es Su Cuerpo. Dijimos que, evidentemente, la actuación del neo-cardenal constituye un verdadero acto de descristianización de la Iglesia Católica, o bien un auténtico golpe de Estado contra su Fundador y Cabeza suprema, afirmado explícitamente, aunque al igual que todo politiquero mentiroso, dijo que sus palabras habían sido sacadas de contexto, olvidando que el hombre es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios, sobre todo ahora que todo queda filmado.

2. Pusimos en evidencia también que para justificar esta cancelación y ausencia de Jesucristo como centro del encuentro, el prelado portugués no tuvo mejor idea que recurrir a la mentira descarada, a la desinformación o la ignorancia, ya que dijo que la invitación a participar en la Jornada Mundial de la Juventud “nunca es para los católicos (…), nunca los Papas hicieron una invitación para los jóvenes católicos (a la JMJ), siempre fueron invitaciones a los jóvenes del mundo entero”[2], afirmación del neo cardenal que está totalmente y absolutamente alejada de la verdad.
En primer lugar, quien instituyó e institucionalizó la celebración anual de la Jornada Mundial de la Juventud, a partir de 1986, fue el papa San Juan Pablo II. En segundo lugar, el santo Pontífice polaco dejó siempre bien en claro que el centro y el fin de las Jornadas fue y ha sido -hasta ahora- el encuentro de los jóvenes con Jesucristo y su conversión a Él, en el marco de la Evangelización y de la celebración de la Santa Misa, memorial de la Ultima Cena, Pasión y Resurrección del Señor, con la finalidad de llevar a todos los concurrentes a la conversión hacia Cristo:

• “Que Jesús sea la ‘piedra angular’ de vuestras vidas y de la nueva civilización que en solidaridad generosa y compartida habréis de construir. No puede haber auténtico crecimiento humano en la paz y en la justicia, en la verdad y en la libertad, si Cristo no se hace presente con su fuerza salvadora” (Mensaje para la II Jornada Mundial de la Juventud-1987);

• “Vosotros todos, estoy seguro, queréis establecer vuestra vida sobre fundamentos sólidos, capaces de resistir las adversidades que no pueden faltar: queréis fundarla sobre la roca. Entonces, de frente a vosotros, esta María, la Virgen de Nazaret, la humilde sierva del Señor que os muestra a su Hijo diciendo: «Haced lo que Él os diga»; es decir, escuchad a Jesús, obedeced a Jesús, a sus mandamientos, confiad en Él. Éste es el único programa de vida para realizarse auténticamente y ser feliz.
Ésta es la sola fuente que le da un sentido profundo a nuestra vida”; “Escuchando las palabras que María pronunció en Caná de Galilea: «Haced lo que Él os diga», tratad de construir vuestra vida, desde el principio, sobre el sólido fundamento que es Jesús” ((Mensaje para la III Jornada Mundial de la Juventud-1988))

• “Con ocasión de esta V Jornada Mundial de la juventud, deseo invitaros a todos a un redescubrimiento de la Iglesia y de vuestra misión en ella, como jóvenes”; “Estoy seguro de que muchos de vosotros, meditando el misterio de la Iglesia, sentirán en lo más profundo del alma la llamada de Cristo: ‘Ven tú también a mi viña…’. Si oís esta voz dirigida personalmente a vosotros, no dudéis en responder ‘sí’ al Señor. No tengáis miedo, porque servir a Cristo y a su Iglesia con radicalidad es una vocación maravillosa y un gran don. Cristo os ayudará” ((Mensaje para la V Jornada Mundial de la Juventud-1990));

• “Las Jornadas Mundiales de la Juventud [son] significativos ‘altos en el camino’ en vuestro itinerario de jóvenes cristianos, invitación continua y urgente a fundar la vida sobre la roca que es Cristo” (XV Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud-2000);

• “al comienzo del tercer milenio, el Papa os indica una vez más la cruz como camino de vida y de auténtica felicidad. Desde siempre la Iglesia cree y confiesa que sólo en la cruz de Cristo hay salvación” (XVI Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud-2001);

•“La adoración del Dios verdadero constituye un auténtico acto de resistencia contra toda forma de idolatría. Adorad a Cristo: Él es la Roca sobre la que construir vuestro futuro y un mundo más justo y solidario. Jesús es el Príncipe de la paz, la fuente del perdón y de la reconciliación, que puede hacer hermanos a todos los miembros de la familia humana” (XX Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud-2005).

Como se puede ver y apreciar, “la finalidad principal de las Jornadas es la de colocar a Jesucristo en el centro de la fe y de la vida de cada joven, para que sea el punto de referencia constante y la luz verdadera de cada iniciativa y da toda tarea educativa de las nuevas generaciones”. Es decir, la Jornada Mundial de la Juventud como tal, en su conjunto, es “una continua y apremiante invitación a fundamentar la vida y la fe sobre la roca que es Cristo”, lo que significa que “las Jornadas de la Juventud no son ritos convencionales, sino acontecimientos providenciales, ocasiones para que los jóvenes profesen y proclamen cada vez con más alegría su fe en Cristo.
Estando juntos pueden interrogarse sobre las aspiraciones más profundas, experimentar la comunión con la Iglesia, comprometerse con la urgente tarea de la nueva evangelización”[3]. Pero el objetivo de don Américo Aguiar es ridículamente otro absolutamente contrario al de San Juan Pablo II, como si un neo cardenal recién llegado tuviera la capacidad y la autoridad moral de contradecir y corregir a un Pontífice probado en la fe y en el sufrimiento como ha sido y es san Juan Pablo II. Evidentemente, todo es posible en el burdel bergogliano.

