EL Rincón de Yanka: FIESTA

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miércoles, 31 de diciembre de 2025

HIMNO DE FIN DE AÑO: TE DEUM (A TI, OH DIOS)


Te Deum 
(A TI, OH DIOS)

Una antiquísima oración cristiana

Te Deum laudamus: te Dominum confitemur.
Te æternum Patrem omnis terra veneratur.
Tibi omnes Angeli; tibi cæli et universæ Potestates;
Tibi Cherubim et Seraphim incessabili voce proclamant:
Sanctus, Sanctus, Sanctus, Dominus Deus Sabaoth.
Pleni sunt cæli et terra maiestatis gloriæ tuæ

Te gloriosus Apostolorum chorus,
Te Prophetarum laudabilis numerus,
Te Martyrum candidatus laudat exercitus.
Te per orbem terrarum sancta confitetur Ecclesia,
Patrem immensæ maiestatis:

Venerandum tuum verum et unicum Filium;
Sanctum quoque Paraclitum Spiritum.

Tu Rex gloriae, Christe.
Tu Patris sempiternus es Filius.
Tu ad liberandum suscepturus hominem,
non horruisti Virginis uterum.

Tu, devicto mortis aculeo,
aperuisti credentibus regna caelorum.
Tu ad dexteram Dei sedes, in gloria Patris.
Iudex crederis esse venturus.

Te ergo quaesumus, tuis famulis subveni:
quos pretioso sanguine redemisti.
Aeterna fac cum sanctis tuis in gloria numerari.

(Posteriormente se añadió esta parte, con fragmentos de Salmos:)

Salvum fac populum tuum, Domine, et benedic hereditati tuae.
Et rege eos, et extolle illos usque in aeternum.
Per singulos dies benedicimus te;
Et laudamus Nomen tuum in saeculum, et in saeculum saeculi.
Dignare, Domine, die isto sine peccato nos custodire.
Miserere nostri Domine,
miserere nostri.
Fiat misericordia tua, Domine, super nos,
quemadmodum speravimus in te.
In te, Domine, speravi: non confundar in aeternum.

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.

Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios de los ejércitos.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.

A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el blanco ejército de los mártires.

A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra,te aclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, defensor.

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana 
sin desdeñar el seno de la Virgen.

Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el Reino de los Cielos.
Tú sentado a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.

Creemos que un día has de venir como juez.

Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.

Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.

Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para siempre.

Te Deum laudamus

VER+:


domingo, 12 de octubre de 2025

12 DE OCTUBRE, ¡FELIZ DÍA DE LA HISPANIDAD QUE SOMOS Y SIEMPRE SEREMOS!: VIVA NUESTRA VIRGEN DEL PILAR 🌍🌎🌏


¡Feliz día de La Hispanidad que somos!

La Hispanidad

En la piel del mundo, en la luz del sol,
se encuentra la hispanidad, un sentir de corazón.
Tierra de colores, de raíz y pasión,
donde la historia habla con el alma en arrebol.

Desde los Andes hasta el mar Caribe,
la sangre hispanoamericana late con fuerza y se exhibe.
Español, portugués, un idioma celestial,
que une a nuestras almas en un solo cantar.

En cada rincón de esta vasta tierra,
la diversidad nos une y nos encierra.
Somos mestizos de estirpe ancestral,
con orgullo en el pecho y amor sin igual.

La música y el baile nos hacen vibrar,
las tradiciones y costumbres nos hacen recordar,
que la hispanidad es presente y es futuro,
un lazo indestructible, un tesoro seguro.

Brindemos juntos por esta hermandad,
por la riqueza cultural que nos da identidad.
Celebremos la hispanidad con gratitud,
porque en esta tierra, somos uno en plenitud.

