EL VÍA CRUCIS DE TODOS LOS HOMBRES
15ª ESTACIÓN:
JESÚS RESUCITA
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
«¿Por qué buscáis entre los muertos
al que está vivo?
No está aquí, ha resucitado»
(Lc 24,5-6).
Unas piadosas mujeres fueron al sepulcro de Jesús muy temprano. El anuncio de la resurrección convierte su tristeza en alegría. Jesús está vivo y nosotros vivimos en Él para siempre. La resurrección de Cristo inaugura para la humanidad una renovada primavera de esperanza.
Jesús, enséñame a mantener siempre la esperanza.
Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
16ª Estación:
La venida del Espíritu Santo
(Tercer Misterio Glorioso)
«Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse» (Hch 2, 1-4).
«"Espíritu Santo", tal es el nombre propio de Aquél que adoramos y glorificamos con el Padre y el Hijo. La Iglesia ha recibido este nombre del Señor y lo profesa en el Bautismo de sus nuevos hijos» (CIC, 691).
Entró en la ciudad entre palmas y cantos.
Lavó nuestros pies entre rezos y llantos.
Partió el pan y dijo: "Mi cuerpo es por ti".
Y en el huerto rezó que se haga tu querer en mí.
Jerusalén, Jerusalén,
donde el amor se hizo cruz.
Jerusalén, Jerusalén,
donde la muerte fue luz.
Lo prendieron de noche con beso de traición.
Pilato se lavó las manos sin compasión.
Lo vistieron de burla, de espinas y dolor.
Y cargó con la cruz hasta el último escalón.
Jerusalén, Jerusalén,
donde el amor se hizo cruz.
Jerusalén, Jerusalén,
donde la muerte fue luz.
Al tercer día, el sepulcro amaneció vacío.
Las mujeres llegaron temblando bajo el frío.
Un ángel las anunció:
"No está aquí, ha resucitado".
Y el mundo comprendió
que el amor había triunfado.
Jerusalén, Jerusalén,
donde el amor se hijo cruz.
Jerusalén, Jerusalén.
donde la muerte fue luz.
Lo reconocieron al partir juntos el pan,
y Tomás tocó sus llagas para creer al fin.
Subió los cielos entre nubes de esplendor,
y envío a sus discípulos a anunciar su amor.
Jerusalén, Jerusalén,
donde el amor se hizo cruz.
Jerusalén, Jerusalén,
donde la muerte fue luz.
Jerusalén, Jerusalén,
donde la muerte fue luz.


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