3. En un amable correo electrónico que nos enviara días pasados en respuesta a nuestro artículo ya citado, don Américo Manuel Alves Aguiar dice que la JMJ es una “invitación a todos los jóvenes del mundo a una experiencia de Dios”, lo cual es “exactamente lo que queremos proporcionar a los jóvenes de todo el mundo.
Queremos acoger a cada uno con los brazos abiertos y con el rostro de alegría que da testimonio de Cristo vivo. En nuestros corazones y en nuestras vidas. Queremos conocer a todos los jóvenes y dar a conocer las raíces, las razones de nuestra Fe… una persona, Jesucristo”. Todo ello con el objetivo de lograr que estos jóvenes, “volviendo a sus geografías y vidas, deseen cambiar sus vidas, cambiar el mundo. Queremos que se pregunten sobre sus vocaciones… sobre la razón de nuestra alegría”.
Como se puede apreciar, esta versión 2023 de la JMJ no tiene nada que ver con las que instituyó e impulsó san Juan Pablo II: se trata de una “experiencia de Dios”, no un encuentro con Jesucristo; se trata de “lo que queremos”, no de evangelizar ni proclamar; “queremos… queremos… queremos dar a conocer las razones de nuestra Fe”, no de dar a conocer a Jesucristo y seguirle”; que los jóvenes “se pregunten sobre sus vocaciones y sobre la razón de nuestra alegría”, es decir, “nosotros, lo que sentimos y lo que irradiamos” es el centro y fin de la Jornada, no la presencia viva y real de Cristo: una Iglesia sin Cristo, un Dios difuso indefinido.

Para justificar esta terapia grupal juvenil, el neo cardenal dice que “la JMJ nunca ha sido, no es ni debe ser un evento para proselitismos, mas bien al contrario, es y debe ser siempre una oportunidad para conocernos y respetarnos como hermanos”.
En este punto, es evidente que el prelado portugués, más que argumentar y justificar, rebuzna, ya que confunde evangelización con proselitismo, como hacen sus mentores que trampean el Evangelio; por otro lado, deforma o mutila el sentido original de la JMJ, al mutarlo en un encuentro para fraternizar, no para encontrar a Jesucristo y comprometerse con El.
Y, finalmente, delira inventando que “Pedro dice que la Iglesia no impone, propone”, lo cual no está en ninguna de las Cartas petrinas. Salvo que en su imaginación crea que el obispo de Roma es “Pedro”, cuando en realidad es Sucesor de Pedro, el 266º (es un antipapa impostor) de la cadena de los Pontífices, no el primero de la serie. Que además en realidad no propone, sino impone: protección, encubrimiento, amnistías y rehabilitaciones para abusadores sexuales (Inzoli, Zanchetta, Rupnik, etc.), y destierro y expulsión para servidores fieles de la Iglesia, como los tres secretarios privados de Benedicto XVI (Josef Clemens, Georg Gänswein, Alfred Xuereb), monseñor Daniel Fernández Torres (ex obispo de Arecibo/Puerto Rico), el sacerdote estadounidense provida Frank Pavone, el sacerdote Jesusmary Missigbètò (miembro del Opus Dei), y tantos otros.

4. Aval pontificio al golpe de Estado contra Nuestro Señor Jesucristo.
Nos preguntábamos en nuestro anterior articulo “¿Cómo es que puede darse tal felonía en las mas altas esferas de la Iglesia institucional?”. En realidad, es que el prelado portugués “no se cortó solo”, sino que en realidad tuvo y tiene el aval de la jerarquía máxima, como lo prueba el video-mensaje que hace pocos días el obispo de Roma dirigiera a los jóvenes que participarán o participarían en la adveniente Jornada[4]. Porque en el círculo de amistades de don Jorge Mario, esto solo puede hacerse con su aval.

En este mensaje, el obispo de Roma comienza hablando de las crisis que han afectado al mundo en los últimos años -pandemia, economía, guerra en Ucrania- [sin ninguna mención al genocidio abortista planetario -75 millones de niños por nacer asesinados por año-, la concentración de la riqueza en muy pocas manos, el envejecimiento poblacional mundial], exhorta a los jóvenes a celebrar un evento “joven, fresco, con vida, con fuerza, creativo”, porque para que sea exitosa la Jornada y no salga mal los jóvenes tienen que ser “poetas”. Caso contrario, “la Jornada va a salir mal”. ¿Y Jesucristo dónde está? Lamentablemente, el obispo de Roma se olvidó de mencionarlo y hacerlo presente, al igual que en otros video-mensajes que envió para invitar y entusiasmar a los jóvenes[5].
Esta postura la ratificó don Jorge Mario al llegar a Lisboa ayer, 1 de agosto, cuando dijo que “la fe nace por atracción”, “no por proselitismo, nunca […], ya que uno no se vuelve cristiano porque sea forzado por alguno, no, sino porque es tocado por el amor”[6]. Es decir, gracias al “misionero con celo apostólico” Jesús “pasa”, y el que mira lo que hace y dice el misionero es “atraído”, porque es “tocado por el amor”. En otras palabras, Jesús no se hace presente sino que “pasa” gracias al misionero, y el observador “cree” porque es “atraído”.

Pero esto que afirma el obispo de Roma se contradice con la doctrina católica bimilenaria, confirmada en el Magisterio eclesial: la fe es obedecer (ob-audire) a la Palabra escuchada, es “someter libremente y totalmente la inteligencia y la voluntad a Dios que se revela”[7]. Para que haya fe, primero hay que escuchar, después asentir, aceptar y asumir lo escuchado, lo que permite llegar a amarlo realmente, porque solo se puede amar lo que se conoce. La fe es un acto de la inteligencia y de la voluntad, lo escuchado impacta porque es verdadero y cierto (reconocimiento de la inteligencia) y luego se lo acepta y asume (aceptación de la voluntad).
En realidad, esta “antropología bergogliana de la fe” y su prohibición de la evangelización (mal llamada proselitismo), se basa más bien en la antropología del clan Soros y del Nuevo Orden Mundial: no importa en lo que se cree, todas las religiones son buenas, no hay necesidad de ninguna conversión a Dios por Jesucristo, lo mas importante es la fraternidad universal, etc.

