EL Rincón de Yanka: 20 ANIVERSARIO DE TANTA SANGRE RESUCITADA

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#GALICIANOARDELAQUEMAN

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lunes, 16 de noviembre de 2009

20 ANIVERSARIO DE TANTA SANGRE RESUCITADA


¡Bendita tanta sangre corredentora y resucitada!




Hace 20 años, en noviembre de 1989 y sobre un pequeño trozo de césped junto a su residencia universitaria, seis hombres y dos mujeres eran asesinados en la más absoluta impunidad. Ellos eran jesuitas, y ellas, colaboradoras en las tareas de la casa. Todos sabíamos de su existencia, sobre todo por quien fuera líder y entonces rector de la universidad donde trabajaban, la célebre UCA salvadoreña: el español nacionalizado salvadoreño Ignacio Ellacuría.

Sus muertes golpearon las conciencias de toda una generación de jesuitas, pero también de tantos creyentes que habían comprendido la opción preferencial por los pobres del Vaticano II. Su utopía de liberar a las clases populares, como signo profético de la Salvación del Cristo Jesús, pareció entrar en crisis absoluta al morir, pero el tiempo, siempre veraz, acabaría por hacerles justicia. Poco después, en enero de 1992, se produciría la paz en la cruenta guerra civil salvadoreña y, hace pocos meses, las fuerzas políticas herederas de aquel golpeado ejército popular alcanzaban la victoria en las elecciones generales del país.

Ahora, a los veinte años de tanta sangre resucitada —según la feliz expresión de monseñor Romero, predecesor en el martirio de la UCA—, sólo deseamos enfatizar la dimensión popular cristiana de unos hombres y mujeres capaces de morir para hacer de todos nosotros testigos y profetas del Evangelio, digan lo que digan determinadas personas dominadas por el pánico al compromiso histórico de nuestra fe. Sus ideales fueron los de Jesús Mesías y, como él, merecieron, en un momento dado, la cruz y la sepultura, la acusación y la calumnia, el menosprecio y hasta el cinismo de sus contradictores. Toda esta gente pensó que había acabado con ellos, pero ahora comprenderán que la fuerza del martirio es mucho más poderosa que las debilidades de los mártires, porque su sangre limpia sus posibles culpas y exalta su sangre exquisita. Uno de los mayores errores que se suelen cometer desde los vértices de las pirámides es perder el sentido de cuanto sucede en su base, allí donde los pobres, los marginales, pero también los valientes y arriesgados, lo dan todo por la pirámide. En este caso, la Iglesia y su Evangelio.






¡Bendita tanta sangre corredentora y resucitada!