Jordi Savall - El Nuevo Mundo Folias Criollas

sábado, 12 de octubre de 2024

VENEZUELA EN LA HISPANIDAD: ROMPIENDO PARADIGMAS y LIBRO "ENSAYOS SOBRE EL NUEVO MUNDO" por ARTURO USLAR PIETRI


ENSAYOS SOBRE
EL NUEVO MUNDO

ARTURO USLAR PIETRI

El primer texto lleva por título «La conquista de América como problema jurídico y moral». En él, Uslar Pietri destaca que jamás en la historia de la humanidad un país conquistador ha pasado por más profundos y graves problemas morales y de conciencia por el hecho de una conquista. Estos problemas no los considera ninguna hipocresía sino problemas bien reales, como lo eran las acongojantes dudas de los sujetos conquistadores de si se salvarían o no, en el caso de estar cometiendo pecados graves en las fases resolutivas del Descubrimiento. La problemática de determinar, si las resoluciones que se tomaban durante el descubrimiento, estaban ajustadas a los principios religiosos católicos de entonces, lleva a la Corona Española a promulgar numerosas normas jurídicas. Unas primeras Bulas de Donación del Papa Alejandro VI, cuya verdadera motivación habría que buscarla más allá de lo moral o jurídico interno, ya que estarían buscando una «ventaja» sobre el Reino de Portugal, también interesado en la «administración» de las inmensas riquezas del Nuevo Mundo. Posteriores a estas Bulas fueron los Repartimientos y las Encomiendas, criticadas por algunos dominicos, como el Padre Montesinos, por considerar que conducían a la opresión y a la esclavitud de los indígenas. Tras estas protestas de los dominicos, la Corte y los Reyes Don Fernando y Doña Isabel convocan reuniones de teólogos y de canonistas –los que podían entender entonces sobre estos asuntos– de las que nacerán las Leyes de Burgos (1512). Estas leyes enfatizan la libertad de los indios, proponiendo teóricamente la abolición de la esclavitud y estableciendo una primeriza «legislación laboral». Constituyen además un exponente del grave conflicto medieval acerca de la competencia y jurisdicción sobre asuntos «terrenales»: del Papado, o bien del Imperio español. En esta disputa, el dominico Francisco de Vitoria negará poder al Papa en la tierra y se perfilará como el precursor del actual Derecho Internacional. En este contexto escribe Uslar Pietri sobre el recurso jurídico del «Requerimiento»:

«Junto con dichas Leyes surge otro problema. Se dice que para que se tenga derecho a ocupar la tierra de los infieles habría necesidad de que ellos se negaran a permitir la pacífica propagación del cristianismo. Y de aquí surge un hecho que tiene un aspecto quijotesco, porque presenta una mezcla de ridículo y sublime que constituye la esencia de lo quijotesco. En vista de que no había justificación para dominar a los indios y esclavizarlos y para ocupar sus tierras, mientras no se opusieran a permitir la pacífica predicación, entonces a aquellos juristas se les ocurre un recurso que a nosotros nos hace sonreír. Se les ocurre el Requerimiento. El Requerimiento es un documento escrito muy extenso, toda una argumentación en la cual, en un estilo notarial, solemne y hermoso, se explica quiénes son los reyes católicos, qué es la religión cristiana, qué es el Papa, qué poderes recibió el Papa y se le pide a los indios que permitan que estas cosas se prediquen entre ellos y que les sean explicadas a quienes las quieran conocer y que si ellos se niegan a permitir esto a los españoles, entonces los pondrán en el caso de tener que hacerlo por la fuerza a fin de que se pueda cumplir esta misión. (...) Los conquistadores llegaban frente a los indios en guerra y antes de poder disparar un arcabuz o mover un caballo o sacar una espada, el escribano, que venía junto al conquistador y junto al fraile, junto a la espada estaba la conciencia religiosa que era el fraile y también la conciencia jurídica que era el escribano, tenía que desplegar aquel papel y en un castellano que nadie sabía entender, entre los indios, leer completo el largo Requerimiento. Esto pinta cómo existía una preocupación sincera de parte de los españoles que los llevaba al grotesco y conmovedor caso de pretender explicarles a los indios en una lengua que no entendían una cantidad de complicados problemas teológicos y jurídicos y de historia de Europa, para poder justificar el hecho de ocurrir a la violencia.» (pág. 33)

Este largo proceso jurídico culmina en el año 1681 con la publicación de la Recopilación de las Leyes de Indias, que contienen una casuística muy detallada, pues están compuestas por nueve Libros, 218 Títulos y 6.377 leyes.

El segundo artículo lleva por título «Las Carabelas del Mundo Muerto». Comienza Uslar Pietri comparando la lentitud de las primeras navegaciones del descubrimiento, hechas desde el Puerto de Palos hasta la playa de San Salvador, con la lentitud en la recepción de los «movimientos intelectuales» dominantes en Europa, por parte de América Hispana. Así, el racionalismo cartesiano, tomando como referencia la fecha de la primera edición del Discurso del Método, tarda en llegar algo más de un siglo; el romanticismo, entre treinta y cincuenta años; y el positivismo, no menos de una generación:

«Ya el problema planteado para nosotros no puede ser solamente el de acortar el tiempo de viaje de las ideas, sino el de recibir ideas vivas y fecundas y no los retardados mensajes de un mundo de ideas ya en gran parte difuntas. Es como si las carabelas ideológicas y divulgativas que seguimos recibiendo hubieran partido de una Atlántida desaparecida, no de un Viejo Mundo Vivo y vigente, sino de un mundo muerto.» (pág. 47)