Es por eso que don Jorge Mario Bergoglio es “fiel” a su consigna de prohibir el proselitismo, es decir, la conversión a Jesucristo producto de la acción evangelizadora, porque para él “evangelizar” es dar testimonio de Cristo e irradiarlo mediante nuestras acciones bellas, que el otro vea en mi lo bueno que soy porque tengo fe, pero aceptando y respetando en el otro su diversidad, porque es distinto a mí (¿?????).
Nada de evangelizar las culturas, como decía san Juan Pablo II; nada de fomentar el dialogo entre razón y fe, para demostrar que la Verdad última de todo conocimiento y obrar moral es Dios hecho hombre en Jesucristo, en unidad con el Espíritu Santo, como ha enseñado Benedicto XVI. No, para don Jorge Mario “evangelizar” es mostrar, mientras que convertir es “proselitear”, con perdón del neologismo bárbaro que acabo de inventar, al estilo bergogliano.

Bien le convendría a nuestro compatriota repasar las páginas iniciales del Catecismo, porque con sus heterodoxias doctrinales está dando un golpe de Estado contra el mismo Jesucristo y desplazándolo, para mutar a la Iglesia del Señor en un antro edificado a imagen y semejanza del transhumanismo del Foro Económico Mundial, para mayor gloria de la Sociedad Abierta de Karl Popper y del clan Soros.

______________________________

1 VER NOTICIA AQUÍ. Y Ver video-entrevista
2
Ibidem.
3
San Juan Pablo II, Carta con motivo del seminario de estudios sobre las Jornadas Mundiales de la Juventud (8 de mayo de 1996).
4
Cf. 
5
 AQUÍ
6
 AQUÍ

José Arturo Quarracino
2 de agosto de 2023




[¡Aleluya!]
Alabad al Señor, que la música es buena;
nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. 
Salmo 146,1

VOLVER A LA FUENTE

Efectivamente, no todo vale. La disminución de la sacralidad en la Iglesia es un signo negativo del rumbo que estamos tomando. Mientras el gregoriano y las polifonías desaparecen por completo, se fomenta la chabacaneria en todos sus ámbitos.
Volvamos a la Tradición, a la Fe de nuestros antepasados.

CRÓNICA DE LA JMJ LISBOA 2023: CLOACA DE CONFUSIÓN, 
PERVERSIÓN Y DESPRECIO AL SEÑOR JESÚS, MARGINADO

RITUAL SATÁNICO EN VIVO POR LA JMJ- VIACRUSIS DEL DIABLO - 
INFORMATIVO MARANATHA


LA JMJ DE JMB HA SIDO UNA ESCENIFICACIÓN SIMBÓLICA Y SUBLIMINAL 
DEL dIOS DEL CAOS Y LA CONFUSIÓN


DICHO POR UN COMENTARISTA DEL CANAL: 
Escuchad la palabra de Yahveh, hijos de Israel, que tiene pleito Yahveh con los habitantes de esta tierra, pues no hay ya fidelidad ni amor, ni conocimiento de Dios en esta tierra; sino perjurio y mentira, asesinato y robo, adulterio y violencia, sangre que sucede a sangre.
Por eso, la tierra está en duelo, y se marchita cuanto en ella habita, con las bestias del campo y las aves del cielo; y hasta los peces del mar desaparecen.
¡Pero nadie pleitee ni reprenda nadie, pues sólo contigo, sacerdote, es mi pleito!
En pleno día tropezarás tú, también el profeta tropezará contigo en la noche, y yo haré perecer a tu madre.
Perece mi pueblo por falta de conocimiento. Ya que tú has rechazado el conocimiento, yo te rechazaré de mi sacerdocio; ya que tú has olvidado la Ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.
Todos, cuantos son, han pecado contra mí, han cambiado su Gloria por la Ignominia.
Del pecado de mi pueblo comen y hacia su culpa llevan su avidez.
Mas será del sacerdote lo que sea del pueblo: yo le visitaré por su conducta y sus obras le devolveré.
Comerán, pero no se saciarán, se prostituirán, pero no proliferarán, porque han abandonado a Yahveh para dedicarse a la prostitución. El vino y el mosto arrebatan el seso.
Mi pueblo consulta a su madero, y su palo le adoctrina, porque un espíritu de prostitución le extravía, y se protituyen sacudiéndose de su Dios. (Oseas 4, 1-12). 
"Porque digo esto: las élites secretas, llámese masonería, illuminatis, etcétera, tienen un conocimiento ancestral que lo utilizan hasta el día de hoy porque es un conocimiento perenne; es el conocimiento y el lenguaje del símbolo.
Ellos conocen y practican las leyes que rigen este universo: la vibración, la polaridad, el ritmo, la causa, el género, la correspondencia y el mentalismo. Eso es muy antiguo y su gran arma es el anonimato y el secreto. ¿Por qué hablo de esto?, porque lo visto en la #JMJLISBOA2023 BERGOGLIANA ha sido una escenificación ritual, simbólica, subliminal del dios del caos y la confusión: BABILONIA.

Las élites secretas tienen en su poder todos los medios de comunicación y los utilizan para transmitir a las masas inocentes su simbología para que el inconsciente colectivo absorba como una esponja sus mensajes y lo lleve a sus realidades físicas como normal y aceptable. Ahí vemos la agenda 2030 en todo su esplendor, por ejemplo, las élites conocen perfectamente la ley de vibración por eso en esas jornadas masónicas trabajaron mucho con la música que produce campos vibratorios que afectan a lo emocional sobre todo y, al recuerdo de la memoria. La música es vibración y va desde lo más sublime y ligero a lo más tenso. 

