EL Rincón de Yanka: EL HOMBRE Y LO DIVINO DE MARÍA ZAMBRANO

inicio








jueves, 21 de noviembre de 2013

EL HOMBRE Y LO DIVINO DE MARÍA ZAMBRANO


EL HOMBRE Y LO DIVINO




Recomendable lectura de "El hombre y lo divino" de la filósofa y discípula de Ortega, María Zambrano. Sus palabras son de perenne actualidad. Os escribo algunas de sus ideas:

El más radical enfrentamiento con lo divino es el negarlo, pero negarlo es a un tiempo negarlo y afirmarlo; solo se niega lo que permanece presente, aunque sólo sea como idea. La historia de la filosofía moderna, como advierte Ortega, es la experiencia nostálgica de esa progresiva ocultación de lo divino en la medida en que lo humano va adquiriendo una mayor relevancia.

El hombre ocupa el lugar usurpado a Dios, o en palabras de Zambrano, se sitúa en su «sede vacante». Pero el hombre, cuando se diviniza, en realidad no se posee en un grado más alto, sino que se transforma de persona en máscara, se cubre de unos oropeles que le suplantan, huye de sí mismo convirtiéndose en un personaje grotesco. Viste un traje que le está demasiado grande y con ello más parece un payaso que hace burla de lo que no alcanza ni siquiera con el pensamiento.

Por otra parte, la muerte de Dios implica la muerte del hombre. «Al deificarse –escribe Zambrano- perdía de vista su condición de individuo». El hombre se sabe limitado, le basta mirarse a sí mismo para advertir la insoportable levedad de su ser y, como no puede engañarse a sí mismo, ocultando lo evidente, y como necesita de Dios, crea ídolos que suplantan al Dios ido, ídolos, que terminan por esclavizarlo. «La deificación que arrastra por fuerza la limitación humana –la impotencia de ser dios- provoca, hace que lo divino se configure en ídolo insaciable, a través del cual el hombre –sin saberlo- devora su propia vida, destruye él mismo su existencia.

Ante lo divino “verdadero” el hombre se detiene, espera, inquiere, razona. Ante lo divino extraído de su propia sustancia, queda inerte».






EL HOMBRE Y LO DIVINO 
MARÍA ZAMBRANO


EN OTRO TIEMPO LO DIVINO HA FORMADO PARTE ÍNTIMA DE LA VIDA DEL HOMBRE.

SE HACE DIFÍCIL REVIVIR LA VIDA EN QUE LA CREENCIA ERA NO FORMULA CRISTALIZADA SINO VIVIENTE HÁLITO QUE LEVANTA.

INCENCIABA LA VIDA HUMANA O LA ADORMECÍA LLEVÁNDOLA POR SECRETOS LUGARES ENGENDRANDO VIVENCIAS.

LA REALIDAD NO PODÍA SER LA NATURALEZA CREADA Y HECHA DE UNA VEZ PARA SIEMPRE SINO ESA OTRA DE LA QUE EL HOMBRE ES PORTADOR DE LA QUE INDIVIDUO ES LA MASCARA QUE LA EXPRESA Y AL PAR LA CONTIENE.

ENTUSIASMADO AL DEJARSE PENETRAR LA INTIMIDAD POR UNA NUEVA VERSIÓN DE LO DIVINO ENTUSIASMADO DE SENTIRSE PARTICIPAR DE UN DIOS EN DEVENIR EN UNA DIVINIDAD QUE SE ESTA HACIENDO.

MAS LO DIVINO COMO TAL BORRADO BAJO EL NOMBRE FAMILIAR Y CONOCIDO DE DIOS APARECE MÚLTIPLE IRREDUCTIBLE ÁVIDO, HECHO “ÍDOLO” EN LA HISTORIA.

PUES LA HISTORIA PARECE DEVORARNOS CON LA MISMA INSACIABLE E INDIFERENTE AVIDEZ DE LOS ÍDOLOS REMOTOS AVIDEZ INSACIABLE PORQUE ES INDIFERENTE.

EL HOMBRE ESTÁ SIENDO REDUCIDO ALLANADO EN SU CONDICIÓN A SIMPLE NUMERO DEGRADADO BAJO LA CATEGORÍA DE CANTIDAD.

¿NO EXISTE PUES EL HOMBRE EN LA HORA ACTUAL?

EXISTIR ES RESISTIR SER “FRENTE-A” ENFRENTARSE.

¿SE ATREVE EL HOMBRE DE HOY A PEDIR RAZONES A LA HISTORIA ? AUNQUE ELLA SEA SU ÍDOLO EL HACERLO, LLEVA CONSIGO PEDIRSE RAZONES A SI MISMO HACER MEMORIA PARA LIBERARSE.

Y LIBERARSE ES REDUCIRSE GANAR ESPACIO EL “ ESPACIO VITAL “ LLENO POR LA INFLACIÓN DE SU PROPIO SER.


LA MIRADA

Sólo cuando la mirada se abre al par
de lo visible se hace una aurora.
Y se detiene entonces,
aunque no perdure y sólo sea fugitivamente,
sin apenas duración, pues que crea así el instante.
El instante que es al par indeleblemente
uno y duradero. La unidad, pues,
entre el instante fugitivo e inasible
y lo que perdura. El instante que alcanza
no ser fugitivo yéndose. Inasible.
El instante que ya no está bajo
la amenaza de ser cosa ni concepto.
Guardado, escondido en su oscuridad,
en la oscuridad propia, puede llegar
a ser concepción, el instante de concebir,
no siempre inadvertido.
Y así, la mirada, recogida
en su oscuridad paradójicamente,
saltando sobre una aporía,
se abre y abre a su vez,
"a la imagen y semejanza",
una especie de, circulación. La mirada recorre,
abre el círculo de la aurora
que sólo se dio en un punto,
que se muestra como un foco,
el hogar, sin duda, del horizonte.
Lo que constituye su gloria inalterable.


PENSADORA DEL AURA

Nacer sin pasado, sin nada previo
a que referirse, y poder entonces verlo todo,
sentirlo, como deben sentir la aurora
las hojas que reciben el rocío;
abrir los ojos a la luz sonriendo;
bendecir la mañana, el alma,
la vida recibida, la vida ¡qué hermosura!
No siendo nada o apenas nada
por qué no sonreír al universo,
al día que avanza, aceptar el tiempo
como un regalo espléndido,
un regalo de un Dios que nos sabe,
que nuestro secreto, nuestra inanidad
y no le importa, que no nos guarda rencor por no ser......
Y como estoy libre de ese ser,
que creía tener, viviré simplemente,
soltaré esa imagen que tenía de mí misma,
puesto que a nada corresponde y todas,
cualquier obligación,
de las que vienen de ser yo, o del querer serlo.


POR QUÉ SE ESCRIBE

Escribir es defender la soledad en que se está;
es una acción que sólo brota desde un aislamiento afectivo,
pero desde un aislamiento comunicable,
en que, precisamente, por la lejanía de toda cosa
concreta se hace posible un descubrimiento
de relaciones entre ellas. El escritor sale de su soledad
a comunicar el secreto. Luego ya no es el secreto
mismo conocido por él lo que colma,
puesto que necesita comunicarle.
¿Será esta comunicación?
Si es ella, el acto de escribir es sólo medio,
y lo escrito, el instrumento forjado.
Pero caracteriza el instrumento el que se forja
en vista de algo, y este algo es lo que
le presta su nobleza y esplendor.



VER+: 
LA MITAD INVISIBLE:  
La razón poética de María Zambrano