Esta tardanza en llegar las corrientes científicas y filosóficas punteras de Europa, da lugar, no solo a los inmediatos y obvios problemas de atraso, sino también a superposiciones, hibridaciones y mezcolanzas entre buena parte de esas doctrinas, que conviven entre sí, en circunstancias próximas al caos. Además, ve Uslar Pietri un profundo corte entre el «principio de incertidumbre» –que supone en las ciencias positivas actuales– y el «determinismo», en el que se mueven los intelectuales de la «cultura tradicional de América». A este propósito Uslar Pietri suscribe tesis de C. P. Snow, pues las ve reflejadas en la situación particular de América Hispana. Aboga, en definitiva, por una actualización científica y tecnológica del Continente, que tenga bien presente la revolución científica de finales del siglo XX: cohetes espaciales, energía atómica, cibernética y cerebros electrónicos, plantas de producción automatizadas... para incorporar a América Hispana al presente científico, tecnológico y global. Esto conllevaría apartar y rechazar viejas ideas utópicas propias de intelectuales y artistas, que representan residuos del pasado, y con cuyo uso desfasado, nada nuevo ni bueno puede aventurarse para el presente y futuro del Continente:

«Esta separación entre una ciencia viva aislada e ignorada, y una cultura tradicional que ha dejado en mucha parte de ser científica, ha hecho posible que hoy se llegue a hablar de la existencia de dos culturas. C. P. Snow, hombre de ciencia y novelista británico, es uno de los que ha planteado el problema con mayor claridad y conocimiento de causa en su breve obra Las dos culturas. Para Snow el mundo de la cultura tradicional, en el que se mueven los artistas, los escritores y los llamados intelectuales, en general, reposa en gran parte sobre principios, hipótesis y doctrinas que ya han dejado, en su fuente y fundamento, de ser verdades científicas. Reposan sobre la concepción de un mundo gobernado por una causalidad determinista, mientras la ciencia verdadera, desde hace medio siglo o más, ha dejado de ser determinista para reflejarse en una posición de incertidumbre, de probabilidad, de estadística, en la que la ley de causa y efecto deja de tener la vigencia absoluta que los hombres del positivismo podían atribuirle. Casi podríamos hoy decir, para escándalo de Leibniz, que la naturaleza no procede sino por saltos, y que hay muy pocas y limitadas relaciones necesarias, en el campo de la mecánica y de la física, que puedan llamarse leyes en el sentido estricto, rígido y cerrado que podían darle Newton, Montesquieu o Spencer. Esta dramática separación entre el mundo de la ciencia nueva y las aplicaciones de la vieja ciencia, que continúan vigentes en la esfera de la cultura tradicional, condena a esta última a la muerte segura de un árbol cuya raíz está cortada (...) Establecer la comunicación entre la nueva ciencia y el mundo de la cultura de los intelectuales, los artistas y los políticos es una de las más perentorias necesidades de nuestro tiempo. Esa comunicación tiene que traer como consecuencia la revisión y el rechazo de muchas de las doctrinas que hoy siguen gobernando el pensamiento y la acción de la mayoría de los hombres.» (pág. 46)

En el artículo «Política y pensamiento» comienza Uslar Pietri constatando un hecho que no por obvio y conocido ha de dejar de recordarse. Durante ciertos períodos de la Romanización en Hispania, es bien sabido, como decimos, que el latín que llegaba de Roma, no era precisamente el del De Legibus, de Cicerón, ni el de la Epístola a Lucilio, de Séneca. Llegaba, en primer lugar, lo que soldados y militares eran capaces buenamente de comprender, hablar y explicar en el transcurso de sus despachos con los Hispanos. Otro tanto con el Derecho Romano: que habrá de esperar la llegada a la península de Magistratores, capaces de aplicar competentemente las novedosas normas jurídicas. Pues bien, este modelo, es el que Uslar Pietri ve operando en el «caso Americano»:

«En las carabelas de Colón llegaron, con muchas otras cosas, las ideas de Occidente. En las culturas indígenas había teorías, mitos, leyendas y creencias, pero no había nada que pudiéramos llamar propiamente filosofía y menos aún filosofía política. Más que cultura en libros y sabiduría era cultura incorporada a la vida la que traían los navegantes. (...). A nadie se le puede ocurrir, para estudiar la mentalidad predominante en el largo periodo de la formación del Nuevo Mundo, buscar los textos originales en los que Duns Escoto o Santo Tomás de Aquino expusieron sus sutiles y poderosas concepciones teológicas y filosóficas, sino las pugnas entre los colonizadores, la actitud de los criollos, los procesos de la Inquisición y las muchas formas en que lo que originalmente vino de Europa cambió y adquirió otros rasgos al contacto del nuevo medio humano.» (pág. 109)

En «Los expulsados de la Civilización» podemos ver a Arturo Uslar Pietri indignado, lo cual no es frecuente a lo largo del libro. La causa de su indignación no nos parece que pueda estar más justificada: Un profesor universitario, director del Museo Nacional de Arte de Londres, Kenneth Clark (que además, está en posesión del Título de Lord, al igual que otras ilustres lumbreras, como Elthon John o Mick Jagger) en un libro suyo titulado Civilización, de considerable difusión y prestigio, afirma que: «(...) España no ha hecho nada para ampliar la mente humana y para empujar al hombre unos cuantos pasos para arriba (...)». Pero lo verdaderamente importante no es esto, no. Pues no se trata más que de un libro. No cabe esperar nada de él: absolutamente nada. Estamos en otros tiempos, en otra era: la Era de la información, de la informatización, de Internet. Pero también, todavía, en la era de la televisión. Medio éste que, querámoslo o no, sigue siendo el número uno en la propagación de conocimientos (entendidos en su calidad de doxa), de ideologemas, y de tantas y tantas otras cosas. Pues bien, es en este medio, la televisión, en donde Kenneth Clark difunde con eficacia, con rendimiento, sus conocimientos ideológicos. En un programa que lleva también por título «Civilización», Kenneth Clark, –presten mucha atención– dice no apreciar nada digno de resaltarse del ámbito Hispano, como para incluirlo en los hitos de la «Civilización». Pues bien. Lástima, ¡qué se le va a hacer!, siempre podrá escribir otro libro... o colorearlo: errare humanum est. En efecto: esa «Civilización» de la que Clark habla en su programa no es la Civilización. No ya porque no cuente con Velázquez, con Dalí o con Francisco de Vitoria, no: ¡es que no cuenta ni con el Descubrimiento de América! Con lo que sencilla y llanamente, Kenneth Clark, no está hablando de la Civilización en su programa de televisión (aunque no negamos, eso sí, que esté hablando de otra cosa; de alguna otra cosa).

A pesar de la indignación que Uslar Pietri manifiesta –y que nosotros tampoco podemos disimular– es gratificante comprobar cómo esa circunstancia, no perturba un ápice su sindéresis, su templanza: estamos leyendo el libro de un maestro, de un número uno. No tarda en emitir un juicio valioso, acertado y veraz:

«La de Clark no es una posición malhumorada, no se trata de un enemigo del mundo hispánico o de uno que lo odia. Se trata, a lo sumo, de alguien que en gran parte ignora al mundo hispánico o que tiene prejuicios contra él, y esto es muy explicable porque en el siglo XVI ocurrió en Europa el gran cisma luterano. (...) La civilización occidental se partió literalmente en dos mitades: los países de la Reforma y los países que no hicieron la Reforma... (...) Carece de sentido hacer una dicotomía y decir: la civilización es la que queda de la raya de la Reforma hacia el Norte, y lo que hay de esa raya hacia el Sur dejó de ser civilización. Con semejante corte habría que dejar afuera a Grecia, todo el Mediterráneo, por lo menos a media Francia y a toda Italia, y, sin duda, a España y Portugal. Yo no sé si la historia europea puede resistir semejante gigantesca y traumática mutilación. (...) Cuando Europa cae en la barbarie de la primera Edad Media, después de la disolución del Imperio Romano, la primera luz de civilización regresó a través del mundo árabe. Los árabes salvaron la herencia griega, todo lo que pudieron recoger de ella en la debilitada Bizancio, y la trajeron en su invasión hacia el Oeste y por el puente de los árabes volvió el pensamiento griego a Europa: Euclides, las matemáticas; Platón, la historia, la poesía. El arco maestro de ese puente fue España. En ningún otro país se hizo un contacto más grande, más importante y más completo entre el mundo islámico y el cristiano que en el ámbito de la España medieval.» págs. 148-149


Arturo Uslar Pietri finaliza más adelante su crítica al ideólogo anglosajón, pero ya no hay concesiones. Ahora los argumentos son demoledores:

«No ha habido acontecimiento singular más importante en la historia de la civilización occidental que el descubrimiento de América. (...) Se crearon las Leyes de Indias. Yo me pregunto si el señor Clark cree que las Leyes de Indias no tienen un papel en la historia de la civilización occidental; yo me pregunto si se puede creer que, por ejemplo, el pensamiento de Francisco de Vitoria no significa nada. España fue el único poder imperial en el mundo que sintió un grave problema de conciencia. Reunió a sus teólogos y a sus juristas para decidir una cuestión fundamental que no preocupaba a ningún rey de Europa: si tenían derecho o no a ocupar territorios que pertenecían a los indios, con qué justa causa podían hacerlo, y éste fue motivo de grandes debates y de esa legislación que creó la primera norma y la primera preocupación para algo que sigue siendo conflictivo en nuestro mundo de hoy. ¿Qué llamamos nosotros el gran problema del Tercer Mundo, sino la pugna de los países desarrollados del Norte con los países de menos desarrollo de las razas y colores de Asia, de África y de los indios americanos? Ese problema que llamamos hoy del Tercer Mundo, que era el contacto de una civilización adelantada con una civilización atrasada, no se hizo nunca con ningún pudor, sino con la desnuda fuerza de las armas. El único Estado que se perturbó mental y espiritualmente al hacerlo fue España. Francisco de Vitoria creó el derecho internacional al formular normas por las cuales expresaba que esos indios remotos eran sujetos de un derecho natural y divino sobre el cual el Rey de España no tenía autoridad ninguna, ni podía entrar por la mera fuerza. Si eso no es un aporte a la civilización europea, si eso no es la raíz misma de toda posible civilización traducida en normas de vida justa para los pueblos, ¿qué es?, me pregunto yo.» (págs. 150-151)

Es de especial interés el artículo titulado «Godos, insurgentes y visionarios» pues en él encontramos documentación histórica de aspectos ciertamente peculiares y curiosos. Leemos explicaciones, interpretaciones, que consideramos acertadas y veraces: aspectos esenciales del Descubrimiento, comprensibles e inmediatos. Resalta Uslar Pietri el carácter visionario de las primeras percepciones de Europa hacia el nuevo continente:

«El catálogo de los visionarios es largo y todavía no concluye. Comienza con la carta de Colón a los Reyes Católicos de 1493 y continúa abierto. Visionarios fueron los conquistadores que buscaban El Dorado o las Siete Ciudades de Cibola, o la Fuente de la Juventud. Visionarios fueron quienes, a lo largo de siglos, se esforzaron ciegamente en convertir a caribes, incas y aztecas en "labriegos de Castilla". Visionario fue Bartolomé de las Casas, con sus Caballeros de la Espuela Dorada o Vasco de Quiroga que le propuso a Carlos V separar a América de la civilización europea para crear la utopía de Tomás Moro en las nuevas tierras. Visionarios fueron los jesuitas del Paraguay, como lo fueron todos aquellos alucinados que investigó durante siglos la Inquisición de Lima...» (págs. 120-121)

Apunta Uslar Pietri que la superposición de los esquemas conceptuales europeos sobre aquellas nuevas realidades, no pudieron dar cuenta cabal de ellas en absoluto. Se cometieron errores evidentes y necesarios (a la luz de los conocimientos actuales) provocados por las insuficientes categorías de la época. De este modo, vamos a ver cómo sucede algo ciertamente pintoresco: en las primeras etapas del Descubrimiento, se produce un verdadero reencuentro con la Edad de Oro. Circunstancia esta a la que Uslar Pietri concede una importancia extraordinaria:

«El florentino [Americo Vespucio]... cree haber llegado cerca del Paraíso Terrenal, encuentra monstruos y, sobre todo, confirma la impresión de que los indígenas viven en una situación semejante a la que los antiguos llamaron Edad de Oro. (...) Cuando Colón avista por primera vez la masa continental, en 1498, cerca de las bocas del Orinoco, reconoce que hay allí un inmenso río y que debe ser uno de los cuatro que salen del Paraíso Terrenal. (...) La visión de la Edad de Oro es mucho más persistente y de mayores consecuencias. Desde los griegos había formado parte del tesoro conceptual europeo la noción de que en una época remota del pasado los hombres habían vivido en una sociedad feliz, sin guerra, sin trabajos, en la más ilimitada abundancia gratuita de todos los bienes. Hesíodo y luego Virgilio la recogen y le dan casi la categoría de un hecho histórico. La primera carta de Colón, que lanza al viejo mundo la noticia de las nuevas tierras, describe a los indios de las Antillas como el trasunto de los seres de aquella legendaria edad. Después de ese momento ya no se trata de una leyenda más o menos verosímil que nos llega del más lejano ayer, sino de una realidad contemporánea que ha sido vista y verificada (...). Creyeron que la Edad de Oro existía realmente y se había conservado en sus rasgos esenciales en aquellas lejanas regiones.» (págs. 126-127, subrayados nuestros.)

Esperamos que los lectores de esta reseña se sientan incitados con esta presentación a leer in extenso los artículos de Arturo Uslar Pietri. Incluidas las curiosas conclusiones que Uslar Pietri detecta en ese «reencuentro con la Edad de Oro»:

«La conclusión inescapable era que los hombres habían nacido para la libertad, para el bien, para la igualdad, para existir en la más completa fraternidad y que toda la historia del mundo conocido hasta ese momento no era otra cosa que el resultado de una enfermedad social que había desnaturalizado al ser humano. Sobre la base de esta revelación asombrosa la imaginación de humanistas y escritores se va a disparar. Lo que ha pasado hasta entonces en la tierra conocida es una aberración de la naturaleza humana, la historia no es sino el testimonio de un largo y sostenido crimen contra la verdadera condición humana que, al fin, se ha hallado en su prístina pureza en las nuevas tierras. (...) Tomás Moro recoge con embriaguez intelectual tamaña novedad. Escribe, acaso, el libro más influyente en el pensamiento y en el desarrollo social del viejo mundo. Inventa para ello una palabra que es la clave del pensamiento europeo posterior y cuyos efectos llegan poderosos y visibles hasta nuestros días. La Utopía de Moro es la semilla y el programa esencial de todo el pensamiento revolucionario que va a predominar en el mundo hasta nuetros días. Moro describe un país de igualdad, bienestar general y paz que ha llegado a sus oídos por boca de un marino que acompañó a Vespucci. El marino es ficticio pero el efecto de aquella descripción fue inconmensurable. Lo recoge Montaigne, pone las bases de lo que Paul Hazard llamó más tarde la "crisis de conciencia del pensamiento europeo", y en el siglo XVIII alcanza su máxima y definitiva expresión en las obras de Rousseau. El Contrato Social es el descendiente directo del Descubrimiento y de la Utopía de Moro. De allí en adelante no presenta dificultades proseguir el trazado de la línea genalógica. De Rousseau viene la Revolución Francesa, de ella la afirmación de que la Utopía es alcanzable o restituible. De esa herencia saldrán Marx, Bakunin, Lenin y casi todos los programas revolucionarios de nuestros días. No es una desdeñable descendencia.» (págs. 127-128)

En el artículo «El mestizaje y el Nuevo Mundo» Uslar Pietri trata de un asunto especialmente importante y actual: la «identidad» (de los pueblos), en este caso, de América Hispana. La solución que Uslar Pietri ofrece apunta al «mestizaje». Propone rechazar rancios prejuicios de purezas raciales, historias primigenias o pasados importantes. La verdadera Historia de la Humanidad se ha escrito en cifra de «mezclas», mestizajes, de los que surgen, situaciones más complejas que las anteriores, y en absoluto deudoras de ninguna «identidad ajena»:

«...la historia de las civilizaciones es la historia de los encuentros. Si algún pueblo hubiera podido permanecer indefinidamente aislado y encerrado en su tierra original, hubiera quedado en una suerte de prehistoria congelada. Fueron los grandes encuentros de pueblos diferentes por los más variados motivos los que han ocasionado los cambios, los avances creadores, los difíciles acomodamientos, las nuevas combinaciones, de los cuales ha surgido el proceso histórico de todas las civilizaciones.» (pág. 50)

Algunos casos especialmente relevantes del hecho del que habla, son nada menos que Mesopotamia, Roma, Grecia... y la propia España. Vamos a apuntar aquí, que el concepto o idea de identidad no es «único», invariable, unívoco ni obvio: es imprescindible acercarse a este problema a través de las matemáticas, para darse cuenta de la gratuidad con que estúpidamente se invoca a este concepto, para justificar agresiones. En definitiva, nada de complejos de inferioridad por no pertenecer a ninguna clase especial supuestamente mejor. En absoluto:

«Por un absurdo y antihistórico concepto de pureza, los hispanoamericanos han tendido a mirar como una marca de inferioridad la condición de su mestizaje. Han llegado a creer que no hay otro mestizaje que el de la sangre y se han inhibido en buena parte para mirar y comprender lo más valioso y original de su propia condición. Se miró el mestizaje como un indeseable rasgo de inferioridad. Se estaba bajo la influencia de las ideas de superioridad racial, que empezaron a aparecer en Europa desde el siglo XVIII y se afirmaron en el XIX con Gobineau, que dieron nacimiento a toda aquella banal literatura sobre la supremacía de los anglosajones y sobre la misión providencial y el fardo histórico del hombre blanco encargado de civilizar, dirigir y encaminar a sus inferiores hermanos de color. Se creó una especie de complejo de inferioridad y de pudor biológico ante el hecho del mestizaje sanguíneo.» (pág. 52)

En el artículo «Tiempo de Indias» vemos descrito un tiempo idílico, superabundante, identificado con el majestuoso transcurrir de la naturaleza, propio del indio, y que se va a ir conservando a lo largo de los siglos. Aún hoy el hispanoamericano es más «tranquilo», despreocupado y, por consiguiente, ha de sufrir menos «estres» que el europeo: «...los días y los esfuerzos se podían deshacer en el espacio sin término.» (pág. 79).

Aunque esa despreocupación por el tiempo no es extensible a las consideraciones sobre «la propia identidad». Uslar Pietri nos recuerda cómo el hispanoamericano, en general, sufre «problemas de identidad» característicos y diferenciados de los que pueden sufrir el europeo o el norteamericano:

«¿Existe la América Latina? ¿Existe un hombre latinoamericano? ¿Existe una condición latinoamericana? ¿Existe una situación, a partir de la cual podamos presentarnos ante el mundo y dialogar con el mundo? Esta preocupación es vieja, es ardua y ha atormentado el alma de los hispanoamericanos, por tres o cuatro siglos, desde toda la historia, desde el primer momento de la conquista. Toda la historia de América Latina ha sido una historia de toma de conciencia, de definición de posiciones, una búsqueda hacia afuera y hacia adentro y esta búsqueda ha sido muchas veces frustrante y ha sido difícil y los resultados no han dejado de ser muchas veces contradictorios. De modo que si algo caracteriza al latinoamericano en el escenario del mundo, es esa situación un poco hamletiana de estarse preguntando todo el tiempo: ¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Qué puedo hacer? ¿Cuál es mi situación frente a toda esa gente que me rodea?» (pág. 85)

El profesor Agapito Maestre, responsable de la acertada selección de textos de Arturo Uslar Pietri reunida en el volumen que comentamos, ofrece en su interesante introducción (págs. 9-26), además de una aproximación biográfica y bibliográfica al autor, consideraciones tanto sobre literatura y pensamiento como sobre ensayo y pensamiento, donde señala algunas coincidencias entre las posiciones defendidas por Arturo Uslar Pietri con las argumentadas por Gustavo Bueno en España frente a Europa [libro al que Agapito Maestre aplica el título más acido: España contra Europa]: «Pero, al margen de todas las perversidades que pudiera haber generado España en América y de las que dan buena cuenta algunos de los ensayos aquí recogidos, parece indudable que no hay liberación, según Uslar Pietri, sin contar con los elementos emancipadores que contuviera en su seno la historia de España, más aún, el pasado del 'imperialismo español'. Dicho con la claridad de Gustavo Bueno, Uslar Pietri no tendría muchos reparos en afirmar la conclusión del filósofo español...».


VER+:


Venezuela en la Hispanidad - Rompiendo Paradigmas #21


“No te dejes vencer por nada extraño a tu espíritu; piensa en medio de los accidentes de la vida, que tienes dentro de ti una fuerza madre, algo fuerte e indestructible, como un eje diamantino, alrededor del cual giran los hechos mezquinos que forman la trama del diario vivir; y sean cuales fueran los sucesos que sobre ti caigan, sean de los que llamamos prósperos, o de los que llamamos adversos, o de los que parecen envilecernos con su contacto, mantente de tal modo firme y erguido, que al menos se pueda decir siempre de ti que eres un hombre”. Séneca

12 DE OCTUBRE DÍA DE LOS HISPANOS HISPANOAMERICANOS HISPÁNICOS HISPANIDAD 🌎




Virgen del Pilar
Día de la Hispanidad

La tradición, tal como ha surgido de unos documentos del siglo XIII que se conservan en la catedral de Zaragoza, se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Jesucristo, cuando los apóstoles predicaban el Evangelio. Se dice que, por entonces (40 AD), el Apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan e hijo de Zebedeo, predicaba en España. Santiago obtuvo la bendición de la Santísima Virgen para su misión.

Los documentos dicen textualmente que Santiago, "pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro.

En la noche del 2 de enero del año 40 AD, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando "oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol". La Santísima Virgen, que aún vivía, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que "permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio".

Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio y, con el concurso de los conversos, la obra se puso en marcha con rapidez. Pero antes que estuviese terminada la Iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresar a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima.

Muchos historiadores e investigadores defienden esta tradición y aducen que hay una serie de monumentos y testimonios que demuestran la existencia de una iglesia dedicada a la Virgen de Zaragoza. El más antiguo de estos testimonios es el famoso sarcófago de Santa Engracia, que se conserva en Zaragoza desde el siglo IV, cuando la santa fue martirizada. El sarcófago representa, en un bajo relieve, el descenso de la Virgen de los cielos para aparecerse al Apóstol Santiago.
Asimismo, hacia el año 835, un monje de San Germán de París, llamado Almoino, redactó unos escritos en los que habla de la Iglesia de la Virgen María de Zaragoza, "donde había servido en el siglo III el gran mártir San Vicente", cuyos restos fueron depositados por el obispo de Zaragoza, en la iglesia de la Virgen María. También está atestiguado que antes de la ocupación musulmana de Zaragoza (714) había allí un templo dedicado a la Virgen.

La devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se halla tan arraigada entre los españoles y desde épocas tan remotas, que la Santa Sede permitió el establecimiento del Oficio del Pilar en el que se consigna la aparición de la Virgen del Pilar como "una antigua y piadosa creencia".


ESPAÑA,
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viernes, 17 de mayo de 2024

17 DE MAIO DÍA DAS LETRAS GALEGAS 2024: LUISA VILLALTA

POEMA DA CIDADE ALTA 

o meu nome é o da Cidade Alta 
nacido ande a luz e o mar se están orixinando 
mutuamente 
nacín enfrente de min mesma 
cando a Pescadería era un leito de sereas
 e a serpe demorada na voz dos meus 
avós vento dos ventas 

Veño de aquí 
unha historia de palabras 
nas casas da cabeza e nos chanzas do corazón 
palabras que son xente a murmurar de lonxe 
desde Santa Lucía 
épicas antigas de bailes no Gurugú 
insultos pelexas e disparos 
e percorren no meu sangue o Camiño Novo 
para coller un barco que se marcha 
como se xa nunca tivesen existido 
e sen embargo dou fe, que son verdade 
e van a Santa Margarida de merenda 
ande unha vez alguén de naso se enforcara 
alguén de quen só coñezo aquela rama 
partida pala ausencia 
non podendo tolerar o día e o cambiante 
do vento, sempre, outra vez o vento 
a picar na pel fría do verán canicular 
o mozo vento grande que trae cartas de América 
e tamén o pequeno que rechea os valeiros do tempo 

Érgome dragón todos os meus carpos posíbeis e brutais 
para gardar a esencia 
esa que me dixeron construtores campesiños 
un a un e cada un polo seu lado 
sen que o ruído se puxese de acordo debaixo das 
[formigoneiras 
nen o silencio dos ríos subterráneos se fixese posíbel 
Arrímome a elas, lavandeiras de Monelos 
na luz agora das altas aulas do milenio 
para deixalas preñadas dunha 
pequena memoria como o mar 

E ao sair deixo comigo a porta aberta 
escadas arriba Porta de Ares escadas abaixo Porta Real 
e levo a chave enferruxada do salgado das ondas 
ande fluctua no horizonte o meu país reflectido 
a prostituta sagrada 
que desabrocha o corsé das gargalladas de ouro 
e finxe que sabe finxir 
mentres os taxis na noite se cruzan contraseñas 
as rúas se volven anónimas entre os escaparates 
e as xentes xogamos coas últimas moedas 
de sexo lixeiro e cansado entre os dedos 

Forza, para que? se viver é tan doce 
como a area do Orzán e deixar ir o sol 
polo monte San Pedro 
Pero remar nas pegadas dos outros, 
uliscarnos no avance dos pavos repartir 
o dosel das tormentas 
gritándonos os nasos nomes de abaixo? 

Coñecín ventos suaves que nunca máis se daban detido
 Outra vez, sempre o vento dos ventos 
rodeando este ponto no mundo: 
Cabeza, Garda, Chave, Forza 
e Antemural do reino renacido.


Indíxena da civilización 
Luísa Villalta

Nada está dito 
O alemán só falaba na lingua dos ollos 
e o mar tampouco era moi dado ás palabras 
Por exceso ou por defeito 
a comunicación eran as penas: 
un tamaño, unha forma concreta 
un pouco de cemento para dar consistencia 
ao factor humano ante a indiferencia das ondas 
extraviadas como virxes ao arrouto 
como cartas orgullosas que nada quixesen dicer 
Porque nada está dito 
O alemán podía permitirse a inocencia 
de saber en que se equivocaban as visitas 
que viñan entregarlle o asombro valeiro 
dun outro mar civilizado 
pero igual de xordo ante as portas da vida 
Só que nada está dito As penas mudas de magma 
puderon agochar as plantas máis salgadas 
nun miragre de nais estériles 
O alemán acumulou en minúsculas proporcións 
todos os seres con cadanseu ponto exclusivo 
no universo inhóspito 
intanxíbel e estendido 
na creba da existencia

A creba dese océano aínda por formar 
na parte silenciosa 
mente humana 
a civilización que un día confundiu 
as dúas mans do mar: 
a que mata e a que forma 
a forma 
un home 
(Man) 

II 
Man vestido: 
A lingua era unha gravata complicada en idioma 
[teutón 
unha maleta sen soños na que pesaban as mudas 
[sen lavar 
porque a auga do mar non lava ben o peso da 
[civilización 
A gravata era unha lingua complicada para tanta 
[orfandade 
A lingua, un accidente imprevisto no curso dos tempos 
o amor, o curso dos tempos que se desvía cara ao 
[mesmo lugar 
O corpo veu un día de visita distraído entre as 
[negativas á vida 
pero sen o horario que a educación impón á soedade 
Man vestido era un vaso vacío 
que se desborda inexplicabelmente 
Talvez as ondas do mar na súa lascivia 
o invitasen a espirse con pudor ante a multitude 
arelante e espantada no seu pavor popular 
finalmente escondida por canseira ou rotina 
entre as follas dos calendarios 
nas tillas das bucetas 
tras o abano dos naipes sen triunfos 
que os mariñeiros descarregan no bar cando regresan 

O número final do striptease ficou detido como un 
[apagón 
na liña medular do tendido eléctrico ao meiodía 
Non houbo focos que apagasen a luz constante do corpo 
entregado ao naufraxio permanentemente adiado, 
día tras día, ano tras ano, 
en que as ondas lle traían o diario recambio da morte 
como quen lle deixa o pan e algún que outro alimento 
Até que o corpo e o veneno derramado 
polo vaso roto da ambición civilizada 
fixeron causa común 
para vestirlle de negro a alma. 

* Este poema inédito en adicado a Man foi lido súa autora no Instituto Eusebio Da Guarda da Coruña, no acto de lectura de textos literarios celebrado con motivo do desastre do Presige. Pocos meses despois morrería repentinamente a súa autora.

VER+:


LUÍSA VILLALTA [DÍA DAS LETRAS GALEGAS 2024]. [Voz: María José Viz Blanco]