El universo es una armonía musical, produce una música creadora y llena de armonía. Todos sabemos que la música sacra, gregoriana y la clásica es la música vibracional por excelencia para lo sagrado. Su melodía te lleva a estados de recogimiento, de paz y de elevación espiritual. Todo lo contrario de la música #JMJ2023. Esa música estridente, caótica que te lleva a los estados más bajos. Es simple conocimiento de unas leyes que rigen universo, no hay más historias, por eso la masonería eclesiástica, su obsesión fue eliminar la liturgia tradicional y la música sacra -aparte de la arquitectura y el arte que eso es otra historia-. Porque esa obsesión que tiene esas élites oscuras en esta historia, porque ellos saben que la liturgia y esa música que tenía la iglesia tradicional era un lenguaje que le hablaba al inconsciente, de Dios, de lo sublime, del sumo bien. Elevaba al alma, elevaba las virtudes cristianas y eran pararrayos que protegían a los que asistían a la misa y al mundo entero. 
La #JMJ2023 BERGOGLIANA, en mi opinión, ha sido una escenificación maléfica total".

viernes, 11 de enero de 2019

📙 LIBRO: "CRISTIANOS EN FIESTA". MÁS ALLÁ DEL CRISTIANISMO CONVENCIONAL POR JUAN MATEOS


CRISTIANOS EN FIESTA
MÁS ALLÁ DEL CRISTIANISMO CONVENCIONAL



“La liturgia nos debe permitir sentir a Dios”, 
precisa el Papa Francisco

"LA LITURGIA CELEBRA LA FE Y NO A LA INVERSA".
YANKA



La cuestión tiene su importancia en esta época de renovación litúrgica, cuando surgen tantas iniciativas y se derrochan tantos esfuerzos para dar significado a la reunión dominical. Tras bastantes años empleados en estudiar las diferentes tradiciones litúrgicas de la Iglesia,nació el deseo de encontrar sus raíces evangélicas. Una sorpresa nos aguardaba: en los evangelios no aparecen nunca los términos “liturgia”, “culto”, “sacrificio”, “sacerdocio”, referidos a los cristianos. Y los evangelios no son escritos ocasionales como las epístolas, sino obras destinadas a comunicar el mensaje de Cristo, resultado de reflexión prolongada, con finalidad catequética, y redactados, al menos el de Lucas, “después de comprobarlo todo exactamente desde el principio” (1,3).

Estas omisiones evangélicas obligaban a investigar la índole de la celebración y el lugar que ocupa dentro del marco señalado por Cristo. Leyendo el evangelio y el entero Nuevo Testamento se aprende que Cristo Señor vino a comunicar al mundo la vida de Dios, y que esa vida nueva y eterna ha de embeber y valorizar toda la realidad humana. Se deduce de ello que una celebración cristiana, para legitimarse, debe de algún modo reflejar y expresar esa vida que penetra el ser y la actividad de los cristianos. Queda así dibujado el nexo entre vida y celebración. Pero tal nexo no se puede limitar a la expresión de lo vivido; como aparece en la eucaristía, la celebración es al mismo tiempo alimento y acicate para lo que queda por vivir. 

La conclusión, por tanto, debe formularse así: la celebración cristiana es la expresión y el estímulo de la vida cristiana. Si no es expresión de lo que se vive, queda en teatro, y toda reforma o iniciativa litúrgica, por bien intencionada y erudita que sea, acabará en el hastío. Si no fuera estímulo, se reduciría a una expansión momentánea e intrascendente. Esta conclusión impuso el plan del libro: había que describir en primer lugar los rasgos fundamentales de la vida cristiana, para inferir de ellos las características de la celebración. Sin embargo, dada la riqueza de la vida que Dios comunica, no podía abarcarse su panorama de un solo golpe de vista; por eso hubo que dedicar cuatro capítulos a exponer diferentes aspectos que parecían necesarios, sin excluir otros que no nos han venido al pensamiento o no parecían atañer tan directamente al asunto. Como además cada uno vive su cristianismo según le impulsa el Espíritu y lo instruye su cultura, intentamos ajustarnos a los datos del Nuevo Testamento, a fin de que todo cristiano pueda reconocerse en el espejo que se propone.

Este libro, por tanto, no es un tratado de apologética; no pretende explicar la fe a los que no conocen a Cristo ni responder a las objeciones de los que no creen. Tampoco es un tratado sobre la Iglesia; por eso no entramos en su organización interna. La celebración de las maravillas de Dios es asunto de todos los creyentes y a ellos se dirige el libro. Está escrito por uno que se profesa cristiano. La fe en Cristo es el don supremo, el estado de vida en que se ejerza es secundario; da lo mismo ser judío o griego, esclavo o libre, obispo o fiel, jesuita o casado. No queremos añadir ninguna determinación a esa fe, para que nadie piense que algo puede aumentar su lustre. Nos atenemos al aviso de san Ignacio de Antioquia: “Quien se llama con otro nombre además de éste no es de Dios (Ad Magn. 10,1).


Celebración auténtica

Celebrar es explicitar. Lo que en la vida se ejerce a menudo en silencio o en voz baja, se pregona entonces desde la azotea (Mt 10,27). Es un momento de vida a pleno pulmón y en plena transparencia, de ser explayado, que hace patente el mundo interior y da relieve a lo personal.

El criterio para juzgar la legitimidad y autenticidad de una celebración consistirá, por tanto, en ver si se vive lo que se pretende celebrar; si existe una zanja entre celebración y vida, la celebración es teatro.



Tantos pastores se preguntan cómo dar sentido a la celebración, cómo hacerla significativa. El problema es real, pero, ¿se atina en la práctica con el nudo de la cuestión? Se excogitan soluciones como ampliar la ceremonia, organizar el canto u otras iniciativas loables. Pero lo decisivo no está ahí; hay que enfrentarse con la ineludible pregunta: ¿viven los bautizados una vida cristiana?, ¿tienen conciencia de su misión en el mundo y la llevan a la práctica en cuanto pueden?, ¿piensan acaso que sólo en la iglesia encuentran a Dios? Hay que reconocer a Dios en la calle para encontrarlo en la iglesia; hay que creer en el hombre para creer en Dios. Separar a Dios de la vida para buscarlo en un reducto sacro es paganismo. El tema de la celebración es la obra presente de Dios en cada uno y en el mundo entero, el reino actual de Cristo, el fermento incesante del Espíritu en la masa humana. Ya hemos dicho que ese presente se refiere al pasado y actualiza el porvenir; pero quien no viese en lo cotidiano la acción de Dios entre los hombres y fuera incapaz de vislumbrar el dedo de Dios en la ambigüedad de la aventura humana, o al menos de estar persuadido de la realidad de su influjo, tendría una fe sin cuño cristiano; viviría de recuerdos, sin contacto con lo real. La iglesia es sala de fiesta, y el motivo de la fiesta son hechos anteriores; es también, si se quiere, taller de reparaciones, pero antes hay que correr por la carretera. Quien no amasa su fe con la experiencia diaria ni ejercita su amor en la tarea mundana no está preparado para celebrar ni necesita reparar sus fuerzas; a lo más un masaje que le alivie el anquilosamiento.

Ser cristiano no consiste en ir a la iglesia, como ser combatiente no se define por llevar un uniforme ni por vivir en un cuartel. La calidad de la celebración depende del grado de entrega que se ejercite fuera; es imposible una celebración cristiana si no se vive la dedicación cristiana; separar a una de otra reduce la celebración a la búsqueda de emociones religiosas, como en el paganismo, pervirtiendo el sentido de la revelación.

Es significativo el compendio de vida cristiana que presenta los Hechos de los Apóstoles: "Eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles y en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones" (2,42).
Este brevísimo pasaje establece con toda nitidez la precedencia de la vida sobre la celebración o, si se quiere, el vínculo entre una y otra.
Expliquemos algunos términos. La enseñanza de los apóstoles estaba centrada en el testimonio de la resurrección del Señor Jesús (3,33); lo primero que subraya el autor es, por tanto, la unidad de fe y esperanza. La vida en común se expone en diversos lugares del libro: "En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo; lo poseían todo en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía..., ninguno pasaba necesidad" (4,32-34).
La unión de fe y esperanza producía la unanimidad en lo esencial, fruto del intercambio y la comunicación; es el primer aspecto del amor mutuo, la entrega de la persona. Pero los cristianos de Jerusalén pasaban más allá y compartían sus bienes para que a nadie faltase lo necesario. La "vida común" ofrecía los dos aspectos: unión personal y comunicación de bienes. La solidaridad económica sin cordialidad fraterna es limosna ofensiva o participación fría y separadora.
Solamente después de haber descrito la vida cristiana en términos de fe y amor eficiente se refiere el autor a la eucaristía: la "fracción del pan" o comida en común, símbolo de la unidad existente y alimento de la mayor unión, carece de sentido si la vida no precede.

Sinceridad

La celebración es el polo opuesto de la sociedad convencional, con su falsedad invasora y sus parodias de libertad, alegría y plenitud. Una sociedad plagada de "fabricantes de imágenes" (image-makers) y de especialistas en relaciones públicas, donde cada sonrisa se calcula en metálico, por parte del que la exhibe y del que la encarga.
La sociedad práctica una ficción nauseabunda, desde la infantilización de la masa con la publicidad entontecedora hasta los equipos de embusteros que tratan de integrar el descontento que trasuda de las aspiraciones reprimidas. En este ambiente, la celebración ha de ser un oasis de autenticidad humana, de espontaneidad y de confianza. Es una necesidad urgente, pues los hombres mueren de hambre: quieren sentirse apreciados por sí mismos, por lo que son, no por lo que hacen. La celebración es precisamente momento de ser, no de hacer; es el lugar en que la persona es reconocida y estimada por los demás; hambre psicológica tan urgente como la física, de cuya insatisfacción derivan decaimientos biológicos. La estima interesada y mercenaria del mundo no basta; deja el regusto de insinceridad; hace falta la transparencia del amor verdadero, del compañerismo límpido, de la solidaridad y la comunión sin afectaciones.

Nueva experiencia

Es una cultura raquítica a fuerza de dato objetivo y de análisis sedicente impersonal, el hombre necesita una experiencia más profunda de la realidad. Las capacidades no discursivas de su persona se inflaman precisamente con la visión, que son la fe y la esperanza, y con la experiencia de comunión, que es la caridad. Estos son los árbitros de todo lo bueno, verdadero y bello. Como lo expresó san Agustín: "Dilige et quod vis fac" (Primero ama, y lo que quieras entonces, hazlo). Quizá fue un error el de Clemente de Alejandría y Orígenes, que quisieron presentar el cristianismo con el ropaje de un sistema racional para eludir las críticas de los filósofos paganos; puede que abrieran camino a la especulación desecante que acabaría en el malabarismo teológico.

El amor mutuo es un misterio que supera el discurso; en él se encuentran las inefables experiencias de alegría y paz en el Espíritu que son el reino de Dios. Ellas nos manifiestan el misterio que nos circunda, a través de la comunicación humana sencilla, confiada, abierta y aceptadora. Se llega a entender que el amor es la realidad verdadera y que Dios es amor. La celebración debería ser una experiencia de ese amor mutuo en que Dios se revela y que nos hizo posible Cristo. Descubrir a Dios y a Cristo como fuente del amor verdadero, lo equilibra. Cristo reclama para él el amor supremo, la lealtad terminal, por encima de familia y de todo bien humano. A algunos escandaliza esta pretensión, sin recordar que todo amor humano puede desviarse, convertirse en droga, en incesto, en sanguijuela y obsesión; nunca es criterio final de sí mismo, para que no se corrompa hay que cotejarlo con otro. El amor a Cristo es el amor al valor personal intangible, que se niega a la propia destrucción. Si un amor humano pide la abdicación de la personalidad, de la libertad interna, de la paz íntima y el equilibrio, el amor a Cristo preserva esos valores inalienables. En lugar de proclamar esto como principio filosófico, Dios lo ha encarnado en una persona, para que la exigencia misma sea personalizante y porque un amor desviado no se vence con razones, sino con otro amor más poderoso. En términos de la escuela de Jung. Cristo es el contenido consciente del arquetipo de la personalidad, el ideal humano; siendo fiel a Cristo, es el hombre fiel a sí mismo.

Proclamación de la nueva edad

Para el cristiano, la fiesta es la experiencia y afirmación clamorosa del reino de Dios, que se realiza de modo incoativo en el grupo reunido. En ella da realidad a la utopía de una sociedad humana anudada por la hermandad. El codo con codo de la celebración, el calor humano de la aceptación y estima mutua y el ejemplo de los demás le manifiestan la presencia de Cristo en medio del grupo; siente y comprende ser parte de la nueva creación, vivir en la nueva edad. Esto significa la frase de san Pablo a propósito de la eucaristía; "Proclamáis la muerte del Señor, hasta que venga" (1 Cor 11,26), es decir, declaráis una vez más que desde aquel acontecimiento crucial de la historia la nueva edad ha comenzado y sus dinamismos han entrado en acción. Merece ser notado, con I. Hausherr (Tén Theorían taúten, Un hapax eiréménon et ses conséquesces, en Hesychasme et priére, Roma 1966, 247-253), que la palabra clave de la filosofía platónica, la tehoría o contemplación, aparece una sola vez en los evangelios; la usa Lucas, griego de cultura, que conocía todo el trasfondo filosófico del término. Pero en vez de referirla, como Platón, al encuentro beatificante del alma con el Uno, del solo con el Solo, Lucas le aplica al espectáculo de Cristo muerto en la cruz: "El gentío que había acudido a contemplar esto (lit. "a esta contemplación"), contemplando lo ocurrido se volvía a la ciudad dándose golpes de pecho" (23,48); la traducción es adrede muy literal para que se aprecie la insistencia de Lucas en el término. Ante la humanidad se abre una nueva visión: el amor de Dios manifestado en la muerte de Cristo. La contemplación no es la fruición del solo con el Solo, ni la subida a la esfera divina escapando de este mundo, sino el espectáculo de Dios que baja hasta el hombre, en un derroche de amor por su criatura. Con esta palabra indica san Lucas lo mismo que san Pablo: aquí cambia la visión del mundo y de la historia, la utopía es hecho y esperanza.
La respuesta jubilante a esta contemplación es la fe, proclamada con el grito: "Jesucristo es Señor"; la fe afirma su reino presente en el mundo y supera la tentación provocada por la injusticia y el mal humanos.

Por ser estímulo de fidelidad al Señor, la celebración es al mismo tiempo suave examen de sí mismo. El ideal declarado y participado, la profesión de la soberanía de Cristo incitan a discernir los residuos del antiguo mundo en cada uno; se ven entonces por contraste las mezquindades de hecho o de disposición interior, las testarudas rencillas y envidias, las inconfesadas ambiciones. Cuando más densa sea la atmósfera celebrativa y más entusiasmante la alegría, más aborrecimiento causará lo que se opone al reino que se vive. Los afanes de honor, dinero y poder aparecen incompatibles con la unidad que se busca y se siente. La celebración purifica.

Protesta

La fiesta es tanto más necesaria cuanto más difíciles sean las circunstancias cotidianas. Precisamente cuando el hombre es víctima de la opresión y de la injusticia, ha de afirmar y despabilar con más frecuencia su fe en la vida, recordar su derecho a la libertad y plenitud, evitando caer en la indiferencia resignada. La celebración es ya por sí misma una protesta contra el agobio y mantiene la aspiración por una vida más justa. La fiesta, con su alegría por los verdaderos valores, iza el estandarte de la intransigencia cristiana. De que ésta existe, no hya la menor duda; de lo contrario, nunca habría habido mártires. Deriva del propósito cristiano de vida auténtica y sincera, signo del reino de Dios y principio de unidad entre los hombres. Por eso la intransigencia se opone al principio de desunión, que es la ambición del mundo: "Los bajos apetitos, los ojos insaciables, la arrogancia del dinero" (1 Jn 2,16). Si la celebración no tuviera impacto alguno sobre la actitud habitual, no sería cristiana, por mucho que en ella se aireasen los términos y símbolos de la fe. La experiencia de la unión en Cristo ha de traducirse en intransigencia con la maldad del mundo y en empeño por la reconciliación de los hombres. La más suave emoción o arrebatada exaltación festiva no alcanza nivel cristiano si no se traduce en aliento para la obra de promoción del hombre, sembrando la paz y la igualdad. La experiencia de Cristo entre los hermanos fue expresada por él mismo en un dicho no registrado en los evangelios, pero conservado por varios escritores cristianos primitivos, entre ellos Tertuliano, de fines del siglo II: "Vidisti fratrem, vidisti Dominum tuum" (Al ver a tu hermano estás viendo a tu Señor) (De Oratione, 26,1).

El hombre necesita destruir la personalidad llamada por muchos "normal", cúmulo de tabúes y represiones, encanijamiento de emociones e ideales, para formar una persona capaz de admiración y de sorpresa, de expresión y de apertura al misterio, aceptadora y sin miedo a comunicar. Ha de combatir la personalidad social ajustada a todas las incongruencias y criterios malvados del mundo. Cristo desajustó a los apóstoles, y por eso el mundo los odiaba. A la ambición opuso la sencillez, la pobreza y la generosidad; al honor, la igualdad, sin tratamientos ni primeros puestos; a la rivalidad, la sinceridad y el amor mutuo. Nadie podía soportar eso, decían que no estaba en sus cabales (Mc 3,21).

LA EXPRESIÓN

Hemos definido la fiesta como expresión comunitaria, ritual y alegre de experiencias y anhelos comunes. Esta definición suscita varios problemas, y el primero nace de la palabra "expresión". Las celebraciones están de ordinario reguladas por minuciosas prescripciones, pero al definir la fiesta como expresión hay que preguntarse: ¿puede ser prescrito el modo de expresión?

En principio hay que responder que no. La expresión, como su nombre lo indica, sale de dentro; expresar y exprimir derivan del mismo verbo. Júbilo o tristeza se expresan según la propia psicología, circunstancia y dominio. Un extraño puede rogar que la expresión se modere, pero no puede enseñarla, excepto en el teatro; y expresión forzada que no corresponda a una realidad interior en farsa o formalismo.

El principio es claro, pero admite distinciones. En primer lugar, no son lo mismo expresión individual y expresión colectiva. El individuo aislado es libre para expresarse como le plazca y el sentimiento personal se exterioriza de mil maneras: una noticia exultante puede ser recibida con grito, aplauso, abrazo o voltereta. La expresión colectiva, por el contrario, exige canales de exteriorización válidos para todos. Como hemos apuntado anteriormente, el acuerdo o convención lograda se llama ritual. Para felicitar al agasajado en un banquete, se levanta una copa y se pronuncian unas palabras; es ritual admitido, que se ve acompañado por sonrisas solidarias; pero si un comensal escalase una mesa y bailase unas bulerías, los ceños desaprobadores delatarían a los que no se sienten representados. El acuerdo o convención no implica insinceridad; halla y sanciona el común denominador.
Al distinguir entre expresión individual y ritual colectivo no afirmamos que este último pueda ser prescrito. Por ser común denominador, estará en función de los usos sociales y de la idiosincrasia de los presentes. Para aclarar este punto se impone considerar los diversos niveles de expresión.

Aprender a celebrar

Aunque la celebración es siempre global, subrayará, según las ocasiones, uno u otro aspecto de la vida cristiana, sea la libertad gozosa y la alegría de la unión, la renuncia a las ambiciones del mundo y el entusiasmo por la tarea común, la lealtad a Cristo y el derribo de los ídolos, el examen de la propia fidelidad o la expresión de solidaridad con todos los que trabajan por la paz y el bien. Siempre está presente el Señor como dador del Espíritu.Celebrar exige inventiva; hay que encontrar formas aptas de expresión. Si en la antigüedad la celebración papal se inspiró en los rituales imperiales, pertenecientes a la vida civil, también hoy tienen derecho los cristianos a aprovechar los datos de la cultura que contribuyan a su celebración. Al fin y al cabo, cada época tiene sus convenciones y sus canales expresivos, sus palabras clave y sus gestos simbólicos. Han de tener en cuenta todo lo que es noble y amable,todo lo que merece alabanza y estima en la sociedad ambiente (Flp 3,8). El reino de Cristo no es de este mundo, porque consiste en dar una vida que no procede de esta tierra, pero está en este mundo y existe para él; por eso quiere que los suyos permanezcan en el mundo (Jn 17,15.18), pero viviendo en la verdad (ibíd. 17). Los cristianos festejan como los demás hombres; si su celebración se distingue de otras, no es por adoptar formas esotéricas, sino porque en ella, en medio del mundo, centellea el Espíritu de Dios.

Necesidad de la expresión

Desde otro punto de vista puede decirse que toda convicción o afecto humano necesita momentos de expresión particular; de lo contrario, se extenúa y muere. Lo más importante de la vida encuentra poca ocasión de explayarse en el trajín diario; aunque subjetivamente esos valores se consideren supremos, no hallan expresión adecuada en el trabajo ni en el ambiente profesional; algunos se manifiestan en el círculo familiar, pero para otros hace falta más solidaridad y más grupo. Es la fiesta precisamente la que permite vivir en el clima de libertad y plenitud que acompañan a la afirmación de la vida. Necesita el hombre codearse con otros que se alimentan de la misma fe, que abrigan la misma esperanza. Y necesita además respirar el aire libre de la expresión en voz alta, descubrir y proclamar lo que lleva dentro en un ambiente que lo comprende y lo comparte. Extraño por lo menos sería que en una familia no se dieran nunca muestras de afecto o que un individuo nunca visitara a una persona amada; por mucho que lo afirmarse, podría dudarse con razón de la sinceridad de sus protestas.

Se requiere la fiesta para reactuar la conciencia de grupo y no ser un individuo aislado ante Dios. La integración se efectúa primeramente por la proclamación de la fe y la esperanza, por el vocear las proezas de Dios en la historia de los hombres; si en medio del mundo la fe es recatada, aquí tremolan todos sus banderines, alegrando la alabanza común. La proclamación del amor de Dios al hombre que es la profesión de fe, desemboca en la expresión del amor mutuo. Por eso la fiesta exige la aceptación y el perdón recíprocos; sólo cuando éstos existen, la integración del grupo culmina en la integración con Dios. Cristo reconcilió a los hombres entre sí, para que la humanidad pudiese reconciliarse con Dios (Col 1,20; Ef 1,10); la misma verdad se expresa en los evangelios al exigir el perdón mutuo como preliminar al divino (mt 6,14-15; 18,35). Por eso la fiesta es efusión de hermandad; quien no se integra en el grupo aceptando y perdonando, se excluye de la comunión con Dios.

El término "ritual" requiere explicación. Cuando la expresión de un sentimiento queda en la esfera individual, el sujeto puede exteriorizarlo usando el gesto que le acomode; puede revolcarse por el suelo en señal de júbilo o topar con la cabeza en la pared para expresar dolor. Con todo, cuando la expresión es comunitaria, hay que llegar a un acuerdo acerca de los gestos válidos para el grupo; se realiza así una convención expresiva, y a ésta llamamos ritual. La cultura está llena de rituales suyos particulares: el apretón de manos se considera signo de amistad, mientras el frotar la nariz en la mejilla ajena no es ritual admitido. Se inclina la cabeza para expresar anuencia, en vez de sacudirla lateralmente, etc. Estos son rituales heredados. Volveremos sobre este punto al tratar de la expresión.

En la fiesta se observan también rituales: desfiles, banderines, bandas de música o fuegos artificiales son modos convenidos de expresar la alegría común.



VER+:

Y NEUTRAL AL EVANGELIO













jueves, 24 de noviembre de 2016

RITUAL Y RELIGIÓN EN LA FORMACIÓN DE LA HUMANIDAD: SENTIDO A LA VIDA






Roy A. Rappaport mantiene que la religión es fundamental para la evolución de la vida, aunque se haya visto desplazada de su posición original de autoridad intelectual por el auge de la ciencia moderna. Ritual y religión en la formación de la humanidad aboga por que la religión puede y debe conciliarse con la ciencia. En este trabajo se combinan diferentes planteamientos sobre el estudio del género humano y se presenta un completo análisis sobre el significado evolutivo de la religión. Rappaport considera tan importante la religión como la invención del lenguaje y, por tanto, de la cultura tal y como la conocemos. Además, realiza un detallado estudio sobre el componente principal de la religión, el ritual, que elabora concepciones que asumimos como religiosas y que han resultado fundamental para la capacidad de adaptación de la humanidad.


Un gran ensayo escrito a lo largo de 38 años por este antropólogo norteamericano, que nos desarrolla la importancia trascendente de los rituales y la religión en el proceso del desarrollo ético de la civilización, al punto de que considera que sin rituales y sin religión nunca se hubiera alcanzado un estadio aceptable de desarrollo.

La ritualidad solemne, la práctica rituaria, a juicio de este autor, ha salvado al mundo. Ello porque, en primer término, elimina la mentira, que es la perversión del lenguaje; el proceso ritual elimina el personalismo y mediante su fijeza impide la filtración de lo que no es auténtico; en segundo lugar, porque conforma un orden social que permite la convivencia y la introducción de los valores éticos.




Ochenta años de investigaciones confirman que los individuos religiosos son más persistentes y más eficientes en la consecución de los objetivos

Las personas religiosas tienen mayor capacidad de autocontrol que las no religiosas, señalan los resultados de la revisión de las investigaciones realizadas a este respecto en los últimos ochenta años. Así, se ha descubierto, por ejemplo, que ciertos rituales religiosos –como la oración o la meditación- afectan a partes de la corteza del cerebro humano que resultan claves en la autorregulación y el autocontrol. Por otro lado, las religiones contribuyen al autocontrol porque proporcionan a los individuos modelos claros de comportamiento. Esta autorregulación permite que los individuos religiosos sean más persistentes y más eficientes en la consecución de los objetivos que para ellos resultan “sagrados”. Una vez conocido el mecanismo, según los científicos, éste puede ser “copiado” por cualquier individuo para implementar cualquier resultado. Por Yaiza Martínez.




martes, 23 de junio de 2009

CONXURO (CONJURO RITUAL) DA QUEIMADA NOCHE (SOLSTICIO) DE SAN JUAN





Ingredientes:


Aguardiente, azúcar blanco fino, cortezas de limón y algunos granos de café

Preparación:

En un recipiente de barro cocido de vierte el aguardiente y el azúcar, en la proporción de 120 gramos por cada litro de líquido. Se añaden mondaduras de limón y los granos de café. Se remueve y se le planta fuego, con un cazo en el que previamente habremos colocado un poco de azúcar con aguardiente. Muy despacio, se acerca al recipiente hasta que el fuego pase de uno a otro. Se remueve hasta que el azúcar se consuma. En el mismo cazo se echa un poco de azúcar, esta vez seco, y colocándolo sobre la queimada se mueve hasta convertirlo en almíbar, que se vierte sobre las llamas y, removiéndolo, esperamos a que las llamas tengan un color azulado.


CONXURO:


Mouchos, coruxas, sapos e bruxas. Demos, trasnos e dianhos, espritos das nevoadas veigas. Corvos, pintigas e meigas, feitizos das mencinheiras. Pobres canhotas furadas, fogar dos vermes e alimanhas. Lume das Santas Companhas, mal de ollo, negros meigallos, cheiro dos mortos, tronos e raios.

.

Oubeo do can, pregon da morte, foucinho do satiro e pe do coello. Pecadora lingua da mala muller casada cun home vello. Averno de Satan e Belcebu, lume dos cadavres ardentes, corpos mutilados dos indecentes, peidos dos infernales cus, muxido da mar embravescida. Barriga inutil da muller solteira, falar dos gatos que andan a xaneira, guedella porra da cabra mal parida.

.

Con este fol levantarei as chamas deste lume que asemella ao do inferno, e fuxiran as bruxas acabalo das sas escobas, indose bañar na praia das areas gordas. ¡Oide, oide! os ruxidos que dan as que non poden deixar de queimarse no agoardente, quedando asi purificadas. E cando este brebaxe baixe polas nosas gorxas, quedaremos libres dos males da nosa ialma e de todo embruxamento.
.

Forzas do ar, terra, mar e lume, a vos fago esta chamada: si e verdade que tendes mais poder que a humana xente, eiqui e agora, facede cos espritos dos amigos que estan fora, participen con nos desta queimada.

.


CONJURO:


Buhos, lechuzas, sapos y brujas. Demonios maléficos y diablos, espíritus de las nevadas vegas. Cuervos, salamandras y meigas, hechizos de las curanderas. Podridas cañas agujereadas, hogar de gusanos y de alimañas. Fuego de las almas en pena, mal de ojo, negros hechizos, olor de los muertos, truenos y rayos.

.

Ladrido del perro, anuncio de la muerte; hocico del sátiro y pie del conejo. Pecadora lengua de la mala mujer casada con un hombre viejo. Infierno de Satán y Belcebú, fuego de los cadáveres en llamas, cuerpos mutilados de los indecentes, pedos de los infernales culos, mugido de la mar embravecida. Vientre inútil de la mujer soltera, maullar de los gatos en celo, pelo malo y sucio de la cabra mal parida.

.

Con este cazo levantaré las llamas de este fuego que se asemeja al del infierno, y huirán las brujas a caballo de sus escobas, yéndose a bañar a la playa de las arenas gordas. ¡Oíd, oíd! los rugidos que dan las que no pueden dejar de quemarse en el aguardiente quedando así purificadas. Y cuando este brebaje baje por nuestras gargantas, quedaremos libres de los males de nuestra alma y de todo embrujamiento.

.

Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego, a vosotros hago esta llamada: si es verdad que tenéis más poder que la humana gente, aquí y ahora, haced que los espíritus de los amigos que están fuera, participen con nosotros de esta queimada.



